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Vol. 6. Núm. 17.
Páginas 189-191 (Septiembre - Diciembre 2015)
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Vol. 6. Núm. 17.
Páginas 189-191 (Septiembre - Diciembre 2015)
DOI: 10.1016/j.rides.2015.05.001
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Reseña del libro El barrio universitario. De la Revolución a la Autonomía*, coordinado por Carlos Martínez Assad y Alicia Ziccardi
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Xavier Cortés-Rocha
Mexicano. Doctor en arquitectura por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con estudios de urbanismo en la Universidad de París. Profesor Emérito, ha sido docente en la Facultad de Arquitectura de la UNAM por más de cuatro décadas, donde dirige tesis de maestría y doctorado y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ha dirigido la Coordinación General de Estudios de Posgrado, la Facultad de Arquitectura, la Secretaría General de la Universidad y la Dirección General de Obras. Actualmente, coordina las obras que lleva a cabo la Coordinación de Vinculación de la Facultad de Arquitectura de la UNAM de los anexos del Antiguo Palacio de Medicina y de la Antigua Fábrica de Hilados San Luis en Tlaxcala. Temas de investigación: arquitectura, urbanismo y conservación del patrimonio.
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Con El Barrio Universitario, de la Revolución a la Autonomía, coordinado por Carlos Martínez Assad y Alicia Ziccardi, recibimos un proyecto editorial de la mayor importancia, para los miembros de la comunidad universitaria y para los interesados en la historia de México.

En un libro de edición impecable, excelente diseño y muy bien ilustrado, un conjunto de autores desarrolla desde enfoques diferentes, en seis capítulos, más un prólogo y una introducción, su visión de ese territorio y de lo que desde ahí se generaba.

El Barrio fue escenario de vida académica, cultural, lúdica y de manera muy importante, política. Era habitado por los universitarios que estaban vinculados a las corrientes y movimientos políticos y sociales de la época, y que fomentaron el acercamiento de la Universidad hacia la sociedad y hacia el pueblo.

Tras el ocaso de Justo Sierra, Vasconcelos se convierte en personaje central, líder y evangelizador, junto con él hay otros personajes importantes como, el sólido Antonio Caso, el carismático Alfredo Ramos Martínez, el ya prometedor Daniel Cossío Villegas, los rectores (en ese periodo diez distinguidos personajes ocuparon la rectoría) y en algunos actos importantes, los presidentes de la República, como puede verse en las bien seleccionadas fotografías que ilustran el libro.

El Prólogo, de Alejandra Moreno Toscano, nos recuerda que ese territorio jalonado por instituciones pluriseculares, desde el Colegio de San Gregorio hasta el Hospital de San Andrés, serían sustituidos cuando el férreo decreto de Carlos III puso fin a la presencia de la Compañía de Jesús y nos muestra como entonces ese espacio se convierte en territorio de los profesores, de los estudiantes, de los muralistas y de un bullicioso y nutrido grupo de intelectuales comprometidos, polo de atracción y fermento cultural que asentaron el que ser universitario es una tarea, una misión que se cumple ante el mundo.

En el capítulo “El Barrio Universitario: espacio público y acción estudiantil (1910-1929)”, Alicia Ziccardi hace un análisis de la ciudad y sus habitantes, en el que da cuenta del notable crecimiento que experimentó la ciudad en esas dos décadas, en las que se duplicó su población. Analiza las condiciones socio-económicas que se vivían en la misma, ubica en mapas bien documentados los edificios de la Universidad y otros edificios educativos, los establecimientos de hospedaje y viviendas colectivas, así como los establecimientos de alimentos y bebidas, incluyendo cantinas y pulquerías. En esos mapas se pone en evidencia la concentración de funciones que privaban en el centro histórico y que no se modificaría hasta 25 años después, paralelo a la salida de las escuelas de la Universidad por la inauguración de Ciudad Universitaria.

El texto dedica una parte preponderante a los estudiantes y a la vida social en espacio colectivo, las organizaciones estudiantiles y su participación en la vida política, así como los conflictos, de los cuales el mayor sería la lucha por la autonomía.

En “El Barrio Universitario en la nación que se construía”, como explica su autor Carlos Martínez Assad, se confronta la vida estudiantil en el barrio universitario con la Revolución mexicana. Se va analizando cómo evoluciona el involucramiento de la comunidad estudiantil, al principio con un escaso interés frente a los acontecimientos, en el periodo previo a la caída del presidente Díaz, para cobrar un interés y una participación cada vez mayores con Madero, Huerta, el gobierno de la Convención y el de Carranza. Este último se interesaría más que sus predecesores en el tema de la educación.

Episodio traumático fue la militarización de la Preparatoria, decretada por Victoriano Huerta, que se logró sólo en la Preparatoria y que causó descontento y generó expresiones como la de Antonio Caso, quién afirmó que se requerían escuelas en los cuarteles y no soldados en las escuelas. Finalmente se deja claro en el capítulo que el establecimiento del constitucionalismo, encabezado por Venustiano Carranza habría de marcar el retorno a la normalidad en la institución universitaria.

María de Lourdes Alvarado, en “Los nuevos espacios estudiantiles y la vocación cultural y social de la Universidad”, analiza el movimiento de la Universidad hacia fuera, hacia la sociedad y hacia el pueblo. Se ocupa en particular del conflicto que se vivió en la Escuela de Bellas Artes, que desembocó por una parte en la creación de las escuelas libres, fuera de la Academia y por otra en la división de la escuela en dos: la Escuela Nacional de Arquitectura y la Escuela Central de Artes Plásticas; hoy ambas son facultades.

Guillermo Boils, en “Edificaciones de la Universidad Nacional y el Barrio Universitario en 1929”, hace el recorrido de las seis edificaciones con las que se dotó a la Universidad en 1910, todas ellas conjuntos de gran importancia y calidad: El Antiguo Colegio de San Ildefonso, la ya entonces Escuela de Medicina, la Escuela de Minería, la Academia de San Carlos, la Escuela de Jurisprudencia y la Rectoría, que con la Escuela de Altos Estudios se alojó en el edificio de la Antigua Escuela Normal, cinco edificios coloniales y uno de ellos del periodo porfirista. Describe cómo ese número fue creciendo con nuevas adiciones en las dos décadas siguientes, hasta alcanzar el rico acervo que constituyó su patrimonio en el momento de la autonomía, con edificios tan disímbolos como Ciencias Químicas, Geología, el Chopo o la Casa del Lago; por mencionar algunos. Guillermo Boils nos deja claro que el marco construido habría de tener una influencia en la formación de la identidad de los universitarios, así como, podemos afirmar, habría de tenerlo medio siglo después para quienes estudiamos en la Ciudad Universitaria.

El capítulo de Estela Morales, “Los universitarios y la cultura impresa”, hace notar que los gobiernos posrevolucionarios mostraron su preocupación por la cultura, dirigida ya no a las élites, sino al pueblo. Con José Vasconcelos, primero como rector y luego como secretario de Instrucción Pública, que encabezó la cruzada con colaboradores tan brillantes como Cossío Villegas y Torres Bodet. La labor incluiría la edición masiva de buenos libros, fortalecimiento y apertura de bibliotecas públicas y fomento a las bellas artes. Florecieron las casas editoriales y las librerías y finalmente hace cien años se organizó una Feria Nacional del Libro, en este mismo palacio.

En el último capítulo, “Los intelectuales latinoamericanos y la Universidad Nacional”, Mónica Toussaint expone la situación por la cual México y la comunidad universitaria se convirtieron en un faro de las naciones hispanoamericanas, muchas de ellas sumidas en situaciones de conflicto. El Barrio Universitario recibió entonces un nutrido grupo de exiliados de esos países, que se sumaron al movimiento cultural en marcha.

Vasconcelos integró a la comunidad en el proceso revolucionario y adoptó la posición abierta propicia al latinoamericanismo, de lo cual el mejor ejemplo es el escudo y el lema que dejó como legados: “Por mi raza hablará el espíritu”.

Con esa posición y ese compromiso se generó el ambiente propicio para formar una gran institución de educación superior, la Universidad Nacional Autónoma de México. ■

Cómo citar este artículo:

Cortés-Rocha, Xavier (2015), “Reseña del libro El barrio universitario. De la Revolución a la Autonomía, coordinado por Carlos Martínez Assad y Alicia Ziccardi”, en Revista Iberoamericana de Educación Superior (RIES), México, UNAM-IISUE/Universia, vol. vi, núm. 17, pp. 189-191, https://ries.universia.net/article/view/1605/resena-libro-barrio-universitario-revolucion-autonomia-coordinado-carlos-martinez-assad-alicia-ziccardi [consulta: fecha de última consulta].

Carlos Martínez Assad, Alicia Ziccardi (coordinadores), Lourdes Alvarado, Guillermo Boils y Mónica Toussaint (2014), El barrio universitario. De la Revolución a la Autonomía [Prólogo de Alejandra Moreno Toscano], México, UNAM, Coordinación de Humanidades/Publicaciones Fomento Editorial/Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad.

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