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Vol. 7. Núm. 2.
Páginas 2717-2726 (Agosto 2017)
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1908
Vol. 7. Núm. 2.
Páginas 2717-2726 (Agosto 2017)
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DOI: 10.1016/j.aipprr.2017.06.001
Open Access
Percepción de prácticas de crianza: análisis confirmatorio de una escala para adolescentes
Perception of parenting practices: confirmatory analysis of a scale for adolescents
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Danahe Casais Molinaa, Mirta Flores Galaza,
Autor para correspondencia
fgalaz@correo.uady.mx

Autor para correspondencia. Km. 1 Carretera Mérida-Tizimín, Cholul, México. Cp. 97305 Teléfono: 9432098.
, Alejandra Domínguez Espinosab
a Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida, México
b Departamento de Psicología, Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, México
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Tabla 1. Cargas factoriales para el análisis de componentes principales: comunalidades, valores eigen y porcentajes de varianza para los reactivos de la escala de Percepción de Prácticas de Crianza para Adolescentes
Tabla 2. Medidas de tendencia central, dispersión e índices de consistencia interna de la escala de Percepción de Prácticas de Crianza para Adolescentes
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Resumen

Las prácticas de crianza parentales son significativas en etapas tempranas del desarrollo. En la adolescencia, aunque existe influencia de otros ámbitos sociales, estas prácticas aún continúan teniendo un papel significativo. El diseño y la construcción de instrumentos de medición para estas prácticas de crianza en adolescentes se han caracterizado por la complejización de variables. Esta investigación tiene como objetivo elaborar y aportar evidencias de validez estructural de la Escala de Percepción de Prácticas de Crianza para Adolescentes (Flores et al., 2010), en una muestra conformada por 623 adolescentes de Mérida, Yucatán, de entre 12 y 18 años (51.8% mujeres y 48.2% hombres). Los resultados obtenidos en el análisis factorial confirmatorio mostraron ajustes significativos (X2=1,423.049, gl=374, p=0.000; CFI=0.916, GFI=0.917, TLI=0.909, RMSEA=0.049, RMR=0.055) en un modelo de tres dimensiones: afectividad (α=0.93), control (α=0.81) y apoyo (α=0.62), con propiedades psicométricas y evidencias de validez estructural significativas. Se reporta que la afectividad y el apoyo se asocian con la percepción de las prácticas de crianza maternas en adolescentes, mientras que la dimensión de control se asocia con las prácticas de crianza paternas.

Palabras clave:
Percepción de prácticas de crianza adolescente
Medición
Afectividad
Control
Apoyo
Abstract

The parental parenting practices are significant in the early stages of development. In adolescence, although there is influence from other social spheres, these parental practices still continue to play a significant role. However the design and construction of measurement instruments for these adolescent parenting practices have been characterized by the complexization of variables. This research aims to elaborate and provide evidence of structural validity of the Parenting Perception Scale for Adolescents (Flores et al., 2010) in a sample consisted of 623 adolescents of Mérida, Yucatán, between 12 and 18 years old (51.8% are women, and 48.2% are men)). The results showed that the structural equivalence and confirmatory analyzes obtained significant adjustments (X2=1,423.049, gl=374, P=.000; CFI=.916, GFI=.917, TLI=.909, RMSEA=.049, RMR=.055) in a three dimensional model: the affectivity dimension (α= 93), the control dimension (α=.81) and the support dimension (α=.62). Psychometric properties and evidence of significant structural validity in the scale were found. It is reported that the affective dimension and the support dimension are associated with the perception of maternal parenting practices in adolescents, while the control dimension is associated with perception of parental parenting practices.

Keywords:
Perception teen parenting practices
Measurement
Affection
Control
Support
Texto completo

La crianza representa el principal medio de transmisión de valores, creencias y actitudes, que impactan en las conductas adaptativas de la infancia (Meunier y Roskam, 2009). Darling (1999) y Baumrind (1991) reconocen que influye en el desarrollo de los niños y puede ser considerada una predicción de bienestar infantil.

Inicialmente, Sears, Maccoby y Levin (1957) analizan distintos patrones de crianza, y mencionan que las prácticas de crianza, hasta cierto grado, son las responsables de las características de personalidad del niño, junto con otros elementos culturales relacionados con la madre, aspecto con el cual coinciden Schaefer y Bell (1958), ya que enfatizan la importancia de las actitudes maternas en el desarrollo del niño. De tal manera que las prácticas de crianza consideradas como comportamientos específicos, que los padres utilizan para socializar a los hijos (Darling y Steinberg, 1993), obedecen a sistemas de creencias que se han legitimado como pautas de comportamiento culturalmente relevantes con un carácter de orientación del desarrollo (Arranz, 2004), sin constituir comportamientos aislados, sino que están sustentados por una serie de creencias sobre el desarrollo y la educación de los hijos (Ceballos y Rodrigo, 2002). Asimismo se han asociado con la promoción de conductas positivas en los hijos, particularmente de apoyo y ayuda a los otros (Zacarías-Salinas y Andrade-Palos, 2014).

Un elemento significativo al estudiar la crianza, y particularmente las prácticas de crianza parentales, son las percepciones de los actores involucrados en este proceso; es decir, padres e hijos. Distintos estudios han demostrado la importancia de estudiar las percepciones de los hijos sobre la crianza paterna (Carrasco, del Barrio y Holgado, 2007; Samper, Cortés, Mestre, Nácher y Tur, 2006; Ivanova e Israel, 2006; Roa y del Barrio, 2002; Rodríguez, del Barrio y Carrasco, 2009; Andrade-Palos y Betancourt, 2008) ya que se ha evidenciado que los hijos son una fuente más exacta y confiable, a diferencia de los padres. En este sentido, un elemento que explica esta diferenciación es la deseabilidad social, ya que los padres tienen una percepción idílica de sus actividades de crianza (Roa y del Barrio, 2002; Gaylord, Kitzmann y Coleman, 2003; López-Soler, Puerto, López-Pina y Prieto, 2009), de manera que los datos más confiables son los que se obtienen a través de la percepción de los hijos (Roa y del Barrio, 2002).

El estudio de la percepción de los hijos acerca de las prácticas parentales se inicia con Grusec y Goodnow (1994), quienes argumentaban que el uso de técnicas de disciplina parental específicas (por ejemplo, el razonamiento vs. la afirmación de poder) afecta diferencialmente la internalización de un niño en dos elementos fundamentales: la percepción exacta que tiene el niño del mensaje de los padres y la aceptación o rechazo de la misma. Estudios más recientes se han enfocado en conocer las percepciones de los hijos acerca de la crianza materna y paterna, enfatizando la diferencia que existe en la influencia que ejerce cada progenitor, las relaciones padre-hijo y su efecto en conductas específicas en los hijos (Rodríguez et al., 2009; Florenzano, Valdés, Cáceres, Casassus, Sandoval, Santander y Calderón, 2009; Cruz, Vasconcelos, Barbosa, da Silva, Teixeira y Fernándes, 2011; Tur, Mestre, Samper y Malonda, 2012). En México, Zacarías-Salinas y Andrade-Palos (2014) han estudiado las percepciones de los hijos en las prácticas de crianza y su relación con la conducta prosocial, así como la relación de estas prácticas con la depresión en niños y adolescentes (Andrade-Palos, Betancourt, Vallejo, Celis y Rojas, 2012), de manera que el conocer la percepción de los hijos es significativa para obtener información relacionada con las prácticas de crianza de los padres, la diferencia entre papá y mamá al momento de percibir estas prácticas y los elementos o constructos a partir de los cuales se miden.

Medición de la crianza

Un aspecto que es de suma importancia al estudiar las prácticas de crianza es la estructuración interna de este constructo; es decir, los elementos o dimensiones que la conforman, para poder medirla de una manera objetiva, y en este sentido tres de las dimensiones que se consideran importantes para la medición de la crianza son el afecto, el control y el apoyo.

Darling (1999) menciona que el apoyo es un elemento del afecto, y se refiere a la sensibilidad parental, a la calidez y al grado en el que los padres fomentan intencionalmente la individualidad, la autorregulación y la presunción. Se identifica con bajos niveles de castigo físico, la utilización del razonamiento por parte de ambos padres y la buena comunicación, mientras que el afecto se relaciona con una adecuada expresión de emociones durante las interacciones padres-hijos. El afecto se ha asociado con aspectos como la expresión de sentimientos, la calidez en las relaciones de padres e hijos, así como un adecuado clima familiar (Lila y Gracia, 2005).

Carrasco et al. (2007), basándose en el modelo de Schaefer (1965), relacionan el afecto con la comunicación, en su dimensión de amor (amor; amor-control y amor-autonomía), en la cual las relaciones familiares positivas son definidas por una evaluación positiva del hijo y por la expresión de afecto y apoyo emocional.

El control, por su parte, se relaciona con las exigencias de los padres, con las demandas que hacen a sus hijos para integrarlos a la familia, para atender sus demandas de madurez, supervisión, esfuerzos disciplinarios y de voluntad para enfrentar al niño que desobedece (Darling, 1999). Otros estudios han, incluso, diferenciado entre dos variantes del control paterno: psicológico y conductual (Barber, 1996). El psicológico se refiere a los actos que realizan los padres para controlar las actividades de los hijos afectando negativamente su mundo psicológico. El conductual se refiere a las acciones parentales orientadas a regular o manejar el comportamiento de los hijos. Andrade-Palos et al. (2012) refieren que el control incluye acciones que implican disciplina y supervisión.

Algunos estudios iniciales en relación con las dimensiones para medir la crianza enfatizan distintas dimensiones de análisis; Schaefer (1959) presenta un modelo de acuerdo con dos dimensiones ortogonales: amor versus hostilidad y autonomía versus control. Baumrind (1971) desarrolla una tipología que incluye tres modelos de control parental: el permisivo, el autoritario y el autoritativo, los cuales hasta el día de hoy siguen siendo la base de distintos estudios relacionados con los estilos de crianza paterna. Maccoby y Martin (1983) hacen una reformulación de estos estilos parentales elaborados por Baumrind e incluyen el estilo negligente a la tipología y distinguen dos dimensiones: una es el control que se otorga al hijo en la toma de decisiones y la otra es el afecto que exista en la relación padre-hijo; ambas importantes al momento de analizar lo concerniente a la interacción padres-hijos en la crianza.

Dos aspectos que es necesario clarificar son los estilos y las prácticas de crianza, como elementos sustantivos para la medición y análisis de la crianza. Los autores que hacen una distinción clara son Darling y Steinberg (1993), de manera que los estilos de crianza se visualizan como la constelación de actitudes hacia el niño, que genera un clima emocional en el que se expresan las conductas de los padres, mientras que las prácticas parentales son aquellos comportamientos definidos por contenidos específicos y metas de socialización.

De estas posiciones teóricas, en relación con el constructo de crianza, se desprenden distintos instrumentos que la han evaluado y medido. Para la medición de estilos parentales, actitud parental, apoyo parental, control parental y estructura parental se encuentran los siguientes: Instrumento de Investigación de Actitudes Parentales (Parental Attitudes Research Instrument [PARI] de Schaefer y Bell [1958]); Lista de Cotejo de Conducta Parental (Parental Behavior Checklist, de Platz, Pupp y Fox [1994]); el Cuestionario de Estilos Parentales (The Parenting Style Questionnaire, de Bowers, Smith y Binney [1994]); Inventario de Apoyo Parental (Parental Support Inventory, de Barber y Tomas [1986]). Otros evalúan los estilos de crianza parentales (Parenting Styles and Dimensions Questionnaire, de Robinson, Mandleco, Olsen y Hart [1955]; Parenting Style and Parental Involvement, de Paulson y Sputa [1996]); el Recuerdos Propios Respecto de la Crianza (Egna Minnen Beträffande Uppfostran [EMBU], de Perris, Jacobsson, Lindström, von Knorring y Perris [1980]), que en su versión original evaluaba la percepción de los estilos parentales educativos, en los factores de rechazo, calidez emocional, sobreprotección/control y favoritismo. Otro instrumento es el Reporte del Niño del Inventario de Conducta Parental (Child's Report of Parent Behavior Inventory [CRPBI], de Schaefer [1965]), con 8 dimensiones sobre los hábitos de crianza del padre y de la madre: autonomía, amor, control, hostilidad, amor y control, control y hostilidad y sus adaptaciones (Carrasco et al., 2007; Samper et al., 2006). También se encuentra el Instrumento de Vinculación Parental (Parental Bonding Instrument [PBI], de Parker, Tupling y Brown [1979]), que inicialmente constaba de dos factores: afecto y sobreprotección, y en estudios posteriores se confirma un mejor ajuste para tres factores: afecto, protección y autoritarismo (Livianos-Aldana y Rojo-Moreno, 2003).

En México se encuentran la Escala de Prácticas Parentales de Andrade-Palos y Betancourt (2008), que integra las dimensiones del apoyo y el control parentales, con una caracterización para padres y madres en los factores de control psicológico y conductual, autonomía, e imposición. Zacarías-Salinas y Andrade-Palos (2014) diseñaron una Escala de Prácticas Parentales Prosociales (EPPPro); Contreras-Bravo y Reyes-Lagunes (2007) construyeron y diseñaron una escala que mide específicamente el control maternal, en hijos de etapa escolar; Flores, Cortés y Góngora (2008) desarrollaron y validaron un instrumento para padres y niños sobre la percepción de las prácticas parentales de crianza, encontrando 6 dimensiones que explicaban este constructo: interacción positiva, disciplina punitiva, apoyo escolar, afecto positivo, intolerancia emocional y control restrictivo; y recientemente, Oudhof, Robles y Mercado (2014) estudiaron las actividades de crianza en madres de familia, mediante la traducción para México del Cuestionario de Reporte de la Crianza para padres (Rink, van Loon, van Lokven, van der Meulen y Jansen, 2008). Estas investigaciones realizadas a nivel internacional y nacional se han enfocado básicamente en la medición de la percepción de la crianza paterna en niños, existiendo poca evidencia de estudios en adolescentes o jóvenes. Andrade-Palos y Betancourt (2008) elaboraron una escala para adolescentes, considerando los aspectos básicos de apoyo y control, con una caracterización para padres y madres, sin embargo, no consideraron la dimensión afectiva. Carrasco et al. (2007) mencionan que existen al menos dos dimensiones generales básicas en torno a las cuales se puede vertebrar y conceptuar a la crianza que son el afecto y el control.

Actualmente, en las investigaciones transculturales, se está revalorando la importancia de utilizar instrumentos de medición que puedan captar las manifestaciones culturales específicas del contexto (emics) sin atentar en los significados originales del constructo teórico original, el cual es compartido entre distintos grupos (etics) y que busca una equivalencia entre significados culturales (Van de Vijver y Tanzer, 2004). De tal manera que las dimensiones básicas de un constructo se puedan medir y observar en el instrumento, eliminando aquellos factores que se alejan no solo de la teoría básica de ese constructo, sino que además pueden ser compartidos por otras variables asociadas al término en cuestión.

Es por esto que el objetivo principal es elaborar y aportar evidencias de validez estructural de la Escala de Percepción de Prácticas de Crianza para Adolescentes (Flores et al., 2010), que cumpla con las cualidades psicométricas pertinentes, permitiendo una viabilidad para la comparación entre distintos grupos (He y van de Vijver, 2012), respondiendo a las siguientes preguntas: ¿Cuáles son las dimensiones para la medición de las prácticas de crianza en adolescentes? ¿Cuál es la percepción de las prácticas de crianza de los padres que tienen los adolescentes?

MétodoParticipantes

Se seleccionaron un total de 623 adolescentes mediante un muestreo no probabilístico accidental de escuelas públicas de los niveles de secundaria y preparatoria de la ciudad de Mérida, Yucatán. Los estudiantes que participaron fueron aquellos que asistieron a la escuela el día asignado para la aplicación. Los adolescentes seleccionados provenían de hogares en los que conviven con ambos padres. Sus edades estaban comprendidas entre los 12 y 18 años (M=14.74; DE=1.92), de los cuales 323 eran mujeres (51.8%) y 300 eran hombres (48.2%).

Instrumento

Escala de Percepción de Prácticas de Crianza (Flores et al., 2010). Esta escala se construyó a partir de un estudio exploratorio realizado en diferentes zonas del país con el objetivo de conocer la percepción de la crianza paterna (mamá y papá) en adolescentes mediante un cuestionario de preguntas abiertas. A partir de los resultados obtenidos a través de un análisis de contenido y con base en la revisión teórica se conformaron las dimensiones del instrumento (Flores et al., 2016). Es importante señalar que, a pesar de que la literatura señala tres dimensiones en la percepción de la crianza, se consideró pertinente incluir la riqueza émica obtenida en el estudio exploratorio y analizar con mayor especificidad los elementos que componen el apoyo, el afecto y el control. De tal manera, la escala quedó conformada por 63 afirmaciones, dispuestas en un formato ordinal tipo Likert con 5 niveles de respuesta: 1 (nunca), 2 (casi nunca), 3 (algunas veces), 4 (casi siempre), y 5 (siempre). El autoinforme evaluaba por separado, pero con los mismos elementos, la frecuencia con la que el adolescente percibía las prácticas de crianza del padre y de la madre en las siguientes dimensiones: (1) apoyo, afecto y motivación; (2) límites y reglas; (3) castigo verbal; (4) castigo físico; (5) comunicación; (6) apoyo escolar, y (7) orientación y formación.

Procedimiento

Una vez seleccionadas las escuelas se solicitó la autorización a las autoridades educativas de la ciudad de Mérida, Yucatán, así como de las autoridades administrativas de las escuelas, para realizar la administración de la escala. Esta administración fue colectiva, previo consentimiento informado por parte de los padres de familia y los alumnos (de 18 años), en los salones de clases, realizada por estudiantes de psicología entrenados y en presencia del profesor. El tiempo promedio de respuesta fue de 30min. La participación fue anónima y voluntaria, y se aseguró la confidencialidad de los datos.

Análisis de resultados

Se realizó un análisis de reactivos a partir de distribución de frecuencias, sesgo, curtosis, etc. Posteriormente, se unieron las puntuaciones obtenidas en las subescalas de madres y padres, para identificar una solución psicométrica común para ambos casos. Inicialmente, se llevó a cabo un análisis de consistencia interna mediante la fórmula alfa de Cronbach utilizando los 63 reactivos. Se eliminaron 17 reactivos que se encontraban por debajo de una correlación ítem-total inferior a 0.20, quedando una selección de 46 reactivos. Posteriormente, se realizó un análisis de discriminación por reactivo, utilizando la comparación entre grupos altos y bajos en la calificación obtenida por el total de la escala, mediante la prueba t de Student, encontrando que los 46 reactivos discriminaban satisfactoriamente (p>0.05).

Análisis factorial exploratorio

Se llevó a cabo un primer análisis factorial exploratorio con una rotación de tipo ortogonal (varimax) y con extracción de componentes principales; dicho análisis se consideró pertinente dado que se requería maximizar la varianza extraída para cada factor, además de que la rotación oblicua no se justificaba dado que las correlaciones ítem-ítem no superaban el 0.70. Los resultados mostraron un índice de adecuación del muestreo Kaiser-Meyer y Olkin KMO=0.958 y en el test de esfericidad de Bartlet X2=15,726.4; p=0.000, siendo ambos satisfactorios, y en donde los reactivos se agruparon en 9 factores cuyos autovalores fueron mayores que uno, explicando en su conjunto el 54.19% de la varianza total acumulada; sin embargo, solo el primer factor explicaba el 28.98% de la varianza, mientras que los siguientes factores disminuían significativamente en su porcentaje. Con base en el criterio del punto de quiebre de Cattell, se observó que una solución a tres dimensiones sería suficiente para explicar la variabilidad registrada al interior de los datos, por lo que se decidió llevar a cabo una rotación forzada a tres dimensiones. A partir de la solución identificada, se eliminan reactivos que no mostraban una comunalidad mínima de 0.30, así como que no tenían pesos factoriales mayores de 0.40 (Comrey y Lee, 2009). Finalmente, la solución a tres dimensiones explicó un 43.6% de la varianza y conceptualmente era coincidente con la literatura científica. De tal manera que la escala quedó conformada por 34 reactivos, de acuerdo con los tres factores denominados: (1) afectividad, (2) control y (3) apoyo. Estos factores se observan en la tabla 1, denotándose que el primer factor es el más importante con un autovalor 5 veces más grande que el segundo y el tercero.

Tabla 1.

Cargas factoriales para el análisis de componentes principales: comunalidades, valores eigen y porcentajes de varianza para los reactivos de la escala de Percepción de Prácticas de Crianza para Adolescentes

  Componentes 
Reactivos  Comunalidad 
2. Me hace ver cuáles son mis responsabilidades  0.153  0.594  0.071  0.381 
5. Me premia cuando hago algo bueno  0.312  0.160  0.429  0.306 
6. Me escucha cuando necesito contarle algo  0.611  0.075  0.191  0.415 
12. Me hace ver las consecuencias de mis actos  0.273  0.581  0.004  0.412 
13. Me pide que le diga con quien paso mi tiempo libre  0.026  0.439  0.183  0.226 
15. Me ayuda a hacer la tarea  0.162  0.076  0.766  0.619 
16. Me enseña a respetar a los demás  0.394  0.463  0.045  0.372 
18. Me dice que me quiere  0.551  0.148  0.219  0.373 
19. Platica conmigo sobre las normas y principios de la vida  0.465  0.275  0.334  0.404 
20. Me ayuda a resolver los problemas personales que tengo  0.575  0.210  0.374  0.515 
22. Me explica las reglas que hay en la casa  0.256  0.522  0.241  0.396 
23. Me hace sentir que puedo contar con él(ella)  0.701  0.224  0.113  0.554 
25. Me hace notar mis errores en la convivencia con los demás  0.170  0.462  0.135  0.260 
29. Me dice que le diga a qué hora regreso en la noche  −0.018  0.587  0.131  0.363 
32. Me corrige cuando cometo un error  0.312  0.606  0.084  0.472 
33. Vemos la televisión juntos y platicamos sobre los programas  0.322  0.099  0.505  0.368 
34. Me brinda confianza  0.753  0.144  0.123  0.603 
36. Me dice que le pregunte si tengo dudas de algo  0.527  0.266  0.293  0.434 
40. Me pregunta qué me sucede cuando estoy triste  0.596  0.272  0.218  0.476 
41. Me hace ver la importancia de la escuela  0.372  0.476  −0.040  0.367 
43. Me dice siempre lo orgulloso que está de mí  0.648  0.132  0.267  0.508 
44. Me pide que le diga a dónde voy cuando salgo  0.083  0.622  0.126  0.410 
45. Trata de entender lo que me sucede  0.639  0.193  0.274  0.521 
46. Se pone a estudiar conmigo  0.186  0.031  0.710  0.539 
48. Se asegura que vaya diariamente a la escuela  0.279  0.489  0.115  0.330 
51. Me apoya cuando lo necesito  0.723  0.143  0.115  0.556 
53. Me muestra comprensión  0.690  0.208  0.172  0.549 
54. Me enseña a esforzarme  0.616  0.337  0.057  0.497 
55. Me muestra cariño (abraza, besa, apapacha)  0.635  0.191  0.204  0.482 
57. Me prohíbe hacer ciertas cosas que están mal  0.161  0.471  0.057  0.251 
59. Me da palabras de aliento  0.650  0.192  0.083  0.467 
60. Me enseña a cuidar mi salud  0.564  0.318  0.070  0.424 
62. Me hace saber que soy importante para la familia  0.683  0.184  0.258  0.567 
63. Platica con los maestros sobre cómo voy en la escuela  0.192  0.204  0.562  0.395 
Valor eigen  11.22  2.09  1.50   
% de varianza  33.01  6.16  4.40   

Los valores en negrita representan los valores factoriales>0.40

Análisis de equivalencia estructural

Dado que la crianza puede tener matices dependiendo del padre o de la madre, ya que algunas prácticas son más frecuentes en uno u otro y que el simple hecho de tener una solución única para ambos no garantiza necesariamente la equivalencia estricta, se consideró pertinente verificar la equivalencia estructural ya que, si no se hiciera esto, las inferencias desprendidas de las comparaciones de las medias posteriores podrían deberse a la falta de una misma estructura compartida y no a las diferencias en la ocurrencia de dicha práctica.

De esta manera, el análisis de equivalencia estructural (Van de Vijver y Leung, 2000) para comparar las estructuras de las subescalas para madre y padre se realizó mediante una rotación proclústeres, ya que se espera que en ambas subescalas se midan las dimensiones de afectividad, control y apoyo con el mismo número de reactivos. Se calcularon los coeficientes de congruencia con base en el índice de identidad Tucker Phi para los factores de afectividad (madres=0.98; padres=0.98), control (madres=0.97; padres=0.98) y apoyo (madres=0.93; padres=0.92), encontrándose equivalencia entre las dos versiones.

Análisis factorial confirmatorio

Posteriormente se realizó un análisis factorial confirmatorio (ML máxima verosimilitud), para una solución a tres dimensiones (fig. 1), que finalmente fue satisfactoria según los índices descriptivos de ajuste (X2=1,423.049, gl=374, p=0.000; CFI=0.916, GFI=0.917, TLI=0.909, RMSEA=0.049, RMR=0.055), basada en 29 reactivos finales.

Figura 1.

Modelo confirmatorio de la escala de Percepción de Prácticas de Crianza para Adolescentes con los coeficientes estandarizados. X2=1,423.049, gl=374, p=0.000; CFI=0.916, GFI=0.917, TLI=0.909, RMSEA=0.049, RMR=0.055. Los constructos latentes están representados en elipses y las variables observadas están representadas en rectángulos.

(0,39MB).

Con base en la solución final, se obtuvieron los valores de tendencia central y dispersión, y el índice de consistencia interna mediante la fórmula de alfa de Cronbach (tabla 2).

Tabla 2.

Medidas de tendencia central, dispersión e índices de consistencia interna de la escala de Percepción de Prácticas de Crianza para Adolescentes

Dimensiones  N  M  DE  Sesgo  α 
Afectividad  1,146  4.13  0.79  −1.34  0.93 
Control  1,146  4.22  0.67  −1.35  0.81 
Apoyo  1,146  3.06  0.92  −0.143  0.62 

En el valor N se encuentra el total de participantes, uniendo las dos subescalas de padre y padre.

En la tabla 2, se observa que las dos primeras dimensiones tienen índices de consistencia interna satisfactorios (α=0.93 y α=0.81), mientras que la tercera dimensión muestra una consistencia moderada (α=0.62); sin embargo, todos los ítems contribuyen a la consistencia interna de la escala de la que forman parte y la eliminación de alguno de los reactivos no implica un incremento del alfa de Cronbach de la escala. En términos de sesgo se puede ver que se tiene una asimetría negativa, la cual es mayor en los dos primeros factores.

Discusión

De acuerdo con los resultados obtenidos, la escala de Percepción de Prácticas Parentales para Adolescentes (Flores et al., 2010) cumple con los criterios psicométricos establecidos y revela elementos de consistencia interna satisfactorios en las dimensiones de afectividad y control. En la dimensión de apoyo el valor obtenido es moderado, sin embargo, dicho valor no se considera inaceptable, tal como lo han mencionado George y Mallery (2003); además, el número de reactivos que componen este factor no implican una amenaza para la fiabilidad de la escala en función de las puntuaciones obtenidas para la adecuada estimación del constructo en adolescentes, en este contexto cultural. Se aportan datos interesantes respecto a la estructura factorial, dado que se confirma que las dimensiones básicas de afectividad, control y apoyo continúan siendo elementos sustantivos para el estudio de la crianza, y de sus prácticas.

Estas dimensiones son coincidentes con algunos de los reactivos utilizados en la subescala de calidez emocional del S-EMBU en su versión corta (Arrindell, Akkerman, Bagés, Feldman, Caballo, Oei y Zaldívar, 2005), así como en adaptaciones en otros contextos culturales, en los cuales se han mantenido las consistencias internas de dos de los factores del EMBU-C, que son apoyo emocional e intento de control (Canavarro y Pereira, 2007), semejantes a los reportados en este estudio. Asimismo, la dimensión de control ha mostrado que se mantiene como un elemento significativo, tal y como lo plantean Contreras-Bravo y Reyes-Lagunes (2007), al analizar el efecto de las prácticas de control materno en escolares, así como Anderson y Branstetter (2012) quienes también señalan la importancia del control parental en el seguimiento de los hijos. Sin embargo, estos últimos autores mencionan que este control debe ir acompañado por otros factores como son la comunicación, que en este sentido se da en la dimensión de apoyo. Oudhof et al. (2014) y Balzano (2003) refieren que la dimensión de apoyo complementa de manera importante a la dimensión de control, reconociendo que los padres en la actualidad tienden a considerar los intereses, deseos y necesidades afectivas de los hijos, estableciendo una comunicación más directa con ellos.

Es importante señalar que, a pesar de que se consideraron las características émicas para la construcción de la escala, los resultados obtenidos muestran que los factores iniciales del instrumento que se disgregaban en diversos aspectos de las dimensiones de la crianza, estas nuevamente se agrupan y demuestran que son tres las dimensiones importantes para la crianza: el afecto, el control y el apoyo. Al respecto, las investigaciones contemporáneas en el ámbito de la crianza reconocen la importancia de los tres constructos básicos en el estudio de las prácticas de crianza (Carrasco et al., 2007; Andrade-Palos y Betancourt, 2008). De ahí la importancia práctica de esta escala, que permite analizar los constructos básicos de afectividad, control y apoyo para la comprensión de este y otros contextos culturales, utilizando un instrumento de medición válido, confiable y culturalmente sensible.

Se reporta que los tres factores obtenidos en la escala obtienen una adecuada equivalencia estructural, lo cual refleja que son dimensiones que evalúan la percepción tanto del padre como de la madre, manteniéndose los conceptos básicos que se asocian con la medición de la crianza parental. En este sentido, se conformaron reactivos que explican la importancia de actividades y conductas que realizan los padres y madres que impliquen afectividad, apoyo y control en hijos adolescentes, demostrando que son significativas las prácticas de crianza parentales en esta etapa del desarrollo. Esto se relaciona con lo referido por Simpkins, Bouffard y Dearing (2009) acerca de la importancia de las conductas parentales y el ajuste en adolescentes.

Las medias en todos los factores fueron más altas en la percepción de la crianza materna, demostrando el importante papel que tienen las madres en los adolescentes en los aspectos afectivos y educativos (Mestre, Tur, Samper, Nácher y Cortés, 2007; Paulson y Sputa, 1996; Flores et al., 2008; López-Soler et al., 2009) así como de pautas actitudinales positivas para producir conductas deseables en los hijos. Estas características se relacionan con lo encontrado por Tur et al. (2012), en donde la influencia de la madre es mayor en aspectos como disciplina inductiva (autonomía/amor y amor/control) y estilos de crianza punitiva; y con lo reportado por Laible y Carlo (2004), acerca de que las madres estaban más implicadas en el proceso de crianza. En este sentido, se puede decir que aún se sigue manteniendo un patrón tradicional (Díaz-Guerrero, 2010), en el que las madres reflejan una mayor comunicación bidireccional con los hijos, manifiestan con mayor frecuencia su afectividad, atendiendo a las necesidades de apoyo, resolución de problemas y cuidado de la salud.

También se demuestra que en la percepción del padre puntúan más alto en la dimensión de control que en la de afectividad y apoyo hacia los hijos, lo cual ha coincidido con distintos estudios (Flores et al., 2008; Samper et al., 2006; Andrade-Palos y Betancourt, 2008) y puede deberse, entre otros factores, a que las madres son las que pasan mayor tiempo con los hijos y en muchas ocasiones son las responsables de ellos (González-Fuentes y Andrade-Palos, 2014), a diferencia de los padres quienes solo son percibidos como los ejecutores del control en los hijos.

Estos hallazgos muestran nuevamente que en la etapa de la adolescencia son tres los factores que siguen prevaleciendo en la crianza: el afecto, el apoyo y el control. Así como también que la percepción de las prácticas de crianza de padres y madres en los hijos adolescentes aún juega un papel significativo, siendo importante replicar este estudio en otras poblaciones o contextos desde un punto de vista transcultural y mostrar los aportes al estudio de la crianza en adolescentes, aspecto que se ha visto es importante, tal como lo reportaron Steinberg, Mounts, Lamborn y Dornbusch (1991) en su momento al referir la necesidad de replicar investigaciones de las prácticas de crianza y el desarrollo en adolescentes de distintos grupos étnicos. Asimismo, sería relevante establecer relaciones con otras variables relacionadas con esta etapa del desarrollo y a partir de ello promover programas que favorezcan relaciones padres-hijos más saludables y positivas, considerando que este instrumento, al medir los constructos teóricos básicos de la crianza y particularmente de sus prácticas, pudiera ser adaptable a otros contextos socioculturales, con las reservas y limitantes que como todo estudio posee, dado que debe ser aplicable únicamente a cierta etapa del desarrollo (adolescencia) y que existen distintas atenuantes, como son la ausencia de alguno de los progenitores o la presencia de otras figuras significativas distintas a los padres.

Financiación

Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Beca de Doctorado en Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Yucatán, N.° 250009.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener conflicto de intereses.

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La revisión por pares es responsabilidad de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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