En la era de la medicina centrada en el paciente, la comunicación se erige como uno de los pilares fundamentales. Durante el proceso quirúrgico, es esencial comunicarse de manera eficaz en torno al diagnóstico, la indicación del tratamiento, la evolución, el seguimiento y el pronóstico del paciente, así como con todo el entorno profesional. Sin embargo, los cirujanos posiblemente hemos dedicado poco esfuerzo a intentar mejorar nuestras herramientas comunicativas con el resto de profesionales que están involucrados en los procesos clínicos de los pacientes.
La asertividad suele señalarse como una competencia imprescindible en este contexto. Según la RAE, la comunicación asertiva implica expresar opiniones de manera firme y segura, respetando las ideas de los demás1. Por su parte, Gutgeld-Dror et al.2 la definen como la capacidad de expresar opiniones, preocupaciones, valores y necesidades respetando los derechos ajenos, enfatizando la importancia de un diálogo respetuoso que preserve las relaciones profesionales. Esto resulta crucial en el entorno quirúrgico, donde la presión y las decisiones críticas son constantes. La asertividad es clave para coordinar al equipo, manejar conflictos y compatibilizar las necesidades, derechos y valores del médico sin menospreciar a los demás. Además, fomenta una comunicación efectiva que salvaguarda tanto la seguridad del paciente como las relaciones laborales.
Los cirujanos trabajamos codo con codo con colegas de otras especialidades, personal de enfermería, técnicos de cuidados auxiliares en enfermería (TCAE) y celadores. Sin embargo, como responsables finales del paciente, esta posición puede generar tensiones con otros profesionales, especialmente en la toma de decisiones asistenciales. La asertividad puede suponer mayores desafíos en contextos jerárquicos o en situaciones de disparidad de poder, donde existe el riesgo de que se confunda con otro tipo de comunicación no asertiva. Estas dinámicas pueden manifestarse de forma horizontal, entre colegas, o vertical, entre diferentes niveles jerárquicos.
Promover la asertividad desde diversos enfoques también beneficia a los profesionales menos experimentados o en formación, ayudándoles a expresar mejor sus necesidades, defender sus propuestas e interactuar de manera efectiva en estructuras jerárquicas. En situaciones de estrés propias del quirófano, las formas comunicativas pueden deteriorarse, propiciando abusos verbales. Las estrategias clave para abordar estas dinámicas incluyen la confrontación respetuosa (expresando las ideas con firmeza pero sin agresividad), el acuerdo parcial (reconociendo posibles razones válidas detrás de la ira, aunque dirigida de manera inapropiada) y la desviación de agresiones mediante respuestas no ofensivas, como solicitar una explicación clara del plan quirúrgico para mejorar la coordinación del equipo.
La asertividad debe considerarse una habilidad comunicativa esencial para proteger tanto a los individuos como las relaciones laborales. De hecho, el Royal College of Surgeons of Edinburgh la reconoce como una «habilidad no quirúrgica» fundamental en el ámbito de la comunicación3.
No obstante, un desafío significativo es la falta de métodos objetivos y universales para evaluarla. Aunque se han propuesto cuestionarios estructurados, la mayoría de los estudios dependen de valoraciones subjetivas, a menudo realizadas por los propios participantes. Algunos programas combinan métodos presenciales, discusiones grupales, juegos de rol y técnicas adaptadas de la aviación, como la regla de los «dos desafíos» y la técnica de «defensa-investigación». Sin embargo, muchas de estas iniciativas se evalúan mediante simulaciones o autoevaluaciones, lo que limita la evidencia sobre su impacto real en la práctica clínica y la seguridad del paciente4.
A pesar de su importancia, la asertividad en el ámbito quirúrgico sigue siendo un tema relativamente inexplorado y poco definido debido a la diversidad de interpretaciones y métodos de evaluación. Además, obstáculos culturales, jerárquicos y personales, como el miedo a represalias, dificultan su implementación. Este temor puede tener efectos adversos, impactando negativamente en el cuidado del paciente, la satisfacción laboral y el número de relevos en el personal de enfermería especializado en quirófano5.
En entornos multiprofesionales y/o jerárquicos, como un bloque quirúrgico, la asertividad es clave para transmitir mensajes, alinear objetivos y coordinar métodos de trabajo. No solo facilita la ejecución de los planes terapéuticos, sino que también mejora las relaciones entre profesionales, previniendo abusos verbales y promoviendo una comunicación más efectiva. Fortalecer esta habilidad en los cirujanos puede ayudarles a afrontar situaciones desafiantes manteniendo relaciones interpersonales sólidas y contribuyendo a una atención quirúrgica de mayor calidad.
Conflicto de interesesLos autores no declaran conflictos de interés relacionados con el desarrollo de esta carta científica.


