Un buen liderazgo es esencial en cualquier organización, y también en las instituciones sanitarias, especialmente por el impacto que tiene en la calidad de la atención a nuestros pacientes1. En particular, los servicios de cirugía necesitan líderes que puedan complementar sus conocimientos clínicos y habilidades técnicas, absolutamente imprescindibles, con otras habilidades no clínicas que faciliten la comunicación y el trabajo en equipo, elementos esenciales de una estrategia integrada centrada en la actividad asistencial, pero también en iniciativas de formación e investigación.
En el ámbito sanitario, el estilo de liderazgo predominante se ha basado clásicamente en las órdenes y en el cumplimiento de objetivos y no ha tenido en cuenta la gestión del capital humano, entendida como el conjunto de prácticas para atraer, desarrollar y retener a los miembros del equipo2. Este estilo se ha asociado con una pérdida de compasión, lo que genera un clima poco propicio para conseguir implicación y motivación, que puede llegar a tener un impacto negativo en los resultados de los pacientes3. Por el contrario, el estilo de liderazgo que ha demostrado tener el efecto más beneficioso en el clima de una organización es aquel que enfatiza la atención al paciente, capacita a los profesionales y escucha sus opiniones en lugar de adoptar un estilo autoritario y controlador4. Los buenos líderes deben crear entornos en los que los miembros del equipo comprendan lo que va a suceder, compartan sus inquietudes, busquen retroalimentación y participen. Un buen liderazgo permite que los demás puedan hacer su trabajo, refuerza el éxito y los logros, y combina apoyo y elogios con desafíos apropiados para ayudar a mantener altos los estándares3.
En este sentido, los líderes que han tenido un mayor impacto en la satisfacción de los miembros del equipo poseen altos niveles de inteligencia emocional. Esto incluye la capacidad para reconocer y controlar las emociones, la habilidad para empatizar con los demás e inspirar mediante una comunicación persuasiva, motivando, construyendo lazos y resolviendo conflictos entre individuos5.
Se ha puesto mucho énfasis en que los rasgos que predicen con mayor fuerza la eficacia de un liderazgo son la asertividad y la responsabilidad. Sin embargo, se ha asumido erróneamente que un líder no puede tener otras cualidades como la amabilidad y la empatía. Al contrario, mientras más amable, empático y compasivo sea un líder más fácil será alinear el equipo hacia un objetivo común. Es un error confundir amabilidad con debilidad. Es perfectamente compatible combinar un liderazgo amable con una gestión efectiva de las personas. Para ello es necesario entender la situación, tomar decisiones, convencer y actuar.
El liderazgo moderno en el siglo XXI requiere inteligencia emocional, lo que crea un caldo de cultivo saludable para 3 ingredientes imprescindibles en equipos exitosos que retienen el talento: comunicación efectiva, seguridad psicológica y oportunidades de crecimiento. En este sentido, un conocido estudio de Google, titulado Proyecto Aristóteles, sobre la creación del equipo perfecto, demostró que el secreto no está en quién forma parte del grupo, sino en cómo interactúan entre sí sus miembros y en los vínculos que se establecen. Entre los rasgos más importantes que caracterizan un equipo perfecto el más relevante es la seguridad psicológica. Los integrantes no tienen miedo de arriesgarse, no les da vergüenza expresar sus ideas ni se sienten vulnerables frente al resto de sus compañeros. La comunicación fluida, una mayor confianza para aclarar malentendidos, distribuir tareas, proponer ideas y entender bien cuál es el objetivo final son factores indispensables para un mejor trabajo en equipo6.
Se ha demostrado que uno de los motivos más frecuentes por los que alguien deja un equipo, y los servicios de cirugía son un gran ejemplo, es por la falta de apoyo y conexión con su jefe. Por el contrario, podemos atraer, retener y hacer crecer el talento si nos rodeamos de un entorno saludable, solidario, empático y altamente comunicativo, una conclusión a la que llegó Gallup a partir de décadas de datos y entrevistas con 25 millones de empleados. Este es un aspecto fundamental que deben cuidar las instituciones sanitarias7.
Si bien los rasgos y atributos personales son difíciles de cambiar, el estilo, el comportamiento y las habilidades se pueden aprender. No existen reglas estándar de liderazgo ni recetas para el líder perfecto. Sin embargo, cada vez hay más oportunidades para conseguir capacitación, apoyo y orientación para aquellos cirujanos que tienen un papel que desempeñar en el liderazgo y la gestión en su servicio3,8–10.
En cuanto a los cirujanos jóvenes y residentes, la formación en liderazgo es esencial dado que influye de manera directa en su desarrollo profesional y en la calidad de la atención al paciente. Aunque el sistema MIR proporciona a los residentes quirúrgicos un aprendizaje sólido en habilidades técnicas, a menudo carecen de las competencias interpersonales necesarias para liderar equipos multidisciplinarios de forma efectiva. Actualmente existen programas de formación en liderazgo en asociaciones o universidades. Sin embargo, esta enseñanza debería estar incluida en el programa de residencia. Esto permitiría no solo complementar su formación con habilidades no técnicas, sino también identificar, desarrollar y promocionar futuros líderes de la cirugía.
Conflicto de interesesSin conflictos de intereses que declarar.


