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FI 2016

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© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2016

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© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2016

Rev Psic 2017;22:93-101 - DOI: 10.1016/j.psicod.2017.05.004
Original
Procesos de afrontamiento y factores de personalidad como predictores de la resiliencia en adolescentes: validación de un modelo estructural
Coping Processes and Personality Factors as Predictors of Resilience in Adolescent Students: Validation of a Structural Model
Mercedes Villasana, Jesús Alonso-Tapia, , Miguel Ruiz
Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, España
Recibido 31 agosto 2016, Aceptado 09 enero 2017
Resumen

Para averiguar sobre qué factores actuar para facilitar el desarrollo de la resiliencia en la adolescencia este estudio contrasta la validez de dos modelos sobre las relaciones hipotéticas entre dos grupos de predictores, estilos de afrontamiento y factores de personalidad asociados a la resiliencia, y esta como criterio. Participan en el estudio 1078 alumnos (12 a 18 años) de cuatro colegios. Se realizan cuatro análisis de rutas con variables latentes (PALV), dos para testar cada modelo y dos de validación cruzada. Los resultados muestran que la mejora de la resiliencia depende de los estilos de afrontamiento, y que los factores de personalidad asociados a la resiliencia actúan como mediadores del efecto de aquellos, pero también que su efecto directo es muy pequeño. Además, el efecto del «sentido de relación» es contrario al esperado a partir de los resultados de otros estudios. Se presenta una explicación hipotética de este resultado.

Abstract

To determine the factors on which educators should focus to favour resilience development in adolescence. This study tests two predictive models of the hypothetical relationships between two kinds of predictors -coping styles and resiliency personality factors- and resilience as criterion. A total of 1,078 Spanish children (12-18 years old) from four different Spanish schools participated in the study. In order to determine to what extent the variables in the model predict resilience, four path analyses with latent variables (PALV) were performed: two for testing each model, and the remaining two for cross-validation. Results showed that perceived improvement in resilience depends mainly on coping strategies and styles in the expected direction, and that resiliency (personality) factors mediate the effect of coping styles, but their direct effect is very small. Moreover, the effect of “sense of relatedness” was contrary to expectations as regards previous studies. A hypothetical explanation of this result is suggested.

Palabras clave
Resiliencia, Resiliency, Afrontamiento, Factores protectores de la personalidad, Interacción persona-situación
Keywords
Resilience, Resiliency, Coping, Protective personality factors, Person-situation interaction
Introducción

Todo el mundo, en algún momento de sus vidas, tiene que hacer frente a situaciones adversas. Sin embargo, es un hecho que no todo el mundo las afronta de la misma manera. Hay personas que se hunden frente a las dificultades, se deprimen, sienten ansiedad, o se estancan en el problema, mientras que otras son capaces no solo de enfrentarse al problema, sino incluso de salir fortalecidas de tales situaciones. Se dice que estas personas son «resilientes» (Uriarte, 2005). Existen diferentes puntos de vista sobre la naturaleza de la resiliencia. Sin embargo, el punto de vista adoptado en este estudio coincide con el de Luthar (2006) y Smith et al. (2008), según los cuales la resiliencia es un concepto que se refiere a adaptación o recuperación positiva frente a experiencias de adversidad significativa. Implica, pues, dos elementos: situaciones adversas y adaptación positiva (no sentirse abrumado, no deprimirse). Leipold y Greve (2009) también señalaron que la resiliencia es un fenómeno —el resultado de actuar de manera adaptativa frente a situaciones adversas—, razón por la que es necesario explicar los procesos subyacentes al mismo. Identificar y explicar estos procesos es especialmente importante porque la resiliencia varía de una persona otra, y las personas pueden ser conscientes de su grado de resiliencia (Alonso-Tapia, Nieto, y Ruiz, 2013; Villasana, Alonso-Tapia, y Ruiz, 2016). Esta conciencia, si fuese evaluada, podría predecir también diferentes formas de actuación positivas y negativas relacionadas con cómo las personas —niños, adolescentes o adultos— reaccionarán al enfrentarse con situaciones adversas en el futuro, y si desarrollarán algún tipo de enfermedad como consecuencia de estar expuestas a adversidades de distinto tipo y grado (Masten y Narayan, 2012; Reivich y Shatte, 2002).

Así pues, ¿qué es lo que hace un adolescente para que diga que no se desanima al enfrentarse a una situación adversa? ¿Qué le hace diferente del adolescente que dice que se desanima? Si se pudieran identificar y medir los factores personales que subyacen a la resiliencia, ese tipo de conocimiento ayudaría a los profesionales a desarrollar estrategias de intervención efectivas dirigidas a ayudar a adolescentes expuestos a experiencias traumáticas y sociales adversas a reaccionar de forma resiliente (Riggs y MacDougall, 2014).

Masten (2007) consideró que la resiliencia puede depender de procesos psicológicos dinámicos tales como el uso de estrategias de afrontamiento (EA) y/o de factores de personalidad que configuran lo que ella denominó resiliency. En relación con estas dos posibilidades, por un lado, algunos autores (Prince-Embury, 2007; Prince-Embury y Courville, 2008; Prince-Embury y Saklofske, 2013; Prince-Embury y Saklofske, 2014) han demostrado el importante papel que desempeñan los factores de la personalidad que configuran la resiliency como potenciales determinantes de la resiliencia durante la adolescencia. Por otro lado, Villasana et al. (2016) han demostrado que la resiliencia en adolescentes depende en gran medida de los estilos y estrategias de afrontamiento. Sin embargo, es posible que los estilos de afrontamiento y los factores de personalidad que subyacen a la resiliencia estén relacionados. Si este fuera el caso sería importante conocer el peso relativo de cada una de estas variables en la resiliencia, ya que en función de la respuesta a esta pregunta las implicaciones para la evaluación e intervención serían diferentes. No obstante, ¿cuál es la base teórica desde la cual se puede abordar este objetivo? ¿Qué procesos de afrontamiento y factores de personalidad pueden subyacer a la resiliencia y, por tanto, deberían ser evaluados para examinar nuestras hipótesis?

Procesos de afrontamiento

El grado de resiliencia que la gente muestra podría explicarse por el uso de diferentes EA (Leipold y Greve, 2009). Según la mayoría de las investigaciones, el afrontamiento es un factor esencial para entender los efectos del estrés sobre los niños y adolescentes. Según Lazarus y Folkman (1984) el afrontamiento se refiere a «los esfuerzos cognitivos y conductuales en continua transformación que se realizan con el fin de gestionar las demandas específicas —externas y/o internas— que son percibidas como algo que excede los recursos personales» (p. 141). Al enfrentarse a tales demandas, es importante que la respuesta —las estrategias utilizadas— se adapte funcionalmente al contexto o situación específica (Folkman y Moskowitz, 2004; Skinner, Edge, Altman, y Sherwood, 2003). De acuerdo con esta idea, el estudio de los procesos de afrontamiento no debería separar la persona que hace frente al estrés tras el contexto situacional al que ha de enfrentarse (Lazarus, 2006): ambos tipos de variables deberían tenerse en cuenta con el fin de evaluar la eficacia del afrontamiento y, en consecuencia, sus efectos sobre la resiliencia. En cualquier caso, ¿qué estrategias y estilos de afrontamiento deberían considerarse como variables potenciales que afectan a la resiliencia?

Las estrategias de afrontamiento son prácticamente infinitas (Skinner et al., 2003). Sin embargo, ni todas las estrategias son igualmente efectivas, ni su evaluación tiene la misma capacidad de predecir el bienestar o el afecto negativo. Un metaanálisis reciente de las medidas de afrontamiento (Kato, 2013) demostró que algunas de las estrategias incluidas en las escalas revisadas tienen buena capacidad para predecir resultados positivos y negativos. En cuanto a los resultados positivos, el bienestar correlaciona positivamente con el afrontamiento y la planificación activos (es decir, intentar solucionar el problema; r=.25), reinterpretación positiva y crecimiento (pensamiento positivo; r=.32), buscar apoyo social (buscar ayuda; r=.24) y aceptación (evitar pensar en el problema cuando sea irresoluble; r=.18). Por otra parte, el afecto negativo se relaciona positivamente con pensar repetitivamente en el problema (rumiación; r=.38), con desconectar de todo (aislamiento; r=.40) y con «airear» las emociones (expresión emocional; r=.28). Finalmente, la depresión, la ansiedad y el sufrimiento general correlacionan con la auto-culpabilización (r=.43, r=.32 y r=.43, respectivamente). En función de estos datos, en un estudio reciente (Villasana et al., 2016) desarrollaron un cuestionario, el Person-situation coping questionnaire para adolescentes (PSCQA), que incluye las estrategias de afrontamiento mencionadas y que, al mismo tiempo, tiene en cuenta el papel de las situaciones en la activación de las estrategias de afrontamiento.

En el PSCQA, si bien las estrategias de afrontamiento pueden organizarse de maneras diferentes (Carver y Connor-Smith, 2010; Schwarzer y Schwarzer, 1996), los autores decidieron seguir la conocida distinción, presentada por Lazarus y Folkman (1984), entre el afrontamiento centrado en el problema (ACP) y el afrontamiento centrado en la emoción (ACE). El ACP tiene por objeto gestionar o alterar el problema que es el origen del malestar. Este tipo de afrontamiento incluye algunas de las estrategias arriba mencionadas —pensamiento positivo, buscar la solución del problema, pedir ayuda—, mientras que el ACE incluye las estrategias de auto-culpabilización, aislamiento y expresión emocional. Otras dos estrategias, rumiación y evitar pensar, saturan en los dos estilos de afrontamiento.

El estudio previamente mencionado demuestra que el ACP se relaciona de manera positiva con la resiliencia, mientras que sucede lo contrario con el ACE, así como con el papel desempeñado por la situación en dicha relación. Otro estudio sobre las relaciones entre procesos de afrontamiento y resiliencia, basado en la interacción «persona×situación» pero llevado a cabo con sujetos adultos por Alonso-Tapia, Rodríguez-Rey, Garrido-Hernansaiz, Ruiz, y Nieto (2016), mostró relaciones similares para ACP y ACE. Por ello, dadas las pruebas que respaldan la validez del modelo de afrontamiento en el cual se basa el PSCQA, dicho modelo será utilizado en el presente estudio para analizar el peso relativo de los factores de afrontamiento y de personalidad en la resiliencia.

Factores de personalidad

Con respecto a los factores personales que pueden configurar la resiliency, Olsson, Bond, Burns, Vella-Brodrick, y Sawyer (2003) analizaron y resumieron los más frecuentemente mencionados: tolerancia del afecto negativo, autoeficacia, autoestima, sentido básico del yo, lugar de control interno, sentido del humor, esperanza, estrategias para hacer frente al estrés y valores sólidos, entre otros. La búsqueda de un instrumento que permitiera evaluar todos ellos no dio ningún resultado. Afortunadamente, Prince-Embury (2007) y la serie de trabajos recientemente publicados relacionados con sus propios estudios (Prince-Embury y Saklofske, 2013, 2014) representan una buena línea de investigación sobre la resiliency desarrollada con niños y adolescentes. De acuerdo con esta línea resiliency traduce el efecto combinado de varias características personales que operan no solo bajo circunstancias adversas, sino también en circunstancias normales (Prince-Embury, 2013). Prince-Embury organizó las variables de personalidad que contribuyen a la resiliencia un modelo de resiliency (Prince-Embury y Saklofske, 2014) que ha sido analizado con adolescentes españoles por Villasana, Alonso-Tapia, y Ruiz (en prensa). Este modelo, que será utilizado como punto de partida para analizar el peso relativo de los factores de afrontamiento y personalidad en la resiliencia, incluye tres factores generales: sentido de dominio (SD), sentido de relación (SR) y reactividad emocional (RE) (Prince-Embury, 2007). El SD hace referencia a los recursos personales internos para afrontar problemas, y se manifiesta en forma de tres factores específicos: optimismo, autoeficacia y adaptabilidad. El SR hace referencia al apoyo del entorno percibido y a las habilidades sociales adecuadas, y se manifiesta a través de los indicadores de confianza, apoyo, bienestar con los demás y tolerancia. Finalmente, la RE implica una falta de capacidades adecuadas de autorregulación emocional, y se muestra en los factores específicos de perturbabilidad, incapacidad y lentitud de recuperación. Resultados de estudios previos sugieren que el SD correlacionaría de manera positiva con la resiliencia y que la RE lo haría de forma negativa. En cuanto al SR, los resultados no son convergentes (Villasana et al., en prensa; Prince-Embury y Saklofske, 2014), y por tanto, no se anticipa qué efectos cabe esperar que tenga sobre la resiliencia.

Afrontamiento, factores de la personalidad resiliente (resiliency) y resiliencia: modelo hipotético

El uso más o menos continuo de estrategias y estilos de afrontamiento puede cristalizar o no en el desarrollo de los factores de personalidad (resiliency) que contribuyen a la resiliencia. Si los factores de afrontamiento y de personalidad fueran independientes, entonces cada uno contribuiría por separado a la resiliencia, tal como sugiere el modelo de la Figura 1. Por otra parte, si el uso más o menos continuo de estrategias y estilos de afrontamiento contribuyera al desarrollo de rasgos de personalidad (resiliency) subyacentes a la resiliencia, estos actuarían como mediadores en el efecto del afrontamiento sobre la resiliencia, como se muestra en la Figura 2. En este caso, de acuerdo con el modelo, cabe esperar, en primer lugar, que ACP y ACE se relacionen de manera negativa. En segundo lugar, que ACP afecte a la resiliencia probablemente de manera positiva, aunque este efecto estaría mediado a través de su relación positiva con SD y su relación negativa con RE. En tercer lugar, que ACE afectaría probablemente a la resiliencia de una manera negativa, aunque este efecto sería también indirecto, a través de su relación positiva con RE. Finalmente, dado que los resultados de estudios anteriores acerca del efecto de SR sobre la resiliencia no son convergentes, no se anticipará ninguna hipótesis acerca de dicha relación. En lugar de ello, el estudio intentará responder a la pregunta de cuáles de las siguientes alternativas está respaldada por datos. Por un lado, puede ser que los efectos de SR sobre la resiliencia sean positivos, especialmente considerando que esta variable correlaciona positivamente con SD (Prince-Embury y Saklofske, 2014). Sin embargo, una investigación con población adolescente (Villasana et al., en prensa) halló que SR era independiente de la resiliencia, un resultado que podría atribuirse al hecho de que las personas con un SR alto podrían tener o no un SD alto. Debido a este hecho, SR contribuiría positivamente a la resiliencia en el primer caso y negativamente en el segundo. Además, la relación podría ser nula o incluso negativa dependiendo de las características de los participantes.

Figura 1.
(0.73MB).

Dependencia de la resiliencia de los estilos de afrontamiento y de los factores de personalidad (Modelo 1).

Figura 2.
(0.56MB).

Dependencia de la resiliencia de las estrategias de afrontamiento a través de los factores de personalidad (modelo 2).

En resumen, el objetivo principal del estudio es examinar cuál de los dos modelos referentes a la relación entre el afrontamiento, los factores de la personalidad potencialmente resiliente (resiliency) y la resiliencia está mejor apoyada por datos, o si estos respaldan ambos modelos.

MétodoParticipantes

Un total de 1078 estudiantes españoles, 585 chicos y 493 chicas, de tres escuelas públicas y un instituto concertado participaron en el estudio. Dos de las escuelas se encontraban en áreas rurales, mientras que las otras dos pertenecían a áreas urbanas. Las edades estaban comprendidas entre 12 y 18 años (M=14.10; DT=1.69). En cuanto a etapas educativas 412 pertenecían al primer ciclo de educación secundaria (edades entre 13 y 14), 452 al segundo ciclo de educación secundaria (edades entre 15 y 16) y 214 eran alumnos de bachillerato (edades entre 17 y 18). La muestra se dividió en dos submuestras, una para el análisis inicial y la otra para validación cruzada.

InstrumentosCuestionario de resiliencia subjetiva (CRS) (Alonso-Tapia et al., 2013)

Este cuestionario tiene una escala general (RS) y tres específicas que evalúan el grado de resiliencia percibida al enfrentarse a acontecimientos adversos a los que los alumnos hacen frente en sus relaciones con profesores (RP), con los iguales (RC) y con la familia —padres— (RF). Está compuesto por 30 ítems, 10 para cada grupo de personas que pueden causar estrés. La mitad de ítems tiene formulación positiva y la otra mitad negativa. Algunos ejemplos de ítems positivos y negativos son: «Mis profesores/as a veces me dicen que lo que hago o digo no es correcto, sin intentar entender qué es lo que me resulta difícil, pero ello no disminuye mi esfuerzo por aprender», «Algunas veces mis amigos/as me critican por no hacer algo bien en vez de intentar ayudarme, pero ello no disminuye mi esfuerzo por mejorarme a mí mismo», «Si mis padres me ignoran cuando necesito que me ayuden con un problema, me desanimo y dejo de esforzarme por solucionarlo» (ítem negativo). El índice de fiabilidad ω (McDonald, 1999) de la escala general es: SR:ω=.97, y los de las escalas específicas son: RP:ω=.98; RI:ω=.93; RF:ω=.93.

Cuestionario de afrontamiento persona-situación para adolescentes (PSCQA) (Villasana et al., 2016)

Este cuestionario permite evaluar hasta qué punto las EA utilizadas por los adolescentes se generalizan a distintas situaciones o varían dependiendo del tipo de situación adversa. Está compuesto por 40 ítems, los cuales hacen referencia a ocho tipos diferentes de EA: RumiaciónRUM=.90); evitar pensarTHAV=.88); aislamientoSISO=.91); buscar ayudaHSEEK=.91); intentar solucionar el problemaPS=.90); expresión emocionalEMEXP=.90); autoculpabilizaciónSBLEM=.89); pensar en positivo (ωPOSTH=.90); y a una de 5 situaciones adversas posibles («problemas con los compañeros por mi propia culpa», «problemas con los padres», «problemas con los profesores», «problemas con los compañeros por su culpa» y «problemas de estudio y resultados»). Las estrategias de afrontamiento están agrupadas en dos estilos de afrontamiento (coping styles, CS): afrontamiento centrado en el problema (ACP), (ωPFC=.83) y afrontamiento centrado en la emoción (ACE) (ωEFC=.97).

Escalas de personalidad resiliente (resiliency) para niños y adolescentes (RSCA) (Prince-Embury, 2007)

Estas escalas se tradujeron según el proceso habitual que asegura la idoneidad de la traducción —primero del inglés al español y después del español al inglés— para ser utilizadas con la población española. El cuestionario tiene 64 ítems agrupados en 10 escalas específicas integradas en tres generales: (1) Escala de SD que incluye subescalas de optimismo, autoeficacia y adaptabilidad; (2) Escala de SR, que incluye las escalas de confianza, apoyo, bienestar y tolerancia; y (3) Escala de RE, que incluye las escalas de perturbabilidad, lentitud de recuperación e incapacidad. Los ítems se respondieron según una escala de Likert de 5 puntos, desde 0 (nunca) a 4 (casi siempre). La fiabilidad (alfa) de las escalas en la muestra americana era mayor que .80 o .90, dependiendo de índices y edades, y en este estudio, oscilaban entre .76 y .80 en el caso de las 9 escalas básicas, y entre .86 y .91 para el caso de las tres escalas generales.

Procedimiento

El consentimiento ético para este estudio fue otorgado por el Comité de Ética de la Universidad Autónoma de Madrid, España. Los alumnos rellenaron los cuestionarios distribuidos en los grupos y cursos a los cuales pertenecían, en sesiones de 50minutos. Uno de los investigadores, presente mientras se completaban los cuestionarios, facilitó a los diferentes grupos instrucciones precisas sobre cómo rellenar los cuestionarios. Los cuestionarios incluían un código para identificar que pertenecían al mismo alumno, si bien se preservó el anonimato. Una vez los datos fueron recogidos se llevaron a cabo los siguientes análisis con el fin de determinar la validez predictiva de los Modelos 1 y 2.

Análisis de datos

Como se ha mencionado anteriormente, con el objetivo de determinar hasta qué punto los estilos de afrontamiento y las escalas de personalidad resiliente (resiliency) predicen la resiliencia, las puntuaciones derivadas de todos los ítems incluidos en cada escala original de los cuestionarios, sin eliminar ninguno de ellos, se utilizaron como variables observadas. Después, en primer lugar, se calcularon las correlaciones entre las puntuaciones de los factores en las principales variables independientes y dependientes, con el fin de observar si cada variable se relacionaba con la resiliencia antes de descontar el efecto de su relación con otras variables.

En segundo lugar, se sugirieron dos modelos para la validación: el Modelo 1, que analiza la dependencia directa que tiene la resiliencia de las EA y de los factores de personalidad (Figura 1) y el Modelo 2, que analiza si el efecto de las EA sobre la resiliencia está mediado por los factores de personalidad (Figura 2).

En tercer lugar, con el fin de poner a prueba cada modelo, se llevaron a cabo dos análisis de rutas con variables latentes (PALV), uno para cada modelo (PALV-1, PALV-3), usando la primera submuestra. Se analizaron los datos mediante el programa estadístico AMOS-23. Se obtuvieron las estimaciones usando el método de máxima verosimilitud, tras examinar si los datos resultaban adecuados para el análisis (coeficiente de Mardia: 21.82<70) (Rodríguez y Ruiz, 2008). Con el fin de evaluar el ajuste del modelo, se utilizaron índices de ajuste absoluto (χ2, χ2/df, GFI, SRMR), un índice de ajuste relativo (IFI) e índices de ajuste no centralizados (CFI, RMSEA), así como criterios de aceptación o rechazo del grado de ajuste descritos por Hair, Black, Babin, y Anderson (2010). También se hizo uso del índice AIC para comparar modelos.

En cuarto lugar, con el objetivo de realizar la validación cruzada de los resultados de los análisis anteriores, se llevaron a cabo dos análisis multigrupo (PALV-2, PALV-4), uno para cada modelo, utilizando las dos submuestras y empleando los mismos criterios que fueron utilizados en el análisis inicial para la estimación de parámetros y para la evaluación del ajuste del modelo.

ResultadosAnálisis de correlaciones

La Tabla 1 muestra las correlaciones entre los predictores principales y la resiliencia, así como entre los propios predictores. Las correlaciones entre los predictores fueron en la dirección esperada, excepto excepto la correlación entre los dos CS, positivas y altamente significativas. En cuanto a las correlaciones con la resiliencia todas fueron altamente significativas y en la dirección esperada, si bien no muy altas. Sin embargo, la correlación entre las dos variables puede deberse a su dependencia mutua de una tercera variable. Así que, con el fin de comprender la naturaleza de las relaciones se realizaron los siguientes análisis.

Tabla 1.

Correlaciones entre estilos de afrontamiento, factores de personalidad y resiliencia

  ACP  ACE  SD  SR  RE 
RES  .35***  –.25***  .53***  .27***  –.40*** 
ACP    .28***  .78***  .67***  –.13 
ACE      –.32***  –.21**  .40*** 
SD        .75***  –.36*** 
RE          .27*** 

ACP: afrontamiento centrado en el problema, ACE: afrontamiento centrado en la emoción, RE: reactividad emocional, RES: resiliencia, SD: sentido de dominio, SR: sentido de relación.

**

Valor significativo al 1%.

***

Valor significativo al 1‰.

Dependencia de la resiliencia de los estilos de afrontamiento «y» de los factores de personalidad (Modelo 1)

La Figura 3 muestra las estimaciones estandarizadas del modelo confirmatorio, así como las correlaciones múltiples al cuadrado, y la Tabla 2 muestra los estadísticos de ajuste del modelo propuesto (PALV-1). Respecto al grado de ajuste, el estadístico Chi-cuadrado resultó ser significativo, probablemente debido al tamaño de la muestra, pero la ratio χ2/df, y los índices GFI, RMSEA y SRMR se encontraban lo suficientemente dentro de los límites que permitían la aceptación del modelo. Sin embargo, IFI=.88 y CFI=.88 quedaron ligeramente por debajo de los límites estándar de significación. Por tanto, se llevó a cabo un análisis de validación cruzada (PALV-2) con el fin de analizar la validez del modelo. Los estadísticos de ajuste presentados en la Tabla 2 son mejores que los del PALV-1, ya que, con la excepción del estadístico χ2, todos los demás índices estaban dentro de los límites que permitían aceptar el modelo. Además, los estadísticos de comparación de modelos (Tabla 3) mostraban que el ajuste no se reducía, incluso cuando se impusieron restricciones de igualdad entre grupos en los pesos de medida, pesos estructurales, covarianzas estructurales, residuos estructurales y residuos de medida.

Figura 3.
(0.82MB).

Dependencia de la resiliencia de los estilos de afrontamiento y de los factores de personalidad. Resultados correspondientes al Modelo 1.

Tabla 2.

Estadísticos de la bondad de ajuste del análisis de rutas con variables latentes y de los análisis de validación cruzada correspondientes al Modelo 1 (PALV-1 y PALV-2) y al Modelo 2 (PALV-3 y PALV-4)

  χ2  df  p  χ2/df  GFI  IFI  CFI  RMSEA  SRMR  AIC 
PALV-1, M1
N=542 
596.45  172  <.001  3.46  .90  .88  .88  .068  .066  714.45 
PALV-2, CVA
(n=542/541) 
1131.48  403  <.001  2.80  .91  .90  .90  .044  .069  1249.48 
PALV-3, M2
N=542 
736.82  178  <.001  4.13  .88  .84  .84  .076  .077  842.82 
PALV-4, CVA
(n=542/541) 
1333.40  388  <.001  3.43  .89  .87  .87  .049  .081  1507.15 

PALV: análisis de rutas con variables latentes, PALV-1: análisis del modelo 1, PALV-2: análisis de validación cruzada del modelo-1; PALV-3: análisis del modelo-2; PALV-4: análisis de validación cruzada del modelo-2.

Tabla 3.

PALV-2. Validación cruzada del modelo mediante análisis multigrupo con dos muestras. Diferencias en χ2 para la comparación de modelos con el modelo sin restricciones

Modelo  df  χ2  p 
Pesos de medida  17  19.968  .27 
Pesos estructurales  22  24.254  .33 
Covarianzas estructurales  37  43.017  .23 
Residuos estructurales  38  45.827  .18 
Residuos de medida  59  76.055  .07 

Considerando las preguntas a las que el PALV debía dar respuesta, los resultados de la Figura 3 muestran que: (1) el modelo es útil para explicar casi la mitad de la varianza de la resiliencia (47%); (2) el efecto de los estilos de afrontamiento y de la resiliencia es altamente significativo, positivo en el caso del ACP y negativo en el caso del ACE, tal como se esperaba; (3) el efecto de los factores de personalidad (resiliency) sobre la resiliencia, una vez descartada su relación con las CS, no alcanzaba un nivel significativo. Además, aunque no fuera una pregunta a la cual el PALV intentaba dar respuesta, la relación entre ACP y ACE no es significativa.

Dependencia de la resiliencia de los estilos de afrontamiento «a través de» los factores de personalidad

La Figura 4 expone las estimaciones estandarizadas del modelo confirmatorio, así como las correlaciones múltiples al cuadrado. Todos los pesos de predicción, incluso aquellos muy bajos, eran significativos al 1‰. La Tabla 2 muestra los estadísticos de ajuste del modelo propuesto (PALV-3). El estadístico χ2 es significativo, probablemente debido al tamaño de la muestra. Del resto de índices, GFI=88, IFI=.84 y CFI=.84 quedaron ligeramente por debajo de los límites estándar de significación. Por ello, se llevó a cabo un análisis de validación cruzada (PALV-4) con el objetivo de analizar la validez del modelo. En este caso el ajuste resultó ser ligeramente mejor, tal como se muestra en la Tabla 2. Además, los estadísticos de comparación de modelos (Tabla 4) mostraron que el ajuste no se redujo, incluso cuando se impusieron restricciones de igualdad entre grupos en los pesos de medida, pesos estructurales, covarianzas estructurales y residuos estructurales. Estos resultados sugieren que el modelo está bien estimado y que no debería ser rechazado.

Figura 4.
(0.63MB).

Dependencia de la resiliencia de los estilos de afrontamiento a través de los factores de personalidad. Resultados de la solución correspondiente al Modelo 2.

Tabla 4.

PALV-4. Validación cruzada del modelo mediante análisis multigrupo con dos muestras. Diferencias en χ2 para la comparación de modelos con el modelo sin restricciones

Modelo  df  χ2  p 
Pesos de medida  17  13.600  .69 
Pesos estructurales  26  24.760  .53 
Covarianzas estructurales  29  33.529  .26 
Residuos estructurales  32  38.251  .20 
Residuos de medida  53  72.256  .04 

El análisis de los efectos directos e indirectos (Tabla 5) demuestra que, como cabría esperar, el efecto de las EA sobre la resiliencia es indirecto (los efectos directos se eliminaron del modelo tras un análisis inicial, debido a que eran nulos). Además, una vez descontado el efecto indirecto de EA transmitido por SD, SR y RE del efecto directo de estos factores de personalidad sobre la resiliencia, este efecto es muy pequeño.

Tabla 5.

PALV. Efectos directos e indirectos de los predictores sobre la resiliencia

Criterios
Predictores  Efectos  Sentido de dominio  Sentido de relación  Reactividad emocional  Resiliencia 
Afrontamiento centrado en el problema  Efecto directo  .94  .79  –.26   
  Efecto indirecto        .46 
Afrontamiento centrado en la emoción  Efecto directo  –.59  –.43  .47   
  Efecto indirecto        –.38 
Sentido de dominio  Efecto directo        .66 
Sentido de relación  Efecto directo        –.29 
Reactividad emocional  Efecto directo        –.24 
Comparación de los Modelos 1 y 2

Los Modelos 1 y 2 están bien estimados. Sin embargo, la comparación de los índices de ajuste demuestra que el ajuste del Modelo 2 es ligeramente peor que el del Modelo 1. Esta conclusión también está apoyada por la comparación entre los índices AIC para PALV-1 y PALV-3, y para PALV-2 y PALV-4 (Tabla 1). En todos los casos el índice AIC es mejor para el Modelo 1 que para el Modelo 2. Este resultado significa que las EA afectan claramente a la resiliencia, mientras que el efecto de los factores de personalidad (resiliency) apenas es significativo. Las correlaciones significativas halladas inicialmente (Tabla 1) pueden deberse al papel potencialmente mediador que desempeñan SD, SR y RE entre las EA y la resiliencia, un resultado que merece más pruebas, especialmente desde el punto de vista del desarrollo.

Discusión

El propósito de este estudio era validar un modelo predictivo de las relaciones hipotéticas entre afrontamiento, factores de personalidad (resiliency) y resiliencia analizando el ajuste relativo y la validez predictiva de los dos modelos propuestos. En relación con este objetivo, los resultados apoyan las siguientes conclusiones.

En primer lugar, en la adolescencia, la resiliencia, entendida como la capacidad de recuperarse tras experiencias adversas, parece depender principalmente de los estilos y estrategias de afrontamiento, tal como sugieren los resultados de ambos modelos analizados. En línea con los resultados hallados por Villasana et al. (2016), este estudio sugiere que cuanto mayor sea el grado en el que el afrontamiento de los adolescentes esté centrado en la solución de problemas, y cuanto menor el grado en que esté centrado en la emoción, mayor resultará ser su resiliencia, y al revés. Sin embargo, la correlación positiva y significativa hallada entre ambos estilos de afrontamiento sugiere que los adolescentes podrían no ser muy coherentes a la hora de adoptar estrategias correspondientes a uno u otro estilo. Dado este resultado, el estilo menos adaptativo puede interferir con el estilo que sea más adaptativo, un hecho que puede influir en la resiliencia.

En segundo lugar, aunque las correlaciones entre los factores de personalidad (resiliency) y la resiliencia son significativas, en línea con las ideas de Prince-Embury que se han tratado en la Introducción, los resultados del análisis del Modelo 1 demostraron que una vez deducida la varianza en común con las EA, el efecto de los factores de personalidad no es significativo. Este resultado no invalida las correlaciones, pero indica que el efecto que tienen los factores de personalidad sobre la resiliencia probablemente se deba al hecho de que ambos comparten gran parte de la varianza común con las EA.

En tercer lugar, los resultados correspondientes al análisis del Modelo 2 sugieren que el efecto de las EA sobre la resiliencia está mediado a través de los factores de personalidad incluidos en el modelo. Además, estos resultados proporcionan evidencias adicionales que vienen a apoyar la conclusión 2, ya que una vez quitados los efectos indirectos de las EA sobre la resiliencia del efecto total de los factores de resiliency, el efecto directo de estos factores es casi irrelevante.

Los resultados que respaldan las conclusiones previamente mencionadas se podrían explicar de la siguiente manera. Primero, los adolescentes combinan en un grado más bien alto el uso de estrategias que definen los dos CS. Cuando sucede esto, el estilo menos adaptativo puede interferir con el estilo más adaptativo, como puede verse en el siguiente caso. Supongamos que un adolescente adopta habitualmente una EA centrada en el problema. En un caso, por ejemplo, si él/ella experimenta estrés al visualizar un examen podría suceder que él/ella empiece a rumiar acerca de la posibilidad de suspender —una de las estrategias de afrontamiento relacionada con el estilo de afrontamiento centrado en el problema, pero también con el estilo de afrontamiento centrado en la emoción—, y que esta rumiación le produjera ansiedad hasta convertirse en una experiencia insoportable. Entonces, con el objetivo de reducir esa ansiedad, él/ella podría tomar una decisión prematura basada en una falta de regulación emocional, como por ejemplo, no presentarse al examen. En otro caso, en cambio, si el estrés se debe al hecho de haber discutido con un/a amigo/a, él/ella podría buscar una solución al problema —otra estrategia relacionada con el estilo de afrontamiento centrado en el problema— y decidir llamar a su amigo/a para reconciliarse con él/ella. Una vez tomada la decisión, el malestar —emoción— desaparecería. Dependiendo de la mayor o menor regularidad con la que los adolescentes utilizan las diferentes EA, el desarrollo de la resiliencia puede cambiar.

En cualquier caso, son las EA y no los factores de personalidad (resiliency) las variables que contribuyen principalmente a la resiliencia subjetiva, un efecto que, sin embargo, puede estar mediado por los factores de personalidad. El análisis del Modelo 2 muestra que el efecto positivo de ACP sobre la resiliencia se expresa especialmente a través de su relación positiva con SD y, en menor medida, a través de su relación negativa con RE.

Un resultado que merece especial atención es el hecho de que el efecto directo de ACP sobre SR sea positivo, mientras que el efecto directo de SR en la resiliencia es negativo. Desde un punto de vista matemático, este resultado implica que cuanto mayor sea el ACP, mayor será el SR y menor la resiliencia. Esta conclusión no es coherente con el hecho de que el efecto indirecto del ACP sobre la resiliencia sea positivo, ni con la implicación del significado psicológico del ACP para la resiliencia.

Una explicación hipotética del resultado previamente mencionado —una hipótesis que debería ser puesta a prueba— podría ser la siguiente. El SR podría ser alto por dos razones. Por un lado, SR implica tener buenas relaciones con otras personas basadas en la confianza, el sentimiento de bienestar con las personas, la tolerancia y el apoyo que se recibe de ellas. Los adolescentes con un alto ACP tienden a ser optimistas, a tener una alta autoeficacia y a ser altamente adaptables, características que no obstaculizan, sino que más bien favorecen el desarrollo del SR y de la resiliencia. Puede que estos adolescentes soliciten ayuda, pero tan solo después de haber intentado por ellos mismos solventar los problemas en situaciones adversas. De esta manera, refuerzan las estrategias de ACP que contribuyen de manera positiva a la resiliencia. Por otro lado, el desarrollo del SR puede deberse a un ambiente de apoyo que proteja a los adolescentes de la adversidad, un apoyo que, al mismo tiempo, los hace altamente dependientes de otras personas. Esta dependencia obstaculizaría la utilización de EA adecuadas que favorecen la resiliencia en las ocasiones en las que la protección o ayuda de otros no existe o no se puede obtener, y en las que los adolescentes tienen que afrontar las situaciones adversas únicamente con sus propios recursos. Las dos razones que pueden favorecer el SR explicarían el significado de la ruta ACPSRresiliencia: una vez excluido el efecto positivo del ACP sobre el SR, el efecto de puntuar alto en esta variable puede deberse solo a la segunda razón: un contexto de apoyo que en lugar de favorecer el ACP, favorece el ser dependiente de otros a la hora de afrontar adversidades, y de esa manera obstaculiza el desarrollo de la resiliencia. Si esta explicación hipotética recibiera apoyo más allá de este artículo, explicaría el papel que pueden ejercer los entornos de apoyo en el desarrollo de la resiliencia, una necesidad importante de acuerdo con la revisión de Masten y Narayan (2012).

Los resultados de este estudio poseen importantes implicaciones educativas para fomentar el desarrollo de la resiliencia. Teniendo en cuenta la ruta ACPSDresiliencia se debería enseñar a los adolescentes a utilizar estrategias de ACP —a buscar una solución para el problema estresante, a pensar en las consecuencias del problema de manera positiva, a pedir ayuda en caso necesario, o a evitar pensar en el problema si no tiene ninguna solución—. Además, considerando la ruta ACPREresiliencia también se debería enseñar a los adolescentes cómo autorregular su reactividad emocional de una forma positiva. Esta regulación implicaría el uso de estrategias tales como dominar pensamientos negativos, centrarse en las experiencias presentes prestándoles atención plena y sin juzgarlas, centrarse en el futuro en lugar de lamentar sucesos del pasado, evitar compararse a uno mismo con otras personas, centrarse en lo que los errores pueden enseñar, etc. Finalmente, considerando la explicación dada a la ruta ACPSRresiliencia se debería enseñar a los adolescentes a enfrentarse a las adversidades por sí mismos para que puedan desarrollar sus recursos personales de afrontamiento, y solo si la confrontación personal falla, a pedir ayuda. Un ambiente de apoyo debería hacer autónomo al adolescente, no dependiente. Esta última conclusión es muy importante. Un entorno de apoyo puede favorecer el bienestar, pero no necesariamente el desarrollo de la resiliencia. Las personas muestran su resiliencia principalmente cuando tienen que hacer frente a las adversidades por sí solas. Por esta razón, a no ser que las intervenciones educativas centren sus esfuerzos en ayudar a los estudiantes a saber cómo enfrentarse a la adversidad, los adolescentes no serán capaces de convertirse en resilientes cuando tengan que enfrentarse a la adversidad sin la ayuda de otros.

El presente estudio tiene también algunas limitaciones que plantean nuevas preguntas de investigación. En primer lugar, las relaciones analizadas entre las EA, los factores de personalidad (resiliency) y la resiliencia se basan en correlaciones, y por tanto, no demuestran la existencia de relaciones causales: solo apoyan la idea de que los datos son coherentes con las hipótesis causales. Resulta necesario un tipo distinto de estudio con el fin de poner a prueba la causalidad. En segundo lugar, el hecho de que la explicación dada al ACP-SR-resiliencia sea hipotética hace necesario ponerla a prueba.

Agradecimientos

Este trabajo se ha desarrollado gracias a la ayuda del Ministerio of Economía y Competitividad concedida al Proyecto EDU2012-37382.

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Autor para correspondencia. (Jesús Alonso-Tapia jesus.alonso@uam.es)
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