Desde la perspectiva de la comparación social, las emociones y motivaciones relacionadas con el estatus social pueden desempeñar un papel importante en la comprensión de las conductas agresivas durante la adolescencia. En particular, la envidia disposicional puede motivar a los adolescentes a buscar una mayor popularidad dentro de las jerarquías de pares, lo que potencialmente podría incrementar su implicación en comportamientos de bullying. Sin embargo, la evidencia longitudinal que examine estos procesos sigue siendo limitada. El presente estudio ha investigado las asociaciones longitudinales entre la envidia disposicional, la necesidad de popularidad y las conductas de bullying y cyberbullying en una muestra de 707 adolescentes (11–17 años; M=13.35, DT=0.93) evaluados a lo largo de tres olas de medición. Se ha utilizado un modelo de ecuaciones estructurales con efectos cruzados para examinar las relaciones temporales entre las variables. Los resultados han mostrado que la envidia disposicional en el Tiempo 1ha predicho positivamente la necesidad de popularidad en el Tiempo 2. A su vez, la necesidad de popularidad se ha asociado con mayores niveles de conducta de bullying en el Tiempo 3, pero no con cyberbullying. El efecto indirecto que ha vinculado la envidia con el bullying a través de la necesidad de popularidad ha sido pequeño y debe interpretarse con cautela, y no se ha observado un efecto de mediación para el cyberbullying. Los análisis multigrupo han indicado que las relaciones estructurales han sido similares entre chicos y chicas. En conjunto, los hallazgos sugieren que la envidia disposicional puede contribuir indirectamente a la conducta de bullying al incrementar la motivación de los adolescentes por alcanzar estatus social dentro de las jerarquías de pares. Estos resultados destacan el papel de las motivaciones relacionadas con el estatus en el desarrollo del bullying y subrayan la importancia de abordar estas dinámicas en los esfuerzos de prevención.
From a social comparison perspective, emotions and motivations related to social status may play an important role in understanding aggressive behavior during adolescence. In particular, dispositional envy may motivate adolescents to pursue higher popularity within peer hierarchies, potentially increasing their involvement in aggressive behaviors such as bullying. However, longitudinal evidence examining the processes linking envy, status-related motivations, and aggression remains limited. The present study investigated the longitudinal associations among dispositional envy, need for popularity, and both bullying behavior and cyberbullying behavior in a sample of 707 adolescents (ages 11–17 years; M=13.35, SD=0.93) assessed across three waves. Cross-lagged structural equation modeling was used to examine the temporal relationships among these variables. Results showed that dispositional envy at Time 1 positively predicted need for popularity at Time 2. In turn, need for popularity was associated with higher levels of bullying behavior at Time 3, but not with cyberbullying behavior. The indirect effect linking envy to bullying through need for popularity was small and should therefore be interpreted with caution, and no mediation effect was observed for cyberbullying. Multi-group analyses indicated that the structural relations among the variables were similar for boys and girls. Overall, the findings suggest that dispositional envy may contribute indirectly to bullying behavior through adolescents’ motivation to achieve social status. These results highlight the relevance of status-related motivations in the development of bullying during adolescence and underscore the importance of addressing such socio-motivational dynamics in prevention efforts.
El bullying tradicional (cara a cara) es un patrón profundamente perjudicial de agresión entre iguales que ocurre en el entorno escolar. Se caracteriza comúnmente por cuatro elementos fundamentales: (1) intencionalidad (el agresor busca causar daño), (2) desequilibrio de poder (el agresor posee una ventaja real o percibida social, física o psicológica sobre la víctima), (3) repetición (la conducta se produce de manera reiterada en el tiempo) y (4) el uso sistemático de comportamientos agresivos (físicos, verbales o relacionales) destinados a intimidar, humillar o excluir socialmente a la víctima (Olweus, 1993). Además, discusiones teóricas recientes han destacado la importancia de considerar la experiencia de daño desde la perspectiva de la víctima como un criterio relevante para identificar situaciones de bullying (Waseem y Nickerson, 2024). Cuando esta forma de agresión se lleva a cabo mediante dispositivos electrónicos, como redes sociales, mensajería instantánea, correo electrónico, videojuegos en línea o mensajes de texto, se denomina ciberbullying (Camacho et al., 2023). Ambas formas de violencia interpersonal (bullying tradicional y ciberbullying) han sido reconocidas a nivel global como importantes problemas de salud pública debido a su alta prevalencia entre adolescentes y a las graves consecuencias físicas y psicológicas que generan en quienes las padecen (Charalampous et al., 2018; Oriol et al., 2019). Las causas subyacentes del bullying y del ciberbullying son complejas y multifactoriales, resultado de interacciones intrincadas entre diversos factores contribuyentes (Cour et al., 2022). En consecuencia, uno de los aspectos más relevantes en la literatura sobre esta forma de violencia interpersonal consiste en identificar los factores que mejor explican la conducta agresiva en los perpetradores.
En los últimos años, un creciente cuerpo de investigación ha destacado la importancia de la necesidad de estatus social y popularidad dentro de los grupos de iguales como un motor clave del bullying y del ciberbullying en la adolescencia (Košir et al., 2022; Pouwels et al., 2018). En este sentido, la adolescencia constituye un periodo crucial para la formación de la identidad, caracterizado por una elevada motivación por alcanzar popularidad, aceptación social y afiliación con los pares, junto con una mayor sensibilidad a la exclusión social (Blakemore, 2019; Tomova et al., 2021). Estas motivaciones sociales pueden llevar a los adolescentes a involucrarse en conductas agresivas como una estrategia para mantener o mejorar su posición dentro de la jerarquía social del grupo (Pouwels et al., 2018).
Desde una perspectiva evolucionista, la reputación social y la popularidad se consideran funciones adaptativas en los entornos sociales, actuando como motivadores clave de la conducta agresiva durante la adolescencia (Volk et al., 2022). En particular, la evidencia sugiere que los agresores suelen alcanzar un estatus social elevado, especialmente en la adolescencia temprana (por ejemplo, Vaillancourt et al., 2003; Wiertsema et al., 2023). Este estatus elevado puede fomentar el uso de la agresión como una herramienta estratégica para obtener ventajas competitivas frente a los pares (Volk et al., 2022; Volk et al., 2014). Esta búsqueda de estatus social también parece extenderse a los entornos virtuales, donde el ciberbullying funciona igualmente como una estrategia instrumental que puede proporcionar reconocimiento social y dominancia (Camacho et al., 2023). Desde otra perspectiva complementaria, la teoría sociocognitiva de Bandura (2002), un marco fundamental para comprender los mecanismos subyacentes a estas formas de violencia, también subraya la relevancia del estatus social y de las estructuras jerárquicas en la dinámica del bullying. Según esta teoría, conductas como el bullying tienen más probabilidades de repetirse cuando generan refuerzos positivos, como una mayor atención social o un incremento del estatus dentro del grupo de iguales.
En conjunto, las perspectivas evolucionista y sociocognitiva ofrecen una explicación convincente de por qué el bullying y el ciberbullying pueden funcionar como estrategias eficaces para mejorar el estatus dentro de las jerarquías sociales adolescentes y cómo estos comportamientos se refuerzan con el tiempo. Sin embargo, estos enfoques aportan una comprensión más limitada de los procesos psicológicos que inician la implicación de los adolescentes en conductas agresivas orientadas al estatus. No explican completamente por qué, en un mismo contexto social competitivo y jerárquico, solo algunos adolescentes transforman sus preocupaciones por el estatus en conductas agresivas, mientras que otros optan por estrategias alternativas no agresivas. Abordar esta limitación requiere examinar con mayor profundidad las señales afectivas y motivacionales que emergen de los procesos de comparación social y que pueden canalizar las preocupaciones por el estatus hacia respuestas conductuales específicas. En particular, existe aún escasa evidencia longitudinal que analice si la envidia disposicional, como respuesta socioafectiva derivada de comparaciones sociales desfavorables, contribuye al desarrollo de conductas de bullying y ciberbullying a lo largo del tiempo. Asimismo, se ha prestado poca atención a si motivaciones orientadas al estatus, como la necesidad de popularidad, actúan como un mecanismo a través del cual las percepciones de desventaja asociadas a la envidia se traducen en conductas agresivas durante la adolescencia.
Asociaciones entre la envidia disposicional y el bullying y el ciberbullyingComo se señaló previamente, la perspectiva sociocognitiva de Bandura (2002) destaca los procesos de comparación social como un motor clave para comprender por qué los adolescentes pueden involucrarse en conductas agresivas con el fin de preservar o mejorar su posición dentro de las jerarquías de pares. Cuando los adolescentes perciben una discrepancia entre su propio estatus social y el de compañeros más populares, estas comparaciones desfavorables pueden generar evaluaciones negativas de sí mismos y motivar intentos por reducir dicha desventaja percibida, en ocasiones mediante estrategias agresivas orientadas a la adquisición de estatus (Geng et al., 2022; Lange et al., 2018).
Una disposición afectiva particularmente relevante en este contexto es la envidia disposicional. Perspectivas contemporáneas la describen como una respuesta socioafectiva dolorosa y centrada en el yo que surge de comparaciones sociales ascendentes y de la percepción de inferioridad relativa en dominios valorados (Crusius et al., 2020). Desde este enfoque, la envidia funciona como una señal psicológica de amenaza al estatus social o al acceso a recursos valiosos, lo que puede activar procesos motivacionales orientados a restaurar la propia posición relativa dentro del grupo de pares (Ramachandran y Jalal, 2017). Esta activación motivacional puede, a su vez, reducir la preocupación empática e incrementar la probabilidad de conductas instrumentales dirigidas a recuperar el estatus, incluyendo formas agresivas de interacción.
Desde la perspectiva sociocognitiva, los estados emocionales influyen en los procesos motivacionales al moldear las autoevaluaciones, las expectativas de resultado y la conducta orientada a metas (Bandura, 2002). En el caso de la envidia, la comparación social ascendente puede intensificar la conciencia de inferioridad relativa en dominios socialmente valorados, como el estatus y el reconocimiento entre iguales. Esta mayor conciencia puede activar esfuerzos dirigidos a metas orientadas a restaurar la propia posición dentro de la jerarquía social. Dado que la popularidad constituye un marcador central de estatus en los grupos de adolescentes, esta activación motivacional puede traducirse en un incremento de la necesidad de popularidad, entendida como el deseo de obtener visibilidad social, influencia y reconocimiento entre los pares.
Un creciente cuerpo de investigación sugiere que la envidia puede fomentar conductas agresivas dirigidas a superar discrepancias percibidas de estatus y acceder a posiciones más privilegiadas dentro de las jerarquías sociales (Lange y Protasi, 2021; Rengifo y Laham, 2022; Yang y Guo, 2023). Estudios previos han distinguido entre experiencias situacionales de envidia, desencadenadas por contextos sociales específicos caracterizados por un control percibido limitado sobre la mejora del estatus, y la envidia disposicional, que refleja una tendencia más estable a experimentar sentimientos crónicos de inferioridad frente a otros más aventajados (Cohen-Charash, 2009; Lange et al., 2018; Smith et al., 1999).
En particular, la envidia disposicional se ha asociado con mayores niveles de hostilidad, resentimiento y motivación por reducir la desventaja percibida, lo que puede incrementar la probabilidad de conductas instrumentales orientadas a socavar a otros considerados superiores. La evidencia empírica ha vinculado la envidia disposicional con conductas engañosas y agresivas, especialmente en poblaciones adultas (para una revisión, véase Yu et al., 2018). Investigaciones emergentes han extendido estos hallazgos a la adolescencia, mostrando que niveles más altos de envidia disposicional se asocian con una mayor implicación en conductas de bullying y ciberbullying (por ejemplo, Geng et al., 2022; Hitokoto y Sawada, 2021; Villanueva-Moya et al., 2023). Por ejemplo, los adolescentes que reportan niveles elevados de envidia tienen mayor probabilidad de involucrarse en conductas agresivas como medio para reducir el estatus social de aquellos pares percibidos como superiores (Hitokoto y Sawada, 2021).
En contextos en línea, la traducción de la envidia en conducta agresiva puede verse facilitada por características estructurales como el anonimato, la menor rendición de cuentas y la ausencia de retroalimentación inmediata de la víctima, factores que pueden debilitar las restricciones sociales e incrementar la desinhibición agresiva (Özden-Yildirim, 2019). Además, los entornos digitales pueden intensificar los procesos de comparación social al exponer a los adolescentes a representaciones altamente seleccionadas e idealizadas de sus pares, amplificando potencialmente las percepciones de inferioridad y amenaza al estatus (Geng et al., 2022).
A pesar de que investigaciones previas han vinculado la envidia con diversas formas de agresión, incluyendo el bullying y el ciberbullying, la evidencia empírica sigue siendo limitada y predominantemente de carácter transversal. Esta limitación metodológica restringe la comprensión de la dinámica temporal y de la direccionalidad causal entre la envidia y la conducta agresiva (Geng et al., 2022; Hitokoto y Sawada, 2021; Lange y Crusius, 2015). Asimismo, aunque los marcos teóricos han sugerido que la envidia puede motivar el daño interpersonal como estrategia para reducir disparidades sociales percibidas, se ha prestado menor atención a los objetivos motivacionales específicos a través de los cuales la envidia se traduce en conducta agresiva, particularmente durante la adolescencia.
En los contextos de pares adolescentes, la obtención de estatus y la popularidad constituyen metas sociales altamente relevantes (Pouwels et al., 2018). Si bien investigaciones previas han demostrado que la envidia se asocia con hostilidad y tendencias agresivas orientadas a reducir desventajas de estatus percibidas (Lange y Crusius, 2015; Yu et al., 2018), la evidencia empírica que examina cómo la envidia se traduce en bullying y ciberbullying sigue siendo limitada y mayoritariamente transversal (Geng et al., 2022; Hitokoto y Sawada, 2021). Más importante aún, los estudios existentes rara vez han analizado si la envidia contribuye a la conducta agresiva mediante la activación de estados motivacionales específicos orientados al estatus, como un incremento en la necesidad de popularidad, especialmente durante la adolescencia, una etapa del desarrollo caracterizada por una elevada sensibilidad al estatus entre iguales y a los procesos de comparación social (Pouwels et al., 2018; Romera et al., 2021). Abordar esta brecha requiere un enfoque longitudinal capaz de captar cómo las percepciones de desventaja asociadas a la envidia evolucionan hacia procesos motivacionales orientados a la popularidad y, posteriormente, hacia estrategias conductuales agresivas.
El papel mediador de la necesidad de popularidadComo se ha señalado previamente, la envidia disposicional puede actuar como una señal de amenazas percibidas al estatus social del adolescente o a su acceso a recursos valorados dentro del grupo de iguales (Lange y Crusius, 2015). Sin embargo, estas señales afectivas por sí solas no explican cómo los sentimientos de desventaja se traducen en acciones agresivas concretas. Por ello, identificar los mecanismos motivacionales que canalizan el malestar asociado a la envidia hacia estrategias conductuales específicas resulta fundamental para comprender la perpetración del bullying durante la adolescencia (Xiang et al., 2019; Yu et al., 2018). En este sentido, los mecanismos motivacionales orientados a la consecución de un mayor estatus pueden ayudar a clarificar la conexión entre las experiencias vinculadas a la envidia y la conducta agresiva (Chmielowice-Szymanski et al., 2024). Uno de estos mecanismos es la necesidad de popularidad, que representa un objetivo central orientado al estatus durante la adolescencia y puede operar como un puente entre las percepciones de desventaja asociadas a la envidia y la conducta agresiva (Romera et al., 2021).
De acuerdo con el marco sociocognitivo de Bandura (2002), las experiencias afectivas no constituyen respuestas pasivas, sino señales que activan procesos motivacionales y conductas orientadas a metas. En este sentido, la búsqueda de popularidad puede funcionar como un mecanismo clave a través del cual las percepciones de desventaja asociadas a la envidia se traducen en conductas agresivas percibidas como estrategias eficaces para elevar el propio estatus dentro de la jerarquía del grupo de iguales (Pouwels et al., 2018; Wiertsema et al., 2023). En este marco, la necesidad de popularidad se define como el deseo de reconocimiento social y autoestima derivada de la influencia y el impacto dentro del grupo de pares (Laninga-Wijnen et al., 2019; Pouwels et al., 2018). Esta necesidad desempeña un papel crucial en la dinámica social de la adolescencia, particularmente en relación con la conducta agresiva.
La evidencia empírica sugiere que los adolescentes con metas orientadas a la popularidad presentan una mayor propensión a implicarse tanto en agresión física como relacional (Cillessen et al., 2014; Dawes y Xie, 2014; Malamut et al., 2020; Romera et al., 2021). Por ejemplo, el estudio longitudinal de Romera et al. (2021), realizado con 3,017 adolescentes de entre 11 y 16 años, mostró que aquellos con una alta necesidad de popularidad presentaban mayores niveles de desconexión moral y perpetración de bullying. De manera similar, el estudio de Laninga-Wijnen et al. (2022), con una muestra de 1,186 adolescentes, evidenció que los objetivos de popularidad predicen la conducta de bullying, especialmente cuando existe una discrepancia entre la popularidad deseada y la percibida. Los adolescentes que aspiran a ser populares pero no se perciben como tales tienen mayor probabilidad de utilizar la agresión como estrategia para ascender en la jerarquía social. En concreto, aquellos con una fuerte necesidad de reconocimiento social tienden a evaluar los beneficios y costes potenciales del bullying, decidiendo participar cuando perciben que ello incrementará su popularidad con un riesgo mínimo para sí mismos (Pan et al., 2020; Pouwels et al., 2019). En algunos casos, incluso pueden recurrir a estrategias coercitivas para escalar en la jerarquía social (Ojanen y Findley-Van Nostrand, 2014).
Por otro lado, en relación con el vínculo entre la necesidad de popularidad y la agresión en contextos digitales, diversos estudios han mostrado que los adolescentes con una fuerte orientación al estatus tienden a utilizar las plataformas digitales para exhibir poder o ridiculizar públicamente a otros con alta visibilidad social (Camacho et al., 2023). En particular, la inmediatez, la visibilidad pública y el refuerzo social que ofrecen estos entornos convierten al ciberbullying en un canal funcional para quienes buscan afirmar dominancia o ganar reconocimiento social (Nesi et al., 2018). De este modo, los entornos virtuales pueden facilitar el uso de la agresión como estrategia para alcanzar reconocimiento social. No obstante, aunque los motivos de popularidad pueden moldear de manera similar la conducta agresiva en contextos en línea, el grado en que la necesidad de popularidad media la relación entre la envidia y el ciberbullying puede depender de características contextuales como el anonimato, la identificabilidad y la retroalimentación social, que diferencian las interacciones digitales de las presenciales.
Más allá de estos mecanismos motivacionales, también resulta relevante considerar si los procesos que vinculan la envidia, la necesidad de popularidad y la conducta agresiva operan de manera similar según el género. La adolescencia se caracteriza por importantes diferencias de género en el funcionamiento socioemocional y en la dinámica entre pares, lo que puede influir en la forma en que las motivaciones relacionadas con el estatus se traducen en conducta dentro de los grupos de iguales. Investigaciones previas sugieren que chicos y chicas pueden diferir en su orientación hacia el estatus social, la aprobación de los pares y el uso de estrategias agresivas para desenvolverse en las jerarquías sociales (Bravo et al., 2022; Yu et al., 2018). Estas diferencias abren la posibilidad de que los procesos motivacionales que vinculan la envidia, los objetivos de popularidad y la conducta agresiva no operen de manera idéntica en ambos géneros. Examinar si estas asociaciones difieren entre chicos y chicas puede, por tanto, aportar una comprensión más profunda de los mecanismos sociales que subyacen al bullying y al ciberbullying durante la adolescencia.
El presente estudioEl presente estudio tiene como objetivo avanzar en la comprensión de las trayectorias evolutivas que vinculan la envidia disposicional con las conductas de bullying y ciberbullying durante la adolescencia. En concreto, se pretende examinar si la envidia disposicional predice de manera prospectiva la implicación en conductas agresivas tanto en contextos offline como online, así como identificar los procesos motivacionales a través de los cuales estas asociaciones se desarrollan a lo largo del tiempo. A partir de las perspectivas evolutiva y sociocognitiva, el estudio se centra en el papel de la motivación orientada al estatus, conceptualizada como la necesidad de popularidad, como un mecanismo clave mediante el cual las percepciones de desventaja asociadas a la envidia pueden traducirse en estrategias conductuales agresivas. De forma más específica, el primer objetivo del estudio consiste en analizar las asociaciones longitudinales entre la envidia disposicional y las conductas de bullying y ciberbullying a lo largo de tres momentos de medida, con el fin de esclarecer la direccionalidad temporal y la estabilidad de estas relaciones. El segundo objetivo es evaluar si la necesidad de popularidad actúa como un proceso motivacional mediador que conecta la envidia disposicional con la implicación posterior en conductas de bullying y ciberbullying. Finalmente, considerando las diferencias estructurales entre las interacciones entre iguales en contextos online y offline, el estudio pretende explorar si estas trayectorias longitudinales operan de manera similar en el bullying tradicional y en el ciberbullying, o si el papel mediador de la necesidad de popularidad varía según el contexto. Asimismo, dado que investigaciones previas han señalado posibles diferencias de género en la dinámica entre iguales y en las motivaciones relacionadas con el estatus durante la adolescencia, el estudio también examina si estas asociaciones longitudinales se mantienen de forma similar en chicos y chicas.
A partir de estos objetivos, se han formulado tres hipótesis: (1) Niveles más elevados de envidia disposicional en el Tiempo 1 predicen mayores niveles de conducta agresiva a lo largo del tiempo. En concreto, una mayor envidia disposicional se asocia con una mayor implicación en conductas de bullying y ciberbullying en momentos de medida posteriores, (2) La necesidad de popularidad en el Tiempo 2 media la relación longitudinal entre la envidia disposicional en el Tiempo 1 y las conductas de bullying y ciberbullying en el Tiempo 3. En este sentido, la envidia disposicional en el Tiempo 1 incrementa la necesidad de popularidad en el Tiempo 2, lo que a su vez aumenta la implicación en conductas agresivas en el Tiempo 3; y (3) Las relaciones estructurales entre la envidia disposicional, la necesidad de popularidad y ambas formas de bullying difieren entre chicos y chicas.
MétodoParticipantesLa muestra ha sido reclutada mediante una estrategia de muestreo por conveniencia en seis centros de educación secundaria ubicados en Ecuador. Como criterio de inclusión, se ha establecido que los estudiantes tuvieran entre 11 y 18 años. El estudio ha sido aprobado por el Comité de Ética de la Universidad del Desarrollo y se ha llevado a cabo siguiendo los estándares éticos establecidos para la investigación con participantes humanos. En la Ola 1, se han incluido un total de 971 adolescentes. La muestra ha estado compuesta por 446 varones (45.9%) y 525 mujeres (54.1%), con edades comprendidas entre los 11 y 17 años (M=13.35, DT=0.93),. En la Ola 2, se han incluido 821 adolescentes (379 varones, 46.2%; 442 mujeres, 53.8%), con una edad media de 13.82 años (DT=0.83). En la Ola 3, se han incluido 794 adolescentes (374 varones, 47.1%; 420 mujeres, 52.9%), con una edad media de 14.24 años (DT=0.91).
Los datos perdidos han sido examinados antes de llevar a cabo los análisis principales. El conjunto de datos inicial ha incluido a 1,029 adolescentes que han participado en al menos una ola del estudio. A lo largo de las tres olas de recogida de datos, 711 participantes (69.1%) han completado todas las olas, mientras que 318 participantes (30.9%) han presentado datos perdidos en al menos una de ellas. La proporción de datos perdidos ha aumentado a lo largo de las olas, lo cual resulta habitual en estudios longitudinales realizados en contextos escolares. En concreto, el 94.2% de los participantes ha proporcionado datos completos en la Ola 1 (5.8% de datos perdidos), el 79.7% en la Ola 2 (20.3% de datos perdidos) y el 77.3% en la Ola 3 (22.7% de datos perdidos).
Con el objetivo de examinar el mecanismo subyacente a los datos perdidos, se ha llevado a cabo la prueba MCAR de Little (Little, 2013). Los resultados han indicado que el mecanismo de datos faltantes ha sido consistente con el supuesto de datos faltantes completamente al azar (MCAR), p=. 34, lo que ha sugerido que la probabilidad de ausencia de datos no ha estado sistemáticamente relacionada con las variables observadas del estudio. Para analizar posibles sesgos de attrition, se han comparado las diferencias iniciales entre quienes han completado las tres olas (grupo retenido) y quienes no lo han hecho (grupo de attrition). Las pruebas t para muestras independientes no han revelado diferencias significativas entre los grupos en las principales variables del estudio en la Ola 1, incluyendo envidia disposicional, necesidad de popularidad, bullying y ciberbullying. Asimismo, no se ha encontrado una asociación significativa entre el género y la attrition, χ2(2)=0.42, p=.81.
InstrumentosLa perpetración de bullying ha sido evaluada mediante la Illinois Bullying Behavior Scale (Espelage y Holt, 2001), instrumento que mide la frecuencia de conductas agresivas dirigidas hacia otros estudiantes durante los últimos 30 días. El instrumento ha sido administrado en español siguiendo versiones previamente traducidas y utilizadas en investigaciones con adolescentes chilenos (Varela et al., 2019). Las respuestas han sido registradas mediante una escala tipo Likert de 1=nunca a 4=casi siempre. Se incluyen ítems como, por ejemplo, “He molestado a otros estudiantes”. La consistencia interna ha sido adecuada en todas las olas, con valores de alfa de Cronbach entre. 82 y. 87 y valores de omega de McDonald entre .85 y .90 (Ola 1: α=.82, ω=.85; Ola 2: α=.87, ω=.90; Ola 3: α=.87, ω=.90). Los análisis factoriales confirmatorios (CFA) han respaldado la estructura unifactorial esperada de la escala. En la Ola 1, se ha observado un ajuste aceptable del modelo (CFI=.981, TLI=.974, RMSEA=.079, SRMR=.066). En la Ola 2, se ha observado una mejora en el ajuste del modelo (CFI=.989, TLI=.985, RMSEA=.063, SRMR=.057). En la Ola 3, el modelo ha presentado un buen ajuste (CFI=.994, TLI=.993, RMSEA=.058, SRMR=.051). Las cargas factoriales estandarizadas han oscilado entre .61 y .89 en las tres olas, lo que ha indicado una fuerte asociación de los ítems con el constructo de bullying.
La perpetración de ciberbullying ha sido evaluada mediante una escala de cuatro ítems adaptada de instrumentos desarrollados por Ybarra et al. (2007) y Low y Espelage (2013), los cuales evalúan la frecuencia de implicación en conductas agresivas en línea, como difundir rumores o publicar mensajes amenazantes. Los ítems han sido administrados en español siguiendo versiones previamente utilizadas en estudios con adolescentes chilenos (Varela et al., 2019). La consistencia interna ha sido adecuada en todas las olas (Ola 1: α=.73, ω=.77; Ola 2: α=.82, ω=.84; Ola 3: α=.79, ω=.82). Se han realizado análisis factoriales confirmatorios específicos por ola para evaluar la validez factorial de la escala. En la Ola 1 se ha observado un ajuste aceptable del modelo (CFI=.970, TLI=.923, RMSEA=.120, SRMR=.031). En la Ola 2, el ajuste del modelo ha mejorado sustancialmente (CFI=.990, TLI=.970, RMSEA=.090, SRMR=.020). En la Ola 3, se ha observado un ajuste excelente del modelo (CFI=1.000, TLI=1.000, RMSEA=.000, SRMR=.010). Las cargas factoriales estandarizadas han oscilado entre .56 y .85 en las distintas olas, respaldando la adecuación de la estructura latente de cuatro ítems.
La necesidad de popularidad ha sido evaluada mediante la Need for Popularity Scale desarrollada originalmente por Santor et al. (2000) y posteriormente validada y utilizada en muestras de adolescentes hispanohablantes (Del Rey et al., 2019). La escala evalúa la motivación de los adolescentes por ser percibidos como populares e influyentes dentro de su grupo de iguales. El instrumento consta de 12 ítems con formato Likert de 1=totalmente en desacuerdo a 7 totalmente de acuerdo. Se incluyen ítems como, por ejemplo, “He ignorado a ciertas personas para ser más popular entre otros”. La consistencia interna ha sido alta en todas las olas (Ola 1: α=.89, ω=.91; Ola 2: α=.91, ω=.94; Ola 3: α=.92, ω=.94). En la Ola 1, el modelo ha presentado un ajuste muy bueno (CFI=.995, TLI=.994, RMSEA=.067, SRMR=.048). En la Ola 2, se ha observado un ajuste excelente del modelo (CFI=.997, TLI=.996, RMSEA=.049, SRMR=.041). En la Ola 3, el ajuste se ha mantenido elevado (CFI=.996, TLI=.995, RMSEA=.055, SRMR=.043). Las cargas factoriales estandarizadas han oscilado entre .42 y .90, mostrando en su mayoría saturaciones moderadas a altas en el factor latente.
La envidia disposicional ha sido evaluada mediante la versión validada en español de la Dispositional Envy Scale desarrollada por Smith et al. (1999). El instrumento consta de ocho ítems diseñados para medir la tendencia general a experimentar envidia como una disposición socioafectiva relativamente estable derivada de comparaciones sociales desfavorables. Las respuestas han sido registradas mediante una escala Likert de cinco puntos, de 1=totalmente en desacuerdo a 5=totalmente de acuerdo. Se incluyen ítems como, por ejemplo, “Siento envidia todos los días” y “La amarga verdad es que generalmente me siento inferior a los demás”. La versión en español ha mostrado propiedades psicométricas adecuadas en poblaciones hispanohablantes (Reyes Pérez et al., 2023). En el presente estudio, la consistencia interna ha sido adecuada en todas las olas (Ola 1: α=.86, ω=.89; Ola 2: α=.88, ω=.92; Ola 3: α=.88, ω=.92). Se han realizado análisis factoriales confirmatorios por separado para cada ola. La estructura unifactorial de la escala ha mostrado un ajuste aceptable a lo largo del tiempo. En la Ola 1, el ajuste del modelo ha sido CFI=.987, TLI=.981, RMSEA=.099 y SRMR=.053. En la Ola 2, se ha observado una mejora en el ajuste del modelo (CFI=.992, TLI=.989, RMSEA=.092, SRMR=.046). En la Ola 3, el modelo también ha mostrado un ajuste aceptable (CFI=.990, TLI=.986, RMSEA=.094, SRMR=.049). Las cargas factoriales estandarizadas han oscilado entre .68 y .87 en las distintas olas.
Para evaluar adicionalmente la estabilidad longitudinal del modelo de medida, se ha estimado un CFA longitudinal que ha incluido los cuatro constructos a lo largo de las tres olas de forma simultánea. El modelo ha mostrado un buen ajuste global, χ2(4587)=6901.42, p<.001, CFI=.993, TLI=.993, RMSEA=.027 (IC 90% [.025, .028]) y SRMR=.049. El patrón de cargas factoriales se ha mantenido estable a lo largo del tiempo, respaldando la estabilidad temporal de la estructura de medida.
ProcedimientoEl estudio se ha llevado a cabo con la autorización y colaboración de los directores de los centros educativos. La participación ha sido voluntaria y se ha obtenido el consentimiento informado por escrito tanto de los estudiantes como de sus padres antes de la recogida de datos. Asimismo, se ha informado a los participantes sobre los objetivos del estudio, la confidencialidad de sus respuestas y su derecho a retirarse del estudio en cualquier momento sin consecuencias. La recogida de datos se ha realizado en el aula mediante cuestionarios en formato papel y lápiz administrados por miembros entrenados del equipo de investigación. Cada ola de recogida de datos ha tenido una duración aproximada de 30 minutos. La presencia de los investigadores durante la administración de los cuestionarios ha garantizado la posibilidad de plantear dudas y una comprensión homogénea de las instrucciones en todos los centros.
Análisis de datosTodos los análisis estadísticos se han realizado utilizando R (versión 4.3.1). Los modelos de ecuaciones estructurales se han estimado mediante el paquete lavaan (Rosseel, 2012). Los datos perdidos se han tratado mediante estimación de máxima verosimilitud con información completa (FIML), lo que ha permitido utilizar todos los datos disponibles bajo el supuesto de datos perdidos al azar (MAR) y obtener estimaciones no sesgadas en modelos longitudinales (Enders, 2010). Antes de los análisis principales, se han examinado los patrones de datos perdidos y la attrition a lo largo de las olas. La prueba MCAR de Little ha indicado que el patrón de datos perdidos ha sido consistente con un mecanismo de datos perdidos completamente al azar. Asimismo, se han realizado comparaciones iniciales entre quienes han completado todas las olas y quienes han presentado datos perdidos, con el fin de evaluar posibles sesgos de attrition.
Los análisis se han desarrollado en varias etapas. En primer lugar, se han calculado estadísticos descriptivos para todas las variables del estudio a lo largo de las tres olas y se han realizado pruebas t para muestras independientes con el objetivo de examinar diferencias de género. En segundo lugar, se han calculado correlaciones de Pearson para analizar las asociaciones entre las variables a lo largo del tiempo. En tercer lugar, se ha estimado un modelo de ecuaciones estructurales longitudinal para poner a prueba el proceso de mediación hipotetizado. En concreto, se ha examinado si la necesidad de popularidad en el Tiempo 2 mediaba la asociación entre la envidia disposicional en el Tiempo 1 y las conductas agresivas (conducta de bullying y conducta de ciberbullying) en el Tiempo 3. El modelo ha incluido trayectorias autorregresivas para cada constructo entre olas adyacentes con el fin de controlar la estabilidad temporal, así como correlaciones dentro de cada momento temporal para captar asociaciones concurrentes (Kline, 2016; Little, 2013). Los efectos indirectos se han estimado utilizando el método delta dentro del marco de los modelos de ecuaciones estructurales (SEM) (MacKinnon, 2008). El ajuste del modelo se ha evaluado mediante varios índices recomendados habitualmente, incluyendo el índice de ajuste comparativo (CFI), el índice Tucker–Lewis (TLI), el error cuadrático medio de aproximación (RMSEA) con intervalos de confianza del 90% y el residuo cuadrático medio estandarizado (SRMR). Siguiendo las recomendaciones establecidas, valores de CFI y TLI superiores a .90 y valores de RMSEA y SRMR inferiores a .08 se han considerado indicativos de un ajuste aceptable del modelo (Hu y Bentler, 1999).
En cuarto lugar, se han realizado análisis de modelos de ecuaciones estructurales multigrupo para examinar si las relaciones estructurales diferían entre chicos y chicas. Este enfoque ha permitido estimar el modelo de forma simultánea en distintos grupos y evaluar si los parámetros estructurales eran invariantes según el género (Byrne, 2012; Kline, 2016). Finalmente, se ha estimado un Modelo de panel cruzado con intercepto aleatorio (RI-CLPM) como análisis de robustez para distinguir entre diferencias estables entre individuos y procesos intraindividuales a lo largo del tiempo. Los modelos tradicionales de panel con retardos cruzados pueden confundir estas dos fuentes de varianza, ya que las trayectorias cruzadas pueden reflejar diferencias individuales estables en lugar de cambios intraindividuales. El RI-CLPM aborda esta limitación mediante la incorporación de interceptos aleatorios que capturan diferencias estables tipo rasgo entre individuos, permitiendo que las trayectorias cruzadas representen fluctuaciones intraindividuales en torno a los niveles esperados de cada individuo a lo largo del tiempo (Hamaker et al., 2015; Mulder y Hamaker, 2021).
ResultadosAnálisis preliminaresEstadísticos descriptivos y correlacionesComo análisis preliminares, se han realizado pruebas t con el objetivo de examinar los patrones descriptivos y las diferencias de género en las variables del estudio a lo largo de las tres olas. Estos análisis han proporcionado una visión inicial de los datos antes de poner a prueba el modelo de mediación longitudinal hipotetizado mediante modelos de ecuaciones estructurales. Los estadísticos descriptivos y las diferencias de género para las variables del estudio a lo largo de las tres olas se presentan en la Tabla 1. En términos generales, se han observado niveles relativamente bajos de conducta de bullying y conducta de ciberbullying durante el periodo de estudio, mientras que la envidia disposicional y la necesidad de popularidad han mostrado niveles moderados.
Estadísticos descriptivos y diferencias de género en las variables del estudio a lo largo de las tres olas
| Variable | Total M(DE) | Chicos M(DT) | Chicas M (DT) | t | gl | p |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Envidia disposicional T1 | 1.98 (0.80) | 1.84 (0.75) | 2.05 (0.83) | -4.12 (-0.26) | 954.95 | <.001 |
| Envidia disposicional T2 | 1.91 (0.81) | 1.78 (0.77) | 1.95 (0.83) | -3.09 (-0.22) | 803.93 | .002 |
| Envidia disposicional T3 | 1.74 (0.75) | 1.68 (0.76) | 1.79 (0.73) | -1.90 (-0.14) | 757.39 | .058 |
| Necesidad de popularidad T1 | 2.30 (1.15) | 2.27 (1.18) | 2.31 (1.10) | -0.59 (-0.04) | 909.01 | .555 |
| Necesidad de popularidad T2 | 2.29 (1.17) | 2.18 (1.12) | 2.35 (1.22) | -2.06 (-0.14) | 805.67 | .039 |
| Necesidad de popularidad T3 | 2.17 (1.14) | 2.13 (1.15) | 2.22 (1.13) | -1.10 (-0.08) | 760.90 | .271 |
| Conducta de bullying T1 | 1.56 (0.52) | 1.60 (0.56) | 1.52 (0.48) | 2.20 (0.14) | 868.97 | .029 |
| Conducta de bullying T2 | 1.51 (0.55) | 1.63 (0.64) | 1.45 (0.49) | 4.22 (0.30) | 694.83 | <.001 |
| Conducta de bullying T3 | 1.53 (0.55) | 1.59 (0.57) | 1.49 (0.54) | 2.49 (0.18) | 746.99 | .013 |
| Conducta de ciberbullying T1 | 2.25 (0.78) | 2.34 (0.84) | 2.17 (0.62) | 3.54 (0.24) | 794.72 | <.001 |
| Conducta de ciberbullying T2 | 1.19 (0.67) | 1.40 (0.82) | 1.09 (0.53) | 6.09 (0.44) | 617.69 | <.001 |
| Conducta de ciberbullying T3 | 1.20 (0.64) | 1.30 (0.79) | 1.12 (0.55) | 3.74 (0.28) | 630.18 | <.001 |
Nota. M=media; DT=desviación típica; t=estadístico t; gl=grados de libertad; p=nivel de significación.
Los niveles medios de envidia disposicional han mostrado una ligera disminución a lo largo del tiempo (T1: M=1.98, DT=0.80; T2: M=1.91, DT=0.81; T3: M=1.74, DT=0.75). De forma similar, la necesidad de popularidad también ha disminuido ligeramente entre las olas. La conducta de bullying se ha mantenido relativamente estable a lo largo de las tres olas, mientras que la conducta de ciberbullying ha mostrado un descenso notable desde el Tiempo 1 (M=2.25, DT=0.78) hasta el Tiempo 3 (M=1.20, DT=0.64). Las comparaciones por género han indicado que los chicos han reportado niveles significativamente más altos de conducta de bullying y conducta de ciberbullying a lo largo de las olas, mientras que las chicas han informado niveles ligeramente más altos de envidia disposicional. No obstante, los tamaños del efecto han sido generalmente pequeños.
Las correlaciones de Pearson entre las variables del estudio a lo largo de las tres olas se presentan en la Tabla 2. En términos generales, los resultados han indicado una estabilidad temporal moderada para los principales constructos. La envidia disposicional ha mostrado una estabilidad moderada a lo largo de las olas (rs=.41–.45), al igual que la necesidad de popularidad (rs=.44–.52), la conducta de bullying (rs=.47–.51) y la conducta de ciberbullying (rs=.31–.35). En consonancia con las expectativas teóricas, la envidia disposicional se ha asociado positivamente con la necesidad de popularidad a lo largo de las olas. Asimismo, tanto la envidia disposicional como la necesidad de popularidad se han relacionado positivamente con la conducta de bullying y la conducta de ciberbullying, aunque dichas asociaciones han sido, en general, de magnitud pequeña a moderada. La conducta de bullying y la conducta de ciberbullying han mostrado una correlación moderada, lo que ha sugerido un solapamiento sustancial entre estas formas de conducta agresiva durante la adolescencia.
Correlaciones de Pearson entre las variables del estudio a lo largo de las tres olas
| Variable | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1. Envidia disposicional T1 | — | |||||||||||
| 2. Envidia disposicional T2 | .45*** | — | ||||||||||
| 3. Envidia disposicional T3 | .41*** | .45*** | — | |||||||||
| 4. Necesidad de popularidad T1 | .55*** | .31*** | .35*** | — | ||||||||
| 5. Necesidad de popularidad T2 | .28*** | .57*** | .33*** | .44*** | — | |||||||
| 6. Necesidad de popularidad T3 | .25*** | .32*** | .56*** | .47*** | .52*** | — | ||||||
| 7. Conducta de bullying T1 | .31*** | .19*** | .20*** | .40*** | .28*** | .29*** | — | |||||
| 8. Conducta de bullying T2 | .13** | .19*** | .15*** | .20*** | .35*** | .29*** | .47*** | — | ||||
| 9. Conducta de bullying T3 | .16*** | .19*** | .26*** | .27*** | .28*** | .41*** | .47*** | .51*** | — | |||
| 10. Conducta de ciberbullying T1 | .25*** | .16*** | .18*** | .31*** | .18*** | .21*** | .51*** | .30*** | .25*** | — | ||
| 11. Conducta de ciberbullying T2 | .03 | .16*** | .11** | .11** | .27*** | .21*** | .33*** | .58*** | .33*** | .35*** | — | |
| 12. Conducta de ciberbullying T3 | .10* | .11** | .16*** | .19*** | .13*** | .23*** | .25*** | .33*** | .48*** | .23*** | .31*** | — |
Nota. p <.05*, p <.01**, p <.001***.
Se ha estimado un modelo de mediación longitudinal con el objetivo de examinar si la necesidad de popularidad en el Tiempo 2 mediaba la asociación entre la envidia disposicional en el Tiempo 1 y las conductas agresivas (conducta de bullying y conducta de ciberbullying) en el Tiempo 3. El modelo ha mostrado un ajuste global aceptable, χ2(35)=290.90, p <.001, CFI=.927, TLI=.901, RMSEA=.084 y SRMR=.078. Tal como se muestra en la Figura 1 y se detalla en la Tabla 3, la envidia disposicional en el Tiempo 1ha predicho significativamente la necesidad de popularidad en el Tiempo 2 (β=.10, p=.016). A su vez, la necesidad de popularidad en el Tiempo 2ha predicho significativamente la conducta de bullying en el Tiempo 3 (β=.11, p <.001). Sin embargo, la necesidad de popularidad no ha predicho de forma significativa la conducta de ciberbullying en el Tiempo 3 (β=.03, p=.317).
Modelo de mediación longitudinal que vincula la envidia disposicional, la necesidad de popularidad y las conductas agresivas (conducta de bullying y conducta de ciberbullying) a lo largo de tres olas.
Nota. Todas las trayectorias representan coeficientes estandarizados (β). Las flechas continuas indican trayectorias significativas (p <. 05); las flechas discontinuas representan trayectorias no significativas (p ≥. 05). El modelo incluye las covariables sexo y edad, controladas en todas las variables endógenas. T1=Tiempo 1; T2=Tiempo 2; T3=Tiempo 3.
Modelo de mediación longitudinal que predice la conducta de bullying y la conducta de ciberbullying
| Trayectoria | B | SE | β | p | 95% IC |
|---|---|---|---|---|---|
| Envidia disposicional T1 → Necesidad de popularidad T2 | 0.125 | 0.052 | .100 | .016 | [.024, .228] |
| Necesidad de popularidad T2 → Conducta de bullying T3 | 0. 055 | 0.016 | .109 | <.001 | [.024, .089] |
| Necesidad de popularidad T2 → Conducta de ciberbullying T3 | 0.037 | 0.020 | .034 | .317 | [-.012, .074] |
| Envidia disposicional T1 → Conducta de bullying T3 (directo) | 0.018 | 0.020 | .028 | .359 | [-.021, .056] |
| Envidia disposicional T1 → Conducta de ciberbullying T3 (directo) | 0.021 | 0.018 | .031 | .241 | [-.014, .054] |
| Efecto indirecto (Envidia disposicional → Necesidad de popularidad → Conducta de bullying) | 0.007 | 0.004 | .011 | .047 | [-.001, .019] |
| Efecto indirecto (Envidia disposicional → Necesidad de popularidad → Conducta de ciberbullying) | 0.003 | 0.003 | .003 | .192 | [-.003, .010] |
Nota. B=coeficiente no estandarizado; SE=error estándar; β=coeficiente estandarizado; IC=intervalo de confianza. Los efectos indirectos se estimaron dentro del marco de los modelos de ecuaciones estructurales.
En relación con los efectos indirectos, la vía de mediación que conecta la envidia disposicional con la conducta de bullying a través de la necesidad de popularidad ha sido pequeña, aunque ha alcanzado significación estadística (β=.011, p=.047). No obstante, el intervalo de confianza bootstrap ha incluido el cero, lo que ha indicado que la magnitud de este efecto indirecto debe interpretarse con cautela. En contraste, el efecto indirecto que vincula la envidia disposicional con la conducta de ciberbullying a través de la necesidad de popularidad no ha resultado estadísticamente significativo (β=.003, p=.192). Las trayectorias directas desde la envidia disposicional en el Tiempo 1 hacia la conducta de bullying y la conducta de ciberbullying en el Tiempo 3 no han resultado estadísticamente significativas una vez incluidos el mediador y los efectos autorregresivos en el modelo. En conjunto, el modelo ha explicado el 10% de la varianza en la necesidad de popularidad, el 14% de la varianza en la conducta de bullying y el 7% de la varianza en la conducta de ciberbullying en el Tiempo 3.
Diferencias de género en el modelo estructuralSe han llevado a cabo análisis de modelos de ecuaciones estructurales multigrupo con el objetivo de examinar si las relaciones estructurales diferían entre chicos y chicas. El modelo restringido, en el que se asumía igualdad en las trayectorias estructurales entre los grupos de género, ha mostrado un ajuste similar al modelo no restringido, lo que ha indicado que las asociaciones longitudinales no han diferido significativamente según el género. En ambos grupos, la envidia disposicional en el Tiempo 1ha predicho significativamente la necesidad de popularidad en el Tiempo 2 (B=.13, SE=.052, p=.016). A su vez, la necesidad de popularidad en el Tiempo 2ha predicho significativamente la conducta de bullying en el Tiempo 3 (B=.06, SE=.016, p <.001). En contraste, la trayectoria desde la necesidad de popularidad hacia la conducta de ciberbullying en el Tiempo 3 no ha resultado estadísticamente significativa (B=.04, SE=.020, p=.317). De manera similar, los efectos directos desde la envidia disposicional en el Tiempo 1 hacia la conducta de bullying (B=.02, SE=.020, p=.359) y la conducta de ciberbullying (B=.021, SE=.018, p=.241) en el Tiempo 3 no han resultado estadísticamente significativos. Estos resultados han sugerido que la trayectoria de mediación longitudinal que vincula la envidia disposicional, la necesidad de popularidad y la conducta de bullying opera de manera similar en chicos y chicas.
Análisis de robustezFinalmente, se ha estimado un Modelo de panel cruzado con intercepto aleatorio (RI-CLPM) como análisis de robustez. No obstante, el modelo ha mostrado un ajuste deficiente a los datos (CFI=.889, TLI=.790, RMSEA=.146, SRMR=.063). Debido a este ajuste inadecuado, los resultados del RI-CLPM no han sido interpretados adicionalmente y, por tanto, las conclusiones del estudio se han basado en el modelo de mediación longitudinal estándar.
DiscusiónEl presente estudio ha abordado una importante laguna en la literatura al examinar las relaciones longitudinales entre la envidia disposicional, la necesidad de popularidad y las conductas agresivas durante la adolescencia. Aunque investigaciones previas han vinculado la envidia con tendencias agresivas, la evidencia empírica orientada a explicar los procesos motivacionales mediante los cuales la envidia puede traducirse en conducta de bullying y conducta de ciberbullying ha sido limitada y predominantemente transversal. En este contexto, en el presente estudio se ha analizado si la necesidad de popularidad funciona como una vía motivacional que conecta la envidia disposicional con las conductas agresivas a lo largo del tiempo. En conjunto, los resultados han ofrecido un apoyo parcial a las hipótesis planteadas y han contribuido a una mejor comprensión de los mecanismos sociomotivacionales que vinculan los procesos de comparación social con la conducta de bullying y la conducta de ciberbullying en contextos de pares. En línea con la conceptualización de la envidia como una señal socioafectiva asociada a amenazas percibidas al estatus social (Crusius et al., 2020), los hallazgos sugieren que los adolescentes que experimentan de manera crónica este tipo de señales de amenaza pueden mostrar una mayor propensión a implicarse en estrategias conductuales orientadas a regular su posición dentro de las jerarquías de pares.
En relación con la primera hipótesis, los resultados han ofrecido un apoyo parcial. Aunque la envidia disposicional en el Tiempo 1 se ha asociado con conductas agresivas posteriores, las trayectorias directas desde la envidia disposicional hacia la conducta de bullying y la conducta de ciberbullying en el Tiempo 3 no han resultado estadísticamente significativas una vez considerados el papel mediador de la necesidad de popularidad y los efectos autorregresivos. En cambio, la envidia disposicional ha predicho prospectivamente mayores niveles de necesidad de popularidad en el Tiempo 2, que a su vez se han asociado con una mayor implicación en conducta de bullying a lo largo del tiempo. Estos hallazgos sugieren que la envidia puede contribuir a la conducta agresiva de manera indirecta al incrementar la motivación de los adolescentes por alcanzar estatus social dentro de las jerarquías de pares.
Estos resultados son consistentes con perspectivas teóricas que señalan que la envidia emerge de comparaciones sociales desfavorables y actúa como una señal de amenaza al estatus social (Lange y Crusius, 2015). Durante la adolescencia, etapa en la que las jerarquías entre iguales y la evaluación social adquieren una relevancia particular, estos sentimientos de desventaja relativa pueden favorecer conductas orientadas a restaurar o mejorar la posición dentro del grupo. En este sentido, la envidia puede funcionar como una señal afectiva que activa estrategias dirigidas a la regulación del estatus.
De manera interesante, la envidia disposicional también ha mostrado asociaciones con la conducta de ciberbullying en momentos posteriores, aunque esta relación ha resultado menos consistente entre las distintas olas. Aunque la envidia se ha relacionado con el ciberbullying en momentos más tardíos, las trayectorias longitudinales a corto plazo no han sido significativas. Una posible explicación es que la traducción de la envidia en agresión en línea pueda producirse de manera más gradual, influida por comparaciones sociales repetidas e interacciones prolongadas en entornos digitales (Geng et al., 2022). Investigaciones previas han sugerido que el ciberbullying puede cumplir funciones instrumentales similares al bullying tradicional, como incrementar la visibilidad dentro del grupo, reforzar el estatus social o responder a dinámicas de exclusión (Camacho et al., 2023; Wiertsema et al., 2023). Sin embargo, la asociación más débil observada en el corto plazo podría indicar que los beneficios asociados al ciberbullying en términos de estatus son menos inmediatos o menos visibles que los derivados del bullying cara a cara. En este sentido, la envidia podría requerir una acumulación de comparaciones sociales antes de traducirse en conductas agresivas en entornos digitales.
En conjunto, la relación observada entre la envidia disposicional y las distintas formas de bullying resulta coherente con investigaciones previas que indican que la envidia surge de comparaciones sociales desfavorables y puede favorecer respuestas hostiles hacia individuos percibidos como más aventajados (Crusius et al., 2020). La envidia se ha asociado con sentimientos persistentes de inferioridad y resentimiento, especialmente cuando las personas perciben escasas oportunidades para mejorar su estatus (Cohen-Charash, 2009; Lange et al., 2018). En contextos de pares adolescentes, estas experiencias pueden incrementar la motivación orientada a regular la propia posición social. De acuerdo con la teoría sociocognitiva de Bandura (2002), los adolescentes pueden aprender que las conductas agresivas se asocian, en determinadas ocasiones, con recompensas sociales como la atención, la influencia o la dominancia dentro del grupo. Como consecuencia, la conducta de bullying puede verse reforzada en entornos donde la agresión es tolerada o incluso valorada como estrategia para desenvolverse dentro de las jerarquías sociales (Romera et al., 2021; Volk et al., 2022).
No obstante, los análisis de robustez mediante el Modelo de panel cruzado con intercepto aleatorio han sugerido que estas asociaciones podrían reflejar parcialmente diferencias estables entre individuos más que fluctuaciones intraindividuales a lo largo del tiempo. Una posible interpretación es que la envidia disposicional represente una tendencia socioafectiva relativamente estable vinculada a procesos crónicos de comparación social. Aquellos individuos que perciben con frecuencia una desventaja respecto a otros pueden experimentar de forma persistente preocupaciones relacionadas con el estatus dentro de las jerarquías de pares, lo que podría incrementar el riesgo de implicarse en conductas agresivas a lo largo del tiempo. Investigaciones previas han conceptualizado la envidia disposicional como una tendencia tipo rasgo basada en comparaciones sociales ascendentes recurrentes y percepciones persistentes de inferioridad relativa (Crusius et al., 2020; Lange y Crusius, 2015). Desde esta perspectiva, la asociación entre envidia y bullying podría reflejar, en parte, diferencias individuales estables en la manera en que los adolescentes interpretan y responden a las dinámicas de comparación social.
En relación con la segunda hipótesis, los resultados han apoyado parcialmente el modelo de mediación propuesto, en el que la necesidad de popularidad actúa como un mecanismo motivacional que vincula la envidia disposicional con ambas formas de conducta agresiva. La envidia disposicional ha predicho mayores niveles de necesidad de popularidad a lo largo del tiempo, lo que a su vez ha predicho una mayor implicación en conducta de bullying. Este resultado sugiere que las motivaciones orientadas al estatus pueden constituir un mecanismo relevante mediante el cual las percepciones de desventaja asociadas a la envidia se traducen en estrategias agresivas dirigidas a mejorar el reconocimiento social dentro del grupo.
En consonancia con el marco sociocognitivo de Bandura (2002), la envidia puede funcionar como una señal afectiva que activa procesos motivacionales orientados a metas. Los adolescentes que se perciben en desventaja dentro de la jerarquía social pueden desarrollar una mayor motivación por obtener reconocimiento o popularidad. Los resultados del presente estudio sugieren que estas motivaciones pueden favorecer el uso del bullying como estrategia para restaurar o mejorar la posición social. Estudios previos han mostrado resultados similares, indicando que los adolescentes con metas elevadas de popularidad presentan una mayor probabilidad de implicarse en agresión física, verbal o relacional, especialmente cuando existe discrepancia entre la popularidad deseada y la percibida (Laninga-Wijnen et al., 2022; Romera et al., 2021).
Sin embargo, el papel mediador de la necesidad de popularidad no ha sido respaldado en el caso del ciberbullying. Tras controlar la estabilidad temporal de las conductas agresivas mediante efectos autorregresivos, la vía indirecta que conecta la envidia disposicional con la conducta de ciberbullying a través de las motivaciones de popularidad no ha resultado significativa. Este resultado sugiere que los procesos motivacionales subyacentes a la agresión en línea pueden diferir de los implicados en el bullying tradicional.
Una posible interpretación es que el ciberbullying pueda estar influido por procesos psicológicos adicionales que no han sido examinados directamente en el presente estudio. Investigaciones previas han señalado que la agresión en línea puede verse facilitada por factores como la impulsividad, la descarga emocional o la desinhibición online (Barlett et al., 2022; Wang et al., 2022). No obstante, estos procesos no han sido medidos directamente en el presente estudio y, por tanto, deben interpretarse con cautela. Futuras investigaciones podrían examinar si estos mecanismos contribuyen a explicar por qué las motivaciones de estatus vinculadas a la envidia parecen relacionarse en menor medida con el ciberbullying que con el bullying cara a cara.
Finalmente, en relación con la tercera hipótesis, los análisis multigrupo han indicado que las relaciones estructurales entre la envidia disposicional, la necesidad de popularidad y las conductas agresivas no han diferido significativamente entre chicos y chicas. Este hallazgo sugiere que los procesos sociomotivacionales que vinculan la envidia con la conducta agresiva pueden operar de manera similar en ambos géneros durante la adolescencia. Aunque investigaciones previas han señalado diferencias de género en el funcionamiento socioemocional y en la dinámica entre iguales (Bravo et al., 2022; Yu et al., 2018), los resultados del presente estudio indican que los mecanismos subyacentes mediante los cuales las percepciones de amenaza al estatus asociadas a la envidia se traducen en conducta agresiva podrían ser comparables en chicos y chicas. En este sentido, aunque puedan existir diferencias en la frecuencia o en la expresión de las conductas agresivas, los procesos motivacionales asociados a la regulación del estatus y a la búsqueda de popularidad dentro de las jerarquías de pares podrían operar de forma similar según el género.
LimitacionesEste estudio presenta diversas limitaciones que deben ser consideradas al interpretar los resultados. En primer lugar, aunque el diseño longitudinal ha permitido examinar asociaciones temporales entre la envidia disposicional, la necesidad de popularidad y las conductas de bullying y ciberbullying, el uso de medidas de autoinforme puede introducir sesgos relacionados con la deseabilidad social o la varianza de método común. Futuras investigaciones podrían beneficiarse de la incorporación de múltiples informantes, como nominaciones de pares o informes de profesores, así como de medidas conductuales u observacionales que permitan una evaluación más completa de estas dinámicas.
Asimismo, los participantes han sido reclutados en seis centros educativos, lo que podría introducir efectos de agrupamiento derivados de la estructura anidada de los datos. Aunque los análisis se han realizado a nivel individual, el número relativamente reducido de centros ha limitado la posibilidad de aplicar modelos multinivel. Investigaciones futuras con un mayor número de centros podrían examinar la influencia de factores escolares en las relaciones entre la envidia disposicional, la necesidad de popularidad y las conductas agresivas.
En segundo lugar, aunque en el presente estudio se ha analizado la invariancia de género en las relaciones estructurales entre la envidia disposicional, la necesidad de popularidad y las conductas agresivas, futuras investigaciones podrían explorar si estos procesos varían en función de las distintas etapas del desarrollo adolescente. El bullying y el ciberbullying pueden cumplir funciones sociales diferentes según la fase evolutiva, a medida que evolucionan las jerarquías de pares, la competencia por el estatus y el uso de plataformas digitales.
Finalmente, los análisis de robustez mediante un Modelo de panel cruzado con intercepto aleatorio no han mostrado un ajuste adecuado del modelo. Este resultado sugiere que las asociaciones observadas en el modelo de mediación longitudinal tradicional podrían reflejar, en parte, diferencias estables entre individuos más que cambios intraindividuales a lo largo del tiempo. Futuras investigaciones que incorporen un mayor número de olas de medida y estrategias analíticas alternativas podrían contribuir a esclarecer en qué medida la envidia disposicional y la necesidad de popularidad se relacionan con cambios en la conducta de bullying y la conducta de ciberbullying a nivel intraindividual.
Conclusiones e implicaciones prácticasEl presente estudio contribuye a una mejor comprensión de los mecanismos sociomotivacionales que vinculan la envidia disposicional con la conducta agresiva durante la adolescencia. Los resultados han mostrado que la envidia disposicional se asocia con la conducta de bullying y la conducta de ciberbullying a lo largo del tiempo, aunque la relación con el ciberbullying ha resultado menos consistente entre las distintas olas. En línea con perspectivas contemporáneas que conceptualizan la envidia como una señal socioafectiva derivada de comparaciones sociales desfavorables, los hallazgos sugieren que la envidia puede funcionar como un indicador de amenazas percibidas al estatus dentro de las jerarquías de pares. Asimismo, la necesidad de popularidad ha emergido como un mecanismo motivacional relevante que vincula la envidia disposicional con la conducta de bullying tradicional. Los adolescentes con mayores niveles de envidia han mostrado una mayor motivación orientada a alcanzar reconocimiento social, lo que a su vez ha predicho una mayor implicación en bullying cara a cara. Sin embargo, esta vía mediadora no se ha observado en el caso del ciberbullying, lo que sugiere que la agresión en línea podría estar guiada por procesos motivacionales parcialmente diferentes.
Estos hallazgos presentan implicaciones prácticas relevantes para la prevención del bullying y el ciberbullying. Las intervenciones educativas podrían beneficiarse de abordar los procesos de comparación social y las experiencias socioafectivas relacionadas con el estatus, como la envidia disposicional, promoviendo simultáneamente la conciencia emocional y estrategias constructivas para gestionar las amenazas percibidas al estatus dentro de los grupos de iguales. En este sentido, los programas de prevención del bullying podrían incorporar estrategias orientadas a ayudar a los adolescentes a reconocer y regular las emociones derivadas de comparaciones sociales desfavorables, así como a fomentar formas prosociales de obtener reconocimiento y sentido de pertenencia.
Por otro lado, las iniciativas dirigidas a la prevención del ciberbullying podrían centrarse en procesos adicionales como la autorregulación emocional, el control de impulsos y el uso responsable de las tecnologías digitales. Dadas las características propias de los entornos online, como la menor rendición de cuentas y la mayor desinhibición conductual, los programas educativos podrían también promover la reflexión sobre las consecuencias sociales y psicológicas de la agresión digital, incluso cuando esta ocurre de forma indirecta o bajo condiciones de anonimato.
Declaración de contribución de autoría CRediTCindy López: conceptualización, curación de datos, investigación, redacción del borrador original y redacción, revisión y edición. Xavier Oriol: metodología, supervisión, validación, visualización, redacción del borrador original y redacción, revisión y edición. Rafael Miranda: metodología, redacción del borrador original y redacción, revisión y edición. Jorge Varela: conceptualización, redacción del borrador original y redacción, revisión y edición.
FinanciaciónLa financiación del acceso abierto se ha proporcionado gracias al acuerdo CRUE-CSIC con Elsevier.





