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Vol. 61.
Páginas 288-291 (Octubre 2015)
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Reindert Dhondt, Carlos Fuentes y el pensamiento barroco, Madrid, Iberoamericana Vervuert, 2015, 359 pp.
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Héctor Fernando Vizcarra
CIALC-UNAM
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Presentado dentro de la colección “Nuevos Hispanismos” de la editorial europea Iberoamericana, el libro Carlos Fuentes y el pensamiento barroco intenta ser un gran esfuerzo de síntesis y, a la vez, un examen exhaustivo sobre un tema que, a decir del propio autor, ha sido muy poco trabajado. Si bien la relación entre lo barroco y la obra narrativa de Carlos Fuentes ha sido previamente mencionada por la crítica literaria, Reindert Dhondt, doctor por la Universidad de Lovaina, emprende en este libro un estudio pormenorizado de cuatro textos del narrador mexicano, a los cuales se dedica un capítulo respectivo de la investigación: Aura, Constancia, La frontera de cristal y Todas las familia felices. Por otro lado, casi a manera de introducción al tema en cuestión, el primer capítulo del volumen opera con la noción de barroco en Fuentes: sus opiniones en torno al concepto, las menciones directas que hace en sus ensayos, las exégesis de él mismo sobre su obra a la luz de lo que considera barroco.

Particularmente en este apartado del libro “Fuentes sobre lo barroco”, se echa en falta un tratamiento más agudo de los datos y de la bibliografía recopilada, dado que, en la puesta en diálogo entre citas extraídas de conferencias, ensayos y entrevistas de Fuentes, no encontramos una dimensión crítica ni problematizadora de la tesis de trabajo. La detallada explicación de ese autodiagnóstico, más que generar una discusión interna sobre lo barroco, la anula por razones que lindan con la falacia intencional: Carlos Fuentes, cuando habla sobre el barroco en su producción novelistica desde discursos no ficcionales, se vuelve, en este capitulo, el principal punto de apoyo teórico que, por razones obvias, habrá de coincidir con la praxis escritural, es decir, con el objeto de estudio.

A diferencia del capítulo uno, los primeros segmentos destinados a los análisis autónomos de las obras sobresalen por su acuciosidad y originalidad en el planteamiento de sus hipótesis particulares, a pesar de que continúe la tendencia de apelar a Carlos Fuentes como sustento crítico de su propia obra. El capítulo dos, “Lo barroco como sensibilidad: Aura”, en un primer momento vincula la nouvelle de Fuentes con la poesía de Francisco de Quevedo, en particular con la dicotomía literaria amor/muerte y el ritual erótico mortuorio, presentes en ambas obras de manera explícita. Afirma Reindert Dhondt: “dos tópicos que nunca han sido advertidos por la crítica recorren la novela [Aura], a saber la melancolía y las ruinas” (p. 80), en efecto, la segunda parte de su análisis está guiada por el estudio de la intertextualidad implícita de Aura y algunos ensayos de Walter Benjamin sobre el barroco. Dhondt pone en diálogo ambas obras y propone una interesante lectura de Aura como novela en la que se refuta la continuidad lineal del tiempo (pasado discontinuo) y, más concretamente, como una alegoría barroca de la historia de México.

“Lo barroco como visión histórica: Constancia”, segundo capítulo analítico del libro, es una aproximación integral a las cinco nouvelles incluidas en el libro Constancia y otras novelas para vírgenes, publicado en 1989. Si bien el autor tiene el cuidado de resumir por separado cada una de las narraciones, su trabajo crítico apunta hacia la lectura global. En esta oportunidad, el acercamiento a lo barroco fluctua entre los tópicos de la melancolía y la alegoría, al recurrir nuevamente a Benjamin y a su interpretación de la pintura Angelus Novus de Paul Klee. Como en el capítulo anterior, Dhondt desmenuza las relaciones intertextuales implícitas (Walter Benjamin como personaje) y explícitas (proyectos de modernidad en la obra literaria y ensayística): “Nuestra lectura [dice el autor a propósito de su libro] rebasa estudios previos de la intertextualidad en Constancia al analizar la visión del tiempo dentro de la novela que es tributaria de los escritos de Benjamin como teórico del barroco” (pp. 136 y 137), afirmación que intenta poner en practica mediante una reflexión acerca del “ángel de la historia” benjaminiano y los proyectos inconclusos de modernidad en México y, por extensión, en América Latina.

La frontera de cristal, publicado en 1996, es el tercer texto del corpus literario. El capítulo que lo aborda, “Lo barroco como cronotopo”, examina los conflictos fronterizos entre Mexico y Estados Unidos. En este análisis cronotópico, Dhondt disecciona las problemáticas identitarias que resultan del intercambio cultural, de los flujos migratorios y de las secuelas sociales del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Entre los distintos relatos que conforman el volumen, el investigador elabora una red de asociaciones internas supeditadas a los cronotopos “frontera” y “barroco”, los cuales, de acuerdo con su argumentación, retratan la alteridad, el desarraigo y la desubicación social de algunos personajes, lo cual, en el contexto del libro de Fuentes, acentúa la predominancia del espacio sobre el tiempo. Por último, el segmento “Lo barroco como tragedia: Todas las familias felices”, propone una interpretación de la novela citada desde la perspectiva denominada “barroco trágico”. La mayor complejidad para dar seguimiento a este capítulo es, sin duda, que está abocado a un volumen que contiene 16 narraciones “hilvanadas por composiciones más cortas denominadas ‘coros”’ (p. 258), por lo que el análisis prometido al lector se opaca de manera gradual entre el recuento de los escritos críticos de Carlos Fuentes sobre William Faulkner y, nuevamente, con citas de entrevistas al autor mexicano donde este expone su concepcion sobre lo barroco, definido como “estrategia ‘contramoderna’ que subvierte el racionalismo positivista o la historia homogénea” (p. 281). Una vez apuntaladas las bases críticas del capítulo, el trabajo analítico sobre la novela gira en torno a la noción de nostalgia y de apego al pasado en algunos de los relatos de Todas las familias felices; sin embargo, a diferencia de los capítulos anteriores (en particular los destinados a Aura y a Constancia...), se percibe más un esfuerzo por describir la obra que por problematizar el trasfondo trágico de la misma.

En suma, el proyecto elaborado por Reindert Dhondt constituye una lectura que pondera la riqueza temática de la obra de Fuentes, a partir de sus múltiples interconexiones con la estética barroca (en una acepción no convencional, sino entendida desde la modernidad). El heterogéneo y vasto material aplicado por el autor en sus análisis es, en ocasiones, diluido por la intervención de juicios de Carlos Fuentes; dicha cantidad de referencias insertas, por otro lado, es proporcional a la escasez de bibliografía crítica de origen mexicano en el texto, dado que se privilegia la producción de las academias norteamericana y europea en torno a la temática en cuestión. No obstante, como se mencionó en las primeras líneas, el libro ofrecido por Dhondt acierta en tanto examen detallado, erudito e incluso innovador de una selección de la narrativa del escritor mexicano. Así pues, Carlos Fuentes y el pensamiento barroco constituye un acercamiento que sin duda pone en el debate académico una línea de investigación que, efectivamente, como el autor sugiere al final de su ensayo, puede ser trasladada al estudio de otros autores canónicos de la literatura latinoamericana.

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