Las enfermedades agudas de la vesícula biliar, particularmente la colecistitis aguda, constituyen una de las urgencias quirúrgicas abdominales más frecuentes y de mayor impacto asistencial. En Chile, la elevada prevalencia de litiasis biliar se traduce en un volumen significativo de consultas, hospitalizaciones y cirugía de urgencia. La fisiopatología se inicia típicamente por obstrucción persistente del conducto cístico por un cálculo, con distensión vesicular, inflamación química, compromiso microvascular e isquemia parietal, favoreciendo sobreinfección bacteriana y progresión a empiema, gangrena o perforación.
La colecistitis alitiásica, aunque menos frecuente, se presenta principalmente en pacientes críticos y se asocia a mayor mortalidad. El diagnóstico se basa en clínica, respuesta inflamatoria sistémica e imágenes, siendo la ecografía el método inicial de elección. Las guías internacionales (Tokyo Guidelines y de la World Society of Emergency Surgery) aportan criterios diagnósticos, estratificación de severidad y recomendaciones terapéuticas. El tratamiento definitivo es la colecistectomía laparoscópica temprana durante la misma hospitalización en la mayoría de pacientes. En casos con disfunción orgánica o riesgo quirúrgico prohibitivo, el drenaje vesicular constituye una estrategia de control de foco seguida de cirugía diferida. Esta revisión sintetiza la evidencia y su aplicabilidad en el contexto nacional, excluyendo pancreatitis biliar y colangitis.
Acute gallbladder diseases, particularly acute cholecystitis, are among the most common surgical emergencies. In Chile, the high prevalence of gallstone disease leads to a substantial burden of emergency visits, admissions, and urgent surgery. Acute cholecystitis is usually triggered by persistent cystic duct obstruction, leading to gallbladder distension, chemical inflammation, microvascular compromise, ischemia, and secondary bacterial infection, with potential progression to empyema, gangrene, or perforation. Although less frequent, acute acalculous cholecystitis mainly affects critically ill patients and carries higher mortality. Diagnosis relies on clinical findings, systemic inflammation, and imaging, with ultrasound as the first-line modality. Current international guidelines (Tokyo Guidelines and World Society of Emergency Surgery) provide standardized diagnostic criteria, severity grading, and evidence-based management. Early laparoscopic cholecystectomy during the same hospitalization is the definitive treatment for most patients. In those with organ dysfunction or prohibitive surgical risk, gallbladder drainage is a source-control bridge to delayed surgery. This review summarizes evidence and discusses its applicability in Chile, excluding biliary pancreatitis and cholangitis.
La patología aguda de la vesícula biliar, y en particular la colecistitis aguda, se reconoce como una de las urgencias quirúrgicas abdominales más frecuentes. La colecistitis aguda es una inflamación aguda de la vesícula biliar, generalmente secundaria a obstrucción del conducto cístico por un cálculo, que se diagnostica mediante criterios clínicos, inflamatorios y hallazgos en imágenes1. Clínicamente se manifiesta, en su forma típica, como dolor persistente en hipocondrio derecho o epigastrio, asociado a respuesta inflamatoria sistémica y hallazgos imagenológicos compatibles. En la gran mayoría de los casos es consecuencia de obstrucción del conducto cístico por cálculos; un subgrupo menor corresponde a colecistitis alitiásica, observada predominantemente en pacientes críticos, con una evolución más rápida hacia necrosis y perforación2. En el contexto nacional, la relevancia asistencial es alta por la elevada prevalencia de litiasis biliar y su relación con complicaciones agudas. La colecistitis aguda consume recursos de urgencia (evaluación, imágenes, hospitalización, antibióticos, pabellón), y su desenlace depende de manera significativa de la oportunidad diagnóstica y del control del foco3. En paralelo, en la práctica cotidiana persisten brechas operacionales que pueden retrasar el tratamiento definitivo y aumentar la morbilidad.
Esta revisión resume la evidencia disponible sobre epidemiología, fisiopatología, diagnóstico, estratificación de severidad y tratamiento de la colecistitis aguda y sus variantes complicadas, excluyendo pancreatitis biliar y colangitis por tener algoritmos y prioridades terapéuticas particulares. Se enfatiza la aplicabilidad clínica en urgencias y la alineación con recomendaciones internacionales vigentes (Tokyo Guidelines (TG) y World Society of Emergency Surgery (WSES))1,4.
Metodología de la revisiónSe efectuó una revisión narrativa basada en búsqueda estructurada en PubMed/MEDLINE, SciELO y Google Scholar, complementada por consulta de guías clínicas y revisiones secundarias. Se priorizaron publicaciones entre 2010 y 2026, en español e inglés, que abordaran diagnóstico, severidad, tratamiento médico y quirúrgico, drenaje vesicular y resultados clínicos. Las fuentes centrales fueron las Tokyo Guidelines 2018 y las guías WSES 20201,4. Para el contexto nacional se consideró evidencia chilena sobre oportunidad quirúrgica y desenlaces3,5. Para aspectos específicos (alitiásica, enfisematosa, vólvulo) se incorporaron revisiones específicas6–9.
Epidemiología y contexto clínico nacionalLa litiasis biliar es frecuente a nivel mundial y aumenta con la edad, el sexo femenino y condiciones metabólicas. En Chile, la carga asistencial es particularmente relevante, reflejada en la alta frecuencia de colecistectomía y de consultas por dolor abdominal biliar. En este escenario, la colecistitis aguda es una complicación predominante y un motivo habitual de cirugía abdominal no electiva10.
En términos de oportunidad quirúrgica, la evidencia local sugiere que el tiempo de evolución influye en dificultad operatoria y complicaciones: la resolución tardía se asocia a mayor morbilidad, conversiones y estadías más prolongadas3. Desde una perspectiva sanitaria, esto refuerza la necesidad de protocolos que permitan resolver la colecistitis durante la misma hospitalización, evitando el ciclo de reconsultas y reingresos.
Fisiopatología y espectro de gravedadColecistitis aguda litiásicaLa fisiopatología clásica se inicia por la obstrucción persistente del conducto cístico por un cálculo11. La retención biliar produce distensión vesicular y daño epitelial, con activación de mediadores inflamatorios (prostaglandinas, fosfolipasas) que amplifican el edema parietal y el dolor12. A medida que la presión intraluminal aumenta, se compromete la microcirculación de la pared vesicular, favoreciendo isquemia y necrosis focal o difusa. En etapas iniciales, la bilis puede ser estéril; sin embargo, la obstrucción sostenida facilita la sobreinfección por flora entérica, lo que aumenta el riesgo de empiema y sepsis. Esta secuencia explica el carácter tiempo-dependiente de la enfermedad: la progresión anatómica y microvascular torna el cuadro más complejo y eleva el riesgo de perforación13.
En la práctica, la colecistitis litiasica no es un evento binario sino un continuo: desde inflamación edematosa limitada hasta formas supurativas o gangrenosas. El reconocimiento temprano y el control de foco son determinantes para evitar el salto hacia complicaciones mayores.
Hidrops y cuadros relacionadosLa obstrucción prolongada del cístico sin infección puede derivar en hidrops vesicular9, con reabsorción progresiva de bilis y reemplazo por moco claro. Aunque puede presentarse con clínica menos florida, constituye un sustrato para sobreinfección o isquemia secundaria. El manejo definitivo es quirúrgico, particularmente en sintomáticos o ante dudas diagnósticas.
Colecistitis aguda alitiásicaLa colecistitis alitiásica aparece predominantemente en pacientes críticos (sepsis, trauma, cirugía mayor, ventilación mecánica, ayuno prolongado, nutrición parenteral)8. Los mecanismos centrales incluyen hipoperfusión e isquemia de la pared vesicular, estasis biliar y respuesta inflamatoria sistémica14. Su diagnóstico es desafiante: la clínica puede estar enmascarada por sedación, ventilación o delirium, y la progresión a gangrena/perforación es más rápida. Por ello, la sospecha debe ser activa cuando existe fiebre o leucocitosis sin foco claro en una unidad de cuidados intensivos8,9.
Variantes especiales: enfisematosa y vólvuloLa colecistitis enfisematosa es una variante fulminante asociada a gérmenes productores de gas, típica en diabéticos y pacientes con compromiso vascular. Se caracteriza por gas en pared o lumen vesicular y requiere resolución urgente por su alta mortalidad15.
El vólvulo de vesícula, aunque raro, produce obstrucción completa con compromiso vascular agudo; clínicamente se asemeja a una colecistitis grave y el tratamiento es quirúrgico inmediato7.
Presentación clínicaEl cuadro típico incluye dolor persistente en hipocondrio derecho o epigastrio, con duración mayor a seis horas, náuseas y vómitos, fiebre y sensibilidad localizada. El signo de Murphy16 es un hallazgo clásico; su ausencia no excluye el diagnóstico, especialmente en ancianos, diabéticos o pacientes con analgesia. La palpación puede revelar defensa localizada o masa dolorosa en casos avanzados. La presentación atípica es particularmente relevante en dos grupos: adultos mayores frágiles, que pueden debutar con deterioro funcional, anorexia, delirium o sepsis sin dolor prominente; y pacientes críticos, en quienes la colecistitis alitiásica debe considerarse ante inflamación persistente sin foco8,9.
Desde el punto de vista clínico, la ictericia no es un componente típico de la colecistitis aislada; su presencia obliga a descartar compromiso de la vía biliar principal y entidades con manejo diferenciado17. En esta revisión se excluyen pancreatitis biliar y colangitis como foco principal, pero se enfatiza que su sospecha cambia prioridades diagnósticas y terapéuticas.
LaboratorioLos hallazgos son inespecíficos: leucocitosis y elevación de proteína C reactiva son frecuentes. Alteraciones importantes de bilirrubina y enzimas de colestasia sugieren obstrucción biliar principal o coexistencia de patología ductal. En pacientes críticos, la interpretación puede confundirse por colestasia asociada a enfermedad crítica; por ello, el laboratorio debe integrarse siempre con la evolución clínica y las imágenes.
Diagnóstico e imágenesCriterios diagnósticosLas TG proponen criterios basados en signos locales (dolor/defensa o Murphy), signos sistémicos (fiebre, leucocitosis, PCR elevada) y confirmación por imágenes1. Esta aproximación estandariza el diagnóstico, facilita comunicación interdisciplinaria y permite estratificar severidad en forma reproducible.
Ecografía abdominalLa ecografía es el examen inicial por disponibilidad, rapidez y ausencia de radiación18. Hallazgos típicos incluyen litiasis, engrosamiento parietal (figura 1), distensión, líquido perivesicular y Murphy ecográfico1. Su rendimiento depende del operador. En sospecha de un cuadro alitiásica, la ausencia de cálculos no descarta: el engrosamiento parietal, el líquido perivesicular y la distensión en un paciente crítico pueden ser suficientes para avanzar a estrategias de control del foco19.
Tomografía computada y otros estudiosLa tomografía computada (TC) se reserva para: ecografía no concluyente con alta sospecha; búsqueda de complicaciones (gangrena, perforación, absceso); o evaluación diferencial de abdomen agudo. En enfisematosa, la TC es especialmente útil por su sensibilidad para gas parietal. La colangioresonancia para descartar patología ductal20.
Estratificación de severidadLas TG clasifican en tres grados (I–III) según extensión de inflamación y presencia de disfunción orgánica1. Esta gradación orienta a las siguientes conductas:
Grado I (leve): sin disfunción orgánica y sin criterios de inflamación marcada; candidato típico a colecistectomía laparoscópica temprana.
Grado II (moderada): inflamación más intensa (síntomas prolongados, leucocitosis alta, masa dolorosa o hallazgos locales severos); requiere cirugía temprana idealmente por equipo experimentado y plan de “salida” si la anatomía es hostil.
Grado III (grave): disfunción orgánica; requiere estabilización, control de foco y estrategia escalonada, habitualmente con drenaje vesicular como puente.
Las guías WSES enfatizan una lógica similar, con foco en identificar pacientes de alto riesgo quirúrgico en quienes el control de foco mediante drenaje es más seguro que la cirugía inmediata4.
Manejo inicial en urgenciasEl tratamiento inicial debe iniciarse ante alta sospecha clínica, sin esperar confirmación absoluta cuando hay riesgo de progresión:
- 1.
Hospitalización, ayuno e hidratación intravenosa.
- 2.
Analgesia: antiinflamatorios no esteroideos (AINE) u opioides según perfil clínico, priorizando control del dolor y evitando hipoventilación.
- 3.
Antibióticos: recomendados en la mayoría de pacientes hospitalizados, particularmente si hay fiebre, leucocitosis marcada, comorbilidades, síntomas prolongados o sospecha de complicación. La elección depende de la gravedad y riesgo de resistencia. En cuadros comunitarios no complicados puede considerarse beta-lactámico con inhibidor o cefalosporina asociado a metronidazol; en sepsis o alto riesgo, esquemas más amplios son los más utilizados4.
- 4.
Monitorización y reevaluación: búsqueda activa de disfunción orgánica, progresión del dolor, signos peritoneales o deterioro hemodinámico.
Un punto clave: tras colecistectomía con control de foco en colecistitis no complicada, la evidencia y guías favorecen no prolongar antibióticos más allá de 24 horas. En cuadros complicados (perforación, absceso, empiema) o sepsis persistente, se justifica terapia dirigida y limitada según evolución4.
Tratamiento definitivo: colecistectomía laparoscópica tempranaLa colecistectomía laparoscópica temprana (CLT) durante la misma hospitalización es el estándar en la mayoría de pacientes. Una visualización de la cirugía se observa en la figura 2.
Las guías TG recomiendan cirugía temprana idealmente en los primeros días, de la misma manera las recomendaciones de WSES refuerzan el enfoque “tan pronto como sea posible” con ventanas prácticas que buscan evitar la cirugía tardía, asociada a mayor dificultad técnica y morbilidad1,4. En el contexto chileno, existe evidencia de asociación entre mayor tiempo de evolución y peores resultados postoperatorios3.
Seguridad quirúrgica y estrategias de “salida”.En colecistitis aguda, la distorsión anatómica del triángulo de Calot eleva el riesgo de lesión biliar. Por ello, la cirugía debe basarse en principios de seguridad: intento de obtener visión crítica de seguridad cuando sea factible; disección cuidadosa y control de sangrado que distorsiona planos; umbral bajo para conversiones cuando la anatomía es incierta; uso de técnicas de rescate, especialmente colecistectomía subtotal, para evitar lesiones en triángulos de anatomía muy compleja1,4. El mensaje clave es que la prioridad es la seguridad.
Drenaje vesicular como control de foco en alto riesgoEn pacientes con disfunción orgánica (Grado III) o contraindicación de anestesia general, la colecistostomía percutánea permite descomprimir y drenar contenido biliar/purulento, logrando control del foco y estabilización21. Esta estrategia se considera un “puente” hacia colecistectomía diferida cuando el paciente se recupera1,4. En pacientes extremadamente frágiles, el drenaje puede constituir manejo definitivo, aunque la recurrencia y reinfección son posibles; por ello se recomienda reevaluación clínica y quirúrgica posterior.
Complicaciones y variantes gravesLas complicaciones reflejan progresión por isquemia e infección: Empiema vesicular: pus intravesicular y sepsis; requiere antibióticos y drenaje/colecistectomía urgente.
Colecistitis gangrenosa: necrosis parietal, mayor riesgo de perforación, conversión y abscesos; el diagnóstico preoperatorio puede sospecharse por severidad clínica e imágenes, no obstante a menudo se confirma en pabellón.
Perforación: puede ser contenida (absceso/plastrón) o libre (peritonitis biliar), con alta morbilidad; requiere control de foco quirúrgico y/o drenaje según estabilidad.
Colecistitis enfisematosa: emergencia con gas en pared/lumen, frecuente en diabéticos; tratamiento quirúrgico urgente y antibióticos adecuados6. Estas entidades justifican una conducta agresiva en tiempos (diagnóstico, antibióticos, control de foco), especialmente cuando la evolución supera 72 horas o existen signos de sepsis.
DiscusiónLa colecistitis aguda es una patología en la cual el tiempo modifica la anatomía y el riesgo. La progresión desde inflamación edematosa a necrosis y perforación explica por qué la cirugía temprana es costo-efectiva y clínicamente superior. WSES y TG convergen en que la colecistectomía laparoscópica temprana debe ser la estrategia por defecto en pacientes aptos, reservando el manejo no operatorio para casos seleccionados1,4.
En el contexto chileno, el principal desafío no suele ser la falta de guías, sino la implementación: disponibilidad de pabellón, flujos de derivación y acceso a radiología intervencional. La evidencia nacional sugiere que el retraso quirúrgico se asocia a mayor morbilidad3. En esta línea, la estandarización de rutas clínicas (sospecha → eco precoz → antibióticos → priorización quirúrgica → estrategias de salida) puede traducirse en mejoras reales de desenlaces.
En pacientes críticos, la colecistitis alitiásica exige una sospecha clínica constante. La ausencia de dolor típico no la descarta y la mortalidad se relaciona con el diagnóstico tardío. El drenaje vesicular precoz en alto riesgo cumple el objetivo central del manejo de sepsis: control de foco. Finalmente, desde la perspectiva de calidad quirúrgica, la seguridad técnica debe guiar las decisiones: conversión o colecistectomía subtotal son estrategias válidas para prevenir lesión biliar, particularmente en escenarios de inflamación avanzada.
ConclusionesLa colecistitis aguda es una urgencia quirúrgica frecuente y de alta relevancia clínica. El diagnóstico se apoya en la clínica, la respuesta inflamatoria sistémica y la ecografía como primer examen. Las guías internacionales vigentes (TG y WSES) recomiendan colecistectomía laparoscópica temprana durante la misma hospitalización en la mayoría de pacientes, con estrategias escalonadas y drenaje vesicular en casos con disfunción orgánica o riesgo quirúrgico extremo. En Chile, la oportunidad quirúrgica continúa siendo un determinante práctico de desenlaces, por lo que la implementación de flujos clínicos que favorezcan diagnóstico precoz, priorización quirúrgica y cirugía segura es esencial para reducir complicaciones.
Declaración de consideraciones éticasEste manuscrito corresponde a una revisión narrativa de la literatura. No se incluyeron pacientes, datos clínicos identificables ni imágenes, por lo que no se requirió consentimiento informado ni aprobación por comité de ética.
Declaración de financiamientoEl autor declara no haber recibido financiamiento específico para la elaboración de este trabajo.
Declaración de conflicto de interesesEl autor declara no presentar conflictos de interés.


