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Revista Mexicana de Trastornos Alimentarios - Mexican Journal of Eating Disorders
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Inicio Revista Mexicana de Trastornos Alimentarios - Mexican Journal of Eating Disorder... Experiencies and perceptions on body image in Chilean males
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Vol. 7. Núm. 2.
Páginas 125-134 (Julio - Diciembre 2016)
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Vol. 7. Núm. 2.
Páginas 125-134 (Julio - Diciembre 2016)
Artículo
DOI: 10.1016/j.rmta.2016.06.001
Open Access
Experiencies and perceptions on body image in Chilean males
Vivencias y significados en torno a la imagen corporal en varones chilenos
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Javiera Aylwina, Fernanda Díaz-Castrillóna, Claudia Cruzat-Mandicha, Andrea Garcíaa, Rosa Beharb,
Autor para correspondencia
rositabehara@gmail.com

Autor para correspondencia.
, Marcelo Arancibiab,c
a Centro de Estudios de la Conducta Alimentaria, Escuela de Psicología, Universidad Adolfo Ibáñez, Santiago, Chile
b Departamento de Psiquiatría, Facultad de Medicina, Universidad de Valparaíso, Valparaíso, Chile
c Departamento de Humanidades Médicas y Medicina Familiar, Facultad de Medicina, Universidad de Valparaíso, Valparaíso, Chile
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Tabla 1. Características de los participantes
Abstract

Body image (BI) is a core feature for identity development; nevertheless amongst male population there is scarce empirical evidence. The aim of this study was to describe the experiences and meanings associated to the construction of BI in male, based on a methodological-qualitative approach. Participated 16 young men aged 15 to 25 years. Data were collected by semi-structured interviews and two focus groups, both analised by open codification. Meanings and procedures related to BI were classified in the following categories: physical appearance care, beauty ideal, self-concept and BI. Participants perceived differences in their physical appearance care compared with women, homosexuals and men of previous generations. In BI construction it is highlighted the drive for being attractive to the opposite sex by the increase of the muscle development. However body dissatisfaction do not represent a relevant topic for participants, since they display a pragmatic value of their BI, which may be an index of a new relationship with their own masculinity and BI that must be explored.

Keywords:
Body image
Men
Physical appearance
Aesthetic ideal
Qualitative
Resumen

La imagen corporal (IC) es fundamental en el desarrollo de la identidad; sin embargo, en la población masculina la evidencia empírica es escasa. El propósito de este estudio es describir las vivencias y significados asociados a la construcción de la IC en varones, a partir de una aproximación metodológica cualitativa. Participaron 16 varones de entre 15 y 25 años de edad. Los datos fueron recolectados mediante entrevistas semiestructuradas y se formaron dos grupos focales, ambos analizados por medio de codificación abierta. Los significados y procesos asociados a la IC se clasificaron en tres categorías: Cuidado de la apariencia física, Ideal estético, Autoconcepto e IC. Los participantes percibieron diferencias en su preocupación y cuidado de la apariencia física respecto a las mujeres, los varones homosexuales o los varones de generaciones previas. En la construcción de la IC destaca el papel de la motivación por resultar atractivo al sexo opuesto, con énfasis en el incremento del desarrollo muscular. No obstante, la insatisfacción corporal no representa un tópico particularmente relevante en los participantes, dado que hacen una valoración práctica de su imagen, lo que podría ser un indicador de una nueva relación con su propia masculinidad e IC que es necesario explorar.

Palabras clave:
Imagen corporal
Hombres
Apariencia física
Ideal estético
Cualitativo
Texto completo
Introducción

La imagen corporal constituye una parte intrínseca del desarrollo de la identidad (Cash y Szymanski, 1995), y se definiéndose como la representación mental que cada individuo construye en términos afectivos, conductuales y actitudinales con relación al propio cuerpo (Raich, 2004; Rodríguez, Van Barneveld, González-Arratia y Unikel-Santoncini, 2010). Es un constructo complejo, influenciado por valores, creencias y cánones estéticos socialmente promovidos (Aguado, 2011; Behar, 2010a), los cuales inciden en el grado de satisfacción corporal (Botella, Grañó, Gámiz y Abey, 2008; Cruzat, Haemmerli y García, 2012). Durante el ciclo vital, la imagen corporal y su relevancia se modifican de manera dinámica (Holsen, Jones y Birkeland, 2012; Vaquero-Cristóbal, Alacid, Muyor y López-Muñarro, 2013), pero es en la adolescencia cuando adquiere especial relevancia, debido a los fenómenos de crecimiento y desarrollo propios de esta etapa, determinantes de la estructuración de la personalidad y de la imagen corporal (Domenech, Rey y De la Fuente, 2010; Redondo, Galdó y García, 2008; Wertheim y Paxton, 2011). Así, los jóvenes —tanto hombres como mujeres— dan mayor importancia a la apariencia física y reportan mayores niveles de insatisfacción corporal que la población adulta (Kamps y Berman, 2011).

La atención de los jóvenes sobre la forma corporal masculina pareciera centrarse en características como la musculatura, la altura y la grasa corporal (Benford y Swamy, 2014; Blashill, 2010; Gila, Castro, Cesena y Toro, 2005); el ideal es un cuerpo atlético, que refleje valores como la fuerza, la virilidad y la potencia (González, 2015), con tendencia a la comparación entre pares, lo que probablemente pueda entenderse como una expresión del desarrollo de actitudes evolutivas propias del sexo masculino en relación con el desarrollo de la imagen corporal (Ricciardelli y McCabe, 2011). Es en este contexto en que los hombres son sujetos de riesgo para el desarrollo de trastornos alimentarios, como la anorexia y la bulimia nerviosa, donde el acento está en la motivación para adelgazar, pero también para el trastorno dismórfico muscular, cuyo énfasis está en la motivación por incrementar la musculatura (Behar y Molinari, 2010; Behar y Arancibia, 2015), lo que ha llevado al aumento en la prevalencia de estas patologías en la población masculina (Behar, 2010b; Murray y Touyz, 2012). Al respecto, algunas investigaciones plantean que los adolescentes varones incluso pueden presentar niveles mayores de distorsión e insatisfacción corporal que sus contrapartes femeninas (Gómez, Sánchez y Mahedero, 2013), pues durante la adolescencia son objeto de presiones tanto para adelgazar como para aumentar la musculatura (Mellor, McCabe, Ricciardelli y Merino, 2008). En cambio, otros autores describen que las manifestaciones de la insatisfacción corporal o el distrés concerniente a la imagen corporal no suelen ser identificables en los hombres, debido a que con frecuencia se manifiestan a un nivel subclínico (Burlew y Shurts, 2013). Si bien la literatura científica disponible da cuenta de un escaso desarrollo de la investigación sobre el tema en muestras masculinas, particularmente en comparación con lo que ocurre en mujeres (Murray y Touyz, 2012; Sladek, Engeln y Miller, 2014), hay un creciente interés en relación con la detección de grupos de riesgo en poblaciones masculinas de adolescentes (Behar, 2010b; Caqueo-Urízar et al., 2011; Durán et al., 2014).

Hay indicios de que la presión social por la apariencia en el sexo masculino ha ido aumentando; así, la insatisfacción corporal entre los hombres jóvenes, con independencia de de su orientación sexual, se ha extendido. La mayoría de los participantes del estudio de Morgan y Arcelus (2009) refiere la importancia de una dieta saludable para lograr la figura deseada. En este sentido, diversos autores han planteado (Rumsey y Harcourt, 2012), en el contexto de una psicología de la apariencia, la importancia de discutir sobre aspectos como los códigos visuales y la vestimenta, que se usan para transmitir el estatus, la posición económica y las características psicológicas; así, las prácticas relacionadas con el acicalamiento y el aseo personal, hoy día de particular relevancia, dada la creciente homogenización de los ideales y aspiraciones socioculturales, promueven como factible el cambio corporal aun en muchos de los factores genéticos antes considerados no modificables.

Considerando lo anterior, este estudio busca describir las vivencias y significados asociados a la construcción de la imagen corporal en varones adolescentes y adultos jóvenes de Santiago de Chile.

MétodoDiseño

Se utilizó un diseño descriptivo cualitativo, basado en el modelo de la Teoría Fundamentada (Glaser y Strauss, 1967), para conocer los procesos subjetivos implicados en la imagen corporal de varones adolescentes y jóvenes adultos. Los datos se obtuvieron mediante entrevistas abiertas semiestructuradas y grupos focales, y luego se analizaron mediante codificación abierta, axial y selectiva. De acuerdo con esto, y para efectos de esta investigación, se rescatan de manera directa las respuestas entregadas por quienes participaron, validando su discurso como una forma de acceder a la comprensión y construcción del fenómeno estudiado.

Participantes y estrategias de muestreo

Se utilizó un muestreo teórico, usando una estrategia sucesiva, en que se eligieron los primeros sujetos, y se analizó la información preliminar. A partir del análisis de estos primeros datos se desarrollaron conceptos, categorías conceptuales e hipótesis que permitieron generar criterios, mediante los cuales se seleccionaron los siguientes sujetos que se integraron a la muestra (Strauss y Corbin, 2002). De esta forma, tal como propone la Teoría Fundamentada, la conformación de la muestra, la recolección de los datos y el análisis de estos se realizó de forma simultánea y sucesiva, a partir de la saturación teórica de la información encontrada (Mella, 2003). Se utilizaron los siguientes criterios de inclusión: 1) varones; 2) edad entre 15 y 25 años, y 3) heterosexuales, este último criterio con el propósito de homogeneizar la muestra, al tener la hipótesis de que los estándares estéticos de los hombres homosexuales pueden ser distintos. Se excluyó a los portadores de alguna enfermedad psiquiátrica y/o discapacidad intelectual, condición definida por medio de la utilización de tres cuestionarios: el Multidimensional Body Self Relations Questionnaire (MBSRQ; Botella, Ribas y Benito, 2009), el Inventario de Trastornos Alimentarios (EDI-2, por sus siglas en inglés; Urzúa, Castro, Lillo y Leal, 2009) y la Symptom Checklist (SCL-90; Gempp y Avendaño, 2008); también se excluyó de participar a psicólogos o estudiantes de psicología, por ser personas que estaban más familiarizadas con los conceptos vinculados a la imagen corporal.

Los participantes fueron reclutados en establecimientos educativos de la ciudad de Santiago de Chile, y para acceder a próximos jóvenes se utilizó la estrategia de bola de nieve. La muestra total estuvo conformada por 16 adolescentes y adultos jóvenes (tabla 1); seis fueron entrevistados de forma individual y 10 de forma grupal (con seis y cuatro participantes en cada grupo focal).

Tabla 1.

Características de los participantes

ID  Edad  Peso (kg)  PI (kg)  Talla (m)  NE  Vive con…  NE/ P  NE/M  ATS  ATSB 
1a  25  76  78  1.70  SCM  P, M, H  Técnico  Técnico  HT/P  No 
2a  15  58  58  1.75  MIC  P, M, H  Profesional  Profesional  HT/P, A  No 
3a  22  80  60  1.70  SIC  P, M  Profesional  Profesional  No  M, H, A 
4a  19  63  75  1.69  SIC  P, M, H  Profesional  Profesional  No  No 
5a  25  75  72  1.77  SCM  Posgrado  Profesional  No  No 
6a  23  79  83  1.90  SIC  M, H, O  Profesional  Profesional  No  No 
7b  16  62  70  1.81  MIC  P, M, H  Profesional  Profesional  HT/A 
8b  15  66  65  1.72  MIC  No sabe  Profesional  No  No 
9b  15  56  70  1.69  MIC  M, H  Posgrado  Profesional  No 
10b  15  59  70  1.73  MIC  M, P, H  Profesional  Profesional  No  No 
11b  16  54  51  1.58  MIC  M, H  Profesional  Profesional  D/A  No 
12b  16  56  56  1.68  MIC  M, P, H  Técnico  Profesional  HT/P 
13c  23  68  70  1.78  SIC  M, H  Profesional  Profesional  No 
14c  24  69  67  1.74  SIC  M, P, H  Profesional  Técnico  No  No 
15c  23  85  80  1.71  SCM  M, H  Posgrado  Posgrado  No  No 
16c  22  77  85  1.87  SIC  Técnico  Profesional  HT, D/A  No 

A: abuelo(a); ATS: antecedentes de salud; ATSB: antecedentes de sobrepeso; D: diabetes; H: hermano(a); HT: hipertensión arterial; ID: número de identidad; M: madre; MIC: media incompleta; NE: nivel de estudios; P: padre; PI: peso ideal; SCM: superior completa; SIC: superior incompleta.

a

Participantes entrevistados.

b

Participantes del grupo focal 1.

c

Participantes del grupo focal 2.

Estrategia de recolección de datos

Se llevaron a cabo seis entrevistas individuales y dos grupos focales. En ambas instancias las preguntas que guiaron el proceso de indagación fueron: ¿cómo definen la imagen corporal?; ¿qué elementos asocian al concepto imagen corporal?; ¿qué relación guarda la imagen corporal con elementos que se asocien a la salud?; ¿qué relación guarda la imagen corporal con elementos que se asocien a la enfermedad?; ¿cuál es el grado de satisfacción con su apariencia física?; ¿qué significados específicos asocian a la satisfacción con la apariencia física?; si la imagen corporal se evalúa en torno a dimensiones, ¿cómo describen su grado de satisfacción con cada una éstas?; ¿cuáles son sus estereotipos estéticos en torno a lo corporal?; ¿qué características enfatizan en dichos estereotipos?; ¿cómo construyeron su imagen corporal actual?; ¿qué cambios identifican en su imagen corporal actual, en relación con la pasada?; ¿qué aspectos nuevos incorporan en la construcción de su imagen corporal actual?, y ¿hay diferencias en cuanto a vivencias y significados de imagen corporal entre los extremos de edades estudiadas?

Todas las entrevistas, tanto individuales como grupales, fueron grabadas en audio y transcritas íntegramente. En el caso de las entrevistas, se llevó a cabo un encuentro con cada sujeto, con una duración de 90-120 minutos. En el caso de los grupos focales, se realizó una sesión con cada grupo, con una duración de 120 minutos aproximadamente, y en cada sesión participaron dos investigadores como moderadores.

Análisis de los datos

Se llevó a cabo un análisis descriptivo de los datos mediante codificación abierta. Los datos se dividen en partes, se examinan y comparan, buscando similitudes y diferencias. Los acontecimientos, sucesos, objetos y acciones que se consideran similares en su naturaleza o relacionados conceptualmente son agrupados bajo conceptos más abstractos denominados categorías (Strauss y Corbin, 2002). Se realizó una triangulación entre métodos, analizando un mismo fenómeno a través de distintas técnicas (Okuda y Gómez, 2005), ya que se usó una entrevista individual y un grupo focal, y también triangulación de analistas, como criterio de credibilidad y consistencia (Arias, 2000), ya que los análisis en relación a los conceptos que iban emergiendo, fueron consensuados en el equipo de investigación.

Consideraciones éticas

Tanto la voluntariedad como la confidencialidad se explicitaron claramente en el documento de consentimiento informado, así como en la información que se les entregó a los participantes antes de la firma del documento y del inicio de las actividades propias de la investigación. En el caso de que fueran menores de edad, el documento de consentimiento también fue firmado por sus padres. Además, en el documento de consentimiento también se autorizó a grabar las entrevistas y a que la información se utilizara de manera anónima con fines de publicación.

Resultados

A continuación se presenta la descripción de los procesos y significados asociados a la vivencia y percepción de la imagen corporal de varones adolescentes y jóvenes adultos, según tres categorías generales: Cuidado de la apariencia física, Ideal estético, y Autoconcepto e imagen corporal.

Cuidado de la apariencia física

Los participantes asocian el cuidado de la apariencia física con la vestimenta, y suponen diferencias según el sexo, pues señalan que éste es mayor en las mujeres, debido a que son más juzgadas socialmente en este ámbito.

Participante 2: “Yo creo que tal vez el estereotipo de la mujer está como más incorporado en la sociedad que el del hombre. En general, los hombres no se preocupan tanto de eso. Encuentro que las mujeres se preocupan más de eso. Los hombres lo ven así como ‘ah, estoy gordo’, pero como que no nos importa mucho en general”. (Entrevista 2, párrafo 165, 15 años).

Entrevistadora: “¿Y qué crees tú que opinan los otros de la imagen corporal?” Participante 1: “¿Qué opinan?... no sé… o sea, por ejemplo, ‘oye, viste cómo se vistió, o qué bien se vistió, o qué mal se vistió’. No tengo idea… porque también hay críticas siempre de las dos partes… o por ejemplo, se nota que está más gordo o que está más flaco, etc.”. (Entrevista 1, párrafo 95, 25 años).

Entrevistadora: “O sea… hay un juzgar de cómo se ve el otro”.

Participante 1: “Claro, creo que es también un poco inevitable, sobre todo para las mujeres… que el corte de pelo que se hizo, la polera [camiseta] que está usando… cosas así”. (Entrevista 1, párrafo 94, 25 años).

Al comentar sobre su apariencia, algunos participantes explicitan una distinción entre su modo de cuidarla respecto al de los hombres homosexuales y aquellos otros a los que catalogan como metrosexuales, ya que mencionan que estos dos últimos grupos tendrían mayores niveles de preocupación respecto a este asunto.

Participante 16: “Yo personalmente no me considero metrosexual, por un tema de que el físico a mí no me acompaña. Pero siempre me preocupo mucho de cómo vestirme… para mí eso no es ser metrosexual, es preocuparme por cómo vestirme… no más. Es como cierto grado de vanidad, pero no me hace pasar a la categoría de metrosexual”.

Moderador: “¿Y dónde está el límite ahí?”.

Participante 14: “Es que el metrosexual lo ve como una fijación o una obsesión”.

Participante 13: “Es que yo lo veo de ese modo… preocuparme de verme todos los días bien… o sea, yo no soy metrosexual, pero tengo cierta inclinación a eso. A verme bien, oler bien…”.

Participante 15: “Eso es simplemente como la preocupación de verse bien, tener buena presentación. El metrosexual es alguien que se preocupa mucho más… una obsesión… para ellos no pasa piola [inadvertido] el vestirse mal, sino que realmente lo pasa mal de frentón [directamente]”. (Grupo focal 2, párrafos 71 y 78; 22-24 años).

No obstante, los participantes señalan que actualmente la preocupación por la imagen corporal ha aumentado en los hombres respecto a las generaciones anteriores, dejando de ser un tema asociado exclusivamente a lo femenino. Y si bien algunos de ellos realizan algunas conductas motivadas por cuestiones estéticas (e.g., depilación de cejas, extremo cuidado de la vestimenta), reconocen que éstas podrían estar sujetas a crítica, en tanto están en el límite de considerarse propiamente femeninas.

Participante 14: “Vivimos en una sociedad en que los hombres son cada vez más vanidosos, y la imagen corporal es cada vez más importante. Hace quince años a un hombre jamás se le habría imaginado sacándose las cejas, por ejemplo. Hoy día, todo el mundo está preocupado de las cejas o de las uñas, y hace un tiempo eso se pensaba que era un tema sólo de mujeres”.

Participante 13: “Que yo me preocupe por pintarme los ojos para verme bien, sería un signo de metrosexualidad, pero para la sociedad sería como homosexual”.

Moderador: “¿Ustedes lo verían como metrosexual, y el resto lo vería como gay?”.

Participante 13: “Si… y te van a molestar…‘oye, te pintaste los ojos en el año 2009’… y no se les va a olvidar jamás”.

Participante 13: “Las mujeres se arreglan las cejas, los ojos, los peinados, la chasquilla [flequillo]… todo”.

Participante 15: “A lo más, como hombre, te cortas el pelo y no puedes llegar más allá… no hay mucho más que hacer”.

Participante 13: “Además, si lo llevas al borde, rayas [estás muy cerca] en el tema de la homosexualidad, porque probablemente si yo me delineo los ojos porque encuentro que me veo la raja [estupendo], me voy a pillar [encontrar sorpresivamente] con mis amigos, y me van a decir que me veo gay”. (Grupo focal 2, párrafos 19, 353 y 345; 23 y 24 años).

Pese a lo anterior, el cuidado de la apariencia física estaría relacionado principalmente con los hábitos de higiene (e.g., afeitarse, asearse) y salud (e.g., realizar ejercicio físico, llevar una alimentación saludable). Las principales motivaciones que subyacen al cuidado personal serían el establecimiento de una diferenciación con respecto a los pares y la satisfacción personal. Sin embargo, para la mayor parte de los varones de este estudio, el principal aliciente es ser atractivo para las mujeres.

Participante 13: “Ahora que trabajo en oficina tiene que ser más sobria mi vestimenta, pero me gusta usar camisas de colores llamativos. Y siempre me doy cuenta de que, cuando llego, el resto de los hombres me mira porque usan pantalones iguales a los míos, pero blancos o negros, camisa blanca o azul, suéter negro o gris, y una chaqueta típica. Vestirme con ropa distinta denota preocuparse por sobre el estándar y diferenciarse del resto. Siempre es más fácil vestirse con los colores del resto, ‘los normales’, siempre es más difícil combinar una camisa roja y un suéter azul”.

Participante 14: “Antes, cuando era soltero, no me preocupaba de vestirme con lo último de la moda, y luego con mi polola [novia] me sentía harapiento en comparación a ella, así que busqué proyectarme mejor… Ella se preocupaba de verse bien… era lo mínimo que yo podía hacer también”. (Grupo focal 2, párrafos 221 y 203, 23 y 24 años).

Ideal estético

Desde la perspectiva de los participantes, los ideales sociales estéticos están influenciados y difundidos por la publicidad. No obstante, habría menor exigencia para los hombres que para las mujeres en la consecución de ese patrón estético.

Participante 12: “No sé si la sociedad nos impuso esto (ideal de belleza masculino), pero un hombre gordo, a los ojos de la sociedad, no se ve tan mal como una mujer gorda”. (Grupo focal 1, párrafo 221, 16 años).

Participante 3: “Siempre el hombre se da como el lujo de ser más gordo que la mujer, la mujer siempre es mina [sexualmente atractiva] y el hombre se puede dar el gusto de verse gordo, excepto cuando este hombre es un modelo”. (Entrevista 3, párrafo 92, 22 años).

De acuerdo con lo referido por la mayoría de los participantes, el ideal estético masculino implica tener un cuerpo musculoso, ser alto, y poseer ojos, cabello y piel claros. Asimismo, la actitud ideal se relaciona con ser líder, extrovertido y seguro de sí mismo. De esta forma, parece importante el hecho de que a la figura masculina ideal se le asocia con ciertas características psicológicas.

Participante 1: “Hombre fuerte, espalda ancha… lo típico de siempre, y también con abdominales… Es el bombardeo constante de la publicidad… según lo que debería ser el ideal”. (Entrevista 1, párrafo 39, 25 años).

Participante 3: “El ideal de belleza masculino es un hombre de espalda ancha… como un líder a quien uno podría seguir. Diría que de rasgos más… no sé si europeos, quizás más caucásicos, no tan latinoamericanos… Definitivamente no sería un indígena, sino que alguien ‘más de película”’. (Entrevista 3, párrafo 96, 22 años).

Cuando los participantes son cuestionados acerca de los valores o los atributos asociados a la imagen corporal masculina, la mayoría indica características como la posesión de un cuerpo musculoso y una altura mayor al promedio, que suponen atributos altamente ponderados por las mujeres. En cambio, rasgos como el color de los ojos, de la piel o el cabello sólo fueron referidos por un entrevistado como “relevantes” para las mujeres. Respecto de la fisonomía facial, algunos entrevistados mencionaron que no existe un patrón claro, y notifican que los hombres suelen preocuparse menos por el rostro que por el resto de su cuerpo, por ser menos modificable, apareciendo el rostro como un rasgo más valorado en cuanto a la imagen corporal femenina.

Participante 5: “El cuerpo se puede ‘arreglar’, haciendo ejercicios, con cirugía… pero la cara no tanto. Para considerar que una mujer es bonita, es súper importante la cara. Con los hombres no es tan así, en los hombres es más importante el cuerpo”. (Entrevista 5, párrafo 20, 25 años).

Participante 1: “El hombre puede cambiar más el cuerpo que la cara; obviamente, el hombre igual se fija en la cara de las mujeres, pero no es como para él un determinante el cómo es la cara de sus amigos… o algo así”. (Entrevista 1, párrafo 225, 25 años).

Participante 5: “Comparto el ideal con la mayoría de los hombres… que yo creo que es un cuerpo así… apolíneo, o sea, con músculos marcados, flaco, medio alto, incluso un poco tostado [bronceado]… yo soy súper blanco… pero eso es, como para mí, lo ideal de cuerpo de hombre. Y de mujer, a mí personalmente, que sea más o menos alta, flaca, que tenga unas bonitas pechugas [busto], no muy grandes, tampoco muy chicas… y las caderas no me importan tanto… la verdad. Que tenga sus curvas, pero no es que me importe que tenga un gran trasero. Para mí, el cuerpo lo puedes arreglar… haces ejercicios, haces cirugía… no sé, te lo arreglas. Pero la cara es para mí, en ese sentido, un poco más… como lo esencial, porque eso no lo vas a cambiar. Para mí, que una galla [mujer] sea bonita, pasa demasiado por la cara. Puede ser rica [guapa], pero si no tienes una cara bonita, ‘estás cagao’ [no tiene solución]”.

Entrevistadora: “¿Y con los hombres?”.

Participante 5: “Con los hombres no sé, no encuentro tanto eso. Encuentro que uno, como hombre, se fija más como en el cuerpo del hombre que en la cara”. (Entrevista 5, párrafo 20, 25 años).

Algunos participantes mencionaron que cuidar la apariencia facial, en el caso de los varones, podría vincularse con conductas asociadas con la homosexualidad, razón por la que se sentirían rechazados por los pares. Pese a ello, algunos reconocen cierta preocupación por el aspecto facial.

Participante 13: “Las mujeres se arreglan las cejas, los ojos, los peinados, todo”.

Participante 15: “Como hombre, no puedes hacer mucho más que cortarte el pelo”.

Participante 13: “Además, si exageras cuidando tu cara, siendo hombre, tu círculo de amigos te molestará, diciendo que eres homosexual”. (Grupo focal 2, párrafo 345, 23 años).

Además, algunos participantes enfatizaron las diferencias que existen entre el ideal masculino de esta generación con respecto a las anteriores, ya que actualmente los hombres jóvenes pueden preocuparse por su apariencia y llevar a cabo acciones para mejorarla.

Participante 16: “Antes, el verdadero modelo de hombre era el peludo y maloliente, al que le gustaba hacer parrilladas. Hace cinco años, cuando estaba en la escuela, no pensaba en sacarme las cejas. Hoy en día, odio hacerlo, pero mi hermana me obliga porque a ella le gusta, pero se lo agradezco, porque sé que es un beneficio para mi mejora estética”. (Grupo focal 2, párrafo 28, 22 años).

Participante 14: “Vivimos en una sociedad en que los hombres están cada vez más vanidosos, y la imagen corporal es, lo que yo entiendo, cada vez más importante. No sé, hace quince años, por ejemplo, a un hombre jamás se le habría imaginado sacándose las cejas. Hoy día todo el mundo está preocupado por las cejas o las uñas, y hace un tiempo eso se pensaba que era un tema sólo de mujeres”. (Grupo focal 2, párrafo 19, 24 años).

Autoconcepto e imagen corporal

De los discursos se desprende que las zonas de sus cuerpos que más visualizan los participantes son aquéllas que observan de forma positiva, y que la imagen corporal no aparece como una temática que les genere malestar.

Participante 2: “Me gusta mi abdomen… de la cintura hacia arriba, más que hacia abajo. Porque las piernas no las tengo tan ejercitadas… ese tipo de cosas. En general, no tengo una parte del cuerpo que me desagrade, ni tampoco algo que me guste demasiado”. (Entrevista 2, párrafo 22, 15 años).

Participante 5: “No, yo creo que no. En mi grupo de amigos, tanto el de Viña como el de Santiago, no es tema, para los hombres por lo menos, o entre nosotros. Después hueviai [molestar a otro], así como ‘oye, arréglate si vas a salir’… u otro compañero que lo hueviamos así como…‘si vas a entrevistar, por fa [por favor], no te pongas esa polera [camiseta]”. (Entrevista 5, párrafo 75, 25 años).

Las principales quejas con relación a la imagen corporal son la necesidad de disminuir la grasa corporal y tener un cuerpo más tonificado, por lo que la mayoría de los participantes indicó que aumentarían la actividad física para sentirse más satisfechos. También se señaló el tener mayor estatura como un atributo que les gustaría modificar.

Participante 4: “Quizás me gustaría ganar un par de centímetros, pero más por querer llegar al metro setenta, porque debo medir 1.68 m… algo así… tampoco es un asunto que me quite el sueño”. (Entrevista 4, párrafo 69, 19 años).

Entrevistador: “¿Qué estarías dispuesto a hacer para sentirte atractivo?”.

Participante 5: “Ejercicio.

Entrevistador: “¿Y dónde estaría la idea ahí, qué buscarías?”.

Participante 5: “Estar más marcado. (Entrevista 5, párrafo 137, 25 años).

El poner conciencia en la imagen corporal depende del entorno. Los participantes comentaron que se fijan más en las partes de su cuerpo o en su vestimenta cuando está presente una pareja potencial.

Participante 6: “No tengo trasero… he escuchado que a las mujeres les gustan los hombres con trasero, por eso pienso que debería tener más trasero… pero no es algo que me preocupe mucho. Me preocupa más el qué tan aceptado me siento en algún momento. Por ejemplo, si me gusta una niña y ella no se fija en mí, me preocupo más de mi cuerpo que un día normal”. (Entrevista 6, párrafo 87, 23 años).

Moderador: “Si tienen la misma opinión de un hombre y de una mujer, ¿cuál es más importante?”.

Participante 14: “La de la mujer”.

Participante 15: “En nuestro caso, que creo que todos somos heterosexuales, la de la mujer… pero, en definitiva, es la de la persona que tú quieres atraer”. (Grupo focal 2, párrafo 165, 23 y 24).

Por otra parte, varios participantes indican que la percepción que tienen sobre su imagen corporal ha cambiado con el tiempo, y reconocen que durante la adolescencia temprana se sentían más inseguros respecto de ésta; mientras que ahora le darían menos importancia, como también a las opiniones de los demás.

Participante 6: “Al crecer fui priorizando otras cosas… me acordaba de lo que no me gustaba de mi imagen corporal, y ahora pienso que no era grave. Yo siempre creía que la gente veía lo que uno es por fuera, pero de a poco fui ignorando esa idea, y me fui convenciendo de que no me tenía que avergonzar de lo que era”. (Entrevista 6, párrafo 251, 23 años).

Participante 16: “[Antes] la opinión de los pares importa mucho, y a los quince tienes más inseguridad… tienes que diferenciar si te están hueveando [molestando] o hablando en serio”.

Participante 15: “Es que uno, cuando chico, sigue más a las masas… eres más influenciable”. (Grupo focal 2, párrafo 191, 22 y 23 años).

Los participantes refieren que es poco usual recibir opiniones o comentarios sobre la imagen corporal de parte de otros varones, y especialmente si se trata de una retroalimentación positiva; por el contrario, indican que si se alude a la apariencia física de otro hombre, suele ser a modo de burla.

Participante 6: “Entre los hombres, antes de decirte que te queda bien una camisa, van a intentar molestarte por esa camisa que llevas, sabiendo que eso te puede hacer sentir mal, y te avergüenzan con algo que te puede hacer sentir incómodo”. (Entrevista 6, párrafo 127, 23 años).

Participante 15:“Es difícil que un hombre te haga un cumplido, aunque haya mucha confianza”. (Grupo focal 2, párrafo 397, 23 años).

Con relación a lo anterior, generalmente los varones consideran más las opiniones de sus parejas actuales (o potenciales) sobre su imagen corporal y, en menor medida, de otras mujeres del entorno social cercano, como hermanas o madres. Empero, en última instancia, las opiniones de otros son contrastadas con el juicio y la disposición personal.

Participante 10: “Es que un hombre no se viste para que a otro hombre le guste la ropa, sino que se viste para que a una mujer le guste cómo se ve”. (Grupo focal 1, párrafo 94, 15 años).

Participante 2: “Claro, un hombre se puede vestir bien, pero es para impresionar a una mujer, no para atraer a otro hombre”. (Entrevista 2, párrafo 94, 15 años).

Participante 4: “Tampoco hablamos mucho de eso (apariencia física) con mis amigos. No nos fijamos mucho en la polera [camiseta] que llevas puesta, o en el modo en que te peinas, pero si alguien usa un peinado muy distinto, lo molestamos… supongo. La opinión de mi polola [pareja, novia] me importa… yo creo… aunque le gusta como soy, pero si me dice ‘me gusta más con el pelo muy corto’… tampoco lo voy a hacer, porque a mí no me gusta”. (Entrevista 4, párrafo 76, 19 años).

Discusión

Los resultados obtenidos fueron agrupados en tres categorías vinculadas a la imagen corporal de los participantes: Cuidado de la apariencia física, Ideal estético, y Autoconcepto e imagen corporal. En general, la percepción de los participantes fue que el cuidado de la apariencia física es un tema de importancia creciente, que supone que hoy en los varones despierta un mayor interés que en las generaciones previas. A pesar de este hecho, las preocupaciones y las conductas asociadas con la apariencia física se conciben como menos intensas y frecuentes en los hombres heterosexuales que en las mujeres o los varones homosexuales.

Es necesario investigar si en la actualidad la preocupación de los hombres por la apariencia, aun cuando existe y va en aumento, sigue concibiéndosele socioculturalmente como una característica netamente “femenina”, no incorporada en tanto un rasgo también relativo a la masculinidad, puesto que el hecho de que los hombres muestren una menor inquietud sobre su apariencia podría considerarse un rasgo protector ante el desarrollo de trastornos relacionados con la imagen corporal, como son los trastornos de la conducta alimentaria. Tiggemann y Slevec (2012) discuten la importancia que tiene el mejoramiento de la apariencia con la satisfacción corporal, e incluso plantean que es un factor predictor de la preocupación por el peso y la forma corporal, lo que se asociaría con problemas en la conducta alimentaria, pero esto especialmente en las mujeres adultas. Murnen y Don (2012) coinciden en que los grupos más preocupados por el aspecto físico son las mujeres heterosexuales y los hombres homosexuales. Esta aseveración puede asociarse con la construcción de la identidad masculina, lo que implica que el varón confirma su masculinidad al aprender lo que “no debe ser”, mediante la asunción de una identidad que se opone a la de otros grupos, entre ellos, las mujeres heterosexuales y los hombres homosexuales (Téllez y Verdú, 2011). Así, en los participantes del presente estudio, la motivación principal de cuidar la apariencia física consiste en la intención de atraer al sexo opuesto, a través de hábitos de higiene, de salud y el uso de cierta vestimenta. Otras de las motivaciones mencionadas, aunque en menor medida, hacen referencia al propósito de lograr satisfacción personal y a distinguirse competitivamente de los pares.

La sociedad establece determinados ideales estéticos femeninos y masculinos difundidos por la publicidad. En los varones, las expectativas principalmente están relacionadas con el incremento de la musculatura corporal, fenómeno que concuerda con lo planteado por varios investigadores (Benford y Swamy, 2014; Blashill, 2010; Coffey, 2013; Gila et al., 2005; Murnen y Don, 2012; Murray y Touyz, 2012; Toro, Walters y Sánchez, 2012), además de una estatura mayor al promedio. También se menciona la valoración social favorable que conlleva tener la piel, los ojos y el cabello claros, lo que es coherente con los patrones dominantes en la sociedad latinoamericana respecto a los prejuicios y la discriminación étnicas (Van Dijk, 2003). Por otra parte, en el ámbito actitudinal, algunos entrevistados refieren reconocer una actitud de liderazgo, extroversión y seguridad en sí mismos como atributos del ideal estético masculino, conforme al modelo hegemónico de masculinidad (Toro et al., 2012).

A diferencia de lo que ocurre con el sexo femenino, los hombres están menos exigidos por cumplir con los cánones estéticos socioculturales. No obstante, la exposición a ideales estéticos masculinos asociados a la esbeltez y la musculatura corporal en los hombres se relaciona con un aumento significativo en la insatisfacción con la propia imagen corporal (Galioto y Crowther, 2013). En este estudio, los entrevistados no se sienten completamente satisfechos con su imagen corporal, especialmente debido a aspectos como la tonificación muscular y la estatura. No obstante, se destaca que consideran la insatisfacción corporal como un asunto de poca importancia, lo que coincide con lo reportado por Coffey (2013), quien encontró que, pese a los esfuerzos de los jóvenes varones por lograr un cuerpo musculoso, para ellos la apariencia física también tenía poca relevancia. Esta actitud ambivalente posiblemente se explique porque la aprensión por el aspecto físico fue catalogada por los entrevistados como un tema inherentemente “femenino”.

Por el contrario, en la evaluación de la propia imagen corporal, el influjo del sexo opuesto se identifica como relevante. Son las opiniones de las mujeres, y especialmente de las parejas actuales o potenciales, las más apreciables, y ello en demérito de los juicios de los pares varones, los que mayormente se asocian con burlas. Sin embargo, los participantes identifican el propio veredicto como el predominante. De acuerdo con algunos autores, a medida que aumenta la edad de los varones, disminuye la preocupación por la imagen corporal y la valoración asignada a la opinión externa, al tiempo que aumenta la sensación de autoconfianza (Holsen et al., 2012; Vaquero-Cristóbal et al., 2013).

A modo de conclusión, los resultados obtenidos en la presente investigación revelan que los participantes se encuentran en una etapa de transición hacia una nueva relación entre la virilidad y la imagen corporal, cuestionando la “ideología” propuesta por el modelo tradicional de masculinidad (Thompson y Bennett, 2015). Además, se observa una mayor aproximación a comportamientos típicamente descritos como femeninos con relación a la imagen corporal, lo que demuestra que los límites rígidos entre lo “femenino” y lo “masculino” se difuminan, en tanto el género es un concepto inherentemente dinámico y en continua (re)negociación (Coffey, 2013). Lo anterior es un reflejo de lo planteado por Rosenmann y Kaplan (2014), quienes identifican distintos tipos de ideologías respecto al cuerpo masculino, y observan que la actual preocupación de los varones por la imagen corporal puede relacionarse con un proceso de transición desde una masculinidad tradicional, característica de la sociedad industrial de la modernidad temprana, donde la aproximación al cuerpo es funcional y la apariencia no es atendida, hacia una masculinidad consumista, propia de una sociedad postindustrial, en que la corporalidad es objetificada y entendida a partir de una ideología metrosexual. Este proceso conllevaría conflictos y contradicciones que pueden traducirse en estrés psicológico.

En nuestro estudio, los varones entrevistados describen con cierta ambivalencia las preocupaciones y conductas relativas a la apariencia, lo que requiere profundizarse en futuras investigaciones sobre este tema. Porque, si bien el proceso de definir la identidad masculina supone establecer quiebres en los parámetros socioculturales e históricos recreados por las generaciones masculinas pasadas, a los varones jóvenes les son difíciles de reconocer y asumir para sí mismos, lo que enfatiza la necesidad perentoria de subsanar el vacío de conocimiento existente mediante futuras investigaciones enfocadas en develar la construcción sociocultural de la imagen corporal en esta masculinidad emergente.

El presente estudio aporta una comprensión profunda, basada en testimonios personales y de primera fuente, sobre la concepción de la imagen corporal masculina en un grupo de varones adolescentes y jóvenes adultos de un país latinoamericano; sin embargo, nuestro análisis presenta la limitación de la homogeneidad de la muestra, que solo permite que los resultados sean comprensibles desde un sector reducido de la población.

Responsabilidades éticasProtección de personas y animales

Los autores declaran que para esta investigación no se han realizado experimentos en seres humanos ni en animales.

Confidencialidad de los datos

Los autores declaran que han seguido los protocolos de su centro de trabajo sobre la publicación de datos de pacientes.

Derecho a la privacidad y consentimiento informado

Los autores han obtenido el consentimiento informado de los pacientes y/o sujetos referidos en el artículo. Este documento obra en poder del autor de correspondencia.

Financiación

Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT), por medio del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT-Regular N° 1140085).

Conflicto de intereses

Los autores manifiestan no tener ningún conflicto de intereses.

Agradecimientos

Ninguno

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La revisión por pares es responsabilidad de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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