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Vol. 27. Núm. 10.
Páginas 105-109 (Noviembre 2008)
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Antídotos tribales (y II). Herencia milenaria
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Manuel Pijoana
a Qu??mico y Bi??logo.
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Tabla 1. Plantas que se utilizan en las Guayanas (Guayana francesa, Guyana y Surinam), como antídotos contra varios venenos
Tabla 2. Plantas que se utilizan como antídotos contra venenos de ofidios en las Antillas, en el NO de Colombia (Antioquia y Chocó) y en el O de Panamá
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En la primera parte de este trabajo se analizó la ley de la similitud, en la que se basan muchos antídotos de uso tribal, así como el fenómeno del mitridatismo. También se revisaron los antídotos vegetales y animales más conocidos en este ámbito. En esta segunda parte se comenta su efectividad y las particularidades de su utilización en la medicina occidental.

El número de especies vegetales que los curanderos tradicionales de las diferentes tribus utilizan a lo largo y ancho del mundo como antídotos es, sin duda alguna, muy elevado. En 1995 se estimaron en cerca de 800 tan sólo las plantas que se utilizan para tratar los venenos de ofidios pero es probable que este número sea bastante superior. A esta lista hemos de añadirle todas las plantas que se emplean como antídotos contra las picaduras de artrópodos y peces, contra las flechas venenosas (envenenadas por curare, por secreciones de anfibios, etc.) y contra los venenos ingeridos.

Efectividad de los antídotos tribales

Si analizamos la tabla 1, que recoge las plantas con las que se tratan los distintos venenos tan sólo en las guayanas, nos haremos una idea de la enormidad de este legado etnofarmacológico. Si además comparamos las tablas 1 y 2, veremos que, sin salirnos de la América tropical, las coincidencias entre las 42 especies de plantas que utilizan en las guayanas para tratar las mordeduras de serpientes, las 11 que emplean los guaymi del oeste de Panamá y las 8 y 41 recopiladas respectivamente para las Antillas y el noroeste de colombia, son realmente muy escasas. Aparte del género Aristolochia que se utiliza en estas cuatro zonas —así como en muchas otras partes del mundo—, las únicas coincidencias son Abelmoschus moschatus y Aristolochia trilobata, que se emplean ambas tanto en las guayanas como en las Antillas. Por lo demás, hay que tener en cuenta que en la tabla 1 sólo se han anotado para el noroeste de colombia las especies con efectos positivos comprobados científicamente y que el número total de plantas antiofídicas que se emplean en esta zona es de 101. Si a este número le añadimos, por ejemplo, las más de 300 plantas que se utilizan en la india para este mismo fin —y que ya sumaban 211 en los tratados de medicina ayurvédica, cuya antigüedad se remonta a varios siglos antes de cristo—, las más de 100 especies que se emplean en Brasil y las 62 utilizadas en méxico, no es difícil deducir que el número de plantas antiofídicas utilizado por las distintas tribus y culturas aisladas del mundo debe ser elevadísimo.

Tabla 1. Plantas que se utilizan en las Guayanas (Guayana francesa, Guyana y Surinam), como antídotos contra varios venenos

Tabla 2. Plantas que se utilizan como antídotos contra venenos de ofidios en las Antillas, en el NO de Colombia (Antioquia y Chocó) y en el O de Panamá

Metabolitos activos

Aunque el potencial terapéutico de la gran mayoría de estas plantas apenas ha sido estudiado, ya se sabe desde hace tiempo2 que los metabolitos secundarios extraídos de algunas de ellas pueden contrarrestar la letalidad de varios venenos de serpientes. Entre estos metabolitos figuran isoflavonoides como el edunol aislado de las leguminosas mexicanas Brongniartia podalyrioides y B. intermedia o la wedelolactona extraída de la asterácea Eclipta prostrata; alcaloides como los ya citados alantoína y el ácido aristolóquico, o como el schumaniofósido extraído de Schumanniophyton magnificum, una rubiácea que se emplea en Nigeria contra las mordeduras de serpientes y escorpiones; taninos como los de Bursera simaruba, Persea americana o Croton draco, capaces de inhibir los efectos neurotóxicos y hematóxicos del veneno de Bothrops asper7; esteroles como el sitosterol de Eclipta prostrata, que inhibe la acción miotóxica de los venenos de la cascabel Crotalus durissus (imagen de apertura de este artículo) y de otras serpientes, y el estigmasterol de la misma planta, que neutraliza sus efectos hemotóxicos. Además de inhibir la acción miotóxica como el sitosterol, la wedelolactona muestra un efecto antihemorrágico contra el veneno de Bothrops jararaca. El edunol, gracias a su estructura química, puede neutralizar los efectos cardiotónicos del veneno de Botrhops atrox2, 7, y el schumaniofósido es eficaz contra el de la cobra Naja melanoleuca, quizás porque lo inactiva al oxidarlo. otras plantas capaces de neutralizar el veneno de B. atrox se recogen en la tabla 2 para el noroeste de colombia. Estas plantas son utilizadas por los curanderos de Antioquia y de chocó, quienes asisten al 60% de los pacientes mordidos por serpientes en esta zona8,9.

Abelmoschus moschatus.

Acciones farmacológicas complementarias

Por otra parte, conviene tener en cuenta que muchas plantas que se consideran antiofídicas no actúan como antídotos propiamente dichos, sino que alivian el dolor producido, detienen las hemorragias y evitan o previenen la inflamación, el edema, el incremento de la permeabilidad capilar y las infecciones provocadas por las mordeduras de ofidios. los curanderos de la etnia chinanteca de oaxaca, méxico, por ejemplo, aplican sobre la herida una cataplasma de hojas frescas de siete especies vegetales diferentes tras succionar el veneno con la boca. A continuación, aplican una hoja de Dorstenia contrajerva calentada previamente o un cataplasma del bulbo hervido de Philodendron hederaceum. El resto del tratamiento varía según los síntomas (prurito, dolor, infección, inflamación, etc.) y tiene como objeto controlarlos. Para cada síntoma, el curandero emplea un grupo concreto de plantas de un total de 53 especies. la curación, como es habitual en estos casos, termina con una ceremonia denominada «limpia» acompañada de rezos2.

De un modo similar a estas plantas chinantecas destinadas a curar o aliviar los síntomas, Barleria lupulina, una planta que se utiliza en Tailandia contra las mordeduras de serpientes, tiene efectos comprobados como antiinflamatoria, antibiótica e inmunoestimulante pero no como antídoto propiamente dicho. Análogamente, la actividad de Jatropha gossypifolia, que se emplea como antiofídica en el caribe, se explica más por la histamina y la apigenina que contiene que por una posible función antiveneno.

La leguminosa mexicana Brongniartia intermedia contiene edunol, un isoflavonoide cuya estructura química le permite neutralizar los efectos cardiotónicos del veneno de Botrhops atrox.

Antídotos en la medicina occidental

Para concluir, mencionemos que de las apenas 52 sustancias terapéuticas consideradas actualmente como antídotos en la medicina occidental, tres tienen un origen tribal o por lo menos muy antiguo: la atropina, la fisostigmina y la ipecacuana. la atropina, en concreto, o mejor dicho las plantas que la contienen, como la datura, la mandrágora, el beleño y la belladona, se utilizaron durante siglos en Europa y en el norte de Asia no sólo como venenos, sino también como plantas psicotrópicas para inducir vuelos mágicos y otras alucinaciones relacionadas con la hechicería de posesión. como antídoto, la atropina se utiliza en el tratamiento de las intoxicaciones por insecticidas anticolesterásicos (organofosforados y carbamatos) y en general, del síndrome muscarínico. la fisostigmina o eserina es uno de los varios alcaloides venenosos contenidos en el haba de calabar (Physostigma venenosum), reputada en el oeste de África por el uso que de ella se hizo en las terribles ordalías de veneno. como antídoto, se utiliza para tratar las intoxicaciones por fármacos u otros productos anticolinérgicos, especialmente cuando aparece delirio agudo. y la ipecacuana, finalmente, se emplea como emético u agente vomitorio, es decir, tiene el mismo uso que de ella hacían los indios tupí-guaraní del rizoma de Cephaelis ipecacuanha, la planta que la contiene, cuando ingerían alguna sustancia tóxica.

Atropa belladonna.

Philodendron hederaceum.

Bibliografía
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Estas dermatitis de contacto o inflamaciones alérgicas de la piel se deben al urushio.l, Toxicodendron vernicifluum al que los japoneses llaman urush.i, nombre del que deriva el término urushiol..
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Sólo hace falta leer el auto sacramental El veneno y la triac.a, escrito por calderón de la Barc.a, para constatar la vigencia que continuaba teniendo este antídoto en la España barroca..
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Snakebites and ethnobotany in the northwest region of colombia. Part iii: Neutralization of the haemorrhagic effect of Bothrops atrox venos. Journal of Ethnopharmacology. 2000;71(1-2):233-41.
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