La seguridad del paciente implica la ausencia de daños prevenibles a un paciente durante el proceso de atención sanitaria, en particular, la reducción a un mínimo aceptable, de los riesgos de daños innecesarios relacionados con la atención de salud. El Hospital Universitario Cruz Roja de Madrid es un hospital comprometido con la seguridad de sus pacientes y, por ello, en 2021, puso en marcha un proyecto llamado «12 meses, 12 no hacer», con objeto de disminuir la utilización de las intervenciones sanitarias innecesarias y mejorar la cultura de seguridad del paciente, implantando recomendaciones «No Hacer» basadas en la evidencia. Este proyecto se basó en la iniciativa del Ministerio de Sanidad de España que, en 2013, adaptó la campaña Choosing Wisely con objeto de disminuir intervenciones sanitarias innecesarias, entendidas como aquellas que no han demostrado eficacia, tienen efectividad escasa o no son coste/efectivas1,2 y que, años después, trasladó las comunidades autónomas para identificar prácticas innecesarias y desarrollar actuaciones para evitarlas3-5.
Para llevar a cabo este proyecto se seleccionaron 12 áreas sobre las que aplicar recomendaciones «No Hacer» y se asignó a cada una un mes, un responsable y una comisión de apoyo. Las áreas seleccionadas sobre las que trabajar fueron: Errores en la administración de fármacos e identificación de los pacientes; Infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria; Pruebas diagnósticas innecesarias; Atención al dolor; Cuidados del paciente quirúrgico; Cuidado del medio ambiente; Gestión de residuos; Cuidados del paciente hospitalizado; Optimización del uso de antibióticos; Mejora de la prescripción clínica; Uso adecuado de la historia clínica, confidencialidad y protección de datos y Humanización.
Para su difusión se diseñó una campaña divulgativa con cartelería y decálogos de buenas prácticas y una serie de actividades comunes a todos los meses que incluyeron: Póster enlazado a decálogo de recomendaciones «No Hacer» de cada mes; un póster que quedaría en exposición permanente durante los 12 meses del proyecto, al que se sumarían los siguientes, en unos paneles colocados en lugares estratégicos (fig. 1); Pop up para cada «No Hacer» al encender los ordenadores; Códigos QR que dirigen a encuestas y/o a información; Juegos, concursos, vídeos, podcast, material de divulgación… y una sesión informativa mensual.
Para cada una de las áreas se obtuvieron resultados que ayudaron a mejorar la práctica clínica y la seguridad de los pacientes: se incorporó el uso de chalecos para profesionales que preparan medicación, para evitar interrupciones y errores en la administración de fármacos; se colocaron pegatinas en pacientes que recordaban a los profesionales si habían confirmado la identificación del paciente; el centro se incorporó a 2 iniciativas nacionales ZERO (IQZ y Flebitis Zero) como actividades para disminuir las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria, lo que permitió monitorizar tasas basales de infección e implementar programas de formación, y ayudó a mejorar un 20% las tasas de adecuada higiene de manos; se crearon grupos de trabajo de optimización de fármacos, nutrición, disfagia y comité de transfusiones, con el fin de dejar de hacer pruebas diagnósticas innecesarias; se desarrollaron iniciativas para mejorar la atención al dolor, desde la impartición de talleres de espalda para profesionales, a la mejora del registro del dolor en la historia clínica y la creación de un grupo de trabajo de mejora del tratamiento del dolor posquirúrgico; se cambió la forma de realizar el checklist quirúrgico, incrementando las tasas de cumplimentación en un 50%; se distribuyeron mensajes clave en lugares estratégicos para el cuidado del medio ambiente; se diseñó un programa de movilización precoz de pacientes e implicación de profesionales y familiares en la prevención de los síndromes geriátrico; se realizaron actividades para contribuir a la mejora en la gestión de residuos. Se consolidó el grupo PROA para optimizar el consumo de antibióticos; se diseñó un programa de conciliación de medicación en pacientes polimedicados y de apoyo a la prescripción, mediante cartelería y vídeos de elaboración propia; se trabajó en el uso adecuado de la historia clínica, confidencialidad y protección de datos para conseguir un intercambio adecuado de información, entre profesionales y pacientes, a través de la historia clínica, evitando el uso de acrónimos y, por último, se realizaron talleres y píldoras formativas para mejorar habilidades en la comunicación y en la gestión de conflictos entre profesionales.
Tras finalizar el proyecto, se realizó una evaluación del mismo, para conocer el impacto de la campaña en el centro, como medida para concienciar a los profesionales sobre la importancia de la no realización de prácticas innecesarias. Se realizó mediante una encuesta a los trabajadores del hospital en la que se midió el grado de difusión de la campaña, la utilidad para el trabajo, el grado de participación, el interés suscitado, mejoras detectadas tras su desarrollo y la satisfacción general. De los resultados de la misma se destacó el alto grado de satisfacción, la buena difusión, la elevada utilidad de lo aprendido para la práctica diaria y para realizar cambios en la misma, y el deseo de la mayoría por darle continuidad y poder participar en el desarrollo de futuras ediciones.
En este proyecto cabe destacar la evidencia científica que lo sustenta junto con la capacidad de haber adaptado a nuestro contexto una actividad para la promoción de la no realización de prácticas innecesarias. Además, tiene como novedoso, que ha querido trabajar sobre las prácticas asistenciales, y no solo en las funciones de los clínicos, de modo que se han reservado meses absolutamente transversales.
Ha sido un proyecto participativo, transversal, multidisciplinar y que ha conseguido implicar a las comisiones del hospital en cada uno de los meses para generar una cultura de seguridad del paciente en el entorno sanitario y concienciar a los profesionales sobre la importancia de disminuir en el día a día las prácticas que no aportan valor.
Las áreas sobre las que se ha trabajado en este proyecto se han elegido muy cuidadosamente, principalmente aquellas que, para el Hospital Universitario de la Cruz Roja resultan prioritarias: temas relacionados con los objetivo de desarrollo sostenible alineados con el cuidado del planeta y el consumo eficiente de recursos, el uso óptimo de los antibióticos, el valor de la documentación clínica o la humanización. Además, es un proyecto fácilmente replicable y de bajo coste económico en otros centros de similares características.
Pero, sobre todo, ha mejorado el sentido de la pertenencia y fomentado la participación y la motivación de los profesionales, facilitado un liderazgo compartido, aumentado la creatividad y creado una «competencia» sana por llevar a cabo proyectos innovadores sencillos, pero que pueden repercutir en mejorar la seguridad del paciente y la calidad de la atención de una forma eficiente, humana y comprometida con el medio ambiente.
Un pilar básico de la seguridad del paciente es la creación de esta cultura en los centros sanitarios y la concienciación de los profesionales; si la cultura de seguridad es alta, esa organización tendrá menos errores. La implementación en un hospital de recomendaciones «no hacer» establecidas por las sociedades científicas disminuye la utilización de intervenciones sanitarias innecesarias y mejora la seguridad de nuestros pacientes.
FinanciaciónEste trabajo no ha recibido financiación de ningún tipo para su elaboración y publicación.


