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Vol. 51.
Páginas 37-52 (Enero - Junio 2016)
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Vol. 51.
Páginas 37-52 (Enero - Junio 2016)
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La Batalla de Covadonga en México. Imaginarios en torno a la Reconquista (1889-1900)
The Batalla de Covadonga in Mexico. Imaginary around the Reconquista (1889-1900)
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María del Mar Gutiérrez Domínguez
Centro de Estudios Históricos, El Colegio de México, Ciudad de México, México
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Resumen

La Reconquista y la Batalla de Covadonga son categorías de análisis que ocupan un papel central en la identidad nacional española. Si bien su uso resulta central en la opinión pública y las grandes obras historiográficas que se produjeron en España en el siglo xix, su utilización no se restringe a este espacio geográfico. Durante la última década del siglo xix, el 8 de septiembre –aniversario de la Batalla de Covadonga, acontecimiento que dio lugar al comienzo de la Reconquista– fue profusamente celebrado por la colectividad española residente en la ciudad de México. El análisis de la prensa periódica de esta colonia muestra un discurso que, en el curso de una década, fue agregando nuevos significados a esta efeméride. El aniversario fue además evocado en una celebración anual que pretendía incluir al conjunto de la sociedad mexicana, introduciendo de este modo el concepto en la opinión pública del país de destino.

Palabras clave:
Reconquista
Batalla de Covadonga
Hispanoamericanismo
Colonia española
Prensa española
México
Abstract

The Reconquista and the Batalla de Covadonga are analytical categories which occupy a central role in the Spanish national identity. Although its use is central in Spanish public opinion, and the great historical works that were published in this country during the nineteenth century, is not restricted to this geographical area. During the last decade of the nineteenth century, the 8th September –the Batalla de Covadonga's anniversary, the event which led to the beginning of the Reconquista–, was widely celebrated by the Spanish community in Mexico city. The analysis of the press produced by this immigrant group shows a speech around these events which, in the course of a decade, added new meanings. The anniversary was also evoked in an annual celebration intended to include the Mexican society, thus introducing these concepts in Mexico‘s public opinion.

Keywords:
Reconquista
Batalla de Covadonga
Hispanoamericanism
Spanish colony
Spanish press
Mexico
Texto completo
Introducción

El concepto Reconquista, referido al periodo histórico que comenzó en la Península Ibérica tras la invasión árabe (711) y la consiguiente resistencia ejercida por grupos cristianos desde las montañas del norte del territorio, que culminó con la toma de Granada (1492), es un término que no apareció sino hasta el siglo xviii1. Hasta ese momento, el vocablo usado para referirse a esta época fue el de Restauración, que ponía el acento en el restablecimiento de un orden político y eclesiástico que idealmente existía con anterioridad, por lo que la aparición del concepto Reconquista enfatiza la creciente importancia que fue adquiriendo el control de la geografía y el territorio, en el contexto de la formación de una incipiente noción patria en España2. El acontecimiento que se considera precursor de la Reconquista es la Batalla de Covadonga, una acción bélica que enfrentó en Covadonga (Asturias) a las tropas del ejército de don Pelayo, un noble visigodo, con las de Al Andalus, donde estas últimas resultaron derrotadas en el año 722, según ha consensuado la mayor parte de la historiografía medievalista3.

Si bien el análisis del término Reconquista, como una construcción historiográfica y como el eje articulador de la historia española, está ampliamente documentado para el caso español4, el interés de su estudio radica en observar cómo el imaginario asociado a este concepto se trasladó a la nación mexicana en los años 90 del siglo xix, lo cual tuvo lugar mediante la conmemoración de la Batalla de Covadonga, el 8 de septiembre, en los periódicos de la colectividad española. Se trata no tanto de analizar el trasvase de significado que operó de España a México, sino de estudiar los usos políticos5 que se hicieron en torno a la Batalla de Covadonga y la Reconquista en el país americano.

El objetivo anterior implica situar la Batalla de Covadonga en el contexto que es objeto de nuestro estudio6, para no dotarlo de significados anacrónicos y considerar todos los factores a la hora de analizar los diferentes usos políticos del concepto. En este sentido, se hace necesario observar varias cuestiones: en primer lugar, qué era lo que se entendía por Reconquista a finales del siglo xix, pues de esta manera podremos observar sobre qué significaciones previas operó el juego de representaciones que vamos a estudiar. En segundo lugar, es importante considerar cuál era la imagen de los españoles en esta época, pues la percepción que de este grupo se tenía se encuentra muy ligada al papel que desempeñaban los periódicos de la colonia en la sociedad de recepción, a través de los cuales se difundió el concepto Reconquista y la festividad de Covadonga. Por último, la coyuntura de la guerra de Cuba (1895-1898) resulta central para comprender las expectativas que se depositaron en la recreación de la Batalla de Covadonga, donde es fundamental la postura oficial que, ante el conflicto, tomó el gobierno mexicano.

Respecto a la primera cuestión, es importante resaltar que aunque la adopción del término Reconquista se produjo a finales del siglo xviii, no fue hasta la década de los años 40 del xix cuando se difundió más ampliamente y, para finales de la centuria, ya era un concepto plenamente incorporado en la historiografía española7. En esta línea, la Edad Media fue la época a la que se remontaron las grandes historias nacionales del mundo occidental a la hora de ubicar el origen de los modernos estados nacionales del siglo xix, que en el caso español se situó en los antiguos visigodos que habían habitado la Península Ibérica entre los siglos v y viii. En este sentido, se resaltaban dos aspectos centrales: la idea de que el territorio español y el visigodo se ajustaban de manera parecida al territorio peninsular y la identificación colectiva con la religión católica tras la conversión del rey Recaredo (589)8. Por tanto, la construcción de la categoría historiográfica Reconquista ha enfatizado el carácter cristiano de la guerra, su deseo de expulsar a los invasores árabes y el protagonismo de Castilla a la hora de promover la unidad de la futura España9. Estos tres aspectos, que explicaban el carácter esencial del proceso y diferenciaban a España del resto de naciones europeas, revisten una importancia fundamental para comprender el interés de incorporar el imaginario asociado a este concepto en el contexto mexicano.

Para ubicar las coordenadas anteriores en el país americano, debemos considerar la existencia de una comunidad de inmigrantes muy permeada por las ideas panhispanistas, las cuales abrevaban de dos fuentes principales: el cristianismo como fe universal que unía a España con sus antiguas colonias y el deseo de hacer frente al creciente imperialismo estadounidense10. En este sentido, el carácter cristiano de la Reconquista resultaba afín a los postulados de esta doctrina hispanoamericanista, mientras que la expulsión de los invasores árabes podía presentar analogías, en ocasiones muy forzadas, con la creciente injerencia estadounidense en el territorio americano. Por último, el protagonismo de Castilla a la hora de promover la unidad entre los disgregados reinos de la Península Ibérica justificaba que España se situase en una posición de liderazgo espiritual, la cual le permitiría actuar de árbitro en el fomento de la unidad cultural entre los territorios que antiguamente habían pertenecido a la Monarquía Hispánica.

Respecto a la imagen de los españoles en México, las décadas centrales del siglo xix se caracterizaron por una fuerte hispanofobia, debido a que la definición del sujeto nacional mexicano se estaba construyendo en oposición al pasado de dominio español11. Sin embargo, desde el comienzo del Porfiriato (1876-1910) habían mejorado las relaciones entre México y España, lo cual provocó una atenuación de la hispanofobia que se reflejó en varios aspectos, entre los que destaca la protección ofrecida por el gobierno de Porfirio Díaz a muchos inmigrantes españoles y los acuerdos con inversionistas y empresarios12. A pesar de estos cambios, la aversión hacia los individuos de este origen no desapareció completamente entre el conjunto de la población mexicana13.

Paralelamente, durante el gobierno de Díaz se produjo el estallido de la guerra de Cuba, cuyo desenlace marcaría un punto de inflexión en la definición de la identidad nacional española. En este sentido, la ubicación geográfica de México determinó que el país se erigiese en el lugar desde el cual muchos españoles defendieron la pertenencia de Cuba a España, por un lado, así como fue baluarte de defensa del hispanoamericanismo en términos más amplios, por otro14. De este modo, la fecha de 1898 se asocia con una profunda crisis que, más allá de las implicaciones políticas inmediatas, alcanzan el ámbito de lo identitario y lo retórico, pues los sueños de grandeza imperial que el proyecto nacionalista español había supeditado a las glorias pretéritas, se desmoronaron con la derrota de Cuba15. La Batalla de Covadonga adquiere, en esta cronología y esta geografía específicas, una singularidad muy particular que difícilmente pudo tener en España. En este sentido, la defensa de una de las últimas posesiones coloniales por parte de los españoles residentes en México, un país que había sido reconocido por el gobierno español en 1836, provocó una retórica en torno a la batalla con profundas aporías.

La postura oficial de México frente a la guerra de Cuba fue de neutralidad, lo que implicaba una hábil maniobra diplomática para sostener las implicaciones que tenía la insurrección cubana, la respuesta de España ante el conflicto, así como el deseo de intromisión de Estados Unidos en el conjunto de la región. Sin embargo, detrás de esta aparente imparcialidad existía una simpatía hacia España, sobre todo por parte de Díaz, así como una suerte de flirteo con Estados Unidos, ya que el gobierno mexicano manifestó la disposición de unir sus esfuerzos a los norteamericanos en caso de que fuese necesario. Aunque en términos retóricos el gobierno mexicano simpatizaba con la causa cubana, debido a la afinidad en la experiencia histórica, por otro lado la lealtad estaba con España, pues la amenaza de Estados Unidos sobre la isla solo la había podido contener, hasta el momento, la antigua metrópoli. Sin embargo, el gobierno español se encontraba cada vez más debilitado, lo que explica el juego que sostuvo México, que en realidad se encontraba expectante frente al desenlace de la contienda, por las implicaciones que tendría en términos amplios para el conjunto de la región16.

Por último, la publicación de periódicos de la colectividad era una iniciativa del grupo mejor posicionado de la colonia, organizado en torno al Casino Español, caracterizado por una ideología fundamentalmente conservadora17. Entre los intereses de estos individuos se encontraba el deseo de dotar a los españoles de órganos de difusión propios, así como crear un imaginario favorable para la colectividad a través de estos medios, tanto en el contexto específico de la guerra de Cuba como en la coyuntura más amplia de la hispanofobia que hemos mencionado antes. Es importante considerar que si bien las personas que se encontraban detrás de estas publicaciones se presentaban como los portavoces de la colectividad española en su conjunto, es indudable que esto era una mera estrategia retórica. Sin embargo, debido a su posición privilegiada y su capacidad para ubicarse en espacios de representación, tuvieron a su alcance la posibilidad de crear una opinión pública. Durante el periodo que vamos a analizar, los periódicos españoles en México fueron El Pabellón Español (1883-1890), El Correo Español (1890-1914) y La Nación Española (1900-1901).

Es en el amplio contexto anterior en el cual deben comprenderse los usos políticos del lenguaje que, en torno a la Batalla de Covadonga, se llevaron a cabo en los periódicos de la colectividad española en México durante la década de los años 90 del siglo xix. Así, aunque en este periodo la hispanofobia no estaba tan acentuada, la colectividad española no tenía asegurado el apoyo del gobierno de Díaz frente a la causa cubana, ni tampoco del grueso de la población mexicana, que abiertamente simpatizaba con los insurrectos cubanos. Por esta razón la colectividad participó de manera activa en el conjunto de campañas que llevaron a cabo varias publicaciones periódicas frente a la guerra de Cuba18. Todas ellas tenían en común el deseo de frenar la injerencia de Estados Unidos en la región, por lo que un discurso favorable a la expulsión del vecino país norteamericano era susceptible de tener éxito entre la población mexicana. La cuestión entonces radica en observar cómo esto fue canalizado a través del imaginario que ofrecía la Reconquista, representado de manera discursiva y performática en torno a la celebración de la Batalla de Covadonga.

De manera paralela, aunque la creciente amenaza de Estados Unidos sobre Cuba y el conjunto de la región fue una realidad palpable durante toda la década de los años 90, es importante considerar otro aspecto para comprender el éxito que durante estos años alcanzó la celebración de la Batalla de Covadonga: la conmemoración del iv centenario del descubrimiento de América, en 1892. Este acontecimiento poco tiene que ver con la Reconquista, más allá de ser la continuación de la serie de conquistas que venía protagonizando Castilla y que culminaron con la toma de Granada en la Península Ibérica. Sin embargo, en la coyuntura del Centenario los esfuerzos se orientaron a la consolidación de las relaciones entre España e Hispanoamérica en términos amplios, que hizo de este aniversario, y los años que lo sucedieron, la expresión más palpable del hispanoamericanismo español a finales del siglo xix19. En este sentido, resulta factible pensar que la Reconquista y la Batalla de Covadonga se viesen influidas también por esta dimensión, que afectaba al significado de “lo español” en su conjunto. En cualquier caso, es importante anticipar que en ninguno de los años se usó la efeméride del 8 de septiembre, ni siquiera en 1892, para ligar los acontecimientos del descubrimiento a la Reconquista. Es decir, si bien la influencia del Centenario sobre el éxito que alcanzó la Batalla de Covadonga puede ser considerada como una variable, en ningún caso se manifestó esta intención abiertamente.

La investigación implica poner atención a varios aspectos importantes interrelacionados entre sí. En primer lugar, el objetivo es determinar en qué momento se conmemoró por primera vez la Batalla de Covadonga en los periódicos de la colectividad española, que implica la introducción del imaginario asociado a la Reconquista en la opinión pública de la sociedad de recepción. En segundo lugar, se trata de analizar los diversos usos de la Batalla de Covadonga en el discurso impreso en los periódicos de la colectividad durante la década de los 90 del siglo xix. En tercer lugar, el objetivo es observar de qué manera la Batalla de Covadonga fue celebrada, y por tanto la Reconquista evocada, en una fiesta popular a la cual acudía la sociedad mexicana y, durante algunos años, el propio presidente Porfirio Díaz. El desarrollo de los objetivos anteriores se realizará de manera diacrónica, para observar la evolución cronológica de los usos políticos de la Batalla de Covadonga en los diversos aspectos que hemos mencionado.

La Batalla de Covadonga en México

El primer año que puede observarse una mención a la Batalla de Covadonga en un periódico de la colectividad española es en 1889, en un artículo publicado por El Pabellón Español. La referencia presenta el acontecimiento ocurrido siglos antes a través de la óptica de diversos historiadores, en clave nacionalista y positivista, lo cual da cuenta de la importancia del suceso en la construcción de la historiografía nacional española. El combate de la Batalla de Covadonga queda unido al concepto de Reconquista de la siguiente manera: “Covadonga es el archivo viviente y el monumento imperecedero que proclama el increíble prodigio de la Reconquista de la Nación Española”. Además, la batalla queda asociada al imaginario católico y monárquico que, por otro lado, son los aspectos que más se enfatizan a lo largo del texto: “Pelayo enarboló el lábaro santo de la religión y de la monarquía. Nuestros reyes en España han rendido constante tributo de devoción a la virgen y al monasterio de Covadonga”20.

El año siguiente la editorial de El Correo Español estuvo dedicada de manera especial a la Virgen de Covadonga, donde se ponía el énfasis en la cuestión religiosa y militar, así como en la particular interrelación entre ambos aspectos, por lo que la construcción es bastante similar a la del año anterior:

Hoy es el día en que la iglesia celebra a la santísima advocación de Covadonga y la patria recuerda el glorioso hecho de armas con que empezó la reconquista. Uno y otro acontecimiento están íntimamente ligados, como en íntimo consorcio se encuentran el valor de nuestros héroes legendarios y las dulcísimas manifestaciones de la fé, en todas las épocas de la historia patria. […] En esta síntesis de un pueblo siempre enhiesto […] aparece el gran Pelayo rindiendo, en holocausto de su ardiente piedad, las glorias de sus conquistas á la imagen de Covadonga21.

A continuación se relataban los hechos de la contienda y se informaba que don José Toriello Guerra, reputado inmigrante español al interior de la colectividad, celebraría estas fiestas en su hacienda de Coapa22, al igual que venía sucediendo en años anteriores23. En los días subsiguientes se publicaron muchas notas acerca de este festejo e incluso se difundió un largo romance histórico dedicado al señor Toriello Guerra y a la Batalla de Covadonga24, lo cual da cuenta de la importancia del evento. La romería de Coapa se caracterizaba, en primer lugar, por la celebración de una misa en la capilla de la hacienda para, a continuación, dar paso a la parte más lúdica: una suerte de festejo carnavalesco donde varios invitados se disfrazaban de aldeanos y gaiteros para recrear un ambiente popular asturiano. A continuación se daba paso a un baile, que era el antecedente de una suculenta comida25. Si en el imaginario nacional mexicano, la representación de “lo español” se asociaba, en gran parte, con un grupo de población ubicado en puestos de amplio reconocimiento social26, la romería de Coapa contribuía sin duda a reforzar esta percepción. Además, es importante destacar que el número de invitados era de 160, lo que reafirma la exclusividad del evento que, por el momento, mostraba escaso interés por incluir a la sociedad mexicana.

De manera paralela, es importante mencionar que en estas fechas solía tener lugar la conmemoración de un acontecimiento referente a la historia mexicana, la Batalla de Chapultepec27. Si bien este suceso había sido mencionado con anterioridad en los periódicos de la colectividad española, en consonancia con el espíritu que guiaba el sentimiento nacional mexicano y esto en relación con el deseo de acercamiento de la colonia a la sociedad de recepción, los usos de esta celebración en 1890 estuvieron al servicio de nuevos lenguajes políticos, que establecieron diálogos directamente con la Batalla de Covadonga. Estos nuevos usos tienen mucho que ver con la necesidad de revitalizar la imagen del país norteamericano como enemigo a combatir, que cobra fuerza en una época en la que el deseo de injerencia de Estados Unidos en la región estaba reforzándose, tal y como se materializaría pocos años más tarde con la guerra hispano-cubana-americana. Lo que resulta interesante de esta correlación entre la Batalla de Covadonga y la Batalla de Chapultepec es que en 1890 la evocación de la segunda se trasladó unos días antes de la fecha en que realmente había ocurrido, el 13 de septiembre28, para que de esta manera coincidiera con el recuerdo de la primera. Esta estrategia permitía favorecer la asimilación del contenido retórico de ambas celebraciones, tal y como podemos observar en el siguiente artículo, que lleva por título “Chapultepec, el 8 de septiembre”:

Hoy la nación mexicana recuerda ese glorioso hecho de armas que inmortalizará á no dudarlo á los bravos alumnos del colegio militar y servirá de perpetuo estigma al orgulloso norte-americano que es, por decirlo así, un punto negro entre las naciones latino-americanas, que fraternizadas, por la religión y costumbres legadas por la nación Hispana, viven alerta para contener las maquinaciones del coloso29.

El año 1891 se introdujo un concepto que resulta ilustrativo de las posibilidades que podía arrojar la Batalla de Covadonga en el contexto mexicano, pues Pelayo aparece por primera vez en el país como prócer de la independencia, cuando en un relato acerca del santuario de Nuestra Señora de Covadonga se dice que “a muy corta distancia del templo está la famosa gruta que el día de la batalla de Covadonga sirvió de baluarte y de refugio a los primeros próceres de la independencia: hoy es el arcano que guarda los restos del inmortal Pelayo”30. Este uso político en torno a don Pelayo y la Reconquista se iría reforzando a medida que avanzara la década, como veremos en las próximas páginas.

De manera paralela, aunque en origen la celebración de las fiestas de Covadonga fue un evento privado y restringido a un grupo exclusivo, como hemos visto con la romería celebrada en la hacienda de Toriello Guerra, unos años más tarde31 comenzó a organizarse una gran celebración destinada a un público mayor en el Tívoli de San Cosme, también conocido como Tívoli del Eliseo32. En este sentido, es importante notar que en 1891 murió Toriello Guerra, lo cual sin duda supuso un parteaguas en la orientación de la celebración33. De esta manera el festejo se abría a la participación más amplia de la sociedad mexicana, gracias a la eficiente gestión realizada para este fin por la Junta Española de Covadonga, que adquiriría un papel central durante los años posteriores en la organización de esta celebración. Los individuos que integraban la Junta de Covadonga pertenecían a la esfera del Casino Español, cuyas relaciones sociales, tanto al interior como al exterior de la colectividad, eran fundamentales para lograr la recaudación de fondos para las fiestas y las correspondientes autorizaciones para llevar a cabo el evento34. El festejo se caracterizó por la celebración de una misa en la iglesia de Santo Domingo, así como la organización de un banquete y una serie de juegos lúdicos en el Tívoli del Elíseo35, por lo que seguía un programa relativamente similar al que en origen había establecido Toriello Guerra en su hacienda de Coapa. Además, el 8 de septiembre trató de articularse como un importante día de asueto en México, al menos para el sector comercial, rubro en el que se ubicaba gran parte de la colonia española:

La Junta Española de Covadonga merece un voto de gracias de toda la Colonia, por haber llevado a feliz término los grandiosos festejos que para hoy tiene preparados, habiendo conseguido también el que todo el comercio español de esta capital cierre sus establecimientos, para que todos nuestros compatriotas puedan divertirse y recordar fuera del rudo y constante trabajo diario, una de las fiestas más memorables que registra la Historia Patria36.

El 8 de septiembre de 1894 El Correo Español editó dos números diferentes: mientras que uno correspondía con la publicación habitual, el otro era una tirada especial dedicada a la fiesta española. Este último era una edición compartida entre El Correo Español y el periódico mexicano La Nación, donde un subtítulo rezaba “número extraordinario para los subscriptores de ambos diarios en celebración de la fiesta de hoy”37. El objetivo de los artículos contenidos en este número era ensalzar la figura de don Pelayo y relatar el momento de formación de la nacionalidad española que, con la Batalla de Covadonga, daba lugar al comienzo de una larga lista de acontecimientos gloriosos de la raza española, que culminaban con la Guerra de Independencia Española38 (fig. 1).

Figura 1.

Alzamiento de Don Pelayo, reproducido por El Correo Español, el 8 de septiembre de 1894, 1895 y 1896.

(0,29MB).

Respecto a la cuestión anterior, es importante mencionar que a medida que avanzaba la década, la celebración de la Batalla de Covadonga dejó de circunscribirse a la fecha específica en que dicho acontecimiento tuvo lugar y, de manera progresiva, se fue alargando hasta alcanzar la conmemoración de la independencia mexicana, el 15 de septiembre. El objetivo de esta estrategia retórica era ligar ambos acontecimientos de un modo original, que se expresaba de la siguiente manera: “¡La plegaria inmortal de Covadonga/Siglos más tarde resonó en Dolores!”39. Esta referencia se complementaba con otras denominaciones como “grito de Covadonga40 o “grito de ¡patria y libertad!”41, en clara sintonía con la alusión al 15 de septiembre como grito de Dolores, por lo que esta expresión evocaba un sentido muy particular en el campo semántico que se manejaba en México.

Nuestra hipótesis es que el establecimiento de una relación entre ambos acontecimientos permitía evocar a don Pelayo como el primer independentista hispano, en un intento por incluir al caudillo en el panteón de los próceres de independencia hispanoamericanos. La asociación de la Reconquista con la independencia no es un fenómeno exclusivo del contexto mexicano, pues la historiografía nacionalista liberal en España había realizado un uso similar durante la segunda mitad del siglo xix42. Sin embargo, la novedad radica en presentar las analogías de la Reconquista con los sucesos que acontecieron en México entre 1810 y 1821, añadiendo estos acontecimientos al repertorio patriótico hispano. Esta idea se iría reforzando progresivamente, lo que permitía que la esfera de acción de la Batalla de Covadonga tuviese eco más allá de las fronteras nacionales de España. Además, esta construcción histórica –e historiográfica– permitía que el pasado de reconquista peninsular perteneciera también al conjunto de los estados nacionales de Hispanoamérica. Por tanto, la Batalla de Covadonga otorgaba la posibilidad de proyectar una imagen de Hispanoamérica bajo el liderazgo simbólico de España, pues mediante el recurso a una efeméride clave, el 8 de septiembre, se identificaba también al padre de la patria en términos amplios, don Pelayo.

La cuestión de la independencia no era importante tan solo en el plano de la retórica sino que, por el contrario, en un contexto en el que la imagen iba alcanzando, progresivamente, una mayor centralidad en la comunicación, representar la independencia nacional mediante el recurso a la iconografía era un aspecto fundamental. En este sentido, Campos Pérez ha desarrollado varios estudios en los que pone de relevancia el creciente interés de la gráfica en torno a la independencia como una de las vías para movilizar a diversos públicos, pertenecientes a contextos diferentes, desde finales del siglo xix y, de manera más acentuada, durante el siglo xx43. De manera paralela, citando a Toussaint, menciona la evolución de los editoriales de las distintas publicaciones que, debido a una serie de cambios en el mundo periodístico mexicano a partir de 1896, terminó por modificar la función de la primera plana de los periódicos44. Respecto a esta cuestión, creemos que es importante resaltar que la imagen de don Pelayo que fue reproducida el 8 de septiembre durante los años 1894, 1895 y 1896 (fig. 1) se ubica precisamente en esta primera página del periódico, donde solía encontrarse de manera habitual el editorial de la publicación. En este sentido, la necesidad de transmitir al prócer de la independencia de una manera gráfica se inscribe en un contexto periodístico y comunicativo más amplio, que trata de alcanzar a mayores públicos a través de vías alternativas a las habituales hasta ese momento.

Respecto a la imagen mencionada (fig. 1), es importante indicar que se trata de una reproducción de la obra titulada Don Pelayo en Covadonga, del pintor español Luis de Madrazo y Kuntz, que realizó en 1855 para la Exposición Nacional de Bellas Artes. Estas exhibiciones eran un elemento básico de promoción del panorama artístico oficial isabelino, donde la temática histórica tenía un protagonismo central debido a su capacidad para transmitir la identidad nacional española. Don Pelayo en Covadonga resultó premiado con la primera medalla por el jurado en este primer concurso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando45. Además, el cuadro está inspirado en la obra de su hermano, Federico de Madrazo y Kuntz, que había ensayado en varios bocetos y proyectos de cuadros esta imagen alegórica con don Pelayo abrazando el estandarte46.

No debemos olvidar que la gran profusión que alcanzó la evocación de la Batalla de Covadonga en los periódicos españoles en México se circunscribe de manera muy particular a la década de los 90 del siglo xix. Por el contrario, si nos retrotraemos a los años 80, podemos observar que en este periodo había resultado central el uso de los lenguajes políticos en torno al 2 de mayo, que había tratado de proyectarse en los periódicos de la colectividad como la efeméride fundacional destinada a articular la identidad hispanomexicana, superando de esta manera su referencia como fecha patriótica específicamente española: “La guerra de independencia española será la norma eterna de todas las guerras de la independencia. De nosotros han aprendido a pelear y vencer los pueblos”47 y “la conmemoración de la independencia no nos duele […] No nos ofende, no, el entusiasmo patriótico de los mexicanos. ¿Qué hacen con ello, sino dar testimonio de que corre por sus venas nuestra sangre ardiente?”48

Podemos entonces sostener que, cuando todos los antiguos territorios españoles en América parecen querer completar el proceso de independencia, en clara alusión a los sucesos de Cuba, se puso en marcha un dispositivo retórico destinado a fortalecer la referencia respecto a la Batalla de Covadonga que, frente al énfasis que el 2 de mayo ponía en la cuestión de la independencia, realzaba la idea de la unidad y la lucha frente al invasor. Así, en los años 90 del siglo xix se produjo un desplazamiento de la importancia que se había concedido al 2 de mayo durante la década anterior, en beneficio del 8 de septiembre.

Para fortalecer la hipótesis anterior, podemos observar que en 1895 fue la primera vez que se dedicó la primera página del periódico exclusivamente a la conmemoración de la Batalla de Covadonga, tal y como hasta el año anterior había ocurrido con la celebración de la Guerra de Independencia Española. Además, el 2 de mayo de 1895 fue el primer año que no hubo ninguna alusión a estos sucesos, por las enormes analogías retóricas que presentaba con el conflicto que acababa de estallar en Cuba. En este sentido, podemos sostener que si bien durante los primeros años de la década de los 90 se había llevado a cabo una suerte de ensayo sobre las posibilidades que ofrecía la Reconquista en México, su uso político como síntesis del imaginario en torno a “lo español”, realzando la idea de unidad, se produjo solo tras el estallido de la guerra de Cuba, en febrero de 1895. En esta línea, el 8 de septiembre de ese mismo año se afirmó que “conmemoramos hoy el hecho de armas más glorioso y más importante de cuantos la historia patria cuenta, y cuenta muchos importantes y gloriosos la historia patria”49.

En 1896 la guerra de Cuba se añadió a la lista de épicas y heroicas contiendas españolas que habían comenzado con la Reconquista, donde la unidad resultaba fundamental para salir victoriosos:

A esta situación únense el valor de nuestro ejército, que sin reparar en el clima mortífero de Cuba ni en las prácticas cobardes del enemigo, persigue y derrota en todas partes a las hordas […] Ayer, como hoy, es la misma esforzada madre que reúne bajo transparente manto á sus hijos para vigorizarlos en las virtudes cívicas, en las prácticas guerreras […], con objeto de servir a la causa de la integridad y el honor nacionales50.

Respecto a la celebración de la festividad de Covadonga en el Tívoli del Elíseo, el 11 de septiembre de 1895 El Correo Español editó un suplemento especial para informar sobre el transcurso de las celebraciones. De la gran cantidad de información que contiene este documento, cabe subrayar la referente a la llegada de Porfirio Díaz al lugar del festejo, así como la mención de que “cerca de seis mil invitaciones se repartieron y todas fueron atendidas”. Además se añadía que “no solo puede decirse que en el Tívoli de San Cosme estaba toda nuestra Colonia, sino que la sociedad mejicana probó una vez más la estimación y el agrado que nuestras fiestas les causan […] Jamás el tivoli se vió tan lleno de gente”51.

El fin de la guerra de Cuba significó la pérdida para España de la llamada perla del Caribe, una de sus últimas posesiones coloniales y también una de las más preciadas. En la retórica nacionalista este acontecimiento supuso un quiebre en la lista de glorias patrióticas que cada año eran enlistadas y evocadas en la festividad de Covadonga, la cual era el origen de todas ellas. Aunque en 1898 también se recordó a don Pelayo y la Batalla de Covadonga en El Correo Español, el tono fue muy diferente al de los años anteriores, pues el artículo principal comienza haciendo alusión a la pérdida de Cuba, mientras que el discurso en su conjunto se caracteriza por una cierta abstracción y ambigüedad respecto de los hechos concretos. Sin embargo, estos sucesos no provocaron que el uso político de la Batalla de Covadonga perdiese utilidad en el contexto mexicano pues, paradójicamente, el discurso en torno a la unidad cobró más fuerza, mientras que la Virgen de Covadonga reforzó la personificación de Mater Dolorosa52 que era la nación española (fig. 2):

Ante la Santa Imagen [La Virgen de Covadonga] desaparecen las rivalidades de partidos, las diferencias de ideas, los odios y rencores de sectarios. Ella une los pensamientos, liga las voluntades y confunde las aspiraciones, porque si es para más, la Divina Matrona […], es para todos el símbolo augusto en que se mezclan en tierno y amantísimo consorcio la fe católica, el sentimiento de raza y el amor a la patria53.

Figura 2.

Virgen de Covadonga como símbolo militar. El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1898.

(0,26MB).

En este año negro para los españoles, la fiesta de Covadonga no fue celebrada como en fechas anteriores, pues tan solo se realizó una misa, mientras que se obvió la parte más profana y lúdica de la conmemoración. Sin embargo, el espíritu festivo volvió a retomarse al año siguiente y además la Batalla de Covadonga demostró no haber agotado sus posibilidades discursivas y retóricas a la hora de defender un proyecto político de cara al futuro. Así, en 1899 se recordó la tragedia ocurrida el año anterior, pero a la luz de los acontecimientos protagonizados por don Pelayo, estos sucesos adquirían un tono más esperanzador: “La Media Luna acababa de recorrer triunfante la Península […] solo un milagro podía salvarnos…Ese milagro lo realizó el valor de los hijos de Iberia con el patente auxilio de la Providencia […] Con ser todo esto prodigioso, el mayor milagro estuvo en la perseverancia de siete siglos para realizar el rescate de España”54. Aunque el discurso de esta fecha no contenía una retórica tan patriótica como en fechas anteriores, se estaba presentando un programa político hispanoamericanista, que inducía a presentar la amenaza de la “Media Luna” como una suerte de analogía con los Estados Unidos al cual, a pesar de las adversidades, había que seguir combatiendo. En este sentido, el cambio de siglo puso de relevancia que el futuro era la amenaza estadounidense y que la Batalla de Covadonga, la Reconquista y don Pelayo eran útiles en tanto sirvieran a este objetivo último, al menos en México y en la coyuntura de comienzos de la nueva centuria.

La importancia que la Reconquista y la Batalla de Covadonga alcanzaron como lenguaje político durante la década de los años 90 del siglo xix, se manifestó en la exitosa incorporación de nuevos usos tras los sucesos críticos de 1898. Además, a partir de esta fecha la efeméride se vio fortalecida, al menos desde un punto de vista institucional, pues en el año 1900 fue el ministro plenipotenciario de España en México, el Marqués de Corvera, quien firmó el artículo principal referido a esta conmemoración55. En gran medida, el éxito alcanzado por la Batalla de Covadonga, celebración que se perpetuaría a lo largo del siglo xx, le debe su impulso a la cercanía con la gran celebración mexicana, el 15 de septiembre. Aunque con los años se perdió esta asociación, pues la conmemoración dejó de alargarse hasta esta fecha, en origen resultó fundamental para asimilar la Reconquista y la Batalla de Covadonga con el concepto de independencia en un sentido hispano más amplio que el estrictamente nacional. A este respecto destaca uno de los poemas dedicados a “México y España” en 1900, con motivo de la conmemoración de la Batalla de Covadonga, que había sido reproducido seis años antes en El Correo Español durante la celebración de la independencia mexicana, pero que también contenía claras alusiones al 2 de mayo, por lo que el mensaje resultaba ser adaptable a diversas coyunturas:

¡Nuestra sangre es igual!, que nadie oponga

A nuestra unión calumnias y rencores

¡La plegaria inmortal de Covadonga

Siglos más tarde resonó en Dolores!

La misma es nuestra raza altiva y fiera

Igual nuestro carácter franco y rudo

Aquí, el águila libre, por bandera;

Allá; el león, por símbolo y escudo

[…]

¡Hijos de Zaragoza y de Velarde

Juntos cantemos a Bailén y a Puebla!

[…]

Honor eterno a México, españoles

Honor eterno a España, mexicanos56

Por último, en 1900 se materializó finalmente el discurso que venía practicándose durante los años anteriores, cuando en El Correo Español se afirmó que el 8 de septiembre representaba el aniversario de independencia del pueblo español y la raza latina: “Pocos pueblos ofrecen á la Historia los heroísmos del pueblo español en la lucha por su independencia. Ocho siglos constituyen la epopeya de que debiera enorgullecerse toda la raza latina […] Hoy, en el aniversario de tu independencia […]”57. Además, este año fue retomada la referencia a los niños-héroe de Chapultepec58 que, aunque había aparecido junto a la Batalla de Covadonga al comenzar la década, en los años posteriores había caído en el olvido59. Así, podemos observar cómo en la coyuntura del cambio de siglo vuelve a resultar útil evocar esta conmemoración y recordar la injerencia norteamericana en territorio mexicano, así como la necesidad de unión entre los territorios de cultura común. El año de 1900 representa, por tanto, la culminación de los usos políticos ensayados en torno a la Reconquista y la Batalla de Covadonga durante los años anteriores.

Es importante notar que aunque la Reconquista fue evocada como una suerte de independencia y la Batalla de Covadonga como el comienzo de la misma, estos acontecimientos no recibieron nunca la denominación de Guerra de Independencia. Esto es debido a que ya existía otra fecha con un arraigo demasiado fuerte en España, el 2 de mayo, que impedía el uso político del lenguaje en estos términos. Sin embargo, La Nación Española recogió la petición de un español que pedía que se elevase a las Cortes Españolas una solicitud para que se sancionara el 8 de septiembre en España como día de la Independencia Nacional60. El periódico aplaudía la iniciativa y afirmaba que el 2 de mayo se celebraba cada vez con más sencillez y únicamente en la capital, por lo que distaba mucho de ser nacional. Más allá de lo anecdótico, esta petición muestra el éxito que tuvo la movilización de la opinión pública en torno a la Batalla de Covadonga en la capital mexicana, pero sobre todo es un gran ejemplo de la manera como se resolvieron las aporías que presentaba evocar la Reconquista como unidad e independencia al mismo tiempo.

Finalmente la conmemoración de la Batalla de Covadonga triunfó en México, al menos desde un punto de vista conceptual, en la medida en que fue capaz de articular una serie de imaginarios, tanto contemporáneos como históricos, a ambos lados del Atlántico. Sin embargo, estos usos políticos han de ubicarse también dentro de una dinámica más amplia, en la cual solo hemos puesto el foco sobre una de sus múltiples manifestaciones. En este sentido, la coyuntura más general puede asociarse con lo que Álvarez Junco ha denominado “una identidad en busca de objetivos”61, en alusión a las múltiples exploraciones que el nacionalismo español llevó a cabo para probar las posibilidades de proyección que tenía una vez que el expansionismo colonial dejó de ser una opción. Así, aunque el autor afirma que en España la tendencia hacia el panhispanismo fue de indiferencia e inactividad62, con este trabajo pretendemos contribuir a afirmar que esta es la visión solo desde el centro, que no considera la actividad que tuvo lugar en las periferias políticas y sociales.

Conclusiones

La evocación de la Reconquista en las publicaciones españolas de México fue relativamente tardía, en comparación con su incorporación en España, pues apareció por primera vez en 1889 en El Pabellón Español. Sin embargo, la gran importancia que alcanzó en poco tiempo, a tenor del número de artículos que se le dedicaron en la prensa de la colectividad, ha dado lugar a esta investigación, cuyo objetivo ha sido rescatar los usos políticos del 8 de septiembre durante la década de los 90 del siglo xix. Así, el análisis de los cambios discursivos en torno a la Batalla de Covadonga ha tratado de demostrar cómo esta celebración ofrecía un simbolismo muy interesante para los intereses españoles en México, caracterizados por el deseo de unión entre los territorios de cultura común y el rechazo a la creciente injerencia estadounidense en el conjunto de la región.

Los usos políticos en torno a la Batalla de Covadonga fueron variando a medida que avanzaba la década. Así, mientras que en origen la celebración se caracterizó por una impronta religiosa y militar, que mantendría durante los años siguientes, cabe destacar la noción del alzamiento de don Pelayo como detonante de la primera independencia hispánica, que es lo que otorga a la Reconquista una singularidad propia en el contexto mexicano. Además, la Batalla de Covadonga estableció diálogos con otras efemérides como el grito de Dolores, el 15 de septiembre, y la Batalla de Chapultepec, el 13 de septiembre, donde sin duda la cercanía entre las celebraciones enriqueció el uso político de la Reconquista en México. Por último, tras los sucesos de 1898, la Batalla de Covadonga demostró no haber agotado sus posibilidades discursivas. En este sentido, la necesidad de unión frente a la amenaza estadounidense, así como el énfasis en el deseo de independencia del conjunto de la región hispánica frente al país norteamericano, demostró la enorme versatilidad de este concepto para adaptarse a coyunturas cambiantes y resolver las aporías que en origen contenía.

La incorporación de la Batalla de Covadonga y la Reconquista en la opinión pública de la sociedad mexicana no se debió en exclusiva a los discursos impresos en la prensa de la colectividad, sino que tuvo mucha importancia la fiesta anual celebrada el 8 de septiembre en el Tívoli del Eliseo. En este sentido, fueron los individuos reunidos en torno al Casino Español quienes se encargaron de la celebración de la festividad, tras el patrocinio inicial de don José Toriello Guerra, así como de la organización de una eficiente propaganda que atrajese a la población española y mexicana. Además, garantizaron la presencia de Porfirio Díaz y su esposa durante varios años, gracias a las buenas relaciones del Porfiriato con la colonia española. Estas personalidades se encargaron también de que, con motivo de las fiestas, se acordase cerrar los comercios a las dos de la tarde para que los dependientes, muchos de ellos de origen español, pudiesen acudir a la celebración.

Por tanto, estos individuos fueron, en gran parte, los agentes operativos del hispanoamericanismo en México durante esta época. En este sentido, las iniciativas no estuvieron dirigidas desde un ámbito de poder estatal o gubernamental, sino que fueron llevadas a cabo por la colonia española. Aunque no es posible medir en toda su dimensión el impacto que tuvo la introducción del imaginario de la Reconquista en la sociedad mexicana, a tenor del éxito de asistencia a la celebración de la fiesta de Covadonga, podemos sostener que sin duda se produjo un cambio en la imagen de los españoles en la ciudad de México.

Para finalizar, sería interesante plantear algunas cuestiones, con el objetivo de que este trabajo, además de varias conclusiones, arroje también otras perspectivas y posibles preguntas de cara a futuros estudios. En este sentido, la investigación ha analizado fundamentalmente los usos políticos de la Reconquista y la Batalla de Covadonga al servicio de la creación de una imagen favorable a España en el contexto de la guerra de Cuba, así como también en términos más amplios. Sin embargo, esta iniciativa tuvo posiblemente otras intenciones adicionales. Si tenemos en cuenta que la colectividad española nunca estuvo unida63, aunque así se presentaran los individuos organizados en torno al Casino Español, cabría preguntarse ¿puede estudiarse la Batalla de Covadonga y la Reconquista en México como un llamamiento a la unidad de la colonia?

Adoptar la óptica anterior implica considerar otro aspecto, que remite a la importancia de las colectividades de españoles en el exterior a la hora de hacer frente a los nacionalismos regionales que, en la coyuntura del cambio de siglo, comenzaron a fortalecerse en España. Aunque el asociacionismo español en México no tuvo una base regional hasta un periodo posterior al que nos ocupa64, esto no significa que no hubiese individuos al interior de la colonia que manifestasen simpatías por estas nuevas corrientes fortalecidas tras el trauma del 98. En este sentido, la festividad de Covadonga era en origen una celebración asturiana que fue revitalizada en España como acontecimiento nacional. Esto permitía transmitir el mensaje de que el único movimiento legítimo de Reconquista fue el encabezado por don Pelayo y sus sucesores, mientras que los aportes de Navarra, Aragón y Cataluña eran menospreciados por la historiografía nacional, por lo que se privaba a estas regiones de la posibilidad de construir una historia alternativa reconocida a nivel oficial65. Sin embargo, en relación con esto, en varios números de El Correo Español se puede observar cómo el discurso en torno a la unidad fue en algunas ocasiones proyectado mediante la utilización de la Virgen de Montserrat y Vifredo el Velloso, símbolos de la nación catalana. Pero una investigación más profunda en torno a esta problemática forma parte de un estudio diferente.

Fuentes

Hemerografía

El Centinela Español, México

El Pabellón Español, México

El Correo Español, México

La Nación Española, México

Recursos electrónicos

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María del Mar Gutiérrez Domínguez. Estudiante del Programa de Doctorado en Historia de El Colegio de México, maestra en Historia y Antropología de América por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Su tema de especialidad es el estudio de la comunidad española residente en la ciudad de México y la prensa periódica de esta colectividad, así como también el grupo migratorio español en Buenos Aires; ambos durante el último tercio del siglo xix. Recientemente ha publicado Rafael Calzada: análisis discursivo y liderazgo de la colectividad española en Argentina, en Concepción Navarro Azcue, Gustavo H. Prado y Arrigo Amadori (coords.): Vaivenes del destino: migrantes europeos y latinoamericanos en los espacios atlánticos, siglosxix-xxi, Editorial Polifemo, 2014.

La primera vez que fue empleado el término Reconquista fue en la obra de José Ortiz y Sanz titulada Compendio cronológico de la historia de España, publicada a partir de 1795. Ríos Saloma, 2013, p. 20.

La revisión por pares es responsabilidad de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Este trabajo se ha realizado en el marco de la materia «Formas de política en Hispanoamérica. Siglos XVIII-XIX», que forma parte del Programa de Doctorado en Historia de El Colegio de México (1.er semestre promoción 2015-2018).

Ríos Saloma, 2011, pp. 29-31.

La categoría historiográfica Reconquista ha sido investigada fundamentalmente por Ríos Saloma en varios artículos y publicaciones, como se indica en la bibliografía. De manera mucho más marginal, también se han acercado a este concepto Manzano Moreno y Álvarez Junco. Por último, mucho más centrado en los debates historiográficos en torno a la Reconquista durante el siglo xx, además de Ríos Saloma, cabe mencionar a González Jiménez (2003) y García Fitz (2009).

Entendemos que todo uso del lenguaje es político en la medida en que es utilizado para negociar una serie de posturas o imaginarios sociales y culturales por parte de quien lo emplea, por lo que en este sentido será usado a lo largo del texto.

Siguiendo a Skinner, la comprensión de los textos y los discursos presupone el entendimiento de lo que estos querían significar, por lo que resulta fundamental trazar las relaciones entre estas manifestaciones del lenguaje y su contexto histórico más amplio (Skinner, 2002).

Ríos Saloma, 2013, pp. 20-26.

Es importante resaltar que el nacionalismo español ha obviado explicar con precisión que la Reconquista fue un proceso llevado a cabo por distintas formaciones políticas que, en muchas ocasiones, estuvieron enfrentadas entre sí (Manzano Moreno, 2000, pp. 53-54).

Sepúlveda define el panhispanismo como una de las corrientes conformadoras del hispanoamericanismo que, en oposición al hispanoamericanismo progresista, se caracterizaba por ser defendida desde sectores conservadores. El panhispanismo sería una de las manifestaciones más reconocibles del nacionalismo español y entre sus características se encontraban que “no surgía de pretensiones expansionistas, sino que partía de posiciones defensivas, usando la amenaza exterior como principal causa y origen de la necesidad de asociación supranacional” y que “la importancia del componente religioso […] es fundamental, dado el sentido providencialista de su interpretación histórica” (Sepúlveda Muñoz, 2005, pp. 101-104).

Los orígenes del Casino Español remiten a la época de la intervención francesa, pues la asociación se fundó en 1863. En este sentido, los individuos organizados en torno a la sociedad, quienes pertenecían a la élite de la colectividad española, aplaudieron la llegada de Maximiliano y Carlota, mientras que las reuniones en su sede se caracterizaron por la presencia de importantes individuos del partido conservador. Tras la victoria del liberalismo en México (1867), la orientación conservadora trató de ocultarse bajo una fachada más “modernizante”, de acuerdo con la evolución de la política nacional, pero el perfil de los socios del Casino Español siguió caracterizándose por rasgos conservadores (Gutiérrez Hernández, 2004).

Estas abogaban, a grandes rasgos, por una Cuba española, una Cuba mexicana o la defensa del reconocimiento de la beligerancia cubana. Véase: Muñoz Mata (1999, p. 29).

“La Virgen de Covadonga”, El Pabellón Español, México, 8 de septiembre de 1889.

“Covadonga”, El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1890.

Don José Toriello Guerra (1814-1891) fue un empresario e inversionista español procedente de Llanes (Asturias), por lo que su origen determinó que todos los años ofreciera una fiesta en honor a la patrona de Asturias, que ha sido calificada de “grande, divertida y vistosa”. El éxito de la fiesta fue tan grande que incluso existía una junta de notables para su administración. La figura de Toriello Guerra se encuentra muy ligada al Casino Español, la Sociedad de Beneficencia Española y la Cámara Española de Comercio. Véase: Boletín n.o 7 de la Mapoteca Manuel Orozco y Berra del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, México (SIAP).

A pesar de esta información, la revisión de los números de años anteriores no arroja ninguna información sobre este evento.

Véase: “La batalla de Covadonga. Romance histórico al señor don José Toriello Guerra” en: El Correo Español, México, 14 de septiembre de 1890.

“La Romería de Coapa”, El Correo Español, México, 10 y 11 de septiembre de 1890.

Según Granados García, “Para explicar la hispanofobia en México es muy importante tener en cuenta el perfil del inmigrante español. El primer rasgo que sale a relucir es el posicionamiento que en el mundo comercial, empresarial, banquero y, en general en el mundo del trabajo, adquirieron muchos de los españoles que arribaron a México durante la segunda mitad del siglo XIX” (Granados García, 2005, p. 81).

La Batalla de Chapultepec tuvo lugar el 13 de septiembre de 1847, en el marco de la guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848), que culminó con la pérdida por parte de México de la mitad de su territorio. El combate que tuvo lugar en Chapultepec se hizo famoso por ser uno de los últimos reductos que quedaban sin conquistar en la capital mexicana, cuya defensa fue llevada a cabo por los alumnos del Colegio Militar, ubicado en Chapultepec. Por esta razón, el recuerdo de este combate está muy ligado al reconocimiento del valor demostrado por los llamados niños-héroe, que lucharon contra el ejército profesional estadounidense.

Es importante mencionar que el 12 y el 14 de septiembre del mismo año, fechas en que fue publicado El Correo Español, no hubo ninguna mención a la Batalla de Chapultepec.

“Chapultepec, el 8 de septiembre” en: El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1890.

“Covadonga. Ojeada histórica” en: El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1891.

El primer año que se hace referencia a este evento es en 1893: “Las fiestas de Covadonga”, El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1893.

El Tívoli del Elíseo era un espacio de recreo con restaurante, sala de boliches, cascadas y quioscos de varios tamaños. Se ubicaba en lo que en la actualidad es la esquina de Puente de Alvarado e Insurgentes (Aguilar Ochoa, 2012, p. 110).

Boletín n.o 7 de la Mapoteca Manuel Orozco y Berra del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, México (SIAP).

En este sentido, según Gil Lázaro “Los estatutos de la Junta de Covadonga preveían que los directivos debían ser hombres destacados de la colonia con amplias relaciones dentro y fuera de la misma, debido a que la recaudación de fondos para las fiestas y actos benéficos se basaba en una cuestión de confianza que requería de un conocimiento exhaustivo de la colectividad” (Gil Lázaro, 2015, pp. 132-133).

Las crónicas y los relatos más extensos a este respecto corresponden a los años 1895, 1896 y 1897: “La fiesta del domingo”, El Correo Español, México, 11 de septiembre de 1895 y “Las fiestas de Covadonga”, El Correo Español, México, 10 de septiembre de 1896 y 1897.

“Las fiestas de Covadonga”, El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1893.

Véase: número especial El Correo Español y La Nación, México, 8 de septiembre de 1894 (archivado con el resto de números de El Correo Español)

Es importante mencionar lo conflictivo que resulta utilizar este término y las profundas aporías que presenta, por lo que lo usaremos teniendo en cuenta esto y en la medida en que es ilustrativo de un concepto muy arraigado en la retórica patriótica española. En este sentido, la construcción del 2 de mayo como una Guerra de Independencia obedecía a unos imperativos políticos e ideológicos que necesitaban de una fecha fundacional para ubicar el nacimiento de la España moderna. Los sucesos de aquel día fueron una batalla que tuvo lugar en Madrid contra los ejércitos imperiales napoleónicos, donde participaron grupos de población contrarios a la política de Godoy, que había permitido la entrada de los mismos, pero respecto de la cual muchos “españoles” se habían mostrado partidarios. Además, el mito del 2 de mayo como Guerra de Independencia fue una construcción posterior al conflicto bélico que se libró entre 1808 y 1814, vinculado a la llegada al poder del proyecto liberal, a finales de los años 30 del siglo xix (Demange, 2004, p. 75). A este respecto, véase también: Álvarez Junco (1994, 2001) y García Cárcel (2007).

“México y España”, El Correo Español, México, 16 de septiembre de 1894.

“Las fiestas de Covadonga”, El Correo Español, México, 10 de septiembre de 1895.

“Pelayo”, La Nación Española, México, 8 de septiembre de 1900.

Barón, 2007, p. 154.

“La Guerra de la Independencia Española”, El Centinela Español, México, 2 de mayo de 1882

“La fiesta nacional”, El Pabellón Español, México, 16 de septiembre de 1885.

“8 de septiembre”, El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1895.

“8 de septiembre”, El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1896.

“La fiesta del domingo”, El Correo Español, México, 11 de septiembre de 1895.

Alusión al título de la obra homónima de Álvarez Junco, que refleja la idea que se construyó de España a lo largo del siglo xix: “Quienes piensan en España la imaginan con frecuencia como madre plañidera, en un ambiente enlutado. Aunque también en términos grandiosos, lo cual no era incompatible. […] Era, en definitiva, una transposición de la tradicional Mater Dolorosa del imaginario católico”, esto implicaba pensar a España como una madre sufridora y doliente, pero luchadora al fin (Álvarez Junco, 2001, p. 568).

“Covadonga”, El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1898.

“El 8 de septiembre. Covadonga”, El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1899.

“Covadonga”, El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1900.

“México y España”, El Correo Español, México, 16 de septiembre de 1894 y “México y España”, El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1900.

“8 de septiembre” en: El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1900.

Véase: “La ceremonia de Chapultepec”, El Correo Español, México, 6 de septiembre de 1900 y “Los niños héroes de Chapultepec”, El Correo Español, México, 8 de septiembre de 1900.

Cabe destacar únicamente alguna mención a la Batalla de Chapultepec durante este periodo en 1893, cuando se transcribió el discurso pronunciado por el Diputado Coronel Francisco Romero en Chapultepec, realizado el 8 de septiembre; así como un artículo muy breve en 1894 dedicado a la defensa de Chapultepec. Véase: El Correo Español, México, 13 de septiembre de 1893 y 8 de septiembre de 1894.

“La fiesta de Covadonga”, La Nación Española, México, 25 de septiembre de 1900.

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