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Vol. 35. Núm. 9.
Páginas 472-474 (Noviembre 2009)
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Cuerpos extraños como causa de metrorragia posmenopáusica
Foreign bodies as a cause of postmenopausal bleeding
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M.J.. Cancelo Hidalgoa, E.. de la Viuda Garcíaa, S.. García Garcíaa, P.. Parrondo Garcíaa, A.. Ferrero Viñasa, J.I.. Álvarez de los Herosa
a Servicio de Ginecología y Obstetricia. Hospital Universitario de Guadalajara. Universidad de Alcalá de Henares. España.
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Figuras (2)

Presentamos dos casos clínicos de mujeres mayores (68 y 91 años) que fueron remitidas al Servicio de Ginecología desde Atención Primaria por presentar metrorragia posmenopáusica. La exploración demostró la presencia de cuerpos extraños vaginales: un capuchón plástico de un preparado farmacológico de aplicación vaginal en el primer caso y la tapa de una barra de labios en el segundo.

Palabras clave:
cuerpos extraños, metrorragia posmenopáusica

We present two clinical cases of a 68 and a 91-year-old woman who were sent to the Gynecology Department by their General Practitioners because they presented posmenopausal bleeding. The examination showed the presence of vaginal foreign bodies: a plastic cover from a pharmacologic product for vaginal use in the first case and a lipstick bar in the second.

Keywords:
foreign bodies, posmenopausal bleeding
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CASOS CLÍNICOSCaso 1

Mujer de 68 años remitida por presentar metrorragia posmenopáusica, acompañada de secreción vaginal verdosa maloliente y escozor vaginal de cuatro meses de evolución, acompañada el último mes de dolorimiento hipogástrico. Tuvo tres embarazos y partos normales, menopausia a los 51 años sin presentar sangrado vaginal hasta el episodio actual. Es hipertensa en tratamiento y refiere incontinencia urinaria de esfuerzo de varios años de evolución.

En la inspección vaginal con espéculo, se visualiza en el fondo de saco posterior, un cuerpo extraño parcialmente enclavado en la mucosa vaginal de apariencia plástica (fig. 1). Tras la extracción, se comprueba que se trata del tapón del envase de un preparado farmacológico de aplicación vaginal (Rosalgín®). La paciente no recordaba haber utilizado ningún tratamiento vaginal, aunque creía haber acudido al médico de cabecera dos años antes por haber presentado prurito vaginal, y que éste había recetado algún fármaco de aplicación vaginal, lo que fue posteriormente confirmado.

La ecografía vaginal y la histeroscopia practicadas dentro del protocolo de estudio de la metrorragia posmenopáusica fueron normales. La sintomatología local cedió con tratamiento oral de azitromicina.



Figura 1. Cuerpo extraño vaginal. Capuchón plástico del envase de Rosalgín® colocado unos dos años antes en una mujer de 68 años.

Caso 2

Paciente de 91 años que es remitida por presentar sangrado vaginal ocasional desde hace cuatro años; la familia refiere que actualmente tiene mal olor.

Tuvo seis embarazos y partos normales con menopausia a los 50 años. Fractura de cadera hace tres años; actualmente se encuentra en tratamiento con antihipertensivos.

La paciente, en la sala de exploración, sin la hija acompañante, refiere que tiene “un tubo” que se introdujo de manera accidental en la vagina hace más de cuatro años y que no ha podido extraer. Refiere además que actualmente presenta dolor hipogástrico importante y molestias vaginales al sentarse.

En la exploración, los genitales externos se encuentran recubiertos por una secreción verdosa, fétida y abundante. Al tacto vaginal, se identifica una estructura tubular, plástica, firmemente adherida a las paredes vaginales. Mediante disección roma laboriosa, se logra liberar y extraer el cuerpo extraño, que corresponde a la funda de una barra de labios de 6 cm de longitud (fig. 2).

La ecografía transvaginal y la histeroscopia fueron normales y la sintomatología cedió con tratamiento oral de azitromicina.



Figura 2. Capuchón de barra de labios olvidado en la vagina al menos cuatro años antes en una mujer de 91 años.

COMENTARIOS

La presencia de cuerpos extraños en la vagina ha sido clásicamente descrita como causa de leucorrea maloliente; es más frecuente en niñas en las que la introducción voluntaria de objetos, después olvidada, refleja el interés por el descubrimiento del propio esquema corporal. En la bibliografía, se sugiere que la presencia de cuerpos extraños en las niñas debiera ser evaluada como un indicador de posible abuso sexual1. Son diversos y muy variados los objetos intravaginales descritos: lapiceros, horquillas, gomas de borrar, piedras2, que pueden provocar la producción de trayectos fistulosos3.

En la mujer adulta, los cuerpos extraños tienen frecuentemente relación con el juego sexual, como el caso publicado de pérdida del piercing peneano del compañero sexual4. Este aspecto es extrapolable a la mujer mayor, incluso anciana, en la que están descritos cuerpos extraños relacionados con la estimulación sexual en mujeres de edad tan avanzada como los 81 años5. En nuestro segundo caso, que llama la atención por lo avanzado de la edad, la mujer no admitió que el cuerpo extraño tuviera relación con la estimulación sexual, aunque mostró gran interés en que su familia no tuviera conocimiento de la causa de su sangrado vaginal.

En mujeres mayores, la pérdida de la memoria lleva a que se produzcan casos de cuerpos extraños olvidados durante años. Ha sido descrito un caso de cuerpo extraño que permaneció en la vagina durante 25 años6.

La manifestación clínica más frecuente es la presencia de leucorrea maloliente, que puede acompañarse de sangrado vaginal como en los casos presentados. La presencia de síntomas clínicos inusuales suele asociarse con la emigración del cuerpo extraño, como el caso descrito en una mujer de 18 años que se quejaba de dolor en la cadera, y en la que se identificaron fragmentos de madera en la zona presacra, emigrados estos hasta allí tras ser utilizados con fines abortivos7.

El diagnóstico suele ser sencillo al inspeccionar la vagina con espéculo o valvas vaginales. En niñas, mujeres sin relaciones sexuales o con gran atrofia vaginal, la visualización de la vagina mediante un histeroscopio con perfusión líquida, permite la exploración de manera confortable para la paciente y posibilita la extracción del cuerpo extraño8.

También se ha propuesto como método diagnóstico la inserción de una cánula vaginal y la inyección de contraste radio-opaco para identificar la presencia del cuerpo extraño vaginal9.

Como complicación a la permanencia de un cuerpo extraño en la vagina pueden producirse trayectos fistulosos, bien hacia la vejiga, apareciendo pérdida de orina involuntaria10, hacia recto11, periné, o bien fístulas combinadas como la descrita por Binstok12 en la que se produjo una fístula vésico-vaginal y urétero-vaginal por la presencia de un cuerpo extraño en la vagina. O’Hanlan y Westphal13 describen el caso de una mujer de 19 años, a quien le fueron realizadas varias laparotomías por dolor abdominal, hasta que se localizó en el espacio retroperitoneal el capuchón de una botella que había emigrado hasta allí tras su inserción en la vagina años antes.

Los colpostatos utilizados como prevención del prolapso uterino pueden ser causa de complicaciones y producir trayectos fistulosos si no son frecuentemente sustituidos14 .

En la bibliografía existen frecuentes referencias como cuerpos extraños vaginales a la presencia de gasas quirúrgicas olvidadas lo que ocurre en una de cada 1.000-1.500 intervenciones intraabdominales15. En cirugía abdominal, la presencia de una gasa olvidada puede producir fistulización posterior hacia la vagina o la vejiga16, y en cirugía vaginal o tras un parto, fistulización hacia vejiga o recto.

La extracción de un cuerpo extraño vaginal no suele revestir dificultad, aunque hay autores que han utilizado un fórceps obstétrico17 o una ventosa obstétrica18 para ayudar a la extracción de cuerpos extraños voluminosos y de superficie lisa y redondeada cuya extracción puede ser dificultosa por otros medios. El tacto rectal puede ser de ayuda en la extracción de cuerpos redondos tipo canicas y la tracción directa con fórceps histeroscópicos puede ser de gran utilidad especialmente en niñas.

La extracción del cuerpo extraño, seguida de irrigación de povidona yodada es suficiente para el control sintomático. Ante la sospecha de infección endometrial o anexial debe asociarse un tratamiento antibiótico oral.

Correspondencia: M.J. Cancelo Hidalgo.

Hospital Universitario de Guadalajara.

C/ Donante de Sangre, s/n.

19002 Guadalajara. España.

Correo electrónico: mcanceloh@sego.es

Recibido el 10-12-2008; aceptado para su publicación el 21-05-2009.

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