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Med Clin 2005;125:103-7 - DOI: 10.1157/13076745
Mujeres médicas: de la incorporación a la discriminación
Female doctors: from incorporation to discrimination
Pilar Arrizabalagaa, Carme Valls-Llobetb
a Especialista Senior del Hospital Clínic de Barcelona. Investigadora de l'Institut d'Investigació Biomèdica August Pi i Sunyer. Barcelona.
b Presidenta del Centre d'Anàlisi i Programes Sanitaris, CAPS. Miembro de la Red de Investigación Cooperativa de Salud y Género, RISG. Asesoras. Programa Salud, Género y Ejercicio profesional. Fundación Galatea. Colegio Oficial de Médicos de Barcelona (COMB). Barcelona. España.




La presencia de las mujeres en la práctica de la medicina se remonta a tiempos antiguos. En Egipto, en 1500 a.C., hay referencias de mujeres que aprendían el «arte de la medicina» en la escuela real. Las sanadoras se mantuvieron en la antigua Grecia y en el Imperio romano. Algunas mujeres fueron canonizadas en la décima y undécima centurias por su práctica en los cuidados de los enfermos durante las pestes que asolaron Europa. Desde el siglo xiii hasta el siglo xviii, a las mujeres sanadoras se les consideró brujas y se les prohibió el acceso a la educación médica de la época1. Dicha prohibición se prolongó durante la primera mitad del siglo xix apoyada en las teorías del determinismo biológico que justificaban la inferioridad de la mujer, que cuando menos era transitoria, debido a la menstruación. A finales del siglo xix, las mujeres consiguieron acceder a la formación en medicina. En 1914, apenas el 4% de los estudiantes de medicina norteamericanos eran mujeres y en 1960 sólo el 5,8%2. Así, el ejercicio de la medicina ha estado ligado históricamente a una mayoría de varones. Por consiguiente, es desde la perspectiva masculina que se ha creado el conjunto propio de conocimientos y habilidades que conforman la profesión y se ha articulado socialmente la profesión de la medicina.

La incorporación plena de la mujer al ejercicio de la profesión de la medicina ha comenzado a partir de su integración al mundo laboral. El ejercicio de la medicina está registrando una creciente presencia de la mujer que, de acuerdo con los últimos datos disponibles, parece superior al que se registra en el resto de los otros ámbitos profesionales. El fenómeno se inscribe dentro del desarrollo social y, aunque se registra en el resto de las profesiones, en la médica presenta aspectos más acusados. Recogeremos los datos más recientes indicativos del cambio que se está produciendo, y repasaremos si la «feminización» de la medicina se mantiene en los distintos aspectos del ejercicio de la profesión.

Formación e incorporación

Los registros del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte recogen que el número de alumnos matriculados en los estudios de medicina ha descendido de 36.884 a 29.723 entre el curso 1990-1991 y el curso 2000-2001. El descenso del 20% del alumnado en estos 10 años coincide, por otro lado, con un notable incremento de las mujeres que alcanza hasta el 65,8% entre el global de alumnos matriculados, y llega hasta el 70% entre los alumnos de nuevo ingreso en el año 20003. Entre los algo más de 4.000 alumnos que completan los estudios a lo largo de los 6 años que dura la licenciatura de Medicina, prácticamente se registran los mismos porcentajes de alumnas referidos con anterioridad.

Los índices de género entre los alumnos matriculados y graduados se repiten cuando se observan las solicitudes que se presentaron a la convocatoria MIR 2001-2002: el 63,7% de los 9.927 médicos admitidos a la prueba, eran mujeres.

El ejercicio de la profesión

Los datos expuestos explican que el crecimiento de la profesión en las últimas décadas está vinculado a la entrada de la mujer en la profesión en nuestro entorno, tal como sucede en la mayoría de países desarrollados. En EE.UU., el porcentaje de mujeres que ejercen la medicina se ha incrementado desde el 13 hasta el 46% en los últimos 30 años4. En el conjunto del Estado español se registran en el año 2000, 110.320 varones y 67.713 mujeres entre los médicos colegiados, apreciándose algunas diferencias de porcentajes que van desde el 32 al 43% de mujeres entre los colegios de médicos menos y más numerosos, respectivamente (tabla 1). Cabe remarcar que ese porcentaje corresponde al conjunto de todos los médicos colegiados, mientras que el 75% de los médicos de nueva incorporación son mujeres5, lo que conlleva una edad media de las mujeres médicas inferior a la de los varones médicos, 42 años frente a 50 años, respectivamente según los datos de la reciente encuesta del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona6.

El ejercicio de la medicina general y de la medicina de familia es más frecuente entre el género femenino. Más del 25% de las 1.324 nuevas colegiadas frente al 15% de los 1.297 nuevos colegiados7 eligieron esta práctica en el Reino Unido. En nuestro entorno, el 53% de los médicos practicantes de la medicina general son mujeres6.

La especialización de los profesionales médicos es una necesidad que surge como consecuencia de la complejidad de la medicina y del desarrollo del sistema sanitario. En nuestro medio, en términos globales, el 63% de los médicos ha desarrollado una especialidad, de tal forma que casi el 70% de los médicos especialistas tienen más de 41 años, pero el porcentaje de especialistas difiere según el sexo. En 1997, casi el 60% de los médicos varones era especialista, frente a sólo el 35% de los médicos mujeres5. Las diferencias según el sexo en la práctica de las especialidades médicas tienden a disminuir6. No obstante, las especialidades quirúrgicas siguen siendo 3 veces más elegidas por los varones que por las mujeres médicos7. Se ha apuntado que la desigualdad en la asunción de las responsabilidades familiares y domésticas entre ambos sexos interferiría la necesaria dedicación a la formación hospitalaria y a las condiciones de trabajo que exige el proceso de la especialización. Sin embargo, esta explicación no concuerda con el hecho actual de que la incorporación de las mujeres a la formación de especialización hospitalaria es mayoritaria.

Hay diferencias significativas entre el ejercicio de la medicina en el sector privado y público según el sexo. Así, el 73% de las 730 médicas que contestaron una encuesta realizada recientemente por el Colegio de Médicos de Madrid8, promovida por el Grupo Medicina y Mujer ejercen en el sector público, mientras que sólo el 52% de los 824 médicos trabajan en éste, y muchos de ellos compaginan la actividad en el sector público con el ejercicio en el sector privado.

En estos momentos, y según datos estimativos, se considera que, del número de médicos en activo, el 54% son varones y el 46%, mujeres, lo que en principio es un reflejo de los índices anteriores. Sin embargo, hay que remarcar que el desempleo afecta más a las mujeres, ya que de los más de 20.000 médicos parados, el 61% pertenece al sexo femenino9, justamente el índice inverso del que ejerce la profesión en activo.

La feminización de la profesión médica ha promovido el análisis de la inferencia del sexo en el estilo de la práctica asistencial medida como calidad percibida por el paciente/usuario/cliente. Algunos autores han apuntado que la satisfacción del paciente en atención primaria no sólo depende de la conducta del médico sino también parece estar asociado con el sexo femenino10,11. Las médicas de atención primaria tienen mejor relación con el paciente que sus colegas masculinos, fenómeno que no sólo podría enmarcarse bajo una relación de empatía supuestamente derivada del papel cuidador histórico-social de la condición femenina, sino que también responde a factores objetivos. Entre éstos cabe señalar la mayor disposición de las mujeres médicas a ofrecer consejos preventivos, como se demuestra en el reciente análisis de una muestra de población de 41.292 pacientes y 1.470 médicos de atención primaria12, la cuantificación de que las médicas emplean hasta un 10% más de tiempo que sus colegas masculinos en las visitas de atención primaria13 o la indicación de mamografías como prueba de cribado solicitada más frecuentemente por las médicas14. La práctica aparece modulada por el factor sexo en especialidades como la ginecología-obstetricia. Las ginecólogas dedican más tiempo en el consejo de la conducta de prevención de enfermedades de transmisión sexual15, difieren de sus colegas en la actitud frente al diagnóstico prenatal16 y practican menos cesáreas que los obstetras varones17. El sexo del médico se revela particularmente importante en la calidad percibida cuando los pacientes son niños, éstos prefieren un médico de su mismo sexo18. Por el contrario, la satisfacción de los pacientes parece independiente del sexo cuando se trata de medicina de urgencias19.

Por otro lado, la feminización de la profesión médica ha promovido el análisis de posibles diferencias de sexo en la calidad de vida laboral percibida por el profesional médico. Mientras que los médicos varones manifiestan la insatisfacción laboral a través de síntomas somáticos diversos, las mujeres médicos manifiestan la insatisfacción mediante el desgaste psíquico o burnout20. Las médicas tienen una probabilidad del 60% mayor que sus compañeros médicos de desarrollar burnout según una muestra de 5.704 profesionales de primaria y especialidades no quirúrgicas norteamericanos21. Sufren más estrés, casi un 20% de las médicas tienen historia de depresión en tratamiento22 y la tendencia al suicidio es superior respecto de sus colegas masculinos y la población femenina general23,24. La sobrecarga asistencial y la presión laboral añadidas a la demanda doméstica y familiar contribuyen al estrés, que lleva al agotamiento, la decepción y la pérdida de interés por la actividad laboral. La diferencia de sexo negativa para la condición femenina se mantiene también en Europa25,26, donde se ha informado que la tasa de suicidios entre los médicos varones es menor que entre la población general masculina, mientras que entre las médicas es mayor que entre la población general femenina27. En nuestro medio se ha cuantificado que el desgaste psíquico afecta a más del 60% de los médicos de atención primaria, sector ocupado mayoritariamente por médicas, en forma grave al 12%28, y algo más a los médicos de atención primaria que a los médicos especialistas29.

El mobbing, o acoso moral y psicológico ejercido por superiores y/o compañeros en el trabajo, estuvo presente en más del 45% de las médicas que contestaron una encuesta realizada entre 4.501 médicos norteamericanos30. En la misma encuesta, el 37% de las médicas manifestaron haber experimentado situaciones de acoso sexual. En nuestro entorno, la sensación de maltrato psicológico fue respondido afirmativamente por el 22% de los médicos en la mencionada encuesta del Colegio de Médicos de Madrid8, pero sin diferencias de sexo significativas. No obstante, algunos datos, como el reciente reconocimiento por vía judicial, de acoso moral dirigido contra una médica31 o la constatación de que un 44% de las médicas encuestadas8 han sentido discriminación laboral, son preocupantes en nuestra realidad cercana.

El curso clínico de los embarazos ha sido motivo de estudio entre las mujeres médicos, en particular entre las especialistas en formación que, por su edad biológica, están en etapa potencialmente reproductiva. Se ha informado que el riesgo de aborto es tres veces superior entre las residentes de especialidades quirúrgicas que entre las residentes de especialidades médicas, el 11 frente al 4%32. En general, las mujeres médicas tienen mayor riesgo de parto prematuro y de dar a luz a niños de menor peso33,34 que la población general, a pesar de que las médicas manifiestan mejores hábitos de salud35 y que los mantienen36 durante el embarazo. De ahí, la consideración de las médicas embarazadas como un grupo de alto riesgo obstétrico32,33,37 frente a mujeres con otras ocupaciones.

Acceso a la medicina académica

El influjo de las mujeres en la medicina académica está en desacuerdo con la evolución registrada en la medicina asistencial. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en el curso 2000-2001 las mujeres ocupaban el 16% de las principales titulaciones docentes de medicina con una remarcable diferencia entre los catedráticos de universidad y escuelas universitarias (4%) en el extremo superior de titulación y profesores asociados (18%) en el extremo inferior (tabla 2). La diferencia de la presencia de mujeres en el total del cuerpo docente entre las categorías fundamentales de medicina (19%), cirugía (9%) y psiquiatría (28%) reflejaría la proporción diferente según el sexo entre la composición de la medicina asistencial.

Los datos de nuestro país son similares a los de la Unión Europea38 y de otros países desarrollados. En EE.UU., en 1999 la cifra de profesores de medicina era de 20.035 frente a las 2.556 (13%) profesoras. Se ha observado en estudios de cohortes que las mujeres docentes se promocionan menos que sus compañeros masculinos, incluso después de ajustar sus currículos académicos39. Las diferencias según el sexo alcanzan la desigualdad retributiva según un análisis de la Facultad de Medicina de Arizona realizado en el año fiscal 2000, en el que las mujeres percibieron un 11% menos que los varones40, después de ajustar la categoría, el grado, la antigüedad, la promoción y la especialidad. Si la discriminación y la falta de promoción por la condición femenina están presentes en la medicina asistencial41, aparecen en mayor dosis en la medicina académica42,43.

En fin, merece una ulterior reflexión el hecho de que habiendo 15 (4%) catedráticas de medicina y cirugía en las facultades de medicina españolas, no haya ninguna en las especialidades de pediatría y obstetricia-ginecología (tabla 2).

Acceso a la investigación

La presencia de las mujeres en la investigación biomédica se ha incrementado en los últimos años en todos los países desarrollados. En 1999 las mujeres representaban desde el 35% en Holanda y Dinamarca hasta más del 50% en Suecia y Reino Unido38 de los investigadores registrados. En la última convocatoria de 2003 para investigadores en nuestro Sistema Nacional de Salud, se concedieron prácticamente el mismo número de contratos a las mujeres que a los varones, así como de ayudas posformación sanitaria especializada44.

Si bien la presencia registrada de mujeres en las tareas de investigación guarda relación con su participación real en el ejercicio de la medicina, no sucede lo mismo en los puestos de responsabilidad, donde se recoge que apenas el 4% de los responsables de centros de investigación y sólo el 10% de los responsables de grupos de investigación en ciencias médicas y de la salud45 son mujeres. La discriminación laboral y retributiva y la falta de promoción de las investigadoras, extensible a otras áreas de investigación, ha sido incluso reconocida por organizaciones tan prestigiosas como el Instituto Tecnológico de Massachusetts46.

Acceso a la dirección

La relación entre el número de mujeres que ejerce la medicina y las que ocupan puestos de responsabilidad está desproporcionada. De las 57 gerencias de atención primaria y 12 gerencias del 061 gestionadas por el Insalud en 2001, 17 mujeres (24%) ocupaban cargos de gerencia en la asistencia de primer nivel. Este porcentaje descendía hasta el 7% en la atención especializada que disponía de 82 hospitales y 99 centros de especialidades47.

La diferencia respecto al mundo asistencial también afecta a los médicos con responsabilidades de gestión clínica. El 32,4% de los coordinadores de trasplante españoles son mujeres frente a un 67.6% de varones48. La desproporción, teniendo en cuenta la juventud de estos profesionales que cuentan una edad media de 43 años, es verdaderamente notable en otras actividades médicas terciarias con una relación de sexo femenino/masculino de 10/90 cuando se trata de cargos médicos de gestión (tabla 3) que recaen habitualmente en profesionales de más edad.

La desproporción se reproduce en el ámbito sindical y colegial. Según datos de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos47, sólo el 19% de los representantes médicos son mujeres que se hallan repartidas entre comités ejecutivos, vocalías y delegaciones sindicales y sólo el 11% son mujeres en los órganos de representación de los colegios médicos. Las cifras descienden al 10 y el 6%, respectivamente, cuando se consideran los órganos más altos de la jerarquía estrechamente colaboradores de las presidencias sindical y colegial.

Las mujeres ejercen con eficiencia y eficacia las tareas asistenciales y los cargos de responsabilidad, pero los datos citados denotan que la condición femenina conlleva un mayor riesgo para la salud que la masculina en el ejercicio de la medicina asistencial, y es un obstáculo para la promoción en el ámbito académico, investigador y de gestión. A pesar de ello, el 84% de las médicas siente una más que moderada satisfacción en su carrera, incluso en países de competitividad extrema49. Por otro lado, de los resultados de sistemas de promoción horizontal, recientemente implantados, que evalúan el conjunto de los méritos asistenciales, académicos e investigadores, entre otros, incorporados a la profesión, se desprende una diferencia entre varones y mujeres a favor de los primeros. La diferencia es progresiva desde la categoría inferior a la categoría mayor de promoción dentro de la carrera profesional (tabla 4).

A la menor promoción de las mujeres se atribuyen, entre otros factores, su dedicación a la maternidad y los factores culturales que la colocan en el eje vertebral de la familia, así como el papel social de la condición femenina50. En este sentido, las iniciativas que han atendido a las diferencias de sexo desplegadas en el último lustro por instituciones de gran prestigio como la Escuela (Facultad) de Medicina Johns Hopkins, han demostrado su eficacia en la promoción de las mujeres en la medicina académica39. En Europa, desde la orientación del estado de bienestar, se proponen iniciativas políticas y sociales a fin de conciliar la vida familiar y laboral. Es más, en España desde las escuelas de empresa51 se llama la atención sobre la conveniencia de desarrollar, además de políticas de servicios, medidas complementarias de apoyo profesional. Éstas contemplan desde actividades de formación ­que incluyen, entre otras, la gestión del estrés­ hasta la modulación del valor curricular de la situación familiar en la carrera profesional.

En conclusión, la creciente feminización de la profesión de la medicina señala la repercusión social de los factores que interfieren en la práctica de las médicas. Diversos estudios remarcan que las mujeres médicas son más vulnerables a la depresión que sus colegas masculinos, así como al desgaste psíquico, al acoso de género y al acoso sexual en relación con las condiciones de trabajo. El embarazo en las médicas es de alto riesgo obstétrico. Por tanto, la salud y las diferencias de sexo en el ejercicio de la profesión médica revisten un gran interés en nuestro entorno. Igual que no depende del sexo la incorporación de los profesionales a la medicina, es responsabilidad de todos los agentes políticos, sociales, profesionales y particulares el hecho de que haber nacido con un determinado sexo biológico no represente una discriminación, de la misma manera que no debe representar una discriminación la raza, el color de la piel o las creencias para el ejercicio y la promoción en todos los ámbitos de la profesión médica.

Agradecimientos

A la Dra. M. Teresa Estrach, Decana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, por la información de la obtención de los datos de la formación e incorporación a la profesión de la Medicina. A la Dra. Elisenda Florensa, Directora del EAP Igualada Urbá, por su entrevista publicada en «Servei d'informació Col·legial» n.º 109, en enero 2004, en la que demuestra la dedicación y el esfuerzo de las médicas. Esperamos haberle respondido a sus sugerencias y la invitamos a colaborar en los datos del acceso de las mujeres a la Gestión como Directoras y Subdirectoras médicas.

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