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Revista Médica Clínica Las Condes

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Revista Médica Clínica Las Condes Heridas faciales
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Vol. 37. Núm. 3.
Tema central: Emergencias quirúrgicas
Páginas 283-406 (Mayo - Junio 2026)
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Tema central: Emergencias quirúrgicas
Páginas 283-406 (Mayo - Junio 2026)
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Heridas faciales

Facial wounds
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Susana Beníteza,b,
Autor para correspondencia
sbenitez@clinicalascondes.cl

Autor para correspondencia.
, Brenda Gámezc, Juan Pablo Camachoa,c,d
a Equipo de Cirugía Plástica, Departamento de Cirugía, Clínica Las Condes, Santiago, Chile
b Departamento de Cirugía Plástica, Hospital Clínico Universidad de Chile, Santiago, Chile
c Facultad de Medicina, Universidad de Chile, Santiago, Chile
d Departamento de Cirugía Plástica, Hospital del Salvador, Santiago, Chile
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Resumen

Las heridas faciales constituyen un desafío terapéutico particular debido a las características anatómicas y funcionales propias de la región, entre las que destacan su abundante irrigación sanguínea, la alta concentración de estructuras especializadas y su trascendencia estética, funcional y social. Estas particularidades exigen un abordaje diagnóstico y terapéutico específico desde la evaluación inicial en el servicio de urgencia hasta la reparación quirúrgica definitiva. Para esta revisión se analizó la literatura científica reciente y se complementó con la experiencia clínica de los autores, con el propósito de integrar la evidencia disponible y proponer directrices prácticas para el manejo de estas lesiones. Los principios fundamentales incluyen una evaluación inicial exhaustiva, el desbridamiento conservador, el cierre primario oportuno, el uso estratégico de anestésicos locales mediante técnicas de bloqueo regional y el reconocimiento precoz de lesiones asociadas o del compromiso de estructuras anatómicas especiales. La aplicación sistemática de estas medidas resulta determinante para optimizar los resultados funcionales y estéticos, reducir la morbilidad y prevenir complicaciones a largo plazo. El éxito terapéutico depende de una adecuada planificación quirúrgica sustentada en conocimientos reconstructivos actualizados y en una reparación anatómica meticulosa orientada a preservar tanto la función como la apariencia facial. El objetivo de esta revisión es actualizar y sintetizar las normas clásicas y contemporáneas del manejo quirúrgico de las heridas faciales, enfatizando la importancia de la evaluación inicial, la reparación anatómica precisa y el reconocimiento temprano de posibles complicaciones y lesiones de sitios especiales.

Palabras clave:
Herida Facial
Tejidos Blandos
Bloqueo Anestésico
Cierre Primario
Reconstrucción
Abstract

Facial wounds represent a unique therapeutic challenge due to the anatomical and functional characteristics of the facial region, including its rich vascular supply, high concentration of specialized structures, and considerable aesthetic, functional, and social significance. These features require a specific diagnostic and therapeutic approach, from the initial assessment in the emergency department to definitive surgical repair. For this narrative review, recent scientific literature was analyzed and complemented by the authors’ clinical experience to integrate the available evidence and provide practical recommendations for the management of these injuries. The fundamental principles include a comprehensive initial evaluation, conservative debridement, timely primary closure, the strategic use of local anesthetics through regional nerve block techniques, and the early recognition of associated injuries or involvement of specialized anatomical structures. The systematic application of these measures is essential to optimize both functional and aesthetic outcomes, reduce morbidity, and prevent long-term complications. Successful management relies on careful surgical planning supported by up-to-date reconstructive knowledge and meticulous anatomical repair aimed at preserving both facial function and appearance. The objective of this review is to update and synthesize the classical and contemporary principles of the surgical management of facial wounds, emphasizing the importance of the initial assessment, precise anatomical repair, and the early recognition of potential complications and injuries involving specialized anatomical sites.

Keywords:
Facial Wound
Soft Tissue
Anesthetic Block
Primary Closure
Reconstruction
Texto completo
Introducción

Las heridas faciales son un motivo frecuente de consulta de urgencia para el cirujano general y suelen estar en contexto de pacientes politraumatizados. Su manejo exige comprender en detalle la anatomía local y fisiología de la cicatrización.

Ya que el rostro es fundamental para la comunicación y la interacción social, su reparación debe equilibrar no sólo aspectos estéticos sino primordialmente funcionales. Todas las lesiones faciales requieren limpieza, irrigación, desbridamiento y cierre primario con mínima tensión, buscando reducir las secuelas funcionales y/o estéticas1.

Se describe una mayor incidencia de estas lesiones en el sexo masculino y en cuanto a edad, son más frecuentes en niños menores de 10 años, adultos jóvenes y adultos mayores1–3. Ocurren principalmente secundario a caídas, accidentes de tráfico y agresiones4–6. En niños pequeños destacan las mordeduras de perro7–9. Las localizaciones más comunes son: frente, borde lateral de las cejas, nariz, labio y mentón, la denominada “zona T” (figura 1). Las lesiones se pueden clasificar según el mecanismo de lesión en:

  • 1.

    Abrasión: superficie de piel excoriada.

  • 2.

    Laceración: corte o desgarro irregular.

  • 3.

    Avulsión: superficie de piel desgarrada, que produce un área de piel levantada del tejido subyacente.

  • 4.

    Atrición: daño causado por compresión o aplastamiento.

  • 5.

    Misceláneas: herida por arma de fuego.

  • 6.

    Mordidas: asociadas a infección polimicrobiana.

Figura 1.

Distribución por frecuencia de heridas en cara

Distribución que conforma un patrón tipo “zona T”. Frente, zona lateral, cejas, nariz, labio y mentón son las zonas más frecuentemente afectadas.

Fuente: Adaptado de Hussain et al., 10.

Eikenella corrodens y Streptococcusviridans en mordeduras por humanos. Pasteurellacanis en mordedura por perros.

Pasteurellamulticoda en mordedura por gatos. La infección es más común en esta última dado que los gatos generan una herida de mayor profundidad y más puntiforme9–11.

Este artículo repasa los principios clásicos y tendencias actuales en el manejo de heridas faciales de tejidos blandos.

Material y Métodos

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa de la literatura disponible sobre trauma facial y su manejo, incluyendo publicaciones indexadas entre los años 2001 y 2025. La búsqueda se enfocó en estudios epidemiológicos, revisiones clínicas, series de casos y capítulos de libros de referencia en cirugía plástica y maxilofacial, priorizando evidencia de los últimos cinco años para reflejar las tendencias actuales. Asimismo, se incorporaron textos clásicos ampliamente reconocidos que sustentan los principios quirúrgicos fundamentales. La selección de la literatura se orientó a integrar evidencia actualizada con bases teóricas consolidadas, con el objetivo de otorgar consistencia metodológica y relevancia clínica a la revisión.

Evaluación inicial

El manejo inicial de las heridas faciales debe seguir los principios del Advanced Trauma Life Support (ATLS) y el ABCDE del trauma, asegurar vía aérea, ventilación, reanimación y control de la hemorragia. En traumas de alta energía deben sospecharse lesiones graves como hemorragia intracraneal o fracturas de columna cervical. Tras descartar riesgo vital, la evaluación debe considerar el mecanismo del trauma, grado de contaminación y la proximidad de la lesión a estructuras faciales especializadas tales como aparato lagrimal, conducto auditivo, nervio facial y conducto parotídeo. Definir localización exacta, profundidad y función sensitivo-motora facial tiene un rol determinante en el manejo de estas lesiones.

Es fundamental realizar una evaluación neuromuscular precoz y sistemática antes de cualquier anestesia regional, registrando la función motora basal para adecuada trazabilidad. Esta debe incluir la valoración de la movilidad facial activa (mímica), la competencia labial (sellado y retención de aire) y la movilidad mandibular (apertura, cierre, lateralidad y protrusión), identificando asimetrías, dolor o limitaciones. Los hallazgos deben documentarse para seguimiento evolutivo. Además, debe considerarse la posibilidad de disfunción temporomandibular postraumática como dolor, crepitación, bloqueo o alteraciones oclusales incluso en ausencia de fracturas evidentes.

La tomografía computarizada de cabeza y cuello es el estudio de elección ante trauma severo o sospecha de fracturas asociadas.

Se considera herida contaminada cuando hay contacto con mucosas, secreciones o trauma severo. Debe verificarse la vacunación antitetánica; si el último refuerzo tiene más de cinco años de antigüedad debe administrarse uno nuevo. Si el esquema de vacunación previo se desconoce, se debe administrar uno completo. La mayoría de las heridas faciales pueden ser manejadas en servicio de urgencia, pero si se trata de una lesión extensa o que se anticipe requerirá más de 45 minutos de sutura debe considerarse pabellón y anestesia general.

Si el paciente se presenta inestable al servicio de urgencia y el manejo de la herida facial no es la prioridad inmediata, esta debe lavarse y cubrirse con compresas húmedas, empapadas en suero, difiriendo el cierre primario para las siguientes 24 horas12.

Sangrado

Si bien la abundante vascularización de la región puede llevar a grandes pérdidas sanguíneas, rara vez es causa de shock hipovolémico. Si ese es el caso, debe considerarse un origen del shock en otra lesión concomitante secundaria al trauma. Precaución con el control ciego de estructuras vasculares en la zona para evitar lesiones iatrogénicas, en general con compresión la gran mayoría de estos sangrados se logran controlar.

Irrigación y desbridamiento

Antes del cierre, la herida debe irrigarse y limpiarse cuidadosamente para evitar el desarrollo de una infección y eliminar cuerpos extraños. Restos mal removidos de suciedad y escombros pueden conducir al desarrollo de una lesión tipo “tatuaje traumático”. El desbridamiento, proceso que implica retirar tejido desvitalizado, muy contaminado o demasiado irregular para suturar, debe ser siempre conservador, preservando al máximo los bordes. Siempre que sea posible, se recomienda seguir las líneas originales de la herida para conservar la mayor cantidad de tejido y mejorar el resultado estético. La rica irrigación facial otorga la ventaja de permitir rescatar tejidos límites, que en otras zonas terminarían en necrosis. Si se decide resecar una sección cutánea esta debe ser económica, siguiendo una forma elíptica o en losanjo. La finalidad es lograr un cierre lineal siguiendo las líneas de tensión naturales de la piel. Un dato práctico es seguir la dirección de las líneas de expresión.

Consulta a otros especialistas

Todo paciente con fracturas asociadas (cigomático-maxilares, naso-orbito-etmoidales, peri-orbitarias), lesión canalicular o sospecha de daño ocular se beneficia de una evaluación por oftalmología y cirugía plástica. Las lesiones dentales son frecuentes en trauma facial, aunque rara vez constituyen una urgencia. Deben ser evaluadas por odontología una vez estabilizado el paciente, salvo en casos de avulsión dental, que requiere de consulta inmediata para decidir reimplantación11,12. Si hay fractura mandibular, se requiere evaluación por cirugía maxilofacial. En el contexto de trauma facial de alta energía, es relevante considerar la integración craneocervical, dado que con frecuencia coexisten disfunciones de la columna cervical alta, fenómenos de sensibilización trigémino-cervical y alteraciones del control motor mandibular. Estas interacciones pueden manifestarse como dolor referido, limitación funcional y patrones motores compensatorios que afectan la dinámica mandibular y facial. Por ello, una evaluación integral por neurología o neurocirugía, que incluya el componente cervical resulta clave para un abordaje diagnóstico y terapéutico adecuado, evitando la subestimación de factores que pueden perpetuar la disfunción y retrasar la recuperación.

Manejo quirúrgicoAnestesia

El uso estratégico de anestesia local es un pilar fundamental en el manejo quirúrgico, pues permite realizar reparaciones detalladas minimizando el dolor del paciente y evitando distorsiones anatómicas13. Se pueden emplear diferentes tipos de anestesia local, siendo el más recomendado para lograr los objetivos anteriores el bloqueo regional.

  • -

    Anestesia tópica: aunque su profundidad anestésica es limitada, tiene utilidad como manejo inicial en pacientes pediátricos especialmente previo a la infiltración de anestésico local y en lesiones mucosas. Se emplean soluciones de lidocaína al 2 o 4%.

  • -

    Infiltración local: el uso de lidocaína al 1 o 2% con o sin epinefrina es la más utilizada. La epinefrina prolonga la duración anestésica, reduce el sangrado y permite mejorar la visualización del campo. En zonas de circulación terminal como dedos, nariz y orejas, la epinefrina no está contraindicada, sin embargo, como se trata de zonas de irrigación límite, se debe aplicar la dosis mínima efectiva con una técnica adecuada siempre aspirando previo a la infiltración para evitar inyecciones intravasculares. La dosis máxima recomendada de lidocaína local es de 7mg/Kg con epinefrina y 5mg/Kg sin ella.

  • -

    Bloqueos regionales: preferibles en párpados, cejas, nariz y labios, pues evitan la distorsión tisular que causa la infiltración local. Se utilizan bloqueos del nervio infraorbitario (para labio superior y ala nasal), mentoniano (para labio inferior), supraorbitario y supratroclear (para frente y ceja), auriculotemporal (para oreja y región temporal) y nervio lingual (para lengua). Se recomienda usar una aguja fina (27-30G), siempre aspirar previo a infiltrar, e infiltrar lentamente para disminuir el dolor (figura 2A-C). El uso de ecografía es también utilizado disminuyendo significativamente los riesgos14.

    Figura 2.

    Bloqueos regionales

    A. Bloqueo del nervio SO (supraorbital), ST (supratroclear) e IT (infratroclear). Son ramos de la división oftálmica del nervio trigémino. Se entra en la piel justo lateral a la línea trazada verticalmente que cruza en la mitad a la pupila, avanzar la aguja 2cm, buscando el punto medial al canto medial (donde se encuentra la X) e inyectar 2-3 cc de anestésico. B. Nervio IO (infraorbital), ramo de la división maxilar del trigémino. Se puede abordar de forma facial o intraoral. Para el abordaje facial, localizar el foramen infraorbital, palpable 1cm bajo el borde orbital justo medial a la línea trazada verticalmente que cruza en la mitad a la pupila (marcado con una X). C.Bloqueo del NM (nervio mentoniano), ramo de la división mandibular del trigémino. También se puede realizar abordaje intraoral o facial. El foramen mentoniano se encuentra en el punto medio entre el borde mandibular y la comisura oral (marcado con una X). Para el bloqueo del nervio BGA (bucal gran auricular) y AT (auriculotemporal) palpar la articulación temporomandibular y la base del arco zigomático, entrar por la piel superior al arco justo anterior a la aurícula.

    Fuente elaboración propia.

  • -

    Alternativas y combinaciones: la bupivacaina al 0,25-0,5% puede usarse cuando se requiere analgesia prolongada (4-8 horas), sola o combinada con lidocaína para inicio rápido y duración extendida.

  • -

    Precauciones: siempre aspirar antes de infiltrar para evitar inyección intravascular. En pacientes pediátricos o ancianos, ajustar la dosis estrictamente al peso para evitar toxicidad sistémica.

Consideraciones generales

En la fase aguda debe evitarse el uso de colgajos locales, especialmente en heridas por aplastamiento, hasta definir completamente la viabilidad tisular. El cierre por planos, cuando está indicado según región anatómica, es esencial para reducir la tensión, usando suturas finas que minimicen daño tisular y marcas indeseadas, pero con la resistencia suficiente para evitar dehiscencias. En heridas faciales se prefieren suturas de monofilamento, irreabsorbibles, tamaño 5-0 o 6-0 en puntos simples separados.

  • -

    Abrasiones y tatuaje traumático: requieren limpieza precoz con irrigación abundante y cepillado quirúrgico. Hacerlo dentro de las primeras 24 horas evita tatuajes permanentes y mejora el resultado estético. Si hay pérdida de espesor parcial, el uso de ungüento antibiótico es recomendado. Si hay pérdida de espesor total en cambio, el manejo debe realizarse con cambios de apósitos frecuentes hasta obtener una herida estable y poder realizar cierre con colgajo o injerto.

  • -

    Laceraciones simples: suelen necesitar irrigación y mínimo desbridamiento. Se cierran primariamente con nylon 5 o 6-0 y los puntos de sutura deben retirarse a los 5 días en cara y 7-10 días en cuero cabelludo.

  • -

    Laceraciones complejas: inicialmente impresionan con gran pérdida de tejido, pero es frecuente que tras la irrigación se logre identificar mayor cantidad de tejido viable que el observado inicialmente. Este debe reubicarse anatómicamente. Las plastias complejas deben reservarse para reconstrucción secundaria.

  • -

    Avulsiones: los segmentos unidos por un pedículo, aunque este sea pequeño, suelen sobrevivir gracias a la rica perfusión de la zona. Siempre debe intentarse la reposición del tejido a su sitio original antes de resecar.

  • -

    Curación por segunda intención: útil en pérdidas de tejido pequeñas, sobre todo en áreas cóncavas (región alar de la nariz, oreja, o sien) donde los resultados estéticos pueden ser comparables a otras técnicas. En superficies convexas tienden a tener una cicatrización más compleja con resultados impredecibles.

  • -

    Heridas por mordeduras: se recomienda su cierre primario tras adecuado aseo con irrigación y desbridamiento agresivo. Asociar siempre antibiótico betalactámico de espectro extendido (una buena opción es amoxicilina y ácido clavulánico).

Consideraciones anatómicas especiales

  • 1.

    Cuero cabelludo: es frecuente que las heridas en esta zona sean de tipo contusa o avulsiva. Un mecanismo observado en contexto laboral es la avulsión parcial o total de cuero cabelludo tras atascamiento de cabello en maquinaria. En estas lesiones es determinante evaluar si existe o no compromiso de periostio, fractura craneal asociada o una lesión comunicante endocraneana. Además, siempre debe evaluarse el estado neurológico del paciente. Es un área muy bien irrigada, por lo que puede ser causa de hemorragia importante dependiendo de su extensión.

    Consideración especial para tener presente es el cierre por planos. Debe usarse sutura absorbible en galea y celular subcutáneo y de preferencia grapas a la piel, pues está descrito son la mejor opción para reducir alopecia cicatricial. El uso de electrobisturí debe ser limitado por la misma causa. Si existe presencia de hematoma en la zona, este debe drenarse ya que de lo contrario evolucionará a una secuela fibrótica.

    Dado que el cuero cabelludo es poco elástico, sólo en lesiones menores a 3cm debe intentarse cierre primario. Esto en general requiere de gran movilización de cuero cabelludo para cerrar sin tensión. Lesiones de mayor extensión requieren de planificación adecuada y reparación con colgajos locales, injertos o incluso colgajos libres13,15.

    En avulsiones totales de cuero cabelludo, una situación poco frecuente, el tratamiento ideal es el reimplante microquirúrgico15. El cuero cabelludo tolera hasta 18 horas de isquemia fría. Siempre respetar la dirección del cabello y cerrar la galea de forma prolija para evitar irregularidades.

    Las principales complicaciones de estas lesiones son alopecia cicatricial, infección, necrosis por mal diseño del colgajo y dehiscencia en áreas de alta tensión15.

  • 2.

    Frente: recordar que las laceraciones en esta zona pueden dañar la rama temporal del nervio facial, causando ptosis palpebral.

  • 3.

    Cejas: es una estructura única y difícil de reemplazar, por lo que debe preservarse con desbridamiento mínimo y procurar que las incisiones realizadas siempre estén alineadas al eje del pelo para proteger los folículos pilosos. Para su reparación se debe elegir una técnica de bloqueo anestésico regional supraorbitario y supratroclear (figura 2C) y así evitar la distorsión de los tejidos. En laceraciones laterales siempre evaluar el compromiso de la rama temporal del nervio facial antes de infiltrar anestésico. Si se identifica a tiempo una lesión nerviosa puede planificarse su reparación. El cierre debe realizarse por planos, siempre teniendo como eje estético anatómico el margen piloso. Sutura absorbible fina a músculo e irreabsorbible fina a piel. Consideración especial en evitar atrapamiento de pelo entre suturas ya que puede provocar foliculitis o alopecia cicatricial.

    En defectos de espesor total, de preferencia realizar colgajo local de avance, priorizando avanzar la porción lateral de la ceja hacia medial y no viceversa (figura 3 A-D). Esto ayuda a mantener simetría ya que la mitad medial de la ceja suele ser más gruesa y estéticamente relevante que la lateral. Defectos extensos pueden llegar a requerir colgajos pediculados de cuero cabelludo o micro injertos de folículos pilosos, casos reservados para reconstrucción secundaria.

    Figura 3.

    Técnicas de reconstrucción quirúrgica y cierre de defectos en la ceja

    A. Cierre realizando incisiones triangulares en cuña de Borrow, favorece el movimiento de la ceja de lateral a medial. Colabora con el alineado correcto de los folículos pilosos. B. Otra opción es oponer dos colgajos rectangulares y agregar cuñas de Borrow en sus extremos, buen alineamiento, pero mayor cicatriz. C. Cierre realizando colgajo en O – a – Z. D.

    Resulta en menor distorsión de la orientación de la ceja.

    Fuente: Adaptado de Losee y Neligan14.

    Las principales complicaciones en este tipo de herida son la alopecia cicatricial, el neuroma doloroso si ocurrió lesión no identificada nerviosa y deformidades del arco y/o altura de la ceja secundario a cicatrización retractil11,16.

    Párpados: debe buscarse dirigidamente: ptosis palpebral (que traduce lesión del músculo elevador), redondeamiento de cantos (traduce lesión cantal o fractura naso-orbito-etmoidal), epífora (traduce lesión canalicular) y descartar siempre compromiso ocular u otras fracturas. Considerar evaluación conjunta con oftalmología17. En general, laceraciones simples de menos del 25% se manejan con mínimo desbridamiento y cierre primario, ya que la piel de los párpados es especialmente elástica. Heridas de mayor extensión o avulsivas, pueden requerir técnicas más complejas como injertos de piel total. Heridas de espesor total requieren cierre por planos: tarso se repara con sutura absorbible fina 5-0 o 6-0 y piel con monofilamento irreabsorbible 6-0. Evitar cierre por segunda intención, salvo excepciones muy limitadas (un ejemplo sería una herida cantal en anciano)18. Especial atención en respetar la orientación de las pestañas, descuidar este detalle puede llevar a complicaciones complejas como triquiasis o entropión. Un dato práctico es utilizar la línea gris como orientación inicial, colocando un punto de sutura de referencia al comenzar la sutura. Evitar colocar puntos de sutura cercanos a la córnea, pueden generar irritación ocular. Una técnica útil es dejar la sutura larga para ser sostenida por las siguientes.

    Hay que recordar que las heridas del tercio medio del párpado obligan a descartar de forma dirigida lesión canalicular (figura 4). El canalículo debe repararse con un tutor de silicona o polietileno, utilizando técnica microquirúrgica. Si no se cuenta con experiencia en este tipo de lesión, derivar a oftalmología para su reparación, se busca evitar la aparición de epífora19,20.

    Figura 4.

    Sistema lacrimal

    Está compuesto por un canalículo superior e inferior que confluyen en un conducto común que se vacía hacia el saco lacrimal. Este drena hacia la nariz a través del conducto lacrimal.

    Fuente: elaboración propia.

  • 4.

    Oreja: es especialmente vulnerable a heridas por su delgadez y exposición. Las lesiones auriculares son frecuentes en agresiones, quemaduras y mordeduras. Es prioridad preservar forma y surco auricular, prevenir infección y fibrosis. Para lograr lo anterior, es necesario reconocer de forma precoz la presencia de un hematoma auricular, este debe drenarse mediante una incisión paralela al antihélix, evacuar el coágulo y aplicar compresión “moldeada” a la zona para evitar la reproducción del hematoma. Si no se trata esta complicación, la lesión progresa a necrosis, infección condral (pericondritis) o “oreja en coliflor”10.

    El cierre de laceraciones simples debe ser con sutura fina irreabsorbible a piel, no es de regla suturar el cartílago, pero si se requiere para su vitalidad que se mantenga en contacto con tejido cutáneo. Respetar la simetría con la oreja contralateral es relevante para resultados estéticos óptimos.

    Si existe compromiso del conducto auditivo externo está indicada la evaluación conjunta con otorrinolaringología ya que existe riesgo de estenosis, lesión timpánica y ósea. Si el mecanismo de lesión fue de alta energía también es necesaria su evaluación ante la posibilidad de compromiso de oído medio y/o interno.

    Ante amputación traumática parcial, si el pedículo es amplio, la reparación conservadora tiene un buen pronóstico, mientras pedículos estrechos predisponen a congestión venosa. Amputación completa de la oreja implica un gran desafío, que debe ser abordado por cirujano plástico mediante microcirugía. Una alternativa de reparación es preservar cartílago auricular en bolsillo subcutáneo abdominal o retroauricular, aunque la opción ideal es el reimplante microquirúrgico, posible hasta 33 horas de isquemia fría21,22.

  • 5.

    Nariz: recordar la arquitectura nasal para reparar por capas, siempre desde profundo a superficial. Para mucosa, utilizar sutura absorbible 5-0, si ambos lados de la mucosa están comprometidos realizar colgajo mucoso para evitar complicaciones posteriores. Para el armazón cartilaginoso nasal, usar sutura monofilamento no absorbible 5 o 6-0 y para piel sutura no absorbible monofilamento fina 6-0.

    En el caso de avulsiones de dorso cefálico o paredes laterales menores es posible la cicatrización por segunda intención, o colgajos locales de avance. Sin embargo, en punta, alas y dorso caudal se prefiere utilizar injerto de piel total retroauricular para prevenir contracción y distorsión.

    Recordar la evaluación intranasal para pesquisar y tratar hematoma septal, no diagnosticarlo puede generar necrosis septal y deformidad en “silla de montar” y obstrucción nasal por colapso estructural e irregularidades del dorso y punta. La forma correcta de drenarlo es mediante una incisión en la mucosa con la consiguiente compresión nasal para evitar que se reproduzca.

  • 6.

    Mejilla: es crucial en heridas de esta área descartar daño profundo del nervio facial, músculos y conducto parotídeo. Especial cuidado en evitar retracción cicatricial, ya que la mejilla participa en la gesticulación y sonrisa, por lo que un cierre bajo tensión puede generar asimetrías dinámicas. Hay que recordar que la rama cigomática y bucal del nervio facial se encuentran expuestas en esta zona.

    • a.

      Conducto parotídeo: se ubica frente al segundo molar maxilar. Se evalúa canulando el conducto por vía intraoral utilizando un catéter venoso pequeño de 24G. A este se le inyecta suero fisiológico o azul de metileno. Si hay salida de la solución por la herida en superficie facial se confirma su lesión. Debe repararse mediante técnicas microquirúrgicas (figura 5).

      Figura 5.

      Método para el diagnóstico de daño al conducto de Stenon.

      Fuente: elaboración propia.

      Una laceración de la glándula parótida puede dar lugar a sialocele, por lo que si se sospecha debe buscarse dirigidamente y reparar los tejidos blandos subyacentes y dejar un drenaje. En adultos mayores existe la ventaja de que suele encontrarse atrófica.

    • b.

      Nervio facial: su lesión debe repararse de forma primaria de ser posible, con exploración microquirúrgica dirigida, ubicar los extremos seccionados y realizar neurorrafia utilizando sutura 8-0 o 9-0 monofilamento irreabsorbible. Si la reparación primaria no es posible, por imposibilidad técnica u otra, considerar marcar los extremos con una sutura para facilitar su identificación en una reparación diferida10,12.

  • 7.

    Boca y cavidad oral: en heridas de labios por siempre respetar los planos, primero mucosa, luego músculo orbicular y finalmente piel. Esto es relevante para mantener la competencia oral, la fonación, deglución, sensibilidad y estética. Preferir bloqueo anestésico regional para evitar distorsión anatómica. La alineación del bermellón y la “línea blanca” es crítica, debe usarse como guía anatómica y estética. Tan solo 1mm de discrepancia es evidente a una distancia conversable. Los labios tienen excelente irrigación, por lo que se debe conservar tejido marginalmente viable.

    • a.

      Lengua: laceraciones pequeñas, menor a 1cm cicatrizan por segunda intención de forma favorable, lesiones mayores o con sangrado activo deben cerrarse de forma primaria en una sola capa con sutura absorbible 4-0 monofilamento.

    • b.

      Mucosa oral: se cierra en una sola capa con sutura absorbible 4 o 5-0. Si hay un colgajo gingival puede fijarse rodeando un diente con la sutura.

  • 8.

    Cuello: descartar si estamos frente a un trauma penetrante cervical, definido como aquel que atraviesa el músculo platisma, ya que de ser positivo deben evaluarse de forma dirigida otras lesiones concomitantes al sistema respiratorio y/o digestivo (tráquea y esófago respectivamente). Una vez descartado este riesgo, el cierre de una herida cervical suele ser sencillo debido a la movilidad y relativa redundancia de piel en la zona11.

Rehabilitación temprana

En el manejo postoperatorio de heridas faciales, la prevención de fibrosis y secuelas funcionales requiere un enfoque activo y precoz. Se recomienda la movilización temprana de los tejidos mediante ejercicios suaves de mímica facial (sonreír, inflar mejillas, protrusión labial) y apertura oral progresiva, para favorecer la adecuada organización de la cicatriz y disminuir el riesgo de rigidez. La prevención de adherencias cicatriciales puede abordarse con masoterapia local, movilización dirigida de la cicatriz una vez epitelizada y, en casos seleccionados, uso de láminas o geles de silicona. El control del edema mediante elevación de la cabeza, aplicación de frío local en fases iniciales y drenaje linfático manual contribuye a optimizar la perfusión y la recuperación tisular. Asimismo, es fundamental educar al paciente para evitar la hipomovilidad, particularmente limitaciones en la apertura oral (Range of Motion (ROM) <25mm), promoviendo ejercicios domiciliarios estructurados y progresivos. Este manejo debe complementarse con un seguimiento funcional interdisciplinario (kinesiología, fonoaudiología), que permita detectar y tratar oportunamente alteraciones en la movilidad, función y dinámica facial23.

Conclusión

El manejo de las heridas faciales exige una combinación de precisión anatómica y prudencia quirúrgica. Saber reconocer complicaciones o lesiones a estructuras especiales de forma precoz, realizar un control hemostático cuidadoso y un desbridamiento económico son de regla. El cierre primario de las heridas faciales debe ser prioridad, incluso en heridas por mordedura o laceraciones complejas, ya que el resultado estético y funcional de la reposición del tejido a su sitio original, suele ser superior al de reparaciones secundarias de mayor complejidad. La favorecida irrigación facial facilita y hace posible en la gran mayoría de los casos lo anterior. La reparación debe respetar la arquitectura por capas, eliminando espacios muertos y alineando con exactitud puntos críticos anatómicos estéticos. La prudencia es mandatorio dependiendo del contexto en que se encuentre el cirujano. Si se anticipa que se requerirá una reconstrucción o reparación secundaria de mayor complejidad, la primera atención e intervención debe considerar este factor, con un enfoque en facilitar la próxima intervención, buscando disminuir complicaciones tardías o crónicas según área específica. La colaboración y trabajo coordinado en equipo de diferentes especialistas como cirujanos plásticos, oftalmólogos, otorrinolaringólogos y odontólogos debe ser considerada de forma oportuna. El objetivo último en heridas faciales de tejidos blandos debe ser devolver no solo la forma, sino también la función e identidad al rostro.

Consideraciones éticas

El presente trabajo es un artículo de revisión y no incluye datos de pacientes, experimentos con sujetos humanos ni con animales. En consecuencia, no requirió consentimiento informado ni aprobación por parte de un comité de ética en investigación.

Financiamiento

Los autores no recibieron financiamiento para la elaboración de este artículo.

Conflictos de interés

Los autores declaran no tener conflictos de interés.

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