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Vol. 17. Núm. 6.
Páginas 382-389 (Abril 1996)
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Violencia y sexismo en los dibujos animados de la programación infantil de televisión. Análisis de contenido
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MA. Prieto Rodrígueza, JC. March Cerdáa, A. Argente del Castilloa
a Escuela Andaluza de Salud P��blica. Granada.
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Objetivo. Detectar rasgos de violencia y sexismo en los dibujos animados de la programación infantil de las cadenas de televisión españolas.

Diseño. Análisis de contenido de los dibujos animados emitidos por las cadenas TVE-1, TVE-2, Canal Sur, Antena 3 y Tele 5 durante una semana.

Mediciones y resultados principales. Los programas grabados fueron visionados por dos observadores independientes, primero de forma separada y luego en conjunto. Se anotaron todas aquellas escenas en las que aparecían contenidos violentos o mensajes sexistas. Los aspectos más destacados son: a) los contenidos violentos son muy abundantes; b) se encuentran funciones y profesiones ligadas al sexo, y c) la publicidad acompaña y se intercala en la programación infantil.

Conclusiones. Los elementos detectados implican la necesidad, tanto por parte de la escuela como de la familia, de fomentar entre los niños de un talante crítico ante los mensajes que reciben.

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Introducción

La televisión constituye para Umberto Eco un puro fenómeno sociológico1. Como medio de comunicación social, es un elemento fundamental para el desarrollo de la formación y la cultura de los ciudadanos. Introduce la vida pública en las casas de la gente en forma de imágenes, ofreciendo patrones de actuación y pautas de comportamiento que adultos y niños adoptamos poco a poco en nuestra vida cotidiana. Parte de lo que hacemos, pensamos y sentimos se encuentra mediatizado por la realidad simbólica que los medios, y en concreto la TV, crean. Pero aun así, la acción de los medios y su influencia, es compleja. Existen distintas teorías acerca de las explicaciones adecuadas de los procesos que tercian entre el flujo de comunicación masiva y sus efectos constatados, por lo que se ha convertido en tema de interés por parte de los científicos sociales2.

Durante las dos últimas décadas, y especialmente en el transcurso de los años ochenta, es de todos conocido el gran consumo de televisión por parte de la población española, sobre todo en los niños y adolescentes. España, según el informe Un año de televisión en Europa3 es el cuarto país en el consumo diario de televisión, con 204 minutos diarios de promedio; es vista diariamente por 9 de cada 10 españoles y ocupa una parte importante del espacio de los niños4. Y es que los medios, para la mayor parte de la población, significan deslumbramiento, novedad, fascinación, ocio, interacción con el mundo... y aparecen como transparentes y nada problemáticos.

Un estudio de la Sociedad Europea de Biosociología de 1991 recomienda no superar los 50 minutos diarios de televisión5. Hoy la mayor parte de los escolares occidentales ven la televisión de 2 a 3 horas y media por día6. En España, 8 de cada 10 niños españoles (principalmenmte los de 11-13 años) ven con asiduidad la televisión, rondando la cima de las 3 horas y media, lo que supone dedicarle el 80% del tiempo infantil libre. Estas cifras se elevan durante los fines de semana hasta llegar a una media de 7 horas7,8.

Parece que hoy día se nace telespectador. Ante ello, es necesaria la tarea de aprender a vivir el consumo televisivo para conseguir que la televisión no sea lo único en el tiempo libre de los niños. Mirar la televisión bajo ese prisma puede ayudar a una mejor relación con el entorno que rodea a los niños. En ese contexto, enseñar a ver la televisión debe ayudar a los niños y niñas a tomar una actitud crítica frente a la sociedad, a proporcionar más oportunidades para el aprendizaje, a desarrollar nuevos lenguajes y a potenciar nuevas maneras de relación social. En esa línea, educadores, periodistas, políticos y asociaciones ciudadanas han puesto puntos de atención ante lo que consideran «abuso televisivo», y a las excesivas dosis de violencia y sexo gratuitas, y ante los crímenes, violaciones, suicidios, secuestros y agresiones que aparecen como combustible de algunos programas televisivos9. Además, es preciso constatar que los niños y niñas, a determinadas edades, ven más tiempo la televisión generalista para adultos, que la propiamente infantil.

Los niños españoles tienen a la televisión incorporada como el elemento de ocio y distracción más importante, a gran distancia de la lectura o del escuchar la radio. De ese papel tan importante, algunos autores apuntan diversos «peligros», pero parece claro que la TV carece de ese poder autónomo y de esa omnipotencia que algunos titulares de prensa sensacionalista y algunos análisis excesivamente simplistas pretenden hacernos creer10. El peligro principal de la pantalla no reside tanto en la conducta que preside como en lo que impide: conversaciones, juegos, festividades y discusiones, a través de las cuales se produce una buena parte del aprendizaje de los niños y se forma su carácter11. Otros autores apuntan que este «abuso televisivo» puede dar lugar a trastornos del sueño (terrores nocturnos), retraso del lenguaje, poca capacidad de entretenimiento, déficit de capacidad creativa, rendimiento escolar más bajo y estereotipificación de la realidad12. Desde la Asociación Española de Pediatría llegan a la conclusión de que los niños menores de 8 años que ven más de 3 horas de televisión presentan además elevados índices de irritabilidad, dolor de cabeza, cansancio visual, tics y trastornos digestivos13.

Dos de los aspectos que los expertos valoran más críticamente en el análisis de la televisión son, por una parte, la violencia y, por otra, el sexismo.

Según Roda14, la violencia constituye en la televisión una lección continua más que una excepción, constituyendo uno de sus elementos idiosincrásicos. Así mismo apunta que en un análisis hecho por Gerbner y Gross se valoraba que el 50% de los personajes que desempeñan funciones centrales se veía implicado en episodios violentos, y un 10% en muertes, y que las profesiones y oficios relacionados con la vigilancia del cumplimiento de la ley y la persecución de los delincuentes suponían el 1% del mundo real de las ocupaciones y el 20% en la televisión.

La Asociación Española de Pediatría valora que la visualización del alto índice de violencia televisiva interviene como factor importante en la determinación de las conductas masculinas violentas debido a la excitación generalizada que produce y a la tendencia a la imitación de las escenas violentas; por tanto, según dicha asociación, existe una relación directa entre la violencia en televisión y la consiguiente conducta agresiva13. Para otros autores, la violencia en los medios de comunicación pueden facilitar una conducta agresiva y antisocial, desensibilizar a los espectadores sobre futura violencia y aumentar la percepción entre los telespectadores de que viven en un mundo peligroso15. Otros autores apuntan que la tasa de agresividad individual se incrementa a medida que se eleva la cantidad de programas y filmes violentos contemplados durante la etapa infanto-juvenil de la vida16. Este cambio de conducta por la reiterada exposición a la violencia televisiva comienza a registrarse ya en los niños de 3 años17.

Se calcula que en EE.UU. un niño al llegar a los 14 años de edad ha presenciado un total de 18.000 muertes violentas por televisión18 y lógicamente ha recibido, por ese medio de comunicación y por otros, cuatro veces más mensajes que los que recibe en la escuela, de tal forma que puede llegarse al extremo espectacular de que un niño copie más de un héroe de la televisión que de su madre19.

Una serie de estudios norteamericanos20 demostró que los niños que vieron programas de televisión agresivos eran proclives a aumentar sus reacciones violentas. Sin embargo, esa visión en opinión de otros autores resulta aventurada, ya que el proceso cognitivo del niño opera con la información obtenida de muchas y variadas fuentes. De hecho, en Holanda Wiegman et al21 observan que la visión de la violencia en televisión no conduce a comportamientos agresivos. Friedlander22, por su parte, afirma que los mensajes prosociales pueden tener mayores efectos en los comportamientos que los mensajes antisociales.

El análisis de las funciones pone de manifiesto el predominio de una visión enteramente convencional respecto a las características de personalidad y actividades asociadas a ellos. En particular, esa visión es degradante para la mujer14. La mayoría de los medios de comunicación ofrecen una imagen deformada de la sexualidad, ya sea en el aspecto cualitativo (sexismo, funciones, conductas estereotipadas) como en el cuantitativo (tamaño de la virilidad, orgasmo perfecto, afrodisíacos para aumentar el número de relaciones)23.

Del Moral24, en un análisis del lugar de los personajes femeninos y masculinos en el dibujo animado, pone de manifiesto que el papel de la mujer o niña queda bastante reducido, y se presentan modelos estereotipados. Así mismo, la proporción entre hombres y mujeres está muy descompensada: un 80% de los primeros frente a un 20%. Además, afirma que los personajes femeninos no se presentan tan inventivos, autónomos y emprendedores como los niños. Roda comenta que los hombres suelen desempeñar papeles profesionales, basados en el poder, el talento, la racionalidad y la estabilidad, mientras que las mujeres desempeñan el papel de amas de casa, junto al de enfermera, secretaria, presentadora, criada y modelo, basado en los siguientes rasgos: atractivo, sociabilidad, ternura y pasividad.

En un estudio realizado por Peterson25 acerca de la visualización de la televisión y su relación con la iniciación de las relaciones sexuales, se constata que el aumento del tiempo que pasan los niños en televisión y el incremento del número de contenidos sexuales que ven los niños y niñas no se relaciona con la iniciación precoz de la actividad sexual.

La publicidad también ha inundado los mercados infantiles, con el objetivo de estimular el deseo y la necesidad de consumir. La influencia de la publicidad en los niños es muy fuerte. En 1990, el Comité de Comunicaciones de la American Academy of Pediatrics recomendó que las cadenas de televisión y anunciantes otorgaran una mayor delicadeza en las referencias sexuales de la publicidad, ya que el niño ve al año 20.000 anuncios comerciales en televisión26.

Preocupados y atraídos por las denuncias y críticas aparecidas en diferentes medios de comunicación, sobre los contenidos y mensajes de los programas infantiles en televisión27-30, diseñamos este estudio que se propone, a partir de la descripción de la programación infantil de dibujos animados que se emite en la actualidad en TVE-1, TVE-2, Canal Sur, Antena 3 y Tele 5, detectar rasgos de violencia y sexismo para, posteriormenter, proceder a su análisis y discusión. Al mismo tiempo, se han observado los anuncios publicitarios que se incluyen en la programación infantil y se realiza una crítica de ellos a la luz de los códigos y leyes de ética publicitaria.

Material y métodos

Durante la semana del 5 al 12 de junio de 1993, hemos grabado los dibujos animados de la programación infantil que se emitía en TVE-1, TVE-2, Canal Sur, Antena 3 y Tele 5, y se ha procedido a continuación a su observación, por parte de dos personas diferentes y contrastando los resultados. Los observadores fueron dos profesionales de ambos sexos con formación en salud pública, administración sanitaria, sociología, psiquiatría y enfermería.

Para el análisis de contenido, se realizaron tres visionados de la programación, primero de forma separada por parte de los observadores, y en una segunda fase se realizó en conjunto. Esto permitió señalar los aspectos comunes y dispares encontrados en el análisis previo. Se han eliminado las anotaciones en las que no había consenso (sólo en dos ocasiones).

Para el análisis de la violencia, se ha utilizado la definición utilizada por Gerbner y otros en numerosos estudios: «Expresión manifiesta de fuerza física, con o sin un arma, contra uno mismo o contra otro, que obliga a la acción contra la propia voluntad bajo amenaza de lesiones o muerte, o realmente herir o matar»14.

Se han destacado todas aquellas escenas en las que aparecían contenidos violentos, con los criterios de: a) fuerza o energía desplegada impetuosamente; b) abuso de fuerza; c) facilidad para dejarse llevar por la ira; d) esfuerzos extremos, y e) imposiciones por la fuerza. Y de igual modo, aquellas que contenían mensajes sexistas, entendiendo por sexismo: a) ideas o creencias de que los miembros de un sexo son menos inteligentes o capaces que los del otro; b) asignación de papeles en función del sexo; c) discriminación negativa basada en el sexo, y d) valoración de un sexo por razones físicas y no en función de sus cualidades personales.

Los programas infantiles que presentaron las distintas cadenas de televisión, en el período que fijamos para el estudio, se resumen en la tabla 1.

Resultados

Los contenidos violentos en la programación infantil son muy abundantes (tabla 2). Imágenes de movimiento vertiginoso, música con compases de suspense, ruidosas, disonantes, desagradables facciones en los malos, armas bélicas, vehículos que se desplazan a grandes velocidades desafiando a la propia gravedad, guerras, peleas, golpes, muertes, amenazas continuas, destrucción... configuran un marco desolador en el que se refuerzan, como valores que desarrollar, la fuerza física, la venganza, el «todo vale» para vencer al mal, la prepotencia, las actitudes retadoras, el instinto de supervivencia, el engaño, en detrimento de valores como la fuerza de la razón, la sensibilidad, la ternura, el diálogo, la convivencia, la solidaridad...

Sobre el sexismo en los programas televisivos infantiles (tabla 3), señalamos, en primer lugar, que los papeles protagonistas corresponden siempre a hombres. En ninguna ocasión es la mujer la que desempeña un papel principal. Siempre es él quien toma las decisiones acertadas, rara vez se equivoca. Se enfrenta a los riesgos con suficiencia, toma iniciativas sin consultar con nadie. Es crítico, valiente, hábil, inteligente, y nunca llora. La fuerza física es la principal cualidad que se refuerza en los protagonistas masculinos.

Las mujeres aparecen desempeñando papeles secundarios. Con frecuencia se meten en dificultades, en las que necesitan la ayuda del hombre para salir. Son sumisas, débiles, indefensas, presas fáciles para el enemigo. Se equivocan a menudo. Son menos inteligentes que los hombres. Desarrollan comportamientos cercanos a la histeria ante los peligros: lloriquean, gritan, se tapan la cara, se aterrorizan con facilidad (los peligros para ellas: ratones, cucarachas, una sombra, etc. son considerados ridículos por ellos). Se inhiben, con frecuencia, ante situaciones en las que sus compañeros toman decisiones. Utilizan, como principales argumentos para conseguir sus propósitos, mecanismos clásicos y estereotipados de seducción y atracción sexual. La belleza es la principal cualidad que se resalta en las protagonistas femeninas.

Se siguen asignando papeles en función del sexo: hacer la comida, cuidar a los hijos, ir a la compra, etc. para ellas y trabajar fuera de casa para ellos. Aparecen, también, profesiones ligadas al sexo: ellos son médicos, policías, directores de empresas, abogados, detectives, pilotos de naves, marineros, etc. y ellas son enfermeras, secretarias, recepcionistas, maestras, modelos, azafatas.

Entre el material recogido y observado, se encuentran los espacios publicitarios que acompañan y se intercalan en los programas infantiles. Señalamos a continuación algunas notas sobre los anuncios publicitarios dirigidos al público infantil:

 

1. En algunas cadenas no existe la separación acústica obligatoria entre los espacios publicitarios y la programación habitual.

2. Abundan los anuncios sobre juguetes y muñecos inspirados en las series y programas infantiles de TV, que le hacen al niño difícil distinguir entre publicidad y espacios de programación cotidianos.

3. Son escasos los espots publicitarios sobre juguetes que indican la edad recomendada.

4. Se hace referencia a las emociones y sentimientos que el niño experimentará con la adquisición del juguete, pero no a sus cualidades técnicas.

5. Es frecuente que los juguetes hablen a los niños, lo cual, en la mayoría de las ocasiones, no se corresponde con las características reales del producto que anuncian.

6. Se mezclan, habitualmente, imágenes reales con dibujos animados, produciendo en el niño, como ya hemos mencionado, una dificultad para establecer los límites de la realidad.

7. Es rara la indicación de que un juguete necesita pilas.

8. Se concentran a veces, en un solo anuncio de pocos minutos, varios productos.

9. Existen numerosos anuncios con grandes cargas de violencia y agresividad. Aunque no aparecen de forma explícita juguetes bélicos, encontramos, por ejemplo, coches teledirigidos con mandos en forma de pistola, o vídeo-juegos con las mismas características.

10. Los contenidos sexistas, de asignación de papeles en función del sexo, son habituales. Llama la atención de que son siempre niños los que anuncian vídeo-juegos u ordenadores.

 

Por otra parte, merece la pena señalar que los mensajes positivos que con más frecuencia aparecen son aquellos relativos a la protección y cuidado de la naturaleza. Destacamos, sin embargo, que estos contenidos son vagos e inconcretos. El niño es un espectador pasivo de comportamientos estereotipados como acariciar a los animales, regar una planta, dar de comer a un canario, etc.

En ningún momento se explicitan posturas encaminadas a promover actitudes ecológicas en los niños como: no malgastar el agua, usar papel reciclado y guardar papel para reciclar, depositar los envases de vidrio en contenedores para reciclado, no tirar papeles al suelo, cuidado con las pilas que contaminan el subsuelo, restringir el uso de aerosoles, evitar vertidos contaminantes, evitar humos y ruidos, etc.

Tampoco encontramos mensajes que promuevan hábitos saludables: alimentación y dieta, higiene, necesidad de las vacunas, cuidado de los dientes, prevención de accidentes infantiles, prevención de las drogodependencias...

Y no se abordan temas como el racismo y la xenofobia, la discriminación en sus múltiples variantes, la igualdad de derechos, la solidaridad, el respeto a las diferencias, la tolerancia.

Discusión

Tres aspectos son fundamentales para desarrollar investigaciones que posibiliten a las audiencias tener más elementos para mediar en una programación de contenido más saludable. En primer lugar, el hecho de que la televisión es una importante fuente de información para la población31. Por otra parte, los niños son uno de los públicos a los que se dirige específicamente un número de horas cada vez más importante de las programaciones de todas las cadenas, existiendo incluso algunos canales dedicados exclusivamente a ellos. Por último, la publicidad llena el 23% de la programación diaria de cualquier cadena de televisión32.

La metodología utilizada es recomendada por distintos autores para aproximarse a temas de esta índole33-37. El análisis de contenido, como forma de control de la cantidad de violencia contenida en la programación, es una de las opciones más utilizadas junto a los estudios naturalistas, que estudian a los niños cuando se introduce la televisión en su cultura, y estudios longitudinales de correlación, siguiendo una población de niños durante años. No obstante, somos conscientes de los posibles sesgos que han podido introducirse, al ser los observadores, autores y responsables del propio estudio. Sin embargo, como ya señalábamos, los dos observadores han analizado todo el material de trabajo por separado y han contrastado sus resultados, eliminando aquellos en los que no habían coincidido, que volvemos a repetir, ocurrió sólo en dos ocasiones.

El método de análisis presenta, a nuestro juicio, la ventaja de poder ser repetido con observadores no entrenados, por su simplicidad. Sería interesante contar, para próximos estudios, con la colaboración de padres, educadores, periodistas, especialistas en televisión infantil y con los propios niños.

En opinión de algunos analistas como Dietz o Strasburger la televisión provoca estímulos al aprendizaje y que los niños aprenden de la televisión38. Esta visión de la influencia positiva de la televisión es mayor entre los niños que en los padres39. Incluso algunos autores40 valoran efectos beneficiosos en la ansiedad de los niños, si ven televisión en el área preoperatoria, sin embargo los efectos adversos de la televisión aparecen relacionados con el número de horas que se ve la televisión. En esa línea negativa, Rocha comenta que el excesivo tiempo que pasan los niños delante del televisor puede comprometer su desarrollo14.

Los resultados obtenidos, en relación con la violencia van en la línea de los encontrados en los análisis realizados por Gerbner desde 1967 hasta 197814, que arroja los siguientes resultados: a) 8 de cada 10 programas contienen violencia; b) 6 de cada 10 personajes se ven implicados en ella; c) la proporción alcanza 7,5 episodios violentos por hora, que se eleva a 18 en los fines de semana. Así mismo, Biblarz et al apuntan que grupos de personas expuestas a filmes con contenido de violencia y de suicidios incrementan sus estímulos emocionales hacia el suicidio, en comparación con otro grupo expuesto a un filme neutro41. Incluso la American Academy of Pediatrics15 afirma que más de 1.000 estudios han permitido comprobar una relación causal entre violencia en los medios de comunicación y conducta agresiva en algunos niños, afirmando con ello tres aspectos: a) que cuanta más violencia se retrata, mayor es la posibilidad de que se aprenda; b) que los niños de menos de 8 años no pueden diferenciar de forma uniforme entre vida real y fantasía o entretenimiento, y c) que los niños aprenden rápidamente que la violencia es una solución aceptable para resolver problemas incluso complejos, en especial si el agresor es el héroe.

Con respecto al sexismo, los datos encontrados contribuyen, en nuestra opinión, a que los niños interioricen unos modelos de comportamiento a veces en contradicción con la realidad en la que viven y con el mundo donde han de desarrollarse. De todas formas, el protagonismo habitual en la televisión del hombre es superior al de la mujer; así, Levinson14 al estudiar los el sexo en los dibujos animados halla que la proporción hombre-mujer es de 3 a 1. Esa visión también es compartida por Del Moral24, en la visualización de programas como Bola de Dragón, Chicho Terremoto, Campeones o Supergol, donde se comenta que la asignación de papeles y la representación de estereotipos, tanto icónicos como lingüísticos, es marcadamente sexista; en ese estudio, se valora que la mujer en televisión para poder triunfar tiene que renunciar a su condición en cuanto a tal y adoptar los modelos masculinos, y que en el caso de hacer lo mismo los niños que las niñas ellas lo hacen siempre unos fotogramas después. Así mismo, encuentran que el lenguaje que se transmite a través de los diálogos de los personajes de los dibujos animados refleja cierta discriminación. Con todo ello, algunos autores afirman que los dibujos animados no disminuyen la importancia de ser mujer para las niñas, sino que aumenta la de ser hombres para los niños.

Cuando desde muchas instancias se proponen actitudes de tolerancia, respeto, comunicación y cooperación como fundamentales para resolver los principales problemas que sufren las sociedades contemporáneas, a los niños se les inculcan, a través de la televisión, otros valores diametralmente opuestos.

Diversos sectores están haciendo hincapié en disminuir los contenidos violentos de la programación infantil. Así, la American Academy of Pediatrics15 recomienda que los pediatras informen a los padres de limitar el tiempo de ver la televisión a 1-2 horas al día, bajo la instrucción de que para los niños, menos televisión es mejor, sobre todo televisión violenta. Además, plantea en la Joint Network Standards sobre violencia en televisión, que se establezcan límites voluntarios sobre la violencia gratuita, sobre las descripciones atractivas de la violencia, sobre las escenas que muestran sangre, dolor, sufrimiento físico excesivos, o el empleo de la fuerza inapropiada, sobre retratos de conductas peligrosa o armas de fuego que inciten a la imitación o sobre la descripción gratuita del abuso sobre animales. También alienta el retrato de las consecuencias de la violencia y urge precaución en las escenas en las que muestran a niños como víctima y en las que mezclan sexo y violencia. Algunas encuestas a población general han dado unos resultados de que más del 70% de americanos adultos estarían a favor de establecer un sistema de ratios de violencia por programa.

En el Plan para la Igualdad de Oportunidades de las Mujeres42, se propone contar con un conocimiento detallado de la utilización de la figura femenina en los medios de comunicación, no sólo en cuanto a la presencia de la mujer como objeto, sino a los valores que en relación con ella se utilizan y el papel que normalmente se le asigna.

Queremos señalar, también, que la educación no sexista y para la paz y la convivencia, es uno de los objetivos que se pretenden conseguir a través de la nueva ley educativa (LOGSE)43. Y muchos de estos recursos destinados a la educación se malgastan y se pierden en parte por la fuerza de los mensajes sexistas y violentos de los medios de comunicación (también públicos)44.

En la publicidad que acompaña y se intercala en los programas infantiles se observa la tendencia de transformar los programas de televisión infantiles en escaparates publicitarios, realizando continuamente publicidad encubierta, dando la impresión de ser los programas una mera excusa para que la marca patrocinadora realice un gigantesco anuncio publicitario, con la perversa consecuencia para el niño espectador de hacerle difícil distinguir la publicidad del entorno, burlando las defensas que éste haya podido adquirir, o lo que a nuestro juicio es peor, eliminando la necesidad de crearlas45.

El bartering o programa-anuncio, objeto de debate en cursos y talleres sobre televisión y consumo46 es señalado por parte de la Unión de Consumidores de España como «prácticas que desaparecerán cuando España aplique la Directiva Comunitaria sobre la televisión sin fronteras, y que prohíbe la publicidad encubierta y otras formas abusivas de patrocinio»47.

Las características señaladas de la publicidad en los programas infantiles violan repetidamente las normas del Código de Ética Publicitaria adoptado por el Consejo Ejecutivo de la Cámara Internacional de Comercio48, incumplen el Convenio firmado en marzo de 1993 por el Ministerio de Educación y Ciencia, las Consejerías de Educación de las Comunidades Autónomas y las cadenas de televisión sobre la protección de la Infancia y la Juventud y, además, el tiempo de emisión publicitaria se aleja considerablemente por exceso, del establecido en la Ley General de Publicidad49 y en las Normas de Admisión de Publicidad para el Ente Público de Radiotelevisión Española50.

Señalar, por último, que un 31% de los niños españoles siempre ven solos la televisión y un 35% la ven con sus padres solo en ocasiones51. A esto hay que añadir que, sorprendentemente en algunas zonas, las horas de mayor audiencia del público infantil suelen estar entre las nueve y las once de la noche52. Por tanto, los niños no sólo ven programas infantiles sino televisión en su globalidad.

Todas estas reflexiones, fruto de este análisis televisivo, deberían responsabilizar a los padres sobre el tema de la importancia de la televisión en la educación de sus hijos53,54. Sin duda, resulta fundamental estimular un talante crítico en los niños ante los mensajes que reciben, ya que debido a que los ritmos de nuestra sociedad dificultan muchas veces poder dedicar a los hijos todo el tiempo que necesitan, sus horas de ocio no deberían dejarse exclusivamente en manos de la televisión. Algunos autores15 apuntan la necesidad de investigar sobre los efectos de los vídeo-juegos.

Desarrollar buenos hábitos de visión televisiva sería el objetivo.

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