Antes de someter al paciente a una cirugía no cardiaca es necesario establecer el riesgo cardiovascular, ya que gran parte de las complicaciones como angina inestable, infarto, insuficiencia cardiaca y muertes ocurridas en el perioperatorio, pueden ser evitadas mediante la adecuada valoración del riesgo cardiológico del paciente, en función de la intervención a la que será sometido. La frecuencia creciente de la cirugía en pacientes mayores, quienes suelen tener una importante prevalencia de patología cardiovascular, plantea el desafío de evaluar cada vez en mejor forma su reserva funcional previo a soportar el estrés quirúrgico y anestésico.
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