Las infecciones relacionadas con la atención sanitaria (IRAS) son infecciones que contrae un paciente durante su estancia en un hospital y que no tenía antes de la prestación de la atención médica, que generan una elevada morbimortalidad, así como una prolongación de la estancia hospitalaria, y consecuentemente un aumento de los costes asociados a la prestación sanitaria. Un 5-10% de los pacientes ingresados desarrollará alguna IRAS1. Sin embargo, una gran proporción de estas sería evitable si medidas de prevención, como la higiene de las manos, que son medidas simples, baratas y eficaces, se realizaran.
La prevención de las IRAS se basa en 4 aspectos fundamentales: precauciones estándar, precauciones específicas para la transmisión, medidas de limpieza y desinfección ambiental, y actividades de vigilancia. Entre las medidas para prevenir estas infecciones se encuentran los aislamientos que se instauran en los hospitales para evitar que un individuo infectado por una enfermedad de carácter transmisible pueda contagiar al resto de las personas susceptibles2, tanto para el resto de los pacientes como para el personal sanitario y los visitantes. Por ello, ante enfermedades transmisibles que puedan ser un problema para otros pacientes vulnerables, el servicio de Medicina Preventiva lleva a cabo las medidas establecidas para cortar la cadena de transmisión. En estas situaciones, los aislamientos pueden generar malestar, tristeza, mayor soledad en el paciente, riesgo de aislamiento e incomodidad, al tener restringida parte de su actividad en el hospital3,4.
Por ello, en marzo de 2023 se llevó a cabo un estudio exploratorio con pacientes de geriatría que hubieran estado en aislamiento en el HUCR durante al menos 7 días, realizándoles una encuesta telefónica de 5 preguntas, para conocer de primera mano su experiencia, sentir y necesidades ante el aislamiento4. A aquellos pacientes que, por deterioro cognitivo, no pudieron contestar a las preguntas, se les hizo la encuesta telefónica a los familiares que les acompañaron durante su periodo de aislamiento.
Se entrevistó a 17 personas, de las que un 64% fueron mujeres y un 79% familiares. Ante la pregunta de «¿Considera que recibió usted o su familiar la información suficiente respecto a las condiciones de aislamiento en las que estuvo?», el 79% de los encuestados refirió que sí la había recibido. Respecto a cómo les hizo sentir permanecer (o que su familiar permaneciera) en aislamiento durante parte del ingreso hospitalario, el 71% refirió no haberle importado, ya que así tenían habitación individual, y el 14% manifestó soledad. Al preguntar por «¿Cómo le hizo sentir que el personal que le atendió (o a su familiar) durante el aislamiento llevara trajes y protecciones especiales?», al 86% no le importó, aunque un 7% manifestó sentir miedo. A los familiares se les realizaron varias preguntas adicionales relacionadas con los trajes de protección: si echaron de menos información para su correcta utilización, donde el 45% refirió haber necesitado más información; si tuvieron disponible el material que precisaron, a lo que respondieron en un 100% de los casos que sí; y que si detectaron falta de cumplimiento de las normas de protección por parte del personal que les atendía, a lo que un 82% de los encuestados respondió que no.
Para finalizar, se les preguntó si echaron de menos algo durante este periodo y qué podría haber hecho el hospital para que se hubieran sentido mejor durante el periodo de aislamiento. De entre las respuestas más destacadas se encuentran: «más acompañamiento», «más conversación con el personal sanitario», «estancia más breve», «pérdida de rehabilitación», y en un 57% de los casos, nada. Entre las propuestas para realizar: «Organizar un voluntariado para ayudar a las personas sin acompañante», «televisión gratuita y habitaciones con menos ruido para pacientes con deterioro cognitivo».
El número de entrevistas fue muy pequeño, lo que supuso una limitación del trabajo; se necesitarían más entrevistas para poder generalizar los resultados. No obstante, tras el análisis de estas respuestas se ha propuesto implementar dentro del programa «Ningún paciente solo», que está activo en el hospital, un proyecto de humanizar los aislamientos que incorpore las propuestas de los pacientes entrevistados y se desarrolle estableciendo unas instrucciones concretas para guardar el equilibrio entre las medidas de seguridad y una atención integral que prevenga la soledad.
Prevenir las IRAS es básico para la seguridad de nuestros pacientes; la atención recibida sirve para mejorar su salud, mitigar los síntomas o, incluso, aspirar a la curación; pero la mejora cualitativa en la calidad es la incorporación de su perspectiva. Es necesario conocer el punto de vista de la persona que recibe el servicio5,6.
En el estudio de Vuichard-Gysin et al.4 se concluyó que los pacientes aislados están peor psicológicamente que los que no lo están, y en el de Day et al.7, que presentan más síntomas de depresión y ansiedad en el ingreso, pero no parecen tener más probabilidades de desarrollar depresión o ansiedad mientras están sometidos a medidas de aislamiento, por lo que no deberían restringirse por creer que estas medidas producirán más depresión o ansiedad.
Por ello, con este estudio se plantea la importancia de hacer partícipes a los pacientes de las actividades para abordar las IRAS, dado que estos y sus familiares deben jugar un papel activo en todo aquello que les puede afectar, y en el control de las infecciones es fundamental conocer de primera mano la experiencia de quienes han permanecido en aislamiento en un centro sanitario, para poder mantener las medidas necesarias para evitar su transmisión, pero en las mejores condiciones posibles.
Una organización que cuenta con la experiencia del paciente, en el contexto de la atención centrada en la persona, permite llevar a cabo acciones que contribuyen a la mejora de la asistencia, por entender esta de manera integral e integradora.
FinanciaciónEste trabajo no ha recibido financiación de ningún tipo para su elaboración y publicación.
