La rehabilitación oncológica es una estrategia clave para abordar los efectos adversos del cáncer y sus tratamientos, promoviendo la funcionalidad, la calidad de vida y la reintegración social de las personas con diagnóstico de cáncer. En Chile, existe una brecha significativa entre las necesidades de esta población y la oferta de servicios especializados en rehabilitación, lo que evidencia desafíos estructurales y formativos. En este contexto, adquiere especial relevancia el reciente reconocimiento oficial de nuevas especialidades profesionales, lo cual representa una oportunidad concreta para fortalecer el componente de rehabilitación dentro de los equipos oncológicos.
Sin embargo, a pesar del creciente rol que adquiere la rehabilitación en la atención del cáncer, persisten vacíos en la formación de pregrado y posgrado de los profesionales del área. La integración del enfoque oncológico en los planes de estudio continúa siendo limitada, con baja homogeneidad en los contenidos curriculares y escasa articulación entre los niveles formativos. Esto dificulta el desarrollo de trayectorias formativas progresivas que conduzcan desde una formación básica hasta niveles avanzados de experticia clínica en rehabilitación oncológica.
Este artículo reflexiona sobre la necesidad de implementar programas de especialización clínica en rehabilitación oncológica como pilar para el desarrollo de una red de atención integral dentro del sistema de salud chileno. Asimismo, se propone avanzar hacia un modelo similar al de países con sistemas de rehabilitación oncológica consolidados, donde la formación especializada es reconocida, estructurada y vinculada directamente con las necesidades del sistema de salud.
Oncological rehabilitation is a key strategy to address the adverse effects of cancer and its treatments, promoting functionality, quality of life, and social reintegration for individuals diagnosed with cancer. In Chile, a significant gap persists between the rehabilitation needs of this population and the availability of specialized services, revealing both structural and educational challenges. In this context, the recent official recognition of new healthcare specialties presents a concrete opportunity to strengthen the role of rehabilitation within oncology teams.
Despite the growing relevance of rehabilitation in cancer care, important gaps remain in both undergraduate and postgraduate training of rehabilitation professionals. Oncology content is still limited within the academic curriculum, with low homogeneity across programs and weak articulation between training levels. These conditions hinder the development of progressive educational trajectories that would lead from basic training to advanced clinical expertise in oncological rehabilitation.
This article highlights the need to implement clinical specialization programs in oncological rehabilitation as a cornerstone for building a comprehensive and integrated network of care within the Chilean health system. It also proposes moving toward models used in countries with consolidated oncology rehabilitation systems, where specialized education is structured, formally recognized, and aligned with national health priorities.
El cáncer constituye actualmente uno de los principales desafíos en salud pública en Chile1. Según estimaciones de GLOBOCAN, en 2022 se registraron 59 876 nuevos casos y 31 440 muertes atribuibles a esta enfermedad en el país2. Asimismo, el Ministerio de Salud reporta una sobrevida relativa a cinco años cercana al 50%3, lo que evidencia no solo la magnitud del problema, sino también el aumento sostenido de personas que viven con antecedentes de la enfermedad y sus potenciales secuelas1.
Este escenario epidemiológico no se limita a una alta carga de incidencia y mortalidad, sino que constituye además una condición crónica, caracterizada por un impacto físico, cognitivo y psicosocial de largo plazo3. Como resultado, emerge una demanda creciente por estrategias de atención integral que trasciendan el tratamiento oncológico médico y aborden de manera sistemática la funcionalidad y la participación 4.
En este contexto, la rehabilitación oncológica se posiciona como un componente fundamental del modelo de atención integral del cáncer. Se define como un proceso clínico continuo que acompaña a la persona desde la prehabilitación y el tratamiento activo hasta la sobrevivencia y los cuidados paliativos5,6 (figura 1). Su propósito es identificar, prevenir y tratar disfunciones y secuelas derivadas de la enfermedad y sus terapias, optimizando la función, la independencia y la calidad de vida4,5.
Continuo de la rehabilitación oncológica dentro del modelo de atención del cáncer
Esquema conceptual que muestra la participación de la rehabilitación a lo largo de la trayectoria de la enfermedad oncológica. Adaptado de: Chowdhury et al.6.
Desde esta perspectiva, la rehabilitación oncológica se sustenta en un modelo interdisciplinario centrado en la persona, orientado a mantener y recuperar la función física, cognitiva y psicosocial4,6, así como a facilitar la participación social y la reintegración educacional y laboral, de acuerdo con las metas y el contexto de cada persona7,8.
Se estima que entre el 60% y el 90% de las personas diagnosticadas con cáncer presentan efectos adversos físicos, cognitivos o psicosociales8,9. No obstante, solo entre el 2% y el 9% de esta población accede a intervenciones en rehabilitación7,10, lo que pone de manifiesto una brecha crítica entre necesidad asistencial y cobertura efectiva.
Las intervenciones en rehabilitación oncológica se basan en la identificación precoz de disfunciones y en la derivación oportuna5, y son implementadas por equipos interdisciplinarios que pueden incluir fisiatras, kinesiólogos o fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, nutricionistas y psicólogos, entre otros6. Las estrategias de tratamiento más frecuentes son el ejercicio terapéutico, el manejo del linfedema y de restricciones de movilidad, y el abordaje de síntomas persistentes como fatiga, dolor o neuropatía periférica6,11. Según las necesidades clínicas, pueden incorporarse intervenciones cognitivas, nutricionales, de comunicación y apoyo psicosocial5,12,13.
A nivel nacional, la implementación de la rehabilitación oncológica continúa siendo incipiente, enfrentando importantes barreras estructurales, como la escasez de recursos, la limitada disponibilidad de formación en especialización clínica avanzada y el escaso reconocimiento institucional de su valor terapéutico1,14. Estos factores han dificultado su integración sistemática tanto en el sistema público como en el sector privado, perpetuando desigualdades en el acceso a intervenciones oportunas y de calidad3. Si bien existen iniciativas locales documentadas como buenas prácticas15, estas aún no se han consolidado como estándar de cuidado ni se encuentran generalizadas en la práctica asistencial.
Desde una perspectiva formativa, la evidencia indica que, si bien la formación de pregrado permite abordar algunas consecuencias del cáncer, el desarrollo de competencias clínicas avanzadas es determinante para garantizar intervenciones seguras y efectivas10,16. En este marco, la especialización clínica avanzada se entiende como un proceso formativo estructurado y supervisado, orientado al desarrollo de competencias específicas mediante integración de profundización teórica, práctica clínica guiada y evaluación formal del desempeño14,17.
Se distingue de la educación continua, como cursos o diplomados, centrada principalmente en la actualización de conocimientos, y no equivale necesariamente al reconocimiento de una especialidad profesional regulada, que implica acreditación oficial y validación institucional dentro del sistema de salud17,18. Esta distinción conceptual es esencial para orientar el diseño de trayectorias formativas acordes con las necesidades del modelo oncológico nacional.
Este artículo analiza la necesidad de estructurar programas formales de especialización clínica avanzada en rehabilitación oncológica como componente estratégico para fortalecer la atención integral del cáncer. La consolidación de un programa no constituye solo un desafío académico, sino también una estrategia sanitaria orientada a mejorar los resultados funcionales, reducir la discapacidad y fortalecer la equidad en el acceso al cuidado oncológico.
Formación profesional en rehabilitación oncológica: panorama actual y desafíosEn países como Estados Unidos5 o Brasil19, se han desarrollado trayectorias educativas progresivas en rehabilitación oncológica, que comienzan en el nivel de pregrado con la integración de competencias en cáncer y se extienden hacia la formación avanzada, incluyendo programas de especialización clínica, certificaciones y desarrollo de educación continua (figura 2). Estas iniciativas fortalecen la capacidad de respuesta frente a los desafíos funcionales del cáncer, mejorando la calidad y oportunidad de la atención.
En contraste, en Chile, la formación en este ámbito sigue siendo limitada, dispersa y poco estandarizada14. La falta de inclusión sistemática de contenidos oncológicos en los planes de estudio, junto con la escasa articulación entre niveles formativos, dificulta la consolidación de un perfil profesional con competencias específicas en rehabilitación oncológica.
Aun así, existen experiencias nacionales que ilustran buenas prácticas y la factibilidad de avanzar hacia modelos más estructurados: por ejemplo, la implementación de un modelo kinesiológico temprano y prospectivo en personas con cáncer de mama20, así como programas y cargos específicos de rehabilitación oncológica en algunos hospitales y clínicas15. En el ámbito formativo, iniciativas de educación continua orientadas a oncología en profesiones de la rehabilitación (por ejemplo, diplomados) evidencian una demanda creciente de capacitación, aunque sin equivaler aún a una especialidad clínica universitaria acreditada17.
La literatura reciente ha propuesto articular trayectorias de formación desde el nivel básico hasta niveles avanzados, permitiendo desarrollar experticia clínica en oncología dentro de las profesiones de la rehabilitación14,21,22.
Marcos normativos recientes: una oportunidad habilitante para ChileEn este contexto, los marcos regulatorios recientes abren una ventana de oportunidad concreta para fortalecer la rehabilitación oncológica en Chile. El Decreto Supremo (DS) N°30 (2023), que modifica el Decreto N°8 (2013)17, permitió por primera vez el reconocimiento formal de nuevas especialidades profesionales relacionadas al cáncer, en conformidad con la Ley Nacional del Cáncer (Ley N°21 258) y su Plan Nacional3. Este avance incluye disciplinas clave como enfermería, estableciendo las bases normativas para que otras profesiones, como kinesiología, fonoaudiología, nutrición o terapia ocupacional, puedan desarrollar trayectorias de formación clínica especializada en oncología.
A pesar de los beneficios documentados, la integración de la rehabilitación oncológica en Chile enfrenta varios desafíos estructurales (figura 3):
Falta de especialización: la formación básica en oncología permite abordar algunas secuelas del cáncer, pero no entrega las competencias necesarias para responder a necesidades funcionales complejas18,19,23. Si bien existen programas de educación continua, como diplomados y cursos, orientados a profesionales de la salud, estos suelen tener un enfoque teórico, con escasa formación clínica supervisada13,22 y sin reconocimiento formal como especialidad universitaria acreditada21. La ausencia de trayectorias formativas con horas prácticas estructuradas y respaldo académico limita el desarrollo de capacidades clínicas avanzadas y dificulta la consolidación de equipos interdisciplinarios especializados10,13. En este escenario, se propone avanzar hacia: (i) programas universitarios acreditados de especialización con práctica clínica supervisada en centros oncológicos; (ii) definición de competencias mínimas y rutas formativas progresivas (pregrado, educación continua y posgrado); y (iii) mecanismos de certificación y reconocimiento institucional, en coherencia con el marco del DS N°30 y la Ley Nacional del Cáncer14,17,19,21,22. Estas acciones permitirían fortalecer capacidades clínicas avanzadas y consolidar equipos interdisciplinarios especializados en rehabilitación oncológica.
Acceso y costos: el acceso a servicios de rehabilitación en el sistema público de salud es limitado, y la cobertura de seguros privados suele ser insuficiente. Si bien las garantías explícitas en salud (GES) incluyen prestaciones de rehabilitación para varias patologías oncológicas24, su implementación es fragmentada y con escasa fiscalización. La cobertura real varía según el centro y no siempre asegura atención especializada, continua ni oportuna. Esta discrepancia entre lo garantizado y lo efectivamente disponible restringe el acceso a intervenciones fundamentales para una recuperación integral. Frente a ello, se requiere fortalecer los mecanismos de fiscalización del cumplimiento GES, estandarizar la oferta de prestaciones de rehabilitación oncológica entre centros y avanzar hacia modelos de financiamiento que aseguren cobertura especializada, continua y oportuna en el sistema público y privado3,14.
Conciencia y derivación: persiste una falta de conciencia sobre los beneficios de la rehabilitación oncológica entre profesionales de la salud y las personas con diagnóstico de cáncer10,13,22. Además, las vías de derivación no están bien establecidas5,10. Esto refuerza la necesidad de implementar protocolos claros de derivación y buen uso de las garantías GES, en concordancia con el listado de prestaciones específicas según patología3,24. La implementación de estos protocolos permitiría que las personas reciban la atención adecuada y oportuna, optimizando los recursos y mejorando los resultados de salud.
Además, el equipo oncológico en su conjunto, incluyendo al oncólogo médico, radioterapeuta, cirujano oncológico, enfermería oncológica y otros especialistas involucrados en el continuo asistencial, cumple un rol clave en la pesquisa precoz de secuelas, la educación del paciente y la derivación temprana y sistemática a rehabilitación4,10. En este contexto, se propone institucionalizar protocolos de tamizaje funcional y criterios de derivación sistemáticos y obligatorios, aplicados en puntos críticos del continuo oncológico (diagnóstico, durante el tratamiento, post-tratamiento y seguimiento). Esto permitiría integrar formalmente la rehabilitación como componente estándar del plan terapéutico, favoreciendo un modelo de atención verdaderamente interdisciplinario y centrado en la funcionalidad y calidad de vida del paciente4,7,9,20,24.
Investigación: la investigación clínica en rehabilitación oncológica es aún incipiente en Chile y en Latinoamérica, en contraste con su desarrollo en países de altos ingresos22,25. Esta brecha en la generación de conocimiento limita la disponibilidad de evidencia local para orientar la práctica clínica y el diseño de políticas públicas4, reforzando la necesidad de fortalecer esta línea de investigación a nivel nacional. En Chile ya existen contribuciones en áreas específicas, por ejemplo, modelos de atención y resultados clínicos en cáncer de mama y linfedema, que pueden servir como base para líneas de investigación más amplias20. A nivel regional, se han descrito brechas y oportunidades en sobrevivencia y rehabilitación en Latinoamérica23, mientras que internacionalmente se proponen agendas de investigación e implementación para integrar la rehabilitación al continuo oncológico10. En este contexto, resulta prioritario promover financiamiento específico, redes colaborativas nacionales y estudios multicéntricos que generen evidencia local robusta, orientada a resultados funcionales y costo-efectividad, que sustente decisiones clínicas y de política pública.
Percepción de los pacientes: en Chile, personas con cáncer reportan inequidades en acceso, información y derivación hacia programas de rehabilitación, especialmente mujeres, con menor educación y usuarios del sistema público26. A nivel internacional, destacan necesidades en coordinación de cuidados, orientación médica y alivio de síntomas que la rehabilitación podría abordar27. Experiencias positivas se asocian a una atención centrada en la persona, comunicación empática, mejoras funcionales y personal capacitado28,29. Integrar estos elementos es clave para responder efectivamente a las expectativas y necesidades manifestadas por los pacientes. Se propone incorporar sistemáticamente la experiencia usuaria en el diseño y evaluación de programas de rehabilitación, mediante indicadores reportados por pacientes (PROMs) y mecanismos formales de retroalimentación, asegurando un enfoque centrado en la persona y sensible a inequidades en acceso y resultados30.
A modo de síntesis, los desafíos descritos no constituyen barreras aisladas, sino dimensiones interdependientes de una misma brecha estructural. Sin embargo, el escenario normativo actual en Chile ofrece condiciones habilitantes inéditas para avanzar desde un modelo fragmentado hacia una integración estructural y progresiva de la rehabilitación oncológica como componente estándar del continuo del cuidado. En coherencia con el DS N°30 y la Ley Nacional del Cáncer, se propone una hoja de ruta que articula estas dimensiones en estrategias concretas, actores responsables e indicadores de monitoreo, con el fin de orientar una implementación evaluable y sostenible en el sistema de salud chileno (Tabla 1).
Hoja de ruta para la integración estructural de la rehabilitación oncológica en Chile
| Dimensión | Brecha identificada | Estrategias prioritarias | Actor/líder | Indicadores de monitoreo |
|---|---|---|---|---|
| Formación y especialización | Ausencia de especialidades acreditadas y formación clínica supervisada | Universidades/MINSAL | - N° programas acreditados- N° profesionales certificados- Horas de práctica clínica formal supervisada | |
| Acceso y financiamiento | Cobertura fragmentada y débil fiscalización GES | - Estandarizar cartera nacional de prestaciones en rehabilitación oncológica- Fortalecer fiscalización del cumplimiento GES- Diseñar modelo de financiamiento específico que asegure continuidad y especialización | MINSAL/FONASA | - % cumplimiento efectivo GES- Tiempo promedio a primera atención- Cobertura efectiva por patología |
| Conciencia y derivación | Falta de protocolos estructurados de tamizaje y derivación | - Implementar tamizaje funcional obligatorio en hitos clínicos (diagnóstico, tratamiento, post-tratamiento y seguimiento)- Protocolos institucionales estandarizados de derivación- Capacitación sistemática del equipo oncológico | Servicios de salud/centros oncológicos | - % pacientes tamizados- % pacientes derivados oportunamente- Tiempo entre diagnóstico y derivación |
| Investigación | Escasa evidencia local en rehabilitación oncológica | - Promover financiamiento específico- Crear red nacional multicéntrica de investigación- Desarrollar estudios de resultados funcionales y costo-efectividad | ANID/Universidades | - N° proyectos financiados- Publicaciones indexadas- Estudios multicéntricos activos |
| Experiencia usuaria y equidad | Inequidades en acceso e información | - Incorporar PROMs de manera sistemática- Implementar mecanismos formales de retroalimentación usuaria- Monitorear indicadores de equidad por sexo y nivel socioeconómico | Centros asistenciales/MINSAL | - % centros que aplican PROMs- Nivel de satisfacción usuaria- Reducción de brechas de acceso |
Nota: Las estrategias propuestas se alinean con el marco normativo vigente, incluyendo la Ley N° 21 258 (Ley Nacional del Cáncer) y el DS N°30, y buscan orientar una implementación progresiva, evaluable y sostenible de la rehabilitación oncológica en el sistema de salud chileno. Los indicadores sugeridos son referenciales y deberán operacionalizarse según disponibilidad de datos nacionales.
Abreviaturas: ANID: Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo; DS: Decreto Supremo; GES: Garantías Explícitas en Salud; MINSAL: Ministerio de Salud de Chile; PROMs: Patient-Reported Outcome Measures (instrumentos de resultados reportados por pacientes).
La rehabilitación oncológica constituye un componente esencial del cuidado integral del cáncer. No obstante, en Chile su desarrollo aún es incipiente y depende en gran medida de iniciativas aisladas, en lugar de una estructura formativa y asistencial consolidada.
La ausencia de programas formales de especialización clínica avanzada limita la capacidad del sistema para responder de manera oportuna y estandarizada a las necesidades funcionales de una población creciente de personas con diagnóstico de cáncer. En este contexto, avanzar hacia trayectorias formativas acreditadas, fortalecer la investigación nacional y estructurar rutas asistenciales claras no solo representan una mejora técnica, sino una condición necesaria para reducir inequidades y garantizar calidad en el continuo del cuidado oncológico.
El Plan Nacional del Cáncer y los recientes marcos regulatorios ofrecen una oportunidad habilitante para avanzar en esta dirección. Consolidar la rehabilitación oncológica como estándar de cuidado permitirá prolongar la vida y asegurar condiciones funcionales y dignas para vivirla con autonomía.
Declaración de uso de IA generativaDurante la preparación de este trabajo, los autores utilizaron ChatGPT (OpenAI) únicamente como herramienta de apoyo para la redacción y mejora del lenguaje. La herramienta fue empleada bajo supervisión humana y los autores revisaron, editaron y validaron todo el contenido generado. Los autores asumen la responsabilidad total del contenido, análisis, interpretación y citas del manuscrito, en conformidad con las recomendaciones editoriales vigentes.
FinanciamientoLa presente investigación no ha recibido ayudas específicas provenientes de agencias del sector público, sector comercial o entidades sin ánimo de lucro.
Conflictos de interésLos autores de este artículo declaran no tener conflictos de interés.




