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Vol. 48. Núm. C.
Páginas 112-134 (Enero 2013)
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Vol. 48. Núm. C.
Páginas 112-134 (Enero 2013)
DOI: 10.1016/S0188-9478(16)30091-3
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Sexo casual entre jóvenes. Percepciones sobre las prácticas sexuales entre universitarios/as
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Víctor Hugo Ramírez García, Florence Chirié, Karely Góngora García, Félix Camacho Moya1
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El momento erótico es aquel que en la vida se manifiesta con mayor fuerza en la intensidad agradable. El placer es el presente saciado.

Pascal Quignard

Pensar en la permanencia de las cosas es pensar en el instante petrificado, pensar en la permanencia de las relaciones humanas es huir del hábito desleal del pensamiento deambulante. La cultura occidental ha forjado, a través de siglos de tradiciones y costumbres, formas ideales de relacionarnos, modelos de comportamiento enmarcados en una jerarquía de valores que compartimos como civilización occidental. Con el paso del tiempo, estos modelos se cuestionan, se desdicen, se fragmentan: el tiempo los abandona y todos nosotros los rehacemos, los reformulamos y reinventamos. En el presente texto, discutimos las prácticas de sexo ocasional entre jóvenes universitarios/as mexicanos/ as, prácticas que cuestionan las nociones tradicionales de una de las formas ideales de vincularnos: la relación estable o formal entre dos personas que han considerado inherentes nociones como la virginidad, la monogamia y la fidelidad.

Ya han pasado décadas desde la llamada revolución sexual del siglo xx durante los años 60. Hoy podemos encontrar preservativos en cualquier esquina y pastillas del día siguiente en cualquier súper; podemos acceder al procedimiento de interrupción del embarazo en el Distrito Federal sin mayores contratiempos económicos ni administrativos; los jóvenes podemos llevar a cabo prácticas sexuales de diferente manera a las de antaño. Estas prácticas sexuales se enmarcan en sistemas de percepciones que son cambiantes, que son discontinuos y polimorfos.

El objetivo de este texto es desentrañar el mosaico de nociones y percepciones respecto a las prácticas sexuales de los/as jóvenes, en concreto de jóvenes mexicanos / as universitarios /as de la unam en la ciudad de México. Partimos de una premisa básica sobre la sexualidad: es el campo donde confluyen factores biológicos, psíquicos, sociales y políticos que configuran las distintas realidades de dichos/as jóvenes y de todos/as respecto a las prácticas sexuales. Partimos, a la vez, del reconocimiento del contexto en el que se desarrolla nuestra investigación; es decir, de sujetos en una cultura occidental, católica y machista como es la mexicana, pero que también son conscientes de los contrastes que la ciudad de México revela en cuanto a laicidad y posturas críticas en la población respecto a múltiples temas. De tal forma, nos preguntamos: ¿cómo viven los y las jóvenes universitarios/ as su sexualidad? ¿Tienen ya una vida sexual activa? ¿Cómo significan sus prácticas y cómo desarrollan nociones respecto a dichas prácticas? ¿Qué discursos esgrimen para hacer inteligible su vida sexual? ¿Sustentan valores tradicionales como la virginidad y la fidelidad?

Por ejemplo, Jeffrey Weeks habla de una nueva revolución sexual “en la que masculinidad-feminidad, la normalidad-anormalidad y la naturaleza de la vida íntima se están viendo sujetas a profundas transformaciones” (Weeks 2002). Otros autores han buscado nuevas categorías de análisis para las nuevas pautas de comportamiento sexual entre las nuevas generaciones. Una de ellas es la de “permisividad”, que nos refiere a:

[...] una actitud flexible ante las diversas prácticas sexuales, en presencia o ausencia de vinculación afectiva, cuya finalidad es la satisfacción, y que está influida por factores personales —moral, autoconcepto—, culturales —religión, usos y costumbres— y sociales —familia, grupo de pares, comunidad— (Cañizo 2010: 288).

En su obra La transformación de la intimidad, Anthony Giddens postula la existencia de una sexualidad plástica. Es decir, parece que hay un consenso al afirmar que la existencia y desarrollo de las prácticas sexuales en las sociedades se han separado paulatinamente de los fines reproductivos que la tradición occidental les asignaba.

Metodología

En la presente investigación se analizan las nociones y percepciones de jóvenes universitarios/as de la unam, en concreto de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (en adelante fcpys). Se han utilizado dos metodologías complementarias. Por un lado, se realizaron entrevistas estructuradas a siete estudiantes de dicha facultad, en Ciudad Universitaria en el Distrito Federal, y cuyos requerimientos principales fueron: estar registrado/a como estudiante regular en la fcpys, tener entre 18 y 25 años y contar con credencial vigente de la Facultad. Por otra parte, se realizó una encuesta a diferentes estudiantes de dicha Facultad;2 en total se aplicaron 183 cuestionarios respondidos por 100 mujeres (54.6% del total) y 83 hombres (45.3% del total) con las mismas características que en las entrevistas. El análisis que presentamos posee, entonces, dos vertientes: la cuantitativa y la cualitativa, para así enriquecer el estudio y análisis del presente trabajo.

Se entiende por sexo casual en esta investigación a la(s) práctica(s) de carácter sexual entre dos sujetos que no mantienen ningún tipo de lazo afectivo o emocional. En muchas ocasiones, estas prácticas ocurren la primera vez que se conocen. Entre estas prácticas puede haber coito, sexo oral y faje —frotamiento entre dos cuerpos y tocamiento de las partes del cuerpo de la otra persona—.

“Se ha discutido abrir la relación”

En la actualidad, uno de los cambios más relevantes en la cultura de los jóvenes es su nivel de acceso a información sobre el sexo y la salud sexual, así como una actividad sexual cada vez más constante y que inicia cada vez más temprano. Existe una diferencia entre las prácticas sexuales que pueden tener dos personas que mantienen una relación formal de noviazgo y las que establecen dos personas que no mantienen ningún lazo afectivo, pues muchas veces ni siquiera se conocen. Hemos partido de indagar si los jóvenes distinguen diferencias entre ambas. Bruno es un joven que dice preferir las relaciones formales; en su discurso parece distinguir claramente una “relación formal” de una “relación casual”. En sus relaciones, él busca:

[...] crear vínculos afectivos con una persona de manera prolongada y con perspectivas al futuro. Pues, para diferenciarlo de relaciones de pareja casuales... Actualmente tengo una relación. Teóricamente se ha discutido dentro de la relación la posibilidad de abrir la relación de alguna u otra manera, pero en la práctica finalmente funciona como las relaciones típicas.

Parece contraponer la idea de “abrir la relación” a la idea de “relaciones típicas”, lo que revela que en él existe una distinción casi de oposición entre ambas. Nótese a su vez el hecho de que “se ha discutido” el tema; es decir, que existe hoy en día, en algunas relaciones, la posibilidad de hablar sobre el tema y colocarlo como punto de discusión y diálogo. Aunque afirma no oponerse a la existencia de las “relaciones casuales”, como él las llama, no parece estar abierto a llevarlas a cabo:

No me opongo, pero en la práctica me parezco más a un romántico tradicional que ve las relaciones sexuales como derivación de las relaciones de pareja pensadas hacia el futuro, con enamoramiento, como vínculos prologados con otro ser humano. No son así necesariamente, por eso en la práctica es como si fueran relaciones amorales, pero viendo a otras personas cómo las llevan a cabo parecen ser de ese tipo.

Bruno distingue entre lo inmoral y lo amoral. Para él, este último es el calificativo que otorgaría a las prácticas sexuales casuales. Niega haber tenido sexo casual alguna vez; sin embargo, él considera que este tipo de prácticas “han aumentado y tienen un papel sumamente importante para las personas jóvenes”. Entre las razones por las que no tendría una relación casual, él concede gran parte de ello a su formación y educación.

“Era importante que la mujer no fuera fácil

La virginidad ha sido un valor relevante para muchas culturas. En la mexicana aún existe en ciertas partes del país un resguardo y protección de la virginidad de las mujeres solteras como el sumo valor que les otorga la legitimidad misma de su existencia. Sin embargo, la independencia y libertad del propio cuerpo que han abanderado los movimientos feministas ha permeado en ciertas esferas de las ciudades.

A la pregunta formulada en la encuesta, “¿Crees que para muchos jóvenes de tu edad es importante que su pareja sea virgen?”, 50.6% de los hombres respondió que está “en desacuerdo” o “muy en desacuerdo”,3 y 12% de ellos está “muy de acuerdo” o “de acuerdo”. A la misma pregunta, 59% de las mujeres respondieron estar “en desacuerdo” o “muy en desacuerdo”, y solo 11% de ellas está “de acuerdo”. Observamos que casi seis de cada diez mujeres parecen no otorgar valor a la virginidad, mientras que, tanto para hombres como para mujeres, la cifra sobre la valoración de la virginidad como importante es muy parecida (11% y 12%).

Cuando preguntamos en las entrevistas, “Cuando comenzaste la relación con tu actual pareja, ¿era importante la virginidad?”, Bruno nos responde:

B: Sí era importante, pero hay que considerar que la relación de la que estoy hablando comenzó hace muchos, muchos años. Entonces era bastante pequeño y en ese momento sí lo consideraba como un aspecto importante; creo que cuando comenzó, porque a lo largo de la relación obviamente fue perdiendo importancia y, en realidad, nunca me pareció un elemento tan fundamental.

E: ¿Por qué era importante?

B: Porque era muy joven y obviamente está implícito en mi formación y toda la educación que me llevó a ver la relaciones de pareja de una manera.

La respuesta de Carlos ante la misma pregunta es parecida:

E: ¿Cuando comenzaste la relación era importante la virginidad de tu pareja?

C: Sí.

E: ¿Por qué era importante?

C: Porque manifestaba los ideales machistas judeo-cristianos propios del hombre del siglo xx. Era importante que [la mujer] no fuera fácil.

E: O sea, en la actualidad, ¿ya no es importante para ti?

C: Sí, también lo sigue siendo.

E: ¿Sigues siendo machista?

C: Sí.

A la pregunta de la encuesta “¿Qué tan de acuerdo estás con que una mujer pierde valor cuando ya no es virgen?”, solo 3.6% de los hombres estuvo “de acuerdo” o “muy de acuerdo”, y 3% de las mujeres dijo estar “muy de acuerdo” o “de acuerdo”. En contraste con la pregunta de la encuesta, “¿Qué tan de acuerdo estás con que un hombre pierde valor cuando ya no es virgen?”, ni una sola mujer (0%) estuvo de acuerdo; es decir, que existe 3% de las mujeres que consideran que una mujer sí pierde valor cuando ya no es virgen, pero todas consideran que un hombre no pierde valor por dejar de ser serlo.

“Depende del acuerdo que se tenga”

Una constante entre las respuestas encontradas en las entrevistas es el diálogo como base para generar acuerdos en una relación. Al parecer, existe la posibilidad de que se hable en las relaciones del tema de la “apertura”. El establecimiento de reglas no escritas, pero discutidas, es algo a lo que se refieren todos los informantes. En las entrevistas, los/as informantes utilizan tres palabras para designar dicho convenio: diálogo, acuerdo y compromiso. Las tres suponen espacios de negociación entre las partes. Si bien es cierto que no sabemos en qué condiciones se realicen dichas negociaciones o qué asimetrías de poder se advierten, el establecimiento de estas reglas no escritas es fundamental para ambas partes: establece su rango de acción en la vida cotidiana y delinea fronteras que pueden o no cruzar dependiendo de las cláusulas que se deciden muchas veces en el instante en que se presentan las situaciones. Andrea, por ejemplo, apela a la salud como límite:

E: ¿Consideras que las relaciones sexuales deben ser exclusivas con tu pareja o deben de tener mayor libertad?

A: Depende del acuerdo que se tenga. Yo tengo un acuerdo con mi pareja en el que no es posible, por cuestiones de salud.

Dialogar permite, independientemente de quién gane la discusión, el establecimiento de una plataforma de igualdad, aunque sea momentánea, entre dos fuentes del habla. Los resultados de dicho diálogo serán aceptados tanto por una parte como por la otra. A la pregunta de la encuesta,”¿Qué piensas de una persona que tiene sexo casual con otra persona que no es su pareja?”, 19.3% de los hombres contestaron que ”está bien”, 26.5% que ”no está ni bien ni mal”, 12% que ”está mal” y 42.2% que “depende del tipo de acuerdo en la relación”. Por su parte, 11% de las mujeres piensa que ”está bien”, 34% considera que ”no está ni bien ni mal”, 15% que ”está mal” y 40% que ”depende del tipo de acuerdo en la relación”. Esto quiere decir que, del total de encuestados/as, 30.6% piensa que tener sexo casual con otra persona que no es su pareja ”no está ni bien ni mal”, y 41% que ”depende del tipo de acuerdo en la relación”. Si sumamos las respuestas ”no está ni bien ni mal” con ”depende del tipo de acuerdo en la relación”, obtenemos 70.6%. Por lo que puede observarse, existe en la mayoría de encuestados/as una postura relativista respecto a la posibilidad de tener sexo casual, independientemente de si se encuentra alguien en una relación o no, ello garantizado por la variable del ”tipo de acuerdo”. Esto se contrapone a una postura tradicional que le asigna un valor negativo al acto mencionado, y que se refleja en solo 12% de los hombres y 15% de las mujeres.

No obstante la apertura de las relaciones y la postura relativista que revelan los resultados de la pregunta anterior de la encuesta, los universitarios encuestados parecen contradecirse con los resultados de la siguiente pregunta: ”¿Consideras correcto que una persona termine su relación si su pareja tiene sexo casual con otra persona?”. En este caso, 55.4% de los hombres respondió que sí era correcto terminar la relación y 20.5% que no. Por su parte, 53.6% de las mujeres respondió que sí era correcto y 18% que no. Es decir, la mayoría de los/as informantes no están dispuestos a continuar su relación en caso que su pareja haya tenido sexo casual con alguien más. Por ejemplo, Erick afirma que la monogamia no fue un valor preponderante del acuerdo: “Jamás nos comprometimos a la monogamia, ninguno lo exigió al otro, ni hubo la necesidad; fue un acuerdo. Por tanto, no me considero un fiel, pero tampoco tengo un remordimiento”.

Andrea y Diana apelan a la idea de una transición entre una relación que comienza como libre a una formal. Existe una inversión de los factores que anteriormente se consideraban como pasos sucesivos lógicos de una relación: 1. encuentro entre dos sujetos →2. acuerdo de relación formal entre ambos → 3. formalización del compromiso ante actores sociales [llámese matrimonio en muchas sociedades] → 4. relación sexual. Actualmente, el orden de los factores parece no coincidir con dicha ecuación social de antaño:

Diana: Al principio, cuando empezamos a salir, era como algo muy casual. Era una relación casual que no pretendía llegar a más. No pretendíamos ser novios. Era como de lo mismo: sexo nada más. Y como a los tres meses empezamos a ser novios. Salíamos rara vez para eso, ninguno de los dos queríamos ser novios y salíamos así nada más para tener sexo y cosas así, y ya hasta después fuimos novios.

La temporalidad funge entonces como eje de distinción entre una relación casual y una formal. Esto es, a medida que avanza el tiempo en que dos personas salen, la relación adquiere otra condición. Pero ¿cuáles son las otras características que diferencian a un tipo de relación de otro? ¿Cómo perciben estos/as jóvenes las líneas entre una situación y la otra? ¿Existe otro factor diferenciador que otorgue distintas prerrogativas a cada participante de la relación? Los/as informantes afirman que sí, y es el binomio “razón/sentimientos” o “emociones/impulsos” al que hacen referencia, donde la razón reside en la capacidad de manejar una situación de intercambio sexual sin que interfieran nociones afectivas del ánimo en el acto mismo del intercambio sexual. Pero, ¿es posible dicha separación a la que hacen referencia? Y si lo es, ¿cómo logran distinguirla y desarrollarla?

A la pregunta de la encuesta, “¿Crees que a través del sexo casual las personas pueden desarrollar vínculos emocionales?”, 63.9% de los hombres afirmó que sí es posible y 21.7% que no lo es. Por su parte, 65% de las mujeres dice que sí es posible y 15% que no. Es decir, casi siete personas de cada diez afirmaron que existe la posibilidad de desarrollar vínculos emocionales a partir de un encuentro sexual. De este 64.5% que respondió que sí, siguió la pregunta derivada, “Si tu respuesta fue ’sí’, ¿cuál crees que podría ser?”, a lo que 10.3% de los hombres dijo que “amistad”, 34.5% de ellos que “enamoramiento”, 27.6% que “sexfriends4 y 24.1% que “todos los anteriores”. Por su parte, 10.4% de las mujeres dijo que “amistad”, 34.3% que “enamoramiento”, 25.4% que “sexfriends” y 26.9% que “todos los anteriores”. La cifra sobre la respuesta “enamoramiento” fue muy similar entre ambos sexos; es decir, es posible observar que una persona de cada tres asevera que el vínculo que puede devenir de un encuentro sexual casual es el enamoramiento.

“Uno decide a quién amar y cuánto amar”

Ante la pregunta expresa en las entrevistas, “¿Crees que es posible establecer lazos afectivos con una persona después de haber tenido sexo casual?”, las respuestas parecen apuntar a lo relativo y particular de cada situación. Carlos y Andrea, por ejemplo, creen que sí es posible establecer lazos emocionales. Por su parte, Bruno afirma que depende de varios factores, pero concede el beneficio de la duda.

En cambio, Diana asevera que se encuentra dentro de la capacidad de decisión de las personas:

Uno decide a quién amar y cuánto amar. Uno es capaz de decidirlo... Yo soy dueña de mí misma, entonces yo puedo decidir hasta dónde quiero llegar y cómo... Cada quien es dueño de su cuerpo y de su personalidad, y puede decidir qué es lo que quiere hacer con ella y cómo lo puede hacer.

Según las declaraciones de Diana, pareciera que existe una racionalidad subsistente bajo las prácticas sexuales, una especie de medición o parámetro que sirve para evaluar a la otra persona en tanto “lo que yo deseo de la misma y puede o no ser satisfecho”. Diana habla también del enamoramiento:

Es como eso que se dice de los “orgasmos del corazón”. Cuando estás enamorado, tienes también tu orgasmo del corazón. Pero también cuando tienes sexo, tienes un orgasmo simplemente por placer. ¡Así es! Es nuestra naturaleza instintiva. Sí siento que se desnuda el alma y es como una conexión especial.

Diana utiliza esta figura retórica del corazón para aludir al espectro humano de los sentimientos y lo separa del placer; más adelante, lo relaciona con la distinción entre noviazgo y sexo casual. Para ella, es clara esta distinción y el objetivo de cada una: “Cuando es sexo casual nada más busco ese placer para mí. Y cuando es más noviazgo empiezo a ver por el otro”. Nos cuesta imaginar esta declaración en una mujer de hace medio siglo, y se nos hace casi imposible imaginarla en una mujer de hace un siglo. Quizá el discurso feminista haya permeado más de lo que se cree en las generaciones posteriores a la llamada revolución sexual. Esta reivindicación del placer egoísta (atendiendo a la connotación del ego más que la connotación axiológica entre bueno y malo) por parte de una mujer es prueba de un sistema de valores posmoderno y hedonista.

No obstante esta reivindicación del placer sexual por las jóvenes universitarias, todavía muchas de ellas enfrentan el estigma de la puta o de la fácil. Los resultados de la pregunta 6 de la encuesta muestran el efecto que produce la vindicación de la capacidad de poder tener un determinado número de parejas sexuales. Esta se formuló de la siguiente manera: “¿Qué tan de acuerdo o en desacuerdo estás tú respecto a la opinión sobre que el número de parejas sexuales que tiene una persona afecta su imagen?”. En este caso, 43.4% de los hombres dijo estar “en desacuerdo” o “muy en desacuerdo”, mientras que 21.7% de ellos está “de acuerdo” o “muy de acuerdo”. Por su parte, 44% de las mujeres dijo estar “en desacuerdo” o “muy en desacuerdo” mientras que 24% de ellas está “de acuerdo” o “muy de acuerdo”. Las cifras de ambos sexos son parecidas, lo que significa que casi tres de cada diez encuestados creen que el número de parejas sexuales de una persona tiene una repercusión negativa en su imagen. A pesar de ello, los universitarios parecen restarle importancia a la imagen que deja el primer acercamiento en el sexo casual, pues al preguntar en la encuesta “¿Consideras que la persona que da el primer paso en el sexo casual es más promiscua?”, 68.7% de los hombres dijo que “no” y 14.5% que “sí”, mientras que 73% de las mujeres dijo que “no” y 9% dijo que “sí”. Este último resultado disocia la promiscuidad de la repercusión negativa de la imagen que deja el primer acercamiento en un contexto de sexo casual. Habría que estudiar más a fondo cuáles son las repercusiones negativas que ellos advierten para su imagen.

“Cada quien tiene su forma de ver la fidelidad”

Sin embargo, a pesar de la reivindicación del placer sexual por parte de algunas mujeres, el machismo cultural en los hombres continúa permeando las nociones sobre las relaciones entre los sexos. Para Carlos, por ejemplo, todavía es importante la virginidad, e incluso él se dice machista. Ante la pregunta, “¿Consideras que es correcto o incorrecto realizar este tipo de prácticas?”, en alusión al sexo casual, él responde: “En términos maniqueos, sí considero incorrecto, porque da pie a una infidelidad y es incorrecto para el buen funcionamiento de una relación sana”. Carlos cree en la exclusividad sexual y le otorga un valor relevante en sus relaciones; crea un vínculo entre la salud de una relación y la fidelidad. La breve frase de Carlos nos conduce a varias cuestiones relevantes. Por ejemplo, ¿cómo perciben los jóvenes practicantes del sexo casual el valor de la fidelidad? ¿Es compatible o no para las relaciones entre parejas dicho valor con la práctica del sexo casual? ¿Es posible la infidelidad en un acuerdo libre entre dos partes que no poseen una relación formal? La cuestión de la fidelidad sexual como premisa básica y fundacional de las relaciones entre dos personas —tradicionalmente hombre y mujer en la cultura occidental— ha sido una preocupación centenaria para el sistema patriarcal. De ella derivó la fidelidad, de parte de las mujeres, como condición sine qua non de todo contrato conyugal y familiar. ¿Cómo ha cambiado el valor de la exclusividad sexual en las sociedades contemporáneas? Diana explica cómo la confianza ha adquirido más valor para ella y su pareja:

Él [su pareja] y yo creemos que la monogamia no se puede porque pues es como... bueno él y yo detectamos que tenemos ciertas necesidades. Nos queremos mucho y todo pero tenemos otras necesidades. Que yo vea otra persona que me parezca guapa, no quiere decir que lo voy a querer menos. Y él, estando con otra mujer, no quiere decir que me va a querer menos. Pues no sé, platicándolo llegamos a ese acuerdo y debemos de tener la confianza de no mentirnos y hablarnos con la verdad siempre. No nos prohibimos nada.

Aunque no nos dice cuáles son las necesidades a las que se refiere, ella relaciona la noción de prohibición a la de monogamia. La monogamia, vocablo cuyas raíces griegas son mono —uno— y gamos —unión conyugal—, estuvo referida desde antaño al límite que prohibía al hombre la posesión de más de una esposa —no así de concubinas o prostitutas—; es decir, era un límite para el hombre, un límite de propiedad. Lo que Diana afirma es que ese límite existe hoy como una línea ambigua, flexible, tenue, y que la fuente del permiso ahora es bidireccional; ella le permite a él estar con otras mujeres, mientras que él le permite a ella estar con otros hombres. Diana no desdeña el valor de la fidelidad en una relación; sin embrago, lo relativiza:

La fidelidad es lo más importante, pero cada quien tiene su forma de ver la fidelidad. Por ejemplo, yo estoy en una relación abierta y te puedo decir que le soy fiel. O sea, como que cada quien tiene su percepción de fidelidad. ¿Y sí es una relación de pareja? Pues yo creo que sí, porque ya son dos personas que se tienen que respetar; se tienen que respetar los acuerdos de pareja. Es fundamental, sea abierta o cerrada.

Como cada época y cada lugar en la historia, las sociedades organizan sus sistemas de valores de formas distintas, dependiendo de múltiples variables y condiciones causales. Dichos sistemas de valores desarrollan estructuras que no siempre poseen una coherencia interna o una correlación externa con la acción de los individuos que están sometidos a dicho ordenamiento axiológico. Diana afirma ya no creer en el matrimonio, pero sí en formar una familia. En este caso, el valor de familia ha empezado a separarse del de matrimonio. Erick afirma que, para él, el valor de la honestidad posee mayor significación que el de fidelidad en una relación. Cuando se le pregunta si para él es importante la fidelidad, responde: “yo pienso que es más importante la honestidad. Mientras exista comunicación frecuente y franca entre la pareja, existirá confianza para saber discernir entre meros impulsos sexuales o deseos de cambiar de pareja”. Para él, la restricción que implica la monogamia y la fidelidad sexual priva a las personas de experimentar:

E: ¿Qué piensas de las personas que tienen sexo casual?

Erick: Que son practicantes de una vida más abierta y más placentera. Siempre y cuando se protejan adecuadamente... Si nos privamos, encasillándonos en los brazos de una única persona, nos quedaremos sin experimentar millones de vivencias y sabores, y nos perderemos de aprendizajes que tanto sirven en la cama. Hay cosas que tenemos que aprender allá afuera, con las personas que sea.

Brechas de género

La sexualidad es una configuración compleja donde intervienen condiciones sociales no tan abiertas como algunos/as jóvenes universitarios señalan. Otros/as, por su parte, subrayan la relación de poder que puede generarse entre un hombre y una mujer en la práctica del sexo ocasional. Acentuar la connotación social de esa práctica y las consecuencias personales que implican a largo plazo —no siempre positivas— es advertir las aristas de un fenómeno más complejo de lo que parece. Hay quienes afirman que la práctica del sexo casual es un arma de doble filo, tanto para el hombre como para la mujer. Daniela asimila la liberación sexual a la independencia de la mujer. Por independencia, ella entiende un cierto desapego sentimental: “esa idea de disfrutar solamente el sexo puede ser como un sinónimo de liberación, pues, de independencia, de ’yo no me involucro’, sentimentalmente o no”. Sin embargo, su visión de la independencia de la mujer no abarca la independencia económica —tener sus propios recursos— o la independencia física —valorar y cuidar su cuerpo, y sentirse dueña de este—. Daniela afirma que el hecho de tener relaciones sexuales sin apego sentimental puede estar de moda entre los jóvenes, y puede ser sinónimo de un cierto estatus social:

No sé si mi generación, o todas las generaciones, o particularmente la mía... Desde que estás en la secundaria o en la prepa, está presente, ¿no? O sea, con esto de ”¡ay ya, dale un beso! ¡Ay no pasa nada!” o ”¿ya fajaste con él? ¡Ay es que estás chiquita!”, ¿sabes? como una idea de, como quiénes son las chicas que, no sé, en la secundaria o en la prepa, lo hacían y eran como las que eran... como más populares, las que salían con más personas, y tenían un estatus distinto ¿no?, y No sé, o sea, como que un tiempo incluso había como una moda, como ”¡Ah, está bien!”.

Se agrega la búsqueda de estatus social como un factor más en las condiciones causales de la práctica del sexo casual, como parte de la socialización entre algunas mujeres desde la adolescencia. La consecuencia simbólica de esta práctica sin duda influye en las decisiones de las mujeres jóvenes sobre tener sexo de manera casual, independientemente de su deseo físico o de sus verdaderas ganas. Lo relevante en el discurso de Daniela es que ella habla de un distanciamiento con la práctica del sexo ocasional al haberlo experimentado frecuentemente. Tras sus experiencias, ella cuestionó sus sensaciones físicas interpretándolas como mentales, y llegó a la conclusión de que esa práctica no la satisfacía, e incluso podía molestarla o hacerla sentir mal:

Pero después de hacerlo varias veces así, de salir con distintas personas, algunas, no todas, me llegaron también a hacer sentir como utilizada [enfatiza esta palabra] ¿sabes? como un objeto, pues. Y eso... cuando lo sentí así, pues me di cuenta que no me gustaba, y que no iba a como... tampoco aparejado de... como respeto o de confianza.

Y es que la práctica del sexo casual parte solo de un tipo de acuerdo muy ambiguo entre las partes, un acuerdo que surge en condiciones diversas. El encuentro sexual fortuito sucede la mayoría de las veces entre personas que no han establecido más que un contacto nimio. Las fiestas, los antros, las discos y los bares son sitios en donde los y las jóvenes se ven expuestos a la socialización en circunstancias particulares, como las asociadas con el consumo de sustancias que alteran su estado consciente. Esto, aunado a que muchas veces son lugares públicos libres de lazos de presión —como la que se da en la familia o la escuela—, deriva en una mayor libertad para expresar emociones que en otros lugares no pueden. Este tipo difuso de acuerdo puede partir de condiciones nada claras y muchas veces no expresas. Un beso, un faje o una mirada pueden ser interpretados de diversas maneras.

En la práctica del sexo casual, valores como el respeto, la confianza y el placer mismo se ven enfrentados a lo azaroso del hecho, a la espontaneidad de la decisión y a las distintas concepciones del otro como ser humano. Daniela habla de su experiencia:

Algunas de las personas con las que salí y tuve relaciones sexuales realmente no me estaban respetando. O sea, para ellos sí era como una... o sea, me sentí un poco como un objeto, pues. O sea, como “quiero coger contigo, y vamos a coger, y lo demás no me importa”. Me di cuenta de que eso no me había pasado una vez, sino en repetidas ocasiones. Y que tal vez era así como... o sea, como los hombres se relacionaban conmigo y como yo me relacionaba con los hombres.

Para algunos, una mujer puede volverse objeto de poder tras una relación sexual casual, la cual sería un medio de control sobre el cuerpo. Iván dice que:

[...] entra una cuestión del control del cuerpo. Sobre todo con respecto a la mujer, ¿no?... Entonces, sí, sí hay un aspecto de liberación. Pero el güey típico, el güey machista, llega y dice “ah, me cogí a esta, y me cogí a esta...”. Es terreno fértil para este... para el control de alguna manera, parece ejercicio del machismo, que implica de cualquier manera un control sobre los cuerpos.

El machismo es, en las prácticas sexuales casuales, una condicionante casi siempre presente. El rol socialmente asignado al varón de tomar la iniciativa en el ligue o cortejo de una mujer puede verse confrontado con una posición más activa por parte de esta y con una vindicación del placer, resultante de un encuentro sexual, por la parte femenina. Iván señala que, “en una sociedad machista como esta, como la mexicana, me parece que se presta mucho para que... [pausa] ¿Cómo decirlo?, para un control... Entonces, es un arma de doble filo, porque no se está partiendo de una igualdad”. Si bien las consecuencias de la práctica del sexo casual entre jóvenes dependen en gran parte del entorno social y de las costumbres vigentes, en una relación recíproca también sufren modificaciones y transformaciones entre el actuar de las personas y sus marcos de acción. Mientras que algunos pueden interpretar la decisión de practicar sexo casual por parte de las mujeres jóvenes como un signo de liberación sexual, desde otra perspectiva se apunta a que este tipo de encuentros sexuales podrían revestir una situación de dominio sobre las mujeres si se considera que la sociedad establece un contexto que disiente de este tipo de prácticas, debido a sus valores y sus costumbres, a través de la estigmatización de lo que una mujer puede interpretar como una decisión libre.

Es sabido que el peso de la norma social se encuentra determinado por diferentes factores como el lugar —capital o estados de la república, por ejemplo—, la educación —escolar y familiar—, así como el estrato socioeconómico o las creencias religiosas que se profesen. Al respecto, preguntamos en la encuesta: “¿Qué consecuencias consideras que experimentan las personas que llevan a cabo sexo casual?”. Obtuvimos los siguientes resultados: 55.4% de los hombres dijeron experimentar “satisfacción”; 14.5% de ellos afirma experimentar “orgullo”; otro 14.5% respondió “nada”; 3.6% dijo experimentar “miedo” y 3.6% “pena”. Por su parte, más de la mitad de las mujeres (51%) dijo experimentar “satisfacción”; 14% de ellas respondió “pena” y 4% “orgullo”; 9% contestó que “nada” y 2%, “miedo”. Como puede observarse, del total de personas encuestadas, 53% afirmó que “satisfacción” es la experiencia que causa el haber sostenido encuentros de sexo casual. No obstante, puede advertirse una brecha de género muy marcada entre las dos respuestas de “orgullo” y “pena”, pues la relación entre los hombres y las mujeres que respondieron la encuesta es inversamente proporcional entre estas dos categorías para estos dos grupos: mientras que entre los hombres sentir “orgullo” alcanza 14.5% del registro de respuestas, para las mujeres es de solo 4%; de igual forma, la categoría de “pena” para las mujeres registró 14% como experiencia después de haber tenido sexo casual, mientras que para los hombres solo representa 3.6%. Esta sola respuesta revela quizás una distancia simbólica representativa de una larga tradición histórica en que se enseña a las mujeres a sentir vergüenza sobre el placer y sobre sus cuerpos, mientras que a los hombres se les inculca cierta presunción sobre su actuar como conquistadores de mujeres. A pesar de ello, se marca un cambio de paradigmas importante porque más de la mitad de mujeres universitarias encuestadas señaló, a la par que los hombres, la “satisfacción” como experiencia vivida.

El contexto de cada joven que tiene encuentros sexuales casuales dispondrá, por supuesto, las condiciones y variables en que se realicen; determinará el marco de percepciones que se tenga respecto a las prácticas sexuales en general —casuales o no— y su nivel de aceptación o rechazo. La pregunta 10 de la encuesta apuntó a identificar las razones del rechazo a experimentar dichas prácticas: “Consideras que la gente que no tiene sexo casual no lo hace por...”, y enumeramos las opciones “miedo”, “educación”, “ets” (Enfermedades de Transmisión Sexual) o “cuestiones religiosas”. Obtuvimos los siguientes resultados: del total de encuestados, 25.1% piensa que el motivo para no mantener encuentros sexuales casuales es el “miedo”; 24.6% dijo que por su “educación”; 20.8% respondió que por las “ets” y 9.8% contestó que por “cuestiones religiosas”.

Aunado al contexto cultural que enmarca las prácticas (hetero)sexuales, el momento en que ocurre una práctica de sexo casual conlleva para ambas partes nociones sobre el placer, tanto de uno como de la otra, y sobre el sexo mismo como encuentro interpersonal. Estas nociones invisten al acto de ciertos matices que tienen repercusiones físicas, psíquicas y sociales para ambos. El placer —como vía, objeto y, a la vez, meta del acto sexual— distiende una red de efectos en los cuerpos de ambos sujetos y en sus psiques. Nada garantiza que un acto sexual sea placentero para ambos, ni siquiera para uno de ellos. Daniela advierte ahora la ausencia de placer en muchos de sus encuentros sexuales: “O sea, en el periodo de... como seis meses.... no sé, me acosté pon tú con... 10 personas diferentes ¿no?... nunca fue ninguna que haya dicho ’¡ay!, ¡qué chido!’, o sea, ’¡me sentí superbien, lo disfruté muchísimo! ¡estuvo superpadre!’ No... Nunca”. El placer posee tonalidades de género no solo en el plano fisiológico, sino en el psicológico y en el social también. Posee a su vez repercusiones antes, durante y después de la práctica sexual casual; produce distintas presiones desde distintos puntos. Daniela relata una experiencia particular de sexo casual que revela un poco la brecha de género en esta materia. Durante una fiesta donde ella se encontraba alcoholizada, se empezó a besar con un chico, sin querer ir más allá que un intercambio de besos. Sin embargo, él le pidió acompañarlo con el fin de tener sexo con ella. Ella no quería, pero no lo dijo claramente y solo se mostró indecisa, diciéndole: “no sé, no estoy segura”. El chico no tomó en cuenta su respuesta y la llevó a un lugar donde tuvieron una relación sexual. Al acabar el acto, no intercambiaron ninguna palabra y el chico se levantó y salió del cuarto: “recuerdo muy bien que ya, terminó... y él se levantó, se puso los pantalones [sonríe] y se fue. O sea, ni siquiera me dijo ’adiós’... ¡o sea, nada! ¿no? ¡Se fue!”.

La descripción sobre su percepción de los hechos y de sí misma respecto a dicha experiencia revela una nitidez grabada en su memoria. Al enterarse de que él tenía una relación formal con alguien más, ella sintió culpa, culpa que intentó eludir al confrontarse: “Dije: ’bueno, o sea, yo no tengo la culpa de que él se sienta culpable’ y... por eso actué de esa manera ¿no?”. Pero, al rastrear la huella de su culpa, encontró que también ella sentía culpa por no haber sido lo bastante clara en su rechazo a tener sexo: “Cuando sientes que tú lo dejaste pasar, fue tu culpa, pero también dices como: ’bueno, y el otro güey, si escuchó que no, ¿por qué lo intentó?, ¿por qué insistió?’. Hay un punto en el que dices: ’pues bueno, pues si ya estoy aquí, que pase’. Es eso”. Esta frase revela un dejo de aceptación y resignación en ella al momento en que no pudo hacer frente a la voluntad del chico.

Esta experiencia la hizo sentirse como objeto al servicio del deseo sexual de alguien más: “No sé... esa fue la vez que sí me hizo sentir como un objeto así... ”. Ante la pregunta “¿Tú y él fueron más allá de tu voluntad?”, ella responde: “Claro”. No obstante, no quiere usar la palabra “abuso” para referirse a esta experiencia, pues cuando se le pregunta ”A partir de ello, ¿dirías que abusó de ti?, ya que tú no te sentías totalmente convencida...”, ella contesta: “No, o sea, como que me convenció. ¿Sabes?”. Estas palabras permiten advertir cierta concepción que la joven posee sobre su propio papel en su entorno social, ya que, si recordamos su declaración anterior —que al tener sexo casual una mujer puede acceder a un cierto estatus social frente a los otros—, podemos entender su actitud de entregarse al hombre sin tener realmente ganas de hacerlo. Parece haberse convencido a sí misma de que él la persuadió para lograr llevar a cabo lo que un intercambio de besos en una fiesta, y alcoholizada, puede significar en su entorno social. Prefirió pensar que él logró convencerla para respetar el papel que le está atribuido hoy en día en su círculo social. Quizá por ello es que rechaza la idea de un “abuso” como tal, porque eso significaría salir de la conducta normativa que se da en este caso.

La experiencia de Daniela revela aristas de un fenómeno muy complejo, tonalidades que pueden calificarse de abusos, control del cuerpo, dominación del otro, sujeción a patrones de conducta, estatus social, etcétera. El sexo casual figura una superficie corpórea entre el placer y el poder que revela intersticios, oquedades y sombras que pueden ser ocupados por múltiples realidades. Diana advierte muchos de los riesgos de las prácticas de sexo casual:

Siento que el problema del sexo ocasional es que no hay mucha educación en cuanto a eso. Y también hay falta de higiene y puede haber actos sin escrúpulos: hombres que se aprovechan si la niña está borracha. Por ejemplo, es muy raro ver al hombre que tiene el respeto de lavarse las manos sin que la mujer le diga nada antes. Esos serían los problemas del sexo ocasional. No hay educación y ética suficiente como para que sea humano. Hay muchos abusos y da mucho lugar a que los hombres sean prepotentes. Si en las relaciones se dan juegos de poder, en el sexo también se traduce y puede ser algo divertido o algo de lo cual ya se abuse. Ese es el problema, hay abusos y juegos mentales.

En esta superficie de diferencias, el género figura como una brecha importante en el ejercicio del poder, revela asimetrías variables —sin victi- mizar a un género sobre otro—, ya que, o bien los hombres están sujetos a probar su hombría practicando sexo casual tantas veces sea posible, o bien las mujeres pueden estar sujetas a practicarlo sin su consentimiento. El poder es móvil, dice Foucault, viene de todas partes, pero no se encuentra en ninguna. El poder se imbrica con el deseo, tejiendo ambos una red de sujeciones y transformaciones que constituyen nuestro desarrollo cotidiano.

Nociones sobre el sexo y las prácticas sexuales

Las representaciones que poseemos sobre el sexo construyen nuestras prácticas sexuales cotidianas. La sobreexposición actual a lo sexual a través de los medios de comunicación, los anuncios en las ciudades y la pornografía en internet configuran también nuestras nociones sobre el sexo. Decidimos preguntar en las entrevistas sobre la forma en que los y las jóvenes representan el acto sexual. Ante la pregunta “¿Cuáles son los motivos o razones que tienes para tener relaciones sexuales?”, Bruno responde:

Pues, en las situaciones en donde es simple impulso sexual, creo que el motivo es eso. Hay otras situaciones en las que podemos; otras veces... porque tenemos el deseo sexual de satisfacer esas necesidades; otras porque nos encontramos en un momento romántico o porque nos sentimos juntos el uno con el otro y es una manera de expresar esa cercanía emocional. No sé, creo que depende mucho del momento, pero creo que sí tiene una fundamentación emocional.

El discurso sobre la apreciación clara y distinta entre los “impulsos sexuales” o la “satisfacción de las necesidades” y las “emociones” es ampliamente reconocido y se ha difundido gracias a los medios de comunicación y a muchos discursos científicos. Sin embargo, y en estas líneas, Bruno afirma que existe un fundamento emocional en la decisión del acto sexual. A la misma pregunta, Carlos responde:

En primer lugar, creo que no tienen un móvil exacto ni un motivo, sino que son como cualquier impulso humano. Es una parte del impulso humano biológico, es como preguntarte por qué motivo cagas y te anda del baño. Tiene ese término biológico, pero no excluye que tengas motivos también pues, personales, como podrían ser la reproducción o podría ser, en un término muy romántico, el amor. Creo que es una conjunción de todo, de lo personal, de intimidad, de conocimiento del otro, de gusto y placer.

Diana nos habla del sexo como algo humano, y hace una analogía interesante con un juego de máscaras:

Pienso que el sexo es una cualidad inherente del humano, totalmente natural. No creo que sea algo que deba de esconderse. Si lo hago, tiene mucho que ver con que me gusta tanto. Porque cuando dos personas tienen sexo es fenomenal. Cuando se quitan la ropa, se quitan todas las máscaras, y simplemente es el ser humano tal cual es. No importa si son dos o son del mismo sexo, pero es una cosa totalmente humana y totalmente natural y, cuando pasa, como que nos quitamos como todas esas máscaras que tenemos y es. Simplemente se da tal cual es.

En esta metáfora maravillosa —máscaras culturales que cubren una naturaleza, la revisten, la resignifican— y entre el juego de mostrar y esconder reside el deseo, la atracción hiriente que desata un cuerpo sobre otro, la búsqueda interminable del placer. Erick afirma que la gente tiene relaciones sexuales porque:

Es muy gratificante. Es lo más placentero que puede haber en todo el mundo. No me imagino una vida sin sexo. Pero, como ya te dije, creo que el sexo no es solo “impulsos sexuales”. El amor también se puede expresar por medio de un beso, una caricia o hasta un abrazo. El coito solo es la cereza en el pastel [risas]... pero siempre existe una diferencia entre las relaciones sexuales y “hacer el amor”. La primera solo contiene la actividad sexual. En cambio, “hacer el amor” es una entrega pura hacia la otra persona, donde, con confianza por supuesto, desnudas tu ser y se lo muestras al otro tal cual es.

Alfredo, al igual que Erick, distingue dos formas de las prácticas sexuales: “como acto amoroso-espiritual y como mero placer físico, también” —“desnudar el ser”, según Erick—. Para Guillermina, el motivo por el que tiene relaciones sexuales es “porque amo a mi pareja y me gusta compartir con ella esa experiencia”. Erick incluso habla sobre la relevancia del sexo en su vida: “El sexo es requisito para una vida de pareja feliz”.

Métodos anticonceptivos y enfermedades

La apertura a las experiencias sexuales entre los jóvenes —tanto prácticas casuales como en las relaciones de noviazgo— expone un cambio social muy importante: el valor que los jóvenes otorgan al sexo como noción vital, necesaria, libre. Es un valor que constituye su vida y posee repercusiones en múltiples ámbitos sociales. Las campañas de salud que atañen a las prácticas sexuales son la respuesta desde algunos sectores institucionalizados ante esta realidad. La educación sobre sexualidad que desde hace algunos años existe en el sistema educativo mexicano también posee un rol en el discurso sobre el sexo y las prácticas sexuales entre los individuos. Jóvenes como Diana y Erick otorgan un valor singular a la higiene y a la protección de la salud al momento de tener encuentros sexuales de cualquier índole.

La reivindicación del placer sexual por parte de jóvenes como Diana y Daniela las conduce a pensar en problemas sociales como el índice de embarazos no deseados entre adolescentes y mujeres jóvenes, así como la exposición de todos a enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, ¿son suficientes la sobre-exposición pública al sexo, la educación sexual en las escuelas y las campañas públicas de uso de anticonceptivos para que los jóvenes se protejan en sus prácticas sexuales, ya sean casuales o en su relación de noviazgo?

Andrea no utiliza protección con su pareja, a pesar de darle importancia a la salud sexual. Ante la pregunta “¿Por qué no utilizas protección?”, ella responde: “Porque tenemos una relación formal. Nos tenemos mucha confianza”.

Al parecer, para ella la confianza mutua es garantía de seguridad ante cualquier consecuencia. El caso de Bruno es parecido, cuando se le pregunta “Suponiendo que gracias a la exclusividad absoluta quedaran exentos de las ets [Enfermedades de Transmisión Sexual], ¿qué hacían para no quedar embarazados?”, él contesta: “No utilizaba en algún momento [métodos anticonceptivos o de protección] por estar en una relación de absoluta exclusividad. Sí era posible [quedar embarazada], pero obviamente usábamos la inestable y peligrosa técnica del ritmo”. La respuesta de Andrea y Diana ante la posibilidad de quedar embarazadas es automática. Ellas optarían por la interrupción del embarazo:

E: ¿Qué pasaría si en una relación que has tenido llegas a embarazarte?

D: ¡Aborto! Sin duda. Primero los chequeos, los análisis, para ver cómo estoy y... pero sí. Sin duda, aborto. Por mi edad.

Como afirma Claudio Stern en su estudio sobre relaciones sexuales y embarazos adolescentes:

Aun cuando los jóvenes hablen de sexualidad, es difícil pensar que ella pueda poner exigencias relacionadas con la utilización de métodos anticonceptivos. También resulta difícil que los hombres tomen esta decisión, ya que un signo de virilidad consiste en la satisfacción del deseo sexual que, con el fin de ser saciado sin impedimentos, supone un ejercicio libre, sin controles ni reglas. Y además, ¿por qué utilizar protección o algún anticonceptivo cuando la relación se basa en la confianza mutua? Confianza en la fidelidad mutua y también en que el hombre asumirá la responsabilidad si cualquier cosa —un embarazo— ocurre (Stern 2007: 117).

Bruno y su novia ya enfrentaron un embarazo,

Finalmente nos sentimos bastante seguros y convencidos de lo qué teníamos que hacer. Entonces, no había en realidad ningún tipo de duda, si bien había algo de preocupación por cómo iba a salir el procedimiento [de interrupción del embarazo], qué le íbamos a decir a nuestros papás o a cualquier persona.

No lo dudaron ni un minuto, sabían, según él, que debían recurrir a la interrupción del embarazo:

Creo que en especial a Tania le afectó mucho. Creo que ella se sintió así de afectada porque en lo particular para ella era un aspecto muy, muy importante de la relación y, a pesar de que estaba plenamente convencida de que era lo que quería hacer, finalmente había una conexión mucho más amplia en su cuerpo, en su mente, con la idea de tener un hijo.

La diferencia de género es evidente; a pesar de que él advierte la afectación en su novia respecto al procedimiento de interrupción del embarazo, la “conexión” de la que habla se encuentra en el cuerpo de ella, según él.

Para Erick, por ejemplo, la mujer tiene mayor peso en la decisión de un embarazo: “Yo considero que la mujer es quien tiene mayor peso en la decisión de qué hacer con un embarazo. Yo entiendo que dependiendo de lo que mi novia decida, me acoplaré a su decisión. Aunque sí sugeriría un aborto, por trágico que sea”. Carlos también le da importancia a la protección y a la salud sexual como valor, ya que él ha padecido una enfermedad de transmisión sexual. A pesar de ello, acepta que en ocasiones no ha utilizado protección en sus relaciones sexuales. Sobre la cuestión de embarazar a su novia, su postura es clara:

E: Si hubiera algún embarazo por tener sexo casual ¿que harías?

C: En un sentido estricto, yo no tendría que hacer nada. En un sentido legal, sí; o en un sentido moral, sí. Bueno, en todos los sentidos tendría que hacerlo. Le pediría a esa pareja que... primero no sería tan güey como para dejar que eso pasara, y si pasara pedirle que aborte, y si no, huir.

E: Huirías, ¿no te harías responsable de algo en lo que ambos tuvieron la responsabilidad?

C: No, para nada, no puedo estar con una persona que no quería, que solo vi para sexo casual. Arruinaría mi vida y la de la otra persona. Lo mejor sería huir.

Consideraciones finales

Si rastrear el relieve de un fenómeno social es ya complicado, explorar a profundidad los fenómenos sexuales dentro de una sociedad lo es aún más debido a la imbricación de múltiples variables y condicionantes que configuran la sexualidad. Esta comprende factores biológicos, psicológicos, políticos y sociales que constituyen la cotidianidad de los seres humanos en cada sociedad —en este caso fue de jóvenes mexicanos/as universitarios /as que residen en el Distrito Federal y que se forman en un sistema de educación pública y laica, originarios/as de distintos estados de la república y la mayoría con educación en las creencias religiosas católicas—. No obstante, y por el perfil de estudios de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, la mayoría posee posturas de crítica social. De los/as siete estudiantes entre- vistados/as, la mayoría coincide en la visión de una sexualidad más fluida, sin tanto apego a valores tradicionales. Sin embargo, sí hubo quienes mostraron un mayor apego a valores como la fidelidad sexual y la virginidad. Todos afirmaron como valor supremo de sus prácticas sexuales la libertad de elección como base del consentimiento para cualquier práctica sexual. Al hablar de la libertad parecen hacer referencia a la autonomía sobre el propio cuerpo y la propia vida. Mientras que la reivindicación del placer sexual es percibida por algunos como muestra evidente de una liberación sexual de la mujer, otros advierten formas de control sobre el cuerpo femenino y matices de dominación relacionados con el carácter machista de los actos sexuales y las percepciones de las mujeres alrededor de estos.

Se percibe a la vez un tipo de disonancia cognitiva entre lo que los/as jóvenes dicen que saben que deben hacer —utilizar métodos de protección o anticonceptivos— y lo que en realidad hacen —no utilizar en frecuentes ocasiones ningún tipo de protección—, y cuyas condiciones causales no se encuentran del todo claras ya que afirman que existe hoy en día una “apertura” a los temas sexuales —la sobre-exposición del sexo en medios, las campañas públicas de salud sexual y las clases de sexualidad en la instrucción pública son prueba de ello— y que pueden hablar sin tabúes. Sin embargo, en sus prácticas sexuales siguen patrones inseguros o desinformados en muchas ocasiones.

Entre nuestros hallazgos identificamos un discurso de crítica a la moral tradicional y a las costumbres sociales. Existe también una separación y una distinción entre los sentimientos y las necesidades e impulsos físicos relacionados con las prácticas sexuales. No obstante, en este discurso ellos parecen dar a entender que en realidad ambas partes coexisten en dichas prácticas y, por ello, debe separárseles. Cabría indagar, en futuros estudios, si es inevitable la presencia de estas dos dimensiones a las que hacen referencia o es posible que suceda una sin la otra. Para algunos/as, es claro que puede existir, mas no explican cómo ni si les ha ocurrido. Lo cierto es que existe una yuxtaposición de discursos compuestos de nociones de distintas fuentes, entre las que se encuentran: impulsos físicos, necesidades, sentimientos, orgasmos, acuerdos, diálogo, máscaras, humano, natural, coito, intimidad, emociones, abusos, protección, higiene, entre otras.

En la mayoría de los/as universitarios/as existe conciencia y conocimiento sobre la existencia del machismo como patrón cultural constituyente de la sociedad mexicana. Lo relevante es que, partiendo de esta consciencia, los/as jóvenes mismos/as parecen asumir la decisión de seguir reproduciendo dicho patrón cultural o no, asumiéndose algunos incluso como machistas y otros acusando el carácter abusivo y de poder hacia las mujeres.

Existe en varias de las personas entrevistadas una apertura a experimentar todo tipo de sensaciones, relaciones y emociones. Hablan de permitirse, entre las partes de una relación, el libre ejercicio de la sexualidad, distinguen las prácticas monógamas como algo que prohíbe y limita, y relativizan el valor de la fidelidad sexual.

Por último, quisiéramos hacer énfasis en la dimensión del lazo entre lo individual y lo social, señalar su íntima relación y su construcción mutua. No pretendemos postular un determinismo en torno a condiciones causales de índole fisiológico o biológico respecto a lo sexual, sino más bien una forma de constructivismo que no desdeña dichos factores. Pensamos, como Kinsey y Ford, que “se debe considerar que las fuerzas sociales tienen un mayor impacto en el comportamiento sexual humano que los sistemas fisiológicos” (Ford y Beach 1951; Kinsey, Pomeroy y Martin 1948). Mostramos, en la voz de distintos/as jóvenes universitarios/as la relevancia de lo social en lo sexual, donde:

[...] el ser humano moldea sus impulsos sexuales ante las presiones del medio. La sociedad delimita el contexto que, a su vez, regula la sexualidad; es decir, permite o limita ciertos comportamientos con el fin de facilitar la vida en grupo. Este rechazo o aceptación se ha ido transformando a través del tiempo, por lo que por medio del conocimiento de la visión y aceptación de ciertos comportamientos sexuales se podrá comprender el contexto actual de la sexualidad (Cañizo 2010: 286).

Asumimos el reto de la descripción del fenómeno de las prácticas de sexo casual como una forma humana que descubre juegos de placer y de poder. Acudimos a los actores más adecuados para decir a través de sus voces lo que está aconteciendo en el campo de lo sexual hoy en día: los y las jóvenes, quienes nos comunican las características de un juego posmoderno de lo sexual, un juego fluido, inestable, ambiguo a veces y nítido en ocasiones; un juego cuyo rastro, como todo lo posmoderno, está formado más por intensidades que por subjetividades

Bibliografía
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Clellan S. Ford, Frank A. Beach.
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Estereotipos de género, relaciones sexuales y embarazo adolescente en las vidas de jóvenes de diferentes contextos socioculturales en México.
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Taylor, Kate, 2013, “Sex on Campus: She Can Play That Game, Too”, en The New York Times, 12 de julio, disponible en: http://www.nytimes.com/2013/07/14/fashion/sex-on-campus-she-can-play-that-game-too.html.
[Weeks, 2002]
Jeffrey Weeks.
¿Héroes caídos? Todo sobre los hombres.
Héroes caídos: Masculinidad y representación, pp. 132-195

Los autores de este texto somos estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la unam en Ciudad Universitaria. A partir del curso de Gobierno y Derechos Humanos con Perspectiva de Género de la licenciatura en Ciencia Política y Administración Pública, nos hemos interesado por estudiar y analizar temas de género y su influencia en la construcción de lo social.

La fcpys cuenta con un total de 7 001 estudiantes de licenciatura en sistema escolarizado. Cabe mencionar que la unam cuenta en total con 165 785 estudiantes de licenciatura en sistema escolarizado (Fuente: Agenda Estadística unam-2013 de la Dirección General de Administración Escolar [dgae]).

La mayoría de las respuestas fueron formuladas bajo el parámetro de escala Likert que supone una gradación entre categorías positivas y negativas.

Sexfriends es una vocablo derivado del argot estadounidense que se refiere a la calidad de una relación entre dos amigos (friends) que sostienen relaciones sexuales sin mayor acuerdo que el de la casualidad de los encuentros sexuales. La palabra ha cobrado sentido entre los jóvenes mexicanos quizá debido a la profusa influencia de las series estadounidenses en la televisión.

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