La pandemia del coronavirus conllevó una crisis sanitaria nunca vista, con muchos contagios, ingresos y desgraciadamente, demasiadas muertes. Pero, «gracias» a ella se creó el equipo de atención al inmigrante recién llegado en patera en Canarias.
Inicialmente el equipo se creó en marzo del 2020, para atención sanitaria a domicilio para las personas con infección por coronavirus en Gran Canaria. Sin embargo, con la pandemia y el cambio de la gestión de las fronteras, surgió una crisis dentro de esta crisis sanitaria: la llegada masiva de pateras.
Debido a esta llegada masiva, y a la aparición de varios brotes en macrocentros de migrantes, el equipo de intervención asumió la asistencia sanitaria de estos migrantes, su aislamiento y su seguimiento. Es, entonces, cuando se dan cuenta de la necesidad de dar asistencia sanitaria completa a estas personas con múltiples problemas de salud, tanto los derivados del viaje migratorio, como los previos no resueltos.
La población migrante es un grupo de población vulnerable pues proceden de países con sistemas de salud frágiles, con baja eficiencia en servicios básicos como la vacunación1. Asocian alta prevalencia de infecciones, tanto de microorganismos presentes en nuestro medio (VIH, lúes, VHB o VHC), como endémicas en sus países de procedencia (Changas, parásitos intestinales, esquistosomiasis, TBC…)2. Además, la asistencia sanitaria implica una mayor complejidad, pues existen ciertas dificultades añadidas como barrera idiomática, diferencias culturales, diferencias en lenguaje no verbal e interferencias emocionales, entre otras3.
Al final de mi residencia, tuve la oportunidad de poder realizar una rotación externa ahí, y conocí su gran labor y la importancia de su trabajo.
El equipo se encargaba de la atención al inmigrante desde su llegada inicial tras el viaje migratorio, hasta que eran enviados a sus destinos definitivos.
Para poneros en contexto, los migrantes no llegan tras un viaje de unas horas a los que las personas de países desarrollados estamos acostumbrados. Para la mayoría de ellos, la patera es la parte final y más peligrosa del viaje, en la que ponen en gran riesgo su vida, pero no es la única parte peligrosa.
La mayoría salen de países en conflicto armado (como Malí, Somalia o Níger), de ahí se trasladan miles de kilómetros hacia la costa, esa parte del viaje dura meses, con trayectos realizados a pie, carros u otros vehículos, con múltiples paradas de trabajo (la mayoría en condiciones de explotación) para conseguir financiación para poder continuar la travesía, y viviendo en condiciones de salubridad más que cuestionables.
Tras meses de viaje migratorio llegan por fin a la costa. Habitualmente, suelen partir desde Marruecos y la trayectoria en patera dura entre 24 y 72h, si tienen suerte y pueden llegar a su destino, pero en otras ocasiones, por diversos factores, tienen que salir desde más lejos.
La primera patera que vi llegar partió de Senegal, 9 días de viaje, de los cuales 3 sin comida ni bebida. Su llegada fue horrible, con múltiples personas tiradas en el suelo con deshidratación, hipertermia, rabdomiólisis, enfisema subcutáneo (derivado del aumento de presión debido a gritos y vómitos durante la travesía), infecciones… Afortunadamente, en esta ocasión, gracias al trabajo del equipo todas las personas sobrevivieron y fueron atendidas durante las siguientes semanas, pero no siempre es así.
Para concluir, mi experiencia durante esa rotación me permitió conocer las dificultades y los desafíos que enfrenta la atención a estos pacientes; dando especial énfasis a la empatía, a la comunicación efectiva y a la adaptación de la práctica clínica para determinadas circunstancias. Esta vivencia enriqueció mi formación profesional y personal, recordándome que la salud es un derecho fundamental que debe ser garantizado para todos, independientemente de tu lugar de origen.

