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Inicio Acta Otorrinolaringológica Española Epidemiología de los trastornos vestibulares en la consulta de otoneurología
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Vol. 68. Núm. 6.
Páginas 317-322 (Noviembre - Diciembre 2017)
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Vol. 68. Núm. 6.
Páginas 317-322 (Noviembre - Diciembre 2017)
ARTÍCULO ORIGINAL
DOI: 10.1016/j.otorri.2017.01.007
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Epidemiología de los trastornos vestibulares en la consulta de otoneurología
Epidemiology of vestibular disorders in the otoneurology unit
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1921
Gloria Guerra-Jiménez
Autor para correspondencia
gloriaguerraj@gmail.com

Autor para correspondencia.
, Alejandra Arenas Rodríguez, Juan Carlos Falcón González, Daniel Pérez Plasencia, Ángel Ramos Macías
Departamento de Otorrinolaringología, Complejo Hospitalario Insular Materno Infantil, Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas, España
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Tabla 1. Diagnósticos realizados en la consulta, por orden de frecuencia
Resumen
Introducción y objetivos

El conjunto de síntomas relacionados con los trastornos del sistema de equilibrio son comunes en la población general. Sin embargo, hay pocos estudios que cuantifiquen la frecuencia de inicio de los diversos trastornos vestibulares que se presentan en unidades especializadas de otoneurología. El objetivo de este estudio es establecer la epidemiología de los trastornos vestibulares,La forma de presentación y la carga de atención esperada en una clínica especialista en otoneurología.

Material y métodos

Estudio descriptivo observacional retrospectivo sobre los pacientes remitidos a la consulta de Otoneurología de un centro hospitalario de tercer nivel entre el 1/1/2015 y el 31/12/2015.

Resultados

Fueron valorados 174 pacientes (121 mujeres y 53 hombres) con una media de edad de 53±17 años. Durante el periodo de estudio se valoraron 43 individuos por cada 100.000 habitantes. Los pacientes fueron remitidos en su mayoría desde consultas externas de Otorrinolaringología (36,8%) y desde Atención Primaria (28,7%). El motivo de consulta más frecuente fue inestabilidad (40,2%), seguido de vértigo (31%). Los diagnósticos más frecuentes fueron vértigo posicional paroxístico benigno (28,2%) y migraña vestibular (28,2%) —definida (59%) o probable (41%)—, seguidos de enfermedad de Ménière (13.8%), trastornos de origen vascular (5.7%), mareo subjetivo crónico (4,6%) y neuritis vestibular (4%).

Conclusiones

Disponer de información precisa acerca de la prevalencia e impacto de los trastornos vestibulares es importante para la correcta planificación de los servicios sanitarios con el objetivo de responder satisfactoriamente a la demanda asistencial esperada en la comunidad. El trastorno más frecuentemente diagnosticado en una consulta de Otoneurología es el vértigo posicional paroxístico benigno y la migraña vestibular. Para la comparación de resultados es indispensable la utilización de terminología sistemática.

Palabras clave:
Vértigo
Inestabilidad
Epidemiología
Abstract
Introduction and objectives

The set of symptoms relating to disorders of the balance system are common in the general population. However, there are few studies quantifying the frequency of onset of the various vestibular disorders that present in specialist otoneurology units in the Spanish population. The aim of this study is to establish the epidemiology of vestibular disorders, their form of presentation, and the expected care burden in a specialist otoneurology clinic.

Material and methods

A retrospective, descriptive, observational study of patients referred to the otoneurology unit of a third level hospital between 1/1/2015 and 31/12/2015.

Results

One hundred and seventy-four patients were assessed (121 women and 53 men) with a mean age of 53±17 years. Forty-three individuals per 100,000 inhabitants were assessed over the study period. The patients were referred in the majority from external ENT (36.8%) and primary care (28.7%) clinics. The most frequent reason for consultation was dizziness (40.2%) followed by vertigo (31%). The most frequent diagnoses were benign paroxysmal positional vertigo (28.2%) and vestibular migraine (28.2%) —defined (59%) or probable (41%)—, followed by Ménière's disease (13.8%), vascular disorders (5.7%), chronic subjective dizziness (4.6%) and vestibular neuritis (4%).

Conclusions

The availability of precise information on the prevalence and impact of vestibular disorders is important to enable the health services to plan an appropriate response to the expected care demand in the community. Benign paroxysmal positional vertigo and vestibular migraine are the most commonly diagnosed disorders in otoneurology clinics. Systematic terminology is essential for the comparison of results.

Keywords:
Vertigo
Dizziness
Epidemiology
Texto completo
Introducción

El conjunto de síntomas que se relacionan con la alteración del sistema del equilibrio son síntomas comunes en la población1,2 y suponen un gran número de consultas médicas tanto en el ámbito de la Medicina Familiar y Comunitaria como en la práctica especializada1,3-7. Se estima que los trastornos del equilibrio constituyen el tercer motivo de consulta ambulatoria más frecuente8, y que suponen hasta el 45% de las consultas de medicina general según las series3. Los datos de los National Centers for Health Statistics de Estados Unidos indican que, durante el año 2006, las alteraciones del sistema del equilibrio supusieron 7,5 millones de visitas ambulatorias a consultas de médicos de Atención Primaria, consultas externas de médicos especialistas hospitalarios y servicios de Urgencias, lo que convirtió a estas alteraciones en uno de los problemas médicos más comunes9.

Hasta el año 2014 no se dispone de una revisión sistemática de los estudios publicados para estimar la prevalencia y la incidencia de los síntomas secundarios a los trastornos del equilibrio en la población general. En un trabajo, Murdin et al. estiman una prevalencia de inestabilidad de entre el 17 y el 30% y una prevalencia de vértigo de entre el 3 y el 10% según las series6. En un estudio realizado por Neuhauser et al. en 2005, se cuantifica que solo un 29% de los pacientes con síntomas vestibulares habían consultado a un médico debido a su sintomatología vertiginosa10. Así, el estudio señala que el vértigo vestibular es una dolencia frecuente cuya incidencia y prevalencia han sido clásicamente infraestimadas. De hecho, su frecuencia puede ser tan alta, que los autores proponen que el manejo en primer lugar de estos síntomas debería ser propio de la Atención Primaria.

Los trastornos del equilibrio y sus síntomas asociados tienen un importante impacto sobre la calidad de vida: pueden provocar una grave sensación de incapacidad y declive funcional con repercusiones en la vida laboral, social y familiar de los pacientes. El carácter crónico, fluctuante e invalidante de determinadas entidades tiene un fuerte impacto psicológico y suele conllevar ansiedad y depresión para quien lo sufre, por lo que resulta fundamental realizar una correcta valoración, tratamiento y rehabilitación específica. Es motivo frecuente de dependencia y discapacidad laboral11, y puede requerir prestaciones de incapacidad a largo plazo o permanentes7,12.

Además, los trastornos del equilibrio son factores de riesgo reconocidos para la aparición de caídas1,13-15, especialmente en personas de edad avanzada, en las que estos trastornos se asocian a un deterioro del sistema vestibular, visual, auditivo y somatosensorial propio de la edad16-18, lo que genera un alto nivel de morbimortalidad, con un aumento significativo de discapacidad, dependencia y coste socioeconómico14,19.

El avance en la práctica de la medicina basada en la evidencia en esta área requiere una investigación guiada estratégicamente de manera que pacientes y clínicos identifiquen y prioricen cuáles son los problemas susceptibles de mejora más urgentes6. Así, dentro de los trastornos del equilibrio existen entidades como la enfermedad de Ménière (EM), la migraña vestibular (MV) o la neuritis vestibular, en las que es necesaria la realización de proyectos de investigación científica para el estudio de su origen, epidemiología, diagnóstico y tratamiento.

Sin embargo, existen pocos estudios recientes que cuantifiquen porcentualmente la frecuencia de las enfermedades relacionadas con la alteración del sistema del equilibrio en el contexto específico de una consulta especializada de Otoneurología en población española. Disponer de información precisa acerca de la prevalencia e impacto de los trastornos vestibulares es importante para la correcta planificación de los servicios sanitarios con el objetivo de responder satisfactoriamente a la demanda asistencial esperada en la comunidad.

El objetivo de este estudio es realizar una revisión de la literatura disponible y de los casos del propio centro acerca de la epidemiología de los trastornos vestibulares, su forma de presentación y la carga asistencial esperable en una consulta específica de Otoneurología.

Material y métodos

Se trata de un estudio descriptivo observacional retrospectivo sobre los pacientes remitidos a una consulta específica de Otoneurología entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2015. De cada paciente se recogió edad, género, motivo de consulta primario, diagnóstico principal y diagnóstico secundario. Para la recogida de datos y el estudio descriptivo se utilizó el SPSS Statistics 20.0®. Para la caracterización del síntoma primario se ha seguido la nomenclatura definida por la Clasificación Internacional de los Trastornos Vestibulares (ICTV)20. Además, se realizó una revisión no sistemática de la literatura disponible acerca de la epidemiología de los trastornos vestibulares más frecuentes.

Resultados

Durante el periodo estudiado se valoraron como primera visita 174 individuos, 53 hombres (30,5%) y 121 mujeres (69,5%) de 53±17 años de edad media. El conjunto de tarjetas sanitarias asignadas al centro del estudio como hospital de carácter general ascendía a 459.872 en el año 2015. De acuerdo a estos datos, se remitieron en el periodo de un año un total de 38 individuos por cada 100.000 habitantes de nuestra población de referencia.

Los pacientes fueron remitidos en su mayoría desde consultas externas de Otorrinolaringología (36,8%) y desde Atención Primaria (28,7%). Un 19,5% de los pacientes fueron derivados desde otras especialidades del hospital: destacan Rehabilitación (67,6%), Neurología (17,6%) y Pediatría (8,8%). En un 14,4% de los casos la procedencia fue desconocida y un 0,6% fueron remitidos desde el Servicio de Urgencias del hospital.

El motivo de consulta más frecuente en la consulta fue la inestabilidad (40%), seguido del vértigo (31%). Un 26% manifestaban ambos síntomas en diferentes momentos de la enfermedad. Un 2,8% de los casos fueron valorados en el contexto de otras enfermedades otorrinolaringológicas, sin manifestar síntomas vestibulares.

Los diagnósticos realizados en la consulta aparecen reflejados en la tabla 1. En un 15% de los casos se realizó un diagnóstico secundario durante el seguimiento de los pacientes. De estos, el diagnóstico más frecuente fue el de MV (n=13, 7,5%) seguido del vértigo de origen vascular (n=7; 4%), vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB; n=2; 1,1%) y EM (n=2; 1,1%). Los casos de diagnóstico secundario de MV coincidieron con un primario de VPPB en 8 casos (61,5%), con EM (n=3, 23%) y con otosclerosis (n=2, 15%). Los casos de diagnóstico secundario de vértigo de origen vascular (n=7) se realizaron sobre pacientes con diagnostico primario de VPPB (n=6) o MV (n=1). Los 2casos de EM ocurrieron en pacientes con VPPB.

Tabla 1.

Diagnósticos realizados en la consulta, por orden de frecuencia

 
Vértigo posicional paroxístico benigno  49  28,2 
Migraña vestibular  49  28,2 
Enfermedad de Ménière  24  13,8 
Vértigo de origen vascular  10  5,7 
Mareo subjetivo crónico  4,6 
Neuritis vestibular 
Vértigo recurrente benigno  2,3 
Ototoxicidad  1,7 
Vértigo paroxístico benigno de la infancia  1,7 
Equivalente migrañoso  1,1 
Neurinoma del VIII  1,1 
Implante coclear  1,1 
Meningitis-cerebelitis  1,1 
Otosclerosis  1,1 
Paroxismia vestibular  0,6 
Disfunción vestibular bilateral  0,6 
Cefalea-tortícolis  0,6 
Síndrome CAT  0,6 
Laberintitis  0,6 
Enfermedad autoinmune del oído interno  0,6 
Tóxicos  0,6 
Desconocido  0,6 

De los casos de MV, el 59% se incluyeron en la categoría diagnóstica de MV definida y el 41% en la de MV probable.

En cuanto a los pacientes con EM (n=24), hubo 2casos de EM bilateral.

Dentro de los casos de VPPB (n=54) el canal más frecuentemente afecto fue el posterior (n=23; 42,5%), seguido del horizontal (n=12; 22,2%; 8 casos de canalolitiasis y 5 casos de cupulolitiasis) y el anterior (n=7; 13%). En el 16,7% de los casos, el canal afecto fue desconocido y 3 pacientes (5,6%) presentaban enfermedad multicanal.

Discusión

La aproximación a las enfermedades relacionadas con el sistema del equilibrio es compleja. Uno de los motivos que origina esta complejidad es la amplia variedad de términos utilizados por el paciente cuando hace referencia a los diversos grados y tipos de pérdida de equilibrio, lo que obliga a ser especialmente cuidadoso a la hora de caracterizar el trastorno, y por los propios especialistas entre sí. Este problema se agrava cuando nos desplazamos al ámbito internacional, donde existen diferentes barreras léxicas que pueden inducir a error en la terminología. Para solucionar este problema y evitar los conflictos que se podrían derivar del uso de una terminología inadecuada, en el año 1972, Drachman y Hart21 propusieron una clasificación de las alteraciones del estado del equilibrio en 4posibles categorías en las que es posible encuadrar a todos los pacientes que presentan estas alteraciones: presíncope, vértigo, desequilibrio y mareo.

Aunque las categorías anteriores son precisas en su definición y pese a que la frecuencia de estos trastornos no es despreciable, se ha llegado a postular que hasta un 80% de los casos de alteración del estado del equilibrio pueden llegar a generar controversia diagnóstica22-26. Además, aunque los términos vértigo por un lado y desequilibrio y mareo por otro reflejan para los otoneurólogos una posible ayuda entre síntomas vestibulares y no vestibulares, a menudo los pacientes utilizan estos términos indistintamente y algunos médicos pueden tener dificultades para diferenciarlos10.

Uno de los motivos que genera dicha controversia es el gran número de entidades que pueden generar estos síntomas, que no solo son abundantes en cantidad sino también en variedad, y que engloban diferentes entidades de órganos tan dispares como el sistema nervioso central, el sistema propioceptivo, el aparato vestibular, el sentido de la visión y los sistemas cardiocirculatorio y endocrino. En un estudio transversal sobre la National Hospital Ambulatory Medical Care Survey realizado en 2008 sobre los pacientes atendidos en los servicios de urgencias durante 13 años, se cuantificaron un total de 9.472 casos de consultas por vértigo o inestabilidad. Sus principales orígenes eran el otológico/vestibular en el 32,9% de los casos, seguido del cardiovascular en el 21,1%, respiratorio (11,5%), neurológico (11,2%), metabólico (11%), tóxico (10,6%), psiquiátrico (7,2%), digestivo (7%), genitourinario (5,1%) e infeccioso (2,9%) y con un 22,1% sin diagnóstico etiológico concreto27. Si bien el origen de estos síntomas es variado, parece cierto que, comparado con el vértigo de otros orígenes, el vértigo de origen vestibular tiene una mayor relevancia en la salud de los pacientes, pues supone más consultas (70 vs. 54%), bajas por enfermedad (41% vs. 15%), interrupción de las actividades de la vida diaria (40 vs. 12%) y reducción de las salidas del hogar (19 vs. 10%)7.

Con el objetivo de desarrollar una terminología y clasificación comprensible y sistemática de los trastornos vestibulares, surgen varios documentos de consenso como la Clasificación de los Vértigos Periféricos28, desarrollada entre 2003 y 2006 y publicada en 2008 por la Comisión Española de Otoneurología, de la Sociedad Española de Otorrinolaringología. En el año 2015 el Classification Committee de la Bárány Society publicó, tras un proceso interno de consenso durante 9 años entre diversas sociedades científicas internacionales que incluyó a la Société Internationale d’Otoneurologie, la Comisión Española de Otoneurología, la American Academy of Otolaryngology-Head and Neck Surgery (AAO-HNS), la Japanese Equilibrium Society y la Korean Balance Society, la esperada ICTV20.

En la ICTV se propone una estructura para el diagnóstico de los trastornos vestibulares en 4 estratos o capas, en los que no solo se definen síntomas y signos (estrato I), sino que estos se agrupan en síndromes clínicos (estrato II), enfermedades y trastornos (estrato III-A) y mecanismos fisiopatológicos (estratos III-B). Se describen 4categorías de síntomas vestibulares: a) vértigo, entendido como una falsa sensación de movimiento propio o del entorno, ya sea rotatorio o no rotatorio; b) desequilibrio o inestabilidad (en inglés dizziness), término bajo el cual se ha englobado una amplia variedad de términos de especificidad variable29 y ahora descrito como una sensación de orientación espacial alterada sin sensación de movimiento; c) síntomas vestíbulo-visuales y d) síntomas posturales con sus subtipos30. Cabe destacar que en este documento se resalta que, aunque son síntomas claramente diferenciables, vértigo y desequilibrio no deben considerarse patognomónicos de enfermedad vestibular o no vestibular, pues pueden encontrarse frecuentemente en ambos tipos de trastornos, de forma tanto crónica como aguda31,32. Se distingue, además, entre vértigo espontáneo y desencadenado, que ocurre tras un desencadenante claro. Dentro de este se describe el vértigo posicional, secundario tras un cambio en la posición de la cabeza con respecto al plano de la gravedad.

En el año 2003, López-Gentili et al.33 publicaron el estudio con mayor tamaño muestral hasta la fecha, 1.300 pacientes, y el único conocido en el contexto específico de una consulta de Otoneurología, para explicar la variedad de la etiología de las alteraciones del sistema del equilibrio. En él, un 69% de los pacientes presentaban vértigo; un 12%, inestabilidad; un 2% presíncope y un 17%, se clasificó en el grupo de miscelánea. Los cuadros de cada una de las entidades respondían a entidades nosológicas muy numerosas y dispares entre sí, de entre las que destaca por su frecuencia el VPPB (25,8%). Nuestros resultados concuerdan en frecuencia de VPPB, 25,8% (28,2); pero difieren significativamente en diagnóstico de Menière 5,5% (13,8), trastornos vasculares 10,1% (5,7%) y neuritis vestibular 1,8% (4%). Por otra parte, entidades importantes en nuestra muestra como la MV o el mareo subjetivo crónico no se reflejan como entidad independiente. En cuanto al motivo de consulta, nuestros resultados no son comparables por la diferente nomenclatura utilizada por estos autores.

En un estudio realizado por Mostafa et al. para determinar la frecuencia de aparición de trastornos de origen central en el contexto de una unidad vestibular, se determinó que un 23% (n=23) de los pacientes remitidos a la unidad fueron diagnosticados de algún tipo de lesión vestibular central, incluyendo isquemia generalizada o vertebrobasilar (n=10), esclerosis múltiple (n=4), vestibulopatía migrañosa (n=4), mareo postural fóbico (n=4) y nistagmos inducido por hiperventilación (n=1)34. Estos datos muestran mayor frecuencia de vértigo de origen vascular con respecto a nuestra serie (10 vs. 5,7%) y esclerosis múltiple sin embargo, en nuestra muestra hemos detectado en mayor porcentaje las entidades de MV (4 vs. 28,2%). Frecuencias similares han sido diagnosticadas para el mareo subjetivo crónico (4 vs. 4,6%) y la paroxismia vestibular (1 vs. 0,6%).

En cuanto a las comorbilidades, es interesante destacar la coexistencia en la muestra de VPPB en pacientes con MV (n=8), EM (n=3) y vértigo de origen vascular (n=6) lo que coincide con las evidencias previas acerca de una mayor aparición de VPPB en los pacientes migrañosos35, EM36 y su asociación del VPPB con diversos factores de riesgo cardiovascular37-41.

Disponer de información precisa acerca de la prevalencia e impacto de los trastornos vestibulares es importante para la correcta planificación de los servicios sanitarios con el objetivo de responder satisfactoriamente a la demanda asistencial esperada en la comunidad.

Conclusiones

Los trastornos vestibulares más frecuentemente diagnosticados en una consulta de Otoneurología son el VPPB y la MV seguido de la EM, aunque pueden darse comorbilidades aproximadamente en el 15% de los casos. El número de primeras visitas registrado en el periodo de un año asciende a 38 individuos por cada 100.000 habitantes de la población de referencia del centro. Para la comparación de resultados es indispensable la utilización de terminología sistemática.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener conflicto de intereses en este estudio.

Agradecimientos

A A. Ramos Pérez, por su ayuda en el procesamiento de datos.

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