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Revista Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología
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Vol. 57. Núm. 3.
Páginas 161 (Mayo - Junio 2013)
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Vol. 57. Núm. 3.
Páginas 161 (Mayo - Junio 2013)
Editorial
DOI: 10.1016/j.recot.2013.05.001
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Publicar trabajos científicos, ¿con qué objetivo?
Publishing scientific papers, with what purpose?
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J. Vaquero
Director de la Revista Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología
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La explosión de revistas biomédicas y de artículos científicos en el último cuarto de siglo ha superado cualquier expectativa imaginable, incrementando el volumen de información hasta el punto de que resulta prácticamente imposible asimilarla. Parece ser que el 55% de los trabajos publicados nunca son citados por otro autor en los primeros 5 años (índice de citación)1. Cabe preguntarse entonces, ¿por qué tomarse tanto trabajo en plantear una hipótesis y un diseño experimental o revisar pacientes y estrujar datos para elaborar una publicación?

Echando un vistazo a los primeros números de nuestra revista podemos quedar sorprendidos de los trabajos que se publicaban. La mayoría de ellos eran relatos de cirujanos prestigiosos sobre sus vivencias y opiniones con relación a una patología del aparato locomotor, por supuesto sin apenas discusión ni citas bibliográficas de apoyo. El objetivo del autor era exclusivamente dar a conocer entre sus colegas su experiencia personal con la sana intención de poder servir de ejemplo a cualquier otro cirujano ante situaciones similares. Es lo que hoy llamaríamos «opiniones de expertos» que, siguiendo la tradición hipocrática de aprender de los maestros, servían de base para justificar un procedimiento.

El escenario ha cambiado radicalmente desde entonces. En 1955 Garfield2, basándose en que el valor de una publicación lo determina el impacto sobre los lectores, propone un sistema de clasificación que se ha convertido en un índice de calidad y prestigio de las revistas y a día de hoy es la base para la selección de puestos académicos así como para la asignación de recursos económicos para la investigación. Publicar constantemente se ha convertido en la única forma de ser evaluado y de progresar en el mundo académico. Como ya se ha mencionado en estas mismas páginas, es una medida con numerosos sesgos3. No es un indicador de calidad de los trabajos individuales, sino una medida cuantitativa de la posición que tiene una revista en su área de especialización, pero ha tenido una gran aceptación para valorar algo tan complejo como es la investigación.

¿Estamos publicando únicamente para engordar nuestro curriculum vitae? Y para aquellos que no aspiren a un puesto académico, ¿es vanidad?, ¿es competencia entre los compañeros para conseguir una mejor posición dentro de los departamentos?

Nadie podría pensar que la introducción en la formación de los residentes de Medicina Interna de la Universidad McMaster (Ontario) en los años noventa de una novedosa visión denominada «medicina basada en la evidencia» tuviera una repercusión tan importante en nuestra práctica clínica diaria, ya que representa una filosofía dirigida a resolver los problemas clínicos4. No es la relevancia del autor o la revista en la que se publica el artículo, sino la calidad de la evidencia científica presentada (menores sesgos) la que nos permite hacer recomendaciones sólidas a nuestros pacientes en la mayoría de las circunstancias de nuestra práctica diaria. Es evidente que la experiencia del médico, el contexto laboral y las preferencias de los enfermos han de matizar en todos los casos estas recomendaciones5, y más aun cuando se trata de técnicas quirúrgicas.

Nuestra obligación ética ha de ser la de publicar para engrandecer el conocimiento científico y poder integrar la evidencia de la investigación en el ejercicio profesional cotidiano. Para ello debemos de elegir los mejores trabajos conscientes de que «más no es mejor» y lamentablemente rechazar aquellos que los revisores y los editores razonadamente no consideran adecuados. La calidad debe siempre estar por encima de la cantidad y para ello ha comprometido su esfuerzo personal todo el equipo editorial que tengo el honor y el placer de dirigir.

Bibliografía
[1]
Rajasekaran S. The published paper. Is it sacred anymore? SICOT e-newsletter. Febrero 2013; número 53
[2]
E. Garfield.
Citation indexes to science: a new dimension in documentation through association of ideas.
Science, 122 (1955), pp. 108-111
[3]
F. Forriol.
El impacto (y su factor) de la cirugía ortopédica.
Rev Ortop Traumatol, 43 (1999), pp. 81-83
[4]
Evidence-Based Medicine Working Group.
Evidence-based medicine. A new approach to teaching the practice of medicine.
JAMA, 268 (1992), pp. 2420-2425
[5]
A. Lizaur.
Cirugía ortopédica y traumatología basada en la evidencia: características y criterios de evaluación de los estudios de investigación.
Rev Esp Cir Ortop Traumatol, 53 (2009), pp. 261-270
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