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Vol. 38. Núm. 8.
Páginas 400-401 (Octubre 2020)
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Larva visceral migrans secundaria a Toxocara en paciente anciano
Visceral larva migrans due to Toxocara in elderly patient
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Joaquín Bernardo-Cofiñoa,
Autor para correspondencia
joaquin.bercof@gmail.com

Autor para correspondencia.
, Rafael Gómez-Illánb, Luis Riera-Lavillac, Fidel Asensio-Fierroa
a Servicio de Medicina Interna, Centro Médico de Asturias, Oviedo, España
b Servicio de Radiodiagnóstico, Centro Médico de Asturias, Oviedo, España
c Servicio de Cirugía General, Centro Médico de Asturias, Oviedo, España
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El absceso hepático es una enfermedad infrecuente cuya incidencia oscila según series y áreas geográficas entre 2 y 20 casos por cada 100.000 ingresos hospitalarios1. En nuestro medio, la etiología más frecuente es bacteriana2, siendo relativamente habitual la polibacteriana, y representa el 13% de todos los abscesos viscerales.

Presentamos el caso de un varón de 78 años con antecedentes de hipertensión, dislipidemia y glucemia basal alterada con bypass aorto-coronario previo. En las semanas previas y sin clara relación temporal con la realización de colonoscopia, presentaba febrícula, adelgazamiento y omalgia derecha. Tras sucesivas pruebas (escáner [TC] torácico y abdominal) es finalmente hospitalizado en el Servicio de Cirugía General al documentarse una lesión subcapsular hepática a nivel de cúpula (segmento IV-A), tomográficamente mal definida a pesar de contraste, ovalada y con un tamaño de 56 mm de diámetro máximo. Se demostraba asimismo conexión con una colección lobulada de paredes hipercaptantes entre hemidiafragma anterior y superficie diafragmática. La analítica de ingreso demostró leucocitosis con desviación izquierda, un estudio de coagulación normal y bioquímica con modesta elevación de fosfatasa alcalina (147 U/l para un rango 38-126) con reactantes de fase aguda elevados. Se indicó intervención emergente para limpieza diafragmática y drenaje, obteniéndose material de consistencia firme y aspecto no tumoral o piógeno, solicitándose ante el mismo valoración por parte del Servicio de Medicina Interna.

El cultivo del material obtenido resultó estéril, así como los hemocultivos, los estudios de heces y del material obtenido a través del drenaje poscirugía; todas las determinaciones de autoinmunidad fueron negativas. La anatomía patológica de la lesión reveló inflamación con células plasmáticas, eosinófilos, colangitis y presencia de granulomas, a tenor de lo cual se indicó una amplia batería serológica (sucesivamente Toxocara spp., Trichinella spiralis, Fasciola hepatica, Echinococcus granulosus, Enthamoeba histolytica, Anisakis y Toxoplasma), que demostró positividad para Toxocara mediante ELISA. Finalmente, una resonancia magnética (RM) hepática específica demostró una lesión ovalada hiperintensa en secuencia T13 sin contraste intravenoso y un trayecto fistuloso de carácter inflamatorio en secuencia T2 coincidiendo con el trayecto del drenaje poscirugía (fig. 1). Los niveles de inmunoglobulina E se solicitaron una única vez tras iniciar el tratamiento esteroideo y resultaron normales, mientras que seriar la serología de Toxocara no se consideró de interés. El fondo de ojo resultó normal.

Figura 1.

RM hepática: la imagen de la izquierda muestra una lesión característicamente hiperintensa en secuencia T1 sin contraste intravenoso. A la derecha se aprecia en secuencia T2 el absceso con la fístula posdrenaje.

(0,11MB).

Varios rasgos llevaron a sospechar un origen parasitario. Desde el punto de vista clínico, el paciente se encontraba paucisintomático, con una alteración muy modesta de pruebas de función hepática4,5 y sin eosinofilia6 objetivada evolutivamente7. Convivía de forma intermitente con un perro y existen antecedentes epidemiológicos potenciales sobre el consumo de hígado de vaca y cerdo, así como productos de matanza de origen porcino en un contexto social. Considerando las pruebas de imagen, el aspecto ovalado y con cápsula mal definida tanto en la TC como en la RM son compatibles con larva visceral migrans, resultando característica la hiperintensidad en la secuencia T1 de la RM3. Si bien su tamaño habitual ronda el centímetro8, se han descrito lesiones de mayor tamaño y aspecto quístico por confluencia9 atendiendo a la migración del parásito a través del parénquima hepático. Considerando la información histológica, aquella descartó neoplasia biliar o hepática, cirrosis biliar primaria o enfermedad por IgG4. La disposición de los eosinófilos, histiocitos y células plasmáticas invita a sospechar un origen parasitario, si bien encontrar larvas en tales lesiones resulta excepcional9 atendiendo a su corto ciclo vital —apenas unas semanas. Finalmente, el aspecto inflamatorio del trayecto fistuloso originado a partir del drenaje quirúrgico puede sustentar la sospecha de parasitosis al dejar aquellos un reguero de proteínas glicosiladas a su paso10. Por todo ello, consideramos anecdótica la realización de colonoscopia unas semanas antes.

Atendiendo a nuestra falta de experiencia, el paciente recibió tratamiento con albendazol durante varios meses junto con esteroides en pauta descendente, con evolución clínica favorable: 3años después de finalizar el tratamiento presenta una lesión residual en su RM y se mantiene asintomático.

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Copyright © 2020. Elsevier España, S.L.U. and Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica
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