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Vol. 1. Núm. 1.
Páginas 7-30 (Enero 2013)
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Vol. 1. Núm. 1.
Páginas 7-30 (Enero 2013)
DOI: 10.1016/S0185-1373(13)71027-9
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Los verbos de percepción sensorial en las coplas del amor feliz del cancionero folklórico de méxico
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María Andrea Fernández Sepúlveda
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México
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En este artículo se analiza de manera cuantitativa y cualitativa los principales verbos de percepción sensorial en el primer tomo del Cancionero Folklórico de México bajo la perspectiva de que la lengua refleja la cultura. Se obtiene, como conclusión, que la percepción sensorial tiene un papel preponderante en las Coplas… ya que se encuentra mucha especificidad en los verbos. Se comprueba, también, la teoría de que el amante juega un papel activo y la mujer uno pasivo, tanto en la lengua como en la cultura, por ejemplo, en los verbos dicendi el hombre toma el papel del hablante y la mujer el de la oyente.

Palabras clave:
español de México
léxico
verbos de percepción
coplas amorosas

In this article it’s analyzed, statistically and qualitatively, the main sensory verbs related with perception, in the first part of the Cancionero Folklórico de México. This analysis is made taking account of the fact that language is a reflection of a culture. As a conclusion it’s found that sensory-perception verbs have a preponderant role, which is shown by their specificity. It can also be concluded that men have a more active role than women, in literature and in the culture. For example in the dicendi verbs (verbs of speech) we can see how men talk (active) while women listen (passively).

Key words:
Mexican Spanish
lexicon
verbs of perception
love verses
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En esta investigación analizo el comportamiento de algunos verbos de percepción sensorial de las Coplas del amor feliz del Cancionero Folklórico de México y su relación con la visión de la cultura del amor en nuestro país en el siglo xx, tratando de responder al cuestionamiento sobre si el vocabulario refleja realmente aspectos culturales y sociales, pregunta que surge de lo que observé y comprobé a lo largo de la realización de mi tesis de investigación.

El corpus con el que he realizado este análisis consta de todas las palabras plenas del tomo 1 del CancioneroFolklórico de México titulado Coplas del amor feliz (30, 105 ocurrencias). Sin embargo, para esta investigación he considerado solamente los verbos (13, 604 ocurrencias verbales que corresponden a 784 vocablos distintos) y, en particular, los verbos que se relacionan con la percepción sensorial, así como algunos verbos de decir por su relación con los verbos de oír.

El Cancionero Folklórico de México es, grosso modo, una exhaustiva compilación de textos de canciones líricas mexicanas de tradición oral y consta de cinco tomos que abarcan distintas temáticas de la poesía popular. El tomo que nos ocupa se refiere al amor feliz, es decir: “[…] domina un espíritu de entrega al ser amado, aunque esa entrega pueda implicar cierto grado de sufrimiento —o aún tormento— amoroso y domina el entusiasmo por el amor, en alguna de sus múltiples formas” (Frenk, 1975-1985: xliii-xliv).

Es importante aclarar que casi todas las coplas del corpus están en voz masculina y que este tomo está dividido en dos grandes subgrupos según el alocutario1 de las coplas que contienen: en el primer grupo “El amante habla a la amada” el alocutario es la amada en sí, y en el segundo grupo “El amante habla de su amada” los alocutarios son los demás, amigos o familiares del que canta o público en general, pero no la amada. Finalmente, en un tercer subgrupo, mucho más pequeño, titulado “El hombre habla de las mujeres” se incluyen las coplas en las que el alocutario es, de nuevo, “indefinido”, pero el delocutor es la mujer en general, no sólo la amada. O en palabras de la doctora Margit Frenk:

Este conjunto de coplas —son cerca de tres mil— aparece, pues, dividido en tres grandes secciones, de acuerdo con la índole del “objeto” amado: Tú, Ella o Ellas. En las dos primeras secciones la persona amada es una sola. A la vez, la segunda y tercera secciones tienen en común el hecho de que el objeto del amor no se encuentre en presencia del amante, el cual habla de ella o ellas, mientras que en la primera sección habla a la amada, en lenguaje directo. Esta diferencia se refleja claramente en la expresión poética (Frenk, 1975-1985: xliv).

Esta subdivisión cobrará relevancia cuando hablemos de cómo se encuentran distribuidos los verbos de percepción según los subgrupos temáticos mencionados.

Dentro de este tomo del cancionero hemos seleccionado solamente los verbos más frecuentes para cada uno de los cinco sentidos, estos son: ver, contemplar y mirar en relación con la vista; besar y acariciar en relación con el tacto; saborear y probar en relación con el gusto; oler y perfumar en relación con el olfato y oír y escuchar en relación con el oído; además de un verbo general de percepción sensorial: sentir. Los verbos dicendi con los que trabajamos fueron seleccionados también con base en criterios de frecuencia y son decir, hablar, escribir y cantar. Un panorama de los distintos porcentajes de los verbos de percepción sensorial en las Coplas del amor feliz se presenta en la Gráfica 1.

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Gráfica 1

(0,07MB).

De esta selección analizaremos algunos aspectos morfosintácticos, estadísticos y semánticos; así como ciertas interrelaciones de los distintos sentidos entre sí para descubrir lo que nos revelan en cuanto a la visión de la cultura del amor en México en el siglo pasado; pues la tradición oral de un país es un gran cúmulo de las experiencias vividas por ese pueblo, de sus ideales y, en general, de su cultura y el Cancionero Folklórico de México constituye, para estos fines, un corpus representativo pues abarca la tradición oral de toda la República Mexicana durante siete décadas del siglo xx.

En la Gramática descriptiva de la lengua española, de Bosque y Demonte se define a los verbos de percepción sensorial como aquellos que “designan las sensaciones que se transmiten por medio de los sentidos” (1999: 1536). Los verbos de percepción sensorial, contando exclusivamente los verbos ya mencionados con los que trabajamos más el verbo sentir, representan el 6.18% del total de verbos del corpus (el 12.62% considerando los verbos dicendi), por lo que es de gran importancia analizarlos.

Comencemos con el verbo que tiene el significado general de percepción sensorial: sentir. Sentir posee dos acepciones, una de percepción sensorial y otra de percepción cognitiva o de verbo de emoción, pero es sólo la primera la que nos ocupa. En esta acepción de “percibir mediante los sentidos” en general el que percibe es el amante y el estímulo es la amada (su mirada, sus besos o la amada en su totalidad). Es interesante notar que sentir en su acepción de percepción sensorial no se encuentra disperso a lo largo de todas las Coplas de amor feliz sino en la gran mayoría de los casos agrupado en la parte “El amante habla de su amada” en coplas como:

Aquel frenito era de oro y las espuelas de plata; no siento freno ni espuelas, lo que siento es a mi chata [2319]2

Esto es importante porque, como veremos más adelante, en la sección mencionada se concentran las referencias a los sentidos y a lo corporal, mientras que cuando se habla a la amada (primera sección) se observa un tono general de sacralidad e incorporeidad.

En la primera sección encontramos en general sentir con acepción de verbo de emoción. Como verbo de percepción sensorial sentir es un verbo poco frecuente que representa sólo el 0.38% del total de verbos del corpus y el 6.17% de los verbos de percepción sensorial y que se encuentra sólo en dos formas, en primera persona del singular en presente de indicativo siento, y en primera persona del singular en antepresente de indicativo he sentido, a excepción de un caso en pospretérito de indicativo sentiría y un caso en infinitivo. Esta poca cantidad de variantes, en contraste con la mucha variabilidad de los verbos específicos de percepción sensorial, comienza a delatar que el cantante privilegia la especificidad de los sentidos y no el verbo general sentir. Sentir, como verbo general de percepción sensorial, se ha tomado en cuenta para las estadísticas pero no asignado a ningún sentido en particular, es decir que cuando me refiera a cifras de un total de verbos de percepción sensorial se han tomado en cuenta las ocurrencias de los verbos seleccionados para cada sentido más las de sentir.

La vista

Los verbos relativos al sentido de la vista son, por mucho, los más frecuentes. Tan sólo los tres verbos que analizamos dentro del sentido de la vista (ver, contemplar y mirar) representan el 4.32% del total de los verbos de las Coplas del amor feliz y el 69.95% respecto de los verbos de percepción sensorial que hemos seleccionado.

La importancia de estos verbos se muestra no sólo por su frecuencia sino porque se presentan flexionados en casi todos los tiempos y modos verbales.

El “estímulo” de estos verbos es la amada, a la que el amante aprecia mediante la vista. El resultado de ver a la amada es el enamoramiento.

Un caso interesante es el de la relación de la vista con el olfato en las coplas agrupadas bajo el subtema “Hasta las flores del campo/ al verte perfumarán” tales como:

Petrona es todo mi encanto, Petrona vengo a cantar, y todos vengan cantando (¡ay, Petrona!) tu gracia y tu mirar; y hasta las flores del campo (¡ay, Petrona!) al verte perfumarán. [29d]

En la copla anterior, como en muchas otras, se resalta además la mirada de la amada, bella y hechicera, y el resultado de esto es el enamoramiento.

Los verbos del tipo de ver también pueden estar relacionados con imágenes relativas al sentido del gusto como en:

En papel blanco te escribo porque blanca fue mi suerte; limoncito azucarado, ¡qué ganas tenía de verte! [512]

El sentido de la vista se encuentra en estrecha relación con los verbos dicendi, por ejemplo, con cantar, en el que el resultado de ver a la amada es el canto del amante o en las que el amante usa su voz para alabar lo que ve. Estas relaciones se muestran también en las coplas que hacen referencia a cómo los ojos de la amada dicen algo al amante, hablando o cantando; por ejemplo, en la copla siguiente son los ojos de la amada los que quieren hablar:

Tus ojos me han gustado en compañía de tu ceja; tus ojos no me quieren hablar (sic), pero si tú no los dejas. [183a]

Y en la copla 286 es la mirada del amante la que comunica algo a la amada:

Si dudas de mi constancia, porque a veces yo no te hablo, con la lengua de mis ojos hablo más cuanto más callo. [286]

Sin embargo, están también las coplas en que se muestra que se prefiere ver a la amada que recibir noticias escritas de ella:

No me mandes papeles, yo no sé leer; mándame tu persona: la quiero ver. [533]

Otro caso frecuente de interrelación entre los verbos de ver y los de decir son las coplas que muestran el “miedo” de los amantes a que los demás los vean hablando, lo cual revelaría su relación amorosa:

Si viniera tu mamá y nos viera platicando, le decías que te debía [chaparrita de mi vida] y que te estaba pagando. [1758a]

La importancia de la belleza de la amada, que se descubre mediante la vista y que es la causa del enamoramiento, se ve reforzada por la prevalencia de adjetivos como bonita y linda que son los dos adjetivos más frecuentes en las Coplas del amor feliz. A tal grado es importante la belleza de la amada que el amante busca mejorar su aspecto físico en coplas como:

Si fuera un gobernador ¡cuánto te daría, Consuelo! Te compraría un tocador y un traje color de flores, y pa que te vieras mejor, un permanente en el pelo. [681]

En cuanto a la forma pronominalizada verme, el amante desea verse a sí mismo en compañía de la amada:

En fin, soy tu adorador y tu amante apasionado; no abrigues ningún temor, que deseo verme a tu lado como el aroma en la flor. [1139]

O con la acepción, en sentido literal, de encontrarse con la amada:

En mis cantares te digo lo que a solas no he podido: Quisiera verme contigo, para no andar tan perdido; en tu amor estoy pensando hasta cuando estoy dormido. [483]

También le pide a la amada que lo vea con frases como “alza los ojos a verme” (943). El sentido figurado de verme como “hallarse constituido en algún estado o situación” (drae) se encuentra sólo en un caso en la sección “El amante habla de su amada” en la copla 2405:

De verme tan arruinado a Playa María me fui; a poco de haber llegado se hizo una mujer de mi; sería bien arreglado: mucho se lo agradecí. [2405]

El verbo ver se encuentra, en muchas ocasiones, en perífrasis con verbos de movimiento, típicamente venir, en formas como “voy a ver” o “véngame a ver” y con ir en formas como “iré a ver” e “iba a verte”. Es decir, el amante se desplaza con la finalidad de observar a la amada:

De muy lejos vengo yo, pisando espinas y abrojos, sólo por venirte a ver, morenita de mis ojos. [606]

Esto, al ser un verbo de tan alta frecuencia y encontrarse distributivamente con los verbos de movimiento (que también son de frecuencias altísimas) cobra relevancia y podemos asociarlo con que el movimiento es un acto estereotípicamente masculino.3 Esto no es tan frecuente en el caso de mirar, que va acompañado generalmente por verbos de deseo en formas como “quieren mirar”. Contemplar, por su parte, no se encuentra de manera perifrástica más que en el caso de “estarte contemplando” en el que se refuerza el carácter de duración del verbo que según el deum significa: “mirar con atención, tranquilidad y generalmente con placer alguna cosa” y en todos los casos el objeto de la contemplación es la amada. El cien por ciento de los casos del verbo contemplar se encuentran en la primera parte de las Coplas del amor feliz, lo cual se explica por el carácter de sacralización de la amada que abunda en estas coplas ya que, como define el drae, contemplar es también “poner la atención en algo material o espiritual” o “ocuparse con intensidad de pensar en Dios”.

El tacto

Los verbos relativos al sentido del tacto representan el 0.61% del total de los verbos de las Coplas del amor feliz y el 9. 85% respecto del total verbos de percepción sensorial que hemos seleccionado.

De los dos verbos que analizamos (besar y acariciar) besar es, por mucho, el más frecuente (representa el 84.33% de los verbos del tacto) y el que se encuentra flexionado en las más diversas formas. Por otro lado, besar es un verbo que, en nuestro corpus, se encuentra a caballo entre el tacto y el gusto, pero lo hemos clasificado dentro del tacto ya que la definición que nos da el deum es “tocar con los labios ligeramente contraídos, principalmente alguna parte del cuerpo de otra persona…”. (1996: 173).

Es interesante notar que el objeto directo del verbo besar se encuentra sumamente especificado y no es solo besar a la amada sino besar, por supuesto, su boca, sus cachetes, sus brazos, sus lunarcitos, su frente, e incluso sus ojitos. Esta no es la única interrelación de este verbo con el sentido de la vista, pues en otros casos se menciona el mirar a la amada como la causa de besarla o de desear besarla.

Como ya mencionamos, besar se encuentra estrechamente relacionado con el sentido del gusto, ya sea mediante imágenes que apelan a este sentido, generalmente mediante la mención de frutas en la copla, ya sea adjetivando los besos como “sabrosos” o con el uso del sustantivo besos como objeto de verbos del tipo de saborear pero también mencionando de manera directa el sabor de los besos de la amada como en la copla siguiente:

Y estoy amando a una bella, que no hay a quien no le cuadre; estoy tan engrido con ella, que si la beso me sabe a la fruta de grosella que cogen para un jarabe. [2337]

Besar suele ir acompañado de verbos muy distintos que van desde “querer” o “poder” besar que son los más frecuentes hasta “vivir besando”. La acción de besar se encuentra frecuentemente en las formas “dar un beso” pero también con verbos como “chillar [un beso]”, “tronar [un beso]” y “regalar [un beso]”. Por otro lado, no sólo se da un beso sino besitos, besotes y hasta bechos.

A diferencia de besar, acariciar no se encuentra casi nunca acompañado de otros verbos excepto en el caso de estarte acariciando y poderte acariciar; pues con los verbos de deseo no se incluye el verbo acariciar sino las caricias como objeto directo de los verbos querer, ansiar o desear; y no se menciona la parte específica del cuerpo de la amada que se desea acariciar.

El oído

En las Coplas del amor feliz sólo hay dos verbos que hacen referencia al sentido del oído: oír y escuchar. Los verbos relativos al oído representan el 0.57% de los verbos del corpus y el 9.26% respecto de los verbos de percepción sensorial con los que trabajamos. Todas las formas del verbo escuchar, así como el 80% de las formas del verbo oír, se encuentran en la primera parte de las Coplas…, fenómeno que es fácil de explicar si se toma en cuenta que es en esta parte en la que el amante habla a su amada directamente y, por lo tanto, le pide que lo escuche, por lo que predomina el imperativo oye u óyeme (18 ocurrencias de 42 totales). En este caso se establece una relación en la que la voz del amado o sus palabras (en el caso de escribir) son el estímulo y es la amada la que percibe el estímulo, por ejemplo en la copla siguiente:

Yo te quiero y te venero y te vengo a declarar que aunque andes el mundo entero, que otro amor no has de encontrar tan fino y tan verdadero como el que aquí oyes cantar. [254]

En el 50% de los casos del verbo oír (tres casos de seis) en primera persona en presente de indicativo con el amante como sujeto, la voz de la amada es el objeto directo del verbo y son estos los casos que se encuentran en la primera sección del corpus. En muchos de los casos se compara a la amada con un pájaro que canta, en particular con la paloma. El canto de los pájaros y la música en general se utilizan para ambientar el encuentro de los amantes o también como sus portavoces. En el otro 50% de los casos, que se encuentran en la segunda sección del corpus, lo que escucha el amante al partir a la guerra es el llanto de la amada o los sonidos del clarín que convocan a pelear, acto que refuerza la masculinidad del amante. Este hecho, como el de que sólo cinco de las 24 formas distintas de los verbos del oído en nuestro corpus estén en primera persona (si tomamos en cuenta que es el amante el que habla) nos muestran un hecho relevante de nuestra visión de la cultura del amor: el papel pasivo de la amada en el acto del enamoramiento y el activo del amante que es el que habla mientras la amada debe escuchar.

Por supuesto la principal interrelación que presentan los verbos de oír es con los verbos de decir de los cuales decir, escribir, cantar y hablar son los más frecuentes en nuestro corpus y representan (sin contar muchos otros verbos dicendi) el 6.43% de los verbos del corpus.

En otros casos oír se relaciona con la vista como en la copla 760:

Dispierta, niña, dispierta pa verte, pa oír tu voz; dime: “¡Vete, noramala!”, pero habla y veme por Dios. [760]

El gusto

Es muy baja la frecuencia de los verbos relativos al sentido del gusto que representan el 0.15% del corpus total de verbos y el 2.49% de los verbos de percepción sensorial que seleccionamos.

Los verbos que analizamos son saborear y probar ya que, aunque en las Coplas del amor feliz abundan las imágenes que apelan al sentido del gusto, los verbos de percepción que traten directamente de este sentido son muy pocos.

El cien por ciento de los casos de saborear y el 75% de los casos de probar se encuentran en la primera sección de las Coplas…, “El amante habla a la amada”. En la segunda sección no hay verbos relativos al sentido del gusto y sólo el 25% de los casos de probar se encuentran en la sección “El hombre habla de las mujeres”. Además, todos los casos de saborear se encuentran en formas perifrásticas, de las cuales la más frecuente es la perífrasis con sentido obligativo has de saborear. Esto último es una prueba más de la predominancia del decir y ordenar del amante.

Son varios los recursos que se utilizan para compensar la ausencia de verbos que hagan referencia directa al sentido del gusto: el primero, como ya dijimos, son las imágenes que mencionan alimentos o bebidas de buen sabor y que, tal como ocurre en algunos casos del sentido de olfato, sirven para enriquecer la sensualidad del ambiente en que se encuentran los amantes; el segundo es la comparación de la amada con estos alimentos y la mención al deseo de “comérsela”, en muchos casos con un sentido sexual como en la siguiente copla:

¡Ay!, Soledad, Soledad, Soledad, que yo quisiera que usted se volviera anona y que yo me la comiera: madurita madurona, que del palo se cayera [1497c]

O también:

De tu verde nopalera esa tuna me provoca esa tuna me la como aunque me aguate la boca. [1517]

U ofreciéndole alimentos también con sentido sexual como en la copla 1564:

Chile verde me pediste, chile verde he de traer; éstos son los chiles verdes que le llevo a mi querer. [1564]

En tercer lugar está la presencia del verbo antojar con la amada o alguna parte de la amada como objeto directo y, finalmente, está la calificación de la amada con adjetivos que hacen referencia al gusto como “sabrosa” o “exquisita”.

El olfato

Son dos los verbos principales que representan este sentido en las Coplas del amor feliz: oler y perfumar. Los verbos relativos al olfato representan el 0.13% respecto del total de los verbos del corpus y el 2.25% respecto de los verbos de percepción sensorial del corpus de esta investigación.

En los casos de las conjugaciones directas del verbo oler lo interesante es que el estímulo no es la amada sino flores o frutos que, como en el caso de las imágenes del oído, crean un ambiente agradable para el encuentro de los amantes, en algunos casos asociados con la sexualidad mediante el tópico de “cortar la flor”. Lo mismo ocurre en las conjugaciones directas de perfumar: son las flores las que perfuman, como ya vimos, al ver a la amada, o con la finalidad de deleitar a los amantes que son los que perciben el estímulo. El único caso en que es la amada el sujeto de perfumar es en la copla 116 en que se simboliza a la amada con una violeta:

Eres dueña de mi amor, santuario de mi creencia, violeta de suave olor que perfuma mi existencia, alivio de mi dolor. [116]

El único caso en que el amante es el sujeto de perfumar es en la copla 154 en el que el amante quiere perfumar a la amada:

Con el perfume de un clavel quiero perfumar tus sienes, para hacerte comprender, con estas formas que tienes, que eres muy linda mujer. [154]

Cuando la amada es la que provoca el estímulo, se usa el verbo dar con aroma o perfume como objeto directo de éste en coplas como la siguiente:

Eres la fragante rosa que el Creador pudo formar; cual pintada mariposa te quisiera retratar, dando perfume de rosa. [16]

Es interesante notar, en cuanto a la dispersión del verbo oler, que en su mayoría las ocurrencias de este verbo se encuentran aglomeradas en la sección “El amante habla de su amada”, a diferencia de perfumar que predomina en la sección en la que el amante habla con su amada. La sutileza de este último verbo, que hace referencia a un aroma especialmente agradable (deum, 1996: 692), contrasta con el carácter más directo del primero, lo cual confirma, una vez más, la hipótesis de que al hablar de la amada con otros se muestra una mayor corporeidad que al hablar con ella.

El sentido del olfato se interrelaciona con el sentido de la vista y un caso particularmente frecuente es el de asociar un olor agradable con la visión de la amada como en la copla siguiente:

Olor a piña madura me da cuando la diviso; no más que se me afigura que ya tiene compromiso. [544a]

Un caso muy interesante de sinestesia es el de la copla 2422 en que se “acaricia” un aroma:

El edén que yo soñé fue el edén de mis amores; la virgen que yo adoré, el perfume de mil flores que dormido acaricié. [2422]

Podemos concluir que, efectivamente, el vocabulario, al menos el de nuestro corpus, refleja algo importante sobre nuestra cultura.

El primer hecho que llama nuestra atención es la muy baja frecuencia de los verbos de percepción sensorial en la sección “El amante habla de su amada” ya que, como he podido demostrar en una investigación anterior (Fernández, 2008: 319-346), en esta sección de las Coplas del amor feliz predomina el aspecto sensual y sexual, a diferencia del aspecto romántico y sacralizador que predomina en la parte “El amante habla a la amada”. La explicación más probable es que se trate de un equilibrio, es decir, mientras que las imágenes sensuales abundan en la segunda sección y escasean en la primera, los verbos de percepción sensorial presentan un comportamiento inverso, por lo que todo el tomo 1 del Cancionero… se encuentra de una u otra forma inundado de alusiones a la percepción sensorial. Este equilibrio se ve reforzado por la presencia de sentir como verbo general de percepción sensorial en la segunda sección y su ausencia en la primera sección.

La muy baja frecuencia del verbo sentir con su acepción de percepción sensorial a favor de las frecuencias altas de verbos más específicos nos llevan a concluir la importancia de la percepción sensorial en nuestra visión del amor ya que, aunque la copla es, per se, una expresión lírica sumamente sintética, el cantor se enfoca en detallar el acto ya sea de la vista, el tacto, etc. Por otro lado, las distintas interrelaciones de los verbos de percepción sensorial entre sí, nos permiten afirmar que el apreciar con los sentidos el objeto del amor se vive, en nuestra cultura, como una experiencia global y multisensorial que es causa y consecuencia del enamoramiento.

La constante de que es el amante el perceptor, o bien, el sujeto del verbo de percepción sensorial que tiene a la amada como objeto o estímulo nos muestra que, en nuestra cultura, es él quien tiene el papel activo en el acto del enamoramiento, mientras que la amada juega un papel pasivo.

Son dos los verbos con frecuencias significativamente altas y formas muy variadas que llamaron nuestra atención: ver y besar. La prevalencia de la vista como causa del enamoramiento la podemos rastrear hasta la tradición neoplatónica, y nos atrevemos a afirmar que sigue aún vigente en nuestra cultura, y el acto de enamorarse culmina, al menos en nuestro corpus, en besar al objeto del amor, por lo que concluimos que ambos verbos representan el alfa y el omega del acto de enamorarse y que, como bien dice el dicho: “de la vista nace el amor”.

Bibliografía
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Amezcua José.
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[Fernández, 2008]
Fernández María Andrea.
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Revista de Literaturas Populares, 2 (2008), pp. 319-346
[Frenk, 1975-1985]
Frenk Margit.
Cancionero folklórico de México, El Colegio de México, (1975-1985),
(coord.) “Coplas del amor feliz”
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[Masera, 2001]
Masera Mariana.
“Que non dormiré sola, non”. La voz femenina en la antigua lírica popular hispánica, Azul editorial, (2001),
[Real Academia Española, 2001]
Real Academia Española.
Diccionario de la lengua española, Espasa Calpe, (2001),
Versión electrónica (consultada en octubre de 2009)

Como nos explica Masera: “En la teoría de los actos de habla, propuesta por los modernos lógicos ingleses, al sujeto que enuncia se le llama locutor y a quien se dirige el locutor, alocutario. Por último se define como delocutor a la entidad de quien se habla” (2001: 16).

Como todas las coplas pertenecen al tomo 1 del Cancionero Folklórico de México sólo señalaremos entre corchetes el número de copla.

Amezcua lo llama “tránsito esencialmente masculino” (1991: 64).

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