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Vol. 28. Núm. 3.
Tema central: Tumores cerebrales
Páginas 471-475 (Mayo - Junio 2017)
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Vol. 28. Núm. 3.
Tema central: Tumores cerebrales
Páginas 471-475 (Mayo - Junio 2017)
VIÑETA HISTÓRICA
DOI: 10.1016/j.rmclc.2017.05.012
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1939. UN AÑO PARA RECORDAR. La primera neurocirugía realizada en Chile por el Dr. Alfonso Asenjo
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Juan Pablo Álvarez
Departamento de Anestesiología. Clínica Las Condes. Santiago, Chile
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El 17 de junio de 1906 nació en Valparaíso, Alfonso Asenjo Gómez. Un hombre que realizaría múltiples aportes a la medicina nacional, especialmente a la neurocirugía. Sin embargo, además de las características personales que lo llevaron a ser uno de los médicos más distinguidos del siglo pasado, fue un hijo de su tiempo que, gracias a su fuerza de voluntad y a su visión de futuro, logró realizar una obra monumental que perdura hasta nuestros días.

.

DR. ALFONSO ASENJO GÓMEZ. 1950

© 2017 Colección Museo Nacional de Medicina. Facultad de Medicina Universidad de Chile.

(0,14MB).

Este escrito no se trata de otra biografía de sus logros y de sus grandes aportes. Es más bien el recuerdo de uno de los hechos que fue fundacional en el desarrollo de la especialidad y que de haber salido mal, tal vez habría dado otro curso a su historia.

EL MUNDO EN 1900

A principios del siglo XX el mundo era muy diferente del que conocemos ahora. Los esposos Curie habían publicado su descubrimiento del Radio hacía 2 años y estaban iniciando los estudios de los efectos de la radioactividad. Rutherford había descubierto las partículas alfa y beta. En 1899 en París se había hecho la nueva definición de la unidad de distancia “metro”, se construía en Alemania el primer zeppelin y Lanndsteiner descubría los grupos sanguíneos.

A nivel político, los grandes imperios coloniales estaban en constantes guerras con sus súbditos de ultramar y los límites de ellas variaban rápidamente. El conflicto de los “Boxers” estaba en desarrollo y las grandes potencias luchaban por sus propios intereses. Picasso, Gaudí, Gaugin estaban en pleno apogeo. Sus creaciones estaban por cambiar las concepciones del arte. Por otro lado, Mahler, Debussy y Puccini hacían estrenos de obras imperecederas que marcarían el desarrollo de la música, tal como lo conocemos ahora. Muere Oscar Wilde. Se realiza la exposición Universal de París en honor al desarrollo de la ciencia y tecnología.

Muchas más cosas ocurrían fuera de nuestras fronteras, siendo Europa el lugar donde se estaban creando las directrices del mundo moderno.

QUÉ PASABA EN CHILE

En 1900 gobernaba en Chile don Federico Errázuriz Echaurren. Ese mismo año se instaura el servicio militar obligatorio, con el fin de dotar al país de un ejército profesionalizado. Se inicia la construcción del servicio de tranvías eléctricos en Santiago y se inaugura la Estación Central. Otro hito fue la inauguración del diario “El Mercurio” en la capital.

En esos años la salud en Chile, así como las condiciones sociales de sus habitantes, no eran un asunto de Estado. La Encíclica Papal “Rerum Novarum” de 1891 insta a las clases más pudientes a practicar la caridad con la inmensa población que vive en condiciones deplorables. La salud de la gran mayoría de la población era administrada por sociedades de beneficencia y se hacía lo posible por ayudar al enfermo desde la caridad. El Estado no era capaz de hacerlo.

En un país cuya economía dependía de materias primas como los productos agrícolas y el salitre, la salud como un problema social no era tema.

En ese contexto nació en Valparaíso, Alfonso Asenjo.

EDUCACIÓN MÉDICA

El Dr. Asenjo hizo sus estudios de medicina en la Universidad de Chile. Se tituló de médico a los 22 años, en 1928. Como médico general se interesó por el área quirúrgica. De hecho, publicó más de 15 artículos de los más diversos temas quirúrgicos como cirujano general de la Asistencia Pública, mientras ejercía como ayudante de la cátedra de cirugía de los profesores Álvaro Covarrubias Pardo y Ernesto Molina Castañeda.

Sin embargo, inquieto como era, decidió salir de Chile para perfeccionar sus estudios y habilidades. Luego de ejercer 10 años como cirujano, la primera mitad de la década de 1930, visitó el Hospital John Hopkins y estuvo en el servicio de neurocirugía que era dirigido por el Dr. Walter Dandy. Este médico es considerado uno de los padres de la neurocirugía (junto a Victor Horsley y Harvey Cushing). Entre otros aportes, describió la circulación del Líquido Cefalorraquídeo (LCR), inventó técnicas quirúrgicas para el tratamiento de la hidrocefalia, inventó la ventriculografía y realizó el primer clipaje de aneurisma cerebral. En el momento en que el Dr. Asenjo estuvo en su servicio, estaba en pleno desarrollo toda esta vorágine de descubrimientos y técnicas, lo que debe haber causado en él una gran impresión. Además, este servicio contaba con la primera unidad de cuidados especializados dedicada a la neurocirugía. Fue en este ambiente en el que decidió seguir esta especialidad.

En 1935 se ganó una beca de la Fundación Alexander Von Humboldt para ir a Alemania, específicamente al servicio de neurocirugía dirigido por otro gigante de la especialidad, el Dr. Wilhelm Tönnis, en Berlín. Estuvo con él por tres años, luego de los cuales, visitó otros centros europeos antes de volver a Chile en agosto de 1939.

CHILE 1939

En los últimos 33 años hubo muchos cambios. Ya fue la Gran Guerra y los efectos y consecuencias derivadas de ella se hicieron patentes en las relaciones entre las potencias victoriosas y las perdedoras. Hitler ya tiene su discurso a punto y ha demostrado ser un brillante estratega, aún sin entrar en guerra con sus vecinos. Se sienten los vientos de cambio.

En Chile gobierna Pedro Aguirre Cerda, desde el 24 de diciembre de 1938. Pero, hay eventos que están frescos en la memoria colectiva. Un año antes, ocurrió la “masacre del seguro obrero”. Sesenta y tres jóvenes nacionalsocialistas fueron abatidos en el edificio de la Caja del Seguro Obrero, en la calle Morandé 107. Entre otras cosas, fue uno de los hechos que gatilló la elección de Aguirre Cerda con el 50.2% de los votos y su lema “Pan, Techo y Abrigo”. Con la Segunda Guerra Mundial ad portas, el Dr. Asenjo retorna a Chile, con la idea de hacer de la neurocirugía su leitmotiv.

Antes de su llegada le escribe a su amigo, el Dr. Héctor Valladares en los siguientes términos: “Europa ha sido para mí, un sésamo ábrete’. He trabajado mucho, he aprendido más y lo que es más importante, he aprendido a apasionarme por una especialidad y los resultados que a través de ella puede obtener la fisiología cerebral, es decir, el funcionamiento de esta máquina que sirve para eso que se ha llamado, en forma pomposa, el pensamiento”.

Es posible imaginarse que después de haber visto tantas cosas maravillosas, sistemas de atención modernas de pacientes y personas trabajando en la punta del desarrollo tecnológico de la época, el retorno del Dr. Asenjo debe haber sido, a lo menos, difícil.

A su llegada a Chile ya contaba con el apoyo del Presidente de la República. Junto al Ministro de Salud de la época, Dr. Salvador Allende, miembros de la Junta Central de Beneficencia, los Dres. Sótero del Río, Enrique Laval y Javier Castrol Oliveira y del Director del Hospital Salvador, Dr. Luis Araos, se concretó la creación del primer Servicio de Neurocirugía de Chile en las dependencias del Hospital Salvador, el 20 de octubre de 1939.

Pronto llegaron donaciones de equipos médicos especializados desde Alemania y comenzó la atención de pacientes ambulatorios y hospitalizados.

Por supuesto que no todo fue miel sobre hojuelas. El Dr. Asenjo tuvo sus detractores, como todo hombre que va al frente de una nueva causa. Incluso algunos médicos antiguos argumentaron que no valía la pena desarrollar la neurocirugía ya que “en Chile no existen los tumores cerebrales…”. Sin embargo, no se amilanó y siguió adelante con sus proyectos.

LOS PRIMEROS CASOS

Tengo que ser sincero. No fue posible encontrar los registros de la primera neurocirugía realizada por el Dr. Asenjo. Pero algunos datos dispersos nos pueden ayudar a hacer un ejercicio de imaginación basado en lo que conocemos y al que los invito a acompañarme.

El Hospital Salvador en 1939 era administrado por una Junta de Beneficencia. Los recursos eran escasos y su desarrollo como centro hospitalario llevaba más de 70 años (el 1 de enero de 1872 se puso su primera piedra). Hasta 1921, el trabajo se desarrolló en base a la creación de salas. Cada sala podía tener un número variable de pacientes (desde 20 a 28 camas) y quedaba a cargo de un médico clínico. El Dr. Alejandro del Río logra cambiar este sistema y en vez de dejar un médico a cargo de una sola sala (con la consiguiente actividad aislada e individual de cada uno de los responsables de la sala), crea una organización similar a la que se hacía en Europa: definió jefes de servicios y ayudantes, con lo que la gestión y manejo de los pacientes se hizo de manera más coordinada y eficiente.

El caso es que el Dr. Asenjo consiguió crear en el Hospital Salvador un servicio de Neurocirugía totalmente nuevo. Nombre pomposo para describir solo dos salas mal iluminadas con dos camas en una de esas salas y tres ampolletas que proyectaban una luz amarillenta sobre los grandes espacios. Una vez que la comunidad supo de la existencia de este servicio, llegaron los primeros pacientes. Incluso conocemos los apellidos: Muñoz y Villegas.

Sabemos que eran jóvenes y también sabemos que el motivo de consulta era uno de los más frecuentes: cefalea acompañada de vómitos explosivos, que aliviaban temporalmente el mortificante dolor. El diagnóstico de ingreso: Hidrocefalia. De la causa de la hidrocefalia, no se sabía, sin embargo, se podían hacer exámenes complementarios.

Imagino el cuadro en color sepia y no en blanco y negro. En un Santiago antiguo, mal iluminado durante la noche y frío en las mañanas. Veo al Dr. Asenjo llegando un poco ansioso al nuevo servicio de neurocirugía. A pesar de ser un cirujano de mano segura, está nervioso, no obstante esa inquietud no se deriva de inseguridad quirúrgica. Él ya ha operado pacientes en los más prestigiosos centros europeos de neurocirugía. No, no es eso. Ahora no está en Berlín, está en Santiago de Chile, no solo a 12.517 kilómetros de distancia, sino como a 50 años atrás en el tiempo.

Sin embargo, al pasar la mampara de la primera sala de su servicio se relaja. Ve a su equipo preparando todo y se siente más tranquilo. Ellos saben que formarán parte de la historia médica de Chile, aunque quizás pocos los recuerden con nombre y apellido. Va a ver el paciente, quien lo mira con esa mirada de agradecimiento y desdicha propias de alguien cuyo dolor solo ha aumentado con el tiempo y, aunque está agotado, su expresión es de esperanza. La familia espera inquieta el inicio de esta cirugía, pero confían en este doctor.

El Dr. Asenjo va a la sala de operaciones. Probablemente alguno de sus ayudantes se lavó las manos con él mientras repasaban las últimas cosas que se debían tener listas en caso de que faltara algo. Las donaciones habían llegado desde Alemania trayendo el instrumental adecuado para la cirugía. Sin embargo, siempre algo puede salir mal a última hora… Un penetrante olor a alcohol, yodo y otras soluciones antisépticas llenan el ambiente. Paños blancos por todas partes y muebles de fierro enlozados completan el mobiliario de la sala. Una gran luz amarilla en el centro del techo, donde bajo su cenit se encuentra el paciente en la mesa operatoria.

“Su paciente está listo doctor…”, dice el encargado de administrar la anestesia. Y la cirugía parte.

Asenjo, tranquilo, con un débil latido en las sienes comienza la incisión. Con mano firme guía a su ayudante en su propio beneficio, para ver mejor, para tomar las mejores decisiones. Hay gente que siempre piensa, en estas situaciones, en todo lo que puede salir mal, mas, Asenjo ya no está aquí. Está en un lugar distinto. Ya no siente dudas y su mano y cerebro trabajan totalmente coordinados. Luego de abrir la duramadre y aliviar el aumento de presión del líquido cefalorraquídeo, se siente aún mejor. La luz amarillenta que ilumina el campo no le permite ver tan bien, pero no importa, ve el camino, se siente más confiado y ningún asomo de inseguridad o miedo aparecen en él. Ya no hay sensaciones desagradables. Solo placer. El placer de saber que sabe exactamente lo que tiene el paciente: un astrocitoma. Y sigue evaluando su extensión y ubicación. En las radiografías previas ya se podía sospechar la existencia de este tumor y ahora podía confirmarlo con el examen macroscópico. Estaba en Chile, pero por un segundo se sintió en Europa, en Berlín, tan a gusto como en ese pabellón en el que confirmó su vocación de neurocirujano.

La cirugía siguió su curso, más tranquila. Extrajo todo lo que pudo del tumor y luego de cerrar la duramadre y colocar el hueso en su lugar, pudo respirar más relajado. El paciente estaría bien. Requeriría de muchos cuidados y vigilancia permanente sobre todo las primeras 24 horas. Sin embargo, él sabía que podría hacerlo y la gente que creía en él también. Salió del pabellón cansado, como si hubiera envejecido veinte años, pero a la vez aliviado. Entró en su precaria oficina, se sentó en ese escritorio de metal de color verde y sintió que las cosas que había aprendido en Europa se podían hacer en Chile. Requeriría esfuerzo, pero se sentía capaz de hacerlo. Se levantó de nuevo, salió de su oficina y fue a ver al joven a la sala de recuperación. Los registros de la época dicen que el joven respondió bien a la cirugía y que el Dr. Asenjo estuvo en la cabecera del enfermo durante siete días, hasta que pudo darlo de alta. Y el resto es historia…

El Dr. Asenjo fue un grande de la historia de la medicina chilena, latinoamericana y mundial. Tal vez es uno de los médicos que mayor prestigio tuvo en su momento. Recibió doctorados Honoris Causa de múltiples universidades del mundo. Fue un hombre enérgico, voluntarioso, trabajador y con una gran visión de futuro. Fundador del Instituto de Neurocirugía que actualmente lleva su nombre. Estuvo exiliado en Panamá y volvió a Chile para terminar sus últimos años en su tierra natal.

Falleció a los 74 años, víctima de un infarto al miocardio en el Hospital Clínico de la Universidad Católica, pero inició en Chile la certeza de que podemos hacer historia, podemos hacer cosas a nivel mundial, que no hay que pensar en pequeño, sino en grande.

Y todo partió en una vieja y gran sala del Hospital Salvador.

FIGURA 2.

OPERACIÓN AL CEREBRO EN EL INSTITUTO DE NEUROCIRUGÍA EN 1960

(Ulloa, Domingo. Operación al cerebro [en el] Inst. de Neurocirugía del Dr. Alfonso Asenjo [fotografía] Archivo Fotográfico. Disponible en Biblioteca Nacional Digital de Chile http://www.bibliotecanacionaldigital.cl/bnd/635/w3-article-164358.html).

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