La depresión en el adulto mayor es un problema en aumento, una estrategia para la prevención es la actividad física. Este estudio busca identificar la correlación entre el puntaje obtenido en la Escala de Depresión Geriátrica de 15 Ítems (GDS-15) para la sintomatología depresiva y las unidades metabólicas (METS) obtenidas en el Cuestionario Internacional de Actividad Física versión corta (IPAQ-S) para actividad física en los adultos mayores que asisten a centros integrales del adulto mayor (CIAM) en un distrito de Lima Metropolitana en Perú.
Materiales y métodosSe realizó un estudio transversal prospectivo en tres CIAM en Miraflores, Lima, Perú. A los participantes (n=158) se les realizó un cuestionario de tres componentes, incluyendo una encuesta sociodemográfica para recopilar datos generales del participante, la GDS-15 para evaluar el nivel de sintomatología depresiva, y el IPAQ-S para evaluar la cantidad de actividad física realizada en la última semana.
ResultadosSe identificó una correlación lineal inversa, leve y significativa entre el puntaje obtenido en la GDS-15 con los METs obtenidos en la IPAQ-S (rho=- 0,213, p=0,007). La sintomatología depresiva se presentó con una tendencia negativa con respecto a la cantidad de actividad física, esto al comparar las frecuencias entre los grupos de sintomatología depresiva leve con moderada-severa; sin embargo, estas diferencias no fueron significativas (p=0,541, prueba Tau B de Kendall).
ConclusiónLos resultados mostraron un menor nivel de síntomas depresivos con relación al grado de actividad física realizada en la última semana, este efecto se observa principalmente en los casos de sintomatología depresiva moderada-severa.
Depression in the elderly is a growing problem, and exercise is a strategy to prevent it. We aim to identify the correlation between scores obtained in the Geriatric Depression Scale - 15 items (GDS-15) for depressive symptomatology and Metabolic equivalent of task (MET) obtained in the International Physical Activity Questionnaire - Short Form (IPAQ-S) for physical activity in aged attending senior centers in a district of Lima, Peru.
MethodsWe conducted a cross-sectional study in three senior centers in Miraflores, Lima, Peru. Participants (n=158) completed a three-part questionnaire, including a sociodemographic survey to collect general participant data, the GDS-15 to assess the level of depressive symptomatology, and the IPAQ-S to evaluate the amount of physical activity performed in the last week.
ResultsA mild but significant inverse linear correlation was identified between the GDS-15 score and METs obtained in the IPAQ-S (rho=-0.213, p=0.007). Moderate to severe depressive symptomatology decreased with a higher level of physical activity: 4.3% low level, 3.3% moderate level, and no cases in those with vigorous activity; however, these differences were not significant (p=0.541, Kendall's Tau B test).
ConclusiónThe results showed that individuals with moderate to severe depressive symptoms show a lower level of depressive symptoms in relation to the degree of physical activity carried out in the last week.
Los adultos mayores presentan un alto riesgo de experimentar trastornos afectivos, como la depresión mayor1. Este trastorno afecta aproximadamente al 5,7% de los individuos mayores de 60 años a nivel global; y a escala mundial, se estima que 280 millones de adultos mayores sufren depresión2.
Según las estimaciones de salud global (GHE) en el año 2019, la depresión generó el 10,6% de la discapacidad total en años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) en la población adulta mayor. Asimismo, las GHE de 2019 indican que aproximadamente una cuarta parte de las muertes por suicidio a nivel mundial (27,2%) ocurrieron en personas de 60 años o más1.
Se han estudiado diferentes factores de riesgo para desarrollar depresión en el adulto mayor; entre ellos un nivel socioeconómico bajo, tener un familiar con diagnóstico de alguna enfermedad psiquiátrica, tener algún tipo de incapacidad y/o enfermedad crónica3. La depresión puede generar una disminución en la calidad de vida del adulto mayor siendo frecuente el desarrollo del síndrome de fragilidad4. Además, puede agravar las comorbilidades, complicar los procesos de rehabilitación, incrementar el riesgo de consumo de drogas y alcohol, y el riesgo de suicidio, aumentar la demanda de atención hospitalaria y emergencia, y un mayor riesgo de institucionalización, lo que supone una carga económica y emocional a la familia5.
Un estudio realizado en adultos mayores de 65 años mostró que la actividad física, evaluada con cuestionarios autoadministrados, fue un factor protector contra la depresión6; además, se ha reportado que la actividad física permite al adulto mayor relacionarse con sus semejantes, y es un factor esencial para un estilo de vida saludable7. Este fenómeno puede explicarse porque a nivel fisiológico la actividad física genera un aumento en los neurotransmisores serotonina y dopamina. También aumenta el triptófano libre periféricamente, además de activar enzimas como triptófano hidroxilasa, lo cual eleva los niveles de serotonina. Además, disminuye la liberación excesiva de norepinefrina, mediante la síntesis de galanina, teniendo un efecto neuroprotector. Por último, a largo plazo mejora la biotransformación de dopamina mediante la modulación del calcio y de la tirosina hidroxilasa8.
Dentro de la esfera psicológica, en este grupo etario la actividad física mantiene una capacidad funcional adecuada; y particularmente ayuda a prevenir la depresión mayor7. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja a las personas de edad avanzada participar en actividades físicas tipo aeróbicas que fortalezcan el componente de equilibrio y de fuerza muscular con el fin de mejorar la capacidad funcional. Se recomienda un trabajo moderado a intenso, de 75 o 150 minutos respectivamente, y distribuido en tres a más veces por semana9.
Una intervención de salud pública para lograr este fin y con potencial de desarrollarse a nivel local consiste en desarrollar espacios que brinden distintos servicios básicos y actividades a toda persona adulta de 60 años a más, con el fin de promover su participación mediante talleres y servicios de distinta índole, como actividades educativas, recreativas, de participación ciudadana y social. En Europa, estos espacios son conocidos como Centros de Tercera Edad, mientras que, en Perú, su equivalente son los Centros Integrales del Adulto Mayor (CIAM)10.
Diferentes investigaciones han encontrado que los adultos mayores que realizan actividad física tienen una menor probabilidad de presentar síntomas depresivos9,11. A pesar de ello, estos estudios presentan limitaciones dado que se llevaron a cabo en zonas rurales12 o no fueron realizados en centros integrales para adultos mayores13, lo que podría generar una subrepresentación de los adultos mayores en zonas urbanas. Debido a ello el objetivo de este estudio fue evaluar la correlación entre la sintomatología depresiva y el nivel de actividad física en adultos mayores que acuden a CIAM urbanos en un distrito urbano de Lima, Perú.
Materiales y métodosDiseño de estudioSe realizó un estudio transversal en tres CIAM del distrito Miraflores de la capital del Perú (Lima). En este ámbito habita mayoritariamente población de nivel socioeconómico medio y alto, con un índice de desarrollo humano alto (0,83) y un índice de pobreza de 0,1 a 0,4%. El distrito cuenta en promedio con 13,6 m2 de área verde pública por habitante y con autoridades que buscan promover un desarrollo integral mediante una gestión participativa e inclusiva14,15.
Población y muestraLa población de estudio comprendió a aproximadamente 450 adultos mayores (60 años a más) de ambos sexos que asistieron a los CIAM de Miraflores entre los meses de febrero a abril de 2023. Fueron excluidas personas que presentaron dependencia severa y demencia avanzada.
Se determinó un tamaño muestral de al menos 147 adultos mayores considerando un coeficiente de correlación esperado de -0,22916, un nivel de confianza de 95% y potencia de 80%. La muestra fue obtenida de manera no probabilística por conveniencia entre los tres CIAM, del 23 de febrero al 20 de abril de 2023, en el turno de mañana y tarde de forma indiscriminada.
VariablesLa variable principal del estudio fue la sintomatología depresiva la cual se evaluó con el puntaje obtenido en la Escala para Depresión Geriátrica (GDS-15). Esta incluye 15 preguntas sobre la presencia de síntomas depresivos en los siete días previos a la encuesta. El puntaje total varía entre 0 a 15, para lo cual se consideró como ausencia de sintomatología depresiva de 0 a 4 puntos, de 5 a 9 como sintomatología depresiva leve, y de 9 a 15 como sintomatología depresiva moderada a severa17.
La GDS-15 es una versión abreviada de la Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage de 30 ítems18 y tiene una sensibilidad de 81,1% y una especificidad de 76,7% para la detección de sintomatología depresiva19. Esta escala y sus diferentes versiones abreviadas han sido validadas al español y a la región de Latinoamérica por diferentes estudios19–21.
La variable independiente fue la actividad física la cual fue evaluada con el puntaje obtenido por el Cuestionario Internacional de Actividad Física versión corta (IPAQ-S). Este instrumento incluye siete preguntas que indagan sobre la actividad física realizada en los siete días previos a la encuesta. El puntaje fue medido en METs-min/semana, un equivalente metabólico calculado mediante la sumatoria de la cantidad de METs obtenidos en las actividades vigorosas, moderadas y el tiempo de caminata en la última semana. Estos valores se obtienen mediante la multiplicación del número de días que se realizó el tipo de actividad, el tiempo en minutos de la actividad realizada y una constante según el tipo de actividad (vigorosa=8; moderada=4; caminata=3,3). Los resultados fueron clasificados en actividad física leve, moderada y vigorosa según criterios descritos22.
La IPAQ-S se recomienda en adultos entre 18 y 65 años, y para ser usada en estudios de prevalencia. A diferencia de la versión extensa, recomendada para una evaluación individual23. A pesar de las recomendaciones originales, existe evidencia internacional de su validez y fiabilidad en adultos de 65 años a más24–26.
Adicionalmente se recolectaron datos sobre las características sociodemográficas de los participantes: sexo (hombre o mujer), edad en años (entre 60 a 69, 70 a 79, o de 80 a más), estado civil (soltero, casado, conviviente, viudo, o divorciado), estado socioeconómico auto percibido (baja, media baja, media, media alta, o alta), nivel de educación (primaria, secundaria, superior universitaria, o superior técnica), conformación de la vivienda (solo, acompañado por su familia, o por otras personas), trabajo actual (si o no), pensión (si o no), dependencia económica (si o no), seguro de salud (seguro social, seguro integral de salud, y seguro privado), y enfermedades diagnosticadas.
Recogida de datosLa recogida de datos fue realizada por siete encuestadores capacitados antes de iniciar el estudio, quienes aplicaron el proceso de consentimiento informado a los adultos mayores y administraron tres cuestionarios: i) Una encuesta simple de características sociodemográficas, ii) la GDS-15, y iii) el IPAQ-S. Las entrevistas fueron realizadas individualmente en un ambiente calmado y privado de los CIAM.
Toda la información recabada fue introducida individualmente en una base de datos codificada por cada investigador, para luego ser comparadas entre sí, y en caso de incongruencias, estas fueron revisadas y contrastadas con la encuesta llenada.
Análisis estadísticoLas variables continuas fueron resumidas con la media, mediana y rango intercuartílico, y las variables categóricas con la frecuencia absoluta y sus porcentajes. Se evaluó la normalidad de las variables cuantitativas con la prueba de Shapiro-Wilk. Se realizó un análisis de correlación de Spearman entre los puntajes obtenidos en la GDS-15 y el IPAQ-S.
Adicionalmente, se evaluó la asociación entre las categorías respectivas de GDS-15 e IPAQ con la prueba chi-cuadrado de Pearson (o la prueba exacta de Fisher, si es que no cumpliese con los supuestos). Se evaluó la asociación en sus categorías ordinales con la prueba tau-b de Kendall y la comparación de medianas del puntaje obtenido en la GDS-15 según las categorías obtenidas del IPAQ-S con la prueba H de Kruskal-Wallis.
También se estratificó la muestra por distintas variables sociodemográficas (edad, educación universitaria, estado socioeconómico, estado civil [unido o no] y conformación de la vivienda [vivir solo o acompañado]), y se evaluó la correlación entre los puntajes de la GDS-15 y el IPAQ-S para observar si la correlación en la muestra total variaba a través de las categorías de las variables escogidas. Finalmente, se buscó la asociación entre las variables sociodemográficas con los puntajes obtenidos en el GDS-15 y el IPAQ-S individualmente, para lo que se realizó la prueba U de Mann-Whitney para variables con dos categorías, y la prueba H de Kruskal-Wallis para variables con tres o más categorías (en caso de un resultado significativo se realizó la prueba post-hoc de Dunn con ajuste de Bonferroni). Se utilizó el programa estadístico JAMOVI 2.2.5.0.
Aspectos éticosEl protocolo del estudio fue aprobado por el Comité Institucional de Ética en Investigación de la Universidad de Piura (Expediente N°: PREMED07202217) ubicada en Lima, Perú. Todos los participantes firmaron el consentimiento informado a los participantes y se codificó los datos recabados para proteger su privacidad.
ResultadosFueron invitados a participar un aproximado de 250 adultos mayores, de los cuales aceptaron participar 171, pero 13 participantes no cumplían los criterios de inclusión. Finalmente fueron encuestados 158 adultos mayores de entre 60 y 92 años con una media de 72,49, una desviación estándar de 6,44, una mediana de 73 (RIQ=68 - 76) y con 91,1% de mujeres. Los datos de todos los encuestados fueron incluidos en este análisis. El 39,8% tenían pareja (cónyuge o conviviente), 69,9% se autopercibía de la clase social media, 67,1% contaban con una educación superior universitaria, 58,9% vivían acompañados de un familiar, 75,9% no trabajaban (70% recibían pensión y 52,5% consideraban que eran independiente económicamente). En cuanto a las preguntas con respecto a su salud, 96,2% contaban con un seguro de salud, y 72,2% tenían al menos una enfermedad diagnosticada, entre estas la más frecuente era hipertensión arterial con un 39,9% (Tabla 1).
Características de la muestra
| Variable | n (158) | % |
|---|---|---|
| Sexo | ||
| Mujer | 144 | 91,1 |
| Hombre | 14 | 8,9 |
| Edad (años) | ||
| 60 a 69 | 53 | 33,5 |
| 70 a 79 | 87 | 55,1 |
| 80 a más | 18 | 11,4 |
| Estado civil | ||
| Soltero | 21 | 13,3 |
| Casado | 62 | 39,2 |
| Conviviente | 1 | 0,6 |
| Viudo | 43 | 27,2 |
| Divorciado | 31 | 19,6 |
| Clase socioeconómica | ||
| Baja | 6 | 3,8 |
| Media baja | 15 | 9,5 |
| Media | 110 | 69,6 |
| Media alta | 26 | 16,5 |
| Alta | 1 | 0,6 |
| Nivel de educación | ||
| Primaria | 8 | 5,1 |
| Secundaria | 26 | 16,5 |
| Superior Técnica | 18 | 11,4 |
| Superior Universitaria | 106 | 67,1 |
| Conformación de vivienda | ||
| Vive solo | 49 | 31,0 |
| Acompañado por familiar | 93 | 58,9 |
| Acompañado por otros | 16 | 10,1 |
| Trabajo | ||
| Sí | 38 | 24,1 |
| No | 120 | 75,9 |
| Pensión | ||
| Recibe | 84 | 70,0 |
| No recibe | 36 | 30,0 |
| Dependencia económica | ||
| Dependiente | 57 | 47,5 |
| Independiente | 63 | 52,5 |
| Seguro de salud | ||
| No | 6 | 3,8 |
| Sí* | 152 | 96,2 |
| EsSalud** | 94 | 61,8 |
| SIS*** | 17 | 11,2 |
| Seguro privado | 64 | 42,1 |
| Otro seguro | 3 | 2,0 |
| Enfermedad diagnosticada | ||
| No | 44 | 27,8 |
| Sí | 114 | 72,2 |
| Hipertensión arterial | 63 | 39,9 |
| Diabetes tipo 2 | 13 | 8,2 |
| Hipotiroidismo | 25 | 15,8 |
| Otras | 72 | 45,6 |
El puntaje mínimo de la GDS-15 fue de 0 y el máximo de 14. El 85,4% (n=135) fueron clasificados sin síntomas depresivos, por otro lado, el puntaje del IPAQ-S varió entre 0 y 13 878 MET-min/semana y el 57,6% (n=91) tuvieron un nivel de actividad física moderada (Tabla 2).
Evaluación de la actividad física y sintomatología depresiva (n=158)
| Variables | n | Mediana | % | RIQ |
|---|---|---|
| Actividad física | ||
| Puntaje (según escala IPAQ-S)* | 1851 | 1032 - 3210 |
| Nivel | ||
| Baja | 135 | 85,4 |
| Moderada | 19 | 12,0 |
| Vigorosa | 4 | 2,5 |
| Sintomatología depresiva | ||
| Puntaje (según escala GDS-15)* | 2 | 0 - 3 |
| Nivel | ||
| Sin sintomatología | 23 | 14,6 |
| Sintomatología leve | 91 | 57,6 |
| Sintomatología moderada-severa | 44 | 27,8 |
n: Frecuencia, RIQ: Rango intercuartil
Se identificó una correlación lineal inversa, leve y significativa entre el puntaje obtenido en la GDS-15 y los METs obtenidos en la IPAQ-S (rho=- 0,213, p=0,007). El cálculo pos hoc de la potencia estadística del análisis realizado fue del 85,5% (Fig. 1). Para el análisis de asociación por categorías, se identificó de forma significativa una asociación entre las categorías de GDS-15 e IPAQ (p=0,011), y al realizar el análisis por categorías ordinales mediante la prueba Tau-b de Kendall no se observó una tendencia entre categorías (p=0,541) (Tabla 3), sin embargo, sí se observó una disminución de la mediana en el puntaje de la GDS-15 a través de las categorías de actividad física definidas por el IPAQ-S (p=0,013).
Evaluación de la relación entre los puntajes de actividad física (IPAQ-S) y sintomatología depresiva (GDS-15) (n=158)
Correlación entre el puntaje obtenido de GDS-15 e IPAQ-S. GDS-15: Escala de depresión geriátrica de 15 ítems; IPAQ-S: Cuestionario internacional de actividad física versión corta; METs: Equivalente metabólico.
Asociación entre la clasificación de actividad física y sintomatología depresiva (n=158)
En el análisis estratificado según las distintas categorías, se encontró un mayor coeficiente de correlación entre los puntajes de GDS-15 e IPAQ-S entre aquellos adultos mayores de 70 a 79 años (rho=- 0,312 y p=0,003), con educación universitaria (rho=- 0,381 y p=0,005), que vivían acompañados (rho=- 0,276 y p=0,004) y que trabajaban (rho=- 0,273 y p=0,003) (Tabla 4).
Correlación de los puntajes obtenidos en la GDS-15 e IPAQ-S en distintos estratos (n=158)
| Estratos | rho | Valor de p† |
|---|---|---|
| Sexo | ||
| Mujer | -0,279 | 0,001 |
| Hombre | 0,439 | 0,116 |
| Edad (años) | ||
| 60 a 69 | -0,118 | 0,401 |
| 70 a 79 | -0,312 | 0,003 |
| 80 a más | -0,173 | 0,071 |
| Estado civil | ||
| Unión | -0,181 | 0,080 |
| No unido | -0,305 | 0,015 |
| Clase socioeconómica | ||
| Baja y Media baja | -0,383 | 0,087 |
| Media | -0,173 | 0,071 |
| Media alta y Alta | -0,078 | 0,698 |
| Nivel educativo | ||
| Universitaria | -0,381 | 0,005 |
| No Universitaria | -0,126 | 0,199 |
| Conformación de la vivienda | ||
| Vive solo | -0,066 | 0,652 |
| Vive acompañado | -0,276 | 0,004 |
| Trabajo | ||
| Trabaja | -0,273 | 0,003 |
| No trabaja | -0,021 | 0,902 |
| Enfermedades diagnosticadas | ||
| Alguna enfermedad | -0,228 | 0,015 |
| Niega enfermedad | -0,120 | 0,438 |
*GDS-15: Escala de depresión geriátrica de 15 ítems; **IPAQ-S: Cuestionario internacional de actividad física versión corta
Finalmente, se encontró una asociación significativa entre el puntaje obtenido en la GDS-15 y las categorías de: edad (p=0,047), estado civil (p=0,045), clase socioeconómica (p=0,045), hipertensión arterial (p=0,043), y otras enfermedades (p=0,018); en cambio, no se encontró ninguna categoría con una asociación significativa con el puntaje obtenido en el IPAQ-S (Tabla 5).
Asociación entre las variables sociodemográficas y los puntajes de actividad física (IPAQ-S) y sintomatología depresiva (GDS-15) (n=158)
| Variables sociodemográficas | Puntaje de Sintomatología Depresiva* | Puntaje de Actividad Física** | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Media±DE | Mediana (RIQ) | Valor de p | Media±DE | Mediana (RIQ) | Valor de p | |
| Sexo | 0,387† | 0,060† | ||||
| Mujer | 2,14±2,57 | 2 (0-3) | 2.394,23±2.386,22 | 1.662,9 (949,5-3.009) | ||
| Hombre | 2,43±2,24 | 2 (1-3) | 2.766,86±1296,76 | 2.700 (2.079-3.702) | ||
| Edad (años) | 0,047†† | 0,547†† | ||||
| 60 a 69 | 1,98±2,74 | 1 (0-3)a | 2.762,72±2.674,63 | 1.885,8 (1.116-3.492) | ||
| 70 a 79 | 2,02±2,22 | 2 (0-2) | 2.292,6±2.167,51 | 1.645,8 (925,8-2.826) | ||
| 80 a más | 3,39±3,16 | 2,5 (1-4)a | 2.090,3±1.753,47 | 2.014,5 (720-2.826) | ||
| Educación Universitario | 0,562† | 0,370† | ||||
| No | 2,37±2,72 | 2 (0-3,5) | 2.195,37±2.071,21 | 1.755,9 (805,5-2.799) | ||
| Sí | 2,07±2,46 | 2 (0-3) | 2.541,01±2.420,01 | 1.866 (1.116-3.333) | ||
| Estado civil | 0,045† | 0,367† | ||||
| No unido | 2,45±2,64 | 2 (0-4) | 2.511,52±2.402,98 | 2.079 (1.116-3.252) | ||
| Unido | 1,73±2,34 | 1 (0-2) | 2.300,18±2.175,4 | 1.582,2 (925,8-3.210) | ||
| Clase Socioeconómica | 0,045†† | 0,281†† | ||||
| Baja y Media baja | 3,24±3,02 | 2 (1-4)a | 2.282,74±2.581,31 | 1.173 (438-2.772) | ||
| Media | 2,14±2,56 | 2 (0-3) | 2.361,08±2.149,58 | 1.851 (1.032-3.252) | ||
| Media alta y Media | 1,44±1,76 | 1 (0-2) a | 2.809,24±2.746,35 | 2.118 (1.158-2.826) | ||
| Pensión | 0,063† | 0,597† | ||||
| No recibe | 1,95±2,77 | 1 (0-2) | 2.459,72±2.116,72 | 1.872 (1.074-3.300,9) | ||
| Recibe | 2,28±2,41 | 2 (1-3) | 2.409,42±2.419,73 | 1.758 (925,8-2.826) | ||
| Trabajo | 0,252† | 0,110† | ||||
| No | 2,29±2,68 | 2 (0,5-3) | 2.243,99±2.080,69 | 1.716 (918-2.826) | ||
| Sí | 1,76±2,01 | 1 (0-3) | 3.005,97±2.875,53 | 2.493 (1.116-3.702) | ||
| Dependencia socioeconómica | 0,856† | 0,196† | ||||
| No | 2,03±2,24 | 1,5 (0-3) | 2.606,76±2.490,48 | 1.889,4 (1.116-3.231) | ||
| Sí | 2,35±2,92 | 2 (0-3) | 2.177,03±2.024,3 | 1.605 (720-2.772) | ||
| Seguro de Salud | 0,476† | 0,921† | ||||
| No | 1,17±0,98 | 1,5 (0-2) | 2.042,5±1.098,61 | 1.986 (1.386-2.232) | ||
| Sí | 2,2±2,58 | 2 (0-3) | 2.442,44±2.345,81 | 1.797,9 (1.024,5-3.231) | ||
| Enfermedades diagnosticadas | 0,064† | 0,524† | ||||
| Niega | 1,43±1,55 | 1 (0-2) | 2.688,9±2.640,42 | 1.628,4 (1.116-3.405) | ||
| Sí | 2,45±2,79 | 2 (0-4) | 2.326,26±2.173,69 | 1.866 (925,8-2.826) | ||
| Hipertensión Arterial | 0,043† | 0,655† | ||||
| Niega | 1,84±2,39 | 1 (0-2) | 2.630,97±2.656,67 | 1.752 (1.017-3.492) | ||
| Sí | 2,65±2,7 | 2 (1-4) | 2.120,06±1.629,12 | 1.885,8 (1.032-2.746,2) | ||
| Diabetes Mellitus | 0,343† | 0,518† | ||||
| Niega | 2,1±2,5 | 2 (0-3) | 2.484,84±2.382,42 | 1.866 (1.017-3.318) | ||
| Sí | 2,85±2,94 | 2 (1-5) | 1.784,91±1.106,96 | 1.582,2 (1.116-2.118) | ||
| Hipotiroidismo | 0,443† | 0,623† | ||||
| Niega | 2,12±2,58 | 1,5 (0-3) | 2.487,47±2.412,03 | 1.812,9 (1.032-3.285) | ||
| Sí | 2,38±2,35 | 2 (0-4) | 2.121,53±1.706,79 | 1.957,5 (678-2.826) | ||
| Otras enfermedades | 0,018† | 0,149† | ||||
| Niega | 1,63±1,8 | 1 (0-2) | 2.516,56±2.162,07 | 2.004.9 (1.137-3.285) | ||
| Sí | 2,77±3,09 | 2 (1-4) | 2.325,87±2.478,57 | 1.716 (720-2.772) | ||
| Total | 2,16±2,54 | 2 (0-3) | 2.427.25±2.310.16 | 1.851 (1.032-3.210) | ||
DE: Desviación estándar; RIQ: Rango intercuartílico.
Entre los adultos mayores asistentes a los CIAM identificamos una correlación inversa entre los puntajes de actividad física y la escala de sintomatología depresiva; la magnitud de la correlación lineal presentó diferencias según ciertas características de los adultos mayores evaluados.
La relación entre la actividad física y la sintomatología depresiva ha sido estudiada en otras poblaciones de adultos mayores. En la ciudad chilena de Talca bajo una metodología parecida se logró identificar que la actividad física moderada a intensa mostraba una relación inversa con respecto a la sintomatología depresiva16, lo cual es consistente con nuestros hallazgos.
La valoración de los aspectos emocionales que se vinculan con la actividad física se puede extender más allá de la evaluación de la sintomatología depresiva, en Brasil27 se analizó la relación entre la sintomatología depresiva, ansiosa, y la calidad de vida respecto a la actividad física, se encontró que la actividad física realizada al menos 150 minutos durante la semana tuvo una relación inversa con la sintomatología depresiva; lo cual concuerda en magnitud y significancia con nuestros hallazgos.
Estudios de seguimiento han permitido observar que la reducción de la actividad física repercute negativamente en la salud mental de los adultos mayores; en una cohorte de Australia se encontró que adultos mayores que permanecían inactivos desde el inicio del estudio tenían 59% más de riesgo de desarrollar problemas psicológicos, entre ellos la depresión, que aquellos que tuvieron algún tipo de actividad física28. Estos resultados evidencian la importancia de la actividad física, como promotor del incremento de los niveles de serotonina, en la prevención de problemas psicológicos29, lo cual concuerda con nuestros hallazgos.
La asociación entre la actividad física y sintomatología depresiva varía según ciertas características de los adultos mayores, nuestros hallazgos evidencian que la correlación se intensificó con la edad; lo cual concuerda con lo reportado en una cohorte de adultos mayores no institucionalizados de Alemania, donde se encontró que la probabilidad de desarrollar sintomatología depresiva era mayor en quienes tenían 80 años o más en comparación a quienes tenían 75 a 79 años30. Estos resultados demuestran que la correlación estudiada se ve afectada en su magnitud por la edad.
Otro de los aspectos encontrados que modifica la asociación entre depresión y actividad física es el nivel educativo. Esta variable también ha sido identificada en un estudio de cohortes realizado en adultos mayores en Japón, donde las personas con menor nivel educativo tuvieron mayor riesgo de desarrollar sintomatología depresiva31. Desde un punto fisiológico, el cerebro en aprendizaje es capaz de crear nuevas conexiones interneuronales aumentando la plasticidad neuronal32, la cual protege al cerebro. A su vez, las personas con mayor educación cuentan con una formación más integral como persona, una mayor accesibilidad a un empleo y en consecuencia una economía más estable33,34.
Otra característica que repercute en la magnitud de la correlación estudiada es la actividad laboral de las personas. En un estudio realizado en Perú se observó que en el grupo de adultos mayores que estaban jubilados había una mayor prevalencia de depresión en comparación con el grupo de adultos mayores que seguía trabajando35. Estos hallazgos también se respaldan por un estudio de la India en donde se evidenció que las personas sin empleo tenían un 60% más de probabilidad para desarrollar síntomas depresivos en comparación con los que trabajaban36. Esta similitud entre resultados podría explicarse por dos motivos: al proceso de jubilación, el cual supone una etapa de transición drástica en el adulto mayor37 y, a su vez, por el uso del tiempo, es decir, al encontrarse trabajando el adulto mayor desempeña diferentes actividades, mediante las cuales evita el aburrimiento o la sensación de inutilidad11.
Otra característica que influenciaba la asociación analizada fue el vivir acompañado. Esta característica difiere de lo encontrado en un estudio de seguimiento prospectivo en Japón38 en adultos mayores de la comunidad y otro en Estados Unidos39 en un grupo de adultos mayores no institucionalizados. En ambos estudios no hubo diferencias estadísticamente significativas entre las personas que vivían acompañadas o solas. Un punto que respalda nuestro resultado es la implicación de vivir solo, la cual empeora la calidad de vida del adulto mayor, predisponiéndolo a un mayor número de enfermedades, síndromes geriátricos, mayor sentimiento de desesperanza y un mayor deterioro cognitivo40.
En cuanto a las asociaciones de los puntajes obtenidos en el IPAQ-S y la GDS-15 con las variables sociodemográficas, se encontró que las categorías que tenían asociación con los puntajes obtenidos en la GDS-15 fueron las variables de edad, estado civil, clase socioeconómica y si presentaba algún tipo de enfermedad. Dichos resultados concuerdan con lo encontrado en una revisión41.
Es resaltante que nueve de 10 adultos mayores fueron mujeres, este hallazgo se explica porque según los registros del CIAM la mayoría de sus beneficiarios son mujeres. Los adultos mayores de sexo femenino tienden a acudir más a centros sociales y tener mayor participación y acogida de las actividades realizadas en los centros en comparación a los varones. Recomendamos considerar esta particularidad de la muestra en la interpretación de los resultados, pues entre mujeres la correlación lineal inversa está presente, mientras que en varones se observó un sentido contrario no significativo en dicha correlación. Estas diferencias podrían explicarse por el diferente tamaño muestral de mujeres y varones, y principalmente, a que las mujeres tienen mayor interés y participación en actividades como danza, yoga, pilates, gimnasia, entre otras; mientras que la participación de los varones en los CIAMS está asociada principalmente a actividades como juegos de mesa (billar y tenis de mesa).
Las limitaciones del estudio fueron que el diseño del estudio fue transversal en una población y subsecuente muestra fueron muy delimitadas, por lo que las prevalencias de las variables estudiadas son difícilmente extrapolables a la población de adultos mayores residentes del distrito de Miraflores; tampoco se puede establecer una secuencia temporal entre actividad física y sintomatología depresiva. Se pudo presentar un sesgo de autoselección, pues el muestreo no fue probabilístico. Es posible que aquellos adultos mayores en mejores condiciones físicas hayan participado, y no aquellos con comorbilidades que dificultan la participación regular en el CIAM, de hecho, la muestra solo incluyó a 158 de los aproximadamente 450 adultos mayores que asisten a los CIAM. Además, los cuestionarios aplicados solo nos permitieron obtener información en base a la autopercepción del participante de los últimos siete días, lo que pudo generar un sesgo de medición. La IPAQ-S tiende a sobrevalorar los resultados de actividad física en este grupo etario, por lo que se recomienda el uso de una versión adaptada como el cuestionario internacional de actividad física adaptado al adulto mayor (IPAQ-E); sin embargo, este último no cuenta con validación en español y tampoco una adaptación en Sudamérica.
ConclusiónLos adultos mayores que acuden a los CIAM tienen menores niveles de sintomatología depresiva en función de la mayor cantidad de actividad física realizada. La magnitud de esta correlación fue mayor en algunos subgrupos como en aquellos de 70 a 79 años, que viven acompañados, aquellos que acudieron a la universidad, o aquellos que aún trabajaban. Estos hallazgos soportan el rol que cumple la actividad física en la vida del adulto mayor, y el potencial rol de los CIAM para promover la actividad física en este grupo etario. Es necesario realizar mayores investigaciones que puedan ayudar a esclarecer más esta asociación, y así dar mayor impulso a los programas que promueven este tipo de actividades.
FinanciaciónLa presente investigación no ha recibido ayudas específicas provenientes de agencias del sector público, sector comercial o entidades sin ánimo de lucro.
Conflicto de interesesLos autores declaran no tener conflictos de intereses.
A nuestros colegas Rodrigo Vidarte, Andrea Chávez, María Tong, Andrea Tolentino y Paloma Rodríguez por su ayuda en la recolección de datos. Al Dr. Gilmer Solís de la Unidad de Investigación de la Facultad de Medicina Humana por el apoyo en la redacción y elaboración de tablas.






