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Vol. 37. Núm. 2.
TEMA CENTRALTEMA CENTRAL. ONCOLOGÍA CENTRADA EN EL PACIENTE: DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA REAL
Páginas 135-276 (Marzo - Abril 2026)
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Hacia la eliminación del cáncer cervicouterino: ¿Abrirá Chile el camino para América Latina?

Toward cervical cancer elimination: Will Chile lead the way for Latin America?
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gina merino-pereiraa,
Autor para correspondencia
gina.merino.p@gmail.com

Autor para correspondencia.
, Roberto Altamiranob, Juan Herrera Burottc
a Statistical Genetics Research Group, Heidelberg University, Heidelberg, Germany
b Departamento de Obstetricia y Ginecología, Facultad de Medicina, Universidad de Chile, Santiago, Chile
c División de Atención Primaria, Ministerio de Salud de Chile, Santiago, Chile
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Resumen

A cinco años de la implementación de la Estrategia Mundial de la OMS para la eliminación del cáncer cervicouterino, Chile muestra avances relevantes en los tres pilares definidos: inmunización, tamizaje y tratamiento.

Esta revisión analiza el estado actual a nivel nacional, identificando logros, brechas y oportunidades para el cumplimiento de las metas de cobertura (90% vacunación, 70% tamizaje y 90% tratamiento oportuno).

Desde una perspectiva epidemiológica, la mortalidad ha disminuido en 41,6% entre 2002 y 2023; sin embargo, la enfermedad mantiene una carga significativa. En inmunización, la implementación de programas escolares desde 2014ha permitido alcanzar una cobertura de 86,2% en niñas menores de 15 años al 2024. En tamizaje, se evidencia una transición progresiva desde la citología hacia pruebas de VPH, aunque con baja cobertura (≈10%) y persistentes inequidades en el acceso; en este contexto, la autotoma surge como una estrategia prometedora. La cobertura de papanicolaou se mantiene cercana al 60%, con variabilidad según las fuentes. En cuanto al tratamiento, si bien existe disponibilidad acorde a estándares internacionales, se identifican limitaciones en los tiempos de derivación y acceso oportuno.

En conclusión, Chile dispone de capacidades estructurales y normativas para avanzar hacia la eliminación del cáncer cervicouterino, pero requiere fortalecer la cobertura efectiva, equitativa y medible, especialmente en tamizaje y tratamiento, junto con mejorar la equidad territorial y consolidar un enfoque de atención centrado en las personas.

Palabras clave:
Cáncer Cervicouterino
VPH
90-70-90
Vacunación
Tamizaje
Equidad
Salud Pública
Chile
Abstract

Five years after the implementation of the WHO Global Strategy for the Elimination of Cervical Cancer, Chile has demonstrated relevant progress across its three core pillars: immunization, screening, and treatment.

This review analyzes the current national landscape, identifying achievements, gaps, and opportunities to meet the established coverage targets (90% vaccination, 70% screening, and 90% timely treatment).

From an epidemiological perspective, mortality has decreased by 41.6% between 2002 and 2023; however, the disease continues to represent a significant burden. In immunization, the implementation of school-based programs since 2014 has enabled coverage to reach 86.2% among girls under 15 years of age by 2024. In screening, a gradual transition from cytology to HPV testing is observed, although coverage remains low (≈10%) and access inequities persist; in this context, self-sampling emerges as a promising strategy. PAP smear coverage remains close to 60%, with variability depending on the data source. Regarding treatment, although services are available and aligned with international standards, limitations persist in referral times and timely access to care.

In conclusion, Chile has the structural and regulatory capacity to advance toward cervical cancer elimination; however, it must strengthen effective, equitable, and measurable coverage—particularly in screening and treatment—while improving territorial equity and consolidating a person-centered approach to care.

Keywords:
Cervical Cancer
HPV
90-70-90
Vaccination
Screening
Equity
Public Health
Chile
Texto completo
Introducción

En agosto del año 2020, la Asamblea Mundial de la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) adoptó la “Estrategia mundial de eliminación de cáncer cervicouterino” como problema de salud pública cumplió sus primeros 5 años1. Este hito en la definición de una estrategia comprehensiva ha permitido la unificación de esfuerzos en torno a un problema de salud que debiera ser, en el mediano plazo, anecdótico.

El cáncer cervicouterino, representa para muchos, una oportunidad para hablar de prevención y control de una patología ampliamente estudiada. En el año 2008, el Premio Nobel de Medicina fue otorgado a Harold Zur Hausen, quien hace más de 50 años había identificado y postulado en su laboratorio en Heidelberg, Alemania, que el Virus de Papiloma Humano (VPH) constituía el agente etiológico del cáncer cervicouterino2.

Actualmente, gracias a este significativo descubrimiento, es posible comprender que el cáncer cervicouterino puede ser completamente prevenido mediante los tres pilares de la estrategia mundial, los cuales son: inmunización, tamizaje y tratamientos de lesiones preinvasoras e invasoras. Para cada uno de estos pilares existen, a su vez, metas de coberturas en las cuales los países miembros podrán utilizar como hoja de ruta para avanzar hacia la eliminación de esta enfermedad. Estas metas corresponden al 90% de niñas vacunadas antes de los 15 años con vacunas contra VPH, 70% de cobertura de tamizaje con pruebas de alto desempeño para identificación de VPH y alcanzar un 90% de las mujeres con tratamientos de lesiones invasores y preinvasoras de cáncer cervicouterino3.

En este contexto, Chile ha avanzado sostenidamente en cada uno de estos pilares3, posicionándose como un país con el potencial de liderar a la región hacia la eliminación del cáncer cervicouterino. Estos avances responden a decisiones de política pública que se han expresado en el desarrollo de programas sólidos de vacunación, fortalecimiento progresivamente de programas de tamizaje4,5 y la incorporación de tecnologías y políticas que permiten mejorar el acceso al diagnóstico y tratamiento oportuno6. Estos avances, han permitido generar una experiencia acumulada en políticas de salud pública, las cuales nos sitúan en un escenario particularmente favorable para convertirnos en un referente regional y marcar una ruta factible de eliminación7.

Epidemiología

Pese a ser una enfermedad totalmente prevenible con una evolución prolongada que ofrece múltiples puntos de intervención a lo largo de la vida de las personas afectadas, el cáncer cervicouterino constituye aún un importante problema de salud pública que afecta a la sociedad en su conjunto. Cada año se estima que alrededor de 1 700 mujeres son diagnosticadas con esta patología8 y, solo en 2023, aproximadamente 660 mujeres fallecieron a causa de ella, lo que evidencia su alta letalidad en comparación con otros cánceres frecuentes en mujeres, como el cáncer de mama. La sobrevida neta estimada para cáncer cervicouterino es del 82% al primer año, disminuyendo a 63% a los cinco años9, lo que refleja el impacto de un diagnóstico tardío y de inequidades persistentes en el acceso a la atención.

No obstante, se han registrado avances significativos derivados de las diversas estrategias programáticas orientadas a la prevención y control de esta enfermedad. Entre 2002 y 2023, la mortalidad por cáncer cervicouterino mostró una reducción del 41,6%, con una disminución de la Tasa de Mortalidad Ajustada por Edad (TMA) desde 10,35 a 6,04 por 100 000 mujeres10.

Esta importante reducción de la mortalidad sugiere que los avances alcanzados han sido significativos; sin embargo, persisten brechas en el sistema de salud que podrían explicar que aún se produzcan dos muertes diarias por este cáncer. En este sentido, la “Estrategia mundial para la eliminación del cáncer cervicouterino” de la OMS ofrece una hoja de ruta basada en pilares estratégicos y metas de cobertura definidas para alcanzar el umbral de eliminación establecido como cuatro o menos casos nuevos por cada 100 000 mujeres11. A continuación, se presenta un análisis de la situación actual en Chile de cada uno de estos pilares y se proponen líneas de acción orientadas a avanzar hacia el cumplimiento de estas metas.

InmunizaciónInmunización en niñas menores de 15 años

Chile goza de una amplia y reconocida trayectoria internacional en materia de inmunización, éxito sustentado en la priorización histórica de las autoridades sanitarias, coordinación intersectorial entre salud y educación, y el consistente trabajo de comunidades educativas y de atención primaria.

Los esfuerzos para avanzar en esta materia datan desde el año 2014, momento en que fue incorporada al esquema de vacunación escolar la vacunación tetravalente contra el VPH, administrada en dos dosis a niñas de cuarto y quinto básico. En el año 2019, esta estrategia fue ampliada para incorporar a los niños bajo las mismas características. Posteriormente, y luego de la publicación del artículo de posicionamiento de la OMS sobre las vacunas de VPH12, es que Chile adoptó en el año 2024 un tercer cambio relevante: la incorporación de la vacuna nonavalente en dosis única para estudiantes de cuarto año de enseñanza básica. Asimismo, fue adoptada una estrategia de switch, mediante la cual todos los y las estudiantes que iniciaron su esquema con la vacuna tetravalente deben completarlo con la misma formulación, mientras que los nuevos esquemas fueron administrados exclusivamente con la vacuna nonavalente en una dosis.

En relación con la evaluación del primer pilar de la “Estrategia mundial de eliminación del cáncer cervicouterino” -que establece como meta alcanzar una alta cobertura de vacunación contra el VPH antes de los 15 años-, Chile registró en 2024 una cobertura de 86,2% en niñas vacunadas antes de esa edad7. Australia, uno de los países con mayor probabilidad de eliminar el cáncer cervicouterino como problema de salud pública hacia el año 2035, destaca en sus reportes de progreso hacia la eliminación la importancia de fortalecer los sistemas de registro e información en inmunización, particularmente aquellos con capacidad para identificar diferencias en la cobertura de vacunación según territorio, ruralidad y nivel socioeconómico. La disponibilidad de esta información permite focalizar intervenciones orientadas a reducir inequidades en salud, especialmente en poblaciones que pertenecen a pueblos originarios, territorios con alta dispersión geográfica y zonas con mayor vulnerabilidad social 13.

En este sentido, el fortalecimiento de los sistemas de información y la consecuente focalización de intervenciones en grupos de menor cobertura podrían contribuir de manera sustantiva a reducir inequidades de acceso a vacunación, y favorecer el avance de Chile hacia el cumplimiento de la meta del primer pilar de la “estrategia mundial de eliminación del cáncer cervicouterino”.

TamizajeTamizaje con pruebas de alto desempeño

Entre los tres pilares de la estrategia mundial de eliminación del cáncer cervicouterino de la OMS, el fortalecimiento del tamizaje probablemente representa uno de los mayores desafíos para su implementación en el contexto regional. Esto se explica por la coexistencia de barreras estructurales del sistema de salud, como limitaciones en la capacidad instalada y una infraestructura que no siempre se encuentra actualizada frente al aumento de la demanda poblacional. Asimismo, la transición hacia pruebas de mayor sensibilidad, como las basadas en detección de VPH, implica un incremento esperado de resultados positivos y, por consiguiente, mayores requerimientos de confirmación diagnóstica, lo que exige fortalecer la capacidad diagnóstica y la formación de recursos humanos especializados. A ello se suman desafíos financieros asociados a la incorporación de tecnologías de mayor costo, junto con ajustes técnico-administrativos derivados de la modificación de flujos de atención y procesos programáticos, así como barreras relacionadas con la resistencia al cambio organizacional. Adicionalmente, persisten determinantes sociales que influyen en el acceso y la adherencia al tamizaje, contribuyendo a la mantención de brechas en cobertura entre distintos grupos poblacionales. A continuación, se analizan estos factores con el objetivo de identificar oportunidades de fortalecimiento para avanzar hacia el cumplimiento de las metas del segundo pilar de la estrategia.

En Chile, el Plan Nacional de Cáncer 2018–2028, actualizado en el año 2022, establece lineamientos orientados al fortalecimiento de la red oncológica nacional en todo el continuo de atención, desde el tamizaje hasta el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de las personas con cáncer. Estos instrumentos normativos constituyen una oportunidad para realizar un diagnóstico situacional actualizado y avanzar en la adecuación de estándares de infraestructura, equipamiento y recursos humanos en concordancia con las nuevas exigencias programáticas, como lo es por ejemplo, la incorporación de una modalidad de tamizaje. Sin embargo, la implementación de estos instrumentos normativos no siempre ocurre con la misma velocidad que la incorporación de tecnologías de tamizaje más sensibles, lo que puede traducirse en un aumento de la capacidad de detección sin un fortalecimiento equivalente de la capacidad resolutiva del sistema. Como resultado, persisten brechas estructurales que limitan la respuesta oportuna frente al aumento esperado de la demanda de confirmación o descarte diagnóstico que implica la mejora de la capacidad de una prueba de tamizaje. En este sentido, un informe de la Subsecretaría de Redes Asistenciales identifica una brecha estimada de 1 537 cargos asociados a proyectos de inversión de la red oncológica14, lo que evidencia la magnitud de los desafíos pendientes para asegurar condiciones adecuadas de implementación de las estrategias de detección precoz.

En segundo lugar y en términos de las características y convivencia con las pruebas disponibles, por una parte, el papanicolaou (PAP) o citología exfoliativa cervical es capaz de detectar alteraciones celulares precursoras, con alta especificidad pero limitada sensibilidad traducida en altos porcentajes de falsos negativos. En contraste, las pruebas moleculares de detección de VPH permiten la identificación del ADN viral, otorgando mayor sensibilidad y capacidad de estratificación de riesgo antes de la presencia de lesiones celulares. La incorporación del tamizaje primario con pruebas de VPH y la integración de ambos exámenes en situaciones definidas mejoran la prevención mediante la combinación de la detección temprana del agente causal con la identificación de lesiones existentes. Diversas investigaciones han identificado que altas coberturas de tamizaje en personas de 30 a 49 años impactan en la reducción de la mortalidad por cáncer cervicouterino15–17.

En tercer lugar, es crucial reconocer el impacto e interacción de los determinantes sociales en el desarrollo del cáncer cervicouterino. Estos desafíos plantean el desarrollo de estrategias sociosanitarias con un enfoque de equidad, género y territorialidad, que consideren los contextos y condiciones socioeconómicas, culturales y territoriales en las cuales las personas con cuello de útero toman contacto con dispositivos de salud para acceso de tamizaje. En este sentido, las estrategias adoptadas en Chile para aumentar las coberturas de tamizaje se han centrado en aspectos biomédicos, enfocadas en la detección temprana de lesiones preinvasoras. No obstante, este enfoque ha sido poco sensible a las características específicas de distintos grupos poblacionales, como la dispersión geográfica, la diversidad cultural, las condiciones económicas, educacionales o las diferencias de género. La situación chilena es consistente con tendencias regionales, en América Latina y el Caribe una gran proporción de mujeres entre 30 y 49 años que nunca se han realizado un tamizaje, debido a barreras económicas, culturales y territoriales, lo que contribuye a mantener altas tasas de mortalidad en comparación con Europa y Norteamérica18. Un ejemplo de ello es la determinante social asociada a la informalidad laboral y ausencia de seguro de salud, donde un 40% y 48% de las mujeres encuestadas indicó tener su tamizaje vigente, respectivamente19. Estos datos evidencian cómo las condiciones laborales precarias o falta de protección social pueden limitar la capacidad real de las personas para acceder a controles preventivos, aún cuando exista oferta en los servicios de salud.

Por lo tanto, la incorporación de un enfoque de equidad en las estrategias de tamizaje implica comprender que las desigualdades en salud no solo se explican por diferencias individuales, sino por estructuras sociales que condicionan el riesgo, el acceso y los resultados sanitarios. Desde esta perspectiva, las barreras enfrentadas por distintos grupos poblacionales como personas que viven en zonas rurales o apartadas, migrantes, trabajadoras informales, comunidades indígenas o diversidades sexogenéricas, no son meras dificultades operativas, sino expresiones de inequidades históricas que requieren respuestas diferenciadas y culturalmente pertinentes. Así, avanzar hacia una prevención efectiva del cáncer cervicouterino exige redistribuir oportunidades, reducir brechas de acceso y garantizar que las intervenciones se diseñen considerando las características y necesidades específicas de cada territorio y comunidad.

En particular, las diversidades sexogenéricas como las personas transmasculinas o no binarias, han sido en gran medida excluidas de las actualizaciones de evidencia y de las intervenciones clínicas, lo que limita una atención adecuada a sus necesidades. A pesar de poseer anatomía susceptible al cáncer de cuello uterino, muchas veces no son consideradas en los lineamientos, materiales educativos o sistemas de registro, generando invisibilidad y desatención sanitaria. Un ejemplo de ello, son los datos de la Encuesta Nacional de Salud, Sexualidad y Género (ENSSex), donde fue posible determinar que las personas trans que se han tomado PAP es apenas del 3%, en personas no binarias del 39%, frente al 79% en mujeres cisgénero20. Estas diferencias reflejan barreras estructurales como la discriminación, experiencias negativas previas en servicios de salud, escasez de profesionales capacitados o ausencia de servicios inclusivos.

Una prioridad actual es incorporar el autotoma de muestra para test de VPH en Chile, de modo de facilitar el acceso en poblaciones vulnerables o marginadas, especialmente cuando existen barreras como vergüenza, falta de tiempo o desinformación21. La autotoma representa una estrategia que dialoga directamente con los principios de equidad, al transferir mayor autonomía a las personas, reducir la dependencia de condiciones institucionales y permitir que quienes enfrentan mayores obstáculos puedan ejercer su derecho al cuidado de manera más segura y accesible. Su implementación, acompañada de estrategias comunitarias, educación culturalmente adaptada y modelos de atención diferenciados, puede contribuir significativamente a disminuir las brechas en el tamizaje y avanzar hacia un sistema de salud más inclusivo y justo. En este sentido, se ha observado que en países latinoamericanos donde se ha implementado en experiencias piloto o estudios poblacionales, se han observado aumentos significativos en la participación, con rangos de 20% a 35% de incremento en zonas rurales, comunidades indígenas y mujeres sub-tamizadas 22.

En el sistema público de salud, las intervenciones se evalúan mediante promedios nacionales o regionales que no discriminan por género, ocupación u otras características sociales, lo que impide medir la equidad real en el acceso. De acuerdo con el Resumen Estadístico Mensual (REM) del Departamento de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de Chile, para el año 2024 la cobertura de mujeres y personas trans masculinas de 25 a 64 años beneficiarias del seguro público, inscritas en establecimientos de Atención Primaria con tamizaje vigente mediante PAP alcanzó un 57%, mientras que la cobertura de test de VPH fue de 10% en el grupo de 30 a 64 años23.

Por otra parte, en el sistema privado no existe un modelo de vigilancia que permita un monitoreo periódico de la adherencia real al tamizaje (PAP o test de VPH). Una aproximación de ello, es lo reflejado a través de la Encuesta Casen 202219, en la cual se logra identificar que el 73% de las afiliadas a Isapre y 65% del Fondo Nacional de Salud (FONASA) se realizaron el PAP en los últimos tres años. Estas limitaciones muestran la necesidad de fortalecer los mecanismos de evaluación y seguimiento para garantizar una atención más equitativa.

Conforme a la actualización de la Ley 19 96624 del Decreto GES y del problema de Salud N°3 “cáncer cervicouterino en personas de 15 y más años”25, a partir del 1 de diciembre 2025 que incorpora el tamizaje por test de VPH, se establecerá un nueva metodología de medición de cobertura para este exámen para el grupo etario de 35 a 45 años de manera alineada a la estrategia global de eliminación del cáncer cervicouterino impulsada por la OMS y que será complementaria a la cobertura de PAP entre los 25 a 34 años, y desde los 46 a los 64 años.

Por último, para avanzar hacia la meta del segundo pilar de la “Estrategia de eliminación del cáncer cervicouterino”, es prioritario fortalecer la capacidad instalada y resolutiva de la red responsable de la confirmación diagnóstica, incluyendo infraestructura, equipamiento y formación de recursos humanos acorde a la mayor cantidad de demanda generada por la prueba de VPH. Asimismo, resulta clave consolidar la implementación programática del tamizaje molecular mediante ajustes técnico-administrativos, financiamiento sostenible y sistemas de monitoreo que permitan seguimiento oportuno de cobertura y confirmación diagnóstica. Finalmente, la incorporación de estrategias con enfoque de equidad (como la auto-toma de VPH, intervenciones territoriales diferenciadas y mejora de los sistemas de registro en poblaciones sub-tamizadas) puede contribuir de manera sustantiva a reducir brechas de acceso y acelerar el cumplimiento de la meta del 70% de cobertura en tamizaje.

TratamientoAcceso a tratamientos preinvasores e invasores de cáncer cervicouterino

El tercer componente de la “Estrategia mundial de eliminación del cáncer cervicouterino” plantea que el 90% de las mujeres con enfermedad preinvasora o invasora deben recibir tratamiento oportuno y de calidad. Este pilar es fundamental para transformar los avances en vacunación y tamizaje en una disminución real de la incidencia y la mortalidad. Sin un sistema capaz de diagnosticar, derivar y tratar adecuadamente, la estrategia 90-70-90 no puede cumplirse.

A nivel global, la OMS y la OPS han señalado que las brechas más marcadas en la región no están únicamente en el tamizaje, sino en la capacidad de completar la ruta de atención: confirmación diagnóstica, tratamiento de lesiones precancerosas y acceso a terapias oncológicas complejas, como cirugía radical y radioterapia con braquiterapia. La heterogeneidad regional es amplia y muchos países no pueden garantizar tratamientos esenciales. En este escenario, la posición de Chile debe analizarse con los estándares clínicos internacionales de referencia que se presentan a continuación:

Estándares internacionales para el tratamiento de lesiones preinvasoras

Las guías de la Sociedad Americana de Colposcopía y Patología Cervical (ASCCP, 2019) proponen mirar a cada paciente según su riesgo real de que la lesión progrese26. Eso permite decidir con calma, evitando tanto el sobretratamiento como llegar tarde.

En concreto:

  • -

    Tratar las lesiones intraepiteliales de alto grado (HSIL/CIN2–3) y el adenocarcinoma in situ (AIS), porque tienen alta probabilidad de avanzar si no se interviene.

  • -

    En mujeres jóvenes con CIN2, a veces es más seguro vigilar de cerca (colposcopía y VPH) que intervenir de inmediato, cuidando el cuello uterino y la futura fertilidad.

  • -

    Cuando se requiere intervenir, se prefieren técnicas escisionales (conización, escisión electroquirúrgica con asa, LEEP, por sus siglas en inglés) porque tratan y confirman el diagnóstico; las ablativas siguen siendo útiles en situaciones bien seleccionadas.

  • -

    Tras el manejo, el seguimiento debe hacerse con pruebas basadas en VPH, pues el riesgo no se reduce de forma repentina.

  • -

    En contextos con menos recursos, la OMS recomienda estrategias de “tamizar y tratar” en el mismo nivel de atención: así se evitan pérdidas de seguimiento y se protege a quienes más dependen del sistema, un desafío especialmente relevante en América Latina.

En resumen: misma ciencia, pero con decisiones proporcionales al riesgo, sensibles a la etapa de vida y realistas con el contexto de cada servicio y comunidad.

Estándares internacionales para el tratamiento del cáncer invasor

Las guías de la Sociedad Europea de Oncología Ginecológica, Sociedad Europea de Radioterapia y Oncología y la Sociedad Europea de Patología (ESGO/ESTRO/ESP)27 definen estándares para todas las etapas del cáncer cervicouterino:

  • -

    Tratamiento en equipos multidisciplinarios y en centros con experiencia.

  • -

    En estadios tempranos, cirugía oncológica con criterios claros para linfadenectomía, preservación de fertilidad y selección entre cirugía radical y tratamiento combinado.

  • -

    En enfermedad localmente avanzada, el estándar es quimiorradioterapia concurrente con cisplatino más braquiterapia guiada por imágenes, esencial para lograr control local y supervivencia.

  • -

    Derivación a centros con braquiterapia cuando esta no está disponible.

  • -

    Manejo estandarizado de recurrencias y acceso temprano a cuidados paliativos.

La OMS enfatiza que, sin cirugía oncológica de calidad, radioterapia (incluida la braquiterapia) y cuidados paliativos, la eliminación no es factible. En este sentido, la situación de Chile en el pilar de tratamiento posee fortalezas estructurales y pilares organizacionales sólidos que han sostenido la atención del cáncer cervicouterino:

  • -

    Desde 1987, un Programa Nacional de Cáncer Cervicouterino integra tamizaje, diagnóstico, tratamiento y seguimiento.

  • -

    El cáncer cervicouterino cuenta con garantías establecidas en la Ley 19 966 Régimen General de Garantías Explícitas en Salud (GES), con financiamiento, calidad, oportunidad diagnóstica y acceso asegurado. Al año 2024, de acuerdo a información obtenida en plataforma de monitoreo GES y en personas pertenecientes al seguro público (FONASA), un 96,1% accedió a tratamientos preinvasoras de lesiones preinvasoras de bajo grado en los plazos establecidos (180 días) y 97,5% de las personas con lesiones de alto grado (30 días). Mientras que, para las lesiones invasoras el cumplimiento del plazo máximo estipulado fue de un 86%.

  • -

    El país dispone de centros con cirugía oncológica, radioterapia y braquiterapia, además de un consenso nacional de radioterapia alineado con estándares ESGO y OMS.

Subpilar 3.1: Tratamiento de lesiones preinvasoras. Las guías nacionales incluyen crioterapia, LEEP y conización, siguiendo principios comparables a ASCCP: tratar HSIL/CIN2+ y evitar sobretratamientos. Tras la pandemia, se han documentado miles de mujeres con lesiones preinvasoras sin diagnóstico o tratamiento, lo que evidencia un retraso acumulado que amenaza el cumplimiento de la meta del 90%28. Esto revela que el desafío principal es organizacional, vinculado a trazabilidad y acceso oportuno.

Subpilar 3.2: Tratamiento del cáncer invasor. Chile posee capacidad instalada para quimiorradioterapia con cisplatino y braquiterapia, y centros capaces de cirugía oncológica compleja. Sin embargo, persisten brechas geográficas y de tiempos de derivación, así como capacidad limitada en algunos centros. La OPS subraya que la continuidad del tratamiento y el seguimiento aún carecen de información completa, incluso en países con infraestructura avanzada como Chile.

Las brechas y oportunidades hacia el 90-70-90, para que Chile se consolide como líder regional, requieren del fortalecimiento del pilar terapéutico pensando en cada mujer que espera una respuesta oportuna: (I) Atender a tiempo a quienes ya están esperando: reducir el “embalse” de mujeres con lesiones precancerosas sin tratamiento, priorizando según riesgo y tiempo en lista; (II) Acortar el camino del diagnóstico al tratamiento: que un tamizaje positivo se traduzca rápidamente en confirmación y terapia, con menos trámites y más acompañamiento; (III) Asegurar acceso donde vivan: garantizar equidad territorial en cirugía oncológica, radioterapia y braquiterapia, para que la dirección del domicilio no defina las oportunidades; (IV) Contar bien para cuidar mejor: mejorar los sistemas de información y medir con precisión cuántas mujeres reciben efectivamente tratamiento, para corregir brechas a tiempo. En síntesis: llegar antes, llegar bien y llegar a todas.

Conclusiones

Chile dispone de un marco normativo robusto, una base programática consolidada y capital humano altamente calificado, lo que lo posiciona como potencial referente regional en la eliminación del cáncer cervicouterino. Este avance se sustenta en una trayectoria de programas preventivos, alineación con estándares internacionales y acceso progresivo a intervenciones basadas en evidencia. No obstante, alcanzar esta meta dependerá de una gobernanza sanitaria capaz de fortalecer de manera simultánea los tres pilares de la estrategia de la OMS, con especial énfasis en el tamizaje, donde persisten las mayores brechas respecto de la meta de 70% de cobertura. En este sentido, resulta prioritario consolidar el test de VPH como método primario, fortalecer la capacidad diagnóstica y resolutiva mediante el cierre de brechas en infraestructura, equipamiento y recursos humanos, incorporar la autotoma para ampliar el acceso en poblaciones sub-tamizadas y asegurar financiamiento sostenido que garantice atención oportuna y efectiva.

Asimismo, avanzar hacia la eliminación exige integrar un enfoque de equidad que reduzca desigualdades territoriales, socioeconómicas y de género, particularmente en el acceso al tamizaje y tratamiento oportuno. De este modo, la eliminación del cáncer cervicouterino constituye no solo un desafío sanitario y de política pública, sino también un imperativo ético centrado en las personas, que asegure información clara, trato digno y continuidad del cuidado. La transformación de las capacidades existentes en coberturas efectivas, equitativas y verificables será clave para que Chile avance hacia la eliminación de esta enfermedad y consolide su liderazgo regional.

Declaración de conflictos de interés

Los autores declaran no tener conflictos de interés.

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