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Vol. 59. Núm. 4.
Páginas 151-203 (Abril 2008)
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Vol. 59. Núm. 4.
Páginas 151-203 (Abril 2008)
ARTÍCULOS ORIGINALES
DOI: 10.1016/S0001-6519(08)73288-6
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Cribado universal de la hipoacusia neonatal: ¿es más eficiente con potenciales evocados auditivos que con emisiones otoacústicas?
Is Universal Newborn Hearing Screening More Efficient With Auditory Evoked Potentials Compared to Otoacoustic Emissions?
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José Granell
Autor para correspondencia
jgranelln@seorl.net

Correspondencia: Dr. J. Granell. Amado Nervo, 4, 8.° A. 28007 Madrid. España.
, Javier Gavilanes, Javier Herrero, Juan L. Sánchez-Jara, María J. Velasco, Gonzalo Martín
Servicio de Otorrinolaringología. Complejo Asistencial de Ávila. Ávila. España
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Tabla I. Indicadores fundamentales del programa de cribado auditivo en los grupos de estudio
Introducción y objetivos

La relación coste-efectividad de los programas de cribado universal de la hipoacusia infantil es objeto de una constante revisión. En este contexto, el objetivo del presente trabajo es valorar el rendimiento de los potenciales evocados auditivos de tronco cerebral (PEATC) frente a las emisiones otoacústicas (EOA) como prueba de cribado.

Métodos

Estudio observacional retrospectivo sobre un programa de cribado universal iniciado en 1998. Realizamos un análisis comparativo entre dos grupos de recién nacidos evaluados en períodos consecutivos, separados por una transición tecnológica. Analizamos los indicadores de resultados del programa como medida de efectividad y los recursos invertidos para valoracion de costes.

Resultados

Se compara un grupo de 862 neonatos del año 2003, cribados con EOA transitorias con un equipo clínico, con otro de 2.300 neonatos de 2005 y 2006, cribados con PEATC automatizados. Encontramos una diferencia estadísticamente significativa en el porcentaje de paso en primera fase favorable a los PEATC (el 99,7 frente al 91,8 %; p<0,0005). El tiempo de exploración con PEATC tuvo una mediana de 276 s. La evaluación de costes apunta a una diferencia cada vez más ajustada entre ambas pruebas.

Conclusiones

Hay datos que indican que los PEATC podrían ser más coste-efectivos como prueba inicial de cribado. Esta ventaja se añadiría a la ya existente de evaluación más completa de la vía auditiva, y podría llevar a la recomendación de su uso preferente en los programas de cribado auditivo.

Palabras clave:
Cribado neonatal
Hipoacusia
Emisiones otoacústicas
Potenciales evocados auditivos
Introduction and objectives

Cost-effectivity of universal newborn hearing screening programmes is under constant review. In this context, the aim of the present study is to evaluate the performance of brainstem response audiometry (BERA) compared to otoacoustic emissions (OAE) as screening tools.

Methods

Observational and retrospective study on a universal screening programme started in 1998. We perform a comparative analysis between two groups of newborns evaluated in consecutive periods of time. We analyze outcome measures of the programme as a measure of effectivity, and dedicated resources to weight the costs.

Results

We compare a group of 862 newborns from year 2003, screened with transient evoked OAE with a clinical device, with a group of 2300 newborns from years 2005 and 2006, screened with automated BERA. We find a statistically significant difference in the percentage of pass in the first step, favoring BERA (99.7 % vs 91.8 %; P<.0005). The median of exploration time with BERA was 276 seconds. Costs evaluation points to a progressively decreasing difference between both tools.

Conclusions

There are data indicating that BERA could be more cost-effective as initial screening tool. This advantage should be added to the already known more comprehensive evaluation of the auditory pathway, which could lead to the recommendation of its preferential use in auditory screening programmes.

Key words:
Neonatal screening
Hearing loss
Otoacoustic emissions
Evoked potentials auditory
Texto completo
INTRODUCCIÓN

Los programas de diagnóstico precoz de la hipoacusia infantil por cribado neonatal universal se han ido desarrollando en los últimos 15 años. Las recomendaciones del año 1993 del grupo de expertos estadounidense1 en esencia siguen vigentes y la mayoría de los programas actuales se basan en ellas. Se asumió que el déficit auditivo en la primera infancia dificultaba la adquisición del lenguaje y alteraba el desarrollo del niño, su capacidad de comunicación y aprendizaje, y a largo plazo, su integración social. Se valoró además que suponía elevados costes, directos e indirectos, por consumo de recursos asistenciales, sociales y familiares, y que el grado en que esto se producía dependía de la gravedad de la hipoacusia y de la edad de diagnóstico. La incidencia de hipoacusia neonatal se estima entre 1/1.000 y 5/1.000 recién nacidos2. La media de edad de diagnóstico de la hipoacusia perinatal sin programas de detección es de más de 1 año3. La detección y la intervención tempranas, a los 3 o 6 meses de edad, mejoran el desarrollo del lenguaje y el habla en comparación con intervenciones iniciadas tras el año de vida4. Los primeros programas de cribado de hipoacusia en neonatos, desarrollados a partir de los años sesenta5, se dirigían a la población con factores de riesgo de hipoacusia, presentes en el 6-8 % de los recién nacidos vivos; en este grupo de población la incidencia de hipoacusia se eleva hasta el 2,5-5%6. Sin embargo, pronto se reconoció que el cribado dirigido a grupos de riesgo excluía al 50 % de los recién nacidos con hipoacusia. Por ello, y junto con la disponibilidad de nuevas y sencillas técnicas de cribado, diversos organismos y grupos de expertos recomendaron el cribado universal7-9, respecto al que hay consenso. A pesar de todo, no existen en la actualidad pruebas suficientes para establecer la efectividad a largo plazo de estos programas.

La metodología recomendada inicialmente en los diversos programas era un protocolo secuencial basado en la exploración de los recién nacidos con emisiones otoacústicas (EOA) y/o potenciales evocados auditivos de tronco cerebral (PEATC). Sin duda, una de las consecuencias más relevantes del desarrollo y la implantación para su uso clínico de las EOA, desde el punto de vista histórico, fue precisamente posibilitar la implantación de los programas de cribado universal de la hipoacusia infantil, ya que fue la primera vez que se dispuso de una tecnología válida y aplicable a grupos numerosos de pacientes10. Sin embargo, dichos protocolos indudablemente se encuentran condicionados por la evolución tecnológica. Efectivamente, la implantación progresiva de estos programas originó la demanda que llevó al desarrollo de los equipos automatizados de EOA. Posteriormente, la aparición de los equipos de PEATC automatizados (PEATCa) ha llevado al uso preferente de estos últimos11. Existe abundante literatura que compara las dos tecnologías respecto a efectividad y eficiencia12, y que habitualmente da validez a ambas. Tradicionalmente las ventajas de las EOA son una mayor rapidez de realización y un menor coste del equipo y el material fungible, si bien los trabajos de los que se desprenden estas conclusiones son antiguos13,14. Las desventajas clásicamente atribuidas a los PEATC son, por el contrario, un mayor tiempo de realización y un mayor coste. Sin embargo, los PEATCa han demostrado elevados porcentajes de “paso”, incluso en muy prematuros15, y, en general, se señala una menor tasa de derivación con los programas basados en PEATC, aunque no se ha demostrado una diferencia estadísticamente significativa16,17.

La implantación de los programas de cribado universal de la hipoacusia neonatal ha sido desigual18. Las razones son diversas y su análisis detallado excede los objetivos del presente trabajo. Sin embargo, es evidente que una de las más relevantes es la necesidad de invertir un volumen importante de recursos. De hecho, la misma historia de la implementación de los programas de cribado auditivo está íntimamente ligada a una constante evaluación económica. Por ello, parece un momento adecuado para revisar, por un lado, la necesidad del cribado de la hipoacusia, tanto desde el punto de vista médico como económico, y por otro, de buscar protocolos de estudio más eficientes. Con este segundo objetivo planteamos el presente trabajo.

En nuestro centro se realizan pruebas de detección precoz de la hipoacusia en neonatos con intención universal desde el año 1998. En los 10 años transcurridos desde entonces se ha acumulado una experiencia que podríamos considerar relevante en el funcionamiento práctico del programa de cribado. Desde el año 2004 se ha producido un cambio importante tanto en el aspecto organizativo como tecnológico. El primero se debe a la creación de una estructura centralizada del programa en la comunidad autónoma, y el segundo, consecuencia directa del primero, a la sustitución de las EOA por los PEATCa como tecnología utilizada en la primera fase de cribado. La referida evolución nos proporciona una perspectiva desde la que pretendemos realizar un análisis de los aspectos tecnológicos del programa. El objetivo primario del presente estudio es comparar el rendimiento de los PEATCa con el de las EOA en el programa de cribado universal de la hipoacusia neonatal.

MÉTODOS

Se diseñó un estudio observacional retrospectivo para comparar los PEATCa y las EOA en el programa de cribado universal de la hipoacusia neonatal. Se pretendía hacer una valoración de la eficiencia de cada prueba mediante el análisis de los indicadores de resultados fundamentales del programa, como medida de su efectividad, y realizar una estimación de los costes.

Según el protocolo, se realiza una primera prueba de cribado (fase 1) que se repite, en caso de “falla” o “no pasa”, antes del mes de edad (fase 2). En caso de doble fallo, los niños se orientan para evaluación diagnóstica.

Los dos grupos de estudio del presente trabajo corresponden a dos períodos bien diferenciados. En lo que denominaremos “época 1” (desde 1998 hasta abril de 2004), el programa dependía de los recursos propios del servicio de otorrinolaringología y la tecnología utilizada en las fases de cribado 1 y 2 eran las EOA. Se utilizaba un equipo clínico ILO 92® de Otodynamics (con el software ILO V.5) para explorar si había o no EOA evocadas por estímulos transitorios. Se exigía una reproducibilidad media superior al 85 % en una prueba realizada en condiciones adecuadas (ruido por debajo de 40dB SPL y estabilidad mínima del 90 %) con 260 estímulos. Las pruebas se realizaban de manera diferida tras el alta hospitalaria posparto, mediante citación en la consulta de otorrinolaringología. En caso de fallo, se repetía la prueba al mes con la misma tecnología, y en caso de doble fallo se realizaban PEATC con un equipo clínico (Centor C® de Racia Alvar). En los recién nacidos con criterios de riesgo de hipoacusia se realizaba simultáneamente EOA y PEATC en fase 1.

En 2004 se inició el “Programa de detección precoz y atención integral de la hipoacusia infantil” en nuestra comunidad autónoma19. En la “época 2” (a partir de mayo de 2005 y hasta la actualidad) se utilizan PEATCa en las fases 1 y 2 (con el equipo de cribado Accuscreen® de Madsen, software AccuLink® V1.11) y los mismos PEATC clínicos para diagnóstico. Para el cribado se utilizan auriculares adhesivos desechables (echo couplers) y para el diagnóstico, cascos convencionales. La fase 1 se realiza antes del alta hospitalaria tras el parto, en la planta de maternidad, donde hay personal de enfermería dedicado al programa.

Los dos grupos de estudio se extrajeron de cada una de las dos épocas señaladas. La selección de los pacientes se realizó por criterios temporales y éstos fueron arbitrarios. En la “época 1” se seleccionó para el estudio el año 2003, último año en que funcionó el programa previo. Para ello se realizó una revisión y el registro en una base de datos de nueva creación de las exploraciones de dicho año. Actualmente existe una base de datos informatizada, de carácter centralizado en la comunidad autónoma y acceso restringido, que se actualiza mediante la introducción de datos on-line desde los distintos centros que realizan el cribado. De la “época 2” hemos utilizado los datos obtenidos entre enero de 2005 y diciembre de 2006.

La evaluación de los recursos consumidos por caso explorado se ha hecho de manera genérica. La razón es que el protocolo de exploración en muy diferente entre ambas épocas, y resulta poco factible una comparación fiable de gastos. Se señalarán, sin embargo, los factores que consideramos que tienen más influencia en el consumo de recursos. Además, hemos realizado por analogía una valoración de los costes a partir de una hoja de cálculo facilitada por el National Center for Hearing Assessment and Management de la Universidad de Utah20.

Se han realizado procedimientos de estadística analítica para comparación de proporciones; se utilizó la prueba de la Χ2 en caso de cumplir criterios de normalidad y la prueba exacta de Fisher en caso de precisar pruebas no paramétricas. Se asumió la significación estadística para un valor de p < 0,05. Se ha utilizado el paquete estadístico SPSS 12.0.

RESULTADOS

El grupo 1, correspondiente a la “época 1”, de cribado con EOA, está constituido por los 862 niños nacidos en nuestro centro en 2003 a quienes se realizó las pruebas de cribado auditivo neonatal. Corresponden al 83,9 % de los recién nacidos vivos registrados (tal fue la cobertura del programa en ese año). El grupo 2 está formado por 2.300 recién nacidos explorados entre enero de 2005 y diciembre de 2006; la cobertura global del programa en la “época 2” fue del 96,4 %. La estancia media ± desviación estándar tras el parto en nuestro centro (datos extraídos por GRD del año 2006) es de 3,5 ± 1,8 días. Las exploraciones diferidas actualmente son excepcionales (menos del 1 %). A ellos se añaden los nacidos en centros privados o en regiones limítrofes sin programa de cribado de hipoacusia, y que representan en la actualidad aproximadamente el 1,8 % de las exploraciones.

De los 862 recién nacidos que forman el grupo 1, 37 no son evaluables por falta de información o información confusa sobre los resultados de la prueba de cribado (aunque existe constancia de su realización). La mediana de edad de realización de la fase 1 es de 11 días, con una distribución marcadamente asimétrica, con un mínimo de 2 días y un máximo de 153 días. Los 2.300 recién nacidos del grupo 2 son evaluables. La media de edad de realización de la fase 1 en este grupo es de 1,8 días. Los resultados cuantitativos más relevantes se presentan en la tabla I.

Tabla I.

Indicadores fundamentales del programa de cribado auditivo en los grupos de estudio

  Grupo 1 (OEA)  Grupo 2 (PEATCa) 
Exploraciones evaluables (n)  825  2.300   
Fallo en fase 1  68 (8,2%)  8 (0,35%)  < 0,0005 
Participación en fase 2  42/68 (61,76%)  4/8 (50%)  0,705 
Fallo en fase 2  13 (30,95%)  0,313 
Derivación a diagnóstico (%)  1,5%  < 0,0005 

OEA: emisiones otoacústicas; PEATCa: potenciales evocados auditivos de tronco cerebral automatizados.

A 757 recién nacidos del grupo 1 (el 91,75 % de los 825 evaluables) se les dio la clasificación de “pasa” en fase 1. La participación en fase 2 fue del 61,76 %, ya que 26 de los 68 pacientes citados “se perdieron” (no acudieron a fase 2 habiendo “fallado” en fase 1). En fase 2 hubo un 30,95 % de fallos, ya que 13 pacientes “no pasaron”. Estos últimos fueron derivados para evaluación diagnóstica (lo cual representa el 1,5 % de los 862 incluidos en el programa). Ningún niño se confirmó como hipoacúsico.

Respecto al grupo 2, sólo 8 de los 2.300 recién nacidos “no pasaron” en fase 1, lo cual representa un porcentaje de paso del 99,6 %. Este porcentaje de fallo es todavía menor si consideramos aisladamente el año 2006, en el que sólo 2 de 1.202 niños tuvieron que ser reexplorados (aproximadamente el 1,6/1.000). El fallo bilateral (en ambos oídos) en fase 1 sucedió en 3 casos. La participación en fase 2 fue de 4/8, es decir del 50 %, a expensas de 4 pacientes que no acudieron a fase 2 en el año 2005 (todos ellos con fallo unilateral en fase 1). Ningún niño precisó evaluación diagnóstica.

Respecto a la comparación de las proporciones de fallo en fase 1 con ambas tecnologías, como se ha señalado son 68/825 para las EOA y 8/2.300 para los PEATCa. La diferencia es estadísticamente significativa (p < 0,0005).

No se dispone de información fiable sobre los costes del equipo. Claramente, las exploraciones de PEATC suponen un mayor consumo de fungibles, ya que frente a las “olivas” de la sonda auricular de las EOA (0,557 euros/unidad) y la eventual sustitución de los filtros (3,66 euros/ unidad) cada 40 oídos explorados, aproximadamente, se requiere el uso de los auriculares adhesivos desechables (5,71 euros la pareja) y los electrodos correspondientes (3 por paciente a 0,176 euros/unidad). Esto supone un coste por cada exploración (un paciente, dos oidos) de 1,297 euros para las OAE y 6,238 euros para los PEATC. La valoración de los recursos empleados en concepto de personal es más compleja: precisa de una evaluación tanto de la cualificación del personal empleado como del tiempo dedicado al programa. Claramente, el grueso del tiempo del explorador es el dedicado a la primera prueba de cribado. El tiempo de exploración de ambos oídos con EOA tuvo una media de 151 ± 30s. El tiempo de exploración registrado en el equipo de PEATCa muestra una mediana para ambos oídos sumados de 276s (amplitud intercuartílica de 369s). Es decir, los índices de centralización para el tiempo de exploración serían de algo más de 4,5min para los PEATC, y 2,5min para las EOA, a los que habría que añadir el tiempo de preparación del niño y el de registro de la información.

Respecto a la valoración genérica de los costes, éstos varían según lo que se asuma como tiempo de amortización del equipo, consumo de fungibles, porcentajes de “fallo” esperables, nóminas y cualificación del personal implicado, etc. Para los distintos valores introducidos para estas variables, obtenemos costes para ambas tecnologias que oscilan entre 10 y 15 dólares por recién nacido explorado. Hemos de tener en cuenta que con la tasa de fallo en fase 1 que existe actualmente en nuestro programa con PEATCa, para un mismo volumen de población diana se realiza aproximadamente un 8 % menos de exploraciones en fase de cribado respecto al programa previo con OAE, y que se evita un número importante de evaluaciones diagnósticas.

DISCUSIÓN

Los recursos necesarios para el funcionamiento de un programa de cribado deben tener en cuenta el número de pruebas a realizar, es decir el valor numérico de la población diana y la cobertura que se pretenda alcanzar (para la que se ha definido un mínimo del 95 %). Nuestra área de salud abarca toda la provincia, con un único centro hospitalario público de referencia con maternidad, esto favorece la exhaustividad de los datos. El número de nacimientos es de alrededor de 1.100 por año, aunque se encuentra en aumento. Aproximadamente el 1,5 % de los partos son múltiples (exclusivamente gemelares). La falta de UCI infantil condiciona que no se produzca un número importante de partos de riesgo, y por tanto se evita una población con un conocido riesgo elevado de hipoacusia. Si bien podría argumentarse que el número contenido de nacimientos facilita el buen funcionamiento del programa, es de suponer que en cada contexto sanitario los recursos dedicados a él son proporcionales al volumen de la población diana.

Las diferencias en los datos numéricos de resultados entre los dos grupos de estudio son manifiestas, y claramente favorables al protocolo actual basado en PEATCa, pero existen diversos aspectos que merecen ser comentados. En primer lugar, en lo referido a la elección arbitraria de los grupos. El único dato que podemos aportar para confiar en la homogeneidad de los grupos es el hecho de trabajar con la población de neonatos y no con muestras, manejando indicadores de resultados referidos a dicha población; es de esperar que no haya grandes cambios poblacionales en un período tan limitado.

Por otro lado, es evidente que el cambio de determinados aspectos organizativos del programa entre la “época 1” y la “época 2” se ha relacionado con una mejora en su eficiencia. La coordinación en el servicio de salud supone no sólo desarrollar un proyecto global, sino también un importante esfuerzo, organizativo y de dotación de recursos, tanto materiales como de personal, para llevarlo a cabo. Es frecuente que en su inicio los programas existentes en diversos centros hayan sido posibles sin recursos adicionales gracias al esfuerzo y el convencimiento de profesionales particulares; un programa duradero es insostenible de este modo. Es destacable la dotación de equipos específicos de cribado (screeners), con los cuales la prueba es más rápida y no requiere validación por el especialista, ya que el propio equipo da la categoría de “pasa”; la conveniencia de usar equipos automáticos para los programas de cribado no precisa discusión21. Respecto al tiempo de exploración, en nuestra experiencia parece equiparable con EOA y PEATC, ya que el condicionante fundamental es la tolerancia del niño, es decir, elegir el momento adecuado para realizar la prueba, y no la tecnología concreta. Esta impresión debe ser valorada con precaución ya que sólo uno de los equipos comparados es automático, y las circunstancias en que se realiza la prueba difieren mucho en ambos protocolos, como ya se ha explicado. El capítulo de personal tiene un peso mayoritario en valoraciones publicadas previamente22. Las diferencias de tiempo dedicado al programa están marcadas por la duración de las exploraciones, ya que el trabajo de registro, coordinación, etc., es en principio independiente de la tecnología empleada. Por lo tanto, al aproximarse los tiempos de exploración con EOA y PEATC, también lo hace el coste de ambas pruebas. La extrapolación de la estimación de gastos a nuestro medio sanitario debe realizarse, en cualquier caso, con mucha cautela.

El sistema de gestión de la base de datos es extremadamente importante23, ya que su volumen puede ser masivo. La centralización garantiza la continuidad y el acceso a los datos. Asimismo, desde el punto de vista organizativo, realizar las pruebas antes del alta tras el parto, aparte de garantizar una cobertura adecuada, evita desplazamientos posteriores y citas específicas en consulta. El análisis detallado de todos estos aspectos, sin duda, nos confirmaría una importante mejora en la eficiencia de nuestro programa, pero no proporciona validez externa alguna a los resultados, ya que está condicionado por aspectos idiosincrásicos de nuestro medio sanitario. Para eludir eventuales sesgos en este sentido centraremos la discusión en el análisis de los aspectos tecnológicos, y no en los datos condicionados por aspectos organizativos del programa.

Entre los parámetros de resultados del programa, el que consideramos más interesante es el porcentaje de fallo en primera fase, porque es el que más implicaciones tiene en la optimización del programa. Un porcentaje de fallo elevado supone la repetición de las pruebas en un número importante de neonatos (tanto más cuanto mayor sea la población) y por tanto un consumo adicional de recursos, además del riesgo de saturación de los servicios de diagnóstico. Es uno de los parámetros que más se ha modificado, hasta el punto de encontrarse previamente en un intervalo de un tanto por ciento (8,2 % en el grupo 1) y pasar a un tanto por mil (0,35 % en el grupo 2). Al contrario que los estudios previos16,17, esta diferencia sí es estadísticamente significativa. Esto es así a pesar de haberse realizado la exploración de EOA de forma diferida, es decir, eludiendo, teóricamente, un porcentaje de fallo por exploraciones precoces, y además con un equipo clínico, en principio, con mejor especificidad. Otro aspecto importante que valorar en los falsos positivos del cribado (sujetos que no pasan la primera fase pero que en fases sucesivas se confirman como “normoacúsicos”) es la inquietud generada en los padres. Resulta difícil explicar a los pacientes la “filosofía” de las pruebas de cribado y su significación. Para los padres, el “no pasa” de la primera prueba levanta las sospechas de la existencia de “sordera”. Otra consecuencia interesante es evitar que no se asista a fase 2, un problema antiguo24. En este sentido, conviene recordar que huelga la eficiencia si el programa no es efectivo, y que en este caso la efectividad requiere cumplir el mínimo de cobertura, tanto en fase 1 como en fase 2. En nuestro caso la participación en fase 2ha sido baja, y equiparable en ambas épocas. La solución sería potenciar los sistemas de “repesca”, un problema añadido a las dificultades organizativas que ya de por sí tiene el programa.

Un último aspecto interesante que comentar en relación con el cambio tecnológico es el referido a no realizar las exploraciones antes de las 38 semanas de edad gestacional (con la correspondiente corrección en caso de prematuros). Por las razones ya expresadas éste es para nosotros un criterio antiguo que no seguimos: si bien el cribado sigue haciéndose lo más próximo al alta, la prematuridad no es motivo para diferirlo. No hemos encontrado fallos atribuibles a esta causa. Por otro lado, dado que se explora con PEATC a todos los pacientes, no es necesario considerar los factores de riesgo de hipoacusia neonatal en lo referente al cribado posparto.

A modo de conclusiones, en un contexto de evidencia científica todavía limitada nos hemos planteado revisar y aportar nuestra experiencia en el cribado universal de la hipoacusia infantil, que es, cuanto menos, dilatada en el tiempo. El estudio presenta debilidades y fortalezas manifiestas. Se trata de un trabajo con limitaciones en su validez externa, pero que proporciona información sobre la aplicación concreta de un programa de cribado, y por tanto es valorable respecto a su efectividad.

La pregunta articulada en el título es demasiado ambiciosa para ser respondida con un trabajo con las limitaciones metodológicas del actual, pero el objeto real no es responderla, sino plantearla. Hay datos que indican que el cribado en primera fase con PEATCa podría ser más eficiente que con EOA. En particular, en el presente trabajo hemos encontrado una diferencia estadísticamente significativa en el porcentaje de fallo en fase 1, favorable a los PEATCa. La confirmación de estos datos podría conllevar una mejor relación coste-efectividad de los PEATC respecto a las EOA. Dicha confirmación se precisaría con estudios prospectivos controlados, que comparen equipos de cribado con ambas tecnologías. El beneficio añadido de los PEATC de reconocer las neuropatías auditivas también se debería considerar a la hora de valorar cuál es la metodología más apropiada en el momento actual para el cribado universal de la hipoacusia infantil, particularmente en los programas de nueva creación.

Agradecimientos

A Luis Herrero Agustín, in memoriam. A Maribel Castro, enfermera de la consulta de otorrinolaringología, que ha soportado el peso del programa durante tantos años.

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Ear Hear, 21 (2000), pp. 462-470
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