La colaboración científica se ha convertido en un pilar fundamental para el avance de la cirugía moderna. En una era en la que la innovación tecnológica, la medicina basada en la evidencia y la práctica clínica se entrelazan constantemente, las redes de colaboración permiten a los cirujanos y científicos unir fuerzas, compartir conocimientos y maximizar recursos. Dichas redes pueden producir datos útiles de forma rápida, con gran aplicabilidad. Crear redes sólidas de colaboración científica no solo promueve el progreso individual, sino que también impacta positivamente en la comunidad quirúrgica global1. Para construir estas redes es importante contar con confianza, multidisciplinariedad y uso de herramientas tecnológicas que permiten superar barreras geográficas, culturales y económicas.
El primer paso para comenzar con una red de colaboración científica, sobre todo en aquellos casos en los que no todos los colaboradores tienen experiencia previa en academia e investigación1,2, puede consistir en involucrar a personas expertas en dichos campos, creando miniequipos encargados de tareas específicas1. Asimismo, es importante idear un proyecto que sea sencillo y alcanzable, con el objetivo de atraer a tantos colaboradores como sea posible. Los proyectos demasiado ambiciosos pueden desalentar a los participantes más jóvenes o inexpertos. Por ejemplo, en el caso del LATAM-CCR (Consorcio Colaborativo de Cirugía Colorrectal de Latinoamérica), el primer estudio colaborativo se centró en los resultados a corto plazo de colectomías derechas por cáncer, un procedimiento común y que no requiere un seguimiento prolongado3. Este tipo de proyectos sencillos permite establecer las bases de la red y generar confianza en los participantes para realizar ulteriores estudios4. La colaboración puede empezar con encuestas validadas de cara a ensayos sucesivos5.
Otro ejemplo interesante a este respecto es el del Grupo Joven de la Asociación Española de Coloproctología, quien también ha estado a cargo de numerosas iniciativas; una de las más recientes es un estudio que evalúa las técnicas quirúrgicas y los resultados postoperatorios relacionados con las fístulas anales en España6.
A su vez, es importante encontrar y contactar con las personas en un formato personal, lo cual puede ser realizado a través de llamadas telefónicas, redes sociales. Un mensaje directo, más que un posteo general sobre el proyecto, impactará más a nivel individual. La idea debe presentarse de manera directa, en poco tiempo, y de forma clara. Si el proyecto parece demasiado complejo, muchos perderán interés antes de involucrarse.
Por otro lado, también es importante involucrar sociedades científicas locales e internacionales, las cuales habitualmente nuclean grandes grupos de médicos orientados hacia la especialidad que representa el trabajo. Esto tiene un doble beneficio: el de llegar a más personas y, a su vez, corregir el posible «sesgo de conocimiento» de los autores, impidiendo que solo se invite a aquellos conocidos por estos.
Una vez establecida la red colaborativa en términos de identificar las personas que la van a conformar, para asentar dicho grupo y hacer crecer la red, deberemos cuidar ciertos aspectos relacionados con las formalidades de cualquier colaboración.
Para empezar, cualquier iniciativa científica debe contar con protocolo científico adecuado7. El protocolo debe incluir una introducción clara, variables que serán estudiadas y los objetivos, los criterios de inclusión y exclusión, los enfoques metodológicos y estadísticos, y las consideraciones legales sobre la protección de datos.
Siempre se deben definir estándares claros relacionados con cómo se publicará la información (dónde y en qué formato, ya sea colaborativo o con múltiples autores). Esto permitirá que los centros más grandes, que requieren más personal para gestionar un mayor volumen de pacientes, estén mejor organizados. En opinión de los autores, es recomendable el formato de un autor único en formato colaborativo. Esto democratiza el proceso de publicación y reconoce el esfuerzo que realizan no solo aquellos que tuvieron la idea del estudio, sino también aquellos que se encargaron de reclutar los pacientes, aunque se requerirá a todos los colaboradores de revisar los artículos antes de la publicación. Es recomendable añadir un apartado para aclarar la contribución de cada autor/colaborador en cada manuscrito.
El lugar donde se almacenará la información, y durante cuánto tiempo posterior a finalizado el estudio, también es de capital importancia. Es recomendable utilizar plataformas que cumplan con los estándares internacionales para protección de datos, y a su vez, que tengan la capacidad de seguir el principio denominado «Branching Logic», que permite sumar variables directamente relacionadas con una determinada pregunta. En otras palabras, se permite adaptar las variables que hay que introducir según la información ya incluida, simplificando el proceso de compilación de información.
El objetivo de estos grupos de trabajo debe ser la posibilidad de ampliar de forma progresiva la red de colaboración, tratando de superar fronteras, y, sobre todo, intentando superar la falta de información sobre las indicaciones y resultados del tratamiento de distintas patologías, especialmente en los países en vías de desarrollo.
Por otro lado, involucrar a pacientes en grupos de colaboración puede ser una buena idea, así como intentar recibir el apoyo de sociedades nacionales e internacionales. Estas medidas garantizarán que el proyecto sea relevante para los pacientes, útil, con soporte metodológico apropiado y máxima difusión.
Los estudios científicos colaborativos a nivel internacional enfrentan diversas barreras que pueden dificultar su implementación y éxito. Una de las principales dificultades radica en las aprobaciones de los comités de ética de cada país involucrado. Cada jurisdicción tiene regulaciones específicas y protocolos que pueden variar significativamente, lo que genera retrasos en el inicio de los estudios. Además, los estándares éticos y legales pueden diferir, especialmente en relación con el consentimiento informado, la confidencialidad de los pacientes y el manejo de situaciones imprevistas, complicando la armonización de procedimientos entre los equipos colaboradores.
Otro desafío crítico es la transferencia de datos entre países, que debe cumplir con normativas internacionales como el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) en Europa o las legislaciones locales en América Latina. Estas normativas imponen restricciones en la transferencia y almacenamiento de datos personales, lo que puede implicar inversiones en sistemas seguros y acuerdos legales complejos entre instituciones. Asimismo, las barreras lingüísticas y culturales pueden influir en la interpretación de los protocolos y la comunicación entre los equipos, añadiendo un nivel adicional de complejidad. Superar estas barreras requiere planificación exhaustiva, acuerdos interinstitucionales claros y un enfoque proactivo para garantizar el cumplimiento normativo y la alineación de objetivos.
De hecho, un aspecto clave para el éxito de una red colaborativa es la promoción efectiva de los proyectos. Cada lugar tiene personas más entusiastas que otras que pueden ayudar a empujar nuevos proyectos en su medio local, lo cual resulta fundamental para superar las barreras culturales y lingüísticas. Esas personas deben ser debidamente identificadas e involucradas activamente en todos los procesos, ya que serán la llave para conseguir representatividad de todos los lugares. La participación de líderes de opinión añade credibilidad y valor al proyecto. La colaboración podrá de esta forma contribuir a favorecer el aprendizaje de nuevos cirujanos de forma más dinámica y estimulante8.
Finalmente, publicar hitos importantes, reconocer el esfuerzo de los centros participantes y responder preguntas frecuentes son formas efectivas de fomentar la participación.
Para concluir, crear redes científicas de colaboración requiere de mucho trabajo, sobre todo al comienzo de dicho proceso cuando hay que idear los proyectos e identificar a las personas y centros que van a participar. Sin embargo, una vez creada la red, esta podrá representar una fuente inacabable de proyectos, y permitirá que las relaciones entre los participantes vayan más allá de su propio medio de trabajo local.


