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Rev Esp Patol 2017;50:140-1 - DOI: 10.1016/j.patol.2017.04.003
Editorial
La Anatomía Patológica: presente y futuro
Present and future Pathology
Giovannino Massarellia,, , Alejandro Saquimuixb
a Universidad de Sassari, Italia
b Facultad de Ciencias Médicas, Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala

Hemos leído con mucha atención y dolor las reflexiones de nuestro amigo y colega Emilio Mayayo1, por lo que hemos decidido aportar a la discusión, dejando en claro que no está en discusión el papel formativo de la Anatomía Patológica dentro del pensum de la Licenciatura en Medicina y Cirugía, sino el ejercicio y la existencia de la especialidad, su valor y papel en la práctica clínica, en el diagnóstico y en la formulación del pronóstico y orientación hacia la terapia.

Que la Anatomía Patológica está en crisis es una realidad bien conocida. Hace algunos años (noviembre de 2010) en Évora (Portugal), se realizó el IV Fórum Iberoamericano sobre el tema «Quo vadis Anatomía Patológica?»2, donde participaron relatores del área latina y discutieron sobre la crisis que atraviesa la Anatomía Patológica, problema aún no resuelto.

Como sabemos, la Anatomía Patológica es la rama de la medicina clínica que diagnostica a través de la interpretación de las características morfológicas de los tejidos humanos y llega a una síntesis final, el diagnóstico, que se redacta en un informe firmado por el médico patólogo. Sin embargo, es necesario recordar que la Anatomía Patológica no es un laboratorio (como la mayoría de los políticos creen y desgraciadamente también muchos médicos no patólogos), sino que es una actividad intelectual de análisis y síntesis que produce un diagnóstico fundamental para la conducta clínica utilizando los datos clínicos del paciente, los hallazgos de los laboratorios de cito-histología, de inmunohistoquímica y de biología molecular. Lo anterior recalca que la Anatomía Patológica no es un dato de laboratorio, sino que es un diagnóstico clínico integrado, haciendo del patólogo un especialista en el diagnóstico de enfermedades, como el clínico, el cardiólogo, el otorrinolaringólogo, el ginecólogo, etc., y que su diagnóstico se basa en los laboratorios específicos: el patólogo es un clínico, ¡no un laboratorista!

Actualmente, la Anatomía Patológica tiene una decreciente solicitud de biopsias y autopsias clínicas, debido a la creciente tendencia de creer que la morfología se puede reemplazar por otras disciplinas menos invasivas y de mejor rendimiento, tales como el diagnóstico por imágenes, la biología molecular y la genética, lo que ha provocado, por ejemplo, que las biopsias hepáticas por aguja fina para diagnosticar hepatitis crónica o cirrosis sean reemplazadas por los exámenes de laboratorio y ultrasonidos, relegando la práctica de la biopsia hepática por aguja a solo cuando se tiene que dirimir sobre la problemática del «nódulo» hepático, sin embargo, se realiza utilizando el procedimiento menos invasivo, pero que da poca información morfológica, haciendo necesario realizar exámenes de biología molecular. Esto ha ocasionado que la Patología Anatómica reduzca la sapiencia morfológica y apele al recurso del laboratorio de la biología molecular y genética, lo que ha hecho pensar que la morfología clásica parezca ser innecesaria, llegando a la convicción de que se puede hacer un diagnóstico de forma patológica sin el auxilio del patólogo, como si la morfología no fuera fundamental en el diagnóstico patológico.

Si bien es cierto que a veces solo usar la morfología da diagnósticos falaces, la inmunohistoquímica ha transformado la morfología de estática a dinámica. Por lo tanto, la morfología ahora nos habla y nos dice mucho sobre el origen, la naturaleza y la evolución de la lesión y también de su respuesta al tratamiento terapéutico. A pesar de esto, existen patólogos que han encontrado más satisfacción y atractiva la imagen del biólogo molecular y no aquella del morfólogo doblado sobre el microscopio.

Asimismo, es necesario recordar que la figura del patólogo siempre ha sido invisible, y esta condición fue aceptada aun cuando la función y el papel del patólogo eran considerados relevantes. Hoy día, en una civilización de la imagen y del reconocimiento, ser patólogo no es más un papel satisfactorio: mucha responsabilidad y poca visibilidad, además de estar asociado a un bajo trato económico. Los nuevos médicos quieren ganar proporcionalmente a las responsabilidades asumidas y quieren ser visibles. La escasa visibilidad del patólogo ha sido tal, que hasta los directores generales de las estructuras sanitarias, elegidos por los políticos, ni siquiera conocen su existencia e ignoran su papel en la participación del diagnóstico de la enfermedad del paciente. La Anatomía Patológica ha sido considerada encella de otras disciplinas «visibles», tales como la cirugía, la medicina y la oncología, sin embargo, hoy en día, la búsqueda de recursos para la investigación y asistencia en patología viene cada vez más condicionada por la financiación de proyectos clínicos, relegando a un papel secundario de tipo ancilar a la Anatomía Patológica, lo cual ha hecho que esta disciplina esté cada vez más perdiendo atracción y se esté pareciendo a la crisis que atraviesa la Santa Madre Iglesia, a la cual cada vez le faltan más «vocaciones». Las escuelas de especialización tienen cada vez menos miembros y los que continúan tratan de reconvertirse en otros especialistas más visibles y adinerados. Asistimos a una paradoja: la disminución de los patólogos no ha llevado a un aumento de su importancia, sino a una progresiva desaparición en la convicción de que sea una figura ya irrelevante.

Por ello las sociedades nacionales e internacionales de Anatomía Patológica tienen que auspiciar un cambio del nombre de los Servicios de Anatomía Patológica sin ningún paliativo en Servicios de Diagnóstico de Anatomía Patológica, para subrayar el papel diagnóstico de la disciplina. Este concepto es importante porque nos da una visibilidad correcta y un papel fundamental en la definición e interpretación de la enfermedad. El patólogo es como un notario, certifica la enfermedad y vincula la terapia para poner en evidencia la especificidad de la Anatomía Patológica.

Como especialidad clínica, tenemos siempre que hablar de diagnóstico histopatológico y no más de examen histopatológico, subrayando en tal manera la aportación de los conocimientos del profesional y no el auxilio de máquinas, así como también tenemos que confirmar el papel de la morfología; Juan Rosai afirmó que la morfología todavía es una técnica que con poco costo nos da una gran cantidad de información sobre la naturaleza de la lesión, sobre su evolución y sobre su terapia. Hablar de examen nos acomuna al laboratorio y nos aleja de la clínica.

Otro paso es que los patólogos salgan de lo cerrado de los laboratorios donde se han y han sido relegados y se pongan clínicos a todos los efectos. Tienen que vivir en el departamento médico-quirúrgico, conocer los pacientes a quienes se les realizarán las biopsias y decirles que existen profesionales que diagnostican sus enfermedades, que son quienes les dan un nombre y una fisonomía precisa para que tengan el tratamiento terapéutico apropiado. El patólogo tiene que convertirse en clínico como al comienzo de la disciplina.

Bibliografía
1
E. Mayayo:
¿Qué pasaría si desaparecieran los servicios de patología de nuestros hospitales?
Rev Esp Patol., 49 (2016), pp. 137-138
2
IV Fórum Ibero-Americano de Anatomia Patológica, Évora, Portugal, 5-6 de Novembro de 2010. Quo Vidis, Quo Est, Quo Vadis Pathologica. Passado, Presente e Futuro da Anatomia Patológica
Rev Esp Patol., 43 (2010), pp. 184
Autor para correspondencia. (Giovannino Massarelli massarel@uniss.it)
Copyright © 2017. Sociedad Española de Anatomía Patológica