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doi: 10.1016/j.hipert.2010.10.003
Revisión
Frecuencia cardíaca y riesgo cardiovascular
Heart rate and cardiovascular risk
Mariano De La Figuera Von Wichmanna,, , Ernest Vinyoles Bargallób
a EAP Sardenya, Barcelona, España
b CAP La Mina, San Adrián del Besós, Barcelona, España
Recibido 15 septiembre 2010, Aceptado 01 octubre 2010
Resumen

Una frecuencia cardíaca basal más elevada en la clínica se ha asociado a una mayor morbimortalidad cardiovascular. En gran parte de los estudios, la asociación entre frecuencia cardíaca y mortalidad se mantiene incluso tras ajustar el análisis para múltiples variables, como factores de riesgo cardiovascular, actividad física, función pulmonar, uso de betabloqueantes, tratamiento antihipertensivo, hemoglobina, hipertrofia ventricular izquierda, enfermedad coronaria o insuficiencia cardíaca. La taquicardia basal sería, por lo tanto, un marcador de enfermedad crónica subclínica o de la propia hiperactividad simpática. Tanto la frecuencia cardíaca clínica como la obtenida por monitorización ambulatoria de presión arterial –especialmente la frecuencia cardíaca nocturna- son útiles para estimar mejor el riesgo del hipertenso.

Abstract

A higher office basal heart rate has been associated with increased cardiovascular morbidity and mortality. The association between heart rate and mortality in most studies remains even after adjusting for multiple confounding variables such as cardiovascular risk factors, physical activity, lung function, use of beta blockers, antihypertensive treatment, hemoglobin, left ventricular hypertrophy, coronary disease or heart failure. Therefore, basal tachycardia seems to be a marker of subclinical chronic disease or a sign of the sympathetic hyperactivity. Both office heart rate and heart rate obtained by ambulatory blood pressure monitoring –especially nighttime heart rate- are useful to better estimate the cardiovascular risk of the hypertensive patient.

Palabras clave
Frecuencia cardíaca, Hipertensión, Riesgo cardiovascular
Keywords
Heart rate, Hypertension, Cardiovascular risk
Introducción

La determinación de la frecuencia cardíaca (FC) por palpación del pulso radial es una de las exploraciones más clásicas en medicina. La FC es un parámetro clínico muy accesible y, actualmente, lo es todavía más por la incorporación progresiva en las consultas de equipos electrónicos de medida de presión arterial, que también estiman simultáneamente la FC. Como veremos a continuación, la medida de la FC aporta una valiosa información pronóstica que puede modificar nuestra actitud terapéutica.

En estudios poblacionales se observa que durante infancia, con el crecimiento, la FC va disminuyendo progresivamente, hasta estabilizarse hacia los 18 años de edad1, con una cierta tendencia posterior –según algunos estudios- a disminuir una media de 0,13 latidos/minuto (lpm) por año2. La mujer suele tener una FC entre 3 y 7 lpm de media más elevadas que el varón.

La FC, igual que la presión arterial, presenta una variabilidad extrínseca relacionada con el propio paciente debido a diferentes factores como la actividad física, los niveles de ansiedad, el consumo de fármacos, alcohol y tabaco, la posición corporal y las condiciones ambientales3. Pero, además, también presenta una variabilidad intrínseca circadiana, relacionada con los cambios en el tono simpático. Durante el sueño la FC disminuye y durante el día puede presentar dos pequeños incrementos: a última hora de la mañana y a última hora de la tarde.

En el mundo animal existe una conocida relación inversa entre la FC y la supervivencia media de cada especie4. El ratón, con FC de hasta 500 lpm, vive unos 2 o 3 años. En cambio, la tortuga de las Galápagos, con 6 lpm, tiene una esperanza de vida que supera los 100 años (fig. 1). En la especie humana, desde el punto de vista epidemiológico, ha sido ampliamente demostrada la asociación entre la FC basal elevada y la morbimortalidad cardiovascular (CV). En los próximos apartados vamos a desarrollar con más detalle este punto.

Figura 1.

Relación semilogarítmica entre esperanza de vida y frecuencia cardíaca (reproducido con permiso de Elsevier)4.

Condiciones de medida de la frecuencia cardíaca basal

Hace años que las condiciones de medida de la presión arterial están consensuadas, pero en el caso de la determinación de la FC no ha sido así. Vogel et al, en una revisión de 56 ensayos clínicos, encontraron que la medida de la FC no había sido determinada de manera homogénea ni con la suficiente calidad en la gran mayoría de los estudios5. En buena parte de los trabajos publicados, la FC había sido determinada mediante electrocardiograma.

La Sociedad Europea de Hipertensión ha consensuado los procedimientos de medida de la FC por palpación, tanto del tiempo de descanso previo (5 minutos), como de la duración de la palpación (30 segundos)6. En el documento se recomienda realizar, al menos, dos determinaciones en sedestación (en decúbito, la FC se reduce en 1-2lpm).

Algunos autores encuentran diferencias entre las medidas del médico y las de la enfermera. También entre palpación y determinación mediante equipos electrónicos, especialmente cuando no está presente el personal sanitario7. En este caso, en nuestra experiencia, no hallamos diferencias entre ambos métodos de medida, por lo que las lecturas obtenidas por los equipos automáticos, basadas en el método oscilométrico, probablemente también son clínicamente útiles, a excepción de los casos de pacientes con arritmias8.

En la tabla 1 se resumen los criterios de consenso para la medida de la FC.

Tabla 1.

Condiciones de medida de la frecuencia cardíaca basal

Paciente en sedestación, en condiciones confortables de temperatura 
Esperar 5 minutos antes de la medida 
Palpación radial durante 30 segundos 
Determinar al menos 2 veces la frecuencia cardíaca 
Los pacientes que realizan automedidas domiciliarias deben registrar también su frecuencia cardíaca 
Frecuencia cardíaca y morbimortalidad cardiovascular

Una FC más elevada en la clínica se ha asociado a una mayor morbimortalidad CV en los pacientes del estudio Framingham, en las cohortes de población laboral de Chicago y en otros estudios, tanto en hipertensos como en población general9-15, pero también se asocia con una mayor mortalidad global, por causa CV o no16–22, incluso con una mayor mortalidad por cáncer23,24.

La taquicardia podría representar un signo de enfermedad subyacente; por ejemplo, ser un mecanismo compensador de insuficiencia cardíaca incipiente. Sin embargo, la asociación con la mortalidad se mantiene incluso tras eliminar del análisis de algún estudio los pacientes fallecidos durante los primeros años de seguimiento, con la idea de obviar este posible sesgo, en el que la FC sería un marcador de enfermedad crónica subclínica25,26. Además, con la excepción de algunos estudios, la asociación entre morbimortalidad y FC se confirma para ambos géneros, incluso en edades avanzadas. Sin embargo, la asociación es algo menos consistente en las mujeres.

En relación con los distintos tipos de eventos CV, se demuestra que la taquicardia es una variable predictora tanto para mortalidad por enfermedad coronaria como para mortalidad por ictus. Algunos estudios encuentran asociación con una, otra o ambas. En el estudio de Framingham también se ha asociado a muerte súbita.

En la mayoría de las cohortes, la FC de los pacientes se clasifica en cuartiles o quintiles. Se suele definir la FC elevada como la del límite inferior del fractil mayor. Los rangos de frecuencias cardíacas elevadas oscilan entre 75 y 99 lpm en poblaciones no ancianas y entre 74 y 84 lpm en ancianos, tal como se puede ver en la tabla 2, que recoge algunos de los estudios de cohortes realizados que demuestran una asociación entre valores elevados de FC y mortalidad por todas las causas.

Tabla 2.

Estudios de cohortes que relacionan mortalidad y frecuencia cardíaca

Estudio  Seguimiento  Medida FC  Resultados 
Levy, 19459  5 años  Palpación  Incremento de mortalidad CV (FC>99 lpm) 
Medalie, 197310  5 años  No especificado  Incremento de infarto de miocardio (FC>90 lpm) 
Chicago-People Gas Co., 19801315 años  ECG  Incremento de mortalidad global (FC>79 lpm) 
Cohorte laboral     
Chicago-Heart Association, 1980135 años  ECG  Incremento de mortalidad global (FC>86 lpm) 
Cohorte laboral     
Chicago-Western Electric, 19801317 años  Palpación  Incremento de mortalidad global (FC>89 lpm) 
Cohorte laboral     
Kannel WB, 19871130 años  ECG  Incremento de mortalidad CV (FC>87 lpm) 
Población general     
Gillum RF, 19911410 años  Palpación  Incremento de mortalidad global (FC>84 lpm) 
Población general     
Gillmann MW,19931236 años  ECG  Incremento de mortalidad global (FC>84 lpm) 
Hipertensos     
Mensink GB, 19971712 años  Registro ruidos Korotkoff  Incremento de mortalidad global (FC>80 lpm) 
Población general     
Palatini P, 19992512 años  Palpación  Incremento de mortalidad CV (FC>80 lpm) 
Varones ancianos     
Benetos A, 19991518 años  ECG  Incremento de mortalidad global en varones (FC>80 lpm) 
Población general     
Greenland P, 19991622 años  ECG, pulsómetro  Incremento de mortalidad global por cada aumento de 12 lpm 
Cohorte laboral     
Kristal-Boneh E, 2000248 años  ECG  Incremento de mortalidad global (FC>90 lpm) 
Cohorte laboral     
Fujiura Y, 20011918 años  ECG  Incremento de mortalidad global (FC>90 lpm) 
Población general (varones)     
Menotti A, 20012610 años  Palpación  Incremento de mortalidad global por cada aumento de 5 lpm 
Población general (varones)  ECG   
Palatini P, 2002181 año  Palpación  Incremento de mortalidad global (FC>79 lpm) 
Submuestra del ensayo Syst-Eur     
Chang M, 2003203 años  ECG  Incremento de mortalidad global (FC>90 lpm) 
Población general (mujeres ancianas)     
Okamura T, 20042116,5 años  ECG  Incremento de mortalidad global en menores de 60 años 
Población general     
King DE, 20062210,1 años  ECG  Incremento de la mortalidad total (FC>80 lpm) 
Pre-hipertensos     
Cooney6121 años  Palpación  Incremento de la mortalidad CV y coronaria por cada aumento de 15 lpm y con FC>90 lpm 
Población general     
Mao618,3 años  Palpación  FC>75 lpm 
Población general     

CV: cardiovascular; ECG: electrocardiograma; FC: frecuencia cardíaca basal; lpm: latidos por minuto..

En la mayor parte de los estudios citados, la asociación entre FC y mortalidad CV se mantiene incluso tras ajustar el análisis para múltiples variables, como factores de riesgo CV (incluida la presión arterial), actividad física, función pulmonar, uso de betabloqueantes, tratamiento antihipertensivo, hemoglobina, hipertrofia ventricular izquierda, enfermedad coronaria o insuficiencia cardíaca.

Ante la evidencia existente, Palatini, de forma acertada, propuso hace más de 10 años revisar el término clásico de “taquicardia” (>100 lpm) para incorporar un nuevo concepto: el de “taquicardia de riesgo”, en el que la FC basal sería superior a 85 lpm27. Datos recientes de la rama de placebo del ensayo SHIFT (Systolic Heart failure treatment with the Ifinhibitor ivabradine Trial) realizado en más de 6.500 pacientes con insuficiencia cardíaca, demuestran que una FC basal por encima de 87 lpm aumenta el riesgo de muerte CV y hospitalización28.

Sobre la FC y la estimación clínica del riesgo CV, algunas tablas incorporan la FC como una de las variables predictoras en pacientes con síndrome coronario agudo29. Basados en los datos de una cohorte finlandesa, existe una propuesta de incluir la FC basal en las tablas de estimación de riesgo orientadas hacia la prevención primaria CV30.

Por lo tanto, podemos concluir que la FC es una variable predictora de mortalidad CV y global, para todas las edades y ambos géneros, independiente de otros factores de riesgo CV.

Frecuencia cardíaca ambulatoria

Los sistemas de monitorización ambulatoria de presión arterial (MAPA) y de automedida domiciliaria (AMPA) también permiten conocer los valores de la FC fuera de la consulta, así como su variabilidad. Aunque no son las técnicas de medida ideales, en la práctica, son más accesibles que el Holter electrocardiográfico.

Sabemos que la FC en la consulta es inferior a la media diurna y de 24 horas, pero superior a la nocturna31, todo ello seguramente muy en relación con la actividad física. Se ha descrito también la reacción de alerta que pueden presentar algunos pacientes con incremento de la FC en la consulta y, en cambio, con valores ambulatorios inferiores7. Sin embargo, el hipertenso con “taquicardia de bata blanca” cuenta con un perfil de riesgo CV más favorable que el resto de hipertensos con FC clínica y ambulatoria elevada32.

En el estudio japonés de Ohasama se han descrito una serie de variables que pueden influir en los valores de FC por AMPA: así, la edad más joven, el género femenino, el tabaquismo y el sedentarismo se asocian a FC más elevadas en la determinación matinal en el domicilio33. El mismo estudio encuentra que una FC ambulatoria superior o igual a 70 lpm también predice mortalidad CV, incluso en pacientes con presión arterial sistólica media por AMPA inferior a 135 mmHg34.

En el estudio italiano PAMELA los investigadores del mismo no encuentran relación entre la FC, medida en la consulta o ambulatoria, con la mortalidad, aunque los propios autores reconocen que el poder estadístico del estudio es bajo para este objetivo35.

En una muestra de pacientes del ensayo clínico Syst-Eur a los que se les realizó una MAPA, la FC ambulatoria y la clínica también predijeron mortalidad18.

Tanto la FC media de 24 horas como su variabilidad media (calculada a partir del Holter de 24 horas) son también potentes predictores de mortalidad en el paciente con antecedentes de infarto de miocardio36. Sin embargo, un estudio demostró que la variabilidad de la FC determinada por Holter no aportaba información adicional a la propia FC media37.

La FC media nocturna –en reposo, durante el sueño- puede considerarse una FC basal más fisiológica. En este sentido, la cohorte japonesa de Ohasama describió un incremento del riesgo a partir de una FC media nocturna de 64 lpm, aunque no se controló el estudio para actividad física o calidad del sueño38. Por otro lado, una falta de descenso de la FC por la noche se asocia a mayor riesgo de presentar un evento cardiovascular, independientemente de los valores tensionales, del patrón no dipper tensional o de patologías concomitantes como la diabetes39.

Un dato de difícil interpretación es la constatación de que una FC de 24 horas baja se asocia a un aumento de la masa y del grosor de la pared del ventrículo izquierdo40,41.

En resumen, a diferencia de lo que sucede con la presión arterial ambulatoria, parece que la FC ambulatoria todavía no ofrece claras ventajas con relación a la FC determinada en la consulta. No hay suficiente información sobre los puntos de corte en la FC ambulatoria a partir de los cuales aumenta significativamente la mortalidad. Además, disponemos de muy pocos estudios de cohortes a largo plazo que evalúen su valor pronóstico. Por lo tanto, este es un campo para futuras investigaciones.

Consideraciones fisiopatológicas

Varios mecanismos podrían explicar la asociación entre la FC y la morbimortalidad CV, a través, entre otros, de una hiperactividad del simpático42 (fig. 2). Además, la taquicardia presenta una buena correlación con variables presentes en el síndrome metabólico2,43,44 (dislipemia, hiperinsulinemia, obesidad, glucemia). Incluso en pacientes que realizan ejercicio físico regular, incrementos de FC basal se asocian linealmente a aumentos de colesterol45.

Figura 2.

Mecanismos fisiopatológicos relacionados con el aumento de la FC (tomada de Arnold JM, et al42.).

Por otra parte, la taquicardia se relaciona con un deterioro de la elasticidad arterial por un efecto hemodinámico directo sobre la pared arterial, con alteraciones sobre las placas ateroscleróticas46. En un seguimiento durante 6 años, se demostró que una elevada FC era un marcador independiente de progresión de rigidez arterial en hipertensos47. La hiperactividad simpática también se ha asociado a hipertrofia ventricular y vascular, arritmias, trombosis coronaria, activación plaquetar e hipercoagulabilidad48.

Por otro lado, tanto la taquicardia basal, como la medida de la variabilidad de la FC49 o el tiempo de recuperación de la FC tras el ejercicio físico, pueden representar marcadores del incremento del tono simpático. Además, otro marcador de hiperactividad simpática es la presencia de extrasístoles ventriculares en el electrocardiograma, que en un estudio poblacional también se ha demostrado predictor de mortalidad en el anciano50. A su vez, la hiperactividad simpática –mecanismo subyacente a estas evidencias- se ha asociado con la hipertensión arterial y la ateromatosis51,52. De hecho, un incremento de la actividad simpática combinado con una reducción del tono vagal tiene efectos arritmogénicos y es una variable predictora de muerte súbita.

En resumen, parece que la FC elevada se asociaría a morbimortalidad CV por dos causas: por ser un marcador de hiperactividad simpática –conocido factor de riesgo de ateromatosis y morbildad- y por un efecto directo hemodinámico sobre la pared vascular.

Tratamiento antihipertensivo y frecuencia cardíaca

A pesar de los datos epidemiológicos presentados, todavía no disponemos de evidencias incuestionables sobre los beneficios potenciales de una reducción de la FC sobre el riesgo de enfermedad CV. En un reciente ensayo que analizó el impacto de un control más o menos estricto de la FC en pacientes con fibrilación auricular permanente, la incidencia de la variable principal (muerte CV, hospitalización por insuficiencia cardíaca, ictus, hemorragias y arritmias graves), fue similar en ambos grupos53. Por otro lado, el mencionado estudio SHIFT ha demostrado que la reducción de la FC con ivabradina disminuye la incidencia de muerte CV y hospitalización por insuficiencia cardíaca54.

Ahora bien, cuando un paciente hipertenso precisa tratamiento farmacológico: ¿conocer su FC basal puede ayudarnos a decidir el grupo farmacológico antihipertensivo? Como ya se ha comentado, desconocemos si la reducción de la FC en la hipertensión arterial - con fármacos antihipertensivos - implica también una reducción de la morbimortalidad CV. Las únicas evidencias que tenemos son retrospectivas en pacientes con insuficiencia cardíaca o cardiopatía isquémica. En ambos casos, los betabloqueantes -que disminuyen la FC - han demostrado su eficacia en la reducción de la morbimortalidad CV55,56. El carvedilol, un betabloqueante con efecto vasodilatador por bloqueo alfa, mejoró la supervivencia en los pacientes con insuficiencia cardíaca cuya FC basal era superior a 82 lpm57. También el verapamil y el diltiazem, calcioantagonistas no-dihidropiridínicos, mejoran la supervivencia en el paciente postinfartado sin insuficiencia cardíaca58.

En la tabla 3 se describen los efectos de algunas familias de fármacos antihipertensivos sobre la FC. Sin embargo, además de los tratamientos farmacológicos, los cambios en los estilos de vida pueden resultar tan o más beneficiosos y reducir también la FC (dieta hipocalórica, supresión del hábito tabáquico, ejercicio físico). De todos ellos, sin duda el más eficaz es la práctica regular de ejercicio físico, que consigue una importante mejora del tono simpático, reduce la FC, los niveles de presión arterial y otros componentes del síndrome metabólico59, pero también la mortalidad en todos los grupos de edad y niveles tensionales60.

Tabla 3.

Efectos sobre la frecuencia cardíaca de los fármacos antihipertensivos

Diuréticos  No varía o aumenta la FC 
Betabloqueantes  Disminución de la FC 
IECA  No varía la FC 
ARA-II  No varía la FC 
Verapamil, diltiazem  Disminución de la FC 
Dihidropiridinas  No varía la FC o aumento de la FC (especialmente las de corta acción) 
Bloqueantes-alfa1-adrenérgicos  Aumento de la FC 
Vasodilatadores periféricos  Aumento de la FC 
Vasodilatadores centrales  Disminución de la FC 
Agonistas de los receptores imidazólicos  No varía la FC 
Inhibidores directos de renina  No varía la FC 

ARA-II: antagonistas de los receptores de la angiotensina II; FC: frecuencia cardíaca; IECA: inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina.

En resumen, en la hipertensión arterial sólo disponemos de evidencias indirectas de que la reducción de la FC puede disminuir la mortalidad CV. La mayoría de los estudios publicados son retrospectivos y con sesgos que dificultan la interpretación. En algún subgrupo de hipertensos con una FC basal superior a 85 lpm podría resultar útil el uso de betabloqueantes, especialmente los más cardioselectivos, o de calcioantagonistas no dihidropiridínicos, siempre y cuando tengamos en consideración también las patologías concomitantes y el riesgo de inducir diabetes en sujetos con síndrome metabólico, en el caso de los betabloqueantes61. Y siempre tener en cuenta los beneficios de la práctica regular de ejercicio físico.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

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Autor para correspondencia.
Copyright © 2010. SEHLELHA