
Edited by: David Palacios-Martínez San Blas City Community Health Center, Madrid, Spain Julio Antonio Heras Hitos Villarejo de Salvanés Health Centre, Villarejo de Salvanés, Spain
Last update: Junio 2026
More infoNiño escolar previamente sano acudió a consulta con una lesión facial de una semana de evolución. La lesión se había agrandado progresivamente, sin fiebre ni síntomas generales. Al examen físico se observó una placa eritematoescamosa anular de gran tamaño, con borde activo elevado y aclaramiento central, que comprometía la región malar, temporal y periorbitaria izquierda, incluyendo el párpado superior, sin evidencia clínica de afectación de pestañas (fig. 1).
El paciente refirió contacto cercano con su perro, el cual presentaba múltiples placas alopécicas agrupadas con descamación y costras. A partir de la morfología clásica de la lesión y el antecedente epidemiológico, se sospechó una dermatofitosis zoofílica, probablemente por Microsporum canis. Se realizó examen directo con hidróxido de potasio (KOH) y cultivo micológico (fig. 2).
Las dermatofitosis zoonóticas, como las producidas por Microsporum canis, son infecciones frecuentes en la edad pediátrica, debido al contacto estrecho con animales domésticos y al sistema inmune en desarrollo. En atención primaria, es fundamental considerarlas en el diagnóstico diferencial de lesiones inflamatorias faciales, especialmente ante placas eritematoescamosas de distribución centrífuga. Su reconocimiento clínico oportuno permite iniciar tratamiento adecuado y evitar intervenciones innecesarias o retrasos diagnósticos, en especial en regiones donde no se dispone de herramientas complementarias1. La lámpara de Wood, cuando está disponible, es una herramienta útil en consulta primaria, ya que puede revelar fluorescencia verdosa característica de infecciones por Microsporum spp., a diferencia de Trichophyton spp., que no presentan fluorescencia2,3. Asimismo, es crucial interrogar sobre el contacto con animales domésticos, para orientar el diagnóstico, interrumpir cadenas de transmisión y prevenir recurrencias.
Debido al tamaño y localización periorbitaria de la lesión, y pese a la ausencia de signos francos de afectación folicular, se decidió iniciar tratamiento antifúngico sistémico empírico antes de la confirmación micológica. Se prescribió terbinafina oral a 125mg/día/durante 30 días, con resolución completa al seguimiento de un mes. Griseofulvina, opción habitual en niños con tiña por Microsporum canis, no estaba disponible en el centro tratante, lo que condicionó la elección terapéutica.
Tras 2 semanas, el cultivo mostró colonias con morfología compatible con Microsporum canis. La tinción con azul de lactofenol reveló macroconidios hialinos, gruesos y fusiformes con 6-8 septos, confirmando el diagnóstico etiológico (fig. 2).
Las formas extensas, aquellas localizadas en zonas pilosas como el cuero cabelludo o la barba, y las que afectan regiones especiales como el área periorbitaria, por su proximidad ocular y la presencia de estructuras pilosas como cejas y pestañas, requieren tratamiento sistémico, dado el mayor riesgo inherente de afectación folicular profunda y complicaciones locales4,5. Aunque la griseofulvina sigue siendo el tratamiento de primera línea frente a Microsporum canis, la terbinafina y el itraconazol son alternativas eficaces3. En este caso, la terbinafina demostró ser una opción válida, con resolución clínica completa.
Consentimiento informadoSe obtuvo consentimiento informado por escrito de los tutores legales. Las imágenes fueron tomadas conforme a los protocolos institucionales de privacidad y confidencialidad.
FinanciaciónNinguna.


