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Vol. 29. Núm. 2.
Páginas 84-89 (Marzo 2010)
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La piel, a la vista. Puesta a punto
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Ramón Boneta, Antonieta Garroteb
a Doctor en farmacia.
b Farmac??utica.
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TABLA 1. CLASIFICACIÓN DE LOS FOTOPROTECTORES
TABLA 2. ClASIFICACIÓN DE INGREDIENTES COSMÉTICOS CON ACTIVIDAD ANTICELULÍTICA
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La llegada de la primavera marca la desaparición en el atuendo de abrigos, anoraks, bufandas y guantes. A medida que se acerca el verano, la indumentaria seguirá aligerándose y reduciéndose hasta llegar a su mínima expresión en jornadas de playa o piscina. En este ciclo anual, la piel pasa de estar oculta y ocluida bajo varias capas de ropa a estar expuesta durante mucho tiempo al aire libre y a factores como el sol, el agua de mar o el cloro de las piscinas. Una buena puesta a punto es imprescindible para poder afrontar el reto estival con plenas garantías de éxito.

El fin del invierno hace que queden atrás las olas de frío, las lluvias y las nevadas y que toquen a su fin los días cortos y las largas jornadas de reclusión doméstica junto a los radiadores. No hay ninguna duda de que los rigores invernales y el modo en que nos protegemos de ellos repercuten negativamente en el estado global de la piel.

Cara, manos y cuello son zonas en las que se manifiestan con mayor intensidad los efectos negativos de la estación fría; ya que, tanto por su situación como por su funcionalidad, se suelen enfrentar más desprotegidas a las inclemencias del tiempo. Las bajas temperaturas producen, por un lado, una disminución del flujo sanguíneo y, como consecuencia, una peor oxigenación y nutrición de las células epiteliales. Por otro lado, el impacto físico directo de los factores meteorológicos desfavorables hacen que la piel se acabe mostrando reseca y deshidratada, pierda su tono y luminosidad y se hagan más evidentes las imperfecciones.

Por el contrario, existen otras partes del cuerpo que durante la estación invernal son mantenidas permanentemente ocultas y, por este motivo, están expuestas a una menor ventilación, mayor fricción y, en muchos casos, a una mayor opresión, oclusión y maceración. Adicionalmente, el hecho de que en esta época del año una gran parte del cuerpo quede oculta bajo varias capas de ropa provoca un relajamiento en los cuidados higienicoestéticos y en los rituales de belleza que, en épocas de mayor exposición, se dedican a la piel.

La llegada del buen tiempo supone el inicio de un período en el que es importante reforzar los cuidados de la piel facial y corporal con una serie de prácticas que ayuden a reparar los daños que los rigores invernales le hayan podido infligir y a dejarla en óptimas condiciones para que siga protegida y exhi ba su máxima plenitud durante los meses en que va a permanecer más a la vista.

LIMPIEZA

En el transcurso del día es inevitable que sobre la superficie cutánea se acumulen partículas de suciedad procedentes del ambiente (fenómeno agudizado por las estancias prolongadas en ambientes cerrados y «cargados» y en zonas urbanas); restos de las secreciones sudoral y sebácea y otros exudados propios de la piel, así como células descamadas del estrato córneo. Por otro lado, en invierno se incrementa significativamente el uso de cosméticos destinados a modificar el aspecto de las zonas visibles de la piel, compensando con ellos la falta de color o los estragos que el cansancio y el estrés hacen sobre la superficie cutánea. Todo ello obstaculiza las funciones fisiológicas normales de la piel.

Así pues, el punto de partida, común para cualquier tratamiento cosmeticoestético en cualquier época del año, radicará en efectuar una minuciosa preparación higiénica de la piel que elimine de su superficie los restos de cosméticos y demás elementos indicados anteriormente.

Los productos de limpieza utilizados deben ser respetuosos con la fisiología cutánea: no deben ser ni agresivos, ni irritantes, ni sensibilizantes; no deben alterar las proteínas del estrato córneo ni modificar el pH óptimo de la piel (5-6). Con su utilización debe evitarse un excesivo desengrasamiento (eliminación del manto hidrolipídico protector) y contribuir al equilibrio de la flora saprofita que protege la piel de los microorganismos patógenos.

Los productos más utilizados con esta finalidad son:

JABONES

Son tensioactivos naturales aniónicos (lauril sulfato sódico, lauril éter sulfato sódico, lauril sulfato de trietanolamina), catiónicos (alquilaminas, amidoaminas), no iónicos (alquildietanolamidas, cocoato de glicerina) o anfóteros (carboxiglicatos, betaínas) que eliminan los restos de suciedad fijados a la piel y al cuero cabelludo por su capacidad detergente. Poseen una buena capacidad espumante y son ampliamente utilizados en el aseo diario. Sus principales inconvenientes son: su capacidad de alcalinizar la piel y formar compuestos insolubles con las sales divalentes presentes en las aguas duras. Para minimizar estos efectos y contrarrestar su, a veces excesiva, capacidad desengrasante se suelen incorporar a sus formulaciones agentes con propiedades quelantes, antioxidantes, sobrengrasantes (aceite de onagra, aceite de almendras dulces...), humectantes, tamponantes, además de antisépticas, desodorantes, perfumes...

Syndets

Los syndets (panes dermatológicos, jabón sin jabón) son bases lavantes formuladas a base de tensioactivos anfóteros, solos o combinados con tensioactivos aniónicos, de síntesis y con una tolerancia excelente. Algunos de los tensioactivos que forman parte de estos preparados son: sulfatos de alcoholes grasos, alquilsulfonatos, tauratos, glutamatos... Suelen incluir agentes suavizantes y sobrengrasantes y cualquier otro de los ingredientes que se han visto en el apartado anterior para conferirles propiedades diferenciales en función de su uso previsto o la población diana a la que van dirigidos. Aunque tienen poca capacidad espumante, son menos agresivos, no se hidrolizan en solución (por tanto, no alcalinizan la piel) ni provocan la precipitación de sales cálcicas por lo que constituyen una buena alternativa a los jabones convencionales.

LECHES LIMPIADORAS

Son emulsiones, generalmente de fase externa acuosa, de muy baja viscosidad, que incorporan en su composición cantidades suficientes de tensioactivos de síntesis como para emulsionar la suciedad presente en la superficie cutánea. Al ser retirados con ayuda de un algodón —seco o empapado con un tónico o astringente— arrastran consigo la suciedad de la zona. Son preparados muy bien tolerados que, por su diseño y composición, permiten eliminar las impurezas tanto liposolubles como hidrosolubles, permitiendo una limpieza suave (respetando el pH y la capa hidrolipídica cutáneos). La inclusión de aceites, extractos vegetales o marinos, humectantes, vitaminas, oligoelementos o antioxidantes aumenta la capacidad hidratante, protectora y refrescante en la piel.

LOS PREPARADOS EXFOLIANTES HAN EVOLUCIONADO ENORMEMENTE EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS, DANDO PASO A UNA AMPLIA GAMA DE TEXTURAS, FORMAS GALÉNICAS, DE APLICACIÓN Y PRESENTACIÓN Y, POR SUPUESTO, DE INGREDIENTES

Las leches limpiadoras no tienen suficiente poder detergente como para constituir per se el único tratamiento higiénico de la piel, por lo que su uso combinado con el de jabones y syndets se considera clave para mantener la piel de la cara, limpia, fisiológicamente estable y preparada para la aplicación de cualquier otro tratamiento posterior.

EXFOLIACIÓN (PEELING O SCRUB)

Con la aplicación de un scrub y de las técnicas de exfoliación se pretende la desestructuración (limitada y controlada) y posterior remoción de las células muertas de la capa córnea. Pero además se consiguen otros beneficios como son: eliminar en profundidad los restos de suciedad, estimular la microcirculación local, oxigenar las células epidérmicas y favorecer la penetración -y por tanto la efectividad- de cualquier otro tratamiento cosmético que se aplique con posterioridad sobre la zona.

Los agentes exfoliantes pueden basar su efecto en una acción de tipo químico o físico. Los primeros (alfa y betahidroxiácidos, complejos enzimáticos...) actúan interfiriendo en los mecanismos de unión intercelular de los queratinocitos, disminuyendo su integridad estructural y favoreciendo la descamación y/o la renovación celular. Los exfoliantes físicos son partículas sólidas abrasivas de naturaleza diversa (naturales o sintéticas: polietileno, polipropileno, nilón, PVC, poliestireno...) que proporcionan un efecto similar a base de fricción y arrastre mecánico. Los preparados exfoliantes han evolucionado enormemente en las últimas décadas, dando paso a una amplia gama de texturas, formas galénicas, de aplicación y presentación y, por supuesto, de ingredientes que son capaces de conferir al preparado exfoliante una gran efectividad y funciones complementarias a las que le son propias (hidratación, nutrición, reducción, antiaging...), todo ello para lograr la plena satisfacción del usuario.

Como ejemplo, cabe destacar la incorporación de las tierras de diatomeas o el polvo de perla como alternativa a los clásicos exfoliantes de origen animal. También se están utilizando el corindón, el polvo de oro, la sal marina, así como diversos complejos salinos procedentes de aguas marinas o mineromedicinales, en lugar de los tradicionales exfoliantes físicos de naturaleza inorgánica (bentonita, caolín, talco, sílice, carbonato de calcio). Sin embargo, son los exfoliantes físicos de origen vegetal, el grupo que presenta una mayor renovación: bambú, copos de avena, fibras de lino, semillas de amapola, perlas de jojoba o azúcares vegetales sustituyen cada vez con mayor frecuencia los endocarpios de semillas de almendra, albaricoque, nuez o melocotón.

HIDRATACIÓN

La sequedad extrema que las calefacciones imponen a la piel, la menor ingesta de líquidos y el impacto directo que el frío y el vestuario de abrigo tienen sobre los mecanismos fisiológicos cutáneos son una suma de factores que año tras año compromete y/o altera el equilibrio hídrico de la piel.

El abordaje preestival de la hidratación cutánea no sólo debe tener como objetivo aumentar el aporte hídrico superficial (con la incorporación de agentes humectantes y emolientes), sino que debe permitir fijar el agua aportada a la superficie cutánea y, a la vez, potenciar los mecanismos fisiológicos de normalización y mantenimiento de la homeostasis epidérmica. Esto se consigue mediante el aporte de elementos constituyentes del factor hidratante natural (FHN) o de lípidos similares en composición y estructura a los que constituyen la barrera hidrolipídica cutánea.

En esta línea, en la composición de los preparados cosméticos hidratantes encontramos componentes que actúan de una forma activa aportando agua a la piel o captando agua del medio y estimulando la retención hídrica (urea, lactatos, aminoácidos, ácido pirrolidíncarboxílico, alantoína, colágeno, elastina, chitosán, ácido hialurónico, proteoglicanos, retinol hidrosoluble o algunos extractos vegetales).

Otros ingredientes contribuyen a la hidratación cutánea de una forma pasiva, esto es, formando una barrera sobre la piel que evite la pérdida de agua. Son activos oclusivos, filmógenos, humectantes (glicerina, sorbitol, propilenglicol y polietilenglicoles de bajo peso molecular), emolientes (ceras, aceites minerales y vegetales, alcoholes grasos e hidrocarburos) o con propiedades restauradoras de la barrera hidrolípídica, lo que hace que disminuya la fuga transdérmica de agua (estructura de dermomembrana [EDM] o dermolípidos como esualeno, mezclas de triglicéridos, fosfolípidos, ácido linoleico y linolénico, ceramidas...).

DEPILACIÓN

Es la operación consistente en arrancar el vello superfluo o provocar su desaparición para dejar libre de él la piel que cubre. Cuando este proceso comporta una eliminación no sólo de la parte aérea del pelo sino también de su raíz se habla de epilación (o avulsión).

Depilación y epilación son prácticas que se han popularizado mucho y han evolucionado del afeitado masculino y la depilación parcial femenina a una situación en la que en un sector de población -mixto y cada vez más amplio- busca una eliminación total del vello corporal. En lo que respecta a la estacionalidad de su demanda, si bien es cierto que se practica durante todo el año, es en los meses de primavera y verano cuando experimenta un repunte en el número de personas que busca eliminar el vello de una piel cada vez más visible.

Los métodos de depilación pueden clasificarse en dos grandes grupos en función de la duración de sus efectos: temporal y definitiva. Los métodos de depilación temporal eliminan el pelo pero sin interrumpir el ciclo del folículo piloso, por lo que éste vuelve a salir y su eliminación requiere una nueva intervención. En el marco de esta familia, existen métodos físicos (rasurado, abrasión y epilación) y métodos químicos (cremas depilatorias, muy populares por las pocas molestias que comportan su uso y su facilidad de aplicación, que puede realizarse en algunos casos, como una práctica adicional a la ducha convencional).

Por el contrario, los métodos de depilación definitiva pretenden la destrucción de las células germinativas del folículo piloso, por lo que una vez aplicados en una determinada zona, el pelo no vuelve a aparecer. Se trata en todos los casos de técnicas medicoestéticas (depilación eléctrica, depilación láser y fotodepilación) que requieren equipos específicos y que deben ser aplicadas por profesionales en centros especializados.

LOS RESULTADOS DE LA DECOLORACIÓN PERSISTEN DURANTE MUCHO TIEMPO TRAS EL TRATAMIENTO

CONTROL DEL OLOR CORPORAL

El control del olor corporal es una necesidad higienicosocial en todas las estaciones del año; pero, sin duda, se hace más crítica en aquellas épocas en las que las altas temperaturas comportan una mayor sudoración. La transpiración es el mecanismo natural que tiene nuestro cuerpo para mantener la temperatura corporal y eliminar ciertas toxinas, pero en ocasiones, cuando esta excreción emite un olor desagradable o llega a manchar la ropa, puede resultar un tanto molesta.

Los desodorantes son productos cosméticos destinados a impedir, atenuar, enmascarar o eliminar el mal olor corporal resultante de la descomposición bacteriana del sudor. Íntimamente relacionados con estos últimos, se encuentran los productos antitranspirantes, formulados principalmente con sales de aluminio. Estos productos persiguen una inhibición en la producción del sudor por parte de las glándulas sudoríparas.

A los productos de esta familia se les exige: tener un efecto de larga duración (control del olor corporal no inferior a 12 horas), poseer una buena compatibilidad cutánea, facilidad y comodidad en su aplicación, proporcionar sensación de frescor y limpieza y además no manchar ni la piel ni la ropa tras su aplicación.

CONSEJO FARMACÉUTICO

Resumimos a continuación algunos consejos que pueden darse desde el mostrador de la oficina de farmacia para optimizar el aspecto de la piel de cara a la primavera-verano:

?? Mantener una alimentación sana y equilibrada es clave para el mantenimiento del correcto estado de la piel. Evitar ciertos alimentos puede ayudar a la corrección o minimización de olores corporales.

?? la hidratación cutánea está condicionada de una forma muy importante por el aporte de agua desde el interior. Mantener una ingesta regular y abundante de líquidos, especialmente cuando las temperaturas suben y aumenta la transpiración, es la mejor manera de mantener hidratada la piel.

?? El tabaco, además de ser nocivo para la salud, resulta nefasto para la piel.

?? Adecuar el vestuario (tanto en cantidad como en calidad) a la actividad que se vaya a realizar y a la temperatura exterior ayudará a controlar la transpiración y permitirá una adecuada ventilación y funcionalidad de la piel.

?? Debe evitarse la exposición solar en las horas en que la radiación es más intensa y reducir los tiempos y horarios de exposición a medida que la insolación se hace más fuerte.

?? la aplicación de cualquiera de los tratamientos cosméticos descritos debe hacerse sobre la piel limpia y seca y sin restos de otros cosméticos, por lo que será conveniente aplicarlo tras la ducha diaria.

?? la aplicación de los cosméticos debe realizarse siguiendo estrictamente las pautas y cadencias de aplicación fijadas por el fabricante y recurriendo al consejo de un profesional si surgen dudas las primeras veces que se va a aplicar algún tratamiento (especialmente importante en prácticas como: exfoliación, epilación, decoloración...).

?? Huir de los cosméticos «caseros», formulados a base de los más variopintos ingredientes que se encuentran con frecuencia en algunas páginas de internet y en publicaciones no especializadas. En muchas ocasiones resultan excesivamente agresivos y pueden incluso resultar peligrosos para las estructuras dérmicas.

?? El arsenal cosmético dispone hoy en día de una vasta gama de productos (tanto en su diseño como en sus características y formas de presentación). Para garantizar unos óptimos resultados debe escogerse aquella opción que mejor se adecue al tipo de piel, edad y circunstancias particulares de la persona que los va a utilizar.

En lo que respecta a su mecanismo de acción, los productos desodorantes suelen obtener el resultado esperado mediante la combinación de varios efectos:

?? Impedir/ralentizar el crecimiento bacteriano, para lo que incorporan etanol, aceites esenciales (tomillo, romero, eucalipto), compuestos fenólicos, amonios cuaternarios, tensioactivos, sales de clorhexidina...

?? Inhibir las enzimas bacterianas causantes de la descomposición del sudor. La inclusión de ésteres del ácido láctico, cítrico, ascórbico... modifica el pH de la zona y genera un entorno hostil que bloquea la degradación sudoral.

?? Adsorber y/o neutralizar los compuestos volátiles malolientes. Presentan este mecanismo el ricinoleato de cinc, los derivados del ácido láctico o tartárico, el óxido de cinc y los polímeros porosos que actúan como microesponjas.

?? Controlar la producción sudoral (astringentes, sales de aluminio).

?? Enmascarar la sensación olorosa desagradable, mediante distintos agentes aromáticos.

?? Como en la mayoría de las áreas del mercado cosmético, el usuario puede elegir entre una amplia gama de formulaciones desodorantes en función de sus características particulares, necesidades y preferencias. En lo que respecta a sus formas de presentación, las más habituales son: roll-on o aplicador de bola, cremas y geles, presentaciones aerosolizadas (con o sin propelente), barras (stick) o polvos de aplicación local.

EL TABACO, ADEMÁS DE SER NOCIVO PARA LA SALUD, RESULTA NEFASTO PARA LA PIEL PORQUE LA FRAGILIZA Y ENVEJECE PREMATURAMENTE

PROTECCIÓN SOLAR

El sol es, sin lugar a dudas, el elemento definitorio del verano y una importante fuente de energía. La exposición solar moderada, y con la debida protección, comporta múltiples beneficios para la salud; no obstante, en dosis abusivas puede acabar dañando el material genético cutáneo y provocar la aparición de procesos graves (melanomas, cataratas...). La piel dispone de mecanismos fisiológicos propios de protección frente a las agresiones del astro rey; pero, en determinadas condiciones, estos son insuficientes y se hace necesaria la utilización de preparados especialmente formulados para complementarlos: los fotoprotectores.

Los productos de protección solar constituyen una familia de preparados cosméticos que se aplican sobre la piel y anejos cutáneos con la finalidad exclusiva o principal de protegerlos tanto frente a los efectos inmediatos (quemaduras) como frente a los efectos tardíos (fotoenvejecimiento, inmunodepresión, carcinogénesis...) de las radiaciones ultravioleta.

Los ingredientes activos de los fotoprotectores se conocen como filtros solares. Pueden ser de naturaleza química, física o biológica y son los responsables de que la radiación ultravioleta incidente sobre la piel acabe absorbida, dispersada o reflejada y, por tanto, queden minimizados los potenciales efectos negativos sobre los tejidos irradiados.

En la tabla 1 se recoge la clasificación de los fotoprotectores en función de su eficacia protectora frente a las radiaciones UVA y UVB. Expresiones como «pantalla total», «protección absoluta» o «bloqueante solar» no deben ser utilizadas, ya que confieren al usuario una falsa y engañosa sensación de seguridad (ninguno de los productos existentes en el mercado puede ofrecer tal garantía).

La forma correcta de aplicar un protector solar es hacerlo media hora antes de la exposición y utilizando para ello más o menos unas seis cucharadas de producto para todo el cuerpo. La protección especificada en el envase se consigue con esta cantidad, por tanto, si se aplica una menor cantidad de producto se disminuye la protección.

COSMÉTICOS DE TRATAMIENTO

En este apartado se incluye una serie de productos cosméticos que tienen como finalidad la eliminación o minimización de imperfecciones o manifestaciones cutáneas antiestéticas que se ponen mucho más de manifiesto a medida que el vestuario deja la piel al descubierto.

ANTICELULÍTICOS

Son preparados cosméticos que buscan interferir la secuencia de hechos que lleva a la instauración de la celulitis y sus manifestaciones externas, así como prevenir y/o detener su progresión (si se halla en estadios incipientes).

Con este tipo de productos y su método de aplicación se busca, además, hidratar; incrementar la elasticidad y plasticidad de la piel; estimular la circulación periférica y disminuir el contorno de las zonas afectadas. En esta línea han irrumpido últimamente en el mercado formulaciones multiactivas, que incluyen una combinación de ingredientes de acción global y actúan tanto sobre las causas como sobre los síntomas de esta alteración dermicoanatómica (la tabla 2 muestra una clasificación de ingredientes cosméticos con actividad anticelulítica).

Muchos de estos preparados son además productos multifuncionales, presentando a la vez propiedades nutritivas, hidratantes, protectoras solares e, incluso, los hay que incorporan principios retardantes del crecimiento del vello.

La incorporación de los parches transdérmicos al mundo de los anticelulíticos aporta diversas ventajas: facilidad y limpieza en la aplicación; facilidad en la delimitación de la zona; mayor absorción de los activos (oclusividad); mayor tiempo de permanencia del producto y posibilidad de inducir su liberación gradual. Su presentación «monodosis» favorece la dosificación adecuada y homogénea en cada aplicación.

DESPIGMENTANTES

Las hiperpigmentaciones o manchas cutáneas son imperfecciones en la coloración de la piel que aparecen con el paso de los años en diferentes zonas cutáneas y que, en muchos casos, se ponen de manifiesto especialmente en aquellas áreas de la superficie corporal más expuestas a las radiaciones solares.

Entre las hiperpigmentaciones más frecuentes se hallan: efélides (pecas o manchas del verano), nevus (lunares), melasmas, manchas seniles, lentigo e hipercromías postinflamatorias, medicamentosas o por fotosensibilización.

La familia de productos cosméticos destinados a corregir este tipo de imperfecciones cromáticas de la piel recibe el nombre de despigmentantes. Estos pueden actuar a dos niveles: frenando/retardando el proceso de melanogénesis (en diferentes momentos de la cascada de reacciones que la integran: ácido kójico, arbutina, acido azelaico, vitamina C, diversos extractos vegetales) o bien decolorando la melanina ya formada. Los resultados de la decoloración persisten durante mucho tiempo tras el tratamiento, sobre todo si se adoptan concomitantemente unas adecuadas precauciones de fotoprotección.

Otro tipo de imperfecciones muy frecuentes de la piel, pero totalmente desvinculadas de las anteriores, son las que se engloban bajo la denominación de cuperosis. Se trata de pequeñas venas varicosas o telangiectasias que tienen su origen en una alteración de la circulación periférica del lecho vascular de la piel facial. Su eliminación requiere la aplicación de métodos medicoestéticos (electrocoagulación, láser o aplicación de fármacos esclerosantes). Con independencia de ello, también es posible actuar cosméticamente para atenuar y/o prevenir la aparición de las antiestéticas «arañas vasculares» mediante la aplicación de preparados con ingredientes descongestivos, vasoconstrictores, hidratantes y calmantes. La lista de ingredientes de origen vegetal capaces de ejercer alguna de estas acciones es larga. Entre ellos cabe destacar los derivados de meliloto, regaliz, lúpulo, caléndula, hamamelis, aquilea, Ginkgo biloba, brusco, castaño de indias, manzanilla, vid, hiedra... además de ingredientes activos aislados y purificados como alfabisabolol, azuleno, dexpantenol, ácido glicirrético, etc.

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