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Vol. 15. Núm. 1.
Páginas 38-46 (Febrero 2019)
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Vol. 15. Núm. 1.
Páginas 38-46 (Febrero 2019)
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DOI: 10.1016/j.ihe.2017.10.001
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La promoción turística privada en la España del primer tercio del sigloXX: los Sindicatos de Iniciativa y Turismo
Private promotion of tourism in Spain in the first third of the 20th century: Tourist Information Offices
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Marta Luque Aranda, Carmelo Pellejero Martínez
Autor para correspondencia
cpellejero@uma.es

Autor para correspondencia.
Departamento de Teoría e Historia Económica, Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Málaga, Málaga, España
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Tabla 1. España. Turismo y Viajes
Resumen

Los denominados genéricamente Sindicatos de Iniciativa y Turismo fueron una pieza clave en la promoción turística en la España del primer tercio del sigloXX. Estas entidades, sin ánimo de lucro, con escasa financiación y frutos mayoritariamente, aunque no exclusivamente, de la iniciativa privada, nacieron con la finalidad de potenciar el desarrollo turístico de una determinada localidad o región. Pese a ser tratadas con una cierta indiferencia por parte de los poderes públicos, estas asociaciones publicaron boletines periódicos que fueron referentes del turismo de su época, editaron y difundieron carteles anunciadores de los festejos de sus localidades, facilitaron información gratuita a los turistas y organizaron excursiones, ciclos de conferencias, exposiciones, festejos y congresos. Además, intercedieron repetidamente ante las autoridades y el empresariado con el objetivo de mejorar en nuestro país los accesos, los transportes y los alojamientos.

Palabras clave:
Historia del turismo
Promoción turística privada
Sindicatos de iniciativa
España
Códigos JEL:
N74
L83
018
Abstract

The generically-called Tourist Information Offices were a key element in the promotion of tourism in Spain in the first third of the 20th century. These non-profit entities and with little financing emerged mainly from private initiative to promote the tourism development of their locality or region. In spite of being treated with certain indifference by public authorities, these associations published periodic newsletters that were tourist references of the time. They published and spread posters of the events in their localities. They provided free information to the tourists and they organised tours, conferences, exhibitions, events, and congresses. In addition, they repeatedly collaborated with the authorities and the business sector involved, in order to improve access, transport, and accommodation in Spain.

Keywords:
History of tourism
Private tourism promotion
Tourist and information offices
Spain
JEL classification:
N74
L83
018
Texto completo
1Introducción

A lo largo del primer tercio del sigloXX la iniciativa privada española desempeñó un papel fundamental a la hora de promocionar el turismo en nuestro país. Siguiendo el ejemplo de lo que venía ocurriendo desde finales del sigloXIX en países como Francia, Suiza o Italia (Battilani, 2001; Berrino, 2011; Larique, 2006; Raucoules, 1995; Vaccaro, 2016), fueron surgiendo en España diferentes asociaciones que, con no demasiados recursos económicos y humanos, emprendieron una interesante y necesaria labor para dar a conocer, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, los atractivos rincones de la nación, las bondades de su clima o su riqueza artística. Además, sus reivindicaciones de cara a mejorar las condiciones de acceso, de viaje y de alojamiento en España coadyuvaron a que los poderes públicos y la sociedad comenzaran a prestar mayor atención al todavía incipiente fenómeno turístico, precisamente en un país que quería ascender en el ranking de destinos europeos y que siempre estuvo necesitado de los ingresos que la industria de los viajes de placer podía aportar.

La iniciativa privada que dio soporte a su industria se constituyó con individuos u organizaciones de distinta naturaleza. Desde asociaciones empresariales, como la Asociación de Propietarios de Balnearios y de Manantiales de Aguas Minero-Medicinales de España (Alonso Álvarez et al., 2012), la Asociación de Fondistas de España (Gran Vida, en adelante GV, 1907, julio) y la Asociación de Dueños de Balnearios y Manantiales Minero-Medicinales de Cataluña (Molina Villar, 2004), fundadas en 1906, 1907 y 1916, respectivamente, a sociedades vinculadas a las excursiones y el deporte, entre las que destacaron la Unión Velocipédica Española, el Real Automóvil Club de Barcelona (GV, 1910, enero), el Real Automóvil Club de España (GV, 1912, enero), la Asociación Nacional para el Fomento del Turismo (GV, 1910, agosto, septiembre) y el Touring Club Hispano-Portugués, que vieron la luz entre 1895 y 1910. Pero la pieza clave en la promoción turística privada fueron las asociaciones mayoritariamente denominadas Sindicatos de Iniciativa y Turismo (en adelante SIT). Estas entidades, sin ánimo de lucro, con escasa financiación y frutos mayoritariamente, aunque no exclusivamente, de la iniciativa privada, nacieron con la finalidad de potenciar el desarrollo turístico de una determinada localidad o región. Pese a ser tratadas con una cierta indiferencia por parte de los poderes públicos, los SIT publicaron boletines periódicos que fueron referentes del turismo de su época, editaron y difundieron carteles anunciadores de los festejos de sus localidades, facilitaron información gratuita a los turistas y organizaron excursiones, ciclos de conferencias, exposiciones, festejos y congresos. Además, intercedieron repetidamente ante las autoridades y los empresarios con el objetivo de mejorar en nuestro país los accesos, los transportes y los alojamientos.

El objetivo del presente trabajo es precisamente profundizar en el análisis del papel desempeñado por los citados SIT en nuestro país, desde la creación del primero de ellos, en 1897, al estallido de la Guerra Civil. Partiendo de las aportaciones pioneras sobre la materia de Arcos y Cuadra (1974-1909), Arrillaga (1955), Fernández Álvarez (1974), Lavaur (1980), Arcas Cubero y García Sánchez (1980), Fernández Fúster (1991), Hernández Jiménez (1994) y Pellejero Martínez (1999), y de las más recientes de Moreno Garrido (2007), Blasco Peris (2005), Correyero Ruiz y Cal Martínez (2008), Vives Reus (2005, 2010), González Morales (2015) y Luque Aranda (2015), y utilizando nuevas fuentes documentales, hemos estudiado el fenómeno estructurándolo en tres etapas. En primer lugar, el decenio previo a la Gran Guerra, cuando germinaron los primeros SIT y se celebraron unos congresos internacionales de gran prestigio en los que algunos de ellos desempeñaron, en colaboración con homólogos franceses y portugueses, un papel esencial. En segundo lugar, la cíclica década de los años veinte, una etapa en la que el interés despertado entre los poderes públicos siguió siendo muy escaso y en la que los SIT, que continuaron creciendo en número, tuvieron que contemplar cómo algunas de sus tradicionales funciones fueron progresivamente siendo asumidas por las autoridades y el emergente sector privado. Y, por último, los convulsos años de la Gran Depresión y la Segunda República, en los que los SIT lograron, por fin, materializar su ansiada Federación, que fue declarada de utilidad pública y cuyas anuales asambleas fueron el principal foro donde discutir sobre turismo y seguir reclamando las necesidades del sector.

2La Belle Époque

Con el nuevo siglo, y hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, la confianza en la incipiente industria de los viajes de placer no paró de crecer. El bienestar económico alcanzado por buena parte de la clase burguesa europea y norteamericana y las continuas innovaciones en los medios de transporte propiciaron que fuera creciente el número de personas que abandonaban temporalmente sus lugares de residencia y se trasladaban, por el interior de su propio país o más allá de sus fronteras, para visitar estaciones termales, playas, macizos montañosos y ciudades con destacado patrimonio artístico. La economía española, por su parte, también experimentó durante el citado periodo un indudable crecimiento económico, aunque inferior al de los países del norte de Europa, basado en el incremento de la inversión privada, las repatriaciones de capital desde las colonias perdidas en 1898, la mayor inversión extranjera, las remesas de los emigrantes españoles y el auge experimentado por buena parte de la agricultura, algunos sectores industriales, los transportes y la banca (Carreras Odriozola y Tafunell Sambola, 2010; Comín Comín, 2005; Maluquer de Motes i Bernet, 2014).

En una España que crecía pero que no convergía con las naciones económicamente más poderosas, y en la que el creciente fenómeno turístico se mantuvo muy alejado del nivel alcanzado por destinos europeos vecinos, la industria de los forasteros fue ganando progresivamente adeptos entre los agentes públicos y privados. En 1905 la Administración española, consciente de que nuestro país estaba renunciando a unas potenciales y necesarias divisas, creó por Real Decreto de 6 de octubre una Comisión Nacional encargada de favorecer en nuestro país la llegada de turistas extranjeros. Pero parece que este organismo, el primero específico dedicado al fomento del turismo, fue muy poco activo (Bayón Mariné, 1999; Esteve Secall y Fuentes García, 2000; Fernández Álvarez, 1974; Fernández Fúster, 1991; Pellejero Martínez, 1999). Apenas se sabe nada de su actuación y se duda incluso de su constitución (González Morales, 2015). Por otra parte, ese mismo año el asociacionismo turístico veía como se fundaban el Fomento del Turismo de Mallorca (Vives Reus, 2005) y la Sociedad de Festejos de Málaga (GV, 1914, febrero), que venía a competir con el que es considerado el primer SIT español, la Sociedad Propagandística del Clima y Embellecimiento de Málaga, que había sido constituido en diciembre de 1897 (Arcas Cubero y García Sánchez, 1980).

Dos años después, Vicente Castro Les, director de Gran Vida, señalaba la urgente necesidad de seguir creando SIT por toda España y la conveniencia de que, con el tiempo, estos constituyeran el Touring Club de España, y que este asumiera todo lo referente al fomento del turismo ante la inoperancia de la Comisión Nacional (GV, 1907, septiembre). Por otro lado, en un congreso organizado por los Sindicatos del Sudoeste de Francia, y celebrado en Arcachon entre el 5 y el 9 de septiembre de 1907, el presidente del SIT de Burdeos señaló que Francia y España deberían unirse para defender mejor sus intereses y proponía la creación de un movimiento turístico en el noreste de la península ibérica, destruir los prejuicios que algunos franceses mantenían sobre las dificultades a las que tenía que hacer frente el viajero en España y que en San Sebastián se fundaran SIT que estuvieran en relación constante con los del sudoeste galo (GV, 1907, septiembre, octubre).

A lo largo de 1908 se fundaron el Centro de Atracción y Turismo de San Sebastián (GV, 1913, diciembre), que vino a sustituir al sindicato de iniciativa municipal que había sido creado seis años antes, y la Atracción de Forasteros de Barcelona (Blasco Peris, 2005), y el sector celebró en Zaragoza, del 20 al 23 de noviembre, el I Congreso Internacional de Turismo y de los Sindicatos de Iniciativa (ABC, 1908, 24 de noviembre). Fue promovido desde el sector privado, principalmente por la Asociación de Fondistas de España, y registró alrededor de doscientas inscripciones. Se adhirieron varias cámaras de comercio, ayuntamientos, compañías ferroviarias españolas y galas, empresas periodísticas, asociaciones deportivas, SIT nacionales y la Federación de Sindicatos de Iniciativas franceses y la Federación Nacional de Hosteleros de Francia y sus colonias, así como A. Calderón, director general de Obras Públicas, José Sánchez Guerra, ministro de Fomento, Álvaro Figueroa, conde de Romanones, Jean Cruppi, ministro francés de Comercio, y Albert Viger, senador y presidente del Comité galo (GV, 1908, octubre, noviembre).

Los congresistas aprobaron constituir un SIT en Zaragoza y una Federación Franco-Española de Sindicatos de Iniciativa, así como favorecer la creación de estos en España, solicitar subvenciones de las corporaciones provinciales y locales para poder financiar las tareas de propaganda, que cada SIT editase una guía descriptiva anual de su ciudad o comarca, y trabajar para tratar de abaratar el coste de la propaganda publicada en prensa. Además, acordaron que los SIT colaboraran con entidades como el Real Automóvil Club de España, la Unión Velocipédica Española y el Touring Club francés y español, entre otras, y que dialogaran con los poderes públicos y las compañías respectivas en aras de mejorar y abaratar los transportes por ferrocarril y por carretera (GV, 1908, noviembre).

Al mes siguiente de celebrarse este congreso, Castro Les insistió en la necesidad de que los SIT se agruparan en una asociación para el fomento del turismo en España que debería trabajar para dar a conocer lo que eran y significaban sus miembros, así como para crear un ambiente favorable al turismo por medio de folletos de propaganda, artículos de prensa, conferencias y demás sistemas de difusión, y procurar la creación en cada región de España de uno de ellos (GV, 1908, noviembre). Una idea que también fue defendida por Carlos Arcos y Cuadra, al argumentar en 1909 que la constitución de una Federación de SIT les proporcionaría una mayor autoridad para hacerse oír por parte de los poderes públicos y las grandes empresas de transportes, de comercio y de navegación, así como una mayor difusión de los servicios ofrecidos y una disminución de sus gastos generales (Arcos y Cuadra, 1974).

En el mes de mayo de 1909 los SIT de Barcelona, San Sebastián, y el recién creado Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón, junto con la Asociación Nacional de Fondistas y similares de España, acudieron al VI Congreso Nacional de los Sindicatos de Iniciativa de Francia, siendo la primera vez que organizaciones españolas estuvieron representadas en un congreso francés de turismo (Aragón, 1909, mayo). Y ese mismo año se celebró en San Sebastián el II Congreso Internacional de Turismo y de los Sindicatos de Iniciativa (ABC, 1908, 22 de noviembre). Organizado por el SIT de la ciudad sede, se celebró entre los días 4 y 7 de octubre, acudieron al mismo más de cien delegados de SIT nacionales y extranjeros, fundamentalmente franceses y portugueses, y numerosos representantes de sociedades deportivas, Touring Clubs, prensa, hoteles, compañías de transporte y de los poderes públicos de cada país. En cada una de las secciones en las que se dividió el congreso se presentaron unas conclusiones muy similares a las del primero. En materia de propaganda, había que mejorarla, ampliarla y abaratarla, así como organizar en toda América Latina la publicidad franco-hispano-portuguesa. En cuanto al transporte, se aprobó cooperar con las sociedades turísticas y de hostelería para conseguir de las compañías respectivas que viajar por España fuera más cómodo, más rápido, más seguro y más barato, y que las agencias de viajes combinaran sus excursiones con las compañías de navegación. También se consideró conveniente pedir la creación en París y Madrid de un Comité d́Entente Amicale, y facilitar la visita de los turistas a los monumentos artísticos españoles. Y en cuanto a la financiación, se acordó solicitar a los ayuntamientos y diputaciones de las localidades donde se hubieran constituido sociedades dedicadas al fomento del turismo, que prestasen a las mismas su patrocinio y su apoyo económico, y pedir al Ministerio de Fomento que la partida que para turismo se consignaba en su presupuesto se invirtiera en subvenciones a los SIT y demás entidades dedicadas al fomento del turismo. Por último, en la sesión de clausura se aprobó aplazar la reforma del Reglamento de los congresos de turismo, que el SIT de San Sebastián llevara a cabo todas las resoluciones adoptadas y, junto con el de Hendaya, convocara a una nueva reunión a todos los interesados en la constitución de una Federación franco-española pirenaica, y que se insistiera a los gobiernos español y francés sobre la conveniencia de nombrar en París y Madrid los dos Comités de honor de la futura Alianza Franco-Española (GV, 1909, octubre, noviembre, diciembre; 1910, enero; 1913, diciembre).

El año 1910 fue muy fructífero para los SIT españoles. Se fundaron la Asociación de Propaganda de Madrid (GV, 1909, febrero, julio, octubre; 1910, marzo), el Sindicato de la Defensa Comercial y Fomento de Bilbao (GV, 1913, diciembre), la Sociedad de Turismo de Cádiz (GV, 1914, enero), la Asociación para el Fomento del Turismo en Galicia (GV, 1914, febrero) y el Sindicato de Iniciativa de Tarragona, entre otros. Además, en la ciudad francesa de Toulouse se celebró entre los días 10 y 15 de octubre el III Congreso Internacional de Turismo de la Federación de los SIT Franco-Hispano-Portugueses, el cual estuvo presidido por M. S. Guénot, máximo responsable del SIT de la localidad de acogida, y contó con más de ciento ochenta adhesiones. Las conclusiones que se aprobaron tras las sesiones de trabajo se centraron, sobre todo, en el transporte ferroviario. Había que contactar con las compañías para que, en la medida de sus posibilidades, establecieran el tercer rail en sus líneas para evitar las molestias de los transbordos en la frontera y pusieran en vigor los billetes circulares individuales para viajes que, partiendo y finalizando en Irún, recorrieran diferentes ciudades francesas y españolas, así como para que transportaran gratuitamente los folletos de los SIT, entraran cuanto antes en la tarifa individual de la Unión de Caminos de Hierro, y dotaran de correspondencia de clase a los trenes que concordaban en las fronteras. Asimismo, se trabajaría para que se simplificaran las formalidades de aduanas a la llegada de los vapores y trenes y para que no se llevara a cabo el proyecto del Ministerio de Hacienda de recargar el impuesto sobre los billetes de precio reducido, por considerar esta medida sumamente perjudicial para el desarrollo del turismo (GV, 1910, octubre).

Fue en 1911, año en el que se crearon el Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Málaga (GV, 1914, febrero), continuador de la Sociedad de Festejos, el Fomento del Turismo de Burgos (GV, 1914, enero), creado por iniciativa del Ayuntamiento, y el Sindicato de Turismo de Barco de Ávila (GV, 1914, enero), entre otros, cuando la Sociedad Propaganda de Portugal organizó en Lisboa, del 12 al 19 de mayo, el IV Congreso Internacional de Turismo. Asistieron más de mil participantes y contó con el apoyo oficial de los gobiernos de Francia, Portugal y España. Entre los acuerdos más destacados del evento estaría la propuesta de creación de un Comité permanente internacional de Turismo que, en adelante, sería el encargado de procurar el cumplimiento de todo lo aprobado en los congresos, organizar estos en el futuro, desarrollar por todos los medios posibles el funcionamiento de los SIT, así como sus federaciones, y mantener un buen servicio de publicidad. Los miembros efectivos de este Comité, cuya residencia se fijaba en Madrid, serían los delegados de los gobiernos, de los SIT, de las compañías ferroviarias y de navegación, de los hoteleros y de la prensa periódica. Los ingresos del citado Comité serían las cuotas de los adheridos, las subvenciones que se pudieran conseguir de los gobiernos y corporaciones administrativas, los donativos particulares y los obtenidos por la venta de las publicaciones editadas por el propio Comité. También concluyeron los congresistas proponer a los gobiernos que se simplificasen en las aduanas las operaciones de fiscalización de equipajes y que editaran un álbum nacional de panoramas y costumbres para enviar a las legaciones, consulados y casas de exportación, donde se haría propaganda del mismo, y pedirles a estas últimas que estamparan en sus etiquetas y envolturas los paisajes, los monumentos más artísticos y las costumbres de cada país (GV, 1911, marzo, mayo). Por último, y a propuesta de la Sociedad de Atracción de Forasteros de Barcelona, se aprobó la constitución de una oficina permanente en la que se centralizara el régimen turístico de los diferentes ministerios (La Vanguardia, 1911, 15 de julio).

Algunos de estos acuerdos se materializaron rápidamente. La inoperante Comisión nacional dio paso, por Real Decreto de 19 de junio de 1911, a la Comisaría Regia del Turismo y la Cultura Artística Popular. Un organismo dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros que no solo tenía que favorecer y promover la llegada a nuestro país de viajeros extranjeros, sino, también, conservar de manera eficaz la riqueza artística y monumental de España. Una misión, pues, muy ambiciosa, pero que siempre se vería lastrada por la escasez de medios económicos y humanos con los que contaría la citada Comisaría hasta su desaparición en 1928. El único Comisario Regio, Benigno Vega Inclán, un apasionado del arte y la cultura, dio prioridad a acrecentar, conservar y difundir el patrimonio cultural, destacando entre sus primeras realizaciones la creación en 1910 del Museo y Casa del Greco, en Toledo, el inicio en 1912 de la rehabilitación del barrio de Santa Cruz de Sevilla, y la puesta en marcha de una notable labor editorial (Bayón Mariné, 1999; Esteve Secall y Fuentes García, 2000; Fernández Álvarez, 1974; Fernández Fúster, 1991; Pellejero Martínez, 1999). Por otro lado, la creación, con sede en Madrid, del Comité permanente de la Federación Franco-Hispano-Portuguesa tampoco se demoró, ya que el 7 de noviembre de 1911 se reunió en San Sebastián. En esta primera cita el citado Comité aprobó el nombramiento de León Rollín, redactor de La Correspondencia de España, como secretario, y la adhesión a la proposición de la Sociedad Internacional de Publicidad Via Décor, de París, para desarrollar un vasto programa de publicidad franco-hispano-portuguesa en América (GV, 1911, noviembre), así como la publicación del álbum de lujo titulado Viajes por España, en cuya financiación colaborarían los SIT españoles y, en particular, la Asociación de Propaganda de Madrid (GV, 1912, octubre).

El mismo año en el que vieron la luz el Comité local de Turismo de Linares, el Sindicato de Iniciativa de Béjar y la Agencia municipal de Turismo de Córdoba (GV, 1913, diciembre), entre otros, la Asociación de Propaganda de Madrid asumió la organización del V Congreso Internacional de Turismo (Crespo, 1913; Moreno Garrido, 2015). Los preparativos de la Comisión Organizadora, presidida por Nicolás de Peñalver y Zamora, conde de Peñalver y presidente de la Asociación de Propaganda de Madrid, comenzaron con la redacción de una circular con el fin de llamar la atención a las fuerzas vivas de la capital, y de la que en el verano se habían repartido unos siete mil ejemplares. Pero, lamentablemente, hasta ese momento el llamamiento no había calado como se esperaba. Con respecto al gremio de los dueños de cafés, la adhesión había sido unánime, pero los hoteleros y fondistas, salvo honrosas excepciones, habían dado la callada por respuesta. Asimismo, se enviaron a diferentes países europeos y americanos unas catorce mil invitaciones, se invitó a los consistorios municipales, se realizó una intensa labor de propaganda en la prensa diaria española y se consignó en el presupuesto del congreso una cantidad para hacer frente a la propaganda en la prensa extranjera (GV, 1912, julio).

En cuanto a los recursos con los que contaba la organización, además de las cuotas de las inscripciones, recibieron aportaciones de algunos organismos privados y las promesas del presidente del Consejo de Ministros y del Ayuntamiento de Madrid de sendas subvenciones de 25.000 pesetas. Por otra parte, las compañías ferroviarias francesas, españolas y portuguesas concedieron billetes a mitad de precio a los congresistas y acompañantes, y los museos y monumentos de casi todo el país les ofrecieron visitas gratuitas (GV, 1912, julio). Asimismo, la organización logró que el Rey prometiera su concurso y el del Gobierno, y que el ministro de Fomento se comprometiera a obsequiar a los congresistas y a dar orden al director de Obras Públicas para que se arreglasen las carreteras comprendidas en el circuito del programa de fiestas. Por último, también se invitó oficialmente a los gobiernos de Francia y Portugal (GV, 1912, agosto).

El congreso se celebró entre los días 24 y 30 de octubre de 1912 y la asistencia al mismo fue muy considerable. Las Administraciones francesa, portuguesa y española estuvieron representadas, con el Comisario Regio en la sesión inaugural, así como un elevado número de ayuntamientos, SIT, clubes deportivos, empresas de transporte y comunicaciones, diarios especializados y entidades culturales de los tres países. Los principales asuntos tratados fueron la ampliación y mejora de la red pirenaica española de carreteras, la creación de un Comité Internacional encargado de la publicidad colectiva, el acercamiento del concepto del turismo a los escolares españoles, la constitución de una Cámara Oficial de la Hotelería española, la idoneidad de que las sociedades alpinistas aunasen sus esfuerzos con las de propaganda del turismo para dar impulso al deporte por medio de fiestas y concursos, y, por último, la conveniencia de legalizar todos los juegos de azar, especialmente en las estaciones balnearias, termales y climatológicas, y de que el impuesto que se estableciera ingresara en su totalidad en los ayuntamientos respectivos con destino a obras de higienización, beneficencia y a propaganda del turismo (GV, 1912, octubre).

La sesión de clausura se celebró el día 30 y fue presidida por José Canalejas. Y en ella, tras rogar el conde de Peñalver al jefe del Gobierno que intercediera ante los presidentes de las Cámaras legislativas para que aprobaran los proyectos presentados, Canalejas ensalzó las ventajas del turismo, manifestó que los poderes públicos no podían permanecer indiferentes ante la significación de los congresos, ofreció el apoyo del Gobierno en su tarea de promover el turismo y prometió enviar representación oficial al VI Congreso (GV, 1912, octubre), que estaba previsto que tuviera lugar al siguiente año en Biarritz y que, lamentablemente, no llegaría a celebrarse.

No obstante, las actividades de los SIT no cesaron. De hecho, a finales de 1913 el ubicado en Madrid planteó de nuevo la conveniencia de crear una Federación y propuso que esta podría constituir un Comité central con objeto de desarrollar un programa bastante amplio. Debería contrarrestar por medio de una publicidad mundial las prevenciones extendidas en el extranjero contra la organización turística española, informar a los potenciales turistas foráneos de las bellezas de nuestro país y de los medios más fáciles y económicos para visitarlas, y establecer entre los SIT un cambio constante de folletos de propaganda para lograr que llegasen a manos de los viajeros. Por otro lado, se encargaría de defender los intereses comunes de todos los federados, facilitar la comunicación de estos con los poderes públicos y apoyar las reclamaciones elevadas al Gobierno. Asimismo, se consideró muy conveniente para la Federación que su Comité central tuviera relación directa con Touring Clubs, SIT extranjeros y agencias de viajes de todo el mundo, que organizara excursiones de carácter científico, artístico o simplemente de placer, y congresos periódicos para tratar todas las cuestiones que revistieran un interés nacional en el orden del turismo, y que creara un boletín o revista mensual en la que se publicasen y comentasen todas las informaciones que pudieran interesar a los asociados. Y que para poder cumplir sus objetivos, la nueva entidad debería financiarse con la venta de fotografías, postales, guías, planos y objetos de fabricación netamente española, con una modesta subvención del Estado y con algún auxilio de los SIT (GV, 1913, diciembre).

Pero este proyecto federativo se topó rápidamente con insalvables problemas financieros. Por un lado, porque la financiación de los SIT seguía siendo, en vísperas de la Gran Guerra, variopinta y escasa. La entidad de Córdoba solo era sufragada por el Ayuntamiento (GV, 1913, diciembre); las de Málaga (GV, 1914, febrero) y Bilbao (GV, 1913, diciembre) no tenían otros medios de vida que las cuotas de sus asociados; las de Cádiz (GV, 1914, enero), Burgos (GV, 1914, enero), San Sebastián (GV, 1913, diciembre) y Galicia (GV, 1914, febrero) contaban con las aportaciones dinerarias de sus miembros y con modestas subvenciones de sus ayuntamientos y de algún benefactor privado; y las de Béjar y Linares se quejaban de que sus medios de vida eran, lamentablemente, nulos (GV, 1913, diciembre). Y, por otro, porque el Comisario Regio se mostró muy pronto contrario a la concesión de ayudas económicas a los SIT, manifestando en el otoño de 1913 que tales entidades debían tener una vida autónoma, libre y propia, sin relación de dependencia con Centros oficiales y que tenían que financiarse con subvenciones de particulares y de Corporaciones locales y, todo lo más, regionales, puesto que sus exclusivas áreas de actuación eran una localidad o una región (GV, 1913, noviembre). Vega Inclán dejaba claro que el ámbito nacional solo era competencia de la Comisaría Regia.

3De la Gran Guerra al crac de 1929

Los efectos económicos negativos de la Primera Guerra Mundial no terminaron con los acuerdos de paz. En realidad, la economía internacional no comenzó a mostrar claros síntomas de recuperación hasta, aproximadamente, el año 1924, siendo la misma especialmente intensa en los Estados Unidos y desigual y menos vigorosa en Europa. Pero, lamentablemente, esta expansión empezaría a ver su fin en el otoño de 1929 con el crac bursátil de Nueva York. A España, su neutralidad en la Gran Guerra le aportó un aumento de las exportaciones y un superávit record en la balanza de pagos, pero, también, inflación, empeoramiento del nivel de vida de la mayor parte de la población e intensa conflictividad obrera desde 1917. No obstante, la prosperidad económica llegaría durante la Dictadura de Primo de Rivera favorecida por la liquidación con éxito de la guerra en Marruecos, el restablecimiento de la normalidad y la paz social, la buena coyuntura internacional, la difusión tecnológica, el aumento de la inversión, el fortalecimiento del sistema bancario y el ambicioso programa de inversión pública (Carreras Odriozola y Tafunell Sambola, 2010; Comín Comín, 2002; Maluquer de Motes i Bernet, 2014).

En cuanto a la industria de los viajes de placer, el dinamismo primó durante la mayor parte del decenio favorecido por la progresiva bonanza económica y los avances en los transportes y las comunicaciones. En España hubo indudables progresos cuantitativos y cualitativos en materia de oferta de alojamiento, de agencias de viajes y de propaganda, con unos productos en cierta decadencia, como el balnearismo, y otros en clara expansión, como el turismo de playa y el de naturaleza (Lavaur, 1980; Moreno Garrido, 2007; Vallejo Pousada et al., 2016). Pero, lamentablemente, no habría cambios significativos en materia de política turística hasta el verano de 1928, cuando la cada vez más criticada Comisaría Regia sería sustituida por un órgano mejor dotado económica y humanamente, el Patronato Nacional del Turismo (en adelante PNT).

En definitiva, un escenario bastante positivo para el turismo y en el que los SIT siguieron estando presentes. De hecho, fue en plena guerra mundial cuando volvieron a retomar la idea de federarse. Ese era el objetivo de la asamblea convocada para el mes de mayo de 1917 por la Asociación de Propaganda de Madrid. Pero cuando ya se había circulado la invitación y eran varias las sociedades que habían respondido al llamamiento, la reunión fue suspendida por faltarle el visto bueno de la Comisaría Regia. Vega Inclán, quien consideraba que la opción federal merecía desarrollarse, aconsejó que se aplazara el evento porque las circunstancias de ese momento no eran las adecuadas y podían malograr su éxito (GV, 1917, mayo, junio).

Los congresos del sector volvieron una vez finalizado el conflicto bélico. Mas los rescoldos del mismo no favorecieron su carácter internacional. De hecho, los más destacados en el periodo previo al golpe militar de 1923 tuvieron un ámbito regional y nacional. Entre los primeros, el I y el II Congreso de Turismo de Cataluña, que se celebraron en Barcelona, en junio de 1919, y en Tarragona, en marzo de 1921 (La Vanguardia, 1919, 22 y 23 de junio; 1921, 30 de marzo), y que fueron promovidos por la Sociedad de Atracción de Forasteros y por el Sindicato de Iniciativa de las citadas localidades, respectivamente. En ambos se aportaron ideas para mejorar los servicios públicos en relación con el turismo y las comunicaciones, promocionar el excursionismo, conservar los monumentos y las bellezas naturales, fomentar la industria hotelera, así como los balnearios y las estaciones estivales e invernales, promover la constitución de SIT y recabar para ellos subvenciones de ayuntamientos y diputaciones (Blasco Peris, 2005; Garay Tamajón, 2007).

Más o menos los mismos asuntos sobre los que se debatiría en la Conferencia Nacional de Turismo, organizada por la Asociación de Atracción de Forasteros de Barcelona en dicha ciudad en el mes de abril de 1923 y a la que se adhirieron entidades catalanas y, también, de Toledo, Vigo, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Valladolid, San Sebastián y Valencia, entre otras. Un evento de proyección nacional en el que se solicitó la creación del Consejo Nacional del Turismo (La Vanguardia, 1923, 12 de abril). Una petición que recogía el malestar de buena parte del sector ante el hecho de que continuara al frente de la administración turística española un organismo financiado con escasas e irregulares dotaciones provenientes del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y casi exclusivamente volcado en el arte como reclamo turístico.

Sin embargo, esta propuesta de cambio quedó paralizada en el mes de septiembre al instaurarse la Dictadura de Primo de Rivera. Las nuevas autoridades decidieron que la Comisaría Regia siguiera al frente del turismo oficial y, curiosamente, en las mismas condiciones. Pero su profusa labor editorial, las inauguraciones del Museo Romántico (Madrid) y de la Residencia de América (Sevilla), en 1924 y 1925, respectivamente, o la participación de España en la Exposición de Turismo y Cultura de Nueva York (1922-1923), no impidieron que año tras año fuera creciente el número de personas críticas con la labor de la Comisaría. Y en 1926, año en el que se creaba, con un objetivo concreto de fomentar el turismo, el Circuito Nacional de Firmes Especiales y en el que comenzaban las obras del que dos años después sería el primer establecimiento de la red pública, el Parador Nacional de Gredos, se publicaba un estudio que recibió múltiples elogios y adhesiones y en el que volvía a proponerse la creación de un Consejo Nacional de Turismo en el que deberían estar representados todos los sectores y agentes públicos y privados interesados en su desarrollo, entre ellos los SIT (Herrero Anguita, 1926).

La idea de que el desarrollo del turismo precisaba mejorar la oferta de alojamientos, el sistema de transportes y el servicio de información, fomentar las actividades artísticas, deportivas, festivas y congresuales, y crear un nuevo organismo estatal que dispusiera de los recursos humanos y económicos necesarios para poder atender los variados aspectos relacionados con el turismo, fue calando entre las autoridades primorriveristas. Buena prueba de ello es que el 25 de abril de 1928, preocupadas por las exposiciones internacionales de Barcelona y Sevilla previstas para el año siguiente, decretaron la creación del PNT. Este nuevo organismo dependería de la Presidencia del Consejo de Ministros, contaría con un amplio personal y se financiaría, tras obtener un empréstito de 25 millones de pesetas, con los ingresos que se obtuvieran con la creación del Seguro Obligatorio de las personas que viajaran por ferrocarril. Pero, lamentablemente, decisiones políticas provocarían que sus recursos económicos fueran decrecientes ejercicio tras ejercicio (Moreno Garrido, 2010; Pellejero Martínez, 2002). No obstante, en apenas dos años, se crearían la Cámara Oficial Hostelera, solicitada en 1927 en la Asamblea de la Federación Hotelera Española (La Vanguardia, 1927, 29 de octubre), el Servicio de Crédito Hotelero, el título de Establecimiento Recomendado, el Libro Oficial de Reclamaciones y la Guía Oficial, se abrirían al público siete agencias informativas en el extranjero y alrededor de medio centenar en el territorio nacional, se organizarían exposiciones, competiciones deportivas y congresos, y se incrementaría la red estatal de establecimientos turísticos (Bayón Mariné, 1999; Esteve Secall y Fuentes García, 2000; Fernández Álvarez, 1974; Fernández Fúster, 1991; Lavaur, 1980; Moreno Garrido y Pellejero Martínez, 2015; Pellejero Martínez, 1999).

Pero este notable cambio de rumbo en la política turística española no repercutió significativamente sobre los SIT. Es cierto que a lo largo de la década su número siguió creciendo, creándose los de Toledo, Gerona, Alicante, Almería, La Coruña, Salamanca, Santa Cruz de Tenerife, Sevilla, Valencia, Huesca, Jaca, Tudela, Valladolid, Gijón, Las Palmas de Gran Canaria, Navarra, Sitges, Tortosa, Vall d’Aran, Tarrasa, La Junquera, Campo de Gibraltar, Cuenca, Logroño, Castellón de la Plana, Denia o Palencia, entre otros (Luque Aranda, 2015). Pero la mayoría de ellos, en un contexto en el que sus tradicionales funciones fueron siendo asumidas cada vez más por las autoridades y el emergente sector privado, tuvieron que continuar ejerciendo su labor con escasos recursos por la apatía de los ciudadanos y la indiferencia de los poderes públicos (GV, 1929, mayo). Sirva de ejemplo el hecho de que en el estrictamente consultivo Consejo General del PNT no figuraba ningún representante de los SIT (Pellejero Martínez, 1999).

4Gran Depresión y II República

La primera mitad de la década de los años treinta no fue el escenario ideal para la industria de los viajes de placer. El turismo internacional se vio negativamente afectado durante la Gran Depresión, que iniciada tras el desplome bursátil de Nueva York de 1929 se tradujo para buena parte de la economía mundial, aunque con distintos ritmos e intensidades, en caídas notables de la producción, de los precios, de la renta per cápita y del comercio internacional, y en alza generalizada del desempleo. Una coyuntura marcada, así mismo, por una creciente inestabilidad política y, por lo tanto, nada proclive para las actividades turísticas y en la que el flujo internacional se redujo entre el 50 y el 65% (Pack, 2013).

Además, el contexto económico y social interno tampoco facilitó las cosas. En España las tasas anuales de variación del PIB fueron negativas en 1930, 1931 y 1933, no materializándose la reactivación de la economía hasta el bienio radical-cedista, al lograrse en 1935 superar ligeramente el nivel de 1929. Sin embargo, al finalizar ese mismo año, el PIB per cápita seguía siendo inferior a los registrados en 1929 y 1930 (Maluquer de Motes i Bernet, 2014). Además, el aumento del desempleo fue considerable en nuestro país, siendo la cifra de parados en 1935 el doble de la de 1931 (Carreras Odriozola y Tafunell Sambola, 2010). El lustro republicano estuvo condicionado, además, por la inestabilidad política, la creciente conflictividad social, las exportaciones masivas de capital, la crisis bursátil, el déficit de la balanza comercial, la caída de la inversión privada y una política cambiara que, precisamente, no facilitó la llegada de turistas. Los gobernantes españoles siguieron el ejemplo de Francia y, a diferencia de países como Gran Bretaña, no devaluaron la peseta para combatir la crisis, con lo que nuestra divisa se apreció respecto a la libra esterlina y mantuvo su valor frente al franco francés, que era la moneda más fuerte (Martín-Aceña Manrique y Pons Brías, 2005). Por el contrario, sí pudieron ser positivas de cara al desarrollo del turismo la ausencia de crisis bancarias, la rebaja de los tipos de interés iniciada en 1932, las alzas continuas y muy fuertes que las retribuciones salariales registraron hasta finales de 1933 y el incremento experimentado por el gasto público entre 1931 y 1934 con la intención de, sobre todo, combatir el desempleo y mejorar la educación y las infraestructuras del país (Comín Comín, 2011; Carreras Odriozola y Tafunell Sambola, 2010).

No es de extrañar, pues, que el turismo receptivo, que había proporcionado resultados esperanzadores en 1929 y 1930, mostrara en España una tendencia claramente descendente desde entonces, de manera que en 1935 llegaron alrededor de cien mil turistas menos que en las postrimerías de la Dictadura de Primo de Rivera. En cuanto a los viajes de los españoles en el interior del país, la información cuantitativa de ámbito estatal es inexistente. Solo contamos con dos recientes y dispares estimaciones según las cuales la media anual para el periodo 1931-1934 oscilaría entre 0,5 millones de turistas, en el primer caso, y 1,1 millones, en el segundo (Vallejo Pousada et al., 2016). No obstante, lo que sí parece indudable, en un escenario nacional de cierto retraimiento, es que la concurrencia balnearia cayó de manera ostensible (Alonso Álvarez et al., 2012), que el veraneo en comarcas interiores vivió un momento de relativo esplendor (Moreno Garrido, 2007) y que el turismo de playa fue, probablemente, el producto que mejor hizo frente a la crisis, sobre todo en el archipiélago balear y en el litoral mediterráneo peninsular, destacando destinos como Mallorca, Gerona, Barcelona, Valencia y Málaga, entre otros (Barceló Pons, 1966; Blasco Peris, 2005; Cirer Costa, 2009, 2014; De la Madrid Álvarez, 2011; Farreras Pau, 1973; Gil de Arriba, 1992; González Lemus et al., 2012; Larrinaga Rodríguez, 2015; Moreno Garrido, 2007; Palou Rubio, 2012; Pellejero Martínez, 2005, 2016; Tatjer Mir, 2009; Vallejo Pousada, 2015; Walton, 2001; Walton y Smith, 1996, entre otros) (tabla 1).

Tabla 1.

España. Turismo y Viajes

Años  Turistas  Ingresos (millones ptas.)  Pagos (millones ptas.) 
1929  276.468     
1930  277.912     
1931  187.220  131,1  149,0 
1932  201.914  161,0  127,7 
1933  200.346  136,3  106,9 
1934  190.830  142,1  83,7 
1935  170.800     

Los graves problemas económicos, la notable caída del flujo internacional de turistas y la sucesión de nueve presidentes de gobierno en apenas cinco años no coadyuvaron a que el fenómeno turístico, una actividad con una contribución todavía meramente testimonial al PIB español, fuera una prioridad para los poderes públicos (Pellejero Martínez, 2017). El PNT fue liquidado en abril de 1931, restablecido en diciembre de ese mismo año y reorganizado durante las etapas republicano-socialista, radical-cedista y, por último, tras la victoria del Frente Popular. Pero ni la derecha ni la izquierda lo potenciaron, convirtiéndolo desde el primer momento en un servicio de la Presidencia del Consejo de Ministros, un amplio cajón de sastre formado, tal y como señaló el diputado Joan Estelrich en el Congreso, por todo aquello que no había encontrado una función adecuada dentro del sistema general de la organización y la administración del Estado (Diario de Sesiones de las Cortes, 30-5-1934, p. 3230). Por lo tanto, una desacertada vinculación que contribuyó a desestabilizar la dirección del PNT, con nada menos que diez presidentes en un lustro, de lo cual se quejaron, entre otros, la Asociación de Hoteles y Similares de Madrid y el Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón. Mientras que la primera señalaba en diciembre de 1935 que la transitoria estancia de los presidentes del PNT se traducía en ineficacia del organismo (Blanco y Negro, 1935, 22 de diciembre), el segundo se preguntaba días después si cambiando constantemente de presidente podía ser eficiente un organismo cuya eficacia consistía en la continuidad (Aragón, 1936, enero).

Además, el Estado no fue nada generoso con el turismo. El PNT, que contó desde abril de 1932 con un presupuesto propio, integrado en el de la Presidencia, tuvo que hacer frente a sus obligaciones con una asignación decreciente, siendo las grandes damnificadas del recorte las oficinas de información, sobre todo las ubicadas en el extranjero, las esenciales labores de propaganda y, en menor medida, la red de establecimientos públicos, que tuvo que centrarse en los albergues de carretera, los menos costosos de poner en funcionamiento. Un ahorro presupuestario que trató de justificarse por razones ejemplarizantes, en una coyuntura económica tan adversa, y por lo conveniente que sería un modelo descentralizado, pero no concretado, del fomento del turismo que contara con la participación de entidades públicas y privadas, locales o regionales, vinculadas con la industria de los viajes de placer (Pellejero Martínez, 2017).

Un escenario cambiante y complicado al que, lógicamente, no fueron ajenos los SIT. El 14 de mayo de 1931, apenas tres semanas después de que las autoridades republicanas hubieran sustituido el PNT monárquico por la nueva Dirección General de Turismo (Gaceta de Madrid, 24-4-1931, p. 296), el Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón recibió en su sede a los SIT de Valencia, Palma de Mallorca, Alto Aragón (Huesca) y Jaca. En dicha reunión, a la que se adhirieron los de Tudela, Barcelona, Valladolid, Tarragona, San Sebastián y Sevilla, se acordó, ante la incertidumbre creada, apoyar la existencia del PNT, como entidad nacional encauzadora de las actividades turísticas, solicitar que los nombramientos de representantes delegados y secretarios de sus oficinas de información recayeran en cargos de los SIT, que estos estuvieran representados en el citado organismo y que fueran tenidos en cuenta como asesores técnicos y colaboradores, y, por tanto, con derecho a alguna subvención para tratar de paliar su precariedad (Aragón, 1931, junio). Unas reivindicaciones que cayeron en saco roto.

Más que nada porque el 4 de diciembre se decretaría la supresión de la breve Dirección General de Turismo y el restablecimiento del PNT, ahora dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros (Gaceta de Madrid, 5-12-1931, pp. 1445-1446). Pero el nuevo órgano administrativo turístico siguió olvidándose de los SIT a la hora de constituir su Junta. Era evidente que lograr una vocalía pasaba por crear una entidad que los aglutinara a todos. Por ello, apenas un mes después se reunieron en Valencia los SIT de Palma de Mallorca, Aragón, Valencia, Barcelona, Tarragona, Tudela, Jaén, Valladolid, Huesca, Játiva, San Sebastián, Gijón, Burgos y Gerona, los cuales acordaron constituir la Federación Española de Sindicatos de Iniciativa y Turismo (en adelante FESIT), designar presidente eventual al mallorquín Francisco Vidal Sureda, y reclamar que el presidente de la nueva Federación formara parte como vocal nato de la Junta Directiva del PNT y que todo lo recaudado por el Seguro Obligatorio de los Viajeros transportados por ferrocarril, compañías de navegación y líneas de autocares, se dedicara íntegramente al fomento del turismo (Aragón, 1932, febrero). Hay que tener en cuenta que desde el día 1 de abril de 1932 estaba previsto que el presupuesto del PNT pasara a formar parte del de la Presidencia y que, por tanto, ya no dependería, tal y como había ocurrido desde 1928, de un porcentaje, lamentablemente decreciente año tras año, de lo recaudado por el citado seguro obligatorio.

En ese mismo mes de abril fue cuando se reunió el nuevo Consejo General de Turismo del PNT (Aragón, 1932, junio), cuya composición, que había sido incluida en el Reglamento aprobado el 12 de enero, admitía por vez primera que los SIT propusieran un representante (Gaceta de Madrid, 14-1-1932, pp. 365-367). Era un avance que probablemente animó a que se llevara a cabo la constitución definitiva de la FESIT en la asamblea celebrada en Palma de Mallorca los días 21, 22 y 23 de junio de 1932. A ella acudieron el SIT anfitrión y los de Barcelona, Valencia, Tarragona, Gerona, Alicante, Valladolid, Burgos, Tudela, Huesca, Alcalá de Henares, Aragón, Gijón y San Sebastián (Aragón, 1932, septiembre), los cuales ratificaron como presidente a Vidal Sureda y eligieron como secretario a Elvir Sans Roselló (Aragón, 1932, septiembre), quienes estarían en sus cargos hasta el estallido de la Guerra Civil. Además, los asistentes aprobaron que la FESIT, cuya autoridad máxima recaería en la Asamblea General, tuviera por objeto coordinar y unificar los esfuerzos y acciones de los SIT locales, estimular su creación y servir de órgano representativo ante el Gobierno, el PNT y demás asociaciones turísticas nacionales y extranjeras (Aragón, 1932, septiembre).

Un año después, concretamente entre el 24 y el 26 de julio, la FESIT celebró en el Ayuntamiento de Barcelona su II Asamblea, la cual contó por vez primera con la presencia de cargos políticos, como Francisco Puig y Alfonso, concejal del citado consistorio, e Ignacio Armengou, en representación de Pedro Mías, consejero de Agricultura y Economía de la Generalidad. Fue un evento al que se adhirieron dieciséis SIT (Aragón, 1933, agosto) y en el que se decidió solicitar que la FESIT fuera reconocida asociación de utilidad pública y que se prohibiera denominar Fomento del Turismo o Atracción de Forasteros o Sindicato de Iniciativa y Turismo a ninguna sociedad comercial. Además, se acordó reclamar que el PNT ayudara a la creación de nuevos SIT, especialmente en las regiones donde no existían (La Vanguardia, 1933, 27 de julio), que volviera a financiarse con el Seguro Obligatorio y que de la cantidad recaudada el 50% se destinara a aquellos, que reabriera las agencias de información turística en el extranjero que habían sido cerradas, y que fuera reglamentario consignar en los presupuestos de ayuntamientos y diputaciones una cantidad específica para financiar el turismo. También se pidió que en las escuelas de primera enseñanza se educara a los escolares sobre el valor y respeto que se debe tener a los monumentos y lugares de valor turístico, que las compañías ferroviarias incluyeran los coches de segunda clase en los trenes rápidos y expresos e implantaran la Libreta del Ahorro ferroviario, que se creara una red de carreteras pirenaicas y que se dieran las máximas facilidades a los turistas al pasar las fronteras (Aragón, 1934, abril-mayo).

Las elecciones del otoño de 1933 no implicaron, al principio, cambios significativos para la FESIT. En enero de 1934 se modificaron algunos aspectos del Reglamento del PNT con el objetivo de iniciar una nueva etapa en la que se diera al fomento del turismo un sentido más eficaz, huyendo del burocratismo y facilitando las iniciativas, especialmente aquellas de carácter local, regional o gremial (Gaceta de Madrid, 1-2-1934, p. 810). Pero estos cambios ni afectaron a la financiación de la FESIT ni supusieron que esta lograra ser miembro de la nueva Junta del PNT (Gaceta de Madrid, 1-2-1934, p. 810). Oficialmente, seguía siendo ignorada. Por eso fue muy valorado que a su III Asamblea, celebrada en Zaragoza del 17 al 21 de marzo de 1934, acudieran, entre otras autoridades, Luis Orensanz, presidente de la Diputación, Miguel López de Gera, alcalde de la ciudad, y Joan Estelrich, Bartolomé Fons, Jesús Comín y José Moncasi, los primeros diputados en participar en una reunión de la FESIT. Una cita a la que asistieron representantes de veintinueve SIT, quince de ellos por delegación, y en la que los acuerdos novedosos fueron solicitar que se reorganizara el PNT, con una dirección técnica independiente de la política y dotado con suficientes medios económicos, que se creara una Escuela de Turismo y que se editaran sellos de correo baratos en los que se reprodujeran los monumentos y bellezas nacionales, contribuyendo así a popularizar y crear atmósfera a favor de España y del turismo (Aragón, 1934, abril-mayo).

Sin embargo, el año 1935 sí fue clave para la FESIT. En vísperas de su IV Asamblea, Guillermo Moreno, presidente del PNT, elogió públicamente la labor desarrollada por los SIT en las ciudades donde estaban ubicados, la cual a veces era extensiva a toda una región, los consideró un punto de apoyo esencial para la política turística nacional y defendió que el Estado subvencionase a los más eficaces en su funcionamiento (Aragón, 1935, abril). Y parece que este apoyo oficial se dejó notar en la citada asamblea, celebrada en Alcalá de Henares y en Madrid del 7 al 10 de abril. El evento demostró que la capacidad de movilización de la Federación era mayor año tras año. Acudieron, entre otros, Ramón Prieto Bances, ministro de Instrucción Pública, Rafael Salazar, alcalde de Madrid, Ángel del Campo, alcalde de Alcalá, Juan L. Gautier, alcalde de Guadalajara, y una nutrida representación de asociaciones vinculadas con el sector, agencias de viajes, empresas de transportes y, por supuesto, de SIT (Aragón, 1935, mayo). Hay que tener en cuenta que en aquel momento el número de federados ascendía ya a setenta y dos (Luque Aranda, 2015). También evidenció esta IV Asamblea que la mayoría de las peticiones realizadas en las anteriores no habían encontrado una respuesta adecuada. De ahí que buena parte de las conclusiones aprobadas insistieran en aspectos ya reclamados en Barcelona y Zaragoza. No obstante, sí hubo algunas nuevas propuestas. A los poderes públicos se les pidió que anualmente patrocinaran y organizaran, junto con los SIT, una exposición de turismo, que esmeraran el reconocimiento personal a los turistas en las fronteras, que otorgasen recompensas a todos aquellos ciudadanos que con su esfuerzo personal y desinteresado hubiesen contribuido a enriquecer los museos o puesto en valor las riquezas turísticas, regionales o nacionales, que intensificaran las inspecciones a los hoteles, que no creasen tasas de turismo locales, que colocaran carteles a la entrada de las poblaciones o bifurcaciones del camino, anunciando las bellezas y atractivos turísticos de la próxima ciudad o lugar turístico y que redujeran para los extranjeros el precio de las licencias de pesca fluvial. Además, también se consideró oportuno que los SIT se dotaran de una Oficina de Información, que trabajaran para evitar el espectáculo bochornoso de la mendicidad callejera, que pudieran formar federaciones regionales, que procuraran la creación de escuelas populares para la enseñanza del idioma inglés, y que fomentaran en la prensa la creación de una página o sección de turismo y en las empresas radiofónicas la emisión de una hora semanal dedicada a las actividades turísticas (Aragón, 1935, mayo).

Y pocos meses después, llegó el espaldarazo definitivo de la FESIT al ser declarada de utilidad pública en el mes de noviembre de 1935 (Gaceta de Madrid, 1935, 15 de noviembre; 1935, 26 de noviembre). Además, se aprobó que podrían aspirar a recibir el citado reconocimiento los SIT que la FESIT propusiera siempre que usasen estatutariamente la denominación Sindicato de Iniciativa del lugar de actuación y que en su reglamento constase como finalidad fundamental realizar un inventario turístico de su zona de actuación, organizarla para hacer más fácil y agradable su visita así como para favorecer una completa y adecuada explotación económico-turística, facilitar de la misma toda clase de informes y datos útiles con carácter gratuito y darla a conocer mediante una propaganda práctica, productiva y lo menos costosa posible. Este reconocimiento de la FESIT llevó consigo la representación de la misma en la Junta del PNT, tarea que recayó en Vidal Sureda, y la obligación de remitir anualmente al organismo estatal sus presupuestos y una memoria explicativa de toda su actividad y gestiones realizadas.

La victoria electoral del Frente Popular no supuso cambios de calado en la organización administrativa turística española ni en su relación con la FESIT. La reducción del número de vocales de la Junta del PNT aprobada en marzo de 1936 por el nuevo gobierno presidido por Azaña no afectó a la FESIT (Gaceta de Madrid, 15-3-1936, p. 2100), que siguió conservando el suyo. Pero el proceso para declarar de utilidad pública a sus miembros siguió siendo muy lento (La Vanguardia, 1936, 23 de mayo). Por otro lado, la asamblea anual de la FESIT no faltó a su cita. La V Asamblea se celebró del 21 al 24 de junio de 1936 en la ciudad de Tarragona, y a ella acudieron Joaquim Font, alcalde de Tarragona, Ventura Gassol, consejero de la Generalidad de Cataluña, Pere Lloret, director general de Administración Local, y el parlamentario Joan Estelrich, entre otros (La Vanguardia, 1936, 23 de junio; Aragón, 1936, julio). Fue un evento en el que se acordó solicitar la creación de un carnet de viaje para estimular el turismo interior, estudiar la conveniencia de un convenio o fórmula relativa a la entrada libre en la zona fronteriza de los taxis franceses y españoles, y, recogiendo un ofrecimiento del Patronato de París, recomendar a los diversos SIT que enviasen material fotográfico y literario para que pudiera ser publicado en el Boletín del citado organismo (La Vanguardia, 1936, 24 de junio). Pero la industria de los viajes de placer no fue la única preocupación entre los participantes de la asamblea. Gassol señaló que en aquellos momentos de agitación, y dada la delicada situación internacional en que se vivía, se hacía muy necesario un deseo unánime de paz y tranquilidad (La Vanguardia, 1936, 23 de junio). Algo que, desgraciadamente, se haría añicos un mes después.

5Conclusiones

Los denominados genéricamente Sindicatos de Iniciativa y Turismo fueron una pieza clave en la promoción turística en la España del primer tercio del sigloXX. Estas entidades, sin ánimo de lucro, con escasa financiación y frutos mayoritariamente, aunque no exclusivamente, de la iniciativa privada, nacieron con la finalidad de potenciar el desarrollo turístico de una determinada localidad o región. Su número creció notablemente durante el periodo, pese a que el apoyo de los poderes públicos y de buena parte del capital privado dejó mucho que desear. Sus escasos recursos económicos y humanos no impidieron que los SIT publicaran boletines periódicos que fueron referentes del turismo de su época, editaran y difundieran carteles anunciadores de los festejos de sus localidades, facilitaran información gratuita a los turistas, organizaran excursiones, ciclos de conferencias, exposiciones, festejos y congresos, e intercedieran repetidamente ante las autoridades y el empresariado con el objetivo de mejorar en nuestro país los accesos, los transportes y los alojamientos.

A lo largo del periodo analizado se pueden distinguir tres etapas diferenciadas. Lo más significativo de la década previa a la Primera Guerra Mundial fue el nacimiento de los primeros SIT, algunos de ellos con una destacada importancia en el devenir histórico, el comienzo de su cooperación con homólogos de países vecinos y la celebración de cinco congresos internacionales de gran prestigio en los que delegados españoles, franceses y lusos desempeñaron un papel esencial. A continuación, la cíclica década de los años veinte, una etapa en la que los SIT, que continuaron creciendo en número a pesar de la indiferencia de los poderes públicos, padecieron un cierto debilitamiento de su actividad congresual y la progresiva asunción de algunas de sus tradicionales funciones por parte de las autoridades y el emergente sector privado. Y, por último, los convulsos años de la Gran Depresión y la Segunda República, en los que los SIT lograron constituir su ansiada Federación y que esta recibiera, por fin, el espaldarazo de la Administración al declararla en 1935 de utilidad pública y admitir su presencia en la Junta del PNT republicano. Además, sus asambleas anuales fueron el altavoz nacional de las quejas, sugerencias y reclamaciones del sector. Las cuales, por cierto, no fueron, en líneas generales, muy diferentes de las que se venían manifestando desde comienzos de siglo. En la España republicana los agentes privados siguieron considerando vitales para el desarrollo del turismo que el Estado se involucrara más, tanto política como económicamente, con el sector y que se materializaran notables avances en materia de propaganda, transportes y alojamientos.

Financiación

Este trabajo se inscribe en el marco del proyecto HAR2014-52023-C2-1-P, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad.

Fuentes

ABC.

Aragón.

Blanco y Negro.

Diario de Sesiones de las Cortes.

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Gran Vida.

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