Varón de 22 años, sin antecedentes médicos de interés, que fue remitido por su médico de familia al servicio de urgencias externas por la aparición súbita de una lesión cutánea pruriginosa en la región lateral izquierda del cuello, con 48h de evolución. El paciente era estudiante de Bellas Artes, y había estado trabajando en un proyecto de escultura con madera antigua de procedencia no filiada.
En la exploración se observó una mácula eritematosa de aproximadamente 1,5cm, centrada por una microvesícula, de la que partía un trayecto lineal eritematoso y serpiginoso de unos 6cm, que se dirigía hacia la región pectoral izquierda (figs. 1 y 2). No presentó fiebre ni otra sintomatología sistémica.
Con la sospecha clínica de dermatitis por Pyemotes ventricosus tras el contacto con material infestado, se pautó tratamiento sintomático con betametasona tópica en crema (2 veces al día) y antihistamínico oral (cetirizina 10mg/cada 24h), con resolución completa de la sintomatología en 5 días.
La dermatitis por P. ventricosus es una entidad poco frecuente, pero reconocible clínicamente por la presencia de máculas eritematosas pruriginosas, a menudo acompañadas por una microvesícula central. Una característica distintiva en algunos casos es el llamado «signo de la cometa»: un trayecto lineal o serpiginoso que emerge desde la lesión principal y que se ha asociado a fenómenos de linfangitis localizada1.
El agente causal, P. ventricosus, es un ácaro microscópico de vida libre que parasita larvas de insectos xilófagos, especialmente Anobium punctatum (carcoma del mueble). La transmisión a humanos ocurre al entrar en contacto con mobiliario de madera infestada o el polvo que genera. Las lesiones cutáneas aparecen tras 12-24h de exposición y suelen localizarse en zonas expuestas. Aunque la picadura es indolora, las lesiones generan prurito intenso y tienden a resolverse de forma espontánea en una o 2 semanas si se elimina la fuente de infestación2.
Desde el punto de vista histológico, los hallazgos suelen mostrar un infiltrado dérmico con linfocitos y eosinófilos, sin afectación epidérmica. Técnicas no invasivas como la dermatoscopia permiten visualizar microvesículas centrales, y estudios con microscopía confocal han identificado estructuras compatibles con el ácaro en el interior de las lesiones3.
El diagnóstico se basa en la historia clínica y la morfología típica de las lesiones, especialmente en los pacientes sin antecedentes de viaje ni exposición a parásitos tropicales. El tratamiento es sintomático, con buena respuesta a corticoides tópicos y antihistamínicos. El control ambiental es esencial: se recomienda retirar o tratar el mobiliario infestado con productos acaricidas para prevenir recurrencias4.
A pesar de su reconocimiento desde hace más de un siglo, la dermatitis por Pyemotes sigue infrarreportada. Esta situación se debe probablemente a su curso autolimitado, la dificultad para detectar el ácaro y su similitud clínica con otras dermatosis. No obstante, su incidencia podría aumentar en el futuro debido a la disminución del uso de plaguicidas en entornos rurales y urbanos1–4. En este contexto, es importante que los profesionales de atención primaria estén familiarizados con este patrón clínico para incluirlo en el diagnóstico diferencial de dermatosis agudas de causa no evidente, especialmente en meses cálidos y en pacientes con antecedentes de contacto con madera antigua o ambientes cerrados durante tiempo prolongado.
Consentimiento informadoSe obtuvo consentimiento informado del paciente para uso de imágenes con objeto científico.
FinanciaciónNo hay fuentes de financiación.



