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Inicio Medicina de Familia. SEMERGEN Uso de inhibidores de la bomba de protones en Atención Primaria ¿correcto?
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Vol. 41. Núm. 8.
Páginas 455-456 (Noviembre - Diciembre 2015)
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Vol. 41. Núm. 8.
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Carta al Director
DOI: 10.1016/j.semerg.2014.12.010
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Uso de inhibidores de la bomba de protones en Atención Primaria ¿correcto?
Use of proton pump inhibitors in primary care. Always right?
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T. Ricart-Pena
Autor para correspondencia
arboleja@yahoo.es

Autor para correspondencia.
, M. Lozano-Espinosa, E. Martínez-Lerma, S. Bueno-Macías
Centro de Salud Docente de San Andrés, Murcia, España
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Tabla 1. Cumplimiento de criterios para la prescripción del IBP
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Sr. Director:

El tratamiento farmacológico de los trastornos digestivos relacionados con la secreción ácida gástrica, así como la profilaxis de lesiones en la mucosa, han variado sustancialmente a lo largo de las últimas décadas. Tras la aparición de los inhibidores de la bomba de protones (IBP) en los años 90 estos fármacos se han convertido en la primera opción terapéutica para el tratamiento de las úlceras gastroduodenales y todo tipo de gastropatías, sin apenas valorar otras alternativas y prescribiéndolos de manera casi automática, colaborando así en la potenciación de la polimedicación y, además, incrementando el gasto terapéutico. Pese a su extensa utilización, cabría preguntarse si existen razones para justificar un uso tan amplio de los IBP en nuestro medio, y si todos los IBP que se consumen están correctamente indicados1–4. Se han apuntado algunas posibles causas de dicho uso excesivo, como la elevada utilización de AINE a largo plazo, el envejecimiento de la población o, sobre todo, el uso en indicaciones «poco precisas».

De ahí surge el objetivo de nuestro estudio, que consiste en analizar el grado de adecuación de la prescripción de los IBP en un centro de salud semiurbano. Para ello se diseñó un estudio observacional para el que se seleccionaron aleatoriamente 112 pacientes a los que se les prescribía IBP de forma continuada durante más de 3 meses, y se analizó el motivo por el que lo tomaban, estudiando posteriormente si el uso de los IBP se ajustaba o no a las indicaciones consensuadas1–3. Respecto a los resultados, el 41,1% (46) de los pacientes analizados eran varones y el resto mujeres. La edad media fue de 65,2±15,8 años (siendo el 59% [66] de 65 o más años). Respecto a los antecedentes, de todos los pacientes, el 4,46% (5) tenían historia previa de hemorragia digestiva alta y estaban siendo tratados con IBP, el 22,3% (25) tomaban ácido acetilsalicílico a dosis antiagregantes habitualmente, el 8,9% (10) tomaban clopidogrel u otros antiagregantes plaquetarios, el 3,6% (4) consumían de forma aguda o crónica corticoides, el 30,4% (34) estaban en tratamiento con AINE, el 4,5% (5) estaban anticoagulados y el 17% (19) tomaban inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Cuando interrogamos a los pacientes sobre el motivo por el cual tomaban el IBP, las respuestas fueron: 1) El 38,4% (43) tomaba el IBP aludiendo a su capacidad de proteger el estómago; 2) El 37,5% (42) referían que lo tomaban porque se lo habían mandado los profesionales sanitarios; 3) El simple hecho de tomar muchos medicamentos, era el motivo del 21,4% (24); 4) No lo sabían el 1,8% (2), y 5) El 0,9% (1) tenían otros motivos. Respecto a si había o no algún criterio clínico que justificase la prescripción del IBP, en el 84,8% (95) había algún criterio clínico (tabla 1). En el restante 15,2% (17) no había ningún criterio que justificase la prescripción y, por lo tanto, estaban consumiendo un fármaco que no les conllevaba ninguna utilidad profiláctica ni terapéutica. De estos 17, hay que resaltar que el 35,3% (6) tomaban el IBP porque se lo había mandado un profesional sanitario sin tener criterios. Del resto, el 41,2% lo tomaban simplemente por su calidad de protector gástrico, y el 23,5% (7) por el hecho de tomar muchos fármacos, sin ser estos gastrolesivos.

Tabla 1.

Cumplimiento de criterios para la prescripción del IBP

Criterio  Porcentaje que cumplen (N.°) 
Ulcus duodenal o gástrico  1,8 (2) 
Prevención de recidiva de ulcus  0,9 (1) 
Enfermedad por reflujo gastroesofágico o hiperacidez  35,7 (40) 
Profilaxis de gastropatía por fármacos  45,5 (51) 
Síndrome de Zollinger-Ellison  0,9 (1) 
No cumplen ningún criterio  15,2 (17) 

IBP: inhibidores de la bomba de protones.

A modo de discusión, destacar que el 15,2% (17) de los pacientes no tienen ninguna indicación clínica para el uso de IBP, y el 84,8% (95) presentan criterios que justifican el uso de inhibidores, la mayoría de los cuales (45,5%) son debido al uso de fármacos con potencial gastrolesivo, y otro volumen importante de los pacientes con indicación de IBP (35,7%) es a consecuencia de sintomatología de reflujo gastroesofágico e hiperacidez. Estas cifras indican que se está haciendo un esfuerzo en la racionalización de su prescripción por parte de los profesionales sanitarios, siendo conscientes de que cualquier fármaco, aunque se le conozca popularmente por el inocuo nombre de «protector», siempre presenta una iatrogenia alta, tanto por sus efectos secundarios como, sobre todo, por las interacciones que surgen en la mayoría de los pacientes polimedicados5–12. Aún así, pese a que la cantidad de IBP prescritos sin poseer criterios no presenta una cifra alarmante, sí es cierto que teniendo en cuenta la esfera económica actual y la polimedicación a la que están sometidos muchos pacientes, esta cantidad carente de justificación clínica continúa siendo demasiado elevada.

Como conclusión, resaltar que se sigue realizando una prescripción excesiva de los IBP, en muchas ocasiones carente de justificación clínica, y muchos de ellos pautados por profesionales sanitarios, por lo que se debería continuar potenciando el uso racional de los IBP y proseguir extendiendo los criterios de uso de los mismos, para evitar prescribirlos en situaciones innecesarias, exponiendo con esta práctica al paciente a una iatrogenia evitable.

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