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Vol. 30. Núm. S1.
Páginas 26-28 (Octubre 2004)
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Epidemiología
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Lluis Serra Majema, Enrique Álvarez Leónb
a Departamento de Ciencias Cl??nicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
b Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario Insular de Las Palmas.
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Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son, en nuestro entorno, la principal causa de muerte. Pero además también son la causa más frecuente de años potenciales de vida perdida y de mortalidad prematura. En Canarias la mortalidad por cardiopatía isquémica es la más alta de España1, siendo en varones canarios un 40% superior a la media nacional y en mujeres un 60%2. Estos datos hacen de las ECV un objetivo fundamental para la salud pública, tanto por su elevada frecuencia como por su gravedad.

Durante mucho tiempo se ha considerado que la herramienta fundamental para conseguir reducir el riesgo de ECV era la disminución de las cifras de colesterol en sangre, fundamentalmente a expensas del colesterol asociado a lipoproteínas de baja densidad (LDL-colesterol), lo cual dio lugar a numerosos estudios sobre fármacos destinados a disminuirlo.

Pero además se continuó con el estudio de cuáles son los factores de riesgo de ECV y cómo pueden ser modificados. Desde hace décadas se conoce la existencia de una "agrupación" de varios de estos factores de riesgo en el denominado síndrome metabólico (SM) o "síndrome X", considerado como la agrupación de resistencia a la insulina e hiperinsulinemia, asociado frecuentemente con dislipidemia, hipertensión, obesidad y diabetes3. Sin embargo, no fue hasta el año 2001 cuando el programa americano de hipercolesterolemia (ATPIII)4,5 introdujo el SM en sus guías clínicas, conscientes de que la reducción del riesgo de ECV debía ir más allá de la disminución del colesterol-LDL.

Los componentes del SM constituyen una combinación de lo que el ATP III denominó factores de riesgo "subyacentes"; "principales" y "emergentes" de enfermedad cardiovascular6. Los factores de riesgo "subyacentes" son la obesidad (fundamentalmente la obesidad abdominal), la inactividad física y la dieta aterogénica. Los factores de riesgo "principales" son el tabaquismo, la hipertensión, el colesterol-LDL elevado, el colesterol-HDL disminuido, los antecedentes familiares de enfermedad coronaria prematura y la edad. Y los factores de riesgo "emergentes" incluyen los triglicéridos elevados; partículas de LDL pequeñas; resistencia a la insulina; intolerancia a la glucosa, un estado pro-inflamatorio y un estado pro-trombótico.

Para poder diagnosticarlo establecieron 5 criterios sencillos de medir que permitieran la detección de este SM en el entorno clínico habitual.

De acuerdo con la definición de la ATP III tendrán el SM aquellos individuos que cumplan tres o más de los criterios mencionados a continuación:

 

­ Obesidad abdominal: circunferencia de cintura en varón >102 cm; y en mujer >88 cm.

­ Hipertrigliceridemia: triglicéridos en suero >= 150 mg/dl.

­ Bajo nivel de colesterol HDL: c-HDL en suero < 40 mg/dl (varón); < 50 mg/dl (mujer).

­ Hipertensión arterial: presión arterial sistólica (PAS) >= 130 y/o presión arterial diastólica (PAD) >= 85 mmHg. También se considera como hipertenso a aquel participante que estaba en ese momento en tratamiento médico con fármacos antihipertensivos.

­ Hiperglucemia en ayunas: glucosa >= 110 mg/dl. Asimismo, se considera como diabético a aquel participante que estaba en ese momento en tratamiento médico con fármacos antidiabéticos (insulina o antidiabéticos orales).

 

En 1999 la Organización Mundial de la Salud (OMS) había publicado los nuevos criterios diagnósticos de diabetes. En ese informe la OMS alertaba sobre el hecho de que las características que conforman el SM podían estar presentes 10 años antes del desarrollo de la enfermedad. A falta de un consenso internacional sobre la definición de este síndrome la OMS propuso una serie de criterios, si bien exigen la realización de algunas pruebas que dificultan su utilización en la práctica clínica diaria7. Estos criterios fueron:

 

­ Resistencia a la insulina identificado mediante uno de los siguientes:

1. Diabetes tipo 2.

2. Glucosa en ayunas alterada.

3. Intolerancia a la glucosa.

4. O para aquellos con glucemia en ayunas normal (< 110 mg/dl), captación de glucosa por debajo del cuartil más bajo de esa población en condiciones de hiperinsulinemia y euglucemia.

­ Más dos criterios, cualquiera de los siguientes:

1. Medicación antihipertensiva y/o hipertensión (PAS >= 140mmHg o PAD >= 90mmHg).

2. Triglicéridos en plasma >= 150 mg/dl.

3. Colesterol-HDL < 35 mg/dl en varones o < 39 mg/dl en mujeres.

4. Índice de masa corporal > 30 kg/m2 y/o índice cintura-cadera > 0,9 en varones o > 0,85 en mujeres

5. Tasa de excreción urinaria de albúmina >= 20 microgramos/min o índice ratio-creatinina >= 30 mg/g.

PREVALENCIA EN CANARIAS

Existen numerosos estudios sobre la prevalencia, en población general, de cada uno de los componentes del SM. Sin embargo, dada la relativa actualidad de los criterios de la ATPIII los estudios sobre la prevalencia del SM no son tan numerosos. El primer estudio publicado sobre la prevalencia del SM bajo los criterios ATPIII en población española fue realizado sobre población canaria, a partir de los datos de la Encuesta Nutricional de Canarias (ENCA 97-98)8. Se observó una prevalencia global del 24,4% (IC 95%: 19,6-29,8), cifras elevadas y similares a las encontradas en EE.UU.9. Esta alta prevalencia podría explicar en parte la elevada mortalidad por ECV encontrada en Canarias.

En este estudio los varones mostraron una prevalencia superior de hipertrigliceridemia; hipertensión arterial (medida) e hiperglucemia (ambos criterios). En las mujeres predominó la obesidad abdominal y el bajo colesterol-HDL. Todas estas diferencias fueron estadísticamente significativas (p < 0,05), excepto la hiperglucemia (p = 0,08) y la obesidad abdominal (p = 0,07). Estos resultados se detallan en la tabla 1.

Respecto a la prevalencia de cada criterio por grupos de edad se observa que en los grupos más jóvenes los criterios más prevalentes son el bajo nivel de colesterol-HDL y la hipertensión arterial, mientras que en los grupos de mayor edad los que predominan son la hipertensión arterial y la obesidad abdominal.

La prevalencia por sexos es muy similar; en varones lo presentan el 24,5% (IC 95%: 17,4 - 33,2) y en mujeres el 24,3 (IC 95%: 18,1-31,7). Se observa un llamativo aumento de la enfermedad con la edad. En el grupo de edad de 18 a 44 años la prevalencia es del 10,1% (IC 95%: 5,9-16,5) mientras que en el grupo de 45 a 74 años la prevalencia es casi 4 veces superior, siendo del 38,5% (IC 95%: 30,7-46,9). Este síndrome muestra una relación inversa con el nivel de estudios, disminuyendo desde el 40,3% presente en el nivel de estudios más bajo hasta un 6% en el nivel de estudios superior. Esta variable mostró un test de tendencia significativo (*2: 7,51; p < 0,05) Estos resultados pueden observarse en la tabla 2.

PREVALENCIA EN DISTINTOS CONTEXTOS

En los últimos años son numerosos los estudios sobre el SM. Sin embargo, la existencia de dos definiciones prácticamente simultáneas del mismo síndrome dificulta la comparación de los resultados de los diferentes estudios. Como se ha publicado recientemente es necesaria una "definición universalmente aceptada"10.

En la tabla 3 puede verse la prevalencia del SM en diferentes contextos.

 

 

Bibliografía
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