«Publicar o perecer» es una máxima que pone de manifiesto que publicar «atrae» la atención hacia el autor, «favorece» el progreso individual, puede constituirse como una medida de «competencia», favoreciendo el acceso a posiciones académicas y pudiendo implantarse como un criterio de contratación o de asignación de fondos para proyectos colegiales1. No es extraño entonces que la publicación frecuente pueda ser una poderosa arma para argumentar el potencial «talento académico», y que esta situación genere una inmensa presión por publicar y sus consecuencias asociadas2.
La presión por publicar no es un tema menor. Los datos más recientes generados por el National Science Board (NSB) de Estados Unidos3 indican un incremento progresivo en el número de publicaciones en ciencia e ingeniería3. De todas las publicaciones analizadas en el NSB, el 37,4% se corresponden con publicaciones en el ámbito de ciencias de la salud y el 14,1% a ciencias biológicas-biomédicas3.
La presión por publicar es el resultado de la interacción de tres grupos de actores: las empresas editoriales, los autores y los proveedores de fondos económicos (financiadores)4. Las editoriales compiten unas con otras, y en los últimos años la inmensa mayoría han experimentado un incremento continuo en el número de artículos publicados4. El modelo de acceso abierto (open access) es un patrón editorial cada vez más utilizado y ha remodelado la manera en la que se disemina y se accede a la literatura biomédica en esta década, siendo los hallazgos y los esfuerzos de los autores compartidos con los demás de forma libre5. Los autores compiten también entre ellos, y se considera más positivo cuantas más publicaciones consigan en revistas de «prestigio» (elevado factor de impacto), ya que eso puede redundar favorablemente en su empleo, promoción, acceso a la universidad y potencial financiación de proyectos de investigación6. Los financiadores, con pocas excepciones, utilizarán la publicación en una revista científica como un marcador de la calidad (universitaria, como sociedad científica, etc.), con los potenciales sesgos que esto pueda generar7. Los factores económicos también retroalimentan a los tres grupos de actores.
La presión por publicar no está exenta de amenazas y riesgos. El primero afecta a la revisión por pares (peer review). La revisión por pares es un paso esencial en el proceso de una publicación, y se puede definir como el proceso de someter un trabajo académico, la investigación o las ideas de un autor al escrutinio de otros expertos en el mismo campo, antes de que el manuscrito que describe ese trabajo se publique. Todas las revistas académicas genuinas que publican trabajos de investigación dependen de la revisión por pares para garantizar la calidad de los artículos que publican. Es difícil definir con atributos objetivos y medibles las características de un buen revisor. Una buena cualidad puede ser estar en posesión del grado de doctor. Simplemente por el hecho de que el grado de doctor se asocia (a priori) con una demostración explicita del conocimiento del método científico. Sin embargo, algunos datos muestran que el crecimiento progresivo de las publicaciones en los últimos años no se corresponde con el mismo crecimiento en número de investigadores con el grado de doctor, al menos en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)4. Por supuesto, sería muy aventurado afirmar que la revisión por pares que se realiza en muchas revistas puede no ser óptima únicamente por los motivos previos, aunque existe una clara conciencia actual de que puede y debe mejorarse8. Sin embargo, lo que sí parece un hecho constatado es que el número de publicaciones disruptivas ha disminuido progresivamente en las últimas décadas9, que entre el 40% y 60% de lo que se publica nunca será citado1 y que el 85% de los esfuerzos de investigación biomédica puede que se desperdicien10. La presión por publicar y el incremento exponencial del número de revistas puede relacionarse con otras amenazas: la verificación de la ley de Goodhart (cuando una medida [número de publicaciones, factor de impacto, etc.] se convierte en el objetivo, deja de ser una buena medida); la práctica del «salami slacing» (dividir los resultados de una investigación en varias publicaciones, cada una de las cuales presenta una pequeña parte de los resultados de un estudio más amplio); el plagiarismo; la publicación doble; datos fraudulentos en la publicación; la autoría «fantasma» (atribución de autoría a quien no participan en la elaboración de la publicación) o los autores hiperprolíficos. Otros peligros relacionados con la presión por publicar y que pueden suponer auténticas «organizaciones» son: las revistas depredadoras (predator journals), las cuales afirman ser revistas académicas legítimas, pero pueden llegar a tergiversar sus prácticas editoriales; las «factorías de artículos» (paper milles), como estructuras que elaboran artículos falsos, con datos copiados o inventados que simulan trabajos de investigación legítimos y genuinos, cuyo modelo de negocio pasa por vender la producción/publicación y la autoría; los citation cartels, que llevan a algunas revistas a aumentar artificialmente los factores de impacto mediante el esfuerzo coordinado de un «cártel de citas» de revistas. Finalmente, otro potencial peligro emergente es la irrupción de la inteligencia artificial (IA), especialmente en la producción de manuscritos y en la eliminación gradual de la participación humana en las funciones de editor y revisor.
En el entorno previo, parece absolutamente necesario que la presión por publicar se module correctamente con una adecuada integridad académica, aplicando: honestidad (ser veraz, dar crédito y proporcionar datos correctos); confianza (transparencia y credibilidad); equidad (normas coherentes, interacciones equitativas, asunción de responsabilidades); respeto (aceptando opiniones de otros reconociendo el impacto de nuestras palabras y acciones); responsabilidad (respetando las normas institucionales y códigos de conducta, participando en decisiones difíciles y dando ejemplo); coraje (defendiendo la integridad y soportando la incomodidad por algo en lo que se cree). Sin embargo, a pesar de los buenos deseos de la práctica de una adecuada integridad académica, todo lo descrito en los párrafos previos podría hacernos reflexionar sobre si el término «publicación científica» se está devaluando y si el título del presente documento debiera cambiarse a «¿Cómo mantener la publicación científica como referente de reconocimiento?». El reto es difícil por la complejidad de todos los factores y actores que avivan la presión por publicar. En nuestra opinión, un referente de reconocimiento es aquel que favorece la autoridad, entendiendo por esta el prestigio y el crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia. Un referente de reconocimiento no es aquel que favorece la notoriedad, entendiendo por esta la nombradía o fama. Se requiere un elevado nivel de integridad, autoconciencia y disciplina personal para intentar evitar o al menos controlar todos los conflictos de intereses que intervienen en la investigación y en la publicación de sus resultados, ya que velar por la autoridad significa mantener el interés primordial en primer plano y alejar el impulso hacia la notoriedad que puede estar ligada al ámbito profesional. Por otro lado, en el propósito de mantener la publicación científica como referente de reconocimiento deben colaborar los tres actores implicados. Así, las editoriales debieran influir en la claridad de la adjudicación de las métricas de las revistas (impact factor), en promocionar la máxima independencia de los equipos de editores, en la transparencia de beneficios y costes o en promover la calidad en lugar de la cantidad; los financiadores debieran influir también en promocionar la calidad en lugar de la cantidad, en proteger la trasparencia absoluta en los modelos de promoción-financiación y en favorecer la educación en la integridad académica; los autores debieran mejorar en su educación editorial (revisión por pares, redacción de un manuscrito y utilización del lenguaje causal), abogar por la calidad en lugar de la cantidad y tener presente una cultura de la autoridad bien entendida, en lugar de la notoriedad.
El sistema académico actual promueve la cantidad sobre la calidad, premia la ciencia rápida y puede condenar al ostracismo a los científicos que no encajan en este perfil11. Queremos recordar que necesitamos tiempo para pensar y digerir, no podemos continuamente «reinventar la rueda», necesitamos una ciencia lenta para desarrollar un ecosistema académico veraz y sostenible12. Quizá solo así podamos evitar que el aforismo «publicar o perecer» se transforme en «publicar y perecer».


