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Inicio Latinoamérica. Revista de Estudios Latinoamericanos El clavel rojo: atributo del mártir revolucionario en Guatemala
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Vol. 2014. Núm. 58.
Páginas 145-179 (Enero 2014)
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Vol. 2014. Núm. 58.
Páginas 145-179 (Enero 2014)
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El clavel rojo: atributo del mártir revolucionario en Guatemala
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Erika González León
, Juan Carlos Vázquez Medeles**
* Doctoranda en Historia del Arte-unam
** Doctorando en Estudios Latinoamericanos-unam
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Resumen

El asesinato del estudiante Robin García durante el conflicto interno en Guatemala generó el descontento de la población, por lo que el día de su sepelio realizaron una procesión fúnebre conocida como la Marcha de los claveles rojos. El fotógrafo Mauro Calanchina capturó un momento que ha perdurado en la historia y el imaginario guatemalteco, aquél donde los presentes izan un clavel rojo. En este trabajo abordaremos el proceso que suscitó la marcha, exponiendo las interpretaciones, acepciones y usos que se han dado a la fotografía de Calanchina y que la han vinculado a la construcción del ideario revolucionario, y la instrumentalización del martirio como parte de un proyecto ideológico.

Palabras clave:
Mauro Calanchina
Claveles rojos
Robin García
Guatemala
Revista Alero
Fotografía
Abstract

The murder of student Robin Garcia during the internal conflict in Guatemala, generated the discontent of the population so the day of his burial, held a funeral procession known as la Marcha de los claveles rojos. The photographer Mauro Calanchina captured this moment that has endured in guatemalan history and imaginary, where demonstrators hoisted a red carnation. in this reseach we will approach the process that gave raise to the march, exposing interpretations, meanings and uses that had given Calanchina ’ s photography and have been linked to the construction of revolutionary ideology, and the instrumentalization of martyrdom as part of an ideological project.

Key words:
Mauro Calanchina
Claveles rojos
Robin García
Guatemala
Alero Review
Photography
Texto completo

Atrevernos a llamarnos revolucionarios

Es atrevernos a empuñar un fusil,

A organizar a las masas,

A politizar y politizarnos,

A leer y escribir,

A pensar y a discutir

A proponer y a sentir.

Si lo hacemos

Ya no será un atrevimiento.

¡Seremos Revolucionarios!

Robin García, Poemario

Universidad y revolución

Durante la década de los setenta la lucha política en Guatemala develaba el trabajo realizado por las organizaciones revolucionarias a partir de la línea ideológica a la que se ceñían. La participación estudiantil dentro de éstas se aceleró tras la conmoción que causó el terremoto del 4 de febrero de 1976, se crearon nuevas asociaciones o las ya existentes intensificaron su participación. La Universidad de San Carlos de Guatemala (usac), encabezada por la Asociación de Estudiantes Universitarios (aeu), tenía su base en el grupo frente, el cual había hegemonizado la disputa por la representación estudiantil.

El movimiento revolucionario fue golpeado en estos años, por lo que decidieron reorganizarse y desarrollar nuevas perspectivas y estrategias de lucha. La aparición de la Nueva Organización Revolucionaria de Combate-Ejército Guerrillero de los Pobres (norc-egp), el trabajo de la Organización del Pueblo en Armas (orpa) y con menor presencia el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (prtc), sufrió nuevas disputas de cuadros en las organizaciones, siendo la Universidad el escenario de dichas luchas, las que se evidenciaron en los grupos estudiantiles interesados en la problemática nacional y universitaria.

El secretariado de la aeu, durante la administración de 1977 a 1978, fue dirigido por Luis Felipe Irías, miembro de frente, grupo con una relación horizontal directa con la Juventud Patriótica del Trabajo (jpt) y el Partido Guatemalteco del Trabajo (pgt), quien impulsó un escenario democrático para la Universidad y para el país al fortalecer su línea político revolucionaria, en tanto que diversos grupos opositores a frente, pero dentro de la izquierda estudiantil, estaban más cercanos a la organización desarrollada por el egp y algunos de ellos aglutinados en la Coordinadora de Estudiantes de Educación Media (ceem).

La desaparición de los aquechistas

Las prácticas contrainsurgentes desatadas por el conflicto interno guatemalteco de la administración del general Kjell Eugenio Laugerud García (1974-1978), golpearon a diversos actores de la usac. Ejemplo de ello fue el asesinato del abogado Mario López Larrave, el 8 de junio de 1977, miembro del Consejo Superior Universitario y representante legal de diversas organizaciones sindicales a través del Bufete Popular.1 Su muerte fue perpetrada por la organización paramilitar Ejército Secreto Anticomunista (esa),2 al mes de que iniciara la comandancia Germán Chupina Barahona,3 quien fuera el jefe de la policía guatemalteca, este acto llevó a la calle a más de 100 mil personas que se reunieron para protestar ante tal hecho. A este acontecimiento se le agrega el suscitado al mes siguiente, el 28 de julio fueron secuestrados y detenidos por cargos de supuesto robo los estudiantes: Aníbal Leonel Caballeros Ramírez, alumno del Instituto Rafael Aqueche, Robin Mayro García Dávila, matriculado en la carrera de Agronomía de la usac; además de los dirigentes sindicalistas de la fábrica Cordelería La Rápida, Dionisio Pascual Ramírez, Rodrigo García y los hermanos Antonio y Eusebio Pérez Vásquez.4 A los dos días del secuestro apareció el cuerpo torturado de Leonel Caballeros, provocando la consternación del estudiantado guatemalteco que realizó una movilización durante su sepelio que se prolongó por varios días,5 en diversos departamentos del país, el número de asistentes reunidos sorprendió a la sociedad, como narra un diario local:

Por primera vez, desde la creación de la Ciudad Universitaria, una marcha estudiantil recorre las calles de la ciudad y aproximándose al centro, realizaron un emotivo mitin en la Avenida Bolívar, insistiendo en la consigna ¡Queremos a Robin vivo!6

Aunque se exigió la aparición con vida del otro estudiante: Robin García, la amenaza que éste había recibido días atrás, junto con otros 18 estudiantes, por las críticas publicadas en la revista Pueblo y Estudiante, se cumplió y su cadáver fue encontrado el 4 de agosto, en el kilómetro 48 de la carretera rumbo a Palín, con muestras visibles de tortura y múltiples heridas de bala, además de una nota del esa adjudicándose la autoría del asesinato.7

La marcha

El viernes 5 de agosto de 1977 fue llevado el cuerpo de Robin a la Rectoría de la Universidad de San Carlos (usac), de ahí en procesión se le trasladó al Instituto Rafael Aqueche, donde estudiaba Caballeros, para finalmente ser sepultado en el Cementerio General. El sepelio de Robin se convirtió en una masiva y pacífica manifestación de repudio a la violencia generalizada en el país.

La derrota política de la aeu y frente llevó a la oposición a dialogar con el presidente Laugerud, quien abrió las puertas del Palacio Nacional a los padres de Robin y a la propia aeu, como parte del juego político tras el asesinato despiadado de los estudiantes. Al encuentro asistió el secretario general y alumno de Medicina, Luis Felipe Irías, quien cerró su participación durante el sepelio de García como orador, sin embargo fue Mayra Alarcón:8

[…] una joven estudiante, en representación de todas las organizaciones populares presentes, [quien] dio lectura “a manera de oración fúnebre”; un canto proletario salpicado de lirismo y tinte popular que exaltó la vida y la lucha de robin garcía y le despidió como se despide a un hijo del pueblo.9

Una nota periodística narra, sin ocultar la emotividad del autor, los acontecimientos durante la marcha y el entierro:

Una marea de jóvenes, hombres y mujeres, de difícil cuantificación pero que no era menor a 50 000 o 60 000, acompañó silenciosamente ayer el cadáver del estudiante de la Facultad de Agronomía de la Universidad de San Carlos y ex dirigente estudiantil de la Escuela de Comercio Mayro Robin García Dávila [sic], de 19 años de edad. En un orden admirable, las interminables columnas de estudiantes de educación media y universitarios, sin un grito, sin una voz destemplada, ocuparon 20 cuadras del centro de la ciudad, llevando en hombros durante buena parte del trayecto el féretro del joven asesinado por el Ejército Secreto Anticomunista. […] decenas de millares de adolescentes y jóvenes hombres y mujeres enarbolaron un clavel rojo […] a su ingreso al Cementerio General, unánimemente todos levantaron a punta de brazo su clavel en lo que parecía una consigna previamente establecida.10

Este momento fue captado por la cámara del fotógrafo independiente de origen suizo Mauro Calanchina.11 La serie de imágenes que compiló sobre la jornada de protestas generó un corpus que presentó a la Revista Alero, las que fueron publicadas en la misma y a partir de ello se convirtieron en el paradigma de lo que la composición fotográfica, en un contexto de violencia política y disparidad económica, debía señalar y exponer. La crítica artística circunscribió su trabajo dentro de la responsabilidad social y a él como la figura de un artista comprometido con la lucha revolucionaria, como lo señala Miguel Ángel Sagone:

Acusarán al fotógrafo de caer en el neorrealismo “ya superado” como dicen de todo aquello que no entienden o no les agrada, o lo acusarán de perder los matices a fuer [sic] de su técnica contrastada […] posiblemente supongan montajes en algunas fotos donde la causa y el efecto se sintetizan en una casa fabricada con los bidones desechados por la Gulf, o los embalajes de Frigidaire o decidan escribir algunas líneas sobre la vigencia de la fotografía de Mauro Calanchina, pero la intención del fotógrafo, al mostrar el grito de la realidad, no es fomentar elucubraciones estetizantes o justificaciones técnicas, pues tan sólo ofrece un testimonio e invita a la acción.12

Para Calanchina, la situación guatemalteca de los años setenta debía de ser capturada, siendo esta premisa la conmoción social y las distintas manifestaciones de ésta la principal temática que abordó, ante ello Sagone explicaba que:

La fotografía de Mauro Calanchina no permite sutilezas o disquisiciones intelectualizantes: nos presenta la realidad tal como se halla delante del objetivo de su cámara, realidad descarnada, acre, mordiente […].13

El propio Calanchina concibe su obra como un objeto vivo, el cual está puesto a disposición de la lucha revolucionaria, para él la fotografía supera la mera representación de un hecho convirtiéndose en un instrumento que apoya el discurso político, como él lo expone:

Mi fotografía no es naturaleza muerta: son personas que viven una lucha o que sufren. Los dueños de esas fotos son ellos, pues les dan valor a las imágenes. Antes expuse mis materiales, pero eso ya no me interesa demasiado, pues esas actividades son muy elitistas. Yo prefiero un cartel que se pegue en las calles, ya que es más masivo.14

Será entonces la fotografía la Marcha de los claveles rojos la consolidación del objetivo estético de Calanchina.

Dicha imagen fue tomada en blanco y negro y plasma el instante justo donde un centenar de hombres y mujeres, reunidos frente al edificio de la Policía Nacional de Guatemala, de manera casi casual empuñan un clavel rojo. En ella se aprecian rostros de desconcierto, de introspección, de coraje; algunas miradas sombrías permanecen ajenas a lo que sucede a su alrededor, las menos observan la lente de la cámara. Pese a que la composición dirige nuestra atención al centro de la imagen, para observar la figura femenina que fija su mirada impávida hacia nosotros, son dos los rostros que llaman la atención y que sobresalen del resto, en el primer plano, el de una mujer que alza su brazo sosteniendo un ramo de claveles ya marchitos envueltos en un papel blanco, y el de un joven, ubicado a nuestra izquierda, que indiferente a la presencia del fotógrafo mira a la lejanía, su ceño fruncido refleja molestia, sus ojos contrastan con la sutileza con la que porta el clavel rojo en su brazo levantado. Los presentes permanecen en silencio, el instante refleja una calma perenne. El conglomerado humano se diluye inacabadamente entre árboles, carteles publicitarios y edificios que circundan el tercer plano de la imagen (véase fotografía núm. 1).

Esta fotografía fue publicada por primera vez en la revista cultural de la usac: la Revista Alero. La portada mostró únicamente un detalle: los claveles que izaron el conglomerado de asistentes al sepelio como sinónimo de su molestia ante la represión y violencia que se vivía en el país.

Alero rojo

La Revista Alero resultó ser el mejor medio difusor de la fotografía, ya que desde la gestión del rector Rafael Cuevas del Cid, la usac fomentó cambios institucionales favoreciendo un proyecto editorial que tenía el interés de vencer los límites académicos de una publicación universitaria, que suele condicionarse al espacio estudiantil con actitud pasiva y ajena a la realidad del país. En el aspecto artístico estuvo presente a través de la recién creada Dirección General de Extensión Universitaria, que pretendía la participación activa de los sectores que dirigían la Universidad y se concentraba en “ […] la promoción de los cambios sociales, para los críticos de izquierda esta participación debía ser con el compromiso directo y explícito con la revolución”.15

Con esa idea se configuró el proyecto editorial de la Revista Alero, presidido por Lionel Méndez Dávila16 y Roberto Díaz Castillo17, desde donde buscaron responder a la difusión y al compromiso social que, concebían, era parte fundamental de la institución. Desde el primer número, en el prólogo denominado “Ofrecimiento”, la Editorial expresó la intención e intereses de la revista:

Queríamos ayudar a superar la barrera de lo academizante, en la que no veíamos simplemente una actitud estéril y falta de vitalidad y sentido de lo auténtico, sino formas más peligrosas, por cuanto propician y encubren la revelación de lo que puede ser legítimo. El formalismo, la falta de aspiraciones nacionalistas, las formas de colonialismo cultural, las actitudes academizantes, son dedos de una misma mano, de una misma usurpación que pugna por impedirnos el encuentro con lo nuestro, con nuestra auténtica cultura, con nuestra propia historia.18

Esta aseveración puso de manifiesto la dinámica que pretendían seguir, con la cual buscaron materializar concepciones artísticas que delinearon el quehacer cultural de los colaboradores. El logro del Consejo Editorial fue conjugar a un grupo de intelectuales que paulatinamente contribuyeron en el quehacer literario e histórico de Guatemala, también, atrapó el interés de escritores y pensadores del continente americano, como lo menciona quien fuese director artístico de la primera época, Arnoldo Ramírez Amaya:

[…] logramos hacer una revista universitaria de Guatemala que trascendió en toda Latinoamérica, cuando sentimos, empezamos a recibir trabajos de Benedetti, de Cortázar […] y pagábamos 15 quetzales. Empezaron a mandarnos no por lo que iban a ganar, sino por la calidad de la revista que se estaba haciendo[…].19

La latinoamericanización de la revista convivió con los temas locales, así como con la realidad violenta que enfrentó el país centroamericano, por ello la dinámica alrededor de la muerte de los estudiantes García Dávila y Caballeros Ramírez ocupó el interés y rechazo del Consejo Editorial, tanto que decidieron destinar un número de la publicación para hacer público su sentir:

Una vez más, nuestras páginas, hechas para hurgar los horizontes de la creación científica y artística se visten de negro para reiterar nuestra protesta por las manifestaciones inverosímiles que cobra la violencia institucionalizada en el país. […] alero, hecha para transmitir la vida de nuestro pueblo, de nuestra tierra, de nuestro continente, gasta la fuerza de su contenido en la protesta por la represión, el crimen y el exilio que hoy se abaten sobre casi toda Latinoamérica.20

En agosto de 1977, salió el número 25 de la Revista Alero, con un costo de Q. 0.40, el sutil dramatismo de la portada color carmesí refería a los hechos recientes, la represión y el terror que enfrentaba la población guatemalteca. La publicación contó con un anexo que engrosó su tradicional formato a 210 páginas, mismas que mezclaron las reflexiones literarias, cartas de solidaridad, denuncias y posturas ante los asesinatos de los estudiantes García Dávila y Caballeros Ramírez.

La fotografía de Mauro Calanchina se imprimió en la portada y será éste el momento en el que se inician las modificaciones a la imagen. El propio Calanchina editó la fotografía, la recortó, limitándose a presentar el ceño del joven que iza un clavel y varios brazos levantados que sostienen la flor. Tal recorte sugiere cierta similitud facial con la de Robin, quizá por ello Calanchina decidió presentar de esta forma la fotografía. Se invirtió en espejo el orden de los personajes y aunque el formato original fue una película en blanco y negro, para la revista se publicó en negro sobre rojo, lo que dio más contraste y realce a los gestos faciales de los asistentes a la marcha y aportó cierto dramatismo que la fotografía original no tenía. Por lo que respecta al paisaje, éste se suprimió en su totalidad, le fueron retirados los edificios que circundaban a los manifestantes, así como los letreros con nombres de almacenes y el logotipo publicitario de Pepsi, sin embargo, estas alteraciones no modificaron el discurso de la fotografía sino que lo enriquecieron (véase fotografía núm. 2).

Esta composición trascendió con una fuerte carga simbólica y resultó una de las imágenes más conocidas de Calanchina, considerado como un actor social e histórico durante el conflicto armado, ya que gracias a él se conservó el testimonio y la memoria de un tiempo, como lo menciona el editor de la revista:

Mauro se convirtió, yo creo, en el fotógrafo [Corresponsal de Guerra] […]dentro de la situación política tan alarmante en ese tiempo, Mauro andaba en todas partes tomando fotografías que ahora son testimonio de todo lo que pasó, quizá si no estuvieran las fotos de Mauro, no habría esos testimonios.21

Desde su publicación en Alero, la imagen se convirtió en una evocación a Robin, que si bien no se muestra su cuerpo inerte, se le identificó como una apología del movimiento estudiantil y del ideario revolucionario, a la par de reconocérsele como mártir, conceptos que se entretejieron con la fotografía y el contexto que permitieron construir el prototipo del mártir guatemalteco. El recurso discursivo de la palabra mártir, que sería usado por la revista, deposita en la víctima un halo religioso, “derivado de la teología cristiana y aumentado por los principios revolucionarios”,22 que se traduce en la glorificación del sacrificio. Los textos dentro de la Revista Alero fortalecen esta percepción:

[…] esta vez, se trata de la muerte de los estudiantes Robin Mayro García y Aníbal Leonel Caballeros, muertos salvajemente a golpes por haber vivido como corresponde a una juventud, con responsabilidad y con sentido entrañable por el futuro de nuestra sociedad […]. De nuevo reiteramos: la represión no podrá jamás acallar la inteligencia. Cada gota de sangre mártir derramada se multiplicará en la decisión del pueblo, que está dispuesto, pese a cualquier sacrificio, a construir su futuro luminoso. ¡No habrá claudicaciones!23

La fuerza de la imagen estudiada radica en que ésta responde a los paradigmas revolucionarios de la época, ya que incluye una alusión al joven mártir, Robin García, y a la lucha estudiantil.24 De tal suerte que el activismo militante de García Dávila, aprendiz intelectual en el periódico Pueblo y Estudiante, labor por la que recibió amenazas contra su vida, se manifiesta en los ejercicios poéticos del joven, donde se reafirma la pretensión de entregar la propia existencia en razón de la lucha revolucionaria. Estos versos fueron rescatados en el homenaje póstumo, La marcha de los claveles rojos. Poemario y biografía de Robin Mayro García Dávila publicados en 2009. Uno de sus textos enfatiza lo antes señalado:

A lo mejor

Nos obligan

A dejar la vida,

Por haber editado

Un periódico

Con tanta verdad.

En fin, la muerte es tan natural,

Que no me da pena morir,

Por haber usado

Las palabras

Y las letras

Para lo que se hicieron:

Para decir la verdad

Sin tanto adorno.25

El desdén a la muerte no se contrapone a la pasión por la vida, la utopía revolucionaria es sólida para alcanzarla. Sin embargo, es necesario enfocarnos en el martirio, como concepto de la santidad cristiana, que convive con la ideología marxista en la lucha por la transformación de la realidad, particularmente alrededor del tema abordado.26 Esa conciencia en el estudiante guatemalteco, politizado y organizado, tiene un sentido escatológico en la militancia y posee sus propios recursos rituales intelectualizados, como se percibe en la narración de Ruth del Valle, donde refiere que ante la posibilidad real de una desaparición forzada se contaba ya con la foto del afiche, que proyectaría la imagen de la víctima durante el proceso de búsqueda y exigencia de su aparición, explica: “[…]en ese momento se nos acabaron las bromas, ‘la de la foto del afiche’, que consistía en que todos entregaban fotos, para cuando pasara algo ya se tenía la foto para el afiche”27 (véase fotografía núm. 3)

Aunque éste no es el caso de Robin, ya que la fotografía que lo identifica tras su muerte fue proporcionada por su familia y tomada de su cédula de identificación, sí encontramos en él la predisposición y la aceptación de una posible muerte.28 Su afiche empezó a circular, en los diarios guatemaltecos,29 entre los estudiantes y se empleó para el diseño de los murales conmemorativos del joven aquechista en la usac, donde se le representa junto con claveles rojos con la siguiente leyenda:

No defiendo mis ideas, defiendo los derechos de tanta gente y

los defiendo con celo, aunque me cueste la vida.

Mi vida no alcanza para acallar el dolor de tanta gente.

Robin García (véase fotografía núm. 4).

Se empieza, entonces, a usar el clavel como un elemento independiente e individual de la foto de Calanchina, sin desarticularse por completo de la figura de Robin, ya que casi se convierte en un atributo religioso que estará presente en la mayoría de las imágenes donde se le represente, y se mantiene en el imaginario colectivo como parte del trinomio estudiante-mártir-revolucionario, como lo refuerza el testimonio de Julio Rodolfo García:

Fue durante el sepelio de Robin García donde aparecen los claveles por primera vez. Sorprendente porque no era una cuestión planificada, si bien, algún grupo los llevó con esa intención de hacer esa demostración, la gente los asumió como ese homenaje […] bueno, nosotros llevamos flores a los muertos, pero flores alegres, si querés para las festividades, pero de hecho, yo creo, que eso constituyó la simbología que se instaurará a la imagen del clavel como símbolo de lucha que era todo lo contrario. Yo creo que si es bien significativo pero fue un proceso, a partir que aparecen en un entierro, en un acto luctuoso, después aparecen en todas las manifestaciones, y de hecho, se siguen utilizando, cada vez que voy a una marcha, siempre hay algún clavel de por medio.30

Además de los murales conmemorativos a la muerte del aquechista, existe otro que se basa en la fotografía del suizo y proviene de la tradición muralista de la usac que inicio en 1973, por el escritor Marco Antonio Flores, el artista plástico Arnoldo Ramírez Amaya y el secretario general de la aeu, Edgar Palma Lau. Este proceso en la Universidad forma parte de la configuración del martirologio guatemalteco, que va construyendo su historia entre ladrillos, símbolos alegóricos y atributos identitarios.

Pinceles rebeldes

Al cumplirse un año del asesinato de Robin García, el descontento de la población iba en aumento y se había concentrado en la protesta por el incremento al precio del pasaje urbano. El movimiento estudiantil era escenario de la pugna ideológica entre las organizaciones revolucionarias y ello no pasó desapercibido al rememorar el nombre del estudiante. La aeu ponía énfasis en la movilización social y apoyaba las acciones para frenar el aumento del transporte. La simpatía de sus miembros, y en muchos casos militancia, con el pgt, delineó la estrategia que siguieron durante esos meses. El proceso de ruptura que aceleró la acción denominada Panzós Heroico,31 en junio de 1978, por parte de la Comisión Militar del Partido, se reflejó en los jóvenes organizados en los grupos estudiantiles:

[…] la proximidad ferg-frente se vio duramente golpeada, pues mientras los primeros trataban de enfatizar que la verdadera izquierda eran ellos, pues asumían la lucha armada de cara, los de frente intentaban que el conflicto entre comunistas no fuese un conflicto dentro de frente. Pero si ese conflicto no produjo mayores escisiones o rompimientos dentro de la alianza, algunos dirigentes amplios comenzaron a sentirse perseguidos por cuestiones que muy poco entendían.32

El asesinato de Mario Rolando Mújica Córdoba (Wiwi),33 dirigente de la Central Nacional de Trabajadores (cnt), bajo la dirección del Comité Nacional de Unidad Sindical (cnus), la cual se inclinaba y mantenía relaciones con el egp,34 friccionó aún más la situación entre los grupos estudiantiles, además, el cnus impulsó la idea de salir a las calles como forma de protesta. A partir de esta postura devino el debate ante la interrogante de solicitar permiso para manifestarse que impulsaba la aeu ya que:

Mientras los dirigentes de frente y organizaciones afines creían en la necesidad de obtener autorización gubernamental para la marcha, los dirigentes del ferg y agrupaciones del movimiento popular de línea semejante eran de la opinión que había que romper el círculo vicioso de depender de las autorizaciones para desfilar, pues, se argumentaba, era necesario ganar la calle para la población.35

A la par de la pugna se desarrollaron algunas actividades emprendidas por la aeu, ahora bajo el secretariado del estudiante de Economía, Oliverio Castañeda de León, que no neutralizaron la presencia de frente en su organización, como puede observarse en el homenaje organizado en distinción al pueblo chileno:

En septiembre de 1978, para conmemorar los cinco años de la muerte del presidente Salvador Allende, la aeu organizó una mesa redonda en la que participaron René de León Shlötter de la dc, Manuel Colom Argueta del fur, Virgilio Álvarez en representación de frente y Martín Alvarado del cnus.36

O en el mural realizado en el Edificio C de la Ciudad Universitaria, por parte del grupo Tábano de la Facultad de Arquitectura, y que pertenecía en ese momento a la coalición universitaria. En dicho mural:

[…] se aprecia una imagen de tres manos con los puños cerrados en alto y custodiando una cuarta mano que sostiene una bandera chilena. El dibujo tiene un fondo en tres colores, negro en lo alto que se va degradando en varios tonos de gris hacia abajo. Se lee un iconotexto en la parte superior derecha que dice: ¡junto a Chile venceremos!37 (véase fotografía núm. 5).

Éste se elaboró bajo el auspicio de la aeu y de las autoridades universitarias, quienes dieron su consentimiento para usar el muro, por lo que fue acompañado con una placa de mármol que da testimonio de este suceso.38 El grupo Tábano, identificado por su radicalismo dentro de la Universidad, había mantenido alianza con frente, posteriormente con ferg, pero siempre luchó por mantener su autonomía ante estas dos agrupaciones. El grupo se fundó en 1972, “el cual combinó la crítica política con el arte y con una idea propulsora: El deber constante de crear”.39 Sin embargo, la escisión del pgt afectó a Tábano y éste se debilitó paulatinamente:

Al haber dentro del grupo algunos miembros que militaban en la jpt, la ruptura dentro de su organización se trasladó también al seno del grupo estudiantil; los que abogaban por la radicalización, no sólo rompieron con la dirección de su organización política, sino que consideraron imposible su permanencia en frente, por lo que optaron por aproximarse al ferg.40

Aunque se reconocía el trabajo artístico que desempeñaban como parte de su identidad, porque colaboraban en las actividades universitarias, varios de sus miembros realizaban el mural que homenajeaba al pueblo chileno al cumplirse cinco años del golpe militar encabezado por Augusto Pinochet, obra auspiciada por las autoridades universitarias. Uno de sus miembros, Ramiro García, con ayuda de Luis Felipe González, elaboraban de manera casi clandestina el mural en la Plaza Jornadas de agosto, específicamente en el Edificio de Farmacia T13, que se concibió como protesta ante el asesinato de Robin García y parte de un movimiento más amplio, como lo enfatiza Julio González al referirse a la obra del estudiante de Arquitectura y miembro del grupo Tábano:

Era la ruptura entre la imagen gráfica del martirologio ¿Verdad? A la imagen gráfica de la lucha. Él hacía una figura estilizada, donde siempre aparecían unos campesinos con el machete en alto o los estudiantes con palos, garrotes y piedras, que no eran el contexto, siempre dentro de la gráfica política de ese momento sobre todo la izquierda era el mártir ya muerto ¿Verdad? Que se le hacía […] desde luego, su reconocimiento. Pero no reflejaba para nada, pues, la imagen de los que estaban detrás de esa imagen: la lucha popular. Y con Ramiro, nosotros tuvimos esa experiencia de que siempre llamamos a esa insurrección desde la gráfica41 (véase fotografía núm. 6).

La imagen de Calanchina publicada en la Revista Alero fue el esquema que se utilizó para éste y otros murales, completando la transferencia con la interpretación de los jóvenes desde su postura ideológica. Si bien es un homenaje a Robin, contiene referencia a la lucha popular, como fue señalado anteriormente. La portada de Alero pintada en el muro fue alterada, se acentuó la gestualidad mostrando rostros de furia y encono, a la vez que se integraron y permutaron la posición de los agentes involucrados en la marcha. También se enfatizó el contraste cromático, exaltando el carmesí tanto de los claveles como del lema: “¡No era tras la muerte a lo que fuimos! Era tras la vida”, que complementa el discurso ya legitimado del martirologio universitario. La inscripción del mural es una adaptación del poema Homenaje del escritor Enrique Noriega:42

No fue la muerte tras lo que fuimos

era más que la vida:

la irrenunciable fe por una mejor vida

jóvenes robustos

labios abriéndose al amor

memoria

oh memoria!

maldita memoria.

Estos montajes corroboran una idea implícita y constante en la sociedad que construye un lenguaje dialéctico entre el inmolado y la comunidad, como lo afirma José Domingo Carrillo, para el revolucionario “significó dar la vida por el pueblo, quien a su vez tendría bajo su responsabilidad recordar para siempre a los mártires”.43

Martirologio estudiantil

En el conflicto armado en general y en el movimiento estudiantil inmerso en la lucha ideológica del conflicto armado interno, en lo particular, es posible vislumbrar la sobreestimación del sacrificio por parte del individuo que optó por el camino de la rebeldía, son diversos los ejemplos que se tienen, aunque poco estudiados, como el poeta Otto René Castillo, la reina de belleza y estudiante, Rogelia Cruz Martínez,44 y Oliverio Castañeda de León, estudiante y secretario general de la aeu, de quien se tiene una reciente publicación.45 Pero es destacable el texto: “Era tras la vida por lo que íbamos…” de la Oficina de Derechos Humanos del arzobispado de Guatemala, que a la par del homenaje a monseñor Juan José Gerardi Conedera, presenta una historia del movimiento estudiantil guatemalteco —destacando la presencia de Robin García y Oliverio Castañeda— y la semblanza de vida de diez estudiantes asesinados. Es importante destacar que los relatos se dispusieron de manera casi bíblica, de la siguiente forma:

El contexto y antecedentes (personales y generales) corresponderían al Génesis.

La participación en el movimiento estudiantil sería la Revelación.

El momento trágico del secuestro, tortura y muerte, equivaldría a La Pasión/El Martirio.

Finalmente, consecuencias familiares y sociales devienen en la Resurrección y Apocalipsis.46

En ello perdura el paradigma religioso del martirio y se configura al estudiante con las características que ideológicamente se han formado dentro de las tensiones de la misma lucha, como lo señala Enrique Camacho:

Una aproximación al imaginario que se construye desde la resistencia, desde la rebeldía, no sólo incluye la percepción que se tiene por parte de los detentadores del poder: también debe ponerse atención en la imagen que el propio rebelde ofrece de sí mismo. Su figura, antepuesta a la fuerza dominante, está ubicada a la cabeza de aquel imaginario con el que se pretende sustituir al imaginario “oficial”.47

La conciencia de la muerte en el sujeto revolucionario convive en su andar cotidiano, es parte teleológica de la vida, no obstante, tiene un valor de inmediatez y axioma en la militancia política en un escenario de lucha ideológica armada. El valor que nos interesa destacar es la presencia de la muerte, asumida y presupuesta en la configuración de este sujeto con los valores y condiciones éticas que configuran al hombre nuevo-revolucionario-santo, donde la muerte es el punto de partida para la trascendencia y el martirio la demostración material del amor por la lucha y la utopía. Como lo explica José Domingo Carrillo, “Esta idea de sacrificio, dio lugar al uso indiscriminado de la violencia como in- terlocutora entre proyectos de revolución social y población civil, lo que dio como resultado la consagración de la muerte como una actitud de protesta”.48

Los homenajes a los mártires están presentes en las agendas de las organizaciones de izquierda, la muerte de García Dávila y Caballeros Ramírez permanece en la memoria y es parte de la lucha que enarbolaban. La fuerte movilización de las Jornadas de agosto y su momento apoteósico con el sepelio de Robin mantuvo en crisis al gobierno de Laugerud, al punto de abrir una mesa de diálogo como respuesta política, más que una acción judicial en contra de los responsables, no obstante, las organizaciones político-militares interpretaron los acontecimientos desde su propia óptica y quizá, instrumentalizaron sus propios procesos con los recursos disponibles. El pgt perdió supremacía en el trabajo estudiantil ante las posturas de las organizaciones que lo representaban: aeu y frente, pero proyectó a la par de la denuncia del asesinato de Robin y Leonel, su línea ideológica a través de las publicaciones donde intervenían de manera legal como fue la Revista Alero y en la clandestinidad por Ediciones Verdad49 y Juventud50 (véase fotografía núm. 7).

La reivindicación del mártir revolucionario

El proceso del egp dio lugar a consolidar un frente de estudiantes constituido con su línea política, trabajo continuo del estudiantado identificado con ello; respecto a la dirección de esta organización, carecemos de comunicados o publicaciones que den a conocer su interpretación teórica y política de los hechos, sólo poseemos un manuscrito51 dirigido a Marco y fechado el 10 de septiembre de 1977 por Anahí Campos. En él puede percibirse un distanciamiento entre la dirección y la militancia estudiantil, pero muestra que se estuvo al tanto de los acontecimientos, así como la ausencia de un reconocimiento público de la militancia de Robin en dicha organización, hecho que fue aceptado hasta 2006 con la publicación: Memoria de los caídos en la lucha revolucionaria de Guatemala, editada por la fundación Guillermo Toriello con la coordinación de Enrique Corral. La ficha de Robin contiene la siguiente información:

García Dávila, Robin Mayro

Seudónimo: Enrique

Organización: egp

Etnia: mestizo

Función: dirigente y activista estudiantil

Lugar: Guatemala, Gua.

Fecha: 27/7/77

Circunstancias: Fue secuestrado por fuerzas de seguridad después de una actividad de solidaridad con Cuba. Lo torturaron y asesinaron. Fue capturado junto con Leonel Caballeros. Sus restos están en el Cementerio General. Su entierro se convirtió en una manifestación popular. En su memoria, una organización estudiantil universitaria y de secundaria, que nutrió de valiosos cuatros [sic] las organizaciones revolucionarias y guerrilleras, asumió su nombre: Frente Estudiantil “Robin García” (ferg).52

Sin embargo, la aparición de este Frente reivindicaba su nombre en la organización y hacía patente su vinculación, ya que éste era el responsable de la atención de las estructuras secundarias del egp; militó con el seudónimo de Enrique y realizaba trabajo político en el Instituto Miguel García Granados y después en la Escuela de Comercio. Para finales de julio de 1977 participó en las actividades conmemorativas de tres militantes guerrilleros,53 Julio Ricardo Áscoli Andreu,54 Félix Augusto Orozco Mendizábal55 y César Alvarado Morales,56 además del xxiv aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.57

Al cumplirse 30 años de la movilización que se desarrolló tras el asesinato de los jóvenes estudiantes, la aeu y la Facultad de Economía de la usac reeditaron el libro Jornadas de agosto de 1977, donde se recopilan notas periodísticas, afiches, campos pagados y fotografías que circularon durante esas fechas. La portada reproduce la imagen que hemos revisado, en un símil de colores del mural de Ramiro García, sustituyendo la leyenda del mural por el título del documento, y en la contraportada destaca una mano izando un par de claveles rojos.

Dos años después de las Jornadas de agosto, en 2009, la Secretaría de la Paz a la orden de la campaña de resarcimiento llevada a cabo por la gestión presidencial de Álvaro Colom Caballeros, la Comisión Presidencial Coordinadora del Ejecutivo en Materia de Derechos Humanos (copredeh) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,58 publicó una reedición del texto antes citado junto con el cuadernillo La marcha de los claveles rojos. Poemario y biografía de Robin Mayro García Dâvila, a más de la exhibición de placas conmemorativas y el nombramiento de la calle Robin García (10a Avenida, zona 1). El primer texto, de los arriba mencionados, reproduce nuevamente la idea original —la fotografía de Calanchina y la mano con los claveles—, en un diseño estilizado del fondo de la imagen, la contraportada añadió la frase que acompaña el mural: “¡No era tras la muerte a lo que fuimos!, es tras la vida.” El segundo libro, un poemario, monta la ya imagen icónica de Alero, junto con una foto de Robin y una manifestación de jóvenes, la portada retoma los tres colores del mural, negro y rojo sobre un fondo blanco. En ambos textos se agrega una viñeta a la portada en color carmesí con una insignia en color negro del slogan de la Secretaría de la Paz donde se lee: “Por la dignidad de nuestros mártires” (véase fotografía núm. 8). Las contraportadas agregan los logotipos de las instituciones involucradas en la publicación de los textos impresos en materiales económicos.

Por otra parte, en abril de 2008, diversos colectivos y amigos de Mauro Calanchina realizaron una serie de exposiciones de su trabajo, con el título Hilando la memoria, tejemos nuestra historia. Las imágenes corresponden al movimiento estudiantil de los años setenta y principios de los ochenta, en ellas, se destaca el optimismo de la juventud universitaria inserta en la transformación del país centroamericano, si bien un gran número de los personajes que alcanzó la lente de Mauro son víctimas de la represión, la alegría de la esperanza es el eje de su último homenaje en vida. Como era de esperarse destaca la presencia del clavel rojo que portan desde los colegiales hasta los sindicalistas guatemaltecos, donde el mismo autor los presenta como una distinción a quienes se comprometieron con la lucha social, tópico de sus fotografías (véase fotografía núm. 9).

Reflexiones finales

En el proceso armado guatemalteco, diversos acontecimientos otorgaron identidad a las organizaciones revolucionarias y las dotaron de símbolos que cohesionaron la lucha revolucionaria. Tal fue el caso de la Marcha de los claveles rojos, que movilizó a decenas de guatemaltecos inconformes por la violencia generada por el Estado. Los acontecimientos se conjugaron con distintos elementos que facilitaron la construcción de un imaginario alrededor del martirio que abrazaron, principalmente, los estudiantes universitarios como una de sus banderas de lucha e influencia de sus proyectos políticos.

El estudio de un símbolo, como lo es el clavel, permite entender los procesos que se desarrollaron alrededor de la muerte, en este caso la de Robin García, en la que el movimiento estudiantil y los grupos universitarios fueron la vanguardia en el camino de la revolución guatemalteca, como preámbulo de las campañas contrainsurgentes que desarticularon el naciente movimiento de masas y de la resistencia urbana. La masiva presencia en la protesta social llegaría a ser minada con el continuo asesinato y desaparición de líderes estudiantiles, principalmente de la universidad de San Carlos de Guatemala. En los años siguientes, las estrategias contrainsurgentes golpearon a la sociedad en su conjunto, se criminalizó a los universitarios, que encontraron en los vestigios de esa época símbolos que permanecen vigentes, como es el clavel rojo, reproducido por los rollos que Mauro Calanchina legó a los universitarios.

Sin embargo, el clavel como se mostró se fue configurando como un elemento independiente, desvinculado de cualquier sujeto pero cargado de todo el simbolismo de una época, de un ideario y de un país, se erigió como un atributo a los mártires de la guerra, a los desaparecidos. Es el testimonio de Julio Rodolfo González el que engloba esta idea:

Yo pienso que el clavel debe significar un homenaje al mártir, sobre todo el color rojo, que es el color sangre, es herencia de la pictografía maya, pero la sangre también es vida, para los mayas el rojo era muerte pero también era vida, era una relación dialéctica, yo creo que era, para mí, el objetivo del clavel, y es rescatable, yo pienso que es una situación […] porque después de eso, en todas la marchas aparecían claveles, más de alguien los llevaba, ya fuera por la misma situación […] ya no le pertenecieron a nadie, le pertenece al movimiento, le pertenece a los mártires, le pertenece a la gente.59

Fuentes documentales

Archivo General de la Nación, México (agn), Ramos.

Archivo Histórico del Policía Nacional, Guatemala (ahpn).

Bibliografía

Augusto Cazali Ávila, Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Época republicana (1821-1994), Guatemala, Universitaria, Universidad de San Carlos de Guatemala, 2001, pp. 409 y 410.

El esa se conformó el 30 de mayo de 1977, haciendo pública su aparición con un comunicado Donde daba a conocer su existencia, su estructura y su proceder contra los que consideraba comunistas. Este escuadrón de la muerte estaba vinculado al coronel máximo Zepeda martínez y Al coronel Rafael Arriaga Bosque. Uno de sus líderes fue manuel Sagastume Azurdia, que debido A las siglas de su nombre msa se creyó era seudónimo de quien fue líder del Movimiento de Liberación Nacional, mario Sandoval Alarcón. Véase Communique number one of the “Secret Anticommunist Army” (esa), Guatemala, national Leadership of the esa, 22 de junio, 1977. En Princeton university Digital Library, Civil war, Society and political transition in Guatemala: the Guatemla news and Information Bureau Archive (1963-2000), Comunicado. F1466.7 C584.

Germán Chupina fue reclutado el 24 de enero de 1945 y tuvo diferentes cargos: fue asignado al Cuartel General, del 15 de diciembre de 1955 al 28 de mayo de 1958, comandante de pelotón de Policía Militar, del 15 de octubre de 1958 al 18 de julio de 1960, asignado a la Brigada Militar Mariscal Zavala, del 23 de septiembre de 1960 al 15 de marzo de 1965, fungió como ejecutivo de la Zona Militar Zacapa y segundo comandante de la Brigada Quetzaltenango en julio de 1970, posteriormente se le nombró comandante de la Policía Militar Ambulante, del 3 de abril de 1975 al 1° de julio de 1978, y finalmente se desempeñó como director de la Policía Nacional del 1° de julo de 1978 al 30 de diciembre de 1981. Véase Germán Chupina Barahona, Guardia Judicial, Archivo Histórico de la Policía Nacional, de aquí en adelante ahpn, Registro maestro de fichas, caja 500389, exp. 4, código 505637161862007, cui 1296709.

Al principio de las movilizaciones se exigía la liberación de los sindicalistas, sin embargo, paulatinamente fueron desapareciendo de las demandas estudiantiles. Véase Propaganda, Instituto Nacional Central para Varones a Pueblo en General, Guatemala, julio de 1977, ahpn, Denuncia, exp. 24-301, doc. 1, gt pn 24-05 S004, cui F35006.

Los reportes de la Policía Nacional dan cuenta de la constante vigilancia hacia los estudiantes durante estos días. Véase Envió información sobre manifestación, Alfonso García Ortiz, segundo jefe Cuerpo de Detectives Policía Nacional, a Mario Gustavo Cardona Maldonado, director general Policía Nacional, Guatemala, 4 de agosto, 1977, ¿ahpn, exp. 35, gt pn 50 S005.

Véase Confidencial, W-12, W-16 y W-19 a Cuerpo de Detectives Policía Nacional, Guatemala, 2 de agosto, 1977, ahpn, exp. 2124, doc. 1, Información Confidencial,gt pn 50 S002, cui F34990.

Véase Informe Manifestación, Carlos Silvestre Balderas Cabrera, subjefe del cuerpo a director general Policía Nacional, Guatemala, 1° de agosto, 1977, ahpn, oficio, exp. 24-739, doc. 1, gt pn 24-05 S004, cui F45478.

Véase Informe Manifestación, subinspector 1281, Manuel Inocente Gómez Hernández y 1438, Mario Gil Blanco Ávalos a segundo jefe de 2° Cuerpo de la Policía Nacional, Guatemala, 1° de agosto, 1977, ahpn, Parte, exp. 24-739, doc. 2, gt pn 24-05 S004, cui F45479

Véase Novedades, Carlos Silvestre Balderas Cabrera, subjefe del Cuerpo a director general de la Policía Nacional, Guatemala, 1° de agosto, 1977, ahpn, gt pn 24-05 S004, cui F34989.

Véase Novedades, Carlos Silvestre Balderas Cabrera, subjefe del Cuerpo a director general de la Policía Nacional, Guatemala, 2 de agosto, 1977, ahpn, gt pn 24-05 S004, cui F34991.

Véase Reporte, inspector núm. 1620 Jacinto López Vásquez, agente, núm. 1432 Moisés Bolaños Hernández a jefe de Servicios Segundo Cuerpo Policía Nacional, Guatemala, 1° de agosto, 1977, ahpn, Parte,gt pn 24-05 S004, cui F45486.

Virgilio Álvarez, Conventos, aulas y trincheras. Universidad y movimiento estudiantil m Guatemala: el sueño de transformar, vol. II, Guatemala, Flacso/Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas-Escuela de Historia-usac, 2002, p. 146.

Secretaría de la Paz, Jornadas de agosto de 1977, Guatemala, Secretaría de Paz, 2009, p. 8.

Ricardo Sáenz de Tejeda, Oliveiro. Una biografía del secretario general de la aeu 1978-1979, Guatemala, Secretaría de la Paz/Flacso-Guatemala, 2011, p. 160.

Secretaría de la Paz, op. cit., pp. 21 y 22.

Diario el Gráfico, “Una marea juvenil acompaña féretro de Robin García”, Guatemala, 6 de agosto, 1977, p. 3. A diferencia del informe policial que estima una asistencia de 6 000 personas. De acuerdo con éste la multitud fue disuelta por la policía al interior del cementerio. Véase Itinerario Sepelio, Carlos Silvestre Balderas Cabrera, subjefe del Cuerpo a director general de la Policía Nacional, Guatemala, 5 de agosto, 1977, ahpn, Oficio, 7689/jja, gt pn 24-05 S004, cui F35087.

Mauro Giussepe Francesco Calanchina Poncini, nació en Lugano, Suiza, el 17 de diciembre de 1951. De 1965 a 1972 se desenvolvió en Suiza como fotomecánico, fotoanimador, sonidista y asistente de cámara para el periódico Gironale y para la agencia televisiva GP Cartons Film. En 1973, mismo año que se asentó en Guatemala, participó en la XII Bienal de São Paulo, Brasil, también expuso su obra en el Museo Nacional de Costa Rica. Colaboró en diversas publicaciones coligadas a la usac pero sin desempeñar el papel de fotógrafo. En 1978 inició su militancia en el pgt. Murió en Suiza el 27 de septiembre de 2008.

Miguel Ángel Sagone, “La fotografía de Mauro Calanchina”, en Revista Alero, 3a época, núm. 13, julio-agosto de 1975, Guatemala, Editorial Universitaria de Guatemala, p. 41.

Ibid., p. 40.

Victorino Tejaxún, “Mauro Calanchina y la memoria gráfica guatemalteca”, en Sala de Redacción, año 4, núm. 59, Guatemala, marzo de 2008, p. 9.

Álvarez, op. cit., pp. 42 y 43.

De profesión arquitecto, fue director general de Cultura, director general de Extensión Universitaria de la Universidad de San Carlos y primer director, junto a Roberto Díaz Castillo de la Revista Alero. En 1990 ganó el Premio Casa, de la revista cubana Casa de la Américas en la modalidad de literatura para niños y jóvenes, con su obra: Historias de nahuales y despojos. Relatos quichés para niños de una época infame.

Graduado como historiador, fungió como director de la revista Lanza y Letras, secretario general de la Asociación de Estudiantes Universitarios (aeu), secretario general de la usac, publicó obras como Folklore y artes populares. Fungió como director de la Revista Alero hasta la gestión del rector Saúl Osorio Paz, en abril de 1978, cuando cambió la dirección de la revista, de la que editó 56 números en ocho años.

“Ofrecimiento”, en Revista Alero, núm. 1, Guatemala, Centro de Producción de Materiales, usac, 1970, p. iii.

En hoja mimeografiada anexa a la publicación y titulada: Guía para autores y suscriptores, se señala que “El pago por colaboración publicada es de Q. 20.00 quetzales ($ 20.00 dólares)”. Entrevista con Arnoldo Ramírez Amaya, 2010.

Revista Alero, 3a época, núm. 25, julio-agosto de 1977, Guatemala, Editorial Universitaria de Guatemala, p. 3.

Entrevista con Roberto Díaz Castillo, 2012. A partir de la publicación de su trabajo en la Revista Alero, su obra se convirtió en el paradigma de lo que la composición fotográfica, en un contexto de violencia política y disparidad económica debía señalar y exponer. La crítica artística circunscribió su obra dentro de la responsabilidad social y a él como la figura de un artista comprometido con la lucha revolucionaria.

Beatriz Cortez, Estética del cinismo. Pasión y desencanto en la literatura centroamericana de posguerra, Guatemala, F&G Editores, 2010, p. 105.

Revista Alero, 3a época núm. 25, julio-agosto, 1977, p. 3.

Ricardo Melgar Bao explica que: “El ámbito guerrillero contiene procesos rituales que implican: iniciación, combate y muerte, que en ocasiones son trascendidas por el revolucionario”. Ricardo Melgar Bao, “La memoria sumergida. Martirologio y sacralización de la violencia en las guerrillas latinoamericanas”, en Verónica Oikión Solano, Marta Eugenia García Ugarte, Movimientos Armados en México, siglo xx, México, El Colegio de Michoacán/ciesaS, 2006, vol. I, p. 44.

Secretaría de la Paz, La marcha de los claveles rojos. Poemario y biografía de Robin Mayro García Dávila, Guatemala, Secretaría de la Paz, 2009, p. 13.

Verónica Rueda Estrada plantea la relación que prevaleció en la lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional y el cristianismo, aclarando que: las convergencias entre marxismo y cristianismo no son originales del sandinismo, pues previamente ya habían sido señaladas por Federico Engels, quien decía que los dos eran movimientos de grupos oprimidos que predicaban su futura liberación. Verónica Rueda Estrada, “El rebelde nicaragüense. La santidad del sandinismo”, en Enrique Camacho Navarro [coord.], El rebelde contemporáneo en el circuncaribe. Imágenes y representaciones, México, ccydel-unam/Edére, 2006, p. 202.

Mario Ríos Mont, Era tras la vida por lo que íbamos, Guatemala, Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, 2007, p. 84.

Para ver una recopilación hemerográfica de los hechos aquí señalados, puede consultarse el trabajo del Programa Nacional de Resarcimiento a cargo de la Secretaría de la Paz durante el gobierno de Álvaro Colom, titulado: Jornadas de agosto de 1977, publicación que utiliza la misma imagen aquí estudiada como portada y contraportada. Secretaría de la Paz, Jornadas…, 148 pp.

La desesperada búsqueda de Robin García llevó a su familia y a la aeu, representada por Luis Felipe Irías, a exigir su aparición en diversas instancias. En el Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala existen 27 documentos relacionados con los Recursos de Exhibición Personal a su favor. Véase ahpn, exp. 35, gt pn 50 S005; ahpn, gt pn 24-05 S004: ahpn, 650, gt pn 2405 S004; ahpn, gt pn 24-05 S004; ahpn, gt pn 30 dsc; ahpn, gt pn 24-05 S004.

Entrevista con Julio Rodolfo González, 2012.

El 29 mayo de 1978, en el municipio de Panzós, en Alta Verapaz, asesinaron a más de 100 campesinos de origen kekchíe. La masacre se ejecutó a manos del ejército, cuando los campesinos se congregaron en la plaza principal de Panzós por una reunión que tenían con la alcaldía, y con el propósito de resolver los conflictos con los terratenientes de la zona por la posesión de la tierra. Este acontecimiento representó la primera masacre cometida contra campesinos, principalmente indígenas, donde el ejército fungió como la mano asesina que protegió los intereses de la oligarquía, mientras el gobierno acusó a los campesinos de ser los provocadores de los enfrentamientos, puesto que estaban bajo la influencia del comunismo. La conmoción que causó la masacre de Panzós llevó a diferentes organizaciones armadas a la planeación de una acción de castigo en contra de los responsables. La Comisión Militar (comil) del pgt ejecutó, el 14 de junio de 1978, la operación que se denominó Panzós Heroico, en la que por medio de una mina claymore (tipo abanico) dieron muerte a un grupo de Policías Militares Ambulantes (pma). En un primer momento la comil se adjudicó la acción en nombre del pgt, no obstante, el secretario general del cc negó haber dado la autorización necesaria para la participación en nombre del pgt y éste se desvinculó de la operación públicamente. Juan Carlos Vázquez Medeles, El testimonio del compañero Manolo. Una fuente para historiar, Editorial Académica Española, 2011, p. 32.

Álvarez, op. cit, p. 241.

El texto-homenaje en vías de la recuperación de la memoria de los revolucionarios caídos, publicado por la Fundación Toriello, lo ubica como mujica, Mario “Guigui”, miembro de las far con la función de dirigente cristiano y sindical, muerto en Huehuetenango tras un atentando en el centro de dicha población y muriendo a los dos días del ataque. Véase Enrique Corral [coord.], Memoria de los caídos en la lucha revolucionaria de Guatemala. Registro de los Miembros de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (urng) caídos durante los años del conflicto armado 1971-1996, Fundación Guillermo Toriello, Guatemala, 2006, p. 198.

Sáenz de Tejeda, op. cit, pp. 154 y 155.

Álvarez, op. cit., p. 242.

Sáenz de Tejeda, op. cit., p. 206.

Vázquez Medeles, op. cit, p. 48.

7 días en la usac, Ciudad de Guatemala, 18 al 24 de septiembre de 1978, p. 7.

Vázquez Medeles, op. cit., p. 46.

Álvarez, op. cit., p. 260.

Entrevista con Julio Rodolfo González, 2012.

Enrique Noriega fue miembro del taller de escritores que se reunían alrededor de Marco Antonio Flores, El Bolo, y cercanos a la primera época de la Revista Alero. El fragmento es tomado del libro ¡Oh banalidad! el cual fue diseñado por Arnoldo Ramírez Amaya, el Tecolote. La obra fue premiada en el Certamen Permanente Centroamericano “15 de Septiembre”. Posteriormente, la obra de Noriega fue censurada por quien fuera secretario de Cultura de la aeu en 1962, decano de la Facultad de Humanidades de la usac (1970-1974), el licenciado en Letras Guillermo Putzeys Álvarez, cuando ocupaba el cargo de ministro de Educación durante el gobierno de Kjell Eugenio Laugerud García (1974-1978). Véase Enrique Noriega, ¡Oh banalidad!, Guatemala, Ediciones del Cadejo, 1992.

José Domingo Carrillo, “Las actitudes ante la muerte: testimonios de los movimientos armados guatemaltecos”, en Miguel Ángel Urrego Ardila, José Domingo Carrillo [eds.], Etnia, género y clase en el discurso y la práctica de las izquierdas en América Latina, ¿México, uaslp/umsnh, 2012, pp. 254 y 255.

Juan Carlos Vázquez Medeles, “El olvido en la memoria de Rogelia Cruz Martínez”, en Tzintzun. Revista de Estudios Históricos, núm. 56, Morelia, Michoacán, 2012, pp. 169-210.

Sáenz de Tejeda, op. cit., p. 276.

Ríos Mont, op. cit., p. 268.

Enrique Camacho Navarro, “Imágenes y letras. El poder de las representaciones en la lucha política en Centroamérica y el Caribe”, en Camacho Navarro, op. cit., p. 85.

Carrillo, op. cit, p. 254.

“Continúan la intimidaciones represivas”, en Verdad. Órgano del Comité Central del pgt, núm. 210, agosto de 1977, Guatemala. agn, 12-20-78, leg. 6, 76.

Juventud. Vocero de la Juventud Patriótica del Trabajo, época iv, núm. 23, agosto de 1977, Guatemala. agn, 12, 20-78, leg. 6-77.

agn, 12, 20-78, leg. 6, 73.

Corral, op. cit, p. 109.

Un año antes de su secuestro, el 27 de julio de 1976, tres jóvenes estudiantes de sicología fueron asesinados en el interior de una casa de Ciudad Satélite, Mixco. Según los informes de las autoridades, en esa casa habían muerto Augusto Orozco Mendizábal, Julio Áscoli y otro joven no identificado. Citado en Álvarez, Conventos, aulas y trincheras…, vol. II, p. 127. Según la prensa escrita, el egp reconoció que militaban en sus filas. Diario el Gráfico, “Se ignora a que facción pertenecen los 3 muertos”, en Periódico el Gráfico, Guatemala, 28 de julio, 1976, pp. 1-3; Diario el Gráfico, “Identifican a dos de los muertos en Ciudad Satélite”, en Periódico el Gráfico, Guatemala, 29 de julio, 1976, pp. 1, 3; El Imparcial, “3 mueren en tiroteo; Señora y niño heridos”, en Periódico El Imparcial, Guatemala, 27 de julio, 1976, pp. 1, 12. En el ahpn se encuentran registrados como: Guerrilleros, Cuerpo de Detectives Policía Nacional, ahpn, caja 500156, exp. 3, código 61241015832007, cui 724732.

Se encuentra registrado en el ahpn como: Julio Ricardo, Áscoli Andreu, Q. E. P. D., Cuerpo de Detectives Policía Nacional, ahpn, caja 500086, exp. 3, código 944728152912007, cui 348424. Así también, Julio Áscolí es reconocido como militante del egp bajo el seudónimo de Domingo, desempeñando labores en el Equipo de explosivos. Véase Corral, op. cit., p. 28.

Augusto Orozco (Ogui) es reconocido como militante del egp bajo el seudónimo de Facundo, desempeñando labores en el Equipo de explosivos. Véase Corral, op. cit, p. 206.

Se encuentra registrado en el ahpn como: Alvarado Morales, Cesar Iván, Q. E. P. D., Cuerpo de Detectives Policía Nacional, ahpn, caja 500403, exp. 2, código 805724159102007, cui 1543678. Así también, Iván Alvarado es reconocido como militante del egp bajo el seudónimo de Federico, desempeñando labores en el Equipo de explosivos. Véase Corral, op. cit, p. 22.

Sáenz de Tejeda, op. cit., p. 158.

Revisar específicamente el Caso P-175-05.

Entrevista con Julio Rodolfo González, 2012.

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