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Vol. 4. Núm. 10.
Páginas 113-133 (Enero 2013)
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Vol. 4. Núm. 10.
Páginas 113-133 (Enero 2013)
DOI: 10.1016/S2007-2872(13)71927-9
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Imagen social e identidad profesional de la psicología desde la perspectiva de sus estudiantes
Formação e identidade profissional do psicólogo. Uma aproximação das representações de seus estudantes
Training and professional identity of psychologists. An approach from the representations of its students
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Patricia Covarrubias-Papahiu
Mexicana. Doctora en Pedagogía, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesora Titular C, Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala, UNAM. Temas de investigación: curriculum: procesos y prácticas; procesos de enseñanza y aprendizaje.
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Cuadro 1. Categorización de las representaciones de los estudiantes de la carrera de psicología Iztacala sobre la identidad social de la psicología (ejemplo)
Resumen

Se reportan los resultados de una investigación cuyo objetivo fue analizar las representaciones que tienen estudiantes de psicología sobre la imagen social de la psicología y su identidad profesional. Se utilizó una metodología cualitativa e interpretativa desde una perspectiva psicosocial. Los hallazgos más significativos muestran que los estudiantes piensan que la sociedad tiene una imagen estereotipada de la psicología, atribuyen su reconocimiento o desconocimiento social al capital cultural, social y económico de las personas, aprecian positivamente el desarrollo e identidad profesional de la psicología. Algunos vieron cumplidas sus expectativas durante su formación profesional, otros dudan de sus habilidades profesionales.

Palabras clave:
profesión
psicología
imagen social
identidad profesional
representaciones
Resumo

Relatam-se os resultados de uma pesquisa cujo objetivo foi analisar as representações que têm os estudantes de psicologia sobre a imagem social da psicologia e sua identidade profissional. Utilizou-se uma metodologia qualitativa e interpretativa desde uma perspectiva psicossocial. Os achados mais significativos mostram que os estudantes pensam que a sociedade tem uma imagem estereotipada da psicologia, atribuem seu conhecimento ou desconhecimento social ao capital cultural, social e econômico das pessoas e apreciam positivamente o desenvolvimento e identidade profissional da psicologia. Alguns viram cumpridas suas expectativas durante a sua formação profissional, outros duvidam de suas habilidades profissionais.

Palabras chave:
profissão
psicologia
imagem social
identidade profissional
representações
Abstract

A report of the results of a research conducted with the purpose of analyzing the representations among psychology students regarding the social image of psychology and its professional identity. A qualitative and interpretive methodology was used from a psychosocial perspective. The more significant findings show that students believe that society has a stereotypical image of psychology, they claim its social recognition or ignorance is due to the cultural, social and economic capital of people, they positively appreciate the professional development and identity of psychology. Some consider that their expectations were met during their professional training; others have doubts about their professional skills.

Key words:
profession
psychology
social image
professional identity
representations
Texto completo
Introducción

La psicología como ciencia es una de las invenciones culturales más importantes del siglo XX, aunque todo psicólogo fecha el nacimiento de ésta con Wilhelm Wundt (1832-1894), dada su calidad de fundador de la psicología como ciencia experimental y como disciplina académica formal, al impartir por primera vez la asignatura de psicología fisiológica en 1867 y fundar en 1879 el primer laboratorio formal de psicología en Leipzig. Si bien desde finales del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX aún se desarrollan importantes contribuciones para el establecimiento de la psicología en diversas partes del mundo (Reuchlin, 1959). A partir de la década de los cuarenta del siglo XX, han proliferado ramificaciones conceptuales y metodológicas sobre el ser humano, que han dado lugar a las derivaciones de los principales sistemas psicológicos: el conductismo, la psicología de la gestalt, el psicoanálisis y la psicología fenomenológica (humanista y existencial), consideradas como escuelas o sistemas en psicología que han influido en la conformación de la psicología actual y de su campo disciplinar, y han dado origen a una diversidad de áreas de investigación y campos de aplicación (Harrsch, 1998).1

Sin embargo, el campo profesional de la psicología no sólo se ha conformado con base en su desarrollo interno y disciplinar y en sus posibilidades de intervención, de acuerdo con problemáticas objetivas que demandan solución, sino también se ha visto influido y determinado por condiciones externas o ajenas al desarrollo científico del mismo.

En México, desde su institucionalización en los espacios universitarios como disciplina académica y científica en 1910, al incluirse por primera vez materias psicológicas en la Escuela de Altos Estudios de la recién inaugurada Universidad Nacional de México (Curiel, 1962), el desarrollo de la psicología ha sido acelerado y se ha extendido a tal categoría que actualmente es una de las carreras con mayor demanda de ingreso. En los últimos datos publicados en los anuarios de la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior (ANUIES, 2007), la psicología ocupa el quinto lugar entre las carreras más pobladas del país, con una matrícula nacional de 82 160 alumnos (21% hombres y 79% mujeres), lo que representa el 4.5 % de la matrícula total de licenciatura del país, superando carreras con mayor demanda tradicional como Medicina y Ciencias de la Comunicación, entre otras. Sin embargo, este crecimiento desmesurado y poco regulado ha traído serios problemas, tales como la diversidad desordenada de planes de estudio sin coherencia curricular entre ellos, una excesiva teorización y transmisión de sus contenidos disciplinarios, y poca preparación en habilidades o competencias profesionales, que se traduce en un desfase entre la formación profesional del psicólogo y las necesidades ocupacionales y sociales de nuestra sociedad (Preciado y Rojas, 1989; Herrera, 1993; Castañeda, 1999). Efectivamente, cuando la formación profesional no alcanza a articular el saber científico y las demandas sociales, ésta misma se pone en entredicho en tanto se considera alejada o descontextualizada de lo que significa la vida profesional.

Así, dadas las características de su desarrollo y sus significativas aportaciones en los diferentes ámbitos en que se desarrolla la actividad humana, cuando se analiza a la psicología como profesión, la literatura al respecto da cuenta del cuestionamiento histórico y persistente que se hace sobre su estatus profesional, al ser caracterizada por la ambigüedad e indeterminación de su práctica profesional, y al parecer se responsabiliza a sus propios profesionales de haber instituido socialmente una identidad difusa, indiferenciada o incierta, a partir de la cual se le atribuyen diferentes roles, estereotipos, imágenes o atributos profesionales (Lafarga, 1977; Millán, 1982; Preciado y Rojas, 1989; Ribes, 1984; Almeida et al., 1989; Castaño, 1989; Lara, 1989; Herrera, 1993; Covarrubias, 2003; Zanatta y Yurén, 2012).

De aquí que consideramos imprescindible indagar cómo perciben los estudiantes la imagen social de la psicología en nuestra sociedad, así como la imagen que de ellos mismos tienen como profesionales de la psicología, en tanto nos permite comprender cómo se han apropiado de los procesos de socialización y escolarización vividos, además de prever las formas en que asumirán su rol e identidad profesional y, en su caso, aportar alternativas de formación que contribuyan a que los egresados incidan con mayor certidumbre y competencia profesional en la resolución de necesidades sociales y ocupacionales relacionados con sus ámbitos de actuación y, consecuentemente, promover una imagen real de sus potencialidades y limitaciones.

Las profesiones: su imagen social e identidad profesional

El ejercicio de una profesión presupone, por un lado, el dominio de un cuerpo teórico disciplinar y, por otro, la adquisición de habilidades técnicoprofesionales relacionadas directamente a una práctica profesional en los ámbitos de su competencia, en el contexto de una sociedad determinada, ambos indispensables para conseguir una autoridad profesional (Valle, 1997).

Sin embargo, también hay que considerar que las profesiones no sólo se valoran bajo la lógica de sus condiciones exclusivamente educativas y ocupacionales, pues no se agotan en los simples requerimientos explícitos del mercado de trabajo, sino también se relacionan con las necesidades sociales que atienden en su sentido más amplio y con las múltiples valoraciones de una sociedad determinada. Da acuerdo con Gómez (1983), el significado que se le atribuye a una profesión se basa en su legitimidad, validez y función, determinadas por las características de la sociedad en la que nace y se desarrolla, los procesos y espacios de institucionalización; asimismo, como señala Bourdieu (1996), por sus formas de representación social, que le otorgan un tipo o grado de reconocimiento y legitimidad social, por el cual adquieren un estatus social. En otras palabras, los diferentes campos del conocimiento van conformando su estatus y reconocimiento social como profesiones con base en la producción de conocimientos y de su particular ejercicio, derivados principalmente de circunstancias de orden histórico, social e institucional, delimitadas por los modelos y las dinámicas socioeconómicas y políticas imperantes en una sociedad particular. En este sentido, la formación orientada hacia el empleo puede tomar diferentes características al concretarse en un ejercicio profesional particular, al interaccionar con un tipo de estructura social específica, con una cultura particular y en determinados momentos o épocas históricas.

Lo relevante aquí es el grado y tipo de reconocimiento o legitimación social alcanzado por una profesión (Bourdieu, 1996), resulta ser una de las condiciones ineludibles comprender las formas de representación y significación de sus especialistas, al constituir uno de los referentes importantes para mirar y entender su propia cultura e identidad profesional, entendida ésta como la imagen que el individuo tiene de sí mismo en el desarrollo de la profesión, que abarca tanto los aspectos relacionados al ejercicio independiente de la profesión como los que se realizan dentro de las organizaciones (Elliot, 1975).

Esta representación que el sujeto tiene de sí mismo en el ejercicio de una profesión proviene de las interacciones y lógicas de articulación con los demás en tiempos y espacios diferenciados y mediados por la comunicación, por lo que implica un proceso de construcción, intersubjetivo, abierto, inacabado y en constante transformación, de acuerdo con la apropiación que hace de su biografía, su presente y su futuro (Guerra, 1997). La identidad tiene que ver, por lo tanto, con la organización que el sujeto hace de las representaciones que sobre sí mismo tiene y de los grupos a los cuales pertenece (Giménez, 1996).

Si estas representaciones o concepciones son compartidas por un grupo y se vinculan a sus disposiciones y coincidencias en gustos, expectativas, visiones, creencias, aluden al ethos de la profesión. El ethos de la profesión nos permite comprender los procesos de identidad de sus agremiados, en tanto implica la conformación de un habitus incorporado a la personalidad individual, que como producto de la socialización de los individuos expresa una posición de clase y una trayectoria, lo que hace que se compartan visiones similares del mundo social y profesional. Es decir, el ethos representa una forma de producción cultural por el encuentro de trayectorias socialmente condicionadas que conduce a la conformación de una identidad profesional dentro de campos socialmente estructurados, por lo que se relaciona a las características del habitus como conjunto de disposiciones internas, que a la vez son condicionadas socialmente (Bourdieu, 1988).

En síntesis, y desde un análisis sociológico y para efectos de la investigación que reportamos, podemos comprender a una profesión como un campo o espacio social y cultural, en el que existe una relación de implicación de varios componentes, pues además del desarrollo particular en el terreno del conocimiento disciplinar y de sus diferentes ámbitos de ejercicio y práctica profesional, también contempla una imagen o estatus social, además de una cultura gremial de sus allegados o identidad profesional.2

Resalta así la importancia de los procesos de socialización durante la formación profesional de los que aspiran a ser parte del gremio profesional. Los procesos y espacios de socialización en el contexto educativo son fundamentales para la construcción de una identidad profesional, en tanto configuran los marcos referenciales para la “aprehensión” de los conocimientos disciplinares y profesionales, así como para la construcción de significados y representaciones sobre su realidad curricular, social y profesional, es decir, interiorizan, además de una cultura disciplinaria, el mundo institucionalizado de la profesión, que como universo simbólico y cultural incluye la adquisición de saberes específicos o “saberes especializados” y normas que se reconocen socialmente para el desempeño de un rol profesional (Berger y Luckmann, 1999).

Si bien en la formación profesional se entrelazan múltiples variables curriculares, la investigación que ahora reportamos considera, además de las formas en que los estudiantes conciben la imagen social que se tiene de la psicología en nuestra sociedad, las formas en que representan su actuación y desarrollo en el campo de acción y ejercicio profesional; representaciones y significados que tendrán un papel importante en su identidad profesional y, por lo tanto, en la forma en que asumirán su rol como profesionistas de la psicología en nuestra sociedad.

Los estudiantes ante su formación profesional

La formación profesional se caracteriza por preparar a las personas para el ejercicio de un trabajo altamente especializado, necesariamente fundamentado en el dominio y la aplicación de la ciencia y la tecnología para la solución de problemas sociales, y para ello comprende un conjunto de procesos de preparación de los estudiantes referidos a fines precisos para un posterior desempeño en una sociedad y en el ámbito laboral (Valle, 1997). Sin embargo, como señalamos arriba, la formación profesional del psicólogo ha sido cuestionada una y otra vez por la indefinición de la práctica profesional con la que egresan sus estudiantes.

Los problemas de la enseñanza de la psicología han sido históricamente estudiados y analizados desde diferentes planteamientos conceptuales y teóricos, y desde diversos campos del conocimiento como el sociológico, histórico, pedagógico o educativo, epistemológico, inclusive desde el político/ideológico, y por supuesto desde el curricular, pero muy poco se han abordado desde la práctica misma, y todavía menos desde las voces de su actores. De estos últimos, la investigación educativa ha ponderado los estudios sobre la función del profesor y las formas en que éste concibe la formación de los futuros profesionales, en tanto responsable de proporcionar a las nuevas generaciones el conocimiento socialmente acumulado, contribuye en los procesos de socialización de los que aspiran a ser parte del gremio profesional (Ibáñez, 1994; Romo, 2000; Covarrubias, 2009). Sin embargo y aunque la formalización y organización de la enseñanza es por parte del profesor, y sus concepciones, significados, representaciones o creencias sobre la profesión intervienen de forma importante en la construcción de los saberes especializados de la misma, y por tanto en la conformación de una identidad profesional, el profesor no tiene un peso definitivo, más bien su influencia estará mediatizada por varios factores. Entre los principales se encuentran las propias ideas o concepciones que los estudiantes tienen acerca de la profesión, y de sus contenidos y quehaceres especializados, así como de las condiciones y características con las que los estudiantes se incorporan al proceso educativo y, no menos importante, de las aspiraciones y expectativas con las que ingresan a la carrera.

La relevancia de atender la subjetividad de los estudiantes para comprender su influencia en el proceso educativo ha sido mostrada por varios investigadores (Hargreaves, 1986; Coll, 1987; Coll y Miras, 1993), en tanto son mediadores de primera importancia entre la influencia educativa que ejerce el profesor, los contenidos u objetos escolares, y los resultados en el aprendizaje. En México, si bien se han realizado pocos estudios que consideren la perspectiva de los estudiantes acerca de su formación e identidad profesional, algunas investigaciones empiezan a atender esta temática.

Las investigaciones que tratan sobre la formación profesional del psicólogo y su relación con la construcción de su identidad profesional, todavía son más escasas.

Una de ellas es la investigación realizada por García Sánchez (1989), cuyo interés fue conocer si la construcción de la identidad profesional del psicólogo se veía favorecida por su identidad personal, para lo cual aplicó un cuestionario a una muestra representativa de estudiantes de la Facultad de Psicología de la UNAM. Con un enfoque evolutivo y dialéctico, encontró que los estudiantes que llegan a la carrera con una adecuada estructuración de su identidad personal tienen más ventajas en el cambio o consolidación de una identidad profesional; también halló que ésta se encontraba favorecida por la interacción alumnoprofesor, los planes de estudio y la difusión de la disciplina en los medios de comunicación.

Otra investigación es la de Torres, Maheda y Aranda (2004), quienes realizaron un estudio de caso y, con una metodología de corte cualitativo, identificaron las representaciones sociales que tienen los estudiantes de nuevo ingreso y egresados de la carrera de psicología sobre el psicólogo y sus prácticas profesionales. Entre otros resultados, encontraron que los recién egresados, a diferencia de los de nuevo ingreso, hacen una amplia caracterización de las áreas y actividades del psicólogo; no obstante, señalan que les faltan habilidades y experiencia para desempeñarse como profesionistas, y lo atribuyen a las insuficientes e inadecuadas prácticas profesionales contempladas en su formación académica. Con relación a su desempeño profesional futuro, los estudiantes expresaron incertidumbre al sentirse con limitaciones en habilidades profesionales y por desconocer los aspectos éticos de la profesión, los cuales parecen ser descuidados durante su formación profesional. Las autoras destacan el papel que juega la relación teoría-práctica, en donde las prácticas son el espacio en el que se materializan los conocimientos teóricos y permiten un acercamiento a la realidad social. Con respecto a la imagen social de la psicología, aunque algunos expresaron que la sociedad conoce y acepta la identidad y las funciones del psicólogo, son más los que suponen que el psicólogo es rechazado socialmente y lo atribuyen a que éste “carga” con los estereotipos que la sociedad le ha atribuido.

Enfoque teórico y metodológico de la investigación

Con base en las problemáticas planteadas, y con la finalidad de continuar con las indagaciones que hemos venido realizando con respecto a los factores que inciden en los procesos curriculares y educativos de la educación superior, tomamos como caso particular la carrera de psicología de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala-UNAM.3 La investigación partió de preguntarnos: ¿qué imagen social consideran los estudiantes de psicología que se tiene de su profesión en nuestra sociedad?, ¿qué representaciones sociales han construido sobre su identidad profesional, es decir, sobre el desarrollo actual de la psicología como profesión, de sus funciones y prácticas profesionales, y de sus potenciales espacios ocupacionales?, ¿cómo valoran su formación profesional en el cumplimento de sus expectativas sobre la profesión?

Para responder estas interrogantes coincidimos con lo que señalan Erickson y Shultz (1996): para ellos la investigación que considere la perspectiva de los estudiantes requerirá atender sus vivencias en el currículo, el significado otorgado a lo aprendido, a las experiencias sociales y afectivas que obtienen en las relaciones de enseñanza con sus maestros y compañeros, inclusive las influencias directas e indirectas de la familia y amistades en relación con la importancia de la escuela. Para el caso de estudiantes universitarios, además, importan sus creencias, aspiraciones, expectativas y los significados sobre su profesión. Éstos se conforman principalmente en sus relaciones e interacciones con otros actores educativos, de su propia relación e interpretación de los contenidos curriculares y, por supuesto, de su trayectoria biográfica y escolar.

Objetivo. El objetivo de la investigación fue analizar las representaciones que tienen estudiantes de la carrera de Psicología de la FES Iztacala de su carrera como profesión. Para ello se indagaron sus representaciones acerca de la imagen social de la psicología, de su práctica, desarrollo e identidad profesional, así como las expectativas o aspiraciones cumplidas durante su formación profesional.

La unidad de análisis. Elegimos las representaciones sociales de los estudiantes como unidad de análisis, que en el ámbito educativo cobran gran relevancia, pues a partir de ellas se develan los fenómenos que no se aprecian a simple vista, pero que afectan o influyen en los procesos de formación profesional. Como explicábamos en párrafos anteriores, si la identidad no es intrínseca al sujeto sino producto de un proceso social en tanto se desarrolla en la interacción cotidiana, entonces podemos analizarla en términos de representaciones sociales.

El concepto de representación social que adoptamos retoma los rasgos de la perspectiva individual y de la cultural que las consideran como formas de apropiación del mundo exterior y los sentidos que se le otorgan, pero que se construyen a partir de experiencias que en su mayoría son sociales y culturales, y se expresan a través de los procesos de comunicación (Moscovici et al., 1986; Coll y Miras, 1993). Lo principal es que aportan información reveladora para ajustar las acciones y prácticas educativas durante la formación profesional, con base en las necesidades de los estudiantes y de acuerdo con las condiciones institucionales y contextuales en las que opera un currículo.

Para Moscovici la representación social:

es una modalidad particular del conocimiento cuya función es la elaboración de los comportamientos y la comunicación entre los individuos […] Es un corpus organizado de conocimientos y una de las actividades psíquicas gracias a las cuales los hombres hacen tangible la realidad física y social, se integran en un grupo o en una relación cotidiana de intercambios, liberan los poderes de su imaginación (Moscovici et al., 1986: 17-18).

Las representaciones sirven como marcos de percepción e interpretación de la realidad, es decir, como “un conjunto de informaciones, creencias, opiniones y actitudes a propósito de un objeto determinado” (Abric, 2001: 19). Resultan así una estructura más comprehensiva que orienta los comportamientos y prácticas de los sujetos.

Cada individuo construye sus esquemas de representación y actuación a partir de los esquemas de interpretación y acción legitimados en su comunidad cultural. En este sentido, las representaciones simbólicas individuales son apropiaciones singulares del caudal de representación simbólica colectiva. Por ello, el problema fundamental para explicar el psiquismo individual es comprender la naturaleza de los procesos simbólicos y los fenómenos de construcción de significados, que en último término son individuales, pues al ser operacionales para cada individuo residen en su mente y cada uno construye su modo peculiar de representar la realidad y operar en ella, pero sus orígenes y consecuencias son claramente sociales (Pérez Gómez, 1998).

Su metodología. Con base en nuestro objeto de estudio, la metodología utilizada es de índole cualitativa, de corte descriptivo interpretativo, al permitirnos obtener las representaciones de los estudiantes en su contexto disciplinario y educativo, desde una perspectiva psicosocial (Erickson, 1989). La investigación cualitativa es un proceso activo, sistemático y riguroso de indagación dirigida, en la cual se toman decisiones sobre lo investigable en tanto se está en el campo de estudio (Taylor y Bogdan, 1990). Enmarca lo fenomenológico al enfatizar la descripción de un evento desde la perspectiva del participante y por conocer los significados que los individuos dan a su experiencia, se interesa por “aprehender” el proceso interpretativo por el que las personas definen su mundo y actúan en consecuencia. En otras palabras, se interesa por la forma en que el mundo es comprendido, experimentado, producido; por el contexto y por los procesos, así como por la perspectiva de los participantes: sus sentidos, significados, experiencia, conocimiento y relatos. Permite indagar las narraciones de los individuos desde el entorno donde suceden los acontecimientos tal y como se encuentran (Stake, 1998).

Los participantes. El universo de estudio lo conformaron 22 estudiantes del último semestre y algunos recién egresados de la carrera de psicología de la FES Iztacala, con la intención de que pudieran retomar su experiencia a lo largo de su formación profesional; fueron invitados a participar de forma voluntaria pero procurando que el universo estuviera conformado de ambos sexos y de los dos turnos, 18 fueron mujeres y 4 hombres; 9 del turno matutino y 13 del turno vespertino. El número de estudiantes que participó se determinó con base a la saturación o reiteración de la información que se iba obteniendo (Saltalamacchia, 1992).

Instrumento de recolección de datos. Utilizamos la entrevista semiestructurada como fuente de información, ya que entre sus principales características están su flexibilidad y dinamismo para conseguir de forma menos tensa y más casual las experiencias de los estudiantes referentes a sus vidas y a su desarrollo escolar (Taylor y Bodgan, 1990). La aplicamos de manera individual y libre, a partir de un guión de preguntas orientadoras o nucleares que nos aseguraran explorar las dimensiones básicas de interés.

El proceso de análisis. Mediante un proceso analítico-interpretativo construimos categorías teóricoanalíticas que fueron el resultado de la búsqueda de elementos comunes en todas las entrevistas, es decir, la búsqueda de relaciones entre los datos obtenidos y su relación con conceptos o categorías teóricas pertenecientes al campo de estudio sobre la formación e identidad profesional, nos permitió construir las categorías teórico-analíticas (Hammersley y Atkinson, 1994). Ello posibilitó examinar en torno a cuatro dimensiones las representaciones de los estudiantes sobre la psicología como profesión, mismas que permitieron organizar, interpretar y presentar la información: 1. Identidad social de la psicología; 2. Identidad profesional de la psicología; 3. Ejercicio profesional de la psicología y sus espacios ocupacionales, y 4. Expectativas cumplidas y no cumplidas sobre la carrera.

En el cuadro 1 se presenta un ejemplo de cómo organizamos y categorizamos la información obtenida.

Cuadro 1.

Categorización de las representaciones de los estudiantes de la carrera de psicología Iztacala sobre la identidad social de la psicología (ejemplo)

1. ¿Qué imagen supones se tiene de la psicología en nuestra sociedad?
Código  Categoría social  Categoría analítica  Categoría teórica  Observaciones 
E5AFV  “Primero que estamos locos y luego, que no servimos para nada [risas] Pero no sirven para nada, ¿verdad? Nada más son como que el amigo con el que te vas a tomar cafecito [risas] bueno, esa es la imagen que me han dado […] Ay, has de estar bien loca te metes ahí para solucionar tus problemas” (p. 20).  Rasgos personales del psicólogoEstatus socialNecesidades personales del psicólogo  Imagen social estereotipadaSin reconocimiento socialSin reconocimiento social  Profesión desprestigiada 

Utilizamos un cuadro igual para cada una de las preguntas planteadas a los 22 estudiantes. El cuadro está dividido en cinco columnas; en la primera columna registramos las claves de cada una de las entrevistas. En la segunda, transcribimos los discursos textuales de los estudiantes que consideramos más representativos de sus respuestas (categorías sociales). En la tercera y cuarta columnas, anotamos las categorías analíticas y teóricas respectivamente, construidas mediante una búsqueda constante de relaciones entre las categorías sociales con los referentes o categorías teóricas o conceptuales más pertinentes, la quinta columna sirvió para hacer observaciones y precisiones sobre las categorías construidas. Este procedimiento nos permitió identificar las formas tanto semejantes como disímiles de representación y agruparlas en bloques.

Resultados

Presentamos los resultados en las cuatro dimensiones obtenidas; por cuestiones de espacio recuperamos sólo algunos de los discursos más representativos de los estudiantes que sustentan las interpretaciones elaboradas y ejemplifican los rasgos más distintivos de las categorías teórico analíticas construidas.

Imagen social de la psicología

Como decíamos líneas arriba y recuperando a Elliot (1975), las formas de representación y significación que los especialistas de una profesión tienen sobre su imagen social constituye uno de los referentes importantes para mirar y comprender su propia cultura e identidad profesional. En este sentido, preguntamos a los estudiantes: ¿qué imagen social supones que se tiene de la psicología o del psicólogo en nuestra sociedad?

Aun cuando encontramos diversas formas de representar la imagen social que para los estudiantes tiene la psicología, las agrupamos en dos tendencias principales:

Los estereotipos de la psicología

La mayoría de los estudiantes piensa que el psicólogo carga con los estereotipos4 que la sociedad le ha asignado, que van desde el rechazo hasta la desvalorización de sus funciones, por lo que consideran que existe todavía una imagen social pobre y distorsionada de la psicología. Referimos a continuación los estereotipos que los estudiantes identificaron como los más usados por la sociedad:

La psicología es para “locos”. De manera consistente, los estudiantes consideran que la sociedad piensa que el psicólogo solo trata con personas que están perturbadas debido al desconocimiento social de su práctica profesional. Un ejemplo de esta representación es el siguiente testimonio de un estudiante:

yo creo que la gente debería considerar mas al psicólogo, porque luego por ejemplo piensan que el psicólogo es para locos, ¿no? y dicen ay, yo no voy al psicólogo, ¿para qué?, ¡si no estoy loco!, y por ejemplo, en las escuelas no asisten los niños porque sus papás dicen “no, mi hijo no está loco” (E3TMV, p. 20).

Psicología = psicoanálisis. Otros señalan que al enterarse las personas que hay un psicólogo inmediatamente lo relacionan con un psicoanalista, principalmente por la influencia de los medios de comunicación; por ejemplo, el siguiente testimonio de un estudiante es muy elocuente al respecto:

pero últimamente se ha ido aceptando un poco más al psicólogo, ya se oye mas por ejemplo en la televisión que es la más vista, en los medios de comunicación, se oye que “fulanito de tal va con su terapeuta”, ¿no?, pero casi todos son psicoanalistas, entonces creen que no hay más que psicoanalistas, entonces como que todavía está rodeado de trabas, de prejuicios (E4TFMV, p.18).

La psicología es “magia”. Para otros estudiantes es común que las personas le asignen al psicólogo poderes mágicos, con capacidad de “adivinar” lo que las personas son y hacen. Un ejemplo representativo de este estereotipo es el siguiente relato de una estudiante:

creen que cuando eres psicólogo, o sea nada más con verlos, es como si los escanearas, con rayos X o algo así, ¿no?, que sabes toda su vida, cómo se comporta, obviamente mala información (E1TFM, p.11).

Observamos que para los estudiantes existe una falta de legitimidad social de la psicología en el contexto mexicano al atribuirle una serie de roles sociales estereotipados y reduccionistas, que reflejan ser tipificaciones en las que existe un desconocimiento social de sus prácticas profesionales y de sus diferentes ámbitos de inserción, por lo que no se alude a un “deber ser o hacer” de la profesión, sino más bien, se distorsionan y desorientan sus verdaderos saberes y prácticas profesionales.

Como advierte Moscovici (1986), las representaciones alcanzan diversos grados de elaboración, figurativos o conceptuales, cuyas fuentes principales o lugares de determinación social son la experiencia vivida, los matices culturales y las ideologías, que como discursos circundantes dependen de la época y del lugar. Las ideas o creencias que la sociedad tiene acerca de la psicología están en función del lugar en que se desenvuelven las personas, de la información recibida, de sus experiencias, etcétera, que influyen en las imágenes que tienen para construir su realidad.

La psicología según el capital cultural, social y económico de las personas

Para muchos estudiantes la imagen que tiene la sociedad acerca de la psicología varía de un contexto o estatus social a otro, pues de la posición social y económica que tengan las personas dependerá lo que conozcan de las funciones que realiza un psicólogo, así como también de las imágenes que se hayan formado sobre el mismo. Sin embargo, hay matices diferentes en sus representaciones:

La psicología como una profesión de lujo, no prioritaria. Algunos consideran que el mayor problema al que se enfrenta la psicología es que no se le ha considerado como una profesión importante ni prioritaria, sino más bien como un lujo que no todos pueden sufragar, o al que tienen acceso sólo aquellos cuyo capital cultural les permite apreciarla. El testimonio de una estudiante es muy significativo en este sentido:

Si suponemos que estamos en uno de los barrios más pobres de la ciudad de México: uno, no pueden pagar un psicólogo donde ni siquiera saben para que son realmente los psicólogos y entonces eso nos cierra muchas puertas; y todavía aquí en México no es así como que muy usual ir al psicólogo como ir al médico, si aún así al médico prefieren no ir porque ¡ay! ¡no!, el matasanos y todo eso, entonces ir al psicólogo esta así como que cañón (E5TFMV, p. 20).

La psicología como una profesión desconocida o desprestigiada. Otros señalan que el principal problema de la psicología radica en que hay un gran desconocimiento por parte de la sociedad acerca de sus funciones y los ámbitos laborales donde puede insertarse, o bien, desvalorizan su actuación al compararla con profesiones con mayor estatus o prestigio social; representaciones que se ilustran muy bien en el siguiente relato de una estudiante:

Pues yo creo que ahí es donde nos enfrentamos al mayor problema, cuando sales y la gente tiene mala información de lo que es realmente nuestro trabajo, como que no le dan el valor que deberían, bueno, debido a la mala información y todo eso, porque por ejemplo ir al médico es indispensable en determinado momento, pero ir al psicó-logo, yo creo que es lo último en lo que la gente piensa ¿no?, por lo mismo de que no sabe que es lo que realmente hacemos (E7TFV, p. 14).

La psicología como una profesión light. De forma muy relacionada con las representaciones anteriores, para otros estudiantes el problema de la psicología radica en que no sólo es su desconocimiento social o los estereotipos que se le asignan, sino que además es concebida como una profesión que no requiere mayor preparación, cuya actuación profesional no conlleva mayor impacto. Recuperamos dos testimonios muy ilustrativos en este sentido:

Yo creo que muy dividida ¿no? hay gente que de plano cree que no servimos para nada, que no somos indispensables, que es una carrera como rapidita, ¿no?, e incluso creen que la psicología es para los locos porque pues así también me lo han dicho, ¿no?, creo que la gente está como muy enfocada a que lo que nosotros hacemos es psicoanálisis (E6TFM, p.12)

Primero que estamos locos y luego, que no servimos para nada, “¿pero no sirven para nada verdad?”, nada más son como que el amigo con el que te vas a tomar cafecito, bueno, esa es la imagen que me han dado (E8AFV, p.20).

Para estos estudiantes la relevancia social de la psicología depende de la percepción y apreciación que las personas tengan de sus prácticas profesionales, y reconocerlas, legitimarlas o valorarlas dependerá, por un lado, del “estrato” o el “sector” al que pertenezcan, ya que, como señala Bourdieu (1998), su habitus o capital cultural, social o económico las coloca en el espacio en el que los bienes y servicios de la psicología están disponibles y contienen las prácticas sociales de las personas que ocupan una posición homóloga en ese espacio social; por otro lado, dependerá del sentido común o del “saber práctico”, obtenido generalmente por los medios de comunicación, que desplazan el saber profesional del psicólogo, lo desvalorizan generalmente a partir de estereotipos o tipificaciones sociales y por no poseer los esquemas de clasificación necesarios para comprender su sentido social.

Identidad profesional de la psicología

Si concebimos, al igual que Elliot (1975), que la identidad profesional es la imagen que el individuo tiene de sí mismo en el desarrollo de la profesión, las concepciones o representaciones que los estudiantes tienen sobre su identidad profesional, del mismo modo que sobre su imagen social, se construyen, reconstruyen o resignifican como resultado de sus experiencias en los contextos de su formación profesional; por lo que también les preguntamos: ¿qué piensas sobre el desarrollo actual de la psicología como profesión?, y aunque también encontramos diversidad de representaciones entre los estudiantes, la mayor parte tiene una representación muy positiva de su desarrollo:

La psicología con autoridad profesional

Para la mayoría de los estudiantes la psicología tiene un amplio desarrollo profesional. Recuperamos algunos de los discursos más elocuentes:

Bueno, creo que está creciendo, se está desarrollando más ampliamente, se le está dando más participación al psicólogo en todos los ámbitos (E2MFV, p. 12).

Expresan optimismo por considerarla una profesión que incide en todo tipo de escenarios:

Es una profesión que cabe en todos lados en tanto que estudiamos el comportamiento del individuo, en lo individual, entonces donde quiera hay individuos, donde quiera cabemos […] (E10AMM, p. 7).

Inclusive por su necesaria intervención en éstos, hay quien opina que el psicólogo debería ser uno de los profesionistas mejor remunerados:

[…] yo creo que debería ser como uno de los profesionistas mejor pagados no sólo porque yo también sea psicóloga, sino porque es necesario un psicólogo, no solamente en las escuelas, en las empresas, en el deporte, en todos los ámbitos (E1AFM, p. 16).

Al parecer, el objeto de estudio de la psicología y su potencial para intervenir en todo tipo de escenarios les ha permitido construir y atribuirle un significado muy positivo e identificarse con su quehacer profesional, aunque lo perciban difícil y no del todo redituable:

[…] lo veo como algo fascinante y como algo que quiero hacer, no me va a hacer millonaria y no es mi sueño, lo veo como algo fascinante, pero muy difícil (E6MFV, p. 16).

La psicología sin reconocimiento social como profesión

No obstante, para algunos estudiantes la psicología no ha alcanzado la autoridad profesional que le corresponde como profesión, aunque lo atribuyen a diferentes circunstancias objetivas.

Por ejemplo, un estudiante argumenta que el psicólogo no tiene un pleno reconocimiento por la cultura que prevalece en nuestra sociedad, lo que conduce a que no existan muchas oportunidades para su ejercicio profesional:

Yo creo que sí ayuda la profesión y sí es buena, o sea sí te puedes desarrollar en muchos ámbitos, el problema es que no siempre te dan la oportunidad por la cultura que tenemos en México (E9AMV, p. 9).

Para otros, la falta de reconocimiento social de la psicología como profesión parece derivarse principalmente del “desplazamiento” que sienten de sus espacios ocupacionales que les corresponden, derivado principalmente de los estereotipos que suponen se le asignan, sin los cuales tendrían la autoridad profesional que les corresponde. Recuperamos el relato de una estudiante quien visualiza el ejercicio profesional del psicólogo como crítico:

Bueno pues que sí está muy difícil la vida para el psicólogo, está critico el asunto […] porque mira, tienes que competir con muchos profesionistas acá afuera; primero con los profesionistas, aparte la imagen que las personas tienen del psicólogo: “es el loquero y nada más van las personas que están locas”, es a lo que te enfrentas, que esas creencias ya vienen desde antes, ¿no?, y se supondría que deberían ir cambiando, ¿no?, modificándose y hacerse otra idea del psicólogo, como profesionista, pero no, sigue igual y es muy deprimente la verdad […] (E8TFM, p. 10).

También hay quien señala que el reconocimiento profesional de la psicología es muy limitado por su asociación exclusiva con el ámbito clínico: “La psicología es demasiado clínica, ¿no?” (E2TMV, p. 3).

O bien que el problema tiene que ver con la forma en que el psicólogo se relaciona con otros profesionistas, con quienes adopta una actitud de superioridad. Un estudiante argumenta al respecto:

Nosotros somos creídos, como que vemos a los demás por debajo del hombro, y me ha tocado verlo en cursos que nos imparte el DIFEM, en los que van muchos tipos de profesionistas, y sí nos ven así, ¿no? (E7MMV, p. 18).

Todavía hay quien opina que la psicología es una ciencia nueva, y sus propios agremiados no terminan por asumirla como profesión, lo que la lleva a su escasa difusión:

Para mí, la psicología en sí, sigue siendo como una ciencia nueva […] se tiene que ganar su lugar como ciencia, porque aunque lo es, necesita que quienes la llevan a cabo, tienen que creérsela que es una ciencia para que los demás lo crean (E1MFM, p. 12).

Una estudiante más señala que es la propia desorientación y desconocimiento del psicólogo lo que ocasiona la falta de identidad profesional de la psicología, que al mismo tiempo parece derivarse de la desorientación y desconocimiento que perciben de sus profesores:

[…] yo creo que también esto se ha dado porque el psicólogo luego no tiene bien definido qué es lo que tiene que hacer como psicólogo, qué es lo que le corresponde como psicólogo. Yo creo también que eso viene desde que estabas en la carrera, ¿no?, porque yo creo que incluso hay varios maestros que no tienen bien definido qué es lo que les corresponde hacer como psicólogos (E11TFM, p. 8).

Vemos cómo para algunos estudiantes el significado cultural y social que se tiene de la psicología como profesión depende de cómo se realice su práctica profesional y el valor que se le asigne, por tanto los estudiantes solo se concebirán como psicólogos a partir de logros reales y con base en los significados que estos logros tengan en el contexto cultural en el que se desenvuelven (Harrsch, 1998); de aquí la relevancia de sus testimonios, por el significado que representan para la formación profesional de los psicólogos.

En tal sentido, también fue importante preguntarles cómo se visualizaban en el ejercicio de la profesión en un futuro inmediato.

El psicólogo como terapeuta. La mayoría reportaron querer dedicarse a la psicología clínica, ya sea en instituciones públicas o ejercerla de forma independiente en un consultorio propio. Los siguientes relatos resumen lo que argumentan también otros estudiantes:

Pretendo dedicarme a la clínica, esperemos que vaya evolucionando esta idea que tiene de la psicología nuestra sociedad y pues sí que tengamos más apertura como psicólogos para poder tener trabajo (E5TFM, p. 22).

Tengo muchos proyectos, o sea te digo quiero estar en alguna institución del seguro o en una institución pública donde pueda ofrecer los servicios como tal, quiero tener un consultorio fuera y quiero realizar ciertas cosas enfocadas pues a atender al público en general (E13TFM, p. 17).

En menor grado, encontramos estudiantes que se inclinan por la psicología educativa, la educación especial, la psicología infantil, o por la psicología organizacional.

Confianza en la versatilidad del psicólogo. Sin embargo son varios los estudiantes que tienen previsto dedicarse a más de uno de los ámbitos en los que se inserta el psicólogo, confían en sus propios recursos personales para ejercer la profesión. Recuperamos solo uno de estos testimonios que refleja el entusiasmo de varios estudiantes:

Pues mira, hablando de mis planes personales, me visualizo ejerciendo y realmente yo soy una persona que quisiera inmiscuirme en casi todas las áreas de la psicología ¿no?, dando terapias en cursos, en escuelas, en el deporte, en la industria, o sea, en todo, menos en educación especial, porque no me siento capaz, como soy muy movida y dinámica me cuesta mucho trabajo estar con alguien que requiere de mucho tiempo y paciencia (E3MFV, p.12).

Incertidumbre en las propias habilidades profesionales. Pero no todos perciben su futuro profesional con el mismo optimismo, algunos expresan su preocupación por comprobar si su formación profesional les proporcionó los conocimientos y habilidades profesionales necesarios para desempeñarse eficientemente en el campo laboral. El siguiente testimonio expresa lo que algunos piensan sobre su formación profesional:

No sé, yo puedo regresar al inicio de esta entrevista, cuando hablaba de que no se habla de una claridad en las herramientas de aplicación allá afuera, casos muy concretos, a veces no se lleva, porque eso me costó mucho trabajo. Llega un momento en que a la hora de estar haciendo un trabajo, me pregunto: ¿estoy haciendo bien las cosas, qué o cómo van, qué más puedo hacer? Sin embargo, me visualizo con un compromiso para mi persona y para con el que está en frente (E7MMV, p. 6).

Si bien apreciamos que los estudiantes, en general, tienen confianza en su futuro profesional y reconocen el desarrollo de la psicología como profesión así como su potencial para intervenir con autoridad en varios ámbitos de su injerencia, también es cierto que su desempeño futuro lo atribuyen más a sus recursos o rasgos personales —compromiso, dinamismo, paciencia, satisfacción personal, etcétera— sin que contemplen las oportunidades o demandas sociales y ocupacionales reales de la profesión, o el grado de especialización requerido en éstas, o las condiciones del mercado laboral actual del país; esto lo confirman al hablar sobre sus espacios laborales, como veremos enseguida.

Ejercicio profesional de la psicología y sus espacios ocupacionales

El estatus social o autoridad profesional que se le confiere a una profesión dependerá del tipo de prácticas desarrolladas o que se van instaurando en determinados ámbitos, a través de un proceso constante y paulatino por el cual va adquiriendo importancia o relevancia social (Bourdieu, 1988).

En tal sentido, se interrogó a los estudiantes sobre las opciones de trabajo que pensaban tenía el psicólogo en el mercado de trabajo, o para qué funciones suponían que se le contrataba.

La mayoría identificó la diversidad de saberes y funciones o prácticas que el psicólogo despliega en el mercado de trabajo así como algunos de los ámbitos donde puede insertarse, un ejemplo es el siguiente relato de una estudiante:

En orientación, puede estar en una empresa, de selección de personal, diseño de currículos escolares, en guarderías, en diseños de programas; un psicólogo social encargado de los fenómenos sociales, no sé, también por ejemplo en cuestión de capacitación, en adiestramiento, de alguna manera puede entrarle ahí a las empresas, en capacitación y desarrollo de habilidades en empresas, en lo educativo, como puede dar orientación, puede asesorar a maestros (E1AFM, pp. 2-3).

Sin embargo, ninguno rescató todos sus es- pacios ni todas sus prácticas, que tanto en su ejercicio profesional como en la literatura se señalan al respecto.

Algunos estudiantes identificaron varias de las funciones que desempeña el psicólogo en un mismo ámbito profesional, lo que Valle (1997) define como la movilidad ocupacional. El siguiente argumento es una muestra:

[…] por ejemplo en organizacional no solamente es el que contrata a la gente, sino que los capacita, los selecciona, hace diferentes tipos de pruebas, y no solamente es estar evaluando y dar pruebas, sino buscar a la persona idónea, estar teniendo seguimiento del factor humano, y en la educacional, sí estar ahí y estar viendo, observando cómo son los estudiantes, que problemas tienen, para que ellos vayan involucrando también a los padres de familia, para los talleres, y en el hospital, bueno lo que hacemos es estar en cuestión multi-disciplinaria (E2AMV, pp. 35-36).

De manera recurrente los ámbitos de acción mencionados por los estudiantes en los que se puede insertar el psicólogo son la psicología clínica, organizacional, educativa y social, que son los espacios más tradicionales de su injerencia. Sin embargo, hay quien considera que realmente no son muchas las opciones que el psicólogo tiene para trabajar e identifica sólo el ámbito organizacional como el único espacio de trabajo que ofrece reales alternativas ocupacionales para el psicólogo:

No son así muchas, muchas, no son, porque en realidad donde hay muchas opciones de trabajo son en psicología organizacional, lo que tiene que ver con la industria, ésas son las opciones de trabajo, ya en cuanto al campo clínico es un poco más restringido (E12TFM, p. 5).

Sólo de manera excepcional, dos estudiantes, además de identificar las áreas tradicionales de la psicología, mencionaron algunos de sus campos emergentes o de reciente constitución:

[…] hasta en el forense, criminología, depende de la especialidad que tengas y hacia dónde te quieras dirigir, pero yo creo que en todas partes se necesita un psicólogo (E20AFV, p. 10).

Observamos que, si bien los estudiantes tienen una idea general de los saberes, funciones, actividades y ámbitos más tradicionales de la psicología, éstos no son exhaustivos ni comprehensivos; es decir, no conocen todos sus espacios ocupacionales, ni tienen una comprensión holística de la psicología como profesión.

Expectativas cumplidas y no cumplidas sobre la profesión

Las condiciones del contexto escolar en el que se elige un proyecto profesional pueden contener imágenes de actores y contenidos que dan sentido a una elección, pero también pueden llegar a ser divergentes o discrepantes con las aspiraciones de realización de esa elección. Por ello, en el proceso de construcción de una identidad profesional podrá haber desencantos y desilusiones, que se generan por el contraste entre lo representado y significado en un contexto y tiempo determinados con las contradicciones e incompatibilidades que se expresan en el presente, como condiciones objetivas que se significan como “decepción” o “desengaño” que pueden llevar a los sujetos a experimentar incertidumbre sobre su proyecto profesional.

Estas diferencias tienden a representarse en forma de contraposiciones que se reflejan directamente en el lenguaje y en el sistema simbólico propio del grupo o de los individuos inmersos en él. De aquí que consideramos importante preguntarle a los estudiantes si se habían cumplido sus expectativas sobre la profesión al ingresar a la carrera. En términos generales, encontramos apreciaciones contrastantes.

Expectativas cumplidas. Para un grupo de estudiantes las experiencias tenidas en la carrera se acercaron en gran medida a lo que esperaban. Algunos reportan que fueron los contenidos cursados durante su formación profesional y las prácticas de enseñanza vividas las que les permitieron cumplir con sus expectativas, como se aprecia en el siguiente discurso de un estudiante:

Sí se cumplieron, porque yo supe que iba ser de leer muchísimo, iba a encontrar casos con los que yo nunca había tenido ninguna relación, que nunca había escuchado, que a lo mejor no estaba acostumbrado, no había observado, pero considero que siempre tienes que tener un criterio muy amplio (E2AMV, p. 6).

Para otros, la carrera les proporcionó los conocimientos que habían imaginado, pero a la vez representó el espacio en el que descubrieron otros que les permitió tener una visión más amplia de la psicología:

Mi expectativa continúa en lo que es orientación, en psicología educativa en secundaria, de hecho mi tesis la estoy haciendo sobre el trabajo del psicólogo con adolescentes de secundaria, y en cuanto, por ejemplo, a la industria yo no tenía ninguna expectativa, solo sabía que ahí podía trabajar un psicólogo, pero sólo eso, y ahorita, ya con los estudios, me llama la atención, de hecho también estoy un poquito trabajando por ahí (E21AFM, p. 3).

Para algunos, si bien señalan que no encontraron en la carrera exactamente lo que buscaban, ésta les permitió ampliar su visión sobre la actuación profesional del psicólogo, redimensionar sus contenidos, o inclusive encontrar su significado al entrar en contacto con los problemas reales. Presentamos uno de los argumentos al respecto:

Yo creo que sí, pero sales con otra idea diferente de la que entraste, o sea, como un maestro nos mencionaba “no son altruistas, por tanto no vinieron a ayudar a esas personas”, yo creo que sí tiene razón en eso, sí vienes a ganar dinero, o sea, sí era lo que quería. En segunda, yo creo que para entender a la gente en ese aspecto no se cumplió, porque no vas a poder vender la idea completamente a todos, y yo creo que más bien como que el pensamiento cambio, más que se haya cumplido (E15AFV, p. 11).

En otros casos, aunque la carrera les dio las bases, fue necesario completar su formación de propia cuenta, es decir, requirió de un esfuerzo personal extraescolar o de la propia experiencia laboral para ver cumplidas sus expectativas:

Pero así realmente satisfecha no, porque muchas cosas las tuve que buscar por mi lado ¿no?, no porque sea malo pero se supone que te lo están dando, y no. O sea, tienes que estar indagando por otros lados. Ahorita ya puedo decir que si se cumplieron mis expectativas, pero porque yo hice más cosas fuera de la carrera, no me quedé con la carrera solamente, que me sirvió de mucho sí, que es una gran fase sí, […] pero ya cuando empecé a hacer lo que me gusta pues ya me di cuenta que sí funciona, que sí me gusta, que sí es lo que quería (E18TFMV, p. 18).

Expectativas no cumplidas. Sin embargo, otro grupo significativo de estudiantes no vieron cubiertas sus expectativas durante la carrera, inclusive para varios resultó decepcionante. Algunos no encontraron el nivel de exigencia que supone cursar estudios universitarios, esperaban un nivel más alto de compromiso, mayor interés, motivación y preparación de los maestros, sirva de ejemplo el discurso de uno de estos estudiantes:

No, no, yo creo que no, yo cuando entré a Iztacala sí fue muy decepcionante para mí. Porque yo concebía a la psicología, no sé cómo decirlo, pues creía que los psicólogos éramos mejores, y pues sí me decepciona mucho porque pues no se nos prepara bien. Hay características que compartimos mucho, y están orientadas hacia ser mediocres, en muchos casos, y sí fue decepcionante para mí ver eso, también obviamente está el otro lado de que hay personas buenas que le echan muchas ganas, pero desde las clases la apatía que existe, el escaso interés y también hay algunos profesores que la verdad sí dejan mucho que desear, sí fue un poco decepcionante (E4AFM, pp. 20-21).

Para otros, su decepción se debe a la falta de una metodología y sistematización que supone una formación profesional. El siguiente argumento es muy explícito en este sentido:

Yo esperaba que hubiera un orden en las materias, no sé, que nos enfocáramos solamente en la metodología, por ejemplo, que digan nos vamos a enfocar en lo que es la aplicación de instrumentos ¿no?, nos vamos a enfocar en cómo recapitular información de antecedentes históricos, ¿no? (E3TMV, p. 3).

Conviene recordar aquí que entre los objetivos más importantes de un curriculum universitario se encuentran aquellos que tienen que ver con las competencias profesionales con las que deben contar sus egresados, es decir, el profesional universitario se define y se realiza en la práctica de un conjunto de saberes que se le conceden como pertenecientes. Esta práctica se concreta generalmente en instituciones demandantes de servicios profesionales, por lo que el egresado universitario se puede encontrar frente a peticiones muy específicas, circunscritas incluso de manera normativa a puestos de trabajo (Gómez, 1983). Por ello, todo estudiante y egresado de una licenciatura tendría que representar la formación profesional por la que ha transitado como aquella que le proporcionó certidumbre para un desempeño profesional competente; pero si esta formación no alcanza articular la teoría con la práctica, el conocimiento disciplinario con el conocimiento o habilidades profesionales, el saber teórico con el saber práctico, el estudiante se sentirá desorientado, sin rumbo y, por supuesto, con una identidad profesional incierta, difusa e imprecisa, justo con la que buscará y se presentará a solicitar empleo y con la que intentará dar respuesta a las demandas profesionales que se le requieran.

Recordemos que la identidad profesional se va construyendo en la interacción que tienen los sujetos con “los otros” y con los “datos o contenidos” que socialmente se les presentan y sólo algunos de ellos los seleccionan, jerarquizan y codifican para marcar simbólicamente sus fronteras en el proceso de diferenciación con ellos. Como advierte Giménez (1996), la identidad también implica un proceso de hetero-identificación que se desarrolla en la interacción cotidiana, en donde “el proceso de autoidentificación consiste fundamentalmente en un proceso de toma de conciencia de las diferencias” (pp. 14-15).

Conclusiones

Las representaciones que los estudiantes nos develan en esta investigación cobran particular significado en un contexto académico como el de la carrera de Psicología en Iztacala, cuyas prescripciones curriculares formales rebasan los 35 años de su implantación y con ello una distancia profunda entre su perfil profesional de egreso y las demandas sociales y ocupacionales que los actuales escenarios globales de la economía y el empleo exigen.

Al mismo tiempo, la indeterminación social e imprecisión profesional con la que la mayoría de los estudiantes representan a la psicología, que impide reconozcan la indudable legitimidad que la psicología tiene en el mundo contemporáneo, podrían también derivarse de sus experiencias durante su formación profesional, en tanto sus académicos se han profesionalizado en la docencia pero se han desvinculado de sus servicios profesionales, es decir, son más expertos en el campo disciplinar de la psicología que en su campo profesional, al privilegiar el conocimiento teórico y científico de la psicología y descuidar el acercamiento y la comprensión de los saberes especializados que se requieren para insertarse en los diferentes espacios de su injerencia profesional, condiciones analizadas en una investigación realizada en el mismo contexto curricular por Covarrubias (2009).

Con todo, los estudiantes en general perciben positivamente el desarrollo profesional de la psicología dado su objeto de estudio, desarrollo científico y naturaleza comprehensiva e interdisciplinaria. Si bien los estudiantes aún no han tenido experiencia propiamente en el ejercicio de la profesión, sus apreciaciones entusiastas sobre el mismo podrían estar sustentadas en la búsqueda de empleo que inician en diferentes espacios laborales y han podido percatarse de lo que ofrece el mercado de trabajo al psicólogo.

Recordemos que la enseñanza universitaria es principalmente para la formación y especialización de un “saber profesional”, que implica desde luego el conocimiento disciplinar y aplicación de la tecnología derivada de la investigación, pero no constituye la naturaleza propia y exclusiva de la enseñanza universitaria, al menos a nivel licenciatura.

Como señalábamos, cuando la formación profesional no alcanza a vincular los conocimientos científicos de la disciplina con las demandas sociales y laborales, ésta se pone en entredicho al considerarla descontextualizada de su ejercicio profesional.

Los saberes especializados, prácticas y funciones de las que hacen referencia los estudiantes, son una serie de valoraciones en cuanto a las condiciones de trabajo y actividades ocupacionales que se realizan, todas ellas relacionadas a un “hacer profesional” por el cual se obtiene un prestigio o un estatus social (Bourdieu, 1998). En tal sentido, los procesos y espacios de socialización en el contexto educativo son fundamentales para la construcción de una identidad profesional ligada a una realidad social y ocupacional mexicana, por lo que la actualización oportuna de los planes de estudios y la generación de espacios de formación y actualización docente se hacen imprescindibles, en tanto permiten, en el caso de los planes de estudio, formar profesionistas con las competencias requeridas en los espacios de trabajo de acuerdo con las necesidades actuales y reconfiguraciones del mercado de trabajo, y en el caso de los docentes, contrarrestar sus condiciones de trabajo académico que los distancia de los quehaceres relacionados a la psicología como profesión.

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Para una revisión del desarrollo de la psicología y sus diferentes áreas de intervención, véase C. Harrsch, 1998.

Desde esta perspectiva, analizamos el campo profesional a partir de un enfoque diferente a los tradicionalmente conocidos como funcionalista o estructural funcionalista que desde la sociología de la educación se han realizado sobre las profesiones. Éstos priorizan su análisis a partir de la relación educación-empleo (vinculación entre universidad y sector productivo), en los que la naturaleza del mundo profesional se explica en función de un sistema social de división del trabajo, con base en el desarrollo industrial de las sociedades contemporáneas, o enfatizan la “racionalidad” económica de la educación, donde las profesiones se constituyen bajo la lógica de un mercado ocupacional al que acceden los profesionales de mayor prestigio y ocupan las posiciones más prestigiadas. Estos estudios dejan de lado las condiciones contextuales que posibilitan una comprensión más cercana a la dinámica de desarrollo de una profesión (Pacheco, 1997).

Los fundamentos y datos empíricos presentados se derivan del proyecto de investigación “Implicación de las representaciones de profesores y estudiantes para el mejoramiento de las prácticas educativas”. Este proyecto ha sido posible gracias al financiamiento brindado por PAPIME (PE304510), cuyo propósito es investigar las formas en que profesores y estudiantes conciben, representan y dan sentido a su formación educativa y a sus resultados en el aprendizaje. Sus representaciones constituyen información básica para el planteamiento de propuestas de tareas formativas que mejoren los procesos de enseñanza que promuevan aprendizajes significativos. Algunos de los datos aquí expuestos fueron presentados en el XI Congreso Nacional de Investigación Educativa del comie, UNAM, México, noviembre de 2011.

Estereotipo es un concepto que designa, en sentido amplio, el conjunto de las categorías dentro de las cuales situamos a los demás. Es un molde rígido conceptual que se aplica de modo uniforme a todos los individuos de un grupo o una sociedad, desconociendo sus matices o divergencias (véase en Enciclopedia Hispánica, 1992-1993: 351).

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