El cáncer de próstata (CaP) es uno de los tumores más frecuentes y una causa importante de mortalidad masculina. El uso rutinario del antígeno prostático específico (APE) ha permitido disminuir la mortalidad específica; sin embargo, su baja especificidad ha llevado a un sobrediagnóstico y sobretratamiento de la enfermedad. El objetivo de esta revisión es sintetizar la evidencia reciente sobre estrategias de detección precoz en el contexto de medicina personalizada.
El riesgo de CaP está determinado principalmente por edad, antecedentes familiares, factores modificables (ej. obesidad, dietas ricas en grasas) y alteraciones genéticas, como BRCA2 y HOXB13, asociadas a enfermedad más agresiva. El tamizaje actual se enfoca en detectar un cáncer clínicamente significativo. El uso del APE disminuye la mortalidad específica, pero no impacta la mortalidad global, y el tacto rectal tiene escaso valor como herramienta de tamizaje.
Las guías internacionales recomiendan un enfoque individualizado basado en riesgo, iniciando entre los 45–50 años o antes en grupos de alto riesgo. La resonancia magnética multiparamétrica (mpMRI) se ha consolidado como herramienta clave, reduciendo biopsias innecesarias y la detección de tumores no significativos.
La utilización de biomarcadores sanguíneos y urinarios puede mejorar la estratificación de riesgo, pero su uso es aún limitado. Nuevas estrategias como biopsia líquida e inteligencia artificial prometen optimizar la detección precoz. La estrategia actual de tamizaje se basa en un modelo multimodal que prioriza la detección de enfermedad clínicamente significativa y reduce intervenciones innecesarias.
Prostate cancer (PCa) is one of the most common malignancies and a significant cause of male mortality. The routine use of prostate-specific antigen (PSA) has contributed to a reduction in disease-specific mortality; however, its low specificity has led to overdiagnosis and overtreatment. The aim of this review is to summarize recent evidence on early detection strategies within the context of personalized medicine.
PCa risk is primarily determined by age, family history, modifiable factors (e.g., obesity and high-fat diets), and genetic alterations such as BRCA2 and HOXB13, which are associated with more aggressive disease. Current screening strategies focus on detecting clinically significant cancer. PSA-based screening reduces disease-specific mortality but does not impact overall mortality, and digital rectal examination has limited value as a screening tool.
International guidelines recommend a risk-adapted, individualized approach, typically starting between 45–50 years of age or earlier in high-risk populations. Multiparametric magnetic resonance imaging (mpMRI) has become a key tool, reducing unnecessary biopsies and the detection of clinically insignificant tumors.
Blood- and urine-based biomarkers may improve risk stratification, although their use remains limited. Emerging strategies such as liquid biopsy and artificial intelligence show promise in optimizing early detection. Current screening strategies are based on a multimodal model that prioritizes the detection of clinically significant disease while reducing unnecessary interventions.
Actualmente, el cáncer de próstata (CaP) es el cuarto cáncer más frecuente a nivel mundial y una de las principales causas de mortalidad oncológica masculina. Según las últimas estadísticas de GLOBOCAN 2024, se estimaron 1,5 millones de nuevos casos y más de 375 000 muertes atribuibles a CaP en el mundo1. En Chile, el CaP continúa siendo el cáncer más frecuente en varones, con una incidencia de 9 678 casos y 2 703 muertes registradas en 2022, posicionándolo como la 4ta causa de muerte por cáncer en nuestro país1.
Desde la introducción del antígeno prostático específico (APE) en la década de 1980, el tamizaje del CaP ha sido objeto de debate2. Si bien su uso masivo se asoció inicialmente a una disminución en la incidencia de enfermedad avanzada y en la mortalidad específica3, su baja especificidad condujo a un número considerable de sobrediagnósticos y sobretratamientos. Estas limitaciones impulsaron la búsqueda de estrategias más precisas, combinando biomarcadores y nuevas tecnologías de imagen.
En este contexto, la resonancia magnética multiparamétrica (mpMRI) y algunos biomarcadores sanguíneos y urinarios, han demostrado reducir la detección de tumores indolentes y mejorar la selección de pacientes para la indicación de biopsias, generando un nuevo paradigma en la detección temprana del CaP4.
El objetivo de esta revisión es sintetizar la evidencia más reciente sobre prevención y tamizaje del CaP, comparando estrategias clásicas y modernas, y discutir su aplicabilidad en un escenario de medicina personalizada que minimice intervenciones innecesarias y maximice el beneficio poblacional.
MetodologíaSe realizó una revisión narrativa crítica basada en guías clínicas internacionales (European Association of Urology (EAU), American Urological Association (AUA) y National Comprehensive Cancer Network (NCCN)) y literatura reciente, de los últimos 10 años. La selección priorizó estudios de alto impacto clínico (ensayos, revisiones sistemáticas y estudios prospectivos). Los contenidos fueron discutidos en reuniones de consenso entre los autores, con énfasis en la aplicabilidad clínica y en la detección de cáncer clínicamente significativo.
Factores de riesgo para cáncer de próstataEl desarrollo del CaP resulta de la interacción entre factores no modificables y condicionantes del estilo de vida y salud general, cuya evidencia varía en solidez.
Dentro de los factores no modificables, la edad sigue siendo el determinante más relevante: el riesgo aumenta de manera exponencial después de los 60 años5, alcanzando hasta un 70% de prevalencia histológica en hombres mayores de 70 años6. La raza también influye, siendo los varones afrodescendientes quienes presentan mayor riesgo de desarrollar CaP y de morir por la enfermedad, probablemente por una combinación de diferencias biológicas y determinantes sociales5,7. La historia familiar incrementa significativamente la susceptibilidad8: tener un pariente de primer grado con CaP casi duplica el riesgo, y este se multiplica aún más cuando existen múltiples familiares afectados9,10.
En cuanto a los factores modificables, la evidencia es menos concluyente. La obesidad, el sedentarismo y las dietas ricas en grasas saturadas, carbohidratos de alta carga glucémica o carnes rojas se han asociado a mayor riesgo de CaP agresivo, aunque los resultados son heterogéneos y muchas veces reflejan asociaciones poblacionales sin causalidad demostrada11–13. El tabaquismo no parece aumentar la incidencia, pero sí se relaciona con formas más letales de la enfermedad4. Asimismo, se han descrito asociaciones débiles con patologías como prostatitis crónica, síndrome metabólico, infertilidad y enfermedades inflamatorias, sin evidencia suficiente para recomendaciones preventivas específicas14. Otros factores como la frecuencia de eyaculaciones o el estado marital han sido mencionados, aunque carecen de consistencia clínica12.
En conjunto, mientras que los factores no modificables orientan claramente la necesidad de estrategias personalizadas de detección temprana, los potencialmente modificables aún no ofrecen bases sólidas para recomendar cambios de estilo de vida con impacto comprobado en la prevención primaria del CaP.
Cáncer de próstata hereditarioEl CaP de origen hereditario corresponde a un subgrupo cada vez mejor reconocido gracias al avance en genética y medicina de precisión. Se estima que entre un 5–7% de los pacientes con enfermedad localizada8,14, y hasta un 15% de los casos metastásicos presentan mutaciones germinales patogénicas, principalmente en genes de reparación del ADN15.
Entre los genes más relevantes destacan BRCA2 y HOXB13: el primero se asocia a un riesgo más elevado y a formas agresivas de la enfermedad16, mientras que el segundo incrementa hasta ocho veces la probabilidad de presentar CaP en edades tempranas17. Otras alteraciones frecuentes incluyen BRCA1, ATM, PALB2, RAD51C/D, y genes vinculados al síndrome de Lynch (MLH1, MSH2, MSH6, PMS2, EPCAM), que no solo predisponen a CaP, sino también a otras neoplasias familiares18.
El valor clínico de identificar estas mutaciones va más allá de la predicción de riesgo: permite adaptar estrategias terapéuticas como el uso de inhibidores PARP (poly ADP-ribose polymerase) en portadores de defectos en reparación de ADN, orientar el pronóstico y ofrecer consejería genética a familiares en riesgo19. Por ello, las guías internacionales recomiendan testeo germinal en pacientes con CaP metastásico, en casos de alto riesgo (Gleason>7 o ISUP>2) (ISUP: International Society of Urological Pathology) y en hombres con antecedentes familiares de cáncer asociado20.
Es esencial discutir con cada paciente las implicancias clínicas y familiares de la prueba genética, así como sus consideraciones éticas y legales. En este sentido, el rol de la consejería genética especializada es fundamental para garantizar una decisión informada y un adecuado seguimiento de los portadores y sus familias21.
Tamizaje y APEActualmente el objetivo del tamizaje no es detectar todo cáncer de próstata, sino focalizarse en la identificación de un cáncer clínicamente significativo (ISUP =2)22, ya que ISUP 1 casi no tiene potencial metastásico, explicaría menos del 1% de las muertes por CaP23 y su tratamiento conlleva morbilidad innecesaria (impotencia e incontinencia urinaria, entre otros)24.
Los ensayos poblacionales han mostrado resultados divergentes. El estudio EuropeanRandomized Study of Screening for Prostate Cancer (ERSPC) evidenció, tras 16 años de seguimiento, una disminución en la mortalidad por CaP y en los diagnósticos en etapa metastásica25. En contraste, el estudio randomizado Prostate, Lung, Colorectal, and Ovarian Cancer Screening Trial (PLCO) no mostró beneficios claros, aunque estuvo limitado por la alta tasa de tamizaje con APE en el grupo control26. Análisis posteriores y metaanálisis coinciden en que el tamizaje con APE reduce la mortalidad específica por CaP y aumenta el diagnóstico en etapas tempranas (con un riesgo relativo RR de 1,39), aunque no modifica la mortalidad global27.
Tradicionalmente, el tacto rectal (TR) se utilizó como complemento del APE. Sin embargo, estudios recientes demostraron su escaso valor como herramienta de tamizaje en población general, con baja sensibilidad (14%) y 4 veces menor tasa de detección que el APE28. Incluso en la actualidad, en ausencia de síntomas o hallazgos clínicos y un APE normal, el TR podría omitirse de las estrategias de tamizaje temprano, dado su bajo rendimiento, carácter invasivo y variabilidad entre examinadores29.
Estos hallazgos llevaron a que las principales guías recomienden un tamizaje individualizado según riesgo, por lo que propondremos un consenso en base a las guías internacionales más importantes en la actualidad.
Consenso de recomendaciones de guías internacionalesA pesar de ciertas diferencias, las guías internacionales convergen en varios principios clave para el tamizaje del cáncer de próstata (Tabla 1). Tanto la European Association of Urology (EAU)4, la American Urological Association (AUA)22 y la National Comprehensive Cancer Network (NCCN)20 coinciden en que el tamizaje debe ser individualizado y basado en el riesgo, con una decisión compartida entre médico y paciente.
Recomendaciones de guías internacionales para tamizaje de cáncer de próstata
| Aspecto | EAU (20244) | AUA/SUO (202322) | NCCN (202320) |
|---|---|---|---|
| Edad de inicio (riesgo promedio) | ≥50 años | 40-45 años | 45 años |
| Edad de inicio (alto riesgo) | ≥40 años (BRCA2) o ≥45 con historia familiar/ascendencia africana | 40-45 años en afrodescendientes, mutaciones germinales o historia familiar | 40 años en alto riesgo (afrodescendientes, historia familiar fuerte, mutaciones germinales) |
| Intervalo recomendado | Cada 2-8 años según APE basal (≥1 ng/ml a los 40 o ≥2 ng/ml a los 60 = controles más frecuentes) | Cada 2-4 años en hombres de 50-69 años | Cada 1-2 años si APE 1–3 ng/ml; cada 4 años si APE <1 ng/ml |
| APE sospechoso (qué hacer) | Repetir APE antes de nuevos estudios; considerar mpMRI o calculadora de riesgo | Repetir APE antes de indicar estudios adicionales | Repetir APE; si persiste elevado, usar mpMRI o TR complementario |
| Rol del TR | No recomendado como tamizaje aislado | No recomendado como tamizaje aislado | Solo como complemento en APE elevado, no como tamizaje inicial |
| Uso de mpMRI | mpMRI antes de la biopsia, recomendada en todos los casos cuando esté disponible | mpMRI previa a biopsia, pero permite cierta flexibilidad | mpMRI previo a biopsia recomendada; biopsia dirigida si lesión positiva |
| Edad de término | ≈75 años (según expectativa de vida) | ≈70-75 años, considerar expectativa de vida | 75 años (posible extensión en hombres muy sanos) |
En relación con la edad de inicio, la mayoría recomienda comenzar a los 45-50 años en hombres sin factores de riesgo, adelantando a los 40–45 años en aquellos con riesgo aumentados: antecedentes familiares de CaP, ascendencia africana o portadores de mutaciones germinales (particularmente BRCA2). Además, se recomienda realizar cribado en pacientes con más de 10 - 15 años de expectativa de vida, por lo que las comorbilidades cobran mayor importancia que la edad propiamente tal.
Respecto a la frecuencia de controles, se sugiere realizar APE cada 2–4 años en hombres sin antecedentes, y con intervalos más prolongados (hasta 8 años) en quienes tienen APE menor a 1 ng/ml a los 40 años o menor a 2 ng/ml a los 60 años. En pacientes con APE sospechoso, la recomendación uniforme es repetir el análisis antes de avanzar en el estudio, evitando así falsos positivos.
Sobre el uso del TR, todas las guías actuales concuerdan en que no es un método adecuado como tamizaje aislado, y solo se justifica como complemento en casos con APE alterado o mayor a 2 ng/ml.
Si bien existe acuerdo en que la biopsia debe estar precedida de mpMRI y que la biopsia dirigida representa la estrategia principal, la revisión sistemática más reciente30 señala que la adición de biopsia sistemática aporta una ganancia limitada en la detección de CaP clínicamente significativo, a costa de mayor sobrediagnóstico y morbilidad. Su realización debería considerarse en contextos específicos (pacientes jóvenes, lesiones pequeñas o indeterminadas), más que como un complemento obligatorio en todos los casos. Por lo tanto, es un tema aún en discusión, y la evidencia futura permitirá definir con mayor claridad en qué escenarios la biopsia sistemática añade un beneficio real.
Finalmente, respecto a la edad de término, la mayoría de las guías fija los 70-75 años como límite razonable, aunque reconocen que en pacientes mayores en buen estado de salud podría mantenerse el tamizaje tras una discusión individualizada.
En resumen, el consenso internacional apunta a un tamizaje selectivo, estratificado por riesgo y apoyado en mpMRI, con el fin de maximizar la detección de tumores clínicamente significativos y reducir intervenciones innecesarias.
Nuevas estrategias de tamizaje: mpMRI y biomarcadoresComo hemos descrito previamente, en los últimos años ha cobrado fuerza un cambio de paradigma que busca integrar el APE en algoritmos más complejos, donde la decisión de avanzar hacia una biopsia depende de pruebas complementarias que permitan refinar el riesgo individual.
Entre estas herramientas, la mpMRI de próstata se ha consolidado como el examen más relevante. Ensayos y metaanálisis recientes muestran que incorporar la mpMRI en el proceso de tamizaje reduce el número de biopsias en un 32%31, así como la detección de cánceres insignificantes, de un 12% con la biopsia sistemática estándar, a un 4% con la biopsia guiada por mpMRI32, manteniendo la capacidad de identificar aquellos tumores clínicamente significativos que realmente requieren tratamiento. Por su parte, el estudio GÖTEBORG-2, con seguimiento a cuatro años, confirmó que esta estrategia puede disminuir en un 57% la detección de tumores ISUP 1 sin aumentar el riesgo de perder cánceres avanzados o de alto riesgo, incluso en rondas sucesivas de tamizaje33.
Incluso se ha explorado el papel de la mpMRI como test inicial de tamizaje (MVP trial34), donde la resonancia logró reducir el número de biopsias a la mitad (RR 0,52; p=0,005) e incrementar la proporción de tumores clínicamente significativos respecto al APE (73% vs 50%, respectivamente, p=0,07), aunque el estudio fue limitado por un tamaño muestral menor al previsto. Destaca, además, que la biopsia luego de mpMRI es más aceptada por los pacientes (96% aceptó realizarse la biopsia vs 58% en el brazo solo APE) y más específica para cáncer significativo, pero se necesitan estudios más grandes y multicéntricos para confirmar el impacto en el diagnóstico.
Entre los biomarcadores sanguíneos destacan el Prostate Health Index (PHI) y el 4Kscore, ambos aprobados por la FDA (Food and Drug Administration) y que han demostrado mejorar la capacidad predictiva del APE al integrar isoformas específicas de las calicreínas con variables clínicas, pudiendo reducir hasta un 30–35% de biopsias innecesarias35. Sin embargo, pese a que la guía EAU4 aún los recomienda, su uso en el setting de APE alterado es cada vez menos frecuente. Más recientemente, el test Stockholm3ha mostrado un rendimiento superior al APE en cohortes poblacionales, con validaciones en Europa y Norteamérica, reduciendo significativamente la indicación de biopsias y resonancias sin comprometer la detección de cáncer clínicamente significativo36,37. En paralelo, los biomarcadores urinarios han evolucionado desde PCA3 hacia nuevas plataformas como SelectMDx, ExoDx y MyProstateScore (MPS2), que combinan perfiles de ARN (ácido ribonucleico) urinario con datos clínicos, alcanzando valores predictivos negativos superiores al 85–90% y ofreciendo utilidad particular tras una biopsia negativa o en sospecha persistente38.
Según las guías de la NCCN20, el uso de biomarcadores con PHI, 4Kscore o MPS2 estarían recomendados en caso de no existir la posibilidad de realizar una mpMRI o si esta es de mala calidad, o si el paciente o el médico desea estimar el riesgo de cáncer clínicamente significativo (ISUP =2) con mayor precisión comparado con APE solo, antes de ir a la biopsia en forma directa.
Por su parte, existen biomarcadores urinarios que permitirían mejorar la selección de pacientes para biopsia en el contexto del tamizaje. SelectMDx combina expresión génica (HOXC6, DLX1) con variables clínicas y muestra una sensibilidad cercana al 80% para cáncer clínicamente significativo39. ExoDx Prostate Test (EPI Test), basado en exosomas urinarios, es un test independiente con alto valor predictivo negativo (∼91%), útil para descartar enfermedad relevante y evitar biopsias40. Más recientemente, un test urinario de 18 genes (MPS2) ha demostrado mayor precisión diagnóstica (AUC-area under the curve- ∼0,81–0,82) y capacidad para reducir biopsias innecesarias manteniendo alta sensibilidad para tumores de alto grado41. En conjunto, estos marcadores representan herramientas clave para optimizar el cribado y disminuir el sobrediagnóstico. Sin embargo, pese a los resultados descritos, su adopción es limitada por su rendimiento clínico aún moderado y su uso, hasta el momento, se centra más en definir agresividad en pacientes ya diagnosticados con CaP4.
En la búsqueda por mejorar el rendimiento del APE, se han desarrollado distintas calculadoras de riesgo que integran variables clínicas para estimar la probabilidad de cáncer de próstata. Entre ellas, destaca el PCPT (Prostate Cancer Prevention Trial) Risk Calculator 2.0, que incorpora APE, tacto rectal, edad, antecedentes y biopsias previas, con la opción de añadir el porcentaje de APE libre42. Si bien estas herramientas mejoran la estratificación de riesgo frente al APE aislado, su rendimiento es variable entre cohortes y en varios escenarios no supera significativamente al APE, por lo que su impacto en el tamizaje es limitado y su principal utilidad radica en apoyar la toma de decisiones compartida.
Aunque la penetración clínica de estas pruebas varía según contexto sanitario, la evidencia más reciente sugiere que su integración, especialmente en combinación con mpMRI y APE, podría optimizar la estratificación de riesgo y minimizar el sobrediagnóstico36,37. Así, en el ensayo ProScreen43, por ejemplo, el protocolo de tamizaje del estudio se diseñó como un algoritmo escalonado en tres fases. En primer lugar, todos los participantes se sometieron a una medición de APE en sangre. Aquellos con un valor igual o superior a 3,0 ng/mL avanzaban al segundo nivel, consistente en la aplicación del panel 4Kscore para estimar el riesgo de CaP de alto riesgo. Si este riesgo resultaba igual o superior al 7,5%, se indicaba la realización de una mpMRI de la próstata. Finalmente, los hombres con hallazgos sospechosos en la mpMRI (lesiones 3 a 5) PI-RADS (ProstateImagingReporting and Data System) eran derivados a una biopsia dirigida por imagen. Como medida de seguridad, también se contemplaba la biopsia sistemática en los casos en que la mpMRI no mostraba lesiones sospechosas, pero la densidad de APE fuese =0,15 ng/ml/m2, con el fin de minimizar el riesgo de pasar por alto cánceres clínicamente significativos. El estudio demostró que este manejo escalonado detectó más cánceres que la práctica habitual, con un aumento que se dio principalmente en los cánceres clínicamente significativos. Este tipo de aproximaciones permiten derivar la imagen solo a los pacientes con mayor probabilidad de cáncer clínicamente relevante, optimizando recursos y evitando procedimientos innecesarios. En el contexto latinoamericano, y particularmente en Chile, la evidencia sobre biomarcadores en cáncer de próstata es aún limitada. Uno de los pocos estudios disponibles corresponde a la experiencia inicial con PCA3 en población latinoamericana44, que demostró un rendimiento diagnóstico moderado en pacientes con APE alterado y/o tacto rectal sospechoso, sin lograr un impacto claro en la toma de decisiones clínicas. Finalmente, en la práctica en Chile, pese a que se encuentran disponibles, la implementación de biomarcadores como 4Kscore, SelectMDx y MPS2 se ve restringida por su alto costo, disponibilidad limitada y falta de validación local.
Futuro del tamizajeComo hemos podido revisar, la detección temprana del CaP se encuentra en un momento de transformación, impulsado por la necesidad de superar las limitaciones del APE y avanzar hacia estrategias más precisas y personalizadas. En este contexto, nuevas herramientas diagnósticas y plataformas tecnológicas están ampliando el horizonte del tamizaje, con un énfasis creciente en métodos no invasivos, en la integración de múltiples biomarcadores y en el uso de inteligencia artificial para interpretar datos complejos, acercando el tamizaje del CaP a los principios de la medicina de precisión.
Un área de rápido avance es la biopsia líquida, basada en el análisis de ADN (ácido desoxirribonucleico) tumoral circulante (ctDNA) y células tumorales circulantes (CTCs). Aunque la detección de ctDNA en enfermedad localizada es aún un desafío técnico por su baja concentración, estudios recientes han demostrado que los patrones de fragmentación, metilación y mutaciones específicas pueden servir como marcadores tempranos de enfermedad significativa45. Las CTCs, aunque poco abundantes, tienen un papel pronóstico relevante en el CaP metastásico y se relacionan con resistencia a terapias hormonales, lo que las convierte en un complemento útil dentro de paneles multimodales de estratificación46.
Asimismo, los exosomas han emergido como una fuente prometedora de biomarcadores, transportando microARNs, lncRNAs y circRNAs implicados en progresión, metástasis y resistencia terapéutica. La identificación de perfiles específicos en fluidos corporales plantea la posibilidad de contar con marcadores no invasivos de gran valor diagnóstico y pronóstico47. Paralelamente, se están explorando biomarcadores derivados del microbioma urinario e intestinal, los cuales parecen influir en la carcinogénesis prostática a través de la modulación inmunológica y metabólica, y podrían convertirse en herramientas adicionales para estratificar riesgo y predecir respuesta terapéutica38.
Finalmente, la inteligencia artificial (IA) ha comenzado a integrarse en este campo, facilitando el análisis de grandes volúmenes de datos clínicos, genómicos y de imagen48. Modelos de machine learning y deep learning permiten optimizar la interpretación del APE y de paneles moleculares, así como descubrir nuevas firmas transcriptómicas con valor pronóstico, como el Replication Stress Signature (RSS), capaz de predecir recaída y respuesta a determinados tratamientos49. La convergencia de IA, biomarcadores líquidos y plataformas ómicas (tecnologías que permiten analizar de manera masiva y global los distintos niveles de información biológica de un organismo) está configurando un escenario en el que la detección y el seguimiento del CaP serán cada vez más precisos y personalizados35.
En conjunto, la evidencia actual refleja una transición desde un paradigma centrado casi exclusivamente en el APE hacia un modelo multimodal e individualizado, donde la integración de biomarcadores sanguíneos, urinarios, líquidos y digitales redefine la detección precoz del cáncer de próstata en el marco de la medicina de precisión
Propuesta de consenso de los autoresEn base a la evidencia disponible y a la aplicabilidad en nuestro medio, proponemos un enfoque de tamizaje inicial basado en APE, iniciando a los 40 años en pacientes con antecedentes familiares y a los 45 años en población general. No se recomienda el uso rutinario del tacto rectal como herramienta de tamizaje, dado su bajo rendimiento en este contexto. Asimismo, no se propone la utilización sistemática de biomarcadores adicionales (tanto sanguíneos como urinarios) en pacientes con APE alterado, considerando su costo y rendimiento limitado en comparación con la resonancia magnética. En este escenario, la resonancia se posiciona como el principal examen complementario para la toma de decisiones, priorizando la detección de cáncer clínicamente significativo y la reducción de intervenciones innecesarias. Cabe destacar que la combinación integrada de APE, resonancia magnética y biomarcadores no ha sido suficientemente estudiada hasta la fecha, por lo que podría constituir una estrategia futura una vez que exista evidencia robusta que avale su uso conjunto.
ConclusiónEl tamizaje del CaP ya no puede sustentarse únicamente en el APE, dado su bajo poder discriminativo entre tumores indolentes y clínicamente significativos. La evidencia más reciente respalda la incorporación de biomarcadores y mpMRI como pasos clave en algoritmos escalonados, con capacidad de reducir sobrediagnóstico y sobretratamiento. Herramientas emergentes como la biopsia líquida, los exosomas, el estudio del microbioma y la inteligencia artificial consolidan la transición hacia un tamizaje personalizado. El reto futuro será validar estas estrategias en diferentes poblaciones y garantizar su implementación costo-efectiva dentro de programas de salud pública.

