Aprovecho la oportunidad que me brinda nuestro Editor Jefe para esbozar en pocas líneas algunas ideas acerca de la situación actual en nuestro medio de la ecografía, técnica de la que hemos sido testigos de avances y mejoras continuas, así como de amenazas y ataques desde fuera y dentro de nuestra especialidad. Debemos de tener en cuenta que a pesar del desarrollo de nuevas técnicas, se siguen y se seguirán realizando miles de ecografías cada día en nuestro país, por ello sigue siendo necesario adecuar las indicaciones, aumentar el conocimiento científico, mejorar la calidad de las exploraciones e incorporar los avances tecnológicos disponibles.
La formación es el pilar fundamental para conseguir los objetivos anteriores. Nuestros residentes, no obstante, suelen estar "saturados" de ecografías, muchas no justificadas, en sus guardias y atraídos por técnicas más novedosas. Lo mismo ocurre con nuestros compañeros del staff, sometidos en muchas ocasiones a una gran presión asistencial que hace que la ecografía sea a veces el puesto menos deseado en la organización por órganos y sistemas de muchos de nuestros Servicios. La ecografía "ata" al radiólogo a una máquina, mucho más que otras técnicas. A pesar de ello debemos integrarla en el proceso diagnóstico como un elemento más junto a las restantes técnicas disponibles, valorando sus posibilidades y limitaciones en cada caso, evitando el papel de "ecografista" como ente aislado. Como radiólogos debemos conocer las posibilidades diagnósticas de las distintas técnicas y emplear la(s) mejor(es) en cada situación clínica, evitando cierto desdén habitual en algunos compañeros hacia una técnica que nosotros mismos hemos pregonado insistentemente como barata, fácil y accesible.
La competencia, mejor que intrusismo, ha constituido otra clara amenaza desde el principio del desarrollo de la ecografía. Favorecido por la ausencia de radiaciones ionizantes y un coste relativamente bajo, prácticamente todas las especialidades emplean esta técnica. Nada impide su empleo por otros especialistas y la industria lógicamente venderá sus equipos a quien se los reclame, aunque esto implique una banalización de la técnica, favorecida incluso por los propios gestores. Este hecho, que no es exclusivo de la ecografía, solamente lo podemos combatir con una mayor y mejor dedicación, integrando las distintas técnicas de imagen disponibles y actuando de forma mancomunada con el clínico. En este punto necesitamos autocrítica, existen parcelas perdidas salvo excepciones puntuales (ecocardio, obstetricia) y otras en peligro (musculoesquelético, vascular, etc.) en las que se ha actuado en muchos centros con cierto desinterés, debido a la fuerte presión asistencial, más motivación hacia otras técnicas u otros motivos, de modo que en ocasiones los demás especialistas parecen mostrar más interés por la ecografía que nosotros mismos. Un ejemplo es la escasa utilización de los contrastes ecográficos hasta el momento en los Servicios de Radiología en comparación con el interés mostrado por nuestros compañeros digestólogos.
Inevitablemente he de referirme a los técnicos. La SEUS no puede mirar hacia otro lado ante una situación real que se plantea en muchos centros y de hecho ha realizado una reciente encuesta de opinión sobre el tema entre todos los miembros de la SERAM. Si se estima oportuna su necesidad, la formación puede realizarse individualmente en cada hospital como ya se ha venido haciendo en algunos centros, mediante escuelas públicas o privadas o integrando la ecografía en la formación del TESID (Técnico Superior en Imágenes para el Diagnóstico) tal como contempla el borrador de la propuesta de los Ministerios de Educación y Ciencia y de Sanidad y Consumo, con 3.000 horas para la obtención de este título de Técnico Superior. No obstante, la situación actual se antoja difícil dadas las carencias formativas de nuestros técnicos, que en absoluto podemos solventar en unos cursos de pocos días, algo así como "aprenda ecografía en un fin de semana". En cualquier caso este debate habrá que realizarlo con prudencia, responsabilidad y consenso, evitando posiciones viscerales a favor o en contra y teniendo en cuenta los principios generales de la delegación de funciones: a) principio de responsabilidad: aunque se deleguen las responsabilidades operativas el radiólogo siempre es responsable del resultado final; b) principio de control: no se pueden delegar funciones cuyos resultados no se pueden controlar, supervisar y evaluar; c) principio de capacidad: la capacidad para realizar la función delegada deberá ser objetivable, y d) principio de tipicidad: deben estar previamente establecidas las condiciones conforme a las cuales puede producirse la delegación.
La SEUS, fundada en Madrid el 28 de noviembre de 1981 con el apoyo de un grupo de radiólogos interesados en esta nueva técnica, sigue hoy día fiel a su compromiso de promocionar la docencia y el desarrollo en el campo de los ultrasonidos, plasmado en actividades como el Curso anual (24 ediciones), el Curso para residentes de tercer año (6 ediciones), talleres puntuales sobre temas concretos, y participación mediante la vocalía correspondiente en los Comités Científicos de los Congresos Nacionales de la SERAM. Hay que destacar también las 21 ediciones celebradas hasta la fecha del premio Philips de ecografía. Siempre hemos sido partidarios de sumar esfuerzos y dedicación evitando conflictos de competencias, por lo que la necesidad de la Sociedad, cuestionada por algunos, se justifica en la necesaria formación teórico-práctica específica en ultrasonidos realizada con muy buena acogida en las actividades propias de la Sección, así como en los Congresos Nacionales de la SERAM.
No podemos predecir lo que ocurrirá en un futuro próximo, ni las situaciones que vivirán las nuevas generaciones de radiólogos, pero la implantación progresiva de la telerradiología, el desarrollo de la ecografía de adquisición volumétrica y su aplicación ge neralizada en todas las áreas corporales, la mayor o menor incorporación de especialistas en "generar información" y otros cambios nos conducirán de forma progresiva e inevitable a otros escenarios de trabajo y organización en los que será imprescindible el trabajo en equipo huyendo de situaciones de aislamiento, la adaptación a un entorno cambiante, el consenso y la suma de esfuerzos con otros profesionales y, por supuesto, el convencimiento de la necesidad de una formación continuada, integral y de calidad.
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