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Vol. 5. Núm. 13.
Páginas 143-156 (Enero 2014)
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Vol. 5. Núm. 13.
Páginas 143-156 (Enero 2014)
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Filosofía y praxis educativa según Adolfo Sánchez Vázquez
Filosofia e práxis educativa segundo Adolfo Sánchez Vázquez
Educational philosophy and praxis according to Adolfo Sánchez Vazquez
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Samuel Arriarán-Cuéllar
Mexicano. Doctor en Filosofía por la UNAM. Profesor titular c de tiempo completo de la Universidad Pedagógica Nacional, coordinador de línea de doctorado Hermenéutica y educación multicultural. Investigador Nacional. Fue profesor adjunto del doctor Adolfo Sánchez Vázquez (de 1985 a 2005) y miembro del Consejo Directivo de la Asociación Filosófica de México. Temas de investigación: filosofía de la educación, educación multicultural.
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Resumen

En este artículo se intenta analizar y valorar la concepción pedagógica de Adolfo Sánchez Vázquez como filosofía y praxis de la educación. Primero se revisa el origen de su concepto de praxis educativa, concepto que deriva de Marx. Luego se ejemplifica la aplicación de este concepto en algunos procesos sociales como el movimiento estudiantil de 1968 y la reforma de la educación superior en México. También se explica el modo en que Sánchez Vázquez realizaba sus cursos y seminarios, en los que transmitía su teoría pedagógica directamente en la investigación y en la práctica docente. Finalmente, para valorar su teoría pedagógica, se hace una descripción de su experiencia durante la guerra, la posguerra y el exilio en México. Con base en esta descripción, se intenta extraer conclusiones sobre la vigencia de aspectos particulares de la concepción pedagógica de Sánchez Vázquez, ¿cómo se relaciona su concepción de la praxis educativa con su conceptualización política y filosófica?

Key words:
educational theory
philosophy of education
student movements
Mexico
higher education
Marxism and socialism
Palavras chave:
teoria pedagógica
filosofia da educação
movimento estudantil
México
ensino superior
marxismo e socialismo
Palabras clave:
teoría pedagógica
filosofía de la educación
movimiento estudiantil
México
educación superior
marxismo y socialismo
Resumo

Neste artigo tenta-se analisar e valorar a concepção pedagógica de Adolfo Sánchez Vázquez como filosofia e práxis da educação. Primeiro, se faz uma revisão da origem do conceito de práxis educativa, conceito que deriva de Marx. Depois, a aplicação desse conceito é exemplificada em alguns processos sociais como o movimento estudantil de 1968 e a reforma do ensino superior no México. Também, explica-se o modo em que Sánchez Vázquez levava a cabo cursos e seminários, nos que transmitia sua teoria pedagógica diretamente na pesquisa e na prática docente. Finalmente, para valorar sua teoria pedagógica, se faz uma descrição da sua experiência durante a guerra, a pós-guerra e o exílio no México. Com base nessa descrição, tenta-se extrair soluções sobre a vigência de aspectos particulares da concepção pedagógica de Sánchez Vázquez. Como é que sua concepção da práxis educativa se relaciona com sua conceptualização política e filosófica?

Abstract

In this paper I try to analyze and assess the educational concept of Adolfo Sánchez Vazquez as an educational philosophy and praxis. First, I review the origin of “educational praxis” concept, a concept that derives from Marx. Then I give examples of the way this concept is applied in some social processes, such as the 1968 student movement and the higher education reform in Mexico. An explanation is given regarding the methods used by Sánchez Vazquez to teach his courses and seminars, where he translated his educational theory directly in research and in his teaching practice. Finally, I describe Sánchez Vazquez’ experience during the war, postwar and exile in Mexico in order to asses his educational theory. Then, based on this description, I attempt to reach conclusions about the validity of specific aspects of Sanchez Vasquez’s educational concepts: how is his concept of educational praxis related to his political and philosophical conceptualization?

Texto completo
El origen del concepto de praxis educativa

¿En qué consiste la teoría pedagógica de Sánchez Vázquez? Hay que entender primero su concepción de la praxis educativa.1 Esta concepción se deduce de la tesis iii de Marx sobre Feuerbach. El conocimiento adquirido por el individuo de la sociedad es un entendimiento condicionado. Aquí el educador determina, pero la praxis implica replantear la educación. Esto significa que el educador no sólo educa sino que también debe ser educado. Ello implica no reducir la praxis a un problema gnoseológico o a una cuestión puramente especulativa. El ser humano no es algo pasivo. Para Sánchez Vázquez la transformación no implica una vía simplemente teoricista.2 Se trata de conectar con aquello que Gramsci denominaba una lucha por la hegemonía cultural, es decir, por el control de los aparatos ideológicos del Estado. ¿Y por qué la praxis educativa equivale a una práctica revolucionaria? Porque la pedagogía tiene una dimensión ideológica. Hay dominación de clase como dominación educativa y cultural. Esto quiere decir que no podemos comprender la pedagogía en abstracto sino siempre en relación con las condiciones económicas y políticas de la sociedad en que vivimos. Si se trata de desarrollar una nueva pedagogía, hay que ver sus relaciones con la clase política y los intelectuales. El papel de la escuela no se reduce a la simple reproducción de la ideología dominante. Para Sánchez Vázquez, los maestros, investigadores y estudiantes constituyen un grupo ligado a la intelectualidad orgánica, es decir, al bloque ideológico opuesto al bloque hegemónico capitalista.

¿Qué significa bloque hegemónico? La educación se relaciona con la conformación de bloques históricos. Un bloque histórico lo constituyen los grupos sociales articulados principalmente en torno de las clases sociales. En el enfrentamiento de estas clases sociales aparecen relaciones de dominación y hegemonía. Es importante recordar lo que Gramsci decía tratando de explicar la derrota de las revoluciones en los países europeos. Italia, al igual que otros países de Europa occidental, no presenta las mismas características que los países de Europa oriental, ya que tiene otros rasgos históricos. Las condiciones sociales existentes en Rusia eran diferentes de las condiciones imperantes en los países europeos. De ahí la necesidad de plantear una crítica al modelo revolucionario leninista. Dicha crítica debía diferenciar dos tipos de táctica: a) la guerra de maniobras (que sería propiamente la que corresponde a sociedades como Rusia, con poco desarrollo de la sociedad civil), y b) la guerra de posiciones (que corresponde a las sociedades occidentales con fuertes tradiciones democráticas). Mientras que la guerra de maniobras se ajusta correctamente a un proyecto de lucha revolucionaria contra un Estado fuerte (como era el caso de Rusia en 1917), en otro contexto histórico, donde predomina un Estado equilibrado (como Italia), su aplicación desembocó en una derrota política. Gramsci advirtió que la causa de la derrota de las revoluciones en Occidente se debía a la aplicación acrítica del paradigma leninista. Esto se debía a que el Estado en estos países no presentaba las mismas características que en Rusia. En Occidente el Estado no solo cumple su función tradicional de coerción física, sino que además presenta una nueva dominación de carácter ideológico y cultural. Por esta razón, Gramsci se vio obligado a desarrollar la idea de que la conquista del poder no debe darse únicamente en el enfrentamiento violento y frontal contra el Estado, sino que también puede darse en el terreno de la lucha a largo plazo, es decir, en el terreno del consenso y de la sociedad civil. Según su distinción, la sociedad política corresponde al Estado, con su función tradicional de coerción física, directa, mientras que la sociedad civil se relaciona con la esfera de la ideología y, por tanto, cumple la función de legitimar y justificar el orden social dominante. Así, para Gramsci el Estado en las sociedades de Occidente debe ser comprendido en un sentido amplio, es decir, como sociedad civil.

Ahora bien, si la sociedad civil corresponde a la esfera de la ideología, se debe plantear entonces que en las nuevas condiciones históricas del capitalismo (las que corresponden a la globalización), toda revolución política deberá ir acompañada de una revolución educativa. En la medida que el Estado capitalista desarrolla su función ideológica a través de la sociedad civil (Iglesia, familia, escuela, medios de comunicación), cumple con la tarea de difundir e imponer una conciencia enajenada que coloca al ciudadano común bajo la hegemonía burguesa. Por ello es necesario transformar esa conciencia dando una batalla en el terreno de la praxis educativa por la hegemonía.

Sánchez Vázquez ha subrayado que la problemática política de los países latinoamericanos se ubica más en la de los países que Gramsci denomina de Occidente. Por esta razón debemos tener cuidado para no hacer una interpretación política errónea. También nos ha insistido que no se trata sólo de interpretar bien sino de transformar la realidad. La praxis educativa no puede plantearse de esta manera (en términos teoricistas), ello implica concebir la educación como una isla separada de la sociedad. La praxis educativa, para ser coherente, tiene que plantearse primero la transformación del Estado. La praxis tampoco se identifica con las ideas tradicionales de práctica. Por más que en el campo educativo haya muchos autores que critican la formación docente como formación teoricista (como Carr y Kemis), sin embargo no llegan a vislumbrar el concepto de la praxis como transformación política y social. Para estos autores la pedagogía se reduce a “modos de hacer” y comportarse individual y “eficientemente” en el aula. El problema es que no rompe con el mundo de la producción donde se desarrolla la enajenación. Al reducir la práctica a lo que ocurre empíricamente en la escuela, no se comprende que la praxis incluye la vida cotidiana y el mundo de las mercancías que producen dicha enajenación. Para Sánchez Vázquez la praxis es una forma de superar la enajenación mediante la creación de otra realidad. Esto significa concebirla como actividad orientada al cambio social. La praxis no es práctica en el sentido de cualquier acción empirista sino como transformación del Estado.

Aplicaciones de la teoría pedagógica

Según Sánchez Vázquez existen muchas maneras de aplicar la pedagogía, por ejemplo en la enseñanza de las ciencias, de la filosofía, de la ética y de las artes. Cuando hoy vemos que en México y en América Latina se reduce esta enseñanza al adiestramiento tecnológico por lineamientos neoliberales, es importante recordar el modo en que él argumentaba la necesidad de otra pedagogía. La praxis educativa no se reduce a lineamientos positivistas o metodologías empiristas de enseñanza y aprendizaje; también puede ser una habilidad para comprender los más difíciles problemas filosóficos de la educación, es decir, la pedagogía sirve para enseñar a pensar.

¿Qué significa enseñar a pensar? Por ejemplo, cuando en sus clases analizaba el movimiento estudiantil o la reforma de la educación superior, lo pedagógico para Sánchez Vázquez consistía en saber comprender la correlación de fuerzas sociales y políticas en un momento determinado, ¿cómo se plantea la relación entre los movimientos sociales y el movimiento estudiantil? Esta relación la veía él, por ejemplo, en la discusión sobre la realización de una reforma de la universidad donde se definiera frente a los tres proyectos de universidad que impulsaban los principales sectores: 1) la universidad elitista, jerárquica y vertical; 2) la universidad populista o universidad pueblo, y 3) la universidad empresarial. En este último proyecto se trata de convertir la universidad pública en privada, ponerla en función del mercado y de la rentabilidad.

Para Sánchez Vázquez una verdadera reforma de la universidad significa no optar por ninguna de estas tres ideas o proyectos. Hay una cuarta que es mejor y que consiste en garantizar una serie de condiciones como las siguientes: libertad de cátedra y de investigación; defensa de la autonomía frente al Estado, los partidos o cualquier organización social; educación gratuita para los estudiantes y apoyo material suficiente; acceso del mayor número posible de estudiantes a la universidad pero con base en sus aptitudes probadas; democracia interna a partir de una Ley Orgánica.

El espíritu de la época

En sus clases en la Universidad Autónoma de México (unam), Sánchez Vázquez planteaba un tema y problematizaba, no de cualquier forma, sino desde cierta perspectiva metódica y conceptual. El problema podía plantearse de diferentes maneras siempre que supiéramos contextualizarlo. Pero lo más importante era saber confrontar argumentos. Así, los problemas más confusos podían adquirir claridad y lógica. Esta manera de analizar los problemas implica pensar e interpretar. La teoría pedagógica (al igual que su teoría ética, estética y política) se fundamenta en tres concepciones básicas: a) la del ser humano como individuo creador; b) la concepción de la historia como proceso determinado por la praxis humana; c) la concepción de la sociedad como lucha de clases.

Estas tesis no se reducen a la docencia en el aula o a las actividades escolares. También se aplican a lo extra-escolar, a las relaciones políticas y sociales en general, como la relación entre gobernantes y gobernados. Para comprender esto último es necesario describir más su experiencia durante la guerra, la posguerra y el exilio en México. Esta descripción nos servirá para comprender “el espíritu de su época”. Este espíritu, producto del contexto social e histórico, se caracterizaba entonces por un ambiente de alta ebullición ideológica motivado por los efectos de la Revolución rusa de 1917. De ahí la expresión utilizada por muchos militantes socialistas de la generación de Sánchez Vázquez (como Fernando Claudín), que explicaban su incorporación al ejército republicano con un espíritu “poblado de banderas rojas y palacios de invierno”.3

En ese contexto histórico, la utopía socialista no se identificaba con un sistema totalitario sino con un ideal liberador a escala mundial. Para esa generación, Rusia representaba la “patria del proletariado”. Más tarde se dieron cuenta de que era otra cosa. Por entonces resultaba imposible diferenciar un “socialismo real” y otro ideal. En su etapa de exilio, Sánchez Vázquez se propuso diferenciar, pues la confusión tenía graves consecuencias en la praxispolítica. No se debía confundir el “socialismo real” que corresponde al socialismo histórico o modelo leninista-stalinista, del otro socialismo ideal que corresponde al concepto elaborado por Marx.4 Dicho en otras palabras, Marx no es responsable de lo que en su nombre se realizó históricamente.

Su visión de la guerra

Estando en Málaga, durante una vacación universitaria, la guerra le sorprendió leyendo Tirano Banderas de Valle Inclán (como si la lectura de este personaje fuera un presagio de la tiranía de Franco). De ahí fue enviado por la dirección de las Juventudes Socialistas primero a Valencia y después a Madrid para dirigir el periódico Ahora. El 17 de septiembre de 1937 se incorporó al frente de Aragón, en la 11a División y después en el V Cuerpo del Ejército. Tuvo el grado de “comisario político”, equivalente a comandante del ejército. Su tarea era más de tipo educativo: elaborar y distribuir manifiestos dirigidos a los soldados, además de editar periódicos como Pasaremos y Acero. Estos periódicos solo eran algunos de los muchos que se publicaban entonces como Ahora, Milicia Popular, Ayuda, Nueva Cultura, La Voz del Combatiente, Frente Sur y Hora de España. El nombre de Adolfo Sánchez Vázquez aparecía con frecuencia en Ahora (diario del que más adelante fue director) y Hora de España. En este último escribió una memorable crónica sobre el éxodo de los combatientes malagueños a raíz de la caída de la ciudad en manos de los franquistas. Posteriormente, a finales de 1936, la casualidad determinó que Sánchez Vázquez recorriera las trincheras republicanas al lado de Miguel Hernández. Así pasaron a la 11a División (al mando de Enrique Líster). Esta División se dividía a su vez en tres brigadas (1, 9 y 10). Sánchez Vázquez y Miguel Hernández formarían parte de esta última, conocida como el Batallón del Talento. Con este batallón recorrieron la sierra de Madrid, lugares como Pozuelos, Alcalá de Henares, Ciudad Lineal y Majadahonda. En Alcalá de Henares, primera línea de fuego, Sánchez Vázquez se encontró con otros escritores como José Herrera y Petere, Juan Paredes y Antonio Aparicio. Una de sus primeras ocupaciones fue de naturaleza pedagógica: improvisar en el edificio de un hospital psiquiátrico un mural de cartón donde cada soldado escribía sus opiniones o sus poemas para después, tras una selección, formar parte del periódico de la brigada. Al mismo tiempo que se imprime el periódico, la aviación alemana arrojaba bombas sobre Alcalá de Henares. Sánchez Vázquez, igual que otros escritores, rechazaron desde el primer momento una cómoda retaguardia que les impedía conocer la realidad de ese pueblo que defendía a la República.

Después de Teruel vino la batalla del Ebro, donde se presentan los signos de la derrota. En noviembre de 1938 la cifra de caídos era de 70 000. El pacto entre Hitler y Stalin acabó con las esperanzas. Después de tres años de guerra hay una cifra de más de un millón de muertos. Ocurrió la toma de Madrid, con lo que se dio por concluida la guerra:

La trágica experiencia de la guerra civil había terminado para mí. A lo largo de ella y sobre todo en los últimos meses, había adquirido propiamente una tonalidad trágica. Como en las grandes tragedias, se luchaba de un modo insobornable por unos principios, por una causa, aunque ello significara la marcha inexorable a un desenlace infeliz: el fracaso, la derrota, la muerte (Sánchez Vázquez, 1997a: 51).

En 1939 la guerra estaba en su momento final. La correlación de fuerzas favorecía a los franquistas. Aunque el ejército republicano no estaba mal armado, el enemigo tenía mayor poder y dominio en el campo de la artillería y la aviación. En esta última fase de la guerra, y considerado el hecho inminente de la derrota, las fuerzas republicanas comenzaron a replegarse a la frontera con Francia. La visión de Sánchez Vázquez del desenlace militar de la guerra fue la siguiente:

En un principio, nuestro ejército se formó de milicianos voluntarios heroicos pero sin ninguna preparación militar y, que por lo mismo, al estallar la guerra, todo fue caótico. En el momento de la sublevación, prácticamente todo el ejército, digamos el 80 o 90%, estuvo al lado de Franco; con nosotros no quedaron más que algunos mandos, que fueron aprovechados como tales por nuestro ejército. Entonces hubo que improvisar. En primer lugar se formaron milicias de voluntarios. Por ejemplo, el Sindicato de Obreros Textiles constituía una milicia con los miembros de ese sindicato, quienes a su vez nombraban sus mandos; en seguida iban al frente, donde hacían lo que ellos consideraban que debía hacerse, pero sin ningún plan coordinado. Claro, en esas condiciones era dificilísimo luchar contra un ejército profesional. Esa situación duró unos cuantos meses, hasta que poco a poco se fue constituyendo el ejército popular, el ejército republicano, como un ejército normal, profesional, con su Estado Mayor. Así, paradójicamente, cuando nuestro ejército era más profesional y más organizado, en la última fase de la guerra, estaba a la vez más débil, pues para entonces la desproporción de armamento entre nuestro ejército y el de Franco era tremenda, sobre todo en el campo de la aviación y la artillería. De modo que se iban perdiendo posiciones hasta que el territorio republicano quedó partido en dos. Al final nos quedamos en Cataluña, donde seguimos perdiendo posiciones, sobre todo después de la famosa batalla del Ebro. Hubo que ir retrocediendo poco a poco hasta la frontera (Sánchez Vázquez, 1997a: 200).

Después de cruzar la frontera, Sánchez Vázquez llegó no a un campo de concentración sino a un albergue de la Unión de Escritores Franceses. En realidad hasta ese momento no tenía otra opción que abandonar el país, ¿qué le habría sucedido de quedarse en España? Probablemente hubiera sido encarcelado como Miguel Hernández o, en el peor de los casos, ajusticiado por los pelotones franquistas. Aunque tenía familia era imposible quedarse dentro del país. Tenía la opción de continuar estudiando en la universidad, pero esa opción le resultaba imposible dada la situación de persecución política y las condiciones del país:

Para un joven militante de filas como yo, ser marxista significaba entonces comprender la justeza de nuestra lucha y la necesidad de actuar subordinándolo todo a un objetivo prioritario: ganar la guerra, y aunque las perspectivas de la victoria se alejaran el objetivo no podía ser otro que luchar y luchar. Pensar en otra cosa, desviarse de ese objetivo combatiente, prosiguiendo, por ejemplo, mis estudios universitarios me hubiera parecido no sólo inconcebible sino indigno (Sánchez Vázquez, 1997: 51).

La teoría política de Sánchez Vázquez

Lo que motivó el interés de Sánchez Vázquez hacia el estudio del marxismo no fue un interés teórico sino su actividad política y su experiencia en las luchas de los trabajadores andaluces en el contexto de la Guerra Civil. Como muchos otros jóvenes en esa época se hallaba influido por la revolución rusa de 1917, especialmente por la política socialista de Lenin y los bolcheviques. En aquella época a Sánchez Vázquez le parecía que el socialismo no era un simple ideal o un proyecto utópico sino una realidad consolidada en la ex Unión Soviética. Una de las cosas que apreciaba de ella fue que apoyó militarmente a los republicanos contra Franco. Posteriormente, después de la Guerra Civil siguió cautivado por los logros impresionantes del socialismo, como haber derrotado a los nazis y haberse constituido en una potencia mundial. El socialismo soviético representaba un ejemplo moral porque significaba una encarnación no sólo del proletariado de ese país sino también de todo el proletariado mundial. Esto obligaba a adherirse incondicionalmente y solidarizarse contra el acoso capitalista. Es comprensible que la adhesión de Sánchez Vázquez a la política socialista en la ex urss se debía principalmente al innegable prestigio ganado contra las fuerzas del fascismo. En el exilio mexicano, Sánchez Vázquez comenzó a advertir que ese prestigio se debilitaba progresivamente a raíz de una serie de acontecimientos, como las revelaciones de Nikita Jrushchov (o Kruschev) en el xx Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (pcus) en 1956. En ese congreso se denunciaron los crímenes cometidos por Stalin así como su método despótico de gobierno. Lo lamentable era que la denuncia no iba acompañada de una explicación (¿cómo pudo haber sucedido?). Otros hechos que le obligaron a cuestionar el carácter socialista del modelo soviético fue la insurrección húngara contra la burocracia estalinista, así como la invasión rusa a Checoslovaquia: “Con esta brutal intervención, claramente se ponía de manifiesto que el viento del socialismo no podía venir del Este, y que era necesario pasar a la crítica de las sociedades del llamado ‘socialismo real’, crítica que constituiría mi preocupación teórica central en las dos décadas posteriores” (Sánchez Vázquez, 1997: 134).

El hecho de que un país socialista invadiera a otro país socialista ponía en duda su naturaleza. Sánchez Vázquez profundizó su reflexión expresando la idea de que la utopía no debía oponerse a la ciencia porque el proyecto de hacer realidad el ideal de Marx necesitaba pasar por los siguientes principios: a) abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción; b) propiedad social colectiva (no estatal); c) Estado controlado por la sociedad y no a la inversa; d) vigencia de una democracia plena; e) distribución justa de la riqueza según las necesidades y el trabajo realizado.

Innegablemente la Revolución rusa había cumplido el intento de realizar lo primero, pero los otros puntos quedaron en duda:

Si la abolición de la propiedad privada es condición necesaria para el socialismo, no es en modo alguno condición suficiente. Como demuestra la experiencia histórica del “socialismo real”, dicha abolición no basta para caracterizar como socialista a la sociedad en la que se da. Ciertamente, con ella se pone de manifiesto en dicha sociedad su anticapitalismo —si tomamos en cuenta lo que niega—, o su poscapitalismo —si se considera que se trata de una sociedad que viene después de la negada. Pero no se puede afirmar sin más que por ello la sociedad que niega la anterior sea socialista […] El socialismo requiere la socialización de los medios de producción en el doble sentido de propiedad social y control del uso y usufructo de esos medios por la sociedad. Pero, en rigor, no es el Estado el propietario, sino la sociedad (y no sólo formal, sino efectivamente) de los medios de producción (Sánchez Vázquez, 1999: 284).

Más adelante Sánchez Vázquez elaboró un diagnóstico sobre lo que realmente existía en la ex urss: 1) propiedad estatal de los medios de producción; 2) Estado omnipotente y partido único; 3) ausencia total de la democracia, y 4) predominio de la burocracia. Esa sociedad no era por tanto un sistema socialista sino una sociedad atípica:

Llegamos a la conclusión de que el “socialismo real” no es realmente socialista. Tampoco puede considerarse como una sociedad capitalista peculiar. Se trata de una formación social específica surgida en las condiciones históricas concretas en que se ha desarrollado el proceso de transición, no al comunismo —como había previsto Marx—, sino al socialismo. En cuanto a las condiciones históricas que dieron lugar a esta nueva formación social, subrayaremos que en ellas surgió la necesidad de fortalecer al Estado y que ese fortalecimiento se tradujo en su autonomización cada vez mayor respecto de la sociedad y, en particular, de la clase obrera, fortalecimiento al que quedó unido un proceso de reforzamiento y autonomización de la burocracia estatal. A este doble proceso contribuyó decisivamente el régimen del partido único y la consecuente ausencia del pluralismo político (Sánchez Vázquez, 1999b: 178).

Sánchez Vázquez escribió otros libros explicando que se trataba de un país atrasado, sin base económica ni desarrollo industrial (condiciones previas según Marx para llegar al socialismo). Era lógico que en un país sin desarrollo ni libertades no fructificara el socialismo. Pero además esto explicaba que cuando se derrumbó el sistema nadie salió a defenderlo. Paradójicamente, se debilitaron las fuerzas sociales que permitían oponer un freno al capitalismo. Así, Estados Unidos salió beneficiado como única potencia mundial. De ahí en adelante la política imperialista se viene imponiendo en todo el mundo sin ningún obstáculo. Sánchez Vázquez advirtió entonces que lo peor del derrumbe fue que provocara una gravísima desmovilización moral y política a nivel general:

El derrumbe del “socialismo real” tiene consecuencias devastadoras y, en primer lugar, para la izquierda que, durante largos años, se solidarizó incondicionalmente con ese experimento social, por lo cual (al renunciar a su crítica) se hizo corresponsable de sus desaciertos, ineficiencias e injusticias. Pero esas consecuencias no escapan tampoco de los partidos o corrientes socialistas y socialdemócratas nunca asociadas a él o que, como el trotskismo, se deslindaron de Stalin desde que usurpó el poder. Se comprende por ello, que la izquierda sufra hoy una verdadera crisis de identidad, y en particular, la que por una u otra vía (reformista o revolucionaria) pretendía realizar un proyecto socialista (Sánchez Vázquez, 1999b: 132).

Por otro lado, Sánchez Vázquez señalaba que dado que han aumentando los males del capitalismo ¿cómo determinar la viabilidad del socialismo como alternativa? Se podía ver que el socialismo como posibilidad real no estaba al alcance. Lo peor fue que gobiernos europeos que antes eran socialistas ahora se proponían como meta el capitalismo. Y en el caso de los gobiernos como Francia, Inglaterra, Italia o Alemania, se dejaron llevar por la política económica neoliberal desmantelando los logros históricos conseguidos por el Estado de bienestar. Mientras a nivel general se incrementaba el potencial destructivo del desarrollo tecnológico industrial amenazando todo el planeta, se bloqueó la conciencia que podía orientar un movimiento socialista internacional. Al mismo tiempo, el triunfo del capitalismo ocasionó el fin de la bipolaridad, es decir, después del derrumbe ya no hay ninguna fuerza organizada que se contraponga al poder de Estados Unidos. Y para terminar de agravar los males del capitalismo, resurgieron los fundamentalismos, nacionalismos y movimientos de extrema derecha. Con la desintegración de la Unión Soviética ya no hubo control sobre las armas nucleares y el terrorismo se desplazó a los países de Occidente.

Frente a este panorama sombrío, la conclusión de Sánchez Vázquez no fue el abandono del ideal socialista. Ya sobre sus 90 años siguió postulando la necesidad de organizarse y realizar acciones colectivas en contra de las depredaciones del capitalismo en su fase neoliberal. Hay que subrayar que en sus reflexiones sobre el derrumbe del “socialismo real” señaló que lo que se derrumbó no fue el ideal socialista sino el falso sistema que duró hasta 1989, que no era un sistema verdaderamente socialista. El derrumbe afectó el ideal porque los medios de comunicación desacreditaron totalmente la realidad y por tanto la idea misma del socialismo, es decir, junto con el agua sucia se tiró al niño de la bañera. Pero esto no quiere decir que el socialismo ya no siga siendo viable en el futuro:

Hoy más que nunca cuando la identificación (entre la realidad y el ideal socialista) proviene de los adversarios del verdadero socialismo, se vuelve imperiosa la necesidad de salir al paso de esa identificación para rescatar de la niebla ideológica tendida por esos adversarios la necesidad y validez del proyecto socialista. Pero esto, siendo absolutamente necesario, no basta, pues la idea de socialismo se degrada también —aún reconociéndose que lo construido en su nombre no era socialismo— cuando se plantea que este resultado era inevitable. Se declara, con este motivo, que el proyecto socialista originario de Marx estaba condenado de antemano por su propia naturaleza —a saber: por su concepción de la historia, del sujeto revolucionario y de la dictadura del proletariado— a desembocar inexorablemente en el resultado que tuvo (Sánchez Vázquez, 2000: 144).

La teoría filosófica de sánchez vázquez

Después de llegar a México como exiliado, comenzó a desarrollar una fecunda obra filosófica fundamentándose en Marx. El marxismo, para él, es la teoría más fecunda para transformar la sociedad. No se trata de filosofar por filosofar,5 el proyecto de alcanzar el socialismo tiene una relación indisoluble con la ética. No sólo hay que comprender la racionalidad histórica; evidentemente hay necesidades objetivas en el mismo proceso de desarrollo económico que exigen cambios sustantivos, pero también existe el factor subjetivo. Este factor es quizá el más importante, ya que una política sin ética no puede llevar más que a lo mismo. Hay que subrayar inicialmente que la ética fue adquiriendo mayor relevancia a medida que evolucionó su concepción de la praxis educativa según su vinculación práctica contra las situaciones de injusticia, guerra y explotación.

Aunque nunca le faltaron ocasiones para debatir con las principales corrientes filosóficas externas al marxismo, sin embargo su principal preocupación consistió en oponerse a las versiones predominantes dentro del movimiento socialista que paradójicamente negaban esa dimensión praxeológica. El problema de esta negación consistía en reducir la filosofía a una pura teoría del conocimiento, es decir, a una concepción abstracta interpretativa del ser y de la conciencia sin vínculos con la existencia social. Muchas corrientes del marxismo como la inspirada en Kautsky entendieron que el marxismo era ante todo una concepción positivista, determinista y objetivista cuya función consistía en estudiar las leyes de la historia.

Para Sánchez Vázquez la categoría de la praxis resulta central en el marxismo porque representa la actividad práctica transformadora de la sociedad. Por tanto no puede ser prioritaria la preocupación por los problemas del ser o de las leyes en la naturaleza. Esta preocupación se expresaba en la forma de un marxismo cientificista que no era otra cosa que la doctrina oficial del sistema stalinista. Frente a esta doctrina, Sánchez Vázquez se inspiró en los planteamientos de Georg Lukács (Historia y conciencia de clase) y Gramsci contra la metafísica materialista (Cuadernos de la cárcel), además de algunos planteamientos surgidos en la obra de Antón Pannekock, Karl Korsh y Ernst Bloch. Estos planteamientos estaban marcados por la polémica contra el Dia-Mat soviético (doctrina del “materialismo dialéctico”). Ante este panorama Sánchez Vázquez sintió la necesidad de reivindicar la categoría de la praxis que estaba presente ya en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 de Marx, donde se planteaba que el ser humano es ante todo un ser activo, creador. Así, en su tesis doctoral estudió el concepto de praxis en Hegel, Feuerbach y Marx, además de ciertos problemas específicos como la relación entre la teoría y la praxis, los niveles de la praxis, la razón y la violencia en la historia. Lo que esta tesis afirmaba era que la praxis debe ser entendida como unidad entre lo subjetivo y lo objetivo, algo que genera un producto (una nueva realidad), por ejemplo una obra de arte o una forma de organización social. La praxis puede ser creativa pero también repetitiva, por ejemplo cuando se burocratiza o se vuelve un academicismo estéril.6

Otra idea fundamental de la teoría filosófica de Sánchez Vázquez es su reformulación de la relación entre espontaneidad y acción. No es como decía Lenin, que la conciencia de clase es importada por la clase obrera desde afuera. Por sí misma, la clase puede generar su propia conciencia. Pero además de cuestionar a Lenin, también se deslindó de la concepción esencialista de Marx. Según esta concepción hay una filosofía de la naturaleza humana que al objetivarse en el trabajo se enajena, por lo que cabría plantearse la recuperación o reapropiación de tal naturaleza. Así, Sánchez Vázquez, ya en los ochenta años, criticó los restos metafísicos hegelianos que se presentaban en la fase juvenil de Marx. Después de la segunda edición de Filosofía de la praxis, en un nuevo libro que surgió como producto de sus cursos y seminarios realizó una nueva reflexión en un contexto ideológico más complejo, como el debate entre ciencia e ideología, entre los autores y corrientes de pensamiento que valoraban más el joven o el viejo Marx. El concepto de ser humano como ser histórico y social (concepto que ya estaba en la fase juvenil de Marx) le permitió enfrentarse a Althusser, quien propugnaba rechazar ese humanismo en favor del carácter “científico” del Marx maduro. Sánchez Vázquez (1982) cuestionó la separación althusseriana de la teoría con la existencia.

Se puede decir que la filosofía de Sánchez Vázquez, hasta su fallecimiento en 2011 mantuvo un fuerte énfasis en la categoría de la praxis. Así, entendió el marxismo como filosofía de la praxis con cuatro aspectos indisolubles:

  • Una crítica de lo existente en nombre de la necesidad de justicia y libertad.

  • Un proyecto de emancipación (el socialismo como nueva sociedad).

  • Un conocimiento de la realidad a transformar ligado a una voluntad de cambio.

  • Por su voluntad de cambio, un vínculo con la practica adecuada al proyecto de emancipación.

En sus últimos libros (1990-2009), para mayor escándalo de los marxistas ortodoxos, Sánchez Vázquez criticó la tesis del desarrollo incesante de las fuerzas productivas, así como los elementos deterministas y teleológicos de su concepción de la historia con su lastre eurocéntrico. Es inaceptable, según él, la concepción optimista, moderna del desarrollo histórico, de raigambre ilustrada. En verdad hoy no puede compartirse la confianza de Marx en un desarrollo lineal, progresivo y teleológico de la historia. Esta tesis del desarrollo de las fuerzas productivas encuentra sus límites cuando el desbordamiento de la modernidad lleva el riesgo de la destrucción de la naturaleza. Una revolución no puede dar prioridad al desarrollo ilimitado de la ciencia y la tecnología. Hay un exceso de modernización industrial que se vuelve peligrosa para la sobrevivencia ya no sólo de una clase sino de la humanidad. Y no dar por válida la concepción determinista teleológica de la historia, quiere decir que en el marxismo no puede plantearse una finalidad o meta en la historia como si se tratara de una evolución lineal en el tiempo y en el espacio.

El hecho de que esta concepción pasara al marxismo se debió a la herencia hegeliana, de la que según Sánchez Vázquez, es necesario deslindarse. Una revolución socialista no necesariamente lleva al progreso, puede también desembocar en la barbarie o el fascismo:

El derrumbe de lo que no era originariamente un proyecto socialista demuestra que el socialismo no es inevitable. Pero, a este respecto hay que señalar que a Marx y Engels no se les escapó que, si en el futuro no se daba la alternativa del socialismo, se daría otra: la barbarie. Tal es el sentido de su dilema “socialismo o barbarie”, con que se pone de manifiesto el destino incierto e imprevisible del socialismo (Sánchez Vázquez, 2000: 146).

Finalmente, Sánchez Vázquez criticó la tesis de Marx sobre el papel histórico de la clase obrera y la exclusividad del interés de clase. La exclusividad del interés de clase significa que ya no se puede privilegiar la centralidad de la clase obrera. Las luchas sociales contemporáneas se presentan como movimientos donde participan otros sectores no necesariamente de clase: “la prioridad del dominio de clase hace que en el pensamiento de Marx se desdibuje la existencia de otras formas de dominación —nacional, racial, sexual, étnica— que cobran gran importancia en nuestra época” (Sánchez Vázquez, 1999: 189).

Conclusión

El 8 de julio de 2011 Sánchez Vázquez falleció a causa de una pulmonía. Salvo una breve nota en el periódico El País, en España no hubo mayores reacciones. En México la reacción fue de un pesar muy grande. Los principales medios de comunicación difundieron sendos editoriales resaltando la extraordinaria labor del autor de Filosofía de la praxis. Y es que en realidad la muerte de Sánchez Vázquez significó una gran pérdida; ocurre meses después de la muerte de algunos de los intelectuales mexicanos más críticos como Carlos Monsiváis, Bolívar Echeverría y Carlos Montemayor. Ocurre también en un momento en que España, Grecia y otros países europeos y latinoamericanos atraviesan su peor crisis política, económica y educativa. Todavía es difícil tomar conciencia de los efectos catastróficos que tiene la pérdida de estos grandes pensadores en un proyecto social alternativo en México.

Al inicio de este trabajo nos propusimos intentar analizar la relación de su concepción de la praxis educativa con su conceptualización política y filosófica en general. Podemos concluir que la concepción pedagógica de Sánchez Vázquez se conecta con un tipo de tradición e historia particular: el marxismo del siglo XX. A esto se le puede denominar “espíritu de su época”. En este artículo he intentado sugerir que si bien puede desaparecer dicho espíritu o el contexto social e histórico en que surgió y se desarrolló su vida y obra, sin embargo permanecerán muchas de sus ideas. Tomando en cuenta que la utopía de la revolución socialista fue su principal preocupación filosófica y que dicha preocupación atraviesa sus reflexiones sobre la pedagogía, cabe preguntarse si a pesar de la situación adversa y el descrédito del socialismo, falsamente asociado a un sistema decrépito que se derrumbó, ¿esta utopía es vigente?

A esta pregunta Sánchez Vázquez ha respondido con otras preguntas: ¿siguen siendo válidas las razones para combatir al capitalismo?, ¿sigue siendo necesaria la crítica a un sistema que no ha hecho más que agravar los males de la humanidad?, ¿sigue siendo deseable un proyecto de emancipación cuando el capitalismo amenaza no sólo a las clases explotadas sino a la humanidad entera?, ¿sigue siendo necesario el marxismo cuando la realidad a trasformar lo requiere cada vez más?, ¿sigue siendo necesario el marxismo vinculado a la praxis como alternativa al capitalismo cuando no se quiere que se convierta en un sueño utópico?

A juicio de Sánchez Vázquez, el marxismo no sólo sigue siendo vigente sino que hoy es más necesario y deseable que nunca, porque el propio capitalismo lo hace necesario. Se puede decir que la teoría pedagógica de Sánchez Vázquez, además de ser una potente herramienta para la transformación de la praxis educativa, también tiene consecuencias para la transformación de la sociedad, esto significa apreciar la influencia del gobierno y de los partidos como educadores frente a las masas que son educadas.

Lo que habría que comprender también es que lo pedagógico implica siempre un aspecto político entre dirigentes y dirigidos. Quizá la principal lección de Sánchez Vázquez es que no puede postularse una relación educativa autoritaria con las masas. Esto significa una lamentable separación entre teoría y praxis que deriva en el teoricismo, que a su vez desemboca en el academicismo estéril y en una concepción burocrática de la praxis educativa.

Referencias
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Enseñanza y filosofía,

La estrategia metodológica utilizada en este trabajo está fundamentada en una concepción de educación que no se reduce a técnicas didácticas, ni a enfoques pedagógicos tradicionales. Dicha concepción se encuentra en otros autores, como Fernando Salmerón o Pablo Latapí, quienes plantean la idea de que hay lenguajes de la educación, por ejemplo los lenguajes del aula o los de fuera del aula, y el lenguaje de la educación en sentido estricto como conjunto de metas y principios, las reglas que gobiernan la actividad del maestro que tiene presente para dirigir y mejorar sus tareas (Salmerón, 1991: 20; Latapí, 2009). Dicho de otra manera, la educación no se reduce al lenguaje del aula, incluye también los lenguajes fuera del aula donde se plantea una situación de aprendizaje. En este sentido, la rebelión indígena en Chiapas (según Latapí) o la guerra civil en España (según Sánchez Vázquez) constituyen situaciones de aprendizaje.

La vía teoricista se encuentra inicialmente en la obra de diversos epistemólogos que acentúan la transformación de conceptos soslayando la transformación de la realidad social. Contra este teoricismo que únicamente intenta modificar ideas reaccionó Antonio Gramsci. Según él, el teoricismo se fundamenta en una concepción cientificista de raíz positivista que elude la praxis. En la década de 1970 el teoricismo resurgió en la obra del marxista francés L. Althusser, que tuvo muchos seguidores en América Latina, como Marta Harnecker. Con base en las ideas de Althusser se fundamentan muchas aplicaciones educativas. Este enfoque fue cuestionado por pedagogos notables como W. Carr, S. Kemmis (1999) y John Elliot (1990). En México, varios filósofos de la unam como Carlos Pereyra y Enrique González Rojo presentaron argumentos en favor del teoricismo (Pereyra, 1985; González Rojo, 1985). Estas tesis, aunque no dejan de estar sustentadas, están formuladas desde aquella tradición del “pensar” conceptual por encima de la acción. La filosofía o la pedagogía se reducen a un saber que tiene su validez en sí misma. Tal como veremos en este trabajo, Sánchez Vázquez está muy lejos de esta tradición.

Se puede decir que después del derrumbe del “socialismo real” en 1989, este espíritu ha desaparecido casi completamente. Lo que impera es una ideología que representa a las revoluciones socialistas como portadores de un virus totalitario. Esta ideología ha penetrado en toda la izquierda en México y en América Latina. En sus últimos años de vida, Sánchez Vázquez expresó su rechazo a esta falsa asociación con un sistema decrépito que se derrumbó con todo el marxismo del siglo xx (que inspiró la gran utopía socialista).

Marxismo no equivale necesariamente a socialismo soviético. Dado que es imposible explicar aquí todas las diferencias, remito al lector a los libros del propio Adolfo Sánchez Vázquez que se indican en la bibliografía. Más adelante, en este artículo, el lector encontrará algunos matices indispensables para comprender la estrecha relación entre su concepción pedagógica y su conceptualización general (La teoría política y La teoría filosófica).

Esto no significa subestimar o negar el papel de otras corrientes filosóficas. Se trata más bien de tener en cuenta que la revolución que operó Marx en la historia de la filosofía al concebir el mundo no sólo como un objeto a transformar, sino también al transformar la función misma de la teoría al integrarla como momento esencial de la actividad práctica (Sánchez Vázquez, 1997b).

Hoy, cuando los maestros e investigadores nos encontramos presionados por la política neoliberal que nos obliga a pensar únicamente en acumular puntos para beneficio individual, conviene subrayar estas observaciones de Sánchez Vázquez en sentido de que la pedagogía debe estar unida a la ética. Caso contrario, la praxis educativa desemboca en un academicismo estéril o en un teoricismo desligado de los grandes problemas nacionales.

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