El síndrome de Ekbom, también denominado delirio de parasitosis, es una entidad en la cual los pacientes presentan la creencia de encontrarse infectados por parásitos u otros organismos vivos. Se encuentra incluido en la clasificación DSM-5 dentro de los trastornos delirantes del subtipo somático. Presenta una incidencia anual de 20 casos por millón de habitantes1.
Presentamos el caso de una paciente atendida en nuestra consulta y diagnosticada de este infrecuente síndrome.
Se trata de una mujer de 59 años, con antecedentes de síndrome de Raynaud, hipertensión arterial, dislipemia y trastorno ansioso-depresivo recurrente. Entre sus hábitos tóxicos se encuentran un consumo perjudicial de alcohol y de tabaco (30 paquetes/año).
Acude a consulta presentando un cuadro consistente en prurito generalizado, de predomino nocturno, de 2 semanas de evolución. A la exploración se objetivan surcos acarinos y vesículas perladas compatibles con escabiosis, por lo que se pauta tratamiento con antihistamínicos orales, permetrina tópica, ivermectina oral, medidas higiénicas y profilaxis de los convivientes.
Tras completar el tratamiento, la paciente acude a consulta por persistencia del prurito, pese a la desaparición completa de las lesiones elementales de escabiosis, expresando la convicción de presentar parásitos bajo la piel. Se solicita analítica para descartar causas orgánicas relacionadas con el prurito, manteniendo el tratamiento con antihistamínico oral y explicándole que no existían dichos parásitos.
Unos días después, acude muy angustiada a consulta indicando que sigue teniendo «bichos» en la piel, los nota andar, los ve y los describe de distintos tipos: «larvas», unos «pequeños negros con patas», «gusanos» y otros «redondeados blanquecinos». En consulta se pellizca la piel de los brazos y la cabeza mostrando restos tisulares que afirma reconocer como los parásitos.
Se realiza abordaje de la sintomatología ansiosa, se validan los síntomas y se explica la naturaleza psiquiátrica del proceso. La paciente accede a nuestra propuesta de ser valorada por salud mental; pese a ello, días más tarde, acude nuevamente portando un recipiente (fig. 1) con restos tisulares, pelusas y otros restos inorgánicos para demostrar la presencia de los parásitos, así como presentando gran cantidad de lesiones por rascado de nueva aparición en zonas accesibles (fig. 2).
Aunque existen descripciones previas sobre esta entidad, es el neurólogo sueco Karl Ekbom, en 1938, quien realiza una revisión completa de la sintomatología y psicopatología del mismo.
El síndrome de Ekbom se presenta de manera más frecuente en las mujeres, con una distribución bimodal, con un primer pico en los adultos jóvenes (alrededor de los 30 años) y un segundo pico en loa mayores de 50-60 años, lo que sugiere diferentes mecanismos etiológicos según el grupo etario2.
Se ha descrito ampliamente su asociación a consumo de fármacos (antibióticos, antiepilépticos, corticoides, antiparkinsonianos…) y de tóxicos (cocaína, anfetaminas y sus derivados, alcohol, cannabis, ácido gamma-hidroxibutírico…)3, así como el antecedente de historia psiquiátrica previa4.
Entre sus criterios diagnósticos se encuentran la presencia de prurito y escoriaciones, una convicción delirante de estar infectado de parásitos, actitudes dirigidas a la desaparición de los parásitos, temor a contagiar a otros y la falta de evidencia de etiología orgánica5.
Es característico que, como en nuestro caso, la persona afectada realice una descripción exhaustiva de los supuestos parásitos que encuentra en su cuerpo, así como de la sintomatología que estos le producen. Es también muy común el llamado signo del espécimen o de la caja de cerillas, en el que el paciente aporta las pruebas de la parasitación mostrando fibras, costras, restos de piel y otras sustancias inorgánicas2.
El tratamiento antipsicótico se muestra más eficaz en la medida en la que se instaure más precozmente y precisa su mantenimiento durante 2 a 6 meses tras la desaparición de los síntomas.
El manejo es complejo precisando una sólida relación médico-paciente, que valide el sufrimiento del paciente y evite conductas erróneas como pautar tratamientos antiparasitarios para convencer al paciente o indicar que los antipsicóticos acabarán con los parásitos, suponiendo así un importante reto para la práctica clínica en nuestras consultas de atención primaria4,6.
FinanciaciónLos autores manifiestan no haber recibido ningún tipo de financiación en relación con el manuscrito.
Consideraciones éticasLos autores del manuscrito declaran que se trata de un caso clínico y han recabado el consentimiento expreso por escrito de la paciente que se encuentra bajo su custodia para su presentación si es requerido.
Conflicto de interesesLos autores del manuscrito declaran que no existe ningún potencial conflicto de intereses relacionado con el mismo.



