Johann Sebastian Bach, uno de los músicos más importantes de la historia, sufrió el último año de su vida de un defecto visual progresivo del que nunca se recuperó, a pesar de ser intervenido en dos ocasiones por el oftalmólogo más connotado y controvertido de la época. El diagnóstico exacto de su condición es incierto, pero cataratas o glaucoma parecen ser los más adecuados. Una complicación séptica postquirúrgica pudo haber debilitado aún más su salud, llevándole a la muerte tres meses después de haber sido intervenido. En este artículo se discuten las diversas etiologías planteadas.
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