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Vol. 25. Núm. 4.
Páginas 28-30 (Abril 2006)
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Necesidades de capacitación en la oficina de farmacia
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J A. Valtueña
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Tabla 1. Módulos prioritarios del programa de formación continuada
Tabla 2. Módulos adicionales del programa de formación continuada
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Entre los numerosos estudios que «aterrizan» cada mes en mi mesa de despacho, me ha llamado la atención, por su carácter innovador y su oportunidad, el titulado «La oficina de farmacia como lugar de primer recurso en el sistema de salud», del que es autor Daniel Rainhorn et al, todos ellos farmacéuticos. Se trata de un estudio encargado por el Servicio de Formación Continuada de la Universidad de Ginebra con el fin de determinar cuáles son las necesidades de capacitación que en la actualidad no están cubiertas en los estudios universitarios de farmacia ni en la formación continuada ofrecida a los farmacéuticos, centrada fundamentalmente en la contabilidad o la gestión del personal.

Resultados de un estudio realizado en Suiza

Dados los resultados convincentes del estudio realizado por Rainhorn et al, la Universidad de Ginebra decidió iniciar, en enero de 2006, un curso de formación continuada que conducirá a la obtención de un diploma de farmacia clínica y salud pública y estará centrado en el logro de conocimientos en materia de medicina clínica, salud pública, redes de atención en salud y problemas psicosociales. Los estudios tendrán una duración de 150 h divididas en 2 años y podrán seguirse sin interferir en el empleo del farmacéutico. Adoptarán un carácter interactivo y comprenderán situaciones reales, talleres, intervenciones de especialistas y trabajos de grupo.

Encuesta de base

La decisión de establecer la formación aquí comentada fue precedida de la realización de una encuesta por el método Delphi, elaborado en 1948 por la Rand Corporation para responder a las necesidades del Gobierno estadounidense. En este método no se trata de determinar la proporción de respondedores que tienen una determinada opinión sobre la cuestión que se les plantea, sino de establecer un consenso entre personas consideradas como expertas o informadoras clave sobre el problema planteado.

La encuesta Delphi comprendió varias etapas. La primera condujo al establecimiento de una lista de expertos, entre los que se eligió a los miembros de un comité o panel interesados por la función de la farmacia en el sistema de salud pública. Se contactó con 150 expertos de seis cantones de la Suiza de habla francesa e italiana. Entre los que respondieron, se eligió por sorteo a los miembros (50) del panel.

Después se realizaron cuatro etapas, en cada una de las cuales los expertos integrantes del panel respondieron a un cuestionario que permitió identificar los principales problemas y formular las preguntas para la etapa siguiente. La última etapa abarcó la redacción y corrección del documento final de la encuesta.

En las respuestas al primer cuestionario apareció un llamativo consenso respecto al hecho de que el farmacéutico no sólo debe ser capaz de aconsejar sobre el uso de los medicamentos, sino que tiene que ser competente en otros aspectos relativos a la enfermedad y la salud para responder a las demandas de la oficina de farmacia. En la encuesta se estimó por unanimidad que los farmacéuticos deben ser profesionales de la salud capaces de afrontar, de modo competente, un conjunto de problemas que rebasan ampliamente la cuestión del medicamento. Conviene señalar aquí que en Suiza es extremadamente raro que, al expender un medicamento, el farmacéutico no obtenga la certeza de que el paciente o su familiar sabe perfectamente cómo ha de administrarse, incluso indicándolo por escrito.

La mayoría de los encuestados estimó que el farmacéutico puede encontrarse con 5 grupos de situaciones clínicas:

• Situaciones que permiten pensar en un problema infeccioso: tos, dolor de garganta, rinorrea, fiebre, etc.

• Situaciones en las que el dolor es el síntoma principal: cefalea, lumbago, esguince, gastralgia, etc.

• Trastornos digestivos: estreñimiento, náuseas o vómitos, diarrea, etc.

• Problemas cutáneos, como son las alergias, las quemaduras solares y las picaduras de insectos.

• Trastornos del sueño y fatiga.

En la encuesta se estimó por unanimidad que los farmacéuticos deben ser profesionales de la salud capaces de afrontar de modo competente, un conjunto de problemas que rebasan ampliamente la cuestión del medicamento

Competencias actuales y futuras

En el curso de la encuesta se presentó a los farmacéuticos una lista de problemas de salud a fin de que indicaran si se consideraban competentes para dar informaciones fiables a las personas afectadas. El mayor grado de competencia se refirió a la medición de la presión arterial y el menor a los consejos relativos a la alimentación de los lactantes.

Entre esos dos extremos, clasificados de mayor a menor nivel de competencia, los farmacéuticos se estimaron aptos para intervenir útilmente en los siguientes casos: anticoncepción de urgencia; cuidados de urgencia en caso de herida, picadura de insecto (en Suiza son muy frecuentes las picaduras de avispa, incluso en las ciudades) o quemaduras; consejos para los viajes a países africanos o asiáticos; consejos sobre la alimentación; información relativa a los seguros de enfermedad (en Suiza no hay una caja única, sino multitud de aseguradoras con tarifas y condiciones de inscripción muy variada); información sobre la existencia y proximidad de otros profesionales de la salud, como médicos, enfermeras o asistentes sociales; información relativa a las vacunaciones; consejos sobre medios terapéuticos alternativos, como la homeopatía y la acupuntura, y práctica de análisis de base, como la determinación de la glucemia o la colesterolemia.

Al preguntar sobre a las competencias o conocimientos que deberían integrarse de modo prioritario en la actividad de la oficina de farmacia, la mayoría de los miembros del panel destacó los cuatro sectores siguientes: atención a los ancianos, trabajo en red con los restantes profesionales de la salud (en particular, en materia de prevención), atención a las personas dependientes (bebidas alcohólicas, tabaco, drogas, etc.) y consejos en el caso de determinadas enfermedades, como el asma, la diabetes y la hipertensión.

Entre esos cuatro problemas y los restantes incluidos en la encuesta se observó un neto descenso de interés por parte de los farmacéuticos interrogados. Las cuestiones consideradas de menor importancia fueron, por orden decreciente, las siguientes: aspectos relativos a la farmacoeconomía y la farmacoepidemiología, violencia doméstica, situaciones de precariedad social, problemas específicos de los inmigrantes, posición de la farmacia en el ámbito internacional y atención a los minusválidos. En el caso de algunos de estos problemas, como la violencia doméstica o la problemática de los inmigrantes, no se trata de un desinterés del farmacéutico, sino de la gran dificultad que entraña su abordaje.

Los responsables de la encuesta Delphi aquí comentada trataron de determinar cuáles eran las palabras que podrían definir la farmacia del mañana. Ordenadas de mayor a menor frecuencia las respuestas fueron las siguientes: lugar de proximidad y de escucha, integración en una red sociosanitaria, competencia en materia de medicamento, lugar apropiado para la educación sanitaria, orientación de los pacientes, tareas preventivas, seguimiento de los tratamientos, centro de salud, participación en actividades multidisciplinarias, cuestiones relativas a la ética y promoción de la salud.

Puede señalarse, a modo de conclusión, que los farmacéuticos suizos estiman que sus competencias no deben limitarse a la dispensación de medicamentos, sino que tienen que permitir que la oficina de farmacia se integre en una red global de salud. Ese deseo contrasta fuertemente con la realidad, observada tanto en Suiza como en la mayoría de los países occidentales, de ampliación de la actividad comercial de la farmacia, incluidos los cosméticos, gafas para el sol, perfumes, etc.

Con el objetivo de precisar del mejor modo posible las necesidades de formación en salud que desean obtener los farmacéuticos, se les expusieron casos prácticos a fin de que indicaran cuáles les parecían más acordes con la problemática hallada en su labor cotidiana. Por ejemplo, el caso de un varón que acaba de perder su empleo, que presenta insomnio y que rompe a llorar cuando viene a la farmacia a pedir un calmante. O también el caso de una mujer que presenta hematomas en la cara y afirma que se ha caído por la escalera.

Organización de un programa de formación continuada

La primera cuestión planteada consistió en elegir entre una formación continuada estructurada y dispensada por las organizaciones de farmacéuticos o en una formación continuada dispensada por la Universidad y seguida de la concesión de un diploma. El ritmo y la duración de las sesiones de formación continuada fueron objeto de distintas opiniones. La mitad de los farmacéuticos integrados en el panel Delhi deseaba que los módulos de enseñanza estuvieran organizados en forma de jornadas completas de 8 h a razón de 2 h por mes durante 8-10 meses. La otra mitad estimaba que era preferible agrupar los módulos en 4 sesiones de 5 días a razón de una semana cada 2 meses o una sesión de 4 h, un día por semana durante las 35-40 semanas del curso universitario. Esta variación de las respuestas muestra la dificultad de obtener un consenso sobre la organización de la formación continuada, aunque es evidente que los futuros participantes deseaban que se adoptara cierto grado de flexibilidad a fin de que la formación continuada resultara compatible con su trabajo habitual de farmacéutico.

Una vez obtenido el diploma de formación continuada, es obvio que debe valorizarse entre las autoridades sanitarias, los colegas, los restantes profesionales de la salud y la población en general. Para los farmacéuticos, el diploma es la garantía del esfuerzo realizado para mejorar la calidad de los servicios ofrecidos, pero obviamente el público que acude a la farmacia debe conocer la realidad de ese esfuerzo. La mayoría de los miembros del panel de expertos estimó que el mejor modo de señalar la obtención de un diploma suplementario era hacerlo constar en el tampón profesional, en las facturas o en otros documentos expedidos por los farmacéuticos.

En lo que respecta a la temática de la formación continuada, se dividió en temas o módulos prioritarios y adicionales. Los módulos prioritarios se muestran en la tabla 1, mientas que los temas o módulos adicionales se relacionan en la tabla 2.

En definitiva, el grupo de farmacéuticos participantes en la encuesta Delphi mostró un fuerte consenso respecto a la necesidad de una profunda evolución del titular de la oficina de farmacia, incluida una ampliación de la función del farmacéutico en el sector de la salud pública.


Bibliografía general

Bogadi F. Pharmacie: quand le client devient un patient. Ginebra: Universidad de Ginebra; 2005.

Rainhorn JD, Isenegger A, Muscionico D, Sommaruga S. La pharmacie d'officine comme lieu de premier recours du système de santé. Servicio de Formación Continua. Ginebra: Universidad de Ginebra; 2005. Disponible en: www.unige.ch/formcont

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