x

¿Aún no está registrado?

Cree su cuenta. Regístrese en Elsevier y obtendrá: información relevante, máxima actualización y promociones exclusivas.

Registrarme ahora
Ayuda - - Regístrese - Teléfono 902 888 740
Buscar en

FI 2016

1,125
© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2016

Indexada en:

Current Contents/Clinical Medicine, Journal Citation Reports, SCI-Expanded, Index Medicus/Medline, Excerpta Medica/EMBASE, IBECS, IME, MEDES, PASCAL, SCOPUS, ScienceDirect

Métricas

  • Factor de Impacto: 1,125(2016)
  • 5-años Factor de Impacto: 1,292
  • SCImago Journal Rank (SJR):0,221
  • Source Normalized Impact per Paper (SNIP):0,385

© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2016

Med Clin 2002;118:741-4
Nuevas aplicaciones diagnósticas de la resonancia magnética en neurología
New diagnostic applications of magnetic resonance in Neurology
Àlex Rovira Cañellasa
a Unidad de Resonancia Magn??tica Vall d'Hebron (IDI). Servicio de Radiolog??a. Hospital Universitario Vall d'Hebron. Barcelona.

La resonancia magnética nuclear (RMN) es un fenómeno fisicoquímico que fue mencionado por primera vez en la bibliografía científica hace más de 50 años. En el año 1946, dos grupos de investigación dirigidos por Bloch1 y Purcell2 describieron de forma independiente el fenómeno de la RMN basado en las propiedades magnéticas de ciertos núcleos del sistema periódico, por lo que fueron premiados con el Premio Nobel de Física en 1952.

En la aplicación de la RMN en medicina se han observado diferentes fases relacionadas directamente con los avances tecnológicos que han ido aconteciendo. Una primera etapa, que podríamos llamar «analítica», viene marcada por la posibilidad apuntada por Damadian3 en 1971 de discriminar el tejido normal del neoplásico en animales de experimentación. Posteriormente, en el año 1973, Lauterbur4 publicó en Nature, la primera imagen tomográfica de tubos rellenos de agua mediante RMN. A partir de entonces los sucesivos avances de este nuevo método de imagen tomográfica se sucedieron de forma vertiginosa, y en 1977, Hinshaw et al5 publicaron las primeras imágenes obtenidas en humanos en la revista Nature. El primer estudio clínico que demostraba la existencia de enfermedad intracraneal fue publicado en 1980 por Hawkes et al6 y, finalmente, en 1981, se instaló el primer prototipo de tomógrafo para uso clínico en el Hammersmith Hospital de Londres.

Con la introducción de la RMN en la medicina clínica el adjetivo «nuclear» fue progresivamente eliminado esencialmente por motivos de mercadotecnia, para desligar esta técnica inocua de las connotaciones que el término «nuclear» sugiere en la sociedad actual. Por ello en la actualidad el térmico científico utilizado en medicina es simplemente resonancia magnética (RM).

El rápido progreso de la RM en el campo de la medicina se ha debido en gran medida al aprovechamiento del complejo camino tecnológico abierto pocos años antes por la tomografía computarizada (TC). La etapa «clínica» de la RM se inició, por tanto, de forma algo tímida al inicio de los años ochenta, y ya de manera definitiva al final de esta década. Fue a principios de la década de los noventa cuando se produjo una auténtica explosión en la utilización de la RM, no como una técnica diagnóstica simplemente complementaria a otras más establecidas (radiología convencional, TC, angiografía, etc.), sino como una técnica de primera elección en numerosos procesos patológicos, especialmente en el campo de las neurociencias.

En los últimos años la RM ha experimentado una progresión exponencial, gracias a numerosos avances tecnológicos que han permitido la aplicación de esta técnica en campos clínicos y experimentales que antes le estaban prácticamente vedados. Ello se debe a su actual capacidad no sólo de obtener imágenes morfológicas de elevada resolución espacial y alto contraste tisular, sino también a las posibilidades de obtener imágenes funcionales y dinámicas. Se ha entrado, por tanto, en una fase que se podría llamar «funcional», en la que no sólo se obtiene información diagnóstica estructural, sino también fisiológica y fisiopatológica con grandes posibilidades tanto en la medicina clínica como en la experimental.

Entre las muchas innovaciones tecnológicas que se están desarrollado en los últimos años en la RM, algunas de ellas con amplia implantación en los estudios clínicos habituales, cabe destacar la obtención de imágenes sensibles a movimientos microscópicos del agua tisular (difusión), los estudios hemodinámicos (perfusión), la identificación y cuantificación de metabolitos tisulares in vivo (espectroscopia), la determinación de la concentración tisular de macromoléculas (transferencia de magnetización) y el mapeo de zonas de activación cerebral (RM funcional).

Los estudios de difusión por RM (dRM) son sensibles al movimiento aleatorio de las moléculas de agua en el tejido cerebral a través de la aplicación de un gradiente de campo magnético, que causa una disminución en la intensidad de señal siempre que el agua libre pueda difundir en la dirección del gradiente7. Cuando en determinadas circunstancias se produce un desplazamiento de moléculas de agua desde el compartimiento extracelular al intracelular, la difusión tisular de agua se ve restringida por efecto de las barreras que forman las membranas celulares y las organelas citoplasmáticas8, y también por la reducción de volumen del espacio extracelular9. La dRM es, por tanto, capaz de detectar la existencia de edema citotóxico al producir éste una restricción del movimiento de las moléculas de agua en el tejido. En la práctica clínica la dRM ha supuesto una revolución en el diagnóstico temprano de la isquemia cerebral10,11, gracias a su sensibilidad para detectar el edema citotóxico, pero también ha contribuido al estudio de diferentes procesos que producen un aumento del agua intracelular (encefalitis, mielinólisis central pontina, ciertos tumores, algunas placas agudas de esclerosis múltiple), una restricción del movimiento de agua tisular (abscesos) o una desestructuración de las fibras axonales (esclerosis lateral amiotrófica y esclerosis múltiple)9,12-18. La gran ventaja de esta técnica de RM es que se obtiene con técnicas de adquisición ultrarrápidas que permiten adquirir los estudios en pocos segundos, lo que facilita su uso rutinario en muchos estudios craneales aun en pacientes no colaboradores. Recientemente la dRM también se está aplicando como marcador específico de la organización de las fibras mielínicas, y a partir de la obtención de mapas axonales (tractografías) es posible realizar una aproximación a la organización de las conexiones corticales y de sus proyecciones en la sustancia blanca19.

Los estudios de perfusión por RM (pRM) también se obtienen con técnicas ultrarrápidas, pero requieren la administración intravenosa de material de contraste. Los estudios de pRM miden el primer paso de este contraste por la red capilar cerebral proporcionando diferentes parámetros (tiempo de tránsito, volumen sanguíneo, flujo sanguíneo) que permiten tener información sobre el estado hemodinámico del tejido20-24. La aplicación de esta técnica se ha centrado en el estudio de la isquemia cerebral aguda, donde en combinación con los estudios de dRM (que detectan la existencia de lesión isquémica irreversible) es capaz de detectar zonas de penumbra isquémica potencialmente reversibles con tratamientos de reperfusión25,26. En la actualidad, se considera que el uso combinado de técnicas de dRM y pRM proporciona de forma más óptima que la TC la información necesaria para seleccionar a los pacientes con ictus agudo candidatos a tratamiento de fibrinólisis27. A pesar de ello, la RM no ha conseguido sustituir a la TC con este propósito debido a su limitada disponibilidad. La pRM también se utiliza para valorar el estado hemodinámico en la enfermedad isquémica crónica28, o en procesos inflamatorios difusos (encefalopatía subaguda por el virus de la inmunodeficiencia humana [VIH])29, así como en la valoración del grado de angiogénesis de las lesiones tumorales y, por tanto, sobre su grado de malignidad30. Esta última aplicación se está utilizando en la actualidad no sólo en la caracterización de los tumores intracraneales, sino también en su seguimiento para la detección de restos o recidiva31, con resultados similares a los obtenidos con técnicas de medicina nuclear. El inconveniente de las técnicas de pRM es su dificultad en la obtención de valores hemodinámicos absolutos, si bien esto se ve compensado por su fácil implementación, rápida adquisición y posibilidad de obtener los estudios conjuntamente con otras técnicas de RM en una única sesión.

La espectroscopia por resonancia magnética de protón (1H-ERM) es una técnica que permite determinar in vivo la concentración de diferentes metabolitos en regiones determinadas de un tejido. Esta capacidad se basa en el hecho de que la frecuencia de resonancia de un núcleo varía en función de su entorno químico y, por tanto, permite identificar la molécula en que está incorporado. Al mismo tiempo, la amplitud de la señal obtenida proporciona información sobre la concentración en que se encuentra. La mayor limitación de esta técnica es su baja sensibilidad, ya que sólo metabolitos que estén en una concentración superior a 1 mM se pueden detectar con facilidad. Así, la mayoría de neurotransmisores, compuestos del metabolismo intermediario y pequeños péptidos, son indetectables porque están en una concentración por debajo del límite de detección de la técnica. Además, la 1H-ERM sólo detecta señal de los núcleos que tienen libertad de movimientos. En consecuencia, núcleos de moléculas grandes como proteínas, ácidos nucleicos o en macroestructuras como la mielina o membranas, aunque pueden encontrarse en concentraciones elevadas, son difíciles de detectar32. En el tejido cerebral normal la 1H-ERM muestra resonancias atribuidas principalmente al N-acetilaspartato (NAA), creatina y fosfocreatina (Cr), compuestos que contienen colina (Cho) como son la glicerofosfocolina y la fosfocolina, mioinositol (mIns), y glutamina/glutamato (Glx). Los cambios en la concentración de estos metabolitos, así como la aparición de otros, que en condiciones normales no son identificables (lípidos, lactato, acetato, etc.), son un reflejo de los cambios patológicos que se producen en una zona determinada del parénquima cerebral33-36. Existe una gran coincidencia en las posibilidades de la 1H-ERM en la caracterización de lesiones focales (tumores, abscesos) del sistema nervioso central (SNC)36,37 pero también en detectar alteraciones metabólicas en áreas de tejido aparentemente normales en los estudios de imagen como puede ser la disminución del NAA (lo que indica lesión o disfunción axonal) en pacientes con esclerosis múltiple38 o infectados por el VIH39, o un aumento del Glx asociado a una disminución del mIns (lo que refleja un incremento de glutamina en los astrocitos) en la encefalopatía hepática40.

La imagen por transferencia de magnetización representa una forma diferente de obtener contraste en los estudios de RM a partir de procesos de intercambio que se producen a nivel submolecular en los tejidos biológicos41. Esta técnica tiene diferentes aplicaciones tanto en el campo clínico como en el experimental especialmente en el estudio de procesos que afectan el SNC42, ya que abre una ventana al ambiente macromolecular que no es visible utilizando técnicas convencionales de RM41. La desmielinización y la pérdida axonal son los dos factores que más contribuyen a producir disminuciones en la transferencia de magnetización, tal como se ha visto en estudios clínicos que han estudiado la desmielinización tóxica43, la leucoencefalopatía multifocal progresiva44, la encefalitis subaguda por el VIH44 y la esclerosis múltiple45. Sin embargo, lesiones con un contenido puramente edematoso también pueden producir una disminución de los valores de transferencia de magnetización probablemente por mecanismos de dilución, tal como se ha demostrado en modelos experimentales de encefalomielitis inflamatoria no desmielinizante46 y en estudios clínicos de pacientes con hidrocefalia obstructiva crónica47 o con cirrosis hepática48. Una de las grandes ventajas de esta técnica es que es cuantificable y permite estudiar de forma completa todo el parénquima encefálico, por lo que tiene un interés especial en el estudio de procesos que afecten de forma difusa el SNC, como la esclerosis múltiple49.

Uno de los avances de la RM que mayor interés han suscitado en los últimos años es el estudio de la activación cerebral o RM funcional (RMf)50. Este procedimiento utiliza técnicas de imagen ultrarrápidas que miden pequeños cambios en la intensidad de señal que se asocian a incrementos locales en el flujo cerebral inducidos por la activación neuronal. Estos cambios de señal se producen como consecuencia de las diferencias existentes en la proporción de hemoglobina oxigenada y desoxigenada en capilares y venas de drenaje localizadas en un área cerebral funcionalmente activada51. Con esta técnica es relativamente sencillo obtener mapas in vivo de las diferentes áreas activas cerebrales con relación a funciones motoras o sensitivas, pero también se están consiguiendo resultados en la identificación de las zonas cerebrales asociadas a procesos cognitivos o perceptivos específicos, bien en el contexto de sujetos normales (plasticidad cerebral con el aprendizaje) como en el de diferentes situaciones patológicas (plasticidad cerebral ante traumatismos craneoencefálicos, infartos cerebrales, esclerosis múltiple, entre otras)52-54. Ello podría tener un impacto directo en la evaluación objetiva e individual del efecto de las terapias rehabilitadoras. Un uso clínico más habitual de esta técnica es la identificación prequirúrgica de zonas funcionalmente críticas con relación a lesiones quirúrgicamente tratables (tumores cerebrales, malformaciones arteriovenosas, etc.) o la lateralización de la activación cerebral con el lenguaje, con el objeto de facilitar la práctica de una cirugía lo más funcional posible55-57. En la actualidad las investigaciones en el campo de la RMf están encaminadas especialmente al desarrollo de técnicas que mejoren el análisis cuantitativo de los cambios que se producen en las zonas cerebrales activadas en sujetos sanos y enfermos. Cuando esto sea posible, se podrá utilizar esta técnica como un marcador funcional de los cambios evolutivos en el curso de diferentes enfermedades neurodegenerativas, y en la discriminación en fases tempranas entre sujetos normales y enfermos aun en ausencia de cambios estructurales identificables con técnicas de imagen convencionales. En el futuro, sin embargo, esta técnica de RMf probablemente tenga su mayor impacto clínico cuando se utilice de forma conjunta con la información obtenida con otras técnicas, como la tomografía por emisión de positrones (PET), que permiten obtener mapas de la distribución de receptores, así como de las vías de síntesis y áreas de liberación de neurotransmisores.

En el futuro de la RM existen tres campos en los que parece clara la existencia de un interés especial en su desarrollo y aplicación clínica a medio y largo plazo, como son los de la imagen celular y molecular, la RM intervencionista y la RM de alto campo58-60.

Los continuos avances que se están produciendo en técnicas de biología celular y molecular, en la capacidad de descodificar el genoma humano, en la búsqueda de dianas específicas sobre las que deben actuar las nuevas terapias farmacológicas y en descubrir las alteraciones moleculares que definen a las enfermedades han abierto un nuevo campo en la forma de practicar medicina. Como consecuencia de ello, las técnicas de imagen diagnóstica se encuentran ante un nuevo reto para intentar satisfacer las necesidades derivadas de esta nueva medicina. De tal forma en los últimos años se está concibiendo la imagen celular específica y molecular como una oportunidad extraordinaria para el estudio de forma no invasiva de diferentes enfermedades. En el campo de la imagen celular específica por RM cabe destacar la utilización de medios de contraste con propiedades superparamagnéticas y pequeño tamaño que son incorporados a determinadas células. El ejemplo más desarrollado es el del contraste USPIO (ultrasmall particles of iron oxide), que se internaliza por las células del sistema mononuclear fagocítico en el sistema nervioso central en condiciones de actividad celular inflamatoria61,62. Es por tanto un contraste que podría utilizarse como marcador de actividad macrofágica y en la monitorización terapéutica de diferentes enfermedades del SNC en las que el sistema macrofágico esté implicado.

La imagen molecular es sin duda mucho más compleja de diseñar y obtener con la RM dada su baja sensibilidad en la detección de marcadores, lo cual requiere la utilización de estrategias de amplificación, como son el empleo de productos de contraste con propiedades superparamagnéticas, asociadas a técnicas de amplificación biológica63,64. Si bien la RM no es la técnica con mayores posibilidades en la obtención de este tipo de imágenes, su gran ventaja con respecto a otras (PET, SPET, imagen óptica) estriba en su elevada resolución espacial y la posibilidad de obtener diferentes medidas en una única sesión. En todo caso, no es de esperar que la imagen molecular con RM tenga una aplicación directa sobre pacientes antes de 5 a 15 años.

La RM intervencionista es una costosa tecnología que ya se está utilizando en algunos centros y que requiere la utilización de equipos de RM con una configuración geométrica especial que permita el acceso directo o rápido al paciente mientras se obtienen imágenes en tiempo real65. Las aplicaciones de esta técnica incluyen procedimientos diagnósticos o terapéuticos mínimamente invasivos, o incluso su incorporación en el quirófano junto a técnicas de neuronavegación con el objeto de controlar el grado de resección de tumores cerebrales66-70.

Finalmente cabe señalar la rápida implantación en centros de investigación clínica de equipos de RM de alto campo, esto es, de al menos 3,0 teslas, a diferencia del alto cam po utilizado en clínica asistencial, que habitualmente alcanza como máximo los 1,5 teslas. Estos nuevos equipos de alto campo, que tienen unos efectos biológicos que, aunque tolerables, no deben despreciarse, mejoran sustancialmente la resolución espacial de las imágenes obtenidas ofreciendo detalles anatómicos que superan claramente a la anatomía macroscópica71,72, e incrementan la calidad de los estudios de RMf73,74 así como la sensibilidad de los estudios de 1H-ERM75-77.

Uno de los grandes retos actuales que tiene la RM para poder ampliar su aplicación en el campo clínico y experimental dentro del ámbito de las neurociencias es la mejora en la capacidad de manipulación y análisis de la información obtenida. Así, se hace cada vez más necesario que los estudios de RM aporten datos cuantitativos, fiables y reproducibles sobre las alteraciones, estructurales o funcionales, que caracterizan diferentes enfermedades. Por tanto, el desarrollo de técnicas de cuantificación de fácil aplicación y disponibilidad es un reto pendiente que requiere de la estrecha colaboración de especialistas en el procesamiento de imágenes y en el desarrollo de programas informáticos específicos. De hecho, en algunas enfermedades como la esclerosis múltiple, los datos cuantitativos obtenidos con la RM se vienen utilizando desde hace años como marcadores intermedios o definitivos en la evaluación de la eficacia de nuevos tratamientos78.

El objetivo primario de este desarrollo de la RM es la mejor caracterización y cuantificación de los cambios patológicos que se producen en diferentes procesos de tal forma que la RM se pueda utilizar no sólo como técnica diagnóstica que permita discriminar de forma temprana sujetos sanos de enfermos, sino también como auténtico marcador biológico en el seguimiento de diferentes procesos patológicos bien sea dentro de su historia natural como cuando ésta se intenta modificar con terapias farmacológicas. Para conseguir este objetivo es indispensable la estrecha colaboración no sólo entre las diferentes especialidades médicas relacionadas con las neurociencias, sino también entre éstas y científicos de ámbito no sanitario (bioquímicos, biólogos, físicos, ingenieros, informáticos y otros). Sólo de esta manera seremos capaces de poder aplicar de forma eficaz el enorme potencial de la RM en el beneficio de los pacientes.

Bibliograf??a
1
Nuclear induction. Phys Rev Lett 1946;69:127.
2
Resonance absorption by nuclear magnetic moments in solids. Phys Rev Lett 1946;69:37-8.
3
Tumor detection by nuclear magnetic resonance. Science 1971;171:1151-3.
4
Image formation by induced local interactions: examples employing nuclear magnetic resonance. Nature 1973;242:190-1.
5
Radiographic thin-section image of the human wrist by nuclear magnetic resonance. Nature 1977; 270:722-3.
6
Nuclear magnetic resonance (NMR) tomography of the brain: a preliminary clinical assessment with demonstration of pathology. J Comput Assist Tomogr 1980;4:577-86.
7
Spin diffusion measurements: spin echos in the presence of time-dependent field gradient. J Chem Phys 1965;42:288-92.
8
Diffusion-weighted MR imaging of anisotropic water diffusion in cat central nervous system. Radiology 1990;176:439-5.
9
Diffusion-weighted MR imaging of the brain. Radiology 2000;217:331-45.
10
Fast magnetic resonance diffusion-weighted imaging of acute human stroke. Neurology 1992;42:1717-23.
11
Acute human stroke studied by whole brain echo planar diffusion-weighted magnetic resonance imaging. Ann Neurol 1995;37:231-41.
12
Diffusion MRI characterization of MS lesion evolution. Multiple Sclerosis 1999; 5(Suppl):21.
13
Diffusion-weighted MR imaging of encephalitis. Am J Neuroradiol 1999;173:1097-9.
14
Diffusion-weighted MRI in sporadic Creutzfeld-Jakob disease. Neurology 1999;52:205-8.
15
Use of diffusion-weighted MR imaging in differential diagnosis between intracerebral necrotic tumors and cerebral abscesses. Am J Neuroradiol 1999;20:1252-7.
16
Diffusion tensor MRI assesses corticospinal tract damage in ALS. Neurology 1999;53:1051-8.
17
Pathologic damage in MS assessed by diffusion-weighted and magnetization transfer MRI. Neurology 2000;54:1139-44.
18
Magnetic resonance diffusion tensor imaging for characterization diffuse and focal white matter abnormalities in multiple sclerosis. Magn Reson Med 2000;44:583-91.
19
Diffusion tensor magnetic resonance imaging in multiple sclerosis. Neurology 2001;56:304-11.
20
Dynamic imaging with lanthanide chelates in normal brain: contrast due to magnetic susceptibility effects. Magn Reson Med 1988;6:164-74.
21
Susceptibility contrast imaging of cerebral blood volume: human experience. Magn Reson Med 1991;22:293-9.
22
MR perfusion imaging of the brain: Techniques and applications. Am J Roentgen 2000;175:207-19.
23
High resolution measurement of cerebral blood flow using intravascular tracer bolus passages. I. Mathematical approach and statistical analysis. Magn Reson Med 1996;36:715-25.
24
High resolution measurement of cerebral blood flow using intravascular tracer bolus passages. II. Experimental comparison and preliminary results. Mag Reson Med 1996;36:726-36.
25
Difussion/perfusion MR imaging of acute cerebral ischemia. Magn Reson Med 1991;19:311-5.
26
Time course of lesion development in patients with acute stroke: serial diffusion and hemodynamic weighted magnetic resonance imaging. Stroke 1998;29:2268-76.
27
Evaluation of early reperfusion and i.v. tPA therapy using diffusion- and perfusion-weighted MRI. Neurology 1999;52:1792-8.
28
Cerebrovascular reserve capacity in patients with occlusive cerebrovascular disease: assessment with dynamic susceptibility contrast-enhanced MR imaging and the acetazolamide stimulation test. Radiology 1996;201:405-12.
29
Perfusion MRI detects rCBF abnormalities in early stages of HIV-cognitive motor complex. Neurology 2000;54:389-96.
30
MR-derived cerebral blood volume maps: issues regarding histological validation and assessment of tumor angiogenesis. Magn Reson Med 2001;46:735-47.
31
Dynamic contrast-enhanced T2-weighted MR imaging of recurrent malignant gliomas treated with thalidomide and carboplatin. Am J Neuroradiol 2000;21:881-90.
32
The dependence of nuclear magnetic resonance frequency upon chemical shift. Rev Lett 1950;70:717.
33
Regional metabolite concentrations in human brain as determined by quantitative localized proton MRS. Magn Reson Med 1998;39:53-60.
34
N-acetyl-L-aspartic acid: a literature review of a compound prominent in 1H-NMR spectroscopic studies of brain. Neurosci Biobehav Rev 1989;13:23-31.
35
Clinical MR spectroscopy: fundamentals, current applications, and future potential. Am J Roentgenol 1995;164:1337-47.
36
Magnetic resonance spectroscopy diagnosis of neurological diseases. New York: Marcel Dekker Inc., 1999.
37
Necrotic tumor versus brain abscess: importance of aminoacids detected at 1H-MR spectroscopy. Initial results. Radiology 1999;213:785-93.
38
Proton magnetic resonance spectroscopy in primary and secondary progressive multiple sclerosis. NMR Biomed 2000;13:57-63.
39
Espectroscopia de prot??n en el cerebro de personas infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana. Med Clin (Barc) 1996;107:361-5.
40
The development of low-grade cerebral edema in cirrhosis is supported by the evolution of 1H-magnetic resonance abnormalities after liver transplantation. J Hepatol 2001;35:598-604.
41
Magnetization transfer imaging: practical aspects and clinical applications. Radiology 1994;192:593-9.
42
Magnetization transfer: Applications in neuroradiology. J Comput Assist Tomogr 1999;23(Suppl 1):9-18.
43
Lysolecithin-induced demyelination in primates: preliminary in vivo study with MR and magnetization transfer. Am J Neuroradiol 1995;16:225-31.
44
Magnetization transfer study of HIV encephalitis and progressive multifocal leukoencephalopathy. Am J Neuroradiol 1997;18:895-901.
45
Histopathologic correlates of hypointense lesions on T1-weighted spin-echo MRI in multiple sclerosis. Neurology 1998;50: 1282-8.
46
Experimental allergic encephalomyelitis and multiple sclerosis: lesion characterization with magnetization transfer imaging. Radiology 1992;182:483-91.
47
Magnetization transfer measurements in normal-appearing cerebral white matter in patients with chronic obstructive hydrocephalus. J Comput Assist Tomogr 1999;23:516-20.
48
Magnetization transfer ratio values and proton MR spectroscopy of normal-appearing cerebral white matter in patients with liver cirrhosis. Am J Neuroradiol 2001;22: 1137-42.
49
Magnetisation transfer imaging in multiple sclerosis. J Neurovirol 2000;6(Suppl 2):115-20.
50
The insistent call from functional MRI. Neurology 1997;48:797-800.
51
Introducci??n a la resonancia magn??tica funcional. Rev Neurol 2000;31:983-91.
52
The time course of changes during motor sequence learning: a whole-brain fMRI study. Neuroimage 1998;8:50-61.
53
Plasticity of language-related brain function during recovery from stroke. Stroke 1999;30:749-54.
54
Functional magnetic resonance imaging in multiple sclerosis. J Neurol Neurosurg Psychiatry 1998;64(Suppl):85-7.
55
Functional magnetic resonance imaging of regional brain activity in patients with intracerebral gliomas: findings and implications for clinical management. Neurosurgery 1996;38:329-38.
56
Sensory motor cortex: correlation of presurgical mapping with functional MR imaging and invasive cortical mapping. Radiology 1994;190:85-92.
57
Noninvasive assessment of languaje dominance in children and adolescents with functional MRI: a preliminary study. Neurology 1997;48:1003-12.
58
Physiologic neuroimaging: emerging clinical applications. JAMA 2001;285:3065-8.
59
The future of magnetic resonance-based techniques in neurology. Eur J Neurol 2001;8:17-25.
60
The future of neurologic MR imaging. Am J Neuroradiol 2000;21:37-40.
61
In vivo macrophage activity imaging in the central nervous system detected by magnetic resonance. Magn Reson Med 1999;41:329-33.
62
Comparison of ultrasmall particles of iron oxide (USPIO) -enhanced T2-weighted, conventional T2-weighted, and gadolinium-enhanced T1-weighted MR images in rats with experimental autoimmune encephalomyelitis. Am J Neuroradiol 1999;20:223-7.
63
Imaging transgenic animals. Annu Rev of Biomed Eng 1999;1:611-48.
64
Molecular imaging. Radiology 2001;219: 316-33.
65
Interventional MR imaging: concepts, systems, and applications in neuroradiology. Am J Neuroradiol 1999;20:735-48.
66
Intraoperative MR imaging guidance for intracranial neurosurgery: experience with the first 200 cases. Radiology 1999;211:477-88.
67
The neurosurgical operating room of the future: has the future arrived? Am J Neuroradiol 1999;20:1576-7.
68
Intraoperative magnetic resonance image guidance in neurosurgery. J Magn Reson Imaging 2000;12:512-24.
69
MR-guided and MR-monitored neurosurgical procedures at 1.5T. J Comput Assist Tomogr 2000;24:909-18.
70
Brain tumor resection: intraoperative monitoring with high-field strength MR imaging. Initial results. Radiology 2000;215:221-8.
71
High-resolution intracranial and cervical MRA at 3.0T: technical considerations and initial experience. Magn Reson Med 2001;46:955-62.
72
High-resolution MR venography at 3.0 Tesla. J Comput Assist Tomogr 2000;24:949-57.
73
Neuroimaging at 1.5 T and 3.0 T: comparison of oxigenation-sensitive magnetic resonance imaging. Magn Reson Med 2001;45:595-604.
74
High spatial resolution functional magnetic resonance imaging at very-high-magnetic field. Top Magn Reson Imaging 1999; 10:63-78.
75
Single-voxel proton MRS of the human brain at 1.5T and 3.0T. Magn Reson Med 2001;45:765-9.
76
Multivoxel 3D proton spectroscopy in the brain at 1.5 versus 3.0T: signal-to-noise ratio and resolution comparison. Am J Neuroradiol 2001;22:1727-31.
77
In vivo #1#H NMR spectroscopy of the human brain at 7 T. Magn Reson Med 2001;46:451-6.
78
Guidelines for the use of magnetic resonance techniques in monitoring the treatment of multiple sclerosis. Ann Neurol 1996;39:6-16.