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© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2016

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© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2016

Med Clin 2007;129:96-9 - DOI: 10.1157/13107370
Sensibilidad química múltiple: análisis de 52 casos
Multiple chemical sensitivity: study of 52 cases
Santiago Noguéa, Joaquim Fernández-Soláa, Elisabet Roviraa, Elisabet Montoria, José Manuel Fernández-Huertaa, Pere Munnéa
a Unidades de Toxicolog??a y de Fatiga Cr??nica. Hospital Cl??nic. IDIBAPS. Universidad de Barcelona. Barcelona. Espa??a.
Resumen
Fundamento y objetivo: La sensibilidad química múltiple (SQM) se caracteriza por la pérdida de tolerancia a la presencia en el medio ambiente de agentes químicos diversos. El objetivo de este trabajo es describir las características clínicas de una serie de pacientes con SQM atendidos en nuestro hospital. Pacientes y método: Se ha evaluado a los pacientes atendidos en las Unidades de Toxicología y de Fatiga Crónica que presentaban síntomas de SQM. El diagnóstico fue clínico. Todos ellos completaron el cuestionario QEESI (Quick Environmental Exposure and Sensitivity Inventory). Resultados: Se ha incluido a 52 pacientes, con una edad media (desviación estándar) de 47,2 (7,6) años; 46 eran mujeres (88%). El origen del síndrome pudo relacionarse con una exposición laboral a productos químicos en 31 pacientes (59,6%) y en 14 de ellos fue una fumigación con insecticidas en el lugar de trabajo. En 20 casos (38,5%) el síndrome no pudo relacionarse con ninguna exposición tóxica y constituía una manifestación más de un síndrome de fatiga crónica. En el cuestionario QEESI obtuvieron una media de 72,9 (18,6) puntos en la escala de exposición inhalatoria; 45,5 (20,6) en la de exposición no inhalatoria; 69,8 (20,6) en la de gravedad de los síntomas; 4,4 (1,8) en la de identificación de la exposición, y 66,6 (21,7) en la de repercusión sobre las actividades de la vida diaria. Todos los casos fueron controlados durante un mínimo de 12 meses, período durante el cual permanecieron estables y no se registró ningún fallecimiento. Conclusiones: La SQM incide habitualmente en mujeres de mediana edad. En general se desencadena por una exposición a productos químicos y muy en particular a insecticidas. La asociación con el síndrome de fatiga crónica es frecuente. El pronóstico vital es bueno, pero se reduce considerablemente la calidad de vida de los pacientes.
Resumen
Background and objective: Multiple chemical sensitivity (MCS) is characterized by a loss of tolerance to various environmental chemicals. The objective of this study was to describe patients with MCS seen in our hospital. Patients and method: Patients consecutively seen by the Toxicology and Chronic Fatigue Units who presented symptoms of MCS were included. The diagnosis was clinical. All patients completed the Quick Environmental Exposure and Sensitivity Inventory (QEESI) questionnaire. Results: Fifty-two patients were included. The average age (standard deviation) was 47.2 (7.6) years, and 46 (88%) were females. The origin of the syndrome was related to occupational exposure to various chemical agents in 31 cases (59.6%), including occupational accidents in 14 patients (fumigation of the workplace with insecticides). In 20 patients (38.5%), the syndrome could not be associated with any toxic exposure and was considered a manifestation of chronic fatigue syndrome. The QEESI showed mean scores of 72.9 (18.6) on the chemical inhalant intolerance scale, 45.5 (20.6) on the other intolerances scale, 69.8 (20.6) on the symptom severity scale, 4.4 (1.8) on the masking index and 66.6 (21.7) on the life impact scale. All patients were followed up for a minimum of 12 months, and during this period they remained stable with no deaths. Conclusions: MCS normally affects middle-aged women. It is frequently triggered by exposure to chemical agents, especially insecticides. An association with chronic fatigue syndrome is common. The prognosis is good but the patients' quality of life is seriously affected.
Palabras clave
Sensibilidad química múltiple, Síndrome de fatiga crónica, Diagnóstico
Keywords
Multiple chemical sensitivity, Chronic fatigue syndrome, Diagnosis

La sensibilidad a múltiples compuestos, más conocida como sensibilidad química múltiple (SQM), es una enfermedad adquirida que se caracteriza por la pérdida progresiva de tolerancia a la presencia en el medio ambiente de agentes químicos diversos, como productos de limpieza doméstica, colonias, perfumes, ambientadores, disolventes o hidrocarburos1. Más de un 2% de la población de áreas industrializadas podría estar afectada por una forma más o menos grave de SQM2. El desencadenante de este síndrome suele ser la exposición única o reiterada a uno o varios productos tóxicos (insecticidas, compuestos orgánicos volátiles y otros), pero no siempre se constata este antecedente. El diagnóstico es clínico y por aplicación de criterios consensuados, al carecer de exploraciones complementarias específicas3. La evolución habitual de los pacientes es hacia la persistencia de los síntomas, lo que les obliga a modificar las actividades de su vida diaria para no exponerse a los productos frente a los que se muestran sensibles. La SQM no tiene un tratamiento específico, pero debe evitarse la exposición a los productos a los que se ha perdido la tolerancia.

Las Unidades de Toxicología y de Fatiga Crónica de nuestro hospital están atendiendo a personas afectadas de SQM y, no habiendo series previas publicadas en España, nos ha parecido de interés describir el perfil clínico de estos pacientes.

Pacientes y método

Se ha incluido en el presente trabajo a los pacientes atendidos consecutivamente en las Consultas Externas de las Unidades de Toxicología y de Fatiga Crónica del Hospital Clínic de Barcelona durante un período de 10 años (1996-2005) y que presentaban síntomas de SQM. El diagnóstico de SQM fue clínico y basado en 6 criterios establecidos previamente en una conferencia de consenso4: a) proceso crónico; b) los síntomas aparecen con niveles de exposición previamente tolerados; c) los síntomas se reproducen al repetir la exposición al producto químico; d) las manifestaciones aparecen frente a múltiples productos químicos no relacionados entre sí; e) los síntomas incluyen más de un órgano o sistema, y f) los síntomas mejoran o desaparecen al cesar la exposición. A todos los pacientes se les realizó una historia clínica, prestando especial atención a los antecedentes laborales y a la exposición a productos químicos, y se les practicaron una exploración física y una analítica general básica. Se valoró la presencia de comorbilidad asociada a la SQM, en particular el síndrome de fatiga crónica y la fibromialgia, cuyos diagnósticos se establecieron siguiendo criterios aceptados internacionalmente5,6.

Todos los pacientes con criterios clínicos de SQM completaron el cuestionario QEESI (Quick Environmental Exposure and Sensitivity Inventory) para identificar los agentes desencadenantes de síntomas, cuantificar la gravedad de éstos y las repercusiones sobre las actividades de la vida diaria (anexo 1)7. Este cuestionario no está disponible en español y fue traducido del inglés y adaptado por uno de los autores del presente trabajo (S.N.). Los pacientes que obtuvieron una puntuación inferior a 20 puntos en la escala de exposición inhalatoria, inferior a 12 puntos en la de exposición no inhalatoria e inferior a 20 puntos en la de gravedad de los síntomas se excluyeron del estudio para aumentar su especificidad7.

Los resultados de las variables cuantitativas se han expresado en media (desviación estándar) y los de las variables cualitativas, en porcentaje.

Resultados

Tras una valoración inicial de 75 pacientes con posible SQM, se excluyó a 14 por no reunir criterios diagnósticos y a otros 9 por obtener en el cuestionario QEESI una puntuación inferior a la exigida como criterio de inclusión. De los 52 casos incluidos, 46 eran mujeres (88%) y 6 varones. Su edad media (desviación estándar) fue de 47,2 (7,6) años ­47,7 (7,9) años en las mujeres y 43,8 (4,1) en los varones­.

El origen del síndrome pudo relacionarse con una exposición laboral a productos químicos diversos en 31 casos (59,6%), de los cuales en 14 fue un accidente laboral (fumigación en el lugar de trabajo con insecticidas organofosforados u otros) y en otros 17 casos una enfermedad profesional por exposición reiterada a hidrocarburos (n = 5), disolventes (n = 3), glutaraldehído (n = 3), otros gases irritantes (n = 3), síndrome del edificio enfermo (n = 2) y un caso por vertidos de aguas residuales y colonización ambiental con Aspergillus. Como origen toxicológico pero no laboral sólo hubo una exposición accidental a gases y vapores procedentes de un derrame de hidrocarburos. En 20 pacientes la SQM no pudo relacionarse con ninguna exposición tóxica y constituía una manifestación más de un síndrome de fatiga crónica. De los 52 pacientes, sólo 2 presentaban una SQM pura, sin comorbilidades asociadas; los otros 50 (96%) tenían además un síndrome de fatiga crónica, en el que en 26 pacientes (50%) había un componente fibromiálgico.

Los productos químicos a los cuales eran más intolerantes y los síntomas que referían los pacientes con más frecuencia se muestran en la tabla 1. En relación con el cuestionario QEESI, los pacientes obtuvieron una puntuación media de 72,9 (18,6) en la escala de exposición inhalatoria (extremos: 32-99); 45,5 (20,6) en la escala de exposición no inhalatoria (extremos: 14-88); 69,8 (20,6) en la escala de gravedad de los síntomas (extremos: 20-100); 4,4 (1,8) en la escala de identificación de la exposición (extremos: 1-9), y 66,6 (21,7) en la escala de repercusiones sobre las actividades de la vida diaria (extremos: 15-100).

En todas las escalas los varones obtuvieron una puntuación superior a la de las mujeres, excepto en la que medía la identificación de la exposición, que era mayor en las mujeres, con una media de 4,6 (1,8) frente a 3,3 (2,2), pero sólo se obtuvieron diferencias estadísticamente significativas en las escalas que valoraban la gravedad de los síntomas ­80,5 (5,5) en los varones frente a 68,2 (21,7) en las mujeres; p < 0,005­ y las repercusiones sobre las actividades de la vida diaria ­83,3 (21,0) en los varones frente a 64,5 (21,3) en las mujeres; p < 0,05­.

Se investigó también si el grupo de pacientes en los que la SQM tenía un origen laboral (n = 31) era diferente del no laboral (n = 21). No hubo diferencias estadísticamente significativas en cuanto al sexo y la edad, ni en relación con la puntuación obtenida en las 5 escalas del cuestionario QEESI ni en la asociación a una incapacidad laboral en el momento de ser atendidos en el hospital.

Cuando acudieron por primera vez a la consulta, llevaban una media de 69,9 (45,3) meses con síntomas de SQM. Veintiún pacientes (40,4%) se encontraban de baja laboral transitoria en el momento de la visita por la SQM o por la comorbilidad asociada, y otros 7 (13,5%) tenían concedida una incapacidad laboral permanente. Todos los pacientes fueron controlados durante un mínimo de 12 meses, durante los cuales permanecieron clínicamente estables y no se registraron ningún ingreso hospitalario relacionado con la SQM ni ningún fallecimiento.

Discusión

Los primeros criterios diagnósticos de SQM se establecieron por consenso en 1989 y fueron modificados en 19992. El síndrome de SQM es frecuente y poco diagnosticado, ya que los estudios poblacionales muestran que entre un 2 y un 15% de los encuestados reúnen estos criterios2. En la base fisiopatológica de este síndrome se encuentra una pérdida de tolerancia a muchos productos químicos, inducida en la mayoría de los casos por una exposición única o reiterada a agentes químicos en personas susceptibles. Su mecanismo patogénico es mal conocido, habiéndose planteado mecanismos de disfunción inmunológica y colinérgica, entre otros. Los desencadenantes de SQM más citados en la literatura médica son productos químicos (disolventes o irritantes), pesticidas, guerras (síndrome de la guerra del Golfo), prótesis de mama y articulares, y contaminantes de edificios enfermos8.

La consecuencia de todo ello es la aparición de síntomas sistémicos ante la exposición a dosis bajas de productos químicos que previamente eran bien tolerados, como los humos procedentes de los tubos de escape de los coches, algunos agentes de limpieza doméstica, perfumes, pinturas, disolventes, alimentos, medicamentos, cafeína o alcohol, como ocurre en la serie presentada9. Muchos pacientes presentan disnea al inhalar estos productos, pero esta intolerancia no corresponde a un síndrome de disfunción reactiva de la vía aérea10 y las pruebas funcionales respiratorias en personas con SQM son normales, a menos que haya otra enfermedad respiratoria concomitante. Esta intolerancia tampoco es de tipo alérgico, y cuando se realizan tests cutáneos o se investigan inmunoglobulinas E específicas en pacientes con SQM se obtienen resultados normales. El predominio femenino (> 80%) está presente en todas las series descritas previamente11, excepto la de veteranos de la guerra del Golfo, y por lo general no se encuentran diferencias entre los varones y las mujeres respecto a los síntomas que presentan, a los productos químicos que no toleran o a las repercusiones de su SQM sobre las actividades de la vida diaria, aunque en nuestra serie se ha observado, a través del cuestionario QEESI, una mayor gravedad en los varones.

Ante la falta de biomarcadores específicos para el diagnóstico de SQM, Miller y Prihoda7 desarrollaron un cuestionario de autoevaluación (QEESI), que mide las intolerancias ambientales y no ambientales, las exposiciones encubiertas, la intensidad de los síntomas y el impacto de la SQM sobre la vida diaria. Con una sensibilidad del 92% y una especificidad del 95%, puede diferenciar a los individuos sensibles de los controles. Para incrementar la especificidad, se decidió excluir en este estudio a los pacientes que simultáneamente tuviesen una puntuación inferior a 20 en la escala de exposición inhalatoria, a 12 en la escala de exposición no inhalatoria y a 20 en la escala de gravedad. El máximo grado de especificidad diagnóstica se obtiene si los pacientes alcanzan una puntuación igual o mayor de 40, igual o mayor de 25 e igual o mayor de 40, respectivamente, en las escalas ya citadas, lo que ocurrió en 37 pacientes de esta serie (71,2%). El cuestionario QEESI está validado como un instrumento fiable, sensible y específico para medir las 5 dimensiones de la SQM, y se utiliza en la práctica como un criterio de gravedad y de pronóstico evolutivo de la enfermedad9. Puede utilizarse en el ámbito de la asistencia primaria y de los especialistas que atienden a pacientes con fatiga crónica o fibromialgia, y probablemente condicionaría un aumento de diagnósticos de SQM.

En la presente serie destaca el tiempo transcurrido entre los síntomas iniciales y el diagnóstico del síndrome. Esto es debido a diversos factores, como la inespecificidad de las manifestaciones, la falta de biomarcadores diagnósticos y la comorbilidad de muchos de estos pacientes, a lo que se añade la incredulidad médica y social respecto a la existencia real de la enfermedad. La SQM puede ser un síndrome aislado, pero en muchos casos forma parte de otros, en particular la fatiga crónica y la fibromialgia12,13. El predominio de mujeres en este síndrome invita a pensar en la existencia de una predisposición genética ligada al sexo femenino. El origen laboral no confiere una mayor gravedad a la SQM, ya que no se han encontrado diferencias en las puntuaciones obtenidas en las 5 escalas del QEESI respecto a los pacientes con SQM no relacionada con accidentes laborales, y tampoco una mayor prevalencia de incapacidades laborales.

La SQM carece en la actualidad de tratamiento específico. Sólo se recomienda evitar nuevas exposiciones a los productos a los que el paciente se muestra intolerante, soporte sintomático y tratar las comorbilidades asociadas. Estudios previos han mostrado que, con el paso del tiempo, la mayoría de los pacientes mejoran, aunque siguen sintomáticos14.

Esta serie de pacientes pone en evidencia un síndrome crónico, con síntomas sobre varios aparatos y sistemas, probablemente poco diagnosticado, que se caracteriza por la pérdida de tolerancia ante la exposición a múltiples productos químicos no relacionados entre sí y que se desencadena, en muchas ocasiones, por una exposición laboral a insecticidas, hidrocarburos o gases irritantes. La asociación con el síndrome de fatiga crónica y/o la fibromialgia es muy frecuente. La SQM no comporta un riesgo vital, pero reduce significativamente la calidad de vida de los pacientes y su rendimiento laboral.

La SQM representa un nuevo reto para el personal sanitario, que debe afrontar una entidad clínica relativamente nueva, incapacitante, con muchas lagunas fisiopatológicas y sin exploraciones diagnósticas específicas, a pesar de lo cual no es apropiado considerar el problema tan sólo desde la hipotética perspectiva del deseo de una baja laboral o de alguna compensación económica15. Todos los eslabones implicados en la atención y el cuidado de pacientes con SQM han de contribuir a despejar las incertidumbres sobre este síndrome.

Agradecimientos

Al Dr. Eduard Sanjurjo por su ayuda en los cálculos estadísticos y por sus apreciaciones sobre una versión previa de este manuscrito.

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