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Vol. 20. Núm. 7.
Páginas 89-92 (Julio 2001)
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Las heridas y su tratamiento
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ÁNGELA BOSCHa
a Farmac??utica.
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Las heridas son muy frecuentes y en ocasiones pueden implicar gravedad e incluso riesgo para la vida de los pacientes. Es muy importante la limpieza de las heridas, su desinfección y el empleo de antisépticos, tiras, esparadrapos y apósitos que consigan una rápida cicatrización, así como la restauración de la superficie de la piel que ha resultado afectada. Las úlceras son heridas que tardan en cicatrizar y que requieren unos cuidados especiales, sobre todo en caso de enfermos postrados
y ancianos.
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Las heridas son el resultado de una rotura de la superficie de la piel, causada muchas veces por un objeto cortante. Las lesiones tisulares se reparan mediante el recambio del tejido lesionado. Si la pérdida de tejido es poco importante, suele bastar con aproximar los bordes de la herida, pero si la pérdida de tejido es considerable la curación se prolonga durante mucho más tiempo.

Las heridas son causadas por cortes, desgarros, quemaduras y aplastamientos de la piel. También pueden ser consecuencia del calor y del enfriamiento. El calor excesivo desnaturaliza las proteínas y el enfriamiento por debajo de los cero grados produce formación de cristales en el interior de las células. También son causa de heridas las corrientes eléctricas intensas, la agresión química y la interrupción del aporte sanguíneo. Es importante conocer la causa de la herida para establecer el tratamiento más adecuado y el tiempo previsto de cicatrización. También hay que saber cuánto tiempo ha transcurrido desde que se produjo la herida, para evitar complicaciones.

Hay que evaluar la posibilidad de que el paciente no declare la verdad sobre el origen de sus heridas. Si se trata de un niño, debe tenerse en cuenta la posibilidad de que la lesión haya sido causada en el entorno doméstico y que no sea accidental. Otras veces el paciente oculta la causa de su lesión porque ésta se ha producido en circunstancias que no quiere que los demás conozcan, como el desarrollo de alguna actividad ilegal o de relaciones que prefiere no desvelar.

Tipos de heridas

Las heridas se clasifican según su extensión, localización, profundidad, gravedad, pronóstico y agente causal.

Una de las clasificaciones más habituales de las heridas es la siguiente:

 

­Abiertas. Cuando muestran una abertura en la piel.

­ Contusas. Son lesiones de los tejidos sin solución de continuidad en la piel.

­ Incisas. Producidas por objetos cortantes.

­ Penetrantes. Las que entran en una cavidad corporal.

­ Punzantes. Causadas por instrumentos punzantes.

 

Heridas agudas

La causa más frecuente de heridas agudas es el bisturí del cirujano. En las intervenciones quirúrgicas, las incisiones son lineales para tener acceso a las estructuras subyacentes. Las incisiones se hacen en condiciones de asepsia y procurando producir el menor traumatismo posible a los tejidos circundantes. Terminada la intervención, se utilizan suturas para aproximar los bordes cutáneos. De esta forma, queda minimizado el trabajo de reparación de los nuevos tejidos.

Algunas heridas producen complicaciones graves en los pacientes, pero lo habitual es que si reciben un tratamiento adecuado se curen y no dejen secuelas. Uno de los problemas de las heridas agudas es el aspecto estético. Hay heridas que clínicamente están bien cicatrizadas, pero que afean el aspecto de la persona, lo que reduce su calidad de vida. En lo posible, hay que seguir técnicas de intervención y curación que no sólo conduzcan a la cicatrización, sino también a la menor desfiguración posible. Una laceración o erosión facial, después de curada, supone una grave complicación para el paciente, ya que puede comportar una desfiguración permanente, con problemas psicológicos y complicaciones familiares, emotivas y laborales.

Un porcentaje de heridas experimenta complicaciones. Durante el proceso de curación pueden producirse necrosis, dehiscencia de la sutura, hematomas e infecciones. Las infecciones y los hematomas producen hinchazón y aumento de la tensión en la herida suturada. La tensión reduce el aporte sanguíneo, por lo que la cicatrización es más lenta y puede incluso llegar a producirse la muerte celular, es decir, la necrosis, que es la complicación más grave de las heridas, tengan o no un origen quirúrgico.

 

Heridas pequeñas y erosiones

Hay heridas que se reducen a arañazos, rozaduras o cortes superficiales, que suelen ser producidas por elementos cortantes limpios, como cuchillos y hojas de afeitar. En estos casos basta secar las gotas de sangre y aplicar una tira, que será de plástico cuando el corte se haya producido en los dedos o las manos y se deba tocar agua con cierta frecuencia. Si la herida superficial es consecuencia de una caída, puede ser poco sangrante pero con pérdida de una cierta porción de piel. Este tipo de heridas requiere una limpieza y desinfección a fondo para eliminar los restos de suciedad que hayan podido quedar adheridos a los bordes de la herida y para evitar el riesgo de infecciones y las reacciones que retrasarían la cicatrización. Las he ridas producidas por instrumentos de labranza o por caídas en jardines, campos y cuadras tienen un elevado riesgo de producir tétanos. Debe consultarse al médico para que éste decida si es conveniente la administración de la vacunación antitetánica.

La gravedad de las quemaduras aumenta cuando resultan afectadas áreas amplias de piel

o cuando la lesión es profunda

Heridas incisas profundas

Las heridas superficiales pueden ser tratadas sin necesidad de la asistencia de un médico. Por el contrario, las heridas profundas siempre deben ser tratadas por facultativos. Algunas caídas y golpes producen heridas incisas de pequeño tamaño pero muy profundas. Las heridas de arma blanca suelen presentar un corte exterior pequeño y una gran profundidad, por lo que son muy peligrosas. Según el tamaño de la herida, será conveniente la aplicación de algunos puntos de sutura después de que se haya procedido a la desinfección de la herida.

 

Quemaduras

Después de una quemadura se produce una lesión por coagulación y desnaturalización de las proteínas celulares. Las quemaduras se deben al contacto directo con una llama, con un objeto caliente o con líquidos a temperaturas elevadas, por radiación causada por una fuente de calor o por el paso de la corriente eléctrica.

La gravedad de las quemaduras aumenta cuando resultan afectadas áreas amplias de piel o cuando la lesión es profunda. El tamaño es muy importante, pues determina el volumen de líquido perdido.

La quemadura es más profunda cuanto mayor haya sido la temperatura causante de la lesión. Además de la tradicional clasificación en grados, las quemaduras se clasifican según su profundidad:

 

­ Superficial parcial. Curará sin cicatriz.

­ Profunda parcial. Al curar puede dejar una cicatriz significativa.

­ Profunda total. Siempre deja como secuela una cicatriz significativa.

 

Las más dolorosas son las primeras, porque resultan afectados los receptores nerviosos. Las segundas y las terceras son más graves pero menos dolorosas, porque han resultado destruidos los receptores nerviosos.

La pérdida de líquido, cuando es considerable, puede implicar riesgos de insuficiencia renal. Otra posible complicación de las quemaduras son las infecciones: al quemarse la piel se pierden las defensas ante los gérmenes. La infección resultante puede ser local o generalizada si pasa al torrente sanguíneo.

Algunos grupos de personas son propensos al riesgo de sufrir quemaduras: niños, epilépticos, alcohólicos, drogadictos, ancianos y pacientes que tienen alterada su conciencia y sensibilidad.

Si la quemadura se ha producido por agua hirviente, vapor, aceite caliente o con una plancha, hay que colocar cuanto antes la parte afectada bajo un chorro de agua fría. Es muy aconsejable aplicar cubitos de hielo dentro de un pañuelo. Se consigue bajar la temperatura de la parte quemada, reducir la inflamación y disminuir la aparición de ampollas. Además, el frío tiene un efecto anestésico. Cuando la causa de la quemadura ha sido el fuego, hay que actuar de forma similar. Debe cubrirse la parte quemada con una venda, incluso con una sábana limpia si la zona afectada es muy grande, y trasladar al enfermo a un hospital para que reciba el tratamiento adecuado.

Úlceras

Las úlceras son zonas heridas que curan lentamente. Su cicatrización es difícil y requieren atención continuada durante mucho tiempo. Se trata de heridas crónicas en las que ha resultado impedida la restauración de los tejidos afectados. Es habitual que aparezcan en personas postradas y en enfermos crónicos, sobre todo en ancianos. Si el paciente permanece mucho tiempo en la cama o sentado en una silla de ruedas, la presión que los huesos ejercen sobre la piel produce un bloqueo de los vasos sanguíneos y la consiguiente degeneración de los tejidos. El riesgo aumenta en presencia de humedad, ya sea causada por el sudor o por la incontinencia.

Para prevenir la aparición de úlceras es necesario cambiar de posición a los enfermos cada 2-3 horas y con una frecuencia mayor cuando permanecen sentados, ya que el riesgo es mayor. Se deben hacer masajes en las partes afectadas por la presión de los huesos, con alcohol o con una crema hidratante. El masaje no debe realizarse si ya existen lesiones ulcerosas. La piel debe mantenerse seca y limpia, empleando un jabón de pH 5. Las sábanas deben estar secas y sin arrugas. El bienestar del enfermo mejora con el uso de cojines situados entre la piel del enfermo y la cama. En caso de incontinencia es imprescindible una limpieza muy estricta y frecuente, así como la utilización de protectores impermeabilizados que eviten el contacto de las lesiones con la humedad. *

 

 

 

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